sábado, 13 de noviembre de 2010

Sólo el arma disuasiva de un ejército regional erradicará la plaga desestabilizadora en la región.

Hernán Mena Cifuentes



Los pueblos progresistas de América Latina y el Caribe enfrentan la amenaza de volver a caer en las garras del Imperio, que en complicidad con las oligarquías criollas han desatado una serie de intentos de golpes de Estado para recuperar los espacios de poder perdidos, plaga desestabilizadora que sólo podrá erradicarse si se esgrime el arma disuasiva del ejército regional diseñada por El Libertador hace dos siglos.

La idea de conformar una fuerza armada conjunta para enfrentar  el peligro de una intervención armada por parte de las potencias europeas y del incipiente imperio yanqui la presentó el genio político y militar de Bolívar ante el Congreso Anfictiónico de Panamá en 1826, tras vislumbrar la amenaza externa que se cernía sobre las recién liberadas repúblicas, cuya ubicación geoestratégica  y cuantiosos recursos naturales alimentaba la insaciable sed de esas naciones.

El Congreso fracasó y con  él su proyecto disuasivo, por culpa del Santander, quien desobedeció su orden de no invitar a EE UU a un evento que debió ser exclusivamente latinoamericano y caribeño para no ser boicoteado  como en efecto lo fue, suerte que también corrió la Gran Colombia, su obra cumbre, desintegrada por la traición del  general colombiano y otros militares que conspiraron en complicidad con la oligarquías criollas, que hoy siguen conspirando contra el sueño integrador de Bolívar

De allí que las maniobras efectuadas la pasada semana navíos de guerra de EE UU frente a las costas de Brasil, protestadas enérgicamente por el gobierno brasileño, haya activado las alarmas que advierten de un nuevo intento desestabilizador en la región que recién acaba de superar un conato de golpe de Estado en Ecuador, por sospechar que podría tratarse de  un “globo de ensayo” previo a nueva acción conspirativa contra la democracia regional.

Y es que no existe otra zona del mundo que haya sido escenario de tantos golpes de Estado promovidos por EE UU  que siempre ha contado con el apoyo de sus secuaces de las oligarquías criollas, de sanguinarios dictadores y sumisas seudo-democracias, cuyos sobrevivientes hoy vuelven a unirse a la superpotencia en la conspiración, soñando recuperar sus ilegítimos y bastardos privilegios.

La ominosa presencia de la flota de guerra yanqui frente a las costas de Brasil, donde hace poco bajo el subsuelo se descubrieron enormes reservas de petróleo,  hace aún más al hermano país vecino, principal blanco de la codicia imperial, en razón la enorme riqueza constituida por la biodiversidad de la Amazonía y su abundancia de agua, el  oro azul, que escasea en el mundo, reafirmando con ello la existencia del plan desestabilizador diseñado por Washington para la región.

De ello están convencidos, y han advertido sobre su peligrosidad, quienes conocen de las inocultables ansias de venganza y revanchismo de Washington y sus secuaces, las oligarquías criollas apoyados por la prensa mercenaria que alimentada por los dólares que les paga el Imperio ha desatado una monumental campaña de calumnias y mentiras contra  esas verdaderas y auténticas democracias.

Uno de ellos es José Vicente Rangel, patriota y revolucionario intelectual venezolano, que ha alertado sobre “La existencia de una renovada  exaltación del golpe de Estado en América Latina, como vía para enfrentar a los gobiernos progresistas  que se han dado en los pueblos de la región. No hay duda, -advirtió- de que se difunde una novedosa apología del golpe, de sus formas de ejecución y de las justificaciones.”

“El origen legítimo de un  gobierno ya no cuenta, -destaca Rangel- sino la valoración subjetiva que merece a sus críticos, la supuesta violación del Estado de Derecho, decretada por “el tribunal de facto” de la oposición y por los medios, con prescindencia de los órganos jurisdiccionales, que también. Lo que escribo, -señala más adelante-  no debe interpretarse como una advertencia caprichosa.”

Confirma lo dicho por Rangel, lo que está ocurriendo en aguas brasileñas, lo mismo que la sospechosa protesta de Costa Rica que ha protestado en la OEA contra Nicaragua alegando violación de su territorio, buscaba inicialmente  la intervención militar de EE UU en la patria de Sandino invocando al triste y mal recordado  TIAR, y viendo que esa solicitud no prosperaba, ahora dice que solicitará la intervención del Consejo de Seguridad de la ONU, otro baluarte geopolítico de Washington.   

Otros hechos que evidencian la estrategia imperial de exaltar y dar golpes de Estado en la región fueron los eventos de violencia y muerte desatados poco antes en Bolivia, Honduras y Ecuador, pero,  a  pesar del tropiezo que significó  para el proceso democratizador y libertario el triunfo de la asonada en Honduras, dejaron como lección a ser aprendida de inmediato, la certeza de que sin el arma disuasiva diseñada por Bolívar, el Imperio seguirá propiciando más golpes de Estado.

El 30 de Septiembre intentaron  derrocar al presidente Rafael Correa, en Ecuador querían instalar una dictadura y eventualmente un régimen títere de Washington como el que hoy existe en Honduras, atentado que fracasó debido al firme y decidido apoyo que el pueblo ecuatoriano dio a su líder y presidente y por la enérgica condena de Unasur a la asonada, expresada a través de una histórica Declaración emitida en Buenos Aires.

Dos años antes, en septiembre de 2008, incendiaron al País del Altiplano con un proyecto secesionista y golpista dirigido desde la embajada yanqui y ejecutado por los gobernadores racistas de la región de la Media Luna, que desataron una oleada de huelgas y sangrientos  disturbios con saldo de muerte y destrucción, como la masacre de Pando donde perecieron humildes indígenas a manos de los conspiradores y hasta un intento de magnicidio contra el presidente y vicepresidente bolivianos.

Sólo la firme actuación de Evo Morales, sus colaboradores y  el pueblo  boliviano, junto con Unasur, que celebró allí su bautizo de fuego como defensora de la integración regional, impidió que triunfara la conspiración, sentando  un histórico precedente al salvar  con su oportuna y eficaz mediación de las garras del Imperio y sus cómplices, a un país miembro fundador de la organización.
 
No habían transcurrido diez meses de la fracasada asonada imperial contra Bolivia, cuando, “los gorilas escapados de la jaula”, dirigidos desde Washington, asestaron un nuevo golpe en Honduras contra la democracia del país centroamericano y su legítimo presidente, Manuel Zelaya, secuestrado y enviado al exilio por  Roberto “Goriletti” Micheletti y su camarilla militar, conformada por una caterva de generales discípulos de la “Escuela de las Américas.

A quince meses del golpe en Honduras, Envalentonados por su éxito, los estrategas del Imperio expertos en golpismo decidieron violar la institucionalidad de un país miembro de Unasur y el Alba, seguros de que era el momento de asestar el golpe de gracia al mecanismo integrador creado por Fidel y Chávez, y bajo el pretexto de una protesta policial desataron la conjura del 30 de septiembre en Quito.

Habían pasado apenas unas horas de que Correa anunciara que “no habrá perdón ni olvido” para quienes atentaron contra la democracia ecuatoriana, cuando en Buenos Aires se suscribía la histórica Declaración conformada por seis Resoluciones, comprometiéndose entre otros acuerdos, a no tolerar  mas atentados contra los gobiernos elegidos democráticos de la región.

“Sus respectivos gobiernos, -destaca el documento- rechazan enérgicamente,  y no tolerarán bajo ningún concepto cualquier nuevo desafío a la autoridad institucional ni intento de golpe al poder civil legítimamente elegido y advierten que en caso de nuevos quiebres del orden constitucional adoptarán medidas concretas e inmediatas como el cierre de fronteras, suspensión del comercio, del tráfico aéreo y de la provisión de energía, servicios y otros suministros.”

Pero las medidas de Unasur, enfrentan como ya se demostró en el caso de Honduras, las   mismas artimañas aplicadas por EE UU, sus cómplices del Fondo Monetario Internacional -FMI-, Banco Mundial -BM-, Unión Europea y sus secuaces de la región que, pese a la imposición de restrictivas acciones económicas, políticas, comerciales y diplomáticas lograron burlarlas permitiendo que sobreviviera el golpe de “Goriletti” y el ilegitimo régimen de Lobo.

Sólo el genio político y militar de Simón Bolívar llegó a preveer la solución de ese grave problema existencial que afecta a los pueblos de la región a raíz de  su primera independencia, amenazados por el imperio yanqui y las potencias europeas con volver a dominarlos como lo hizo España durante tres siglos y liberados  finalmente por su espada, la de Sucre, San Martín, O´Higgins y demás próceres de nuestra primera independencia.


Sabía que para preservar la libertad conquistada no bastaba únicamente la unión  política. Era imprescindible y prioritario dotar a la Confederación de un elemento clave de disuasión frente a la amenaza latente del exterior y para ello presentó el proyecto de creación de un ejército y una marina cuyos efectivos y armas serían aportados por todos y cada uno de los miembros de la proyectada unidad de naciones.

En su Articulo 1 el Tratado establecía  que “Las Repúblicas de Colombia, Centro América, Perú y Estados Unidos Mexicanos se ligan y confederan mutuamente en paz y guerra, y contraen para ello un pacto perpetuo de amistad firme e inviolable, de unión íntima y estrecha con todas y cada una de dichas partes.”
En el  Artículo 2 del documento se señala que “El objetivo de este pacto perpetuo será sostener en común, defensiva y ofensivamente, si fuere necesario, la soberanía e independencia de todas y cada una de las potencias confederadas de América, contra toda dominación extranjera…”

“Las partes contratantes, - expresaba el Art. 3 del proyecto- se obligan y comprometen a DEFENDERSE MUTUAMENTE DE TODO ATAQUE que ponga en peligro su existencia política, y a emplear contra los enemigos de la independencia de todas o alguna de ellas todo su influjo, recursos y fuerzas marítimas  y terrestres, según los contingentes con que cada una esté obligada.”

El fracaso del Congreso Anfictiónico fue un golpe devastador para el héroe, consciente  como estaba, de que la independencia por sí sola  no era suficiente. La prolongada y sangrienta guerra contra España y la frágil paz que se estaba construyendo, acosada por las ambiciones de otros imperios,  le habían impulsado a dado  razones más que suficientes para dotar a su proyecto político de unidad regional de una fuerza militar capaz de garantizar su integridad.

A la codicia de las oligarquías criollas, la traición de algunos de sus militares y  la amenaza  externa  siguió la anarquía desbordada que condujo a la destrucción de su ideal integracionista arrastrándolo finalmente a la muerte, pero,  “podrá morir el soñador, pero jamás  el sueño”, que quedó suspendido en el tiempo hasta que los  herederos de su ideal  pudieron rescatarlo.

Pero, para que este nuevo esfuerzo integrador no fracase, es indispensable rescatar del olvido el proyecto de Bolívar de crear un ejército, esta vez conformado inicialmente por miembros de Unasur y eventualmente por todas las naciones latinoamericanas y caribeñas, único elemento capaz de alejar la amenaza de nuevas aventuras golpistas del Imperio y sus lacayos, que seguirán tratando de destruirlo, mientras no exista una fuerza militar disuasiva capaz de disuadirlos.

De no hacerlo, casi seguro que un Imperio implacable, soberbio y prepotente, junto con sus cómplices reemprenderán como ya lo están diseñando  contra Brasil y Nicaragua, una nueva aventura golpista, porque no  bastan  acuerdos y resoluciones de condena moral y medidas  políticas, diplomáticas y económicas para frenar su insaciable sed de dominio y conquista que ha invadido y sojuzgado a nuestros pueblos durante más de siglo y medio.
¡Cuánta razón tenía el joven Bolívar al afirmar  hace dos siglos, cuando los patriotas titubeaban sobre arar o no la independencia: “Esas dudas son tristes efectos de  las antiguas cadenas. ¡Que los grandes proyectos deben prepararse con calma! 300 años de calma, ¿no bastan"

Entonces, la región podrá consolidar el sueño libertario e integracionista de El Libertador, creando, como lo propuso, un ejército común, única fuerza capaz de disuadir la demencial e insaciable sed de conquista de EE UU que a lo largo de su existencia se han dedicado a violar a invadir y sojuzgar pueblos con el único propósito de explotar y robarle sus riquezas.

Crear ese ejército es un imperativo, porque, como también dijo Bolívar: “Vacilar es perdernos.”

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