*JUAN MARTORANO
El título de la presente edición de nuestra columna no lo colocamos de manera fortuita o casual. Este tema es sumamente delicado y requiere un enfoque preciso, ya que los incidentes de mayo de 2026 ocurrieron en un contexto de altísima tensión política y jurídica, coincidiendo exactamente con las audiencias orales de ambos países ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en La Haya.
El diferendo histórico por el territorio Esequibo sumó nuevos capítulos de fricción militar en mayo de 2026. Mientras las delegaciones diplomáticas de Georgetown y Caracas presentaban sus argumentos ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), la Fuerza de Defensa de Guyana (GDF) denunció tres ataques armados en la zona fronteriza del río Cuyuní. Por su parte, el gobierno venezolano desestimó tajantemente las acusaciones, catalogándolas como una estrategia de propaganda.
1.- Las denuncias de Guyana: Tres ataques en el rio Cuyuní:
Según los comunicados emitidos por la Fuerza de Defensa de Guyana (GDF), las escaramuzas ocurrieron en la Región Siete, específicamente en el tramo fluvial del río Cuyuní que conecta las localidades de Makapa y Eterinbang. Los tres eventos reportados se concentraron en las siguientes fechas de mayo:
1.- Primer incidente (inicios de mayo): La GDF reportó que una lancha patrullera que escoltaba tres embarcaciones civiles con pasajeros y carga fue atacada con armas de fuego desde la orilla controlada por el lado venezolano. En este enfrentamiento, un soldado guyanés resultó herido de bala. La patrulla respondió al fuego y logró evacuar el convoy fuera de la zona de peligro..
2.- Segundo y tercer incidente (6 de mayo): Apenas 48 horas después del primer ataque, la GDF denunció que otra de sus patrullas fluviales enfrentó **"fuego hostil en dos ocasiones distintas"** durante la misma tarde. En estos dos eventos, los militares guyaneses custodiaban buques civiles, respondieron a los disparos y afortunadamente no se registraron heridos ni bajas.
Georgetown evitó acusar directamente de manera oficial al ejército venezolano en sus primeros despachos, sugiriendo la posibilidad de que los atacantes fueran facciones armadas o grupos criminales que operan en la frontera, aunque enfatizaron que los disparos provinieron de territorio bajo control de Caracas.
La respuesta de Venezuela: Montajes y “Falsa Bandera”:
La República Bolivariana de Venezuela, su reacción fue canalizada a través de su Cancillería y del ministro de Relaciones Exteriores, Yván Gil, fue de un rechazo absoluto y categórico. Caracas negó la veracidad de los hechos y acusó a Guyana de activar una maquinaria de desinformación.
Los puntos centrales de la respuesta venezolana fueron:
1.- Falta de evidencia: Venezuela denunció que Guyana difundió estas alertas *"sin presentar una sola evidencia verificable que sustente sus acusaciones.
2.- Narrativa de victimización: La Cancillería venezolana afirmó que estos supuestos incidentes forman parte de una *"campaña de manipulación"* y una *"estrategia de falsa bandera"* diseñada por Georgetown para victimizarse ante la comunidad internacional.
3.- Intereses corporativos y geopolíticos: El gobierno venezolano alertó que estos señalamientos buscan *"internacionalizar artificialmente una situación bilateral"* para favorecer los intereses de corporaciones energéticas transnacionales (como ExxonMobil) y justificar la intervención del Comando Sur de los Estados Unidos en la región.
La postura oficial de Caracas: Venezuela ratificó que el único mecanismo válido para resolver la controversia territorial es el Acuerdo de Ginebra de 1966 y acusó al presidente guyanés, Irfaan Ali, de romper los compromisos de paz previamente acordados en la Declaración de Argyle.
El trasfondo: La Haya y el choque de recursos:
El momento en que se produjeron estos tres incidentes no es casual. Mayo de 2026 estuvo marcado por las comparecencias clave en la CIJ. Mientras Guyana busca que el tribunal valide el Laudo Arbitral de 1899 (que le otorgó el control del territorio), la representación de Venezuela asistió bajo protesta, argumentando que la Corte no tiene jurisdicción y que se debe buscar una solución negociada y política.
La reactivación de estas hostilidades fronterizas en el río Cuyuní demuestra que, más allá de los discursos diplomáticos en Europa, la frontera real sigue siendo un foco de alta volatilidad, alimentado por el enorme valor de los yacimientos de petróleo, oro y minerales que resguarda la Guayana Esequiba.
Cabe destacar que el río “diablo” o río Cuyuní como lo llaman los indios guayanos no forma parte de la disputa territorial por el Esequibo. De ahí lo raro de estos hechos. Y en momentos de altísima tensión y frágiles equilibrios en el país, debemos estar atentos. Pendientes y vista.
¡Bolívar y Chávez Viven. Sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
¡Leales siempre: Traidores Nunca!
* Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tuiteras Socialistas. , jmartoranoster@


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