Muchas han sido las iniciativas que en la quinta República han sido impulsadas para la implementación de leyes que brinden beneficios a los más desprotegidos, especialmente a la familia como célula fundamental de la sociedad y a la clase obrera o trabajadora como sostén económico y pilar fundamental de la nueva sociedad que estamos construyendo; pero desgraciadamente estas iniciativas no han sido acompañadas de una verdadera reforma de nuestro sistema judicial, que acabe de una vez por todas con las mafias judiciales que obedecen de manera exclusiva a los intereses de las clases económicamente dominante en detrimento de los derechos de los ciudadanos económicamente más desposeídos.
El silencio ante las injusticias nos hacen cómplices de las mismas, por eso como hija, esposa y madre, hecho el miedo a mi espalda y me atrevo a escribir esta reflexión sobre dos casos ocurridos entre mis allegados no muy diferente en su desenlace y muy común en lo que se puede considerar el detonante de los mismos, la decisión de un juez o jueza.
El primero de los casos ocurrió en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo estado Zulia, donde a un trabajador le fueron violentados todos sus derechos laborales, por lo cual acudió a una de las Inspectorias del Trabajo que funcionan en esta jurisdicción y lo que encontró fue la soberbia del abogado patronal, con quien en varias ocasiones coincidió en dicha inspectoria, pero en situaciones totalmente diferente ya que este si era atendido por los funcionarios de las mismas, mientras que el era peloteado por los mismos; el estado depresivo o de decepción de este infortunado trabajador llego al clímax al conocer la decisión de la jueza del Tribunal Contencioso Administrativo en materia laboral a favor de la empresa, por lo cual tomo la nefasta decisión de quitarse la vida, dejando un cuadro de una esposa y cinco hijos menores desamparados y desprotegidos, con la incertidumbre de un futuro incierto, por una decisión que se pago de la misma manera que cobro Judas la traición y entrega de nuestro Señor Jesucristo, al igual que Judas el destino de esta Juez lo encomiendo a la Justicia Divina que es sabia y omnipotente.
El segundo caso ocurrió en el municipio Maracaibo, por una decisión tomada en el Tribunal de Protección del niño, niña y adolescentes, específicamente por el juez unipersonal de la sala Nº 3, quien determino una medida de embargo ejecutivo sobre el cincuenta por ciento (50%), sobre el salario de un ciudadano que había cumplido su responsabilidad, de manutención alimentaria, sobre su legitima hija que había procreado antes de casarse con una pareja diferente a la madre de sus menores hijos, los cuales en un expediente amañado por los abogados demandantes bajo la complacencia del juez, del cual nunca fue notificado el imputado, no fueron reconocidos por el juez como carga familiar, cuando en el expediente anterior en el cual se llevaba esta causa por el mismo juez, que debió ser acumulado al expediente actual reposaban las partidas de nacimientos de dichos menores y además de esto el juez le ha negado en varias oportunidades a la defensa del demandado la capacidad económica de la demandante, como prueba para demostrar que esta responsabilidad debe ser compartida por ambos progenitores; esta decisión trajo como consecuencia el no cumplimiento o dificultad para el mismo, de las necesidades básicas de alimentación, educación, vivienda, vestido y navidades sin niño Jesús, de los menores que quedaron desamparados por la decisión de un juez, que poco a poco fue acabando con lo que hasta el momento de esa decisión, era un matrimonio feliz y una familia estable que hoy en día paso a ser una más de las disueltas por el divorcio o separación de los padres; al igual que en el caso anterior este caso también lo dejo en manos de la justicia divina, muy diferente a la que nosotros los doblegamos al verla representada por una estatua y una balanza, incapaz de castigar al hombre en el lugar donde sentimos el mayor grado e incurable dolor la conciencia.
anamarysvergarac.1978@gmail.com



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