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martes, 4 de febrero de 2025

CÓDIGO ROJO Actualizado: 22 enero, 2025 ¡Bienvenidos al «Tecno feudalismo»!

 Por


La toma de posesión de Donald Trump, como el presidente número 47 de Estados Unidos, dejó imágenes y frases impactantes que señalan el rumbo de la Casa Blanca en los próximos 4 años. ¡Bienvenidos al «Tecno Feudalismo»! 

Sin embargo, la fotografía de los magnates de la industria digital global en un mismo escenario podría ser la más significativa de cara al papel de estas grandes corporaciones en la geopolítica mundial, abriendo paso a nuevas categorías de análisis políticos y socioeconómicos. 

«Tecno Feudalismo»

El control de la información, el financiamiento a campañas y movimientos políticos de derecha por parte de empresas como Meta, X, YouTube, Amazon y Google, dan cuenta no solo de la capacidad de estas plataformas para moldear la opinión pública sino del nacimiento de un nuevo modo de producción que responde fielmente a la fase actual del capitalismo.

En este sentido, el concepto de «Tecno Feudalismo», acuñado por el griego Yannis Varoufakis y el francés Cédric Durand, otorga a los algoritmos el papel de nueva “Mano Invisible”, donde las Big Tech controlan los territorios digitales.  

Este nuevo modelo, en el que las grandes fuerzas digitales improductivas dominan a la sociedad, lo comparan con el viejo sistema feudal. Esto gracias a la dependencia de los usuarios (siervos) y el poder las corporaciones (señores feudales) para controlar la economía, la política y el funcionamiento de la sociedad en general.

Es por ello que, al control de bienes intangibles como las bases de datos, los Software y la información se suma la influencia en el propio desarrollo y la planificación de los países. Con el objetivo principal de construir infraestructuras, centros de capacitación y vías de comunicación que faciliten su expansión. 

 

La verdadera disputa 

La acumulación de poder, traducida en capital e información, facilita el nacimiento de nuevos monopolios que operan más allá de las regulaciones y las fronteras nacionales. De esta manera, se convierte en una amenaza para la democracia y la soberanía de las naciones, que a la larga debilita las capacidades de los Estados. Y es allí donde la geopolítica toma todo el protagonismo. 

Con la llegada de Trump se agudizan las disputas entre EE.UU. y las potencias orientales no sólo por el dominio de los mercados, sino por el control de la información y el acceso a nuevos nichos tecnológicos, es decir por el liderazgo de la transición al modelo poscapitalista. 

El desespero o la urgencia de Trump por mostrarse junto a Musk, Bezos, Zuckerberg y Pichai parece una respuesta a la incapacidad de los magnates de pararse frente a China.

Recordemos que Zuckerberg fue superado por TikTok cuando los estadounidenses prefirieron emigrar a RedNote antes que a Meta. Entretanto, Bezos tuvo que salir despavorido de China al no poder competir con las empresas locales y por su parte la BYD sigue aplastando a Musk liderando el mercado de carros eléctricos. 

Finalmente, el debate queda abierto sobre las regulaciones de las redes y las plataformas digitales y se convierte en un punto de honor para los gobiernos revolucionarios comprometidos con la consolidación de nuevos modelos de desarrollo, soberanos y antagónicos a lógicas de explotación previas y capitalistas.

sábado, 31 de agosto de 2024

Ahora los pueblos | Fascismo y Neofascismo (I)

 No hay nada más parecido a un fascista que un burgués asustado.

Bertolt Brecht


 Fascismo, nazismo y franquismo

El fascismo, el nazismo y el franquismo son movimientos políticos de extrema derecha, surgidos en el período europeo de entreguerras como respuesta a la creciente aceptación de las ideas socialistas procedentes de Europa del Este. En países que unificaron sus Estados-naciones tardíamente, como Alemania e Italia, las cuales llegan con retraso reparto neocolonial de los mercados mundiales y, por lo tanto, enfrentaban limitaciones para dar salida a su sobreproducción industrial.

El fascismo nació en Italia en 1919, tuvo como principal líder a Benito Mussolini, quien organiza los grupos paramilitares Camisas Negras, base del Partido Nacional Fascista, que participan en actos propagandísticos y de violencia callejera contra la izquierda. Su consigna principal era alcanzar por la paz interclasista, financiados terratenientes e industriales. En 1922 organizaron "La marcha sobre Roma" y Mussolini asume el poder, inicia una dictadura fascista, declara ilegales otros grupos políticos, crea la policía política OVRA, que reprime toda disidencia, se mantiene hasta 1945 con apoyo de los terratenientes el gran capital y la Iglesia católica. 

El nazismo surge en Alemania, luego de las humillantes e insostenibles condiciones de la rendición, dictadas después de la derrota en la Primera Guerra Mundial, que constituirán un caldo de cultivo para los radicalismos. Los avances del movimiento obrero y las huelgas generales mantienen atemorizadas a las clases dirigentes y medias, quienes reclamaban soluciones autoritarias. En 1921, Adolfo Hitler crea el Partido Obrero Nacionalsocialista Alemán. Al igual que en Italia, el ascenso del nazismo en Alemania se produce en medio de una fuerte agitación nacionalista y con grupos paramilitares. El punto culminante lo marca la gran crisis financiera mundial de 1929, que agudiza las dificultades económicas, dispara la inflación y la tasa de desempleo. Hitler gobernó a la Alemania nazi desde 1933, promoviendo la Segunda Guerra Mundial hasta resultar derrotado en 1945. 

En España José Antonio Primo de Rivera funda la Falange Española, principal grupo fascista que se desarrolló durante los años treinta. A pesar de que España no resultó especialmente castigada por los acuerdos de Versalles al terminar la Primera Guerra Mundial, la nación atravesó difíciles circunstancias económicas que provocaron huelgas que representaron avances ideológicos y organizativos para la clase obrera y que desencadenaron en la Guerra Civil española. Tras un sublevamiento militar contra las autoridades republicanas el 18 de julio de 1936,  el general Francisco Franco anuncia, el 1⁰ de abril de 1939, el fin de casi tres años de contienda entre el bando republicano, auxiliado por la Unión Soviética, y el bando nacional, que apoyaba Hitler y Mussolini.

El pragmatismo constituye uno de sus rasgos fundamentales. Bajo escasos planteamientos teóricos, sus principios ideológicos están orientados a la acción, bajo ideas fijas sobre la superioridad racial y la desigualdad, oponiéndose al pacifismo, el internacionalismo y la democracia. Los proyectos liderados por Hitler, Musolini y Franco se fundaron sobre el capital armamentista, de allí que su exaltación a la violencia sirvió para promover ingentes ganancias a sus financistas y la apropiación de los recursos de otros países.  

El fascismo tuvo presencia en Austria, Francia, Portugal, Reino Unido, Hungría, Países Bajos, Suiza, Rusia, Ucrania, Polonia, Bélgica, Bosnia-Herzegovina, República Checa, Serbia, Eslovaquia, Rumania, Estonia, Grecia, Turquía, Sudáfrica, Indonesia, Israel, Japón, Mongolia, Taiwán. Popularizando ,bajo su estética particular, valores y mecanismos de control social como el corporativismo sindical, basado en la paz interclasista, el discurso anticomunista y el control moral de la multitud en alianza con la Iglesia católica más tradicionalista. 

Fuentes Consultadas
• López Serrano,  Alfredo (1996), Fascismo Y Neofascismo: caracteres y circunstancias en que Se desarrollan. Disponible en: https://e-archivo.uc3m.es/rest/api/core/bitstreams/593482b4-fa32-4386-b0f1-410d6bec99e3/content

miércoles, 28 de agosto de 2024

¨Andamos con una contentura que no nos cabe en el pecho"

 

miércoles, 21 de agosto de 2024

Psicosoma | El segmento "Quéjese" presente en La Guásima

 El programa de Repretel, Informe 11, cuyo productor es el periodista Frederick Fallas, incluye el segmento "Quéjese", que por más de veinte años se ha mantenido en el sentir y gusto de la población costarricense. Este segmento es dirigido en exteriores por "Mister Quéjese", el periodista William Bonilla, y es transmitido por las periodistas y locutoras Lussania Viquez y Ginnes Rodríguez, quienes nos hacen reflexionar sobre las fuerzas espirituales del pueblo de Costa Rica.

El elenco de "Quéjese" incluye al "Poeta del Pueblo" Sanders Abarca; "el Galán" Rolando Jiménez; Rafita de San Mateo; la Marimba El Valle —del equipo de músicos conformado por Mauricio y Sebastián Jiménez—; Marquitos; y, en ocasiones, el guitarrista Víctor, junto con tocadores de maracas e infatigables camarógrafos y asistentes. Todos ellos hacen posible las grabaciones que se emiten los martes a las nueve de la noche.

Desde el año pasado, he compartido esta experiencia televisiva excepcional, que me retrotrae al oriente venezolano, donde trabajé con cámaras y fotografía fija en las grabaciones de documentales con CineArte. Tuve la dicha de participar en producciones en radio, televisión, fotografía y cine, con películas como La gloria de Mamporal y Tu techo es mi techo.

Desde que los vi, al salir de la pandemia, sentí una fuerza instintiva en el primer encuentro. Desde entonces, marcho con ellos. Son un equipo de hombres ticos, honestos, alegres, respetuosos y de gran sensibilidad humana, que conectan con esa llamarada del pueblo que necesita ser visibilizado. No es un secreto que "Quéjese" es una celebración de la vida desde el primer respiro, al reencontrarnos y estar vitales ante el milagro de esta tierra de gracia, tierra amada, donde la voz del pueblo de a pie, que transita por el Boulevard Central, espera y, de forma espontánea, acciona con sus emociones de manera pacífica, con un lenguaje llano y directo, reclamando y solicitando ser tomada en cuenta.

No es fácil estar frente a las cámaras. Muchas personas toman confianza al ser invitadas, y ese mundo lúdico de verse y oírse en la tele, ese atractivo de la primera vez, como al verse o descubrirse en el espejo, les atrae. Es la magia de saber o de no saber quiénes somos. Ese es el juego atractivo de las imágenes en la cita de los martes, para seguir explorando el alma tica, tan parecida a la de todos y todas en la patria grande, en la América mestiza.

En sus inicios, el cartel amarillo decía "Quéjese aquí" y fue creado por la periodista "Miss Quéjese" Gabriela Chaves. Desde octubre de 2022, está a cargo de "Míster Quéjese", William Bonilla, quien ha realizado cambios en la presentación, la ubicación de los participantes y en la marimba, dando un ritmo festivo en la bienvenida y la despedida.

Acompañarles y ser parte del elenco como la única mujer me hace comprender y confirmar la grandeza del alma y espíritu noble del costarricense: su bondad, empatía y comprensión en sueños igualitarios. Realmente, "Quéjese" es el termómetro psicosocial de un sentir libre del pueblo, que, aun en las peores circunstancias de miedo, necesidades básicas, abandono y maltrato a niños, indígenas y personas adultas, femicidios, hambre y violencia, acude con su contentura y ejemplos de las vidas duras de nuestras familias. Con humor y sonrisas, se expresan con rabia calmada, reflexiva y respeto, sin groserías.

Nos aferramos a la esperanza, y en estos tiempos apocalípticos y de transmutación, fluyen las vitaminas del alma de la "pura vida". Así, con el sueño alegre y tropical y el baile, salimos al encuentro del movimiento, con chicas y chicos bailando en todas las grabaciones.

Casi siempre nos citamos en la escultura inmensa de La Chola, a las diez y media de la mañana. Ya esperan, preguntan por este compartir, que es un acto democrático, de lucha catártica, de un derecho humano que posibilita la libertad de expresión propia con nuestras diferencias. Es la reconstrucción del camino de la paz con justicia social.

La violencia se reduciría si se crearan más espacios colectivos como "Quéjese", al imitarse conductas proactivas, ideas reflexivas y prácticas de vida con acciones de prontas soluciones. No es el quejismo como un estrés negativo; es la sabiduría del pueblo que se identifica y visibiliza, al nombrar y darse cuenta de que no es solo su problema, sino un problema social comunitario con voces de los invisibilizados.

El pasado viernes 16, en La Guásima, en el espacio de Carnes Castillo, nos presentamos. Horas antes, llegaban las personas y el Galán Rolando Jiménez cantaba rancheras y boleros con el toque de marimba de don Koki Monge. Las damas bailaban, llenando el lugar bajo un sol abrazador. En el frenesí dancístico, mujeres adultas mayores y hombres nos veían, y uno que otro se atrevía a danzar. Fue una fiesta con sus reclamos, risas y saludos, al son de la guitarra del poeta Sanders y las inspiraciones de las doñas.

En las filas, las personas esperaban su turno para expresarse y contar sus historias, las narrativas humanas de los constructores de su destino. Con alegría, la vida y el tejido social se hilan con la esperanza de hacer más vida sin dañar a nadie, en una solidaridad humana.

Todavía en los pueblos se siente el impulso vital y es grato poseer las sangres comunes de hermandad. Es cierto que somos una especie en extinción, pero, mientras tanto, la espiritualidad y pureza nos llenan al sentir la profundidad de los sentimientos, al andar y festejar todos los días gratos y seguir con la "pura vida".

 

Rosa Anca



sábado, 10 de agosto de 2024

Notas Sobre El Fascismo y Su Expresión en Venezuela.

 

En su obra El viejo fascismo y la nueva derecha radical, el escrito español Miguel Urbán destaca las siguientes características del fascismo histórico:
1) Demagogia como sostén del capitalismo;
2) Ultranacionalismo, con bases mitológicas, que justifican el expansionismo;
3) Llamado anticomunista y antidemocrático por la revolución nacional;
4) El líder como redentor nacional y
5) Los espectáculos ante las masas, para la legitimación de su poder.

En la Democracia burguesa, fascismo y revolución, escrito por el historiador Óscar León apunta: “El antifascismo anticomunista que hoy impone la democracia burguesa desde el Olimpo ideológico del fin de la historia abona, igualmente, en la vaguedad, ambigüedad e imprecisión del término fascista a que me he referido al inicio de este ensayo. Es un antifascismo que no aplica sólo a América Latina. También lo encontraremos apuntando sus baterías contra el Islam y el Próximo Oriente, donde, desde los tiempos de la caída del Chad, revolución y petróleo han pasado a integrar una de las más explosivas fórmulas para la geopolítica mundial. El «islamo-fascismo» es una excusa creada por el imperialismo fundamentalista cristiano para reforzar el mensaje reaccionario y racista que legitime otra guerra de saqueo contra los pueblos musulmanes que tienen reservas energéticas vitales.”

Por su parte, en el ensayo El eterno fascismo, Umberto Eco destaca que: “El Ur-Fascismo surge de la frustración individual o social. Lo cual explica por qué una de las características típicas de los fascismos históricos ha sido el llamamiento a las clases medias frustradas, desazonadas, por alguna crisis económica o humillación política, asustadas por la presión de los grupos sociales subalternos. En nuestra época, en la que los antiguos «proletarios» se están convirtiendo en pequeña burguesía (y los lumpen se autoexcluyen de la escena política), el fascismo encontrará su público en esta nueva mayoría.”

En síntesis, El fascismo es la ideología del capitalismo, que naturaliza la explotación del hombre por el hombre, y sustenta a la sociedad burguesa liberal, donde cada quien debe ocupar un lugar, según su sexo, raza y clase. No se reduce a ese feroz fenómeno del siglo XX, que protagonizaron Mussolini y Hitler, en aquella Europa hambrienta y quebrada, tras la caída del mercado omnipotente y la rapiña de los magnates financieros. El odio a lo distinto, la cancelación del otro y el paradigma de la protesta hasta la muerte, son expresiones actuales de la práctica fascista, dirigida por algunos «influencers»; idénticos a los nefastos «camisas negras».

En el caso de Venezuela, el fascismo, expresado en la extrema derecha venezolana prefiere a las personas de piel blanca, con probados ancestros europeos A los grandes propietarios, de rancio linaje colonial. En su visión, los movimientos afros, indígenas, LGBTQI+, comuneros, obreros, ecologistas, feministas y culturales, entre tantos otros históricamente excluidos, son la agenda «progre», que hay revertir y desaparecer. Como grupo político, desde un coto cerrado, impone la plata, la mentira y la reacción, para romper la paz, socavar nuestra soberanía y dividir a la Nación.

Actualmente, el fascismo que hemos visto en Venezuela coincide con la tradición de provocar un cambio político, a través de la violencia, pero dista mucho de ser una postura ultranacionalista y patriota. Prevalece una concepción limitada del “país” y de “democracia”; que son vistos como los principales valores a defender. Es un fascismo, sin narrativa histórica, que anida en un sector de la juventud, alienado por las RRSS y movilizado por la muerte, que requiere, como apunta el Libertador en el Discurso de Angostura, “un pulso infinitamente firme, un tacto infinitamente delicado”, para educar y sensibilizar a estas nuevas y vulnerables generaciones, y sumarlas a la construcción de la Patria.

miércoles, 31 de julio de 2024

El Fin de la Civilización Occidental: por qué Carece de Resiliencia y qué Ocupará su Lugar

 

El mayor desafío al que se enfrentan las sociedades siempre ha sido cómo llevar a cabo el comercio y el crédito sin permitir que los comerciantes y acreedores ganen dinero explotando a sus clientes y deudores. Toda la antigüedad reconoció que el impulso de adquirir dinero es adictivo y, de hecho, tiende a ser explotador y, por lo tanto, socialmente dañino…

Lo que no parecía probable hace 2500 años era que una aristocracia de señores de la guerra conquistaría el mundo occidental. Al crear lo que se convirtió en el Imperio Romano, una oligarquía tomó el control de la tierra y, a su debido tiempo, del sistema político. Abolió la autoridad real o cívica, transfirió la carga fiscal a las clases bajas y endeudó a la población y la industria.

…No había indicios de que un Milton Friedman arcaico surgiera para popularizar un nuevo orden moral radical que celebrara la avaricia al afirmar que la codicia es lo que impulsa a las economías hacia adelante, no hacia atrás, convenciendo a la sociedad de dejar la distribución de la tierra y el dinero al «mercado» controlado por privados. corporaciones y prestamistas en lugar de la regulación comunalista de los gobernantes de palacio y los templos, o por extensión, el socialismo actual. Palacios, templos y gobiernos civiles eran acreedores…no estaban sujetos a las demandas políticas de una clase de acreedores privados.

Pero endeudar a la población, la industria e incluso los gobiernos con una élite oligárquica es precisamente lo que ha ocurrido en Occidente, que ahora está tratando de imponer la variante moderna de este régimen económico basado en la deuda, el capitalismo financiero neoliberal centrado en los EEUU. al mundo entero. De eso se trata la Nueva Guerra Fría actual…

Hoy en día, un sistema financiarizado de control oligárquico cuyas raíces se remontan a Roma está siendo apoyado y, de hecho, impuesto por la diplomacia, la fuerza militar y las sanciones económicas de la Nueva Guerra Fría de EE. UU. a los países que buscan resistirlo.

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Siempre ha habido formas para que los ricos actúen santurronamente en armonía con la ética altruista evitando la codicia comercial mientras se enriquecen. Los ricos de la antigüedad occidental fueron capaces de llegar a un acuerdo con tal ética evitando los préstamos directos y el comercio ellos mismos, asignando este «trabajo sucio» a sus esclavos o hombres libres, y gastando los ingresos de tales actividades en filantropía conspicua (que se convirtió en un espectáculo esperado en las campañas electorales de Roma). Y después de que el cristianismo se convirtió en la religión romana en el siglo IV dC, el dinero pudo comprar la absolución mediante generosas donaciones a la Iglesia.

El legado de Roma y el imperialismo financiero de Occidente

Lo que distingue a las economías occidentales de las sociedades anteriores del Cercano Oriente y de la mayoría de las asiáticas es la ausencia de alivio de la deuda para restaurar el equilibrio de toda la economía. Todas las naciones occidentales han heredado de Roma la santidad pro-acreedor de los principios de la deuda que priorizan los reclamos de los acreedores y legitiman la transferencia permanente a los acreedores de la propiedad de los deudores morosos.

España en el siglo XVI saqueó grandes cargamentos de plata y oro del Nuevo Mundo, pero esta riqueza fluyó a través de sus manos, se disipó en la guerra en lugar de invertirse en la industria nacional. Con una economía profundamente desigual y polarizada profundamente endeudada, los Habsburgo perdieron su antigua posesión, la República Holandesa, que prosperó como la sociedad menos oligárquica y con más poder como acreedor que como deudor.

Gran Bretaña siguió un ascenso y una caída similares. La Primera Guerra Mundial lo dejó con fuertes deudas de armas con su propia ex colonia, los Estados Unidos. Al imponer la austeridad contra los trabajadores en el país para tratar de pagar estas deudas, el área de la libra esterlina de Gran Bretaña se convirtió posteriormente en un satélite del dólar estadounidense bajo los términos del préstamo y arrendamiento estadounidense en la Segunda Guerra Mundial y el préstamo británico de 1946. Las políticas neoliberales de Margaret Thatcher y Tony Blair aumentaron drásticamente el costo de vida al privatizar y monopolizar la vivienda pública y la infraestructura, eliminando la antigua competitividad industrial de Gran Bretaña al elevar el costo de vida y, por lo tanto, los niveles salariales.

Estados Unidos ha seguido una trayectoria similar de extralimitación imperial a costa de su economía nacional. Su gasto militar en el extranjero a partir de 1950 obligó al dólar a abandonar el oro en 1971. Ese cambio tuvo el beneficio inesperado de marcar el comienzo de un «estándar del dólar» que ha permitido que la economía de EE. UU. y su diplomacia militar se beneficien del resto del mundo. , acumulando deuda en dólares con los bancos centrales de otras naciones sin ninguna restricción práctica.

La colonización financiera de la Unión Soviética posterior a la década de 1990 mediante la «terapia de choque» de los regalos de privatización, seguida de la admisión de China en la Organización Mundial del Comercio en 2001, con la expectativa de que China, como la Rusia de Yeltsin, se convertiría en una colonia financiera de EE. UU. – llevó a la economía estadounidense a desindustrializarse al trasladar el empleo a Asia. Tratar de forzar la sumisión al control de EE. UU. al inaugurar la Nueva Guerra Fría de hoy ha llevado a Rusia, China y otros países a romper con el sistema dolarizado de comercio e inversión, dejando a EE. altísimo para individuos, corporaciones y organismos gubernamentales.

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Este sistema imperial basado en EE. UU. y la OTAN busca endeudar a los países más débiles y obligarlos a entregar el control de sus políticas al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial. Obedecer los “consejos” antiobreros neoliberales de estas instituciones conduce a una crisis de la deuda que obliga a la depreciación del tipo de cambio del país deudor. Luego, el FMI los “rescata” de la insolvencia con la “condicionalidad” de que vendan el dominio público y transfieran los impuestos de los ricos (especialmente los inversores extranjeros) al trabajo.

La oligarquía y la deuda son las características definitorias de las economías occidentales. El gasto militar estadounidense en el extranjero y las guerras casi constantes han dejado su propio Tesoro profundamente endeudado con los gobiernos extranjeros y sus bancos centrales. Estados Unidos sigue así el mismo camino por el que el imperialismo español dejó endeudada a la dinastía de los Habsburgo con los banqueros europeos, y la participación de Gran Bretaña en dos guerras mundiales con la esperanza de mantener su posición mundial dominante la dejó endeudada y acabó con su anterior ventaja industrial. La creciente deuda externa de Estados Unidos ha sido sostenida por su privilegio de «moneda clave» de emitir su propia deuda en dólares bajo el «estándar del dólar» sin que otros países tengan ninguna expectativa razonable de que se les pague, excepto en aún más «dólares de papel».

El aumento de la deuda destruye las economías cuando no se utiliza para financiar nuevas inversiones de capital en medios de producción. La mayor parte del crédito occidental actual se crea para inflar los precios de las acciones, los bonos y los bienes raíces, no para restaurar la capacidad industrial. Como resultado de este enfoque de deuda sin producción, la economía interna de los EE. UU. se ha visto abrumada por la deuda contraída con su propia oligarquía financiera. A pesar del almuerzo gratis de la economía de Estados Unidos en la forma del aumento continuo de su deuda oficial con los bancos centrales extranjeros, sin una perspectiva visible de que se pague su deuda internacional o interna, su deuda continúa expandiéndose y la economía se ha endeudado aún más. -apalancado. Estados Unidos se ha polarizado con una riqueza extrema concentrada en la parte superior, mientras que la mayor parte de la economía está profundamente endeudada.

Lo que ha hecho que las economías occidentales sean oligárquicas es su incapacidad para proteger a la ciudadanía de ser empujada a depender de una clase propietaria de acreedores. Estas economías han conservado las leyes de la deuda basadas en los acreedores de Roma, más notablemente la prioridad de los reclamos de los acreedores sobre la propiedad de los deudores. El acreedor Uno Por Ciento se ha convertido en una oligarquía políticamente poderosa a pesar de las reformas políticas democráticas nominales que amplían los derechos de voto. Las agencias reguladoras gubernamentales han sido capturadas y el poder impositivo se ha vuelto regresivo, dejando el control económico y la planificación en manos de una élite rentista .

Roma nunca fue una democracia. Y en cualquier caso, Aristóteles reconoció que las democracias evolucionan más o menos naturalmente hacia las oligarquías, que afirman ser democráticas para fines de relaciones públicas mientras fingen que su concentración de riqueza cada vez más alta es para lo mejor. La retórica del goteo de hoy describe a los bancos y gerentes financieros dirigiendo los ahorros de la manera más eficiente para producir prosperidad para toda la economía, no solo para ellos mismos.

 

… llamar a las oligarquías «democracias» es seguido por la definición de un mercado libre como uno que es libre para la búsqueda de rentas financieras. La diplomacia respaldada por EE. UU. ha endeudado a los países, obligándolos a vender el control de su infraestructura pública y convertir las “cumbres dominantes” de su economía en oportunidades para extraer rentas de monopolio.

El problema es que las democracias occidentales no han demostrado ser expertas en evitar el surgimiento de oligarquías y la polarización de la distribución del ingreso y la riqueza. Desde Roma, las “democracias” oligárquicas no han protegido a sus ciudadanos de los acreedores que buscan apropiarse de la tierra, su renta y el dominio público.

Si preguntamos quién está hoy en día promulgando y aplicando políticas que buscan controlar a la oligarquía para proteger el sustento de los ciudadanos, la respuesta es que esto lo hacen los estados socialistas. Solo un estado fuerte tiene el poder de controlar una oligarquía financiera y buscadora de rentas. La embajada china en Estados Unidos demostró esto en su respuesta a la descripción del presidente Biden de China como una autocracia:

Aferrándose a la mentalidad de la Guerra Fría y la lógica hegemónica, EE. UU. persigue la política de bloques, inventa la narrativa de «democracia versus autoritarismo»… y aumenta las alianzas militares bilaterales, en un claro intento de contrarrestar a China.

Guiado por una filosofía centrada en el pueblo, desde el día en que fue fundado… el Partido ha estado trabajando incansablemente por el interés del pueblo y se ha dedicado a hacer realidad las aspiraciones de la gente de una vida mejor. China ha estado promoviendo la democracia popular en todo el proceso, promoviendo la salvaguardia legal de los derechos humanos y defendiendo la equidad social y la justicia. El pueblo chino ahora disfruta de derechos democráticos más plenos, más amplios y completos. [2]

…el carácter económico de Occidente fue moldeado por rentistasoligarquías. La República de Roma enriqueció a su oligarquía despojando de la riqueza a las regiones que conquistaba, dejándolas empobrecidas. Esa sigue siendo la estrategia extractiva del posterior colonialismo europeo y, más recientemente, la globalización neoliberal centrada en Estados Unidos. El objetivo siempre ha sido “liberar” a las oligarquías de las restricciones a su egoísmo.

…a fines del siglo XIX, la oligarquía rentista patrocinó una contrarrevolución fiscal e ideológica, redefiniendo un mercado libre como uno libre para que los rentistas extrajeran renta económica: ingresos no ganados.

Este rechazo a la crítica clásica de los ingresos de los rentistas ha ido acompañado de una redefinición de la «democracia» para exigir un «mercado libre» de la variedad oligárquica anticlásica de los rentistas.. Privatizar el privilegio de crear dinero-crédito permite que el sector financiero asuma el papel de asignar la propiedad.

El resultado ha sido centralizar la planificación económica en Wall Street, la City de Londres, la Bolsa de París y otros centros financieros imperiales. De eso se trata la Nueva Guerra Fría de hoy: proteger este sistema de capitalismo financiero neoliberal centrado en EE. UU. destruyendo o aislando los sistemas alternativos de China, Rusia y sus aliados, mientras busca financiar aún más el antiguo sistema colonialista patrocinando el poder de los acreedores en su lugar. de proteger a los deudores, imponer una austeridad cargada de deuda en lugar de crecimiento, y hacer irreversible la pérdida de propiedad por ejecución hipotecaria o venta forzosa.

La lección de la historia es,…que se requiere un fuerte poder regulatorio del gobierno para evitar que surjan oligarquías que utilicen los reclamos de los acreedores y el acaparamiento de tierras para convertir a la ciudadanía en deudores, arrendatarios, clientes y, en última instancia, siervos.

El auge del control de los acreedores sobre los gobiernos modernos

La Primera Guerra Mundial vio a las economías occidentales llegar a una crisis sin precedentes como resultado de las deudas entre aliados y las reparaciones alemanas. El comercio se derrumbó y las economías occidentales cayeron en depresión. Lo que los sacó fue la Segunda Guerra Mundial, y esta vez no se impusieron reparaciones después de que terminó la guerra. En lugar de las deudas de guerra, Inglaterra simplemente se vio obligada a abrir su área de la libra esterlina a los exportadores estadounidenses y abstenerse de revivir sus mercados industriales devaluando la libra esterlina, según los términos del Préstamo y Arriendo y el Préstamo Británico de 1946…

Occidente salió de la Segunda Guerra Mundial relativamente libre de deudas privadas y totalmente bajo el dominio estadounidense. Pero desde 1945, el volumen de la deuda se ha expandido exponencialmente, alcanzando proporciones de crisis en 2008 cuando la burbuja de las hipotecas basura, el fraude bancario masivo y la pirámide de la deuda financiera explotaron, sobrecargando a las economías de EE. UU., Europa y el Sur Global.

El Banco de la Reserva Federal de EE. UU. monetizó $ 8 billones para salvar las tenencias de acciones, bonos e hipotecas inmobiliarias de la élite financiera en lugar de rescatar a las víctimas de las hipotecas basura y los países extranjeros sobreendeudados. El Banco Central Europeo hizo lo mismo para evitar que los europeos más ricos perdieran el valor de mercado de su riqueza financiera.

… La larga acumulación de deuda posterior a 1945 ha seguido su curso. La economía estadounidense se ha desindustrializado, su infraestructura se está derrumbando y su población está tan profundamente endeudada que quedan pocos ingresos disponibles para mantener el nivel de vida. Al igual que ocurrió con el Imperio de Roma, la respuesta estadounidense es tratar de mantener la prosperidad de su propia élite financiera mediante la explotación de países extranjeros. Ese es el objetivo de la diplomacia de la Nueva Guerra Fría de hoy. Implica extraer un tributo económico empujando a las economías extranjeras hacia una deuda dolarizada, que se pagará imponiendo depresión y austeridad sobre sí mismas.

… Se supone que todos los problemas económicos se curan solos por “la magia del mercado”, sin necesidad de que intervenga la autoridad cívica. La regulación gubernamental se considera ineficiente e ineficaz y, por lo tanto, innecesaria. Eso deja a los acreedores, acaparadores de tierras y privatizadores con las manos libres para privar a otros de su libertad. Esto se describe como el destino final de la globalización actual y de la historia misma.

¿El fin de la historia? ¿O simplemente de la financiarización y privatización de Occidente?

La pretensión neoliberal es que privatizar el dominio público y dejar que el sector financiero se haga cargo de la planificación económica y social en los países seleccionados traerá una prosperidad mutuamente beneficiosa. Se supone que eso hará que la sumisión extranjera al orden mundial centrado en Estados Unidos sea voluntaria. Pero el efecto real de la política neoliberal ha sido polarizar las economías del Sur Global y someterlas a una austeridad plagada de deudas.

… El siglo XXI comenzó con los neoliberales estadounidenses imaginando que su financiarización y privatización apalancada por la deuda coronaría el largo ascenso de la historia humana como el legado de la Grecia y la Roma clásicas. La visión neoliberal de la historia antigua se hace eco de la de las oligarquías de la antigüedad, denigrando a los reyes de Roma y a los tiranos reformadores de Grecia por amenazar con una intervención pública demasiado fuerte cuando tenían como objetivo mantener a los ciudadanos libres de la servidumbre por deudas y asegurar la tenencia de la tierra para su autosuficiencia. Lo que se ve como el punto de despegue decisivo es la “seguridad de los contratos” de la oligarquía que da a los acreedores el derecho de expropiar a los deudores. De hecho, esto ha seguido siendo una característica definitoria de los sistemas legales occidentales durante los últimos dos mil años.

Se suponía que el final de la historia de la Unión Soviética consolidaría el Fin de la Historia de Estados Unidos al mostrar lo inútil que sería para las naciones tratar de crear un orden económico alternativo basado en el control público del dinero y la banca, la salud pública, la educación gratuita y otros subsidios de necesidades básicas, libre de financiación de la deuda. Se consideró que la admisión de China en la Organización Mundial del Comercio en 2001 confirmaba la afirmación de Margaret Thatcher de que no hay alternativa (TINA) al nuevo orden neoliberal patrocinado por la diplomacia estadounidense.

Hoy, China, India, Irán y otras economías euroasiáticas han dado el primer paso como condición previa para un mundo multipolar, al rechazar la insistencia de Estados Unidos de unirse a las sanciones comerciales y financieras de Estados Unidos contra Rusia. Estos países se dan cuenta de que si Estados Unidos pudiera destruir la economía de Rusia y reemplazar su gobierno con representantes similares a Yeltsin orientados a Estados Unidos, los países restantes de Eurasia serían los siguientes en la fila.

La única forma posible de que la historia realmente termine sería que el ejército estadounidense destruyera todas las naciones que buscan una alternativa a la privatización y la financiarización neoliberales. La diplomacia estadounidense insiste en que la historia no debe tomar ningún camino que no culmine en su propio imperio financiero gobernando a través de oligarquías clientelaresLos diplomáticos estadounidenses esperan que sus amenazas militares y el apoyo a los ejércitos delegados obliguen a otros países a someterse a las demandas neoliberales, para evitar ser bombardeados o sufrir “revoluciones de color”, asesinatos políticos y tomas del poder por parte del ejército, al estilo de Pinochet. Pero la única forma real de poner fin a la historia es mediante una guerra atómica para acabar con la vida humana en este planeta.

La Nueva Guerra Fría está dividiendo al mundo en dos sistemas económicos contrastantes

La guerra de poder de la OTAN en Ucrania contra Rusia es el catalizador que fractura al mundo en dos esferas opuestas con filosofías económicas incompatibles. China, el país que crece más rápidamente, trata el dinero y el crédito como un servicio público asignado por el gobierno en lugar de permitir que los bancos privaticen el privilegio de monopolio de la creación de crédito, lo que lleva a que desplacen al gobierno como planificador económico y social. Esa independencia monetaria, que se basa en la creación de su propia moneda nacional en lugar de tomar prestados dólares estadounidenses electrónicos, y que denomina el comercio exterior y la inversión en su propia moneda en lugar de en dólares, se considera una amenaza existencial para el control estadounidense de la economía mundial.

Occidente, en su iteración neoliberal estadounidense, parece estar repitiendo el patrón de la decadencia y caída de Roma. Concentrar la riqueza en manos del Uno Por Ciento siempre ha sido la trayectoria de la civilización occidental. Es el resultado de que la antigüedad clásica tomó un camino equivocado cuando Grecia y Roma permitieron el crecimiento inexorable de la deuda, lo que llevó a la expropiación de gran parte de la ciudadanía y la redujo a la servidumbre de una oligarquía acreedora terrateniente. Esa es la dinámica integrada en el ADN de lo que se llama Occidente y su «seguridad de los contratos» sin ninguna supervisión gubernamental en interés público. Al eliminar la prosperidad en el hogar, esta dinámica requiere un esfuerzo constante para extraer una riqueza económica (literalmente, un «flujo») a expensas de las colonias o los países deudores.

Estados Unidos, a través de su Nueva Guerra Fría, tiene como objetivo asegurar precisamente ese tributo económico de otros países. El conflicto que se avecina puede durar quizás veinte años y determinará qué tipo de sistema político y económico tendrá el mundo. Lo que está en juego es algo más que la hegemonía estadounidense y su control dolarizado de las finanzas internacionales y la creación de dinero. Políticamente en cuestión está la idea de “democracia” que se ha convertido en un eufemismo para una oligarquía financiera agresiva que busca imponerse globalmente mediante un control financiero, económico y político depredador respaldado por la fuerza militar.

la historia” reflejaba una dinámica económica y política básica que ha sido una característica de la civilización occidental desde que la Grecia clásica y Roma partieron por un camino diferente al de la matriz del Cercano Oriente en el primer milenio antes de Cristo.

Para salvarse de ser arrastrados por el torbellino de destrucción económica que ahora envuelve a Occidente, los países del centro euroasiático en rápido crecimiento del mundo están desarrollando nuevas instituciones económicas basadas en una filosofía social y económica alternativa. Dado que China es la economía más grande y de más rápido crecimiento en la región, es probable que sus políticas socialistas influyan en la configuración de este emergente sistema financiero y comercial no occidental.

En lugar de la privatización de la infraestructura económica básica por parte de Occidente para crear fortunas privadas a través de la extracción de rentas de monopolio, China mantiene esto en manos públicas. Su gran ventaja sobre Occidente es que trata el dinero y el crédito como un servicio público, que debe asignar el gobierno en lugar de dejar que los bancos privados creen crédito, con deudas que se acumulan sin expandir la producción para elevar los niveles de vida. China también mantiene la salud y la educación, el transporte y las comunicaciones en manos públicas, como derechos humanos básicos.

La política socialista de China es, en muchos sentidos, un retorno a las ideas básicas de resiliencia que caracterizaron a la mayoría de las civilizaciones anteriores a la Grecia y Roma clásicas. Ha creado un estado lo suficientemente fuerte como para resistir el surgimiento de una oligarquía financiera que gana el control de la tierra y los activos rentables. En contraste, las economías occidentales de hoy están repitiendo precisamente ese impulso oligárquico que polarizó y destruyó las economías de la Grecia y Roma clásicas, con Estados Unidos sirviendo como el análogo moderno de Roma.

Fuente La casa de mi tía

Nota: artículo editado por Red Angostura

Punto y seguimos | Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa

 Que no se pierda de vista lo importante

A veces, las circunstancias –la mayoría de ellas, realmente– no son las ideales. Siempre se espera algo más, es parte del espíritu de superación del ser humano. No conformarse con lo que hay es la razón por la que se puede avanzar, y esto aplica en todos los ámbitos de la vida. La política no es la excepción, de hecho es una de las áreas en donde el conformismo es más peligroso. Con la democracia, aunque es todavía el mejor de los sistemas que se nos ha ocurrido para vivir menos injustamente, pasa lo mismo. Apostamos a que sea mejor. La mera representación nos ha quedado chica y aspiramos a la participación y al protagonismo que permitan una sociedad más equitativa.

Creer que esa evolución de representación a participación es apenas un cambio de nombre es de una ignorancia supina. Atreverse a tocar los modos e instituciones más arraigados en la conciencia social no es fácil, todo gran cambio en la historia ha presentado severas resistencias. Lo viejo se niega a morir y pelea para extender su ciclo vital el tiempo que le sea posible. Cuando en Venezuela se nos hizo la propuesta de ser los protagonistas de este cambio, se respondió con emoción. Sí, queremos participar, incidir, no mirar cómo en nuestro nombre viven muy privilegiadamente unos pocos mientras esperamos que caigan las sobras de lo que también nos pertenece. Y esa decisión la hemos pagado muy cara.

Ante la inusual y extraordinaria amenaza simbólica que representaba Venezuela por atreverse a cambiar radicalmente, por meter el dedo en el ojo de quienes llevaban demasiados años dando por privados títulos y propiedades que son públicos, la respuesta del establishment nacional e internacional fue feroz hasta casi llegar al punto de la irracionalidad. Disociación extrema, odio, incapacidad para analizar críticamente la realidad y unos niveles de autoengaño y autocomplacencia que no dan sino pavor. Ese es el estado de la que debería ser la contraparte que equilibre la balanza del poder, porque sí, el poder, más allá de cualquier buena intención y discurso, corrompe. Sin punto de equilibrio, sin contraparte que discuta, argumente y proponga, el diálogo, que da sustento a la democracia, se disuelve.

A pesar del evidente descontento generalizado que existe en el pueblo con el gobierno, algo es cierto: la claridad sobre el tema central sigue existiendo. Con todo y los errores y desventuras – que bien se deben discutir sin tapujos dentro de las filas progresistas– hay una conciencia de que lanzarse al abismo de los libertarios de la derecha es inadmisible. ¿Hasta cuándo durará? ¿Hasta cuándo se le dará el beneficio a quienes han tenido la gloriosa oportunidad de una continuidad histórica en este país? Hoy aún sabemos que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Que hay un mal superior que no se puede perder jamás de vista, pero, fieles a la naturaleza, se sigue a la espera de más y mejores respuestas de aquellos en quienes –otra vez– hemos depositado la confianza.

Mariel Carrillo García 

martes, 30 de julio de 2024

El Impacto de La Conciencia de Clase en Las Preferencias Políticas

 

Por D. W. Livingstone

Las preferencias políticas son debatidas a menudo a través del prisma exclusivo de la clase media. Pero los datos empíricos indican que la clase influye significativamente en los patrones de voto, y que una creciente conciencia de clase provoca insatisfacción con los partidos del establishment.

La percepción más profunda de Karl Marx fue reconocer cómo el fetichismo de las mercancías —la fijación en las simples mercancías en sí mismas— oscurece las formas en que el trabajo de los obreros da forma a la mayoría de las mercancías y genera los beneficios, o plusvalía, por los que los capitalistas compiten obsesivamente. Esta competencia es la fuerza motriz esencial del modo de producción capitalista.

En los Estados capitalistas avanzados, la mayoría de los partidos políticos practican una forma de fetichismo político: se presentan a sí mismos como constituidos por y en representación de la ciudadanía en general, con políticas y candidatos que abordan las demandas sociales de la mayoría. Sin embargo, en la actualidad, diversas perspectivas políticas críticas señalan que los principales partidos gobernantes de muchos países continuamente legislan y asignan recursos que sirven en gran medida a los intereses de las élites políticas, prestando mínima atención a las necesidades de la mayoría. Las relaciones políticas estratégicas que configuran muchas iniciativas y asignaciones de recursos quedan en gran medida ocultas a la vista y a la mayoría de los votantes.

La opinión temprana de Marx de que el Estado moderno no era más que el brazo ejecutivo de la burguesía evolucionó más tarde en una comprensión más compleja de las relaciones de clase dentro y contra el Estado. Con la llegada de la producción en serie, la clase obrera industrial alcanzó una masa crítica suficiente para formar sus propias organizaciones, como los cartistas en Inglaterra y el primer partido obrero del mundo, fundado en Estados Unidos en 1828. Estos partidos perseguían directamente los programas de la clase obrera. Desde entonces, muchos izquierdistas han actuado con la esperanza de que la lucha de clases democrática condujera a la transformación política hacia el socialismo.

Durante casi dos siglos, el Estado capitalista, establecido para proteger los derechos de propiedad privada, ha hecho concesiones a los derechos sociales exigidos por los asalariados, especialmente en lugares con movimientos obreros muy organizados y partidos políticos socialdemócratas fuertes. Sin embargo, se siguen dedicando ingentes recursos a publicitar y promover intereses económicos y políticos capitalistas fetichizados. En los pocos casos en que los movimientos transformadores han supuesto una amenaza política, han sido desviados o socavados por la fuerza ideológica y coercitiva del capitalismo corporativo y sus aliados.

Niveles ocultos de conciencia de clase

Los investigadores y expertos tanto de la izquierda como de la derecha asumen ahora que la conciencia de clase entre los trabajadores está silenciada hasta el punto de ser irrelevante para las cuestiones políticas en el capitalismo avanzado. Las suposiciones predominantes son tautológicas: o bien hay poca conciencia de clase real, por lo que los partidos políticos no tienen electorado para dar forma a plataformas en torno a cuestiones de clase, o bien los partidos políticos establecidos evitan las cuestiones de clase, por lo que la gente no tiene foros populares para desarrollar y expresar esa conciencia. En consecuencia, las investigaciones prestan poca atención a la relación real entre la conciencia de clase y las preferencias por los partidos políticos. Indagaciones recientes han hallado asociaciones mínimas entre las posiciones objetivas o la identidad de clase y las preferencias partidistas, perpetuando aún más la tautología

Existe un consenso cada vez mayor en torno al carácter tripartito de la estructura de clases del empleo en el capitalismo avanzado, que incluye a propietarios, directivos y empleados no directivos. También se reconoce ampliamente el declive de los trabajadores industriales y el crecimiento de los empleados profesionales (o «trabajadores del conocimiento»). La identidad de clase media se ha extendido mucho más a raíz del consumo masivo de mercancías y de la creciente visibilidad tanto de los ricos acaudalados como de los pobres indigentes. Pero la mayoría de las investigaciones empíricas sobre la conciencia de clase han ignorado en gran medida a los capitalistas corporativos más poderosos y a los altos directivos, han confundido a los directivos con los empleados profesionales y se han centrado principalmente en la identidad culturalmente hegemónica de la clase media. No es de extrañar que las relaciones entre clase y conciencia de clase hayan resultado ser muy modestas.

Podemos distinguir dos niveles superiores y a menudo ocultos de la conciencia de clase: la conciencia de oposición y las visiones clasistas de la sociedad. La conciencia de oposición implica tener intereses de clase opuestos a los de otra clase: principalmente a favor del capital o a favor de los trabajadores. La conciencia de clase implica tener visiones de la sociedad que se alineen con los intereses de clase, como pueden ser, esencialmente, una visión capitalista hegemónica de una economía continua basada en el beneficio y dirigida por la dirección o una visión obrera revolucionaria de una economía sin ánimo de lucro con autogestión de los trabajadores.

Muchos intelectuales de izquierda creen ahora que los trabajadores tienen en general una conciencia de oposición contradictoria, debilitada por la ideología burguesa dominante y que son incapaces de concebir una alternativa real al capitalismo. Esto dista mucho de ser cierto. Las pocas encuestas nacionales que han abordado estas cuestiones han encontrado que las personas con una conciencia progresista de oposición protrabajo (que apoyan incondicionalmente el derecho de huelga y se oponen a la maximización de beneficios) superan significativamente a las que tienen una conciencia procapital (que se oponen incondicionalmente al derecho de huelga y apoyan la maximización de beneficios), y que el número de partidarios protrabajo parece estar aumentando.

Además, estos mismos sondeos señalan que quienes tienen una conciencia obrera revolucionaria (que combina la conciencia de oposición protrabajo con una visión de la economía sin ánimo de lucro y la autogestión de los trabajadores), constituyen un grupo pequeño pero creciente. Este grupo es mucho mayor que aquellos cuyas visiones defienden claramente las condiciones capitalistas existentes.

Las proporciones de personas con conciencia de oposición protrabajo son probablemente minoritarias en todos los países capitalistas avanzados en la actualidad, y aquellas con conciencia obrera revolucionaria son probablemente menos del 20% en todas partes. Sin embargo, estas cifras son considerables y parecen estar aumentando en medio al ritmo de las actuales crisis ecológicas, económicas y políticas. Superan significativamente en número a los defensores del capitalismo con conciencia de clase.

La reproducción del Estado capitalista democrático liberal depende menos de los defensores con conciencia de clase y más de los trabajadores con conciencia de clase pragmática: aquellos que pueden aceptar la maximización de beneficios con ciertas condiciones o apoyar el derecho a la huelga en circunstancias específicas, y no perciben ninguna alternativa viable al capitalismo. Sin embargo, pequeños grupos con visiones progresistas coherentes y comprometidos con una acción política no violenta sostenida han tenido mucho éxito a la hora de liderar movimientos políticos a favor del cambio en muchas cuestiones durante el siglo pasado. La cuestión central sigue siendo: ¿cómo se relaciona la conciencia de clase con las opiniones sobre cuestiones políticas y el apoyo a determinados partidos?

Política y conciencia de clase

La cuestión de la reducción de la pobreza ha sido históricamente decisoria en muchos países capitalistas avanzados. Los ricos tienden a ver la pobreza como una responsabilidad individual, mientras que los menos acomodados apuntan a las condiciones económicas generales. En las últimas décadas, con una riqueza cada vez más conspicua y un empobrecimiento cada vez más visible, se ha producido un aumento general del apoyo a la reducción de la pobreza en muchos países. Las relaciones entre formas más amplias de conciencia de clase y esos sentimientos de apoyo a los pobres en Canadá en 1982 y 2016 muestran diferencias pronunciadas y crecientes, como se resume a continuación.

Apoyo a la reducción de la pobreza según la conciencia de clase en Canadá, 1982 y 2016.

A lo largo del periodo, el acuerdo general sobre la necesidad de medidas de apoyo a la pobreza aumentó de dos tercios a más del 80%. Una pequeña minoría, que comprendía alrededor del 2%, que se veía a sí misma en el nivel superior de la estructura de clases y creía en lo correcto de su carácter lucrativo, se resistía a las medidas que pudieran disminuir la competencia entre la mano de obra potencialmente contratada. En cambio, un grupo mucho mayor, que abarcaba más de un tercio, con diversos grados de conciencia obrera simpatizante, opositora o revolucionaria, apoyaba cada vez más las iniciativas destinadas a mejorar las condiciones de vida de los pobres.

En la década de 1980 se observaron pautas similares en otros países capitalistas avanzados, como indican los datos de algunas encuestas relevantes. Sin embargo, a pesar de estos sentimientos, han prevalecido las medidas de austeridad del Estado, alineadas con las preferencias de la pequeña minoría que mantiene puntos de vista capitalistas hegemónicos y su influencia sobre los políticos elegidos.

El reciente patrón de conciencia de clase sobre la acuciante cuestión del calentamiento global en Canadá refleja esta tendencia. En 2016, una gran mayoría de canadienses estaba de acuerdo en que el calentamiento global supone una amenaza para la vida humana, con un apoyo prácticamente unánime entre aquellos con conciencia protrabajo. Por el contrario, aquellos con conciencia de clase capitalista hegemónica tendían a negar la relevancia de esta amenaza: una mentalidad elitista vintage.

En resumen, los escasos datos de encuestas directas sobre las relaciones entre las formas más elevadas de conciencia de clase y las cuestiones políticas más debatidas indican que las personas con conciencia protrabajo son las que expresan un mayor apoyo a los programas políticos progresistas. Los que tienen una conciencia favorable al capital muestran la mayor oposición, mientras que los que tienen una conciencia más pragmática tienen opiniones encontradas sobre cuestiones políticas en general. Aunque no se trata de una simple tautología, estos resultados no son del todo sorprendentes. Lo que llama la atención es la significativa disparidad entre las opiniones capitalistas hegemónicas y la opinión popular.

Pero, ¿qué hay de la asociación entre la conciencia de clase y el apoyo a los partidos políticos realmente existentes, que son las organizaciones elegidas para dar forma a las políticas que responden a todo el electorado? Las pruebas directas sobre esta cuestión son escasas. Algunos datos proceden de la encuesta de Erik Olin Wright realizada en 1980 durante las elecciones presidenciales en las que el republicano Ronald Reagan venció al demócrata Jimmy Carter. Quienes tenían una conciencia favorable al capital tenían cuatro veces más probabilidades de votar a los republicanos que aquellos que tenían una conciencia favorable a los trabajadores, mientras que casi la mitad de este último grupo optó por una afiliación independiente o de otro partido.

La encuesta canadiense de 1982 se realizó tras las elecciones federales de 1980, que devolvieron al Partido Liberal de Pierre Trudeau a la mayoría. Los procapitalistas tenían el doble de probabilidades de decantarse por el Partido Conservador que los protrabajadores. Y estos últimos tenían cuatro veces más probabilidades de decantarse por el socialdemócrata Nuevo Partido Democrático, que recibió alrededor del 20% de los votos.

Un análisis más reciente de la encuesta canadiense de 2004, en la época de las elecciones federales del gobierno liberal en minoría de Paul Martin, muestra resultados significativos. Las personas con conciencia protrabajo solo tenían la mitad de probabilidades de votar a los principales partidos liberales o conservadores que las que tenían conciencia procapital. En cambio, casi dos tercios optaron por apoyar a partidos socialdemócratas u otros, o se negaron a alinearse con ningún partido. Las escasas pruebas muestran diferencias sustanciales en las preferencias partidistas en función de las formas de conciencia de clase. Sugiere que el creciente número de individuos con conciencia protrabajo, junto con otros, son cada vez menos proclives a apoyar a los partidos capitalistas dominantes.

De cara al futuro

Actualmente nos enfrentamos a una combinación de amenazas sin precedentes, como la degradación ecológica sistémica, las desigualdades económicas, un posible invierno nuclear y una falta de confianza generalizada en las instituciones políticas establecidas. La principal consecuencia política hasta ahora ha sido un nivel de protesta social y medioambiental sin precedentes. Votar a los principales partidos capitalistas se entiende ahora como un gesto político limitado, a menudo abordado con cinismo o evitado por completo, con pocas expectativas de que los partidos aborden estas cuestiones acuciantes.

En el ciclo electoral que se abre, los demócratas de Joe Biden ofrecen obviamente políticas más progresistas que los republicanos de Donald Trump. La gente debería votar a su candidato progresista preferido, pero no debería hacerse ilusiones. La probabilidad de que cualquiera de los dos partidos aplique políticas que desafíen los programas establecidos de las élites corporativas, que financian a la mayoría de los candidatos electos, sigue siendo escasa. Es necesario que muchos partidos políticos se constituyan o reconstituyan sobre bases sociales más democráticas, con programas de políticas y recursos más democráticos.

El auge de los movimientos de extrema derecha que aprovechan políticamente las ansiedades xenófobas refleja el fracaso de los partidos tradicionales en el poder para abordar las preocupaciones democráticas que impulsan estas protestas sociales y medioambientales generalizadas. La prominencia de los reaccionarios del MAGA [Make America Great Again] en la versión de Trump del Partido Republicano pone de relieve lo lejos que se han quedado los partidos tradicionales de las organizaciones democráticas inclusivas, y lo vulnerables que son a los llamamientos autoritarios populistas y estrechos.

Los militantes progresistas deben comprometerse ahora más que nunca, tanto dentro de los partidos relativamente democráticos como en los crecientes movimientos sociales. El potencial de alianzas sostenibles entre sindicatos, colectivos de igualdad racial y de género, grupos de acción medioambiental y otros grupos de ciudadanos preocupados nunca ha sido mayor. Sean cuales sean los resultados inmediatos de las numerosas elecciones nacionales de 2024, es probable que la conciencia de clase progresista persista y aumente. Los investigadores progresistas deberían realizar esfuerzos sin precedentes para documentar los niveles ocultos de conciencia de clase y revelar sus vínculos con patrones de voto más estrechos. Las recientes encuestas experimentales de Jacobin en Estados Unidos son un comienzo prometedor. Compartir ampliamente esta inteligencia política podría ser una ayuda inestimable para las acciones democráticas dentro y fuera de las organizaciones de los partidos políticos tradicionales.

FUENTE REVISTA JACOBIN

JULIO 2024