Mario Silva
Deseos no empreñan, dicen por ahí; mucho menos las buenas intenciones de un solo hombre. Y ese ha sido el cortapisas de los procesos revolucionarios. Los pueblos en masa acompañan una idea, violenta o pacíficamente, el líder provoca una insurrección con todas las condiciones a favor, mientras internamente, a la sombra del líder, se empieza a tejer el cortafuegos para tanto calor popular.
El error principal viene de lejos y sería muy simple decir que dejamos a la burguesía intacta, porque el imperialismo ya hacía sus cálculos desde el 4 de Febrero de 1992. Desde la embajada gringa y dos importantes oficinas estratégicas en Fuerte Tiuna y la CONACUID, la CIA, la DEA y los asesores militares, empezaron a planificar el control, descontrol, derrocamiento o asesinato del líder que irrumpió con ese “Huracán Bolivariano” y se acercaba peligrosamente al poder.
¿Podríamos ubicar algún momento o circunstancias en el que EEUU presta especial atención al surgimiento del liderazgo del Comandante Chávez?
Pienso que, ante el evidente e inevitable descalabro de la IV República y el impacto causado por la rebelión militar, donde emerge la figura de Chávez como una posibilidad real de cambio. Ese pueblo que durante el Caracazo del 89, aún en condiciones anárquicas salió a las calles a enfrentar el paquetazo neoliberal, pasando por encima de una izquierda electorera, atomizada, dividida, infiltrada, que aceptó la pacificación para legitimar una dictadura disfrazada de democracia y que había pactado su convivencia con el viejo estado burgués, vio en Chávez una vía para, léase bien, desde las clases populares (las grandes mayorías, los excluidos), cambiar radicalmente todo y, desde las clase media depauperada por el viejo sistema, recuperar el viejo comportamiento clasista que les había privilegiado durante el espejismo de la Venezuela saudita de 1973. Esta diferencia de objetivos, pienso, sería uno de los elementos que EEUU, a través de la burguesía, su aparato productivo parasitario dependiente y el poderoso poder de los medios privados en sus manos, le proporcionaría al imperialismo el escenario que condujo al golpe de estado de 2002.
Desde que estaba recluido en Yare, aparecieron los primeros síntomas, celos, intrigas y “Miquilenas”, mucho de improvisación e ingenua buena fe, sumado a un profundo desconocimiento de los requerimientos básicos para consolidar la Revolución desde el poder popular al menos después del golpe de estado en 2002. Repito, deseos no empreñan. Pero, se optó por la “reconciliación y la paz” que jamás ha respetado el fascismo y, mucho menos, el imperialismo. Los traidores siguieron gravitando alrededor del Comandante Chávez que, junto a Fidel, tuvieron que “baipasear” la corrupta burocracia enquistada en la administración pública e ir impulsando las misiones que, por primera vez, le llevaron vientos de cambio a los excluidos de siempre. Sin embargo, las misiones tenían que haber trascendido hacia la necesaria transferencia del poder al pueblo que pasaba por destruir el aparato burocrático y eliminar los privilegios de grupos, subgrupos y cacicazgos, que iban tejiendo su red clientelar, auspiciados por la vieja burguesía que había quedado intacta, que parió una nueva burguesía más depredadora con boinas y camisas rojas, que empezaron a ralentizar el proceso revolucionario, que el Comandante Chávez más de una vez advirtió nos llevaría a repetir “las viejas rémoras del pasado”, que no se tomaron los medios de producción, que se mantuvo intacto el capitalismo y que dificultaría cada vez más la posibilidad de ejecutar una transición al socialismo.
La burguesía y el capitalismo, practicado y justificado por aquellos que siempre objetaron el avance del Estado Comunal y la transferencia del poder al pueblo, no permitieron que se entendiera en profundidad el ciclo vital del líder y el necesario relevo generacional que se comprometiera, se fusionara y acompañara al pueblo en su lucha por la toma del poder. Se trataba de desmontar el viejo aparato burgués heredado por los oportunistas que no permitirían hasta hoy cualquier vía que atentara contra sus intereses.
Este grave error no sólo se cometió en la Revolución Bolivariana, se hizo pasto en todos los procesos progresistas de América Latina de lo que denominamos “la década de oro” (2000/2010). Procesos todos respaldados por los pueblos (organizaciones sociales, políticas, revolucionarias, entre otras), en el marco de las elecciones burguesas, que luego eran apartados para entregarse a los capitales privados que corrompieron y ganaron fuerza a la sombra de esos procesos.
Mientras el pueblo se organizaba y experimentaba ejercicios comunales en lo político, económico, social y defensivo con excelentes resultados en los territorios, se argumentaba que esas experiencias en lo local, no podrían ser llevadas a la práctica en lo macro, porque para eso estaban las inversiones privadas nacionales y extranjeras con “suficiente capital” para asegurar el crecimiento económico acelerado que necesitaba el país. “Capitalismo humanista, capitalistas revolucionarios” le llamaron, mientras consideraron irrelevantes esas “folclóricas expresiones de producción”, ignorando, incluso saboteando esas experiencias, obstaculizando la necesaria entrega de recursos e insumos que el Estado estaba obligado a entregar para producir los excedentes que se interconectarían entre las comunas.
Aunque hubo alertas permanentes hacia lo interno, infinidad de documentos, análisis y libros, fatuos y revisionistas la mayoría, que fueron archivados sin respuesta o que pasaron sin pena ni gloria a formar parte de las bibliotecas de intelectuales y opinadores, la eliminación de cualquier crítica o autocrítica que no estuviera controlada (“disidencia controlada”) desde los grupos de poder que trataron de imponer la obediencia ciega como doctrina, so pena de ser descalificados, insultados y descalificados en las redes sociales por afamados “influencers” con lentes “Prada”, gorras de “New York Yankees” o argumentos desde la espiritualidad cristiana, porque Dios va a bajar del cielo a combatir al imperialismo desde la paz y, encima, debemos aceptar que nuestra relación con el criminal agresor, “nos va a beneficiar económicamente”. Esta realidad nos estalló en la cara el pasado 3 de enero de 2026 y sus consecuencias han sido nefastas y humillantes.
Hoy nadie puede dudar que perdimos la soberanía, la independencia y la libertad.
¿Cuál es la solución?
Ya basta de seguir exponiendo lo que es una realidad objetiva. Nos dicen ¡Resistir! ¡Sí, resistir! Pero, ¿Cómo hacerlo? Organización y rescate del Legado del Comandante Chávez, sin maquillajes ni condicionamientos del estado burgués que ha tomado decisiones que debían haber sido consultadas y le correspondían al pueblo.
Organización articulada del pueblo para la toma del poder y la instauración de un Estado Comunal que tome los medios de producción, erradicación de cualquier tipo de política clientelar, burocrática y corrupta.
La creación o rescate de las escuelas de cuadros cívico militares socialista y antiimperialista que nos permita consolidar la Revolución generacional que consolide la transición hacia el Socialismo y esté vigilante de las desviaciones que pudieran surgir.
Un plan de defensa que incluya al pueblo en armas. Una Revolución se defiende con las armas, no se entrega con argumentaciones que preserven el interés de unos pocos en detrimento y humillación de todo un pueblo.
Y no podemos dejar de lado jamás, el internacionalismo y apoyo unitario con todas las fuerzas revolucionarias, políticas y sociales del mundo.
Eso es lo que pienso, somos subversivos, ir a las raíces, radicalizarse, lo decía Chávez, nadie puede negarlo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario