*ANTONIA MUÑOZ
La lucha contra la corrupción y el burocratismo
El artículo 6 de los Estatutos, señala el perfil deseable de los y las militantes del PSUV, perfil que debe exteriorizarse en conducta observable en el día a día, tanto en la vida pública como en la privada. El burocratismo y la corrupción son dos males que, entre otros, destruyeron los gobiernos de la Cuarta República y son la causa que muchos venezolanos y venezolanas vieran en el Comandante Chávez una esperanza de cambios en el país. Por eso a partir de 1998 millones de venezolanas y venezolanos han apoyado el proyecto Bolivariano liderado por el Presidente Chávez. Siendo realistas y sinceros, el burocratismo y la corrupción son dos tipo de cáncer que hicieron metástasis en el cuerpo de de la Administración Pública de la IV República, y como generalizado y pésimo ejemplo, se infiltraron en la sociedad venezolana, llegando al extremo que no pocos han considerado tontos, a quienes ejercen funciones de gobierno y no aprovechan la oportunidad de hacerse ricos.
A 11 años del gobierno Bolivariano, el fantasma de la corrupción y del burocratismo sigue rondando la Administración Pública. A decir verdad, no pienso que alguien creyera que estas dos plagas sociales desaparecerían como por arte de magia, ya que la corrupción administrativa tiene que ver con patrones culturales muy arraigados, debido principalmente a: 1. Pérdida de valores 2. Falta de sentido de pertenencia por lo colectivo, gracias al individualismo característico de la cultura capitalista que deseamos cambiar 3. Falta de conciencia en relación a lo que debe ser un servidor público. Por otra parte, en Venezuela no ha ocurrido ninguna emigración masiva que haga suponer que quienes abandonaron al país, cargaron con las dos plagas en referencia. En un caso hipotético que una emigración selectiva de tal naturaleza pudiera ocurrir, todavía quedarían aquí los cimientos culturales del mal. En conclusión, aquí estamos todos con nuestras virtudes y nuestros defectos. Resalta entre nuestros defectos políticos, la tendencia de algunos de nosotros a no adoptar entre nuestros valores, la convicción de que un cargo público de cualquier jerarquía, siempre debe aceptarse con humildad y con el único objetivo de servir; porque William Lara tenía razón:” quien no gobierna para servir no sirve para gobernar”.
Por otra parte, sigue habiendo mucha debilidad en la sanción legal que debe recibir todo aquel que infringe la ley, por lo que la impunidad de los delitos sigue siendo muy alta para el gusto de la mayoría de las y los venezolanos, quienes pedimos no olvidar la advertencia que nos hiciera Bolívar: la impunidad de los delitos hace que éstos se repitan con más frecuencia, y al final llega el caso que el castigo no basta para reprimirlos”. En mi humilde opinión, hacen falta muchos más Fiscales y Jueces amantes de la verdad, para que se cumpla unos de los sueños de Bolívar, como es que en Venezuela, la justicia sea considerada como la reina de las virtudes. Por la misma falta de convicción en relación a la escala de valores, la sanción moral que aplica la sociedad también es muy blanda o leve. Una buena parte de nosotros y nosotras, casi acepta que el dinero es un valor y quien lo posea es una persona importante, y por lo tanto, es un honor contarlo entre nuestros amigos. A veces pareciera que la procedencia de ese dinero pasara a un plano secundario, por lo tanto, es preferible hacerse el desentendido. Pareciera que algunas y algunos de nosotros concluyéramos resignadamente: después de todo, el mundo es así y una sola persona no puede cambiarlo. El error estaría en creer que estamos solos en esta lucha.
Además que la corrupción sigue siendo una enfermedad endémica en la sociedad venezolana y no falta quien se deje contagiar, los enemigos abiertos y encubiertos de la revolución Bolivariana no tienen el menor escrúpulos en fabricarle delitos al Presidente y a sus colaboradores, con la premeditada intención de que los seguidores de Chávez se desencanten de la revolución, al creer que quienes respaldan al Presidente son tan corruptos como los más conspicuos corruptos de la Cuarta República, cuyos delitos quedaron en la más completa impunidad, y ahora envalentonados y sin el menor rubor desenfundan su dedo acusador para hacer señalamientos muchas veces infundados, pero ampliamente publicitados por todos los medios posibles, desde radio bemba hasta los más conocidos medios internacionales propiedad de los caporales del capitalismo.
Lo anterior es peligroso para la permanencia de la revolución, por aquello de que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. En este sentido; no hay que olvidar que la reputación de una persona es como el agua, que después que se derrama difícilmente se puede recoger. El volumen recogido siempre será menor y de menor pureza. Recordemos a Bolívar: La primera de todas las fuerzas es la opinión pública. Algo puede ser totalmente incierto; pero si la gente se llega a convencer de que es verdad, habrá triunfado la intriga, la tergiversación, la maledicencia y la mentira. Lo anterior sería equivalente a decir: ha triunfado el mal. Del burocratismo reflexionaremos en la próxima entrega, si Dios nos da licencia.
*Miembro de la Dirección Nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).



No hay comentarios:
Publicar un comentario