miércoles, 10 de noviembre de 2010

Veneno de alacrán cubano contra cáncer amenaza las obscenas ganancias de las farmacéuticas transnacionales.

Hernán Mena Cifuentes



El humanismo que rige la moral y ética revolucionaria se opone hoy una vez más al afán de lucro de las transnacionales de la industria farmacéutica capitalista tras conocerse la noticia de la comercialización inminente, exenta de esa forma de usura, de un medicamento contra el cáncer, proveniente del veneno del alacrán azul oriundo de Cuba, descubierto por científicos de la isla caribeña.
Paradójicamente, el espécimen del cual se extrae el veneno llamado a salvar millones de vidas, habita en la Ciénaga de Zapata, la zona donde 1.500 mercenarios al servicio del Imperio, desembarcaron el 17 de abril de 1961 para llevar la muerte a la isla en su intento por destruir a la recién conquistada libertad del pueblo cubano, pero al cabo de 60 horas de intensa lucha fueron derrotados por el Ejército Revolucionario al mando de su líder, Fidel Castro.
La mayoría de los invasores se rindieron y fueron hechos prisioneros y su amo, vencido y humillado, debió pagar por su crimen y puesta en libertad, millones de dólares, en tractores y alimentos para niños, precio que jamás alcanzará a saldar el valor de las vidas de los de hijos del pueblo cubano que murieron combatiendo por la revolución y el futuro de la patria.
El biólogo Misael Bordier, quien junto con su colega José R. Rodríguez Alonso inició hace veinte años las investigaciones sobre las propiedades curativas del alacrán azul, en entrevista concedida a La Jornada hace nueve años, contó, cómo en un cementerio, escenario de muerte, debajo de una tumba, encontró al primero de esos animales cuya toxina está llamada a salvar vidas humanas. “Me llamó la atención; recolecté varios de ellos y comencé a observarlos”.
“Primero probamos los efectos en ratones y luego en perros con tumoraciones naturales, comprobadas por biopsia y análisis de sangre, inmunológicos y otros bioquímicos. Con las pruebas, vimos cómo esos tumores iban en proceso de reducción. En las comprobaciones y el análisis bioquímico, se podía ver cómo se iban estabilizando los parámetros en los animales. Ahí es cuando comenzamos a comprender realmente que el veneno tenía un efecto antitumoral”.
“Los mantenemos en cajas, donde preparamos una tierra húmeda, en la que se alimentan con insectos. Se reproducen por medio de apareamiento. Una hembra pare alrededor de 35 a 70 animalitos… Es bueno recalcar -explicó- que el alacrán no se mata para extraer su veneno, éste se obtiene mediante estimulación eléctrica y luego el animal se integra al medio ambiente”.
El medicamento preparado por Bordier y Rodríguez Alonso, -destacaba la información de La Jornada- es un líquido que el paciente toma durante dos años en diferentes dosis, de acuerdo con el grado de avance del tumor. Incluso, -indicó- se puede aplicar en crema si el problema está en la piel, en aerosol si se trata de aliviar los pulmones, o como lavados vaginales si se trata de un cáncer cérvico uterino.”
Desde aquella fecha a la actualidad, ha habido un gran avance de las investigaciones y en el proceso de elaboración de ese anticancerígeno que representa una esperanza para millones de pacientes en el mundo que tienen puesta su fe en que una vez que esos estudios y técnicas se profundicen y su composición se perfeccione o se combine con otros componentes, lo cual podría convertirlo en una cura definitiva contra la temible enfermedad.
Esa fe y esperanza se vieron reforzadas hace dos semanas, cuando los medios, incluyendo algunos al servicio del Imperio, pese a su estrategia de informar sobre los logros revolucionarios, difundieron la noticia del anuncio hecho por científicos de la empresa cubana Labiofam, que informaron que “han concluido las investigaciones orientadas al próximo registro sanitario y comercialización del medicamento Vidatox, una terapia para tratar el cáncer, basada en las propiedades curativas del veneno del alacrán”.
La razón de la prensa capitalista de no informar sobre la próxima introducción del Vidatox en el mercado, es porque amenaza los intereses económicos de las farmacéuticas capitalistas al reducir sustancialmente las colosales ganancias que genera la venta de los medicamentos anticancerígenos y demás fármacos que producen, usados en cirugía, radioterapia, quimioterapia y trasplante de médula, cuyo costo es sumamente alto.
Un cable de EFE, reseña la información suministrada por Pavel Pizart e Isabel González, director general y responsable de las investigaciones de Labiofam, quienes destacaron que “se prevé para fines de este año, la comercialización de un millón de dosis de Vidatox en su versión homeopática para administrar en gotas sublinguales y prepara otra formulación del medicamento de tipo natural (tratado sin aditivos) para tratar por vía oral a los pacientes”.
“González -dice la nota- indicó que durante las investigaciones han aplicado a más de 10.000 pacientes oncológicos, unos 3.500 extranjeros y el resto cubanos, el tratamiento con resultados positivos”, sobre todo para mejorar su calidad de vida, y se ha detenido el crecimiento del tumor. Los tratamientos han incluido a pacientes con cáncer en el pulmón, cuello del útero, próstata y páncreas, entre otros”.
Pero fue la Agencia Venezolana de Noticias (AVN) junto con el diario Correo del Orinoco, de Venezuela, y la Agencia Cuba Debate, los que habrían de dar una primicia, al reseñar al día siguiente del anuncio hecho por científicos de Labiofam, sobre la sorprendente invasión o “Asalto” lanzado contra esos laboratorios por centenares de pacientes que llegaron a Cuba procedentes de Italia, solicitando el medicamento.
Los “asaltantes” conocieron semanas antes del anuncio de Labiofam, la existencia del medicamento, gracias a la habilidad profesional de un periodista italiano que grabó, con una cámara oculta, el tratamiento a que eran sometidos en esos laboratorios, algunos pacientes, varios de los cuales pudo entrevistar y publicó un reportaje en un diario del país europeo dando a conocer sus cualidades curativas.
Según destaca la información de esos medios, “Pizart manifestó que el 4 de octubre amanecieron 350 italianos; el día 5 fueron más de 250, y la cifra se ha mantenido por encima de los 200 diarios, de lunes a viernes, quien dijo que “atender nuestro grupo médico de 12 especialistas a 350 personas era complicado, pero hasta este minuto no se ha ido ninguna persona, desde el lugar que haya viajado, sin el producto en la mano”.
Por el momento, -indicó- al no haber sido registrado todavía, Vidatox, está entregándose de manera gratuita a las personas de todas partes del mundo que visitan el laboratorio en busca del producto, pero que una vez quede registrado empezará a cobrarse, trascendiendo en medios de la institución científica que su costo será muy económico, dada su condición de medicina producida por un país revolucionario donde la vida está por encima del afán de lucro que caracteriza a las transnacionales farmacéuticas.
Y es que la venta de medicamentos contra el cáncer por parte de los grandes consorcios constituye uno de los negocios más lucrativos del mundo manejado por un reducido grupo de empresas estadounidenses y europeas para las cuales la salud y vida tienen importancia siempre y cuando el paciente tenga el dinero suficiente para pagar el precio de un producto generalmente costoso y por lo tanto difícil de adquirir para los pobres, que son la mayoría.
Ese genocidio silencioso lo denuncia el periodista Pedro Rivero Ramos de la Agencia Argenpress en su artículo El Gran Negocio Transnacional de Los Medicamentos, destacando entre otras perversidades, los ingresos de la poderosa industria farmacéutica concentrada en un puñado de empresas de países altamente desarrollados que monopolizan más del 85% del valor de la producción mundial de fármacos, con utilidades superiores a los 446 mil millones de dólares anuales.”
Esa horrenda realidad está presente, resalta la denuncia del comunicador social, basándose en las más recientes estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, que señalan que “una tercera parte de los habitantes del planeta no tiene acceso a los medicamentos esenciales y más de diez millones de niños mueren anualmente por enfermedades para las cuales existen tratamientos” con medicinas que por caras, los pobres no pueden pagar.
Al señalar a las farmacéuticas como culpables de ese crimen de lesa humanidad, Rivera Ramos, destaca que “su poder es de tal magnitud, que imponen sus precios, discriminan en sus ventas, aplastan las producciones locales, sobornan políticos, médicos y autoridades de salud pública, en un negocio donde prevalece cada vez menos la ética y la salud, y sí, la codicia y el mercantilismo más rampante.”
“Lo que realmente interesa a la gran industria farmacéutica, -denuncia- no es la producción de medicamentos para curar, sino, como bien afirmara el Premio Nobel de Medicina de 1993, Richard J. Roberts, en entrevista en mayo de 2008 a la revista Autogestión:
“El verdadero interés de estas empresas, por los fármacos, -declaró el científico en esa oportunidad- es sólo para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre. Más concretamente: clientes, pacientes y usuarios; pero nunca, ni lo suficientemente muertos ni lo suficientemente sanos.”
“Esta pronunciada y cínica orientación del negocio farmacéutico internacional, destaca el periodista- se descubre en toda su amplitud cuando advertimos que la venta de drogas para mejoramiento estético, reducir peso corporal, dominar el stress o superar la impotencia, es decir, para gente esencialmente sana, representa una de sus principales preocupaciones investigativas y es la que les genera sus mayores ingresos.”
Eso podría explicar el Por qué, a estas alturas del siglo XXI, la industria farmacéutica capitalista no haya producido un anticancerígeno capaz de curar el cáncer, sino a fabricar medicamentos, de “paños calientes” que alivian o retardan su avance y cuya aplicación durante un prolongado tiempo cuesta millones de dólares, para que, como generalmente ocurre, mueran los pacientes, dejando a sus familiares, además del dolor, deudas y a las farmacéuticas, jugosas ganancias.
Esa forma de generar riqueza por encima del sufrimiento y la muerte, contrasta con la humanista visión que sobre el valor de la vida tienen los revolucionarios, evidenciando al mismo tiempo la miseria humana expresada en el afán de lucro y usura que anida en la mente de los directivos de las transnacionales farmacéuticas.
De allí que, como esos miles de italianos que “asaltaron” los laboratorios de Biofarm en procura del Vidatox, pronto serán millones las personas que en todo el mundo lo obtendrán, esta vez en sus países una vez que sea comercializado y distribuido, reduciendo así las obscenas ganancias de una industria que acumula obscenas ganancias por la venta de sus medicamentos anticancerígenos, “paños calientes” que sólo alivian y retardan la muerte.

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