Juan Martorano
Hay momentos en la vida de los hombres y de los pueblos en los que la adversidad no toca la puerta para pedir permiso; se presenta con toda su fuerza para poner a prueba de qué estamos hechos. Frente a la dificultad, la enfermedad o los obstáculos que el destino o la geopolítica nos imponen, existen dos caminos: la rendición o la decisión inquebrantable de luchar. Quienes asumimos la vida desde la militancia de la esperanza y la visión chavista, sabemos que rendirse jamás ha sido, ni será, una opción.
Hace quince años, el 30 de junio de 2011, el Comandante Hugo Chávez le habló a la Nación y al mundo desde La Habana en una de sus alocuciones más humanas, difíciles y, a la vez, gloriosas. Con una honestidad suprema, nos confesaba su batalla contra el cáncer. Pero más allá del diagnóstico médico, aquel mensaje fue una cátedra de voluntad. Chávez nos recordó que el cuerpo puede flaquear, pero el espíritu que se alimenta del amor de un pueblo es inmortal. *"¡Por ahora y para siempre viviremos y venceremos!"*, nos decía, aferrándose al optimismo supremo del retorno. Su batalla no era individual, era la síntesis de un pueblo que se negaba a ser vencido.
Esa fuerza para encarar la tormenta con la frente en alto no es casualidad. Es una herencia. Es lo que magistralmente interpreta Andrea Bocelli en su profunda pieza **"DNA"**. La canción nos habla de ese código invisible pero implacable que llevamos dentro; nos dice que somos el resultado de los que caminaron antes, de las batallas que libraron nuestros ancestros y de la tierra que nos vio nacer. El *DNA* (el ADN) no es solo biología: es memoria histórica, es fuego sagrado. En las venas del patriota, en el código genético del revolucionario, está inoculado el gen de la resistencia originaria de Guaicaipuro, la audacia de Bolívar y la terquedad amorosa de Chávez.
Es ese mismo código el que nos toca activar cuando la prueba se presenta en el plano personal. Recientemente, me tocó vivirlo en carne propia. Enfrentar un fuerte malestar de sinusitis (con una dificultad respiratoria agravada por el stress y la situación del país, entre otras cosas) sumado a la obligada ausencia física y de otra índole de mis espacios cotidianos, pudo haber sido motivo para la pausa o el desánimo. Sin embargo, en medio de la congestión, el dolor y la distancia, la opción de flaquear jamás estuvo sobre la mesa. Pese al malestar, no me rendí; asumí la disciplina del cuidado con la certeza del soldado que sabe que su trinchera lo espera. Hoy, no solo puedo decir con profunda gratitud que me he recuperado, sino que reafirmó que la verdadera victoria radica en mantener el espíritu intacto cuando las condiciones son adversas. La ausencia física jamás significó ausencia de voluntad.
No puedo desaprovechar estas líneas para agradecer la atención de los doctores Rodrigo Quintana, quien fue el médico tratante el pasado domingo en el momento más fuerte de la crisis, y a mi hermano, Leomar Martorano, que han sido los partícipes principales de mi pronta recuperación. Tambien mi agradecimiento amoroso y eterno a mi madre, Damaris Castillo, que con paciencia, sabiduría, con su sabio consejo, supo darme el golpe que me hizo reaccionar, y como diría Nietzche, he empezado mi escalada hacia el retorno.
debo recordar que el Comandante Chávez, en aquel histórico junio de 2011, asumió su circunstancia con la disciplina de un soldado y la fe de un cristiano, entendiendo que para seguir sirviendo a la Patria era necesario sanar, batallar y vencer en el territorio del propio cuerpo. Esa es la gran lección: la resistencia no es pasiva, es una acción cotidiana de fe, de autocuidado, de constancia y de convicción absoluta en el porvenir.
Hoy, ante cualquier vicisitud personal, colectiva o nacional, nos miramos por dentro y reconocemos nuestro mapa genético espiritual. No somos hijos de la comodidad, somos hijos e hijas de las dificultades vencidas. Llevamos el ADN de los que vuelven siempre de la neblina para ver el amanecer; poseemos la certeza chavista de que la victoria nos pertenece porque la construimos con la verdad, la resiliencia y el amor.
Que la tormenta sople si quiere; nuestro tronco es firme y nuestras raíces son profundas. Con la melodía de la vida latiendo en la sangre, y con el grito de victoria del 30 de junio de 2011 como brújula inquebrantable, seguimos adelante.
¡Sana, vence, vive y venceremos!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
¡Leales siempre: Traidores Nunca!
Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tutiteras Socialistas. Www.juanmartorano.blogspot.com , www.juanmartorano.wordpress.com , jmartoranoster@gmail.com, j_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano.
jmartoranoster@gmail.com @juanmartorano


No hay comentarios:
Publicar un comentario