Mostrando entradas con la etiqueta Poesia Revolucionaria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesia Revolucionaria. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de julio de 2026

Psicosoma | El espejo de Midsommar

 Por Rosa Anca

14/07/2026.- ¿Un viaje puede salvar una relación de pareja tambaleante y ayudar a superar el duelo por la trágica pérdida de una madre, un padre y una hermana? ¿Qué peso adicional tienen la presión de los amigos y la baja autoestima en medio de esa crisis? En fin, son muchas las interrogantes que se abren antes de que, simplemente, algo haga clic.

Hacía bastante tiempo que no disfrutaba de una película tan maravillosa como Midsommar (segundo largometraje, después de Hereditary, del joven guionista y director estadounidense Ari Aster). Ambientada en el luminoso paisaje de Suecia, la trama transcurre durante una celebración de solsticio de verano que dura nueve días y se realiza solo cada noventa años. Se trata de un terror psicológico de factura impecable, entretejido con profundos dramas familiares e inspirado en clásicos del género de cineastas como Polanski o Kubrick. Es una propuesta colmada de simbología nórdica, colorida, ritualista, desconectada de la tecnología, con expresiones pictóricas comunitarias y un sinfín de sugerencias deliberadas.

¿Qué es real y qué no? Lo más brillante de la propuesta es que utiliza la plena luz del día para mostrar la muerte y el suicidio. A través de primeros planos implacables, la cámara captura los rostros y cuerpos de una comunidad que vive la muerte y la celebra al unísono. Con sus rostros níveos, ropas holgadas de la moda hippie, el consumo compartido de alucinógenos y una naturaleza brillante incluso a las nueve de la noche, el ambiente luce idílico. Los cinco invitados, observados por miradas contemplativas y aparentemente amorosas, son “recibidos” por “guías espirituales”. Según descubrimos por la trama, la costumbre de “recibir” forasteros en realidad es una práctica habitual para evitar la endogamia.

Todo parece en exceso pacífico; la tranquilidad de las montañas y las cascadas arrulla al espectador y lo invita a sintonizar con su propio corazón, lejos del caos del mundo exterior. Por breves instantes, el filme nos hipnotiza con su estética, evocando al poeta Walt Whitman en el introspectivo Canto a mí mismo. El grupo está conformado por estudiantes de Antropología, a excepción de Dani, magistralmente interpretada por Florence Pugh. Dani es una alumna de Psicología deprimida y en duelo por una tragedia familiar. Además, se encuentra atrapada en un noviazgo en declive que intenta sostener a toda costa. En medio de su propia infravaloración y abandono, decide acompañar al grupo de amigos, quienes en secreto la rechazan por considerarla “problemática”.

Pelle, un joven oriundo de la aldea, los ha invitado y muestra un interés especial en Dani desde el inicio. Este gesto siembra pistas en una historia predecible, pues la empatía hacia ella raya en lo excesivo. En paralelo, la rivalidad académica entre dos estudiantes que buscan desarrollar su tesis de investigación sobre la comunidad —para lo cual necesitan el permiso de su líder— nos expone a la relatividad de los valores éticos. Incluso hay espacio para el humor grotesco: cuando el más ingenuo de los muchachos orina en un árbol ancestral sagrado, se gana el primer lugar en la horrible rifa del desollamiento. La piel de su rostro será usada más tarde para confundir a su compañero, quien ha sido atrapado fotografiando el libro sagrado de la comunidad.

A plena luz del día, una pareja de ancianos de 72 años se lanza al vacío desde un acantilado, inaugurando formalmente los rituales del solsticio ante la mirada atónita de los invitados. Las costumbres locales dividen la vida humana en cuatro estadios de dieciocho años. El último culmina con este suicidio voluntario, concebido como un acto trascendental y cierre de una vida satisfactoria. Las cenizas de estos mártires alimentarán el árbol de la vida. Con un zoom crudo, la cámara detalla el impacto: los rostros antes impolutos, el estallido de los cuerpos por la caída y las rocas ensangrentadas. El anciano, que sobrevive en un principio por haber caído de pie, es rematado con golpes de macana entre cantos y ovaciones de los espectadores, que suspiran al unísono. Esta respiración en coro emula los ejercicios del plexo solar, que los orienta a una conexión empática y telepática. Mientras los forasteros están aterrados y no pueden aceptar las explicaciones de los líderes sobre estos eventos, Dani comienza a verse extrañamente atraída por la simbología y los misteriosos dibujos de Pelle.

El psicoanalista Jacques Lacan nos planteaba que “todo yo es un otro”. Dani reacciona a los acontecimientos desde una sumisión absoluta a su novio y al grupo, buscando su constante aprobación. Solo en la soledad del baño se permite el quiebre: llora, recuerda a su familia ausente y grita. Sin embargo, intenta aferrarse a su pareja, buscando un cable a tierra frente al vértigo de su psique fragmentada. Aquí pareciera cumplirse la máxima del filósofo Jacques Derrida: tanta luminosidad termina por oscurecer, opacar y ocultar aquello que queremos ver. Vale preguntarse: ¿qué terribles autoengaños construimos al percibir la realidad? ¿Qué hago aquí y hacia dónde voy?... La alienación y la disociación de la identidad fragmentada se resisten al vacío recreando ilusiones.

Este proceso se remonta a nuestra primera infancia, cuando se va estructurando el yo y conformamos nuestra mirada a través de los primeros reflejos del espejo (el plano especular). El “estadio del espejo” de Lacan funciona como una metáfora de identidad y reconocimiento: el entorno nos sirve para construir la ilusión de un contacto perdido, un reflejo del otro que, a modo de Gestalt, nos devuelve una sensación de unidad. Entre los seis y los dieciocho meses de edad, el infante se identifica por primera vez con su imagen corporal completa y no fragmentada, logrando corporeizarse gracias al soporte de la madre y el padre. A partir de allí se estructura su yo individual y su propia habla. En Midsommar, observamos a un yo psicológico dependiente de la aprobación o el rechazo del otro, que busca con desespero referentes para constituirse, a pesar del choque prohibitivo o edípico.

Dani se aferra a la cercanía de estos nuevos seres. ¿Qué ocurre con un personaje urbano trasladado a un entorno rural tras sufrir el fallecimiento de sus familiares? Presionada por el grupo, consume alucinógenos y comienza a experimentar una inquietante comunión con la naturaleza, llegando a ver flores brotar de sus propios pies. Aunque en un principio intenta mantener el vínculo con su novio a través de conversaciones vacías, lidia con visiones fantasmales de sus padres. Pronto percibimos que hay un pacto tácito. Casi encandilada, Dani se deja arrastrar por las costumbres locales y se integra a las mujeres de la comunidad en los preparativos del banquete para el solsticio.

Si hacemos un pacto con la ficción para justificar que todos acepten las extrañas desapariciones de los amigos en medio de la algarabía festiva, podremos avanzar en la historia de los rituales hacia la elección de la Reina de Mayo. Lo más importante es que la pareja protagónica queda enmarcada bajo las runas Inguz y Uruz. Las imágenes floridas, el tapiz del destino (que contiene el alfabeto rúnico) y las perturbadoras pinturas de Pelle —el único que sabe el objetivo de estos ritos— anticipan el desenlace de la tragedia. Presintiendo el destino fatal, Dani ya se ha liberado de sus ataques de ansiedad cuando es separada de su novio para fundirse con el colectivo femenino. Su rostro refleja calma mientras la visten para la danza alrededor del Yggdrasil, el árbol de la vida que conecta los nueve mundos de la cosmología nórdica. Las coronas de flores la mimetizan tanto con el entorno que ya ni su particular belleza se puede distinguir.

La cámara gira vertiginosamente de izquierda a derecha durante el ritual. En este trance hipnótico, donde las competidoras van cayendo exhaustas una a una, Dani baila enfebrecida hasta coronarse como la Reina de Mayo. En ese instante, asume un poder absoluto dentro de su nueva familia comunitaria, lo que la lleva a ejercer su voluntad definitiva: decidir sobre la vida o la muerte de su novio.

El rito de apareamiento se consuma bajo la mirada y el empuje físico de las mujeres mayores de la aldea, quienes rodean la escena reproduciendo a coro los jadeos del acto en una composición visual asombrosamente simétrica. De igual manera, apreciamos el posterior llanto colectivo de la corte de mujeres, que imita y amplifica el dolor de Dani cuando descubre la traición de su novio, funcionando como un espejo catártico.

Aunque esta escena pueda resultar discutible y débil en su retrato de la psique femenina, plasma con crudeza la transición de Dani: ante el dolor, en lugar de huir, se entrega al cobijo de su nueva familia afectiva. El llanto compartido de las plañideras es catarsis pura, una comunión que la arranca de la soledad. Para concluir, esa fuerza colectiva se transmuta en su icónica y perturbadora sonrisa final, mientras observa la casa triangular consumirse por las llamas con las víctimas en su interior. Es la consumación de una venganza ritual que marca su nuevo amanecer.




sábado, 13 de junio de 2026

Semblanza de la resiliencia

 De las raíces ancestrales de la civilización a la epopeya de la diplomacia soberana

Por Hindu Anderi 


13/06/2026.- La historia milenaria de Irán evidencia una tradición de convivencia, tolerancia y racionalidad; una nación que, a lo largo de su devenir, no ha sido la iniciadora de guerras ni agresiones. Sin embargo, su posición geopolítica la ha convertido repetidamente en objeto de la ambición de potencias dominantes. La continuidad y la persistencia de la resistencia iraní se explican por el vínculo profundo entre su pasado civilizatorio y la identidad nacional de su pueblo.

Esa identidad, entrelazada con la cultura autóctona iraní y las enseñanzas dinámicas del islam, ha dado origen a un modelo de resistencia que rechaza la sumisión y la pasividad frente al extranjero. En la doctrina de defensa y en el pensamiento político, tanto del Gobierno como del pueblo iraní, la resistencia nacional no es una opción transitoria, sino un principio arraigado, destinado a salvaguardar la independencia y la integridad territorial del país.

Sobre esta base, la política regional de la República Islámica de Irán se asienta en sólidos pilares morales y humanitarios. El apoyo incondicional a los derechos de los pueblos oprimidos —en particular los honorables pueblos de Palestina y Líbano— se considera un principio inviolable. Irán ha afrontado de forma persistente las políticas coloniales y las agresiones del intervencionismo estadounidense y del régimen sionista en la región, entendiendo que su resistencia brota de su legitimidad nacional y de un deber humano básico.

Al mismo tiempo, la República Islámica de Irán ha actuado dentro de los márgenes de la racionalidad y ha privilegiado la vía del diálogo y la "diplomacia digna" siempre que se respeten plenamente la independencia, la dignidad y los intereses vitales de la nación.

Legitimidad regional y cristalización del ideal de resistencia

La República Islámica de Irán, amparada en los principios de su Constitución y en las convicciones de su pueblo, concibe el apoyo a los pueblos oprimidos —especialmente Palestina y Líbano— no como un recurso táctico, sino como un deber humano esencial. Frente a las reiteradas agresiones del sionismo internacional y a las políticas intervencionistas de Estados Unidos en Asia Occidental, Irán ha subrayado consistentemente el derecho a la legítima defensa.

Este enfoque se materializó en episodios militares contemporáneos donde la resistencia del Eje de la Resistencia, respaldada intelectual y espiritualmente por Irán, alteró el equilibrio de fuerzas. Las guerras del año pasado contra Estados Unidos e Israel marcaron un hito al desmentir el mito de la invencibilidad de los ocupantes y al demostrar que la voluntad de los pueblos musulmanes puede doblegar incluso las fortificaciones militares más sólidas. Asimismo, la guerra de los 12 días constituyó una manifestación contemporánea y completa de la resistencia popular, en la que la voluntad de la Umma prevaleció frente a armamentos occidentales sofisticados y renovó la legitimidad de estas causas en la opinión pública internacional.

La resistencia en esos conflictos no fue solo militar; fue una defensa del ser civilizatorio frente a intentos coordinados de someter la independencia política y territorial de la nación.

La tragedia de Minab: análisis jurídico de una batalla desigual

La confrontación contra la nación iraní ha trascendido con frecuencia los frentes militares y ha golpeado deliberadamente a civiles mediante terrorismo de Estado y bombardeos indiscriminados. Uno de los ejemplos más dolorosos de esa crueldad es el ataque a centros educativos y el martirio de estudiantes indefensos, ejemplificado en la tragedia de la "escuela de Minab". El asesinato de esos jóvenes revela la voluntad cruel de un agresor que, al fracasar en el campo de batalla, recurre a métodos atroces.

Desde la perspectiva del derecho internacional, se trata de un enfrentamiento profundamente desigual y de una violación flagrante de normas imperativas (ius cogens).

El párrafo 4 del artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza; un principio sistemáticamente vulnerado por Estados Unidos y el régimen sionista en estas agresiones.

Según los cuatro Convenios de Ginebra (1949) y sus Protocolos Adicionales (1977), el ataque contra objetivos civiles, especialmente escuelas y estudiantes, constituye un crimen de guerra y un crimen de lesa humanidad. Las doctrinas de distinción y proporcionalidad obligan a las fuerzas armadas a separar combatientes de civiles; esa regla se quebrantó de forma patente en los bombardeos contra Irán.

Es especialmente doloroso el silencio cómplice de segmentos de la sociedad occidental y de organizaciones que enarbolan la defensa de los derechos humanos. Ese doble rasero ha debilitado el papel de los órganos internacionales, incluido el Consejo de Seguridad de la ONU, y ha contribuido a una percepción pública de que el sistema internacional carece de imparcialidad y eficacia. Tal silencio autorizado equivale a una luz verde para que los agresores continúen con sus actos.

Independencia y la dualidad entre doctrina de defensa y diplomacia digna

La piedra angular de la política exterior iraní es la preservación de una independencia política absoluta y la negativa a someterse a la tutela de potencias orientales u occidentales. Ese anhelo de autonomía, forjado con el sacrificio de sus combatientes y la prudencia de sus líderes, ha permitido a Irán adoptar posturas firmes en defensa de los oprimidos. No obstante, su relación con la comunidad internacional no se basa en el belicismo: la República Islámica siempre ha privilegiado el diálogo, la negociación y la resolución pacífica de controversias, sobre la base del respeto mutuo.

Para Irán, la diplomacia no es sumisión, sino un foro para exponer su legitimidad y reivindicar sus derechos. La "diplomacia digna" revela que, aun manteniendo una capacidad defensiva impecable y la disposición a repeler agresiones, el país busca oportunidades para alcanzar una paz justa y estabilidad regional. La autoridad militar y la prudencia diplomática son dos alas complementarias en la arquitectura de su seguridad nacional, asegurando que ningún acuerdo se celebre a costa de la independencia y la dignidad nacionales.

En definitiva, el sistema internacional debe reconocer el lazo inquebrantable entre la civilización milenaria, la identidad nacional y los ideales islámicos de Irán. La resistencia frente a las ambiciones de Estados Unidos y a las agresiones del régimen sionista halla su origen en esa cultura de perseverancia. Las experiencias derivadas de episodios históricos, desde la guerra de los 12 días hasta las resistencias contemporáneas en la guerra de Ramadán, evidencian que la paz y la seguridad duraderas en la región solo se alcanzan mediante la justicia, el fin de la ocupación y el respeto a la independencia de los pueblos —principios por los que Irán seguirá luchando.

La máxima de Irán ante el mundo es la diplomacia digna y la oposición a la dominación; pero, cuando la razón y la diplomacia topan con la agresión, la nación responderá con una resistencia firme y ejemplar, enraizada en su identidad civilizatoria y su fe inquebrantable.



lunes, 2 de marzo de 2026

Rostro de mujer | El metal como espejo del alma y la naturaleza

 En una era dominada por la inmediatez digital y la producción en serie, el trabajo manual recobra un valor sagrado: el de la autenticidad. La orfebrería, más que una técnica de moldeado de metales, es un acto de resistencia cultural que devuelve al ser humano la capacidad de materializar sueños con sus propias manos. Quien decide dedicarse a este oficio no solo crea joyas; preserva un conocimiento ancestral donde la paciencia, la observación de la naturaleza y el dominio del fuego se convierten en herramientas para contar historias que perduran en el tiempo.

Para María Silvia Tomillo Chirino, la vida no es una línea recta, sino una amalgama de experiencias que se funden como el metal en el crisol. Contadora de profesión, pero orfebre por pasión, ha conseguido armonizar el rigor de los números con la delicadeza de la joyería artesanal, demostrando que la verdadera maestría reside en la capacidad de observar, sentir y crear.

En el marco del encuentro con el equipo de Rostro de mujer, rememoró que desde pequeña fue un "alma libre", una líder nata que arrastraba a los mayores a sus aventuras. Su madre, sabia ante tal inquietud, canalizó esa energía hacia las manualidades, enseñándole a dar vida a las telas y alejándola del ocio improductivo. Esa semilla germinó en las visitas a museos y al Parque Sucre Los Caobos, donde quedaba impactada por el ingenio de los artesanos. Aunque se formó en turismo y contaduría, el deseo de ser bailarina y su amor por la historia permanecieron latentes, en espera del momento para manifestarse.

Su entrada formal al mundo de la orfebrería ocurrió en la Escuela de Arte y Fuego Cándido Millán. Allí, entre sopladores y láminas de cobre y bronce, aprendió que el material tiene voz propia: "El metal te dirá lo que quiere ser". Su primera pieza, un dije de mariposa, marcó el inicio de una evolución constante.

Su proceso creativo posee un matiz antropológico. Para diseñar sus famosas calas, no se conformó con un boceto; fue al Mercado de las Flores, las tocó, percibió su volumen y estudió la anatomía de sus pétalos. Esa misma curiosidad la traslada a la arquitectura y a la fotografía, con la que detalles que luego traduce en piezas de calado impecable. Sus obras transmiten mucho más que estética: emiten una experiencia viva.

A María Silvia le preocupa el vacío generacional en los oficios manuales. "Quiero dejar una huella; que los jóvenes vean que con sus manos pueden hacer realidad lo que imaginan, más allá de una pantalla", reflexionó. Su compromiso social trasciende el taller: en la actualidad, elabora piezas especiales inspiradas en animales, cuya venta es donada a fundaciones de niños con cáncer.

Con la mirada puesta en el futuro, está liderando su emprendimiento @disenosmst, proyectándose como un referente de la joyería artesanal en Venezuela. Su propósito es especializarse en la fusión de vidrio y orfebrería, además de fundar una escuela para transmitir la pasión por este arte a las nuevas generaciones.

Fiel lectora de Isabel Allende y García Márquez, María Silvia vive bajo una premisa de estudio constante. Su mensaje para las mujeres es contundente: "Búsquense por dentro; la respuesta a lo que quieren está en ustedes mismas".

Para ella, Venezuela sigue siendo el territorio de las oportunidades; un país donde, a pesar de los "inviernos" difíciles, siempre es posible florecer si se trabaja con amor, perseverancia y propósito.

Manos que crean belleza y siembran esperanza

 

Nirman García Berbeo

Facebook e Instagram: @rostrodemujer1

Correo: rostrodemujer1@gmail.com

jueves, 26 de febrero de 2026

Psicosoma | Destinos disímiles

 Yo creo en muchas cosas que no he visto / y ustedes también, lo sé / No se puede negar la existencia de algo palpado / Por más etéreo que sea / No hace falta exhibir una prueba / De aquello que es tan verdadero.

Willie Colón

 Quizás amar sea el "eslabón" perdido de la humanidad y, hasta llorar apoyada en el féretro mirando su rostro, barba cuidada, gorro y corbatín, no me la creía; que la muerte se lo lleve y solo me salva ese pensar rumiante: "Es un sueño, una pesadilla por la indigestión".

A los meses o años, se cree vivir sin la otra mitad del cuerpo en duelo y no sé del extraño pacto lento, sin sufrir; se ama más en los sueños, se recorren paisajes oníricos, se notan gestos frescos, cuentos del viaje, retornos, encuentros y charlas desconocidas, enigmas de conversas olvidadas con todo el tiempo a la escucha al revisar los mediodías del almuerzo con las teclas de Franz Liszt.

Ya no es la convivencia normal, la certeza visible, porque es un proceso del puro sentir, de la sensibilidad ajena al mundo conceptual; se vive en íntima soledad compartida con los seres idos y, al conversar sin hablar, se "cuentan vivencias", como acontecimientos por el aumento de la familia, con tres nietos varones que los describo, y es casi una orden risueña: "Me gustaría conocerlos" y siempre repetías en tu convalecencia: ¿cómo serán? Y, a partir de ese día, en pleno silencio cumplo ese deseo, que pasó del soñar al escucharte en un tiempo especial, y comento mis años sin ti, sentidos en otras formas intempestivas... Aprendo a leer signos, espacios y tejer la memoria en voces.

Estuve muy triste por la noticia de la muerte de Willie Colón y recuerdo cómo gozamos en Caracas en el bar restaurante Tío Pepe y en el bar Gibus, del Callejón; veíamos el amanecer y subíamos a nuestro Cristal Azul. Eran viernes chiquitos, o sea, un jueves, y siempre lista para el viernes a bailar salsa brava durísima, al son del trombón, cálida voz de Willie, quien reinventa la salsa brava y los bailarines con sus pasos de quiebre tango-calipso con su picante caribeño.

Época de ser tu gitana y la canción era para mí; me llamabas gitana y me la creía porque echaba las cartas, leía las manos... pero hoy es 21 de febrero, estamos en Piscis, Año Nuevo chino, la Cuaresma; no podía resistir la avalancha de imágenes, tu sonrisa y esa seductora mirada al acariciar mi rostro. Recuerdo a mi amiga tica Katísima al llamar "Corre, corre, Anka". Medio me sonrío y corren goterones; bajo rápidamente y le cuento a mi vecina de la planta baja que estaba fumando con su marido y responde: "Qué tristeza", y le digo: voy a salir a cantar y bailar; cierro el portón, veo un cielo medio oscuro, cuando revienta un torrencial aguacero que no me daba pie a regresar y la amiga del negocio de las empanadas me socorre con el paraguas. Voy a medio correr, cruzo el semáforo y a una cuadra el bar restaurante con mis amigas nicaragüenses: María y Érika, que me atienden muy contentas; hay un gentío de personas mayores y pocos adultos jóvenes. Saludo a la pareja adulta que pide una canción del "diablo de la salsa", Oscar D'León, que estuvo en Palmares de Alajuela el mes pasado.

Los amigos no sabían de la muerte del trombonista y fue una conversa dolorosa, de recuerdos, la música del difunto que solicitábamos y el espacio era digno de su despedida; la parca nos lleva, es el destino de los mortales y no sabemos nada, pero sí podemos sentir con las antenas del amor, energía, cambios, fantasmas, visitas y del amor inmortal, a pesar de la desaparición física...

Al dejar de llover, me preparo para regresar a la casita y entran dos jóvenes adultos, quienes se dedican a ver fútbol. Juega el Saprisa, me dicen, y que ligue a ganar, y les comento de Willie Colón, de sus giras a Venezuela; estos jóvenes tenían una cultura general, sensibles al arte, comprensivos de la situación geopolítica mundial y la de Venezuela, así como de las elecciones en Costa Rica, que marchan hacia una derecha conservadora, como es la del líder de la secta satánica Charles Manson, cuyo rostro estaba plasmado en la franela que David tenía puesta.

Las fuerzas del mal, del dogmatismo, de los crímenes de lesa humanidad, confrontan al bien, al amor y a la solidaridad, y con el arte se pueden subvertir por medio de la resistencia cultural, como las canciones de Willie Colón y de Bad Bunny, cuya presentación en el Super Bowl LX nos dio algo de respiro por el canto digno de la identidad latinoamericana y la capacidad resiliente de los migrantes.

Hubo una especie de déjà vu, con esos chicos casi cuarentones y las barras de Caracas con jóvenes artistas, poetas, migrantes colombianos, sureños, con canciones de la trova cubana, los pasillos de Humanidades, la parroquia de la UCV, los libreros, el reloj, la tierra de nadie, Sierra Maestra del 23 de Enero, que se le puso en honor a Fidel Castro al visitar Venezuela. Las "coincidencias" de mundos paralelos, similitudes, y siempre le cantaremos al amor, a las incertezas, a la esperanza de paz y justicia social, porque todo pasa en un instante y no sabemos si despertaremos mañana o quizás haya gente dormida, sonámbula, zombi, tragada por el desprecio e inhumanidad.

Nada se detiene al morir, ser pasajeros del penúltimo tren, rumbo al tercer milenio, y creo que nos merecemos vivir en sana paz activa, porque todos y todas nos pertenecemos en un punto luminoso humano.

Oh, ¿qué será?, ¿qué será? / Que anda suspirando por las alcobas / Que se oye susurrando en versos de trova / Que anda combinándonos preguntas locas / (...) Que vive en las ideas de esos amantes / Que cantan los poetas más delirantes / Y juran los profetas emborrachados / (...) Que me despierta por la noche / Y me hace temblar, me hace llorar / Oh, ¿qué será? / Son fantasmas, somos fantasmas, siento la puerta tocar tres veces...

Rosa Anca



lunes, 9 de febrero de 2026

Tejer con la palabra | Ni fuimos humanos ni Roma cayó. Parte I

 Las mentes amordazadas

trabajan para ellos

te tienen vigilada

no dejes que te succionen

piensa, piensa, piensa

eres libre como el amor

Teresa Ovallez Márquez

 Cual Chihiro, transitaba por un río rojo en un barco dominado por un grupo de personajes siniestros quienes nos sometían a través de la violencia. Era el único lugar donde podía estar. Había una mujer joven, morena y de largas trenzas que amamantaba sin cesar a todas las criaturas que lo ameritasen. Ella me dijo que había que buscar con urgencia a “La Madre” y usó artimañas, ayudada de unos seres pequeñitos, para detener el barco justo en el sitio en el que debía bajarme. Me señaló por dónde buscarla, entré en un pasadizo, se abrió una puerta y vi a una mujer muy parecida a la otra, pero más madura. Encima de un bello cojín y un hermoso tapiz, amamantaba a un bebé cubierto con una manta rojo rubí, bordada en deslumbrante pedrería. Cuando le conté la situación, enseguida se levantó y, resuelta, comenzó a a pararse para la guerra. Dejó al bebé en ese cuarto y pasábamos a otros cuartos cuyas puertas se encargaba de cerrar muy bien. Mientras, sin parar de caminar por entre pasadizos, me preguntaba más detalles sobre la situación a bordo. Le pregunté por el bebé, si lo dejaría solo. Me dijo que al ella irse al barco, la otra madre la reemplazaría. Hasta allí llegó el sueño que tuve una de estas noches en medio del shock, las preguntas y el asco por la lista y demás revelaciones del caso Epstein.

***

Cuando le propuse a la editora de Voces publicar notas de opinión por un tiempo, antes de pasar a nuestra habitual pauta editorial (reseñas literarias), me sugirió que escribiésemos sobre estrategias psicoemocionales para sobrellevar la conmoción tras los ataques a nuestro país. Esto fue hace algunas semanas y dije que sí. Por cierto, un artículo que escribí sobre nuestro derecho a hacer duelos debe estar por salir en la Columna de La Araña de esta misma sección, nota que ya tenía escrita, antes de la nueva oleada de noticias Epstein. Pero, en este nuevo y desolador escenario mundial ¿cómo iba a ser capaz cumplir con el compromiso con la editora? La perturbadora imagen de esos cretinos sin escrúpulos comiendo bebés me asaltaba en el día a día. Violar niñas y después las matarlas si ninguna compasión, entre otras atrocidades develadas, han causado en el mundo estupor, un desencuadre cognitivo-emocional: una ruda disonancia cognitiva. El mundo humanizado en el que creíamos se nos derrumbó, como aquel tema ochentoso de Enmanuel.

Sin embargo, a mis 50 años, he adquirido la capacidad de reponerme a través de un inminente giro de pensamiento hacia un lugar distinto en situaciones similares. Ese lugar es un punto de donde, por perturbadora que resulte la situación, me puedo aferrar con la palabra “esperanza” como una máxima indisoluble. En este caso, particularísimo e inédito, sinceramente creo que la estrategia no está en recurrir obstinadamente a las ideas del pasado, por ejemplo, a la ya caduca noción de humanidad.

El concepto de humano se reafirmó con la Ilustración, el liberalismo y la modernidad. Los bien ponderados “derechos humanos” surgen en medio de la abolición de la monarquía y la idea de la herencia divina por parte de la burguesía, retomando las nociones grecorromanas de democracia y república. Pero recordemos que en su génesis llevan la indeleble impronta de “los derechos universales del hombre”. Lo que pretendió ser un genérico universal: “el hombre”, es una falacia. Es decir, no es cierto que se universalice tanto como para que entrara “la mujer” y otros seres no considerados “ciudadanos”. Bien sabido es que en toda la historia de la filosofía (madre del derecho y desde Aristóteles hasta Marx), nunca se concibió a la mujer como sujeta política ni de derecho; no era un ser pensante, racional, ni con agencia propia. Siempre fuimos “el eterno otro”: la alteridad, para usar un término de Simone de Beauvoir. Tampoco entraba allí quienes no eran considerados humanos, ya que “hombres”, “ciudadanos”: personas con deberes y derechos para la construcción de las nacientes repúblicas, en el ideario liberal eran solo hombres blancos, mayores de edad y propietarios. Ergo, infancias, personas racializadas y pobres, no entran en la ecuación.

De modo que la concepción actual de jurisprudencia, la misma que en las universidades se monta sobre el derecho romano, es la que dio cabida a la erección de los Estados-nación, incluyendo los nuestros después de las tan bien apreciadas independencias. Todo ese aparato liberal está vivito y coleando, con una separación, que no es de poderes sino de privilegios, y por más que queramos creer que “hemos evolucionado”, seguimos con este lastre, ahora más que nunca. El imperio romano nunca cayó, solo se transformó con una fundamentalmente arcaica concepción de democracia y de república que el mundo ya no puede sostener, porque en el fondo solo prevalece la ley del más fuerte: el imperialismo.

Escrito por Penélope Claret Toro León

 

Minibio de la autora

Penélope Claret Toro León (Caracas) Escritora, licenciada en Pedagogías Alternativas, mención Gestión Cultural de la UNESR. Se ha dedicado al periodismo, a la promoción de lectura y a la investigación. Es investigadora del Programa Estímulo a la Investigación JC. Mariátegui del Celarg. En LaInventadera.com mantiene una Columna: Trapitos al sol. En la sección Voces de Ciudad CCS coordina un equipo de escritoras y editoras con la columna de reseñas literarias de libros escritos por mujeres Tejer con la palabra, nombre que también lleva el colectivo de mujeres de la que es fundadora. Algunas de sus crónicas han sido publicadas en UTOPIX, LaInventadera y en la Antología Caminando la crónica (2025) de Editorial La palabra vasta. Otras publicaciones: el cuento infantil El vuelo de las cosas más sencillas, en homenaje a Aquiles Nazoa (UTOPIX, 2020) y Traspatio (Editorial Fundarte, 2024).

jueves, 29 de enero de 2026

Tejer con la palabra | Nuestramérica, territorio de paz: ...

 Voces desde Venezuela

En el marco del activismo en reacción a la osadía del imperio de cometer agresiones físicas contra Venezuela, lo que concebimos a todas luces como una violación del suelo sagrado de Nuestramérica, de la Matria/Patria Grande, la Abya Yala, Tejer con la Palabra se suma al llamado a movilizarnos desde todas las trincheras. El día 28 de enero, en el marco de la movilización internacional por los doce años de la Declaración de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, unimos esfuerzos junto a la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM/WWM) para alzar nuestras voces. La poesía, nuestro principal bastión de lucha, se hace presente, pues, en este espacio y también en otros sitios de encuentro durante esta semana.*

Escribiremos. Escribiremos sin cansancio. ¡Que la palabra sea el antídoto para el horror!

Por la defensa de la soberanía de los pueblos y el regreso del presidente legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y la primera combatiente y diputada, Cilia Flores, ahí les va una ráfaga de poesía de voces femeninas:

Qué escruto con la mirada

acaso vuelos rasantes

incendiando nuestro hogar

o el ruido que enmudece a mis

compatriotas

atónitos

ante la ternura rota

del sopor infantil.

Tal vez indago la caminata afilada

una noche fría acelerando

el paso

las cholitas mal calzadas en pies

que van estrujando fango

entrechocando contra

el pavimento

levantando el indeleble polvo

de la desazón.

Qué hago con esa noche que corroe

noche que cual si fuese una ficción

creada en Hollywood

—pero no, no fue allí,

se diseñó en Washington—

desgarró el candor festivo antes de Reyes

noche atroz de

zarpazo y secuestro

de horror dibujado días después

en hojas recicladas que papá y mamá

dispusieron ante el errante pulso

para descargar el estremecimiento

de un cuerpo de siete años.

Esa tiniebla no la puedo asir

ni moldear

la herida va dibujada en mi costado

pero no lo viví ¿o sí?

Está grabada como archivo de horrible estruendo resplandor de miedo

que no viví

y sí.

Rosa Elena Pérez Mendoza

 

Con el perdón de las bestias, digo:

esta ni se puso la careta,

pero no nos sorprende.

Dará manotazos antes de hundirse

con el perdón de los ahogados:

el sudor y las redes vacías de un pueblo pescador

sean veneno y ancla para su cuello.

La cosa es que esta tierra admirable

ama la vida ferozmente,

con el perdón de los presentes.

Joussette Rivodó

 

Árbol de sangre

Yo tengo un árbol

que sembré en el frente de mi casa

él es mío

pero también es del camino

y de toda persona que por allí pase

Es un árbol cuyas hojas son de color rojo intenso

del color del vino

del color de la sangre raíz

de la sangre fuego

de la sangre vientre

Si rompen sus ramas

suelta una leche que envenena

que quema, pica y duele

su DEFENSA

A ese árbol color berenjena

se le tupe su follaje en invierno

se le secan sus ramas en verano

En mi país, ahora es verano

pero llueve

sigue lloviendo a causa del "cambio climático global"

Pero él

el árbol

sabe que es enero y que es verano

entonces, aunque llueva

aunque lluevan misiles en su tierra, en su cielo

él tiene secas sus ramas

porque solo obedece a sí mismo

y a su propio gobierno

y que nadie se equivoque

él se sigue gobernando.

Penélope Claret Toro León

 

El invasor viene

con su osadía y su odio

hace arder nuestros cielos

pretende ahogarnos de terror.

El invasor viene con sus armas de última generación

sus miras telescópicas

sus radares.

Aquí abajo los Caribes acunamos el llanto de los niños

abrigamos a los abuelos

nos reunimos en torno al fuego del hogar.

Aquí abajo somos un solo abrazo

la certidumbre de la voz de la Tierra

los hijos de los Libertadores.

Aquí abajo somos tribu

somos viento

somos alas de guacamayas.

Venimos desde todos los puntos del mapa

decididos a ser libres.

Mariajosé Escobar Gámez

 

Comunidad de autoras Tejer con la Palabra

 

*Este miércoles 28E, en el marco la movilización internacional por los doce años de la Declaración de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, Tejer con la palabra y la Marcha Mundial de las Mujeres invitan al recital poético "Nuestramérica, territorio de paz: voces desde Venezuela", a las 19:00 h de Venezuela, en vivo por el IG @tejer_lapalabra. Para participar leyendo poesía, escríbenos a la cuenta de Instagram o al correo tejerconlapalabra@gmail.com.

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Letra invitada | Labor docentes

 Una buena parte de mi vida —38 años— transcurrió en la UCV. Primero como estudiante, después como profesor. Luego de intervalos en funciones públicas, he continuado, ahora, como profesor del postgrado de la UBV. Estos 49 años han sido, más allá de las dificultades y contratiempos que siempre ocurren, los más satisfactorios de mi existencia. A lo largo de este tiempo he tratado de ser un universitario integral, incluyendo en eso mi condición de comunista. Esa satisfacción es suficiente. De ella estoy orgulloso.

Mi participación en el equipo de gobierno de Chávez fue otra razón para enorgullecerme. Su propuesta universitaria me asombró. En realidad, toda su gestión lo hizo. Veía a las universidades bolivarianas, repartidas por todo el territorio nacional en lo que él llamó "aldeas universitarias". Era uno de sus arietes para demoler el Estado burgués y su centralidad institucional. El documento constitutivo de la UBV así lo reconoce. Y parece olvidado.

Algún fenómeno extraño logró que el proyecto universitario del Comandante quedara relegado, como lo quedó la reforma constitucional para incorporar las comunas al Estado. Las aldeas universitarias reposan en algún archivo del, cada vez más triste, Ministerio de Educación Superior. Allí sigue vigente —aunque ignorada— esa cuartorrepublicana Ley de Universidades que dice ir en búsqueda de "la verdad", como si de tierras raras se tratara. Como quedó, también olvidado, aquel discurso de Bolívar ante el Congreso de Angostura en 1819: "La educación civil y literaria de la juventud es uno de los primeros y más paternales cuidados del gobierno…".

No importa lo que sobre esto se quiera argumentar en los últimos 13 años; en vez de fortalecer la presencia de universidades nacionales —con autonomía incluida— funcionando en las "aldeas universitarias", propuestas por Chávez, a lo largo y ancho del territorio, se ha triplicado la oferta pública de un extraño tipo de universidad unidimensional, dedicada solo a un área del conocimiento, que muchas de ellas ni pregrado tienen. Actúan como institutos para impartir diplomados cortos y pagados.

Por una vía diferente se promueve la Universidad de las Ciencias, dentro de los tradicionales cánones académicos. Hasta se localiza aislada, como un monasterio, en los cerros de Pipe. Me imagino que tendrá profesores bien pagados —no con los 560 bolívares de las otras—, con autos en buenas condiciones y con gasolina preferencial. Y supongo que contará también, como las universidades gringas, con dormitorios para sus estudiantes. De no ser así, tendrán que dotarlos de un servicio de autobuses para subirlos y bajarlos a Caracas y sus alrededores.

José Manuel Rodríguez 



viernes, 7 de noviembre de 2025

Tejer con la palabra | Ellas tienen cuerpo, presencia, voz

 A propósito de nuestro aniversario

En un paisaje de sombras, ellas tienen cuerpo, presencia, voz. Es un caso único en Roma: una joven independiente y culta que insiste en su derecho al amor; una poeta de cuya vida y sentimientos habla ella misma, con sus propias palabras, sin mediaciones masculinas.

Irene Vallejo

El infinito en un junco

 

05/11/2025.- Según Irene Vallejo, Sulpicia vivió en el siglo dorado del emperador Augusto, que comprende el período entre los años 27 a. C. y 14 d. C., y fue una escritora. Solo seis de sus poemas se conservan. Las mujeres siempre hemos escrito, pero no siempre hemos podido publicar. Más de una vez me he topado con un razonamiento que pretende decir que las mujeres antes no escribíamos. Por esta razón quise traer a estas líneas a Sulpicia, para desmentir eso, segura de que hay muchas más Sulpicias en las diversas culturas del mundo, en todos los tiempos.

¿Cuál es la importancia de reseñar autoras? En primer lugar, tendríamos que referirnos a qué es estrictamente una reseña. De manera concisa podemos decir que una reseña muestra la lectura que realiza una persona de la obra de otra, que la valora, la explica y la difunde. Las reseñas orientan al lector y lectora sobre qué leer. Desde Tejer con la palabra, además de elaborar reseñas en su sentido amplio, hemos venido realizando crónicas de lectura, siempre de escritoras. Una crónica de lectura no va tanto a la valoración crítica del texto, sino que se centra más en las condiciones que rodean el acto mismo de la lectura: si tenemos relación con la autora, cómo llegó a nuestras manos el libro, qué nos impactó. La crónica de lectura es impresionista, mientras la reseña es más cercana al trabajo de la crítica. En Tejer con la palabra, tenemos esa multiplicidad de registros, valoramos la diversidad que ello supone y lo nutritivo que ha sido para cada una de nosotras.

Una segunda cuestión a tomar en cuenta es la existencia de un canon. El canon va formándose con el tiempo, con los años, y orienta a lectores y lectoras en el infinito universo de la palabra escrita. Nos orienta entonces sobre qué leer. Este canon se va creando mediante los "circuitos de legitimación literaria", esto es: editoriales, publicaciones, premios, programas de estudio, reseñas, entre otros factores. Todos estos sistemas han hecho visibles a unos autores y autoras, pero lamentablemente han desdibujado a otros, en este caso, mayoritariamente a otras. El canon occidental, del cual formamos parte, se caracteriza por ser profundamente patriarcal, como lo ha sido Occidente mismo durante la mayor parte de su historia.

En este contexto, ¿por qué promover a escritoras? La primera respuesta es porque somos escritoras nosotras cuatro*, y, además, lo son todas las que conforman la Comunidad de Autoras Tejer con la Palabra, colectivo de mujeres escritoras venezolanas de donde parte esta iniciativa. También porque muchas de estas escritoras que promovemos han logrado, con mucho esfuerzo, hacer o comenzar a hacer una obra que merece ser leída y difundida, pero no se encuentran en igualdad de condiciones. La mayor parte de las publicaciones, los premios y los homenajes se dirige, aun hoy, a escritores y no a escritoras. Esto puede tener múltiples explicaciones: una cultura patriarcal, la carga de cuidados domésticos que recae la mayoría de las veces en la mujer —limitando así el tiempo disponible para la escritura— o estructuras que no terminan de aceptar que lo que decimos tiene el mismo valor que lo que ellos dicen.

Quiero decir que, en lo personal —y creo que puedo hablar por el grupo—, la obra de una autora no vale únicamente por su condición de género. Nosotras promovemos dentro de las escritoras a las que tienen calidad, altura literaria, a las que nos conmueven, a las que poseen una propuesta estética que merece ser leída y valorada.

Considero que difundir la obra de escritoras es también un acto de justicia. Además de abrir el horizonte lector hacia otros destinos, la mirada del mundo de una mujer es completamente diferente —entiéndase bien que digo diferente y no mejor— a la de un hombre. Y es esa mirada la que queremos rescatar, la que hemos venido valorando.

Sin embargo, en nuestro país hay grandes avances en ese sentido, como la colección Yo misma fui mi ruta (Editorial Fundarte), dedicada a la obra de escritoras, y el esfuerzo del Festival Mundial de Poesía por visibilizar la obra de poetas mujeres, cosa que antes se hacía muy tímidamente. En lo personal, desde hace un año dirijo en Pdvsa La Estancia el Círculo de Lectura Entre los Árboles: Mujeres Poetas del Siglo XX, donde leemos a nuestras poetas venezolanas de ese período. También incluyo el Encuentro de Escritoras que se hizo en nuestro espacio por dos años consecutivos y que esperamos vuelva a realizarse pronto. Otro de esos esfuerzos, desde nuestra trinchera, es el que venimos haciendo aquí, en la sección Voces de Ciudad CCS con nuestra columna, conscientes de que nuestro empeño se viene a sumar a una determinación colectiva de abrir caminos a la escritura de las mujeres y, con ello, a la superación de estructuras patriarcales. Sigamos entonces leyendo a mujeres, comprando sus libros, leyendo sus reseñas y visibilizándolas. Sigamos tejiendo con la palabra.**

 

Mariajosé Escobar Gámez

(@tejer_lapalabra / @marijo_escobarg)

Rubén Martínez (fotografía)

 

*Equipo coordinador de la columna: Rosa Elena Pérez Mendoza, Penélope Toro León, Mariajosé Escobar Gámez y Sarah Espinoza Márquez.

**Texto leído en el conversatorio Tejer con la Palabra, como parte de la programación de Ciudad CCS en la Feria del Libro de Caracas, el pasado 1.° de noviembre.

jueves, 16 de octubre de 2025

Tejer con la palabra | Tibia radiancia de Belén Ojeda

 

15/10/2025.- Las hojas y los pétalos, sabemos, reaccionan a la luz. Se mueven lento y sin descanso hacia ella; la buscan. Saben imprimir en sí mismas una tibia radiancia, al mismo tiempo que el frescor de la sombra. Así es como hay fotos grabadas en clorofila, con el verde de la nostalgia, cargadas con un anhelo del sol que ya fue. Fotos de selva, fotos de bosque...

Si alguien registrase sus más preciados recuerdos en estas fotos, llamadas clorotipos, se borrarían, como se va desvaneciendo el sol que cede terreno al azul. Las hojas están hechas para irse con el viento, para secarse, y los rostros impresos en ellas serían cegados por la misma luz que los dibujó. Es por eso que Belén Ojeda escribe, porque, entre poema, exposición y encuadre, preserva la memoria que le fue dada vía las raíces de sus árboles. La palabra en su libro Árboles de hoja perenne (2024), de la editorial Acirema, vuelve a trazar el contorno de las líneas que se han ido atenuando de a poco.

Es gracias a esto que podemos saber de su país secreto:

La patria fue entonces

el pequeño pozo

que construía mi padre

para protegerme del oleaje

Más tarde

fue el patio con limonero

los límites tangibles

las síncopas de nuestro andar

los acentos de nuestras manos

los sonidos de un idioma

tallado a fuerza de aire caliente

y de esta luz

que nos impide

vernos por dentro

La patria fue también

el sabor de la diferencia

los tatuajes de caña y café

la primavera irrevocable

la dicción blanda de los frutos

sal en la piel

Descubrimos que esta autora viene de un mundo no solo de árboles, sino que también nos cuenta de todos los animales que ha encarnado en la propia piel. Monos, jaguares y venados se agazapan entre inmensos helechos y tostados yagrumos. Son todos familia, porque respiran el mismo aire quieto. También, porque, en realidad, son una colección de recuerdos. Son un tesoro que conmueve leer. Se parece a abrazar a un árbol viejo, quedarse con una hoja y nunca más volver.

 

Rebeca Pérez Ramírez

@tejer_lapalabra

@reberamone

@belenojeda853

 

Belén Ojeda (Caracas, 1961)

Música, traductora y poeta. Egresada del Conservatorio Tchaikovsky de Moscú. Ha publicado los poemarios: Días de solsticio (Pen Club, 1995); En el ojo de la cabra (Editorial Diosa Blanca); Territorios (La Liebre Libre Editores, 2000); Graffiti y otros textos (Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2002); Obra completa 1995-2020 (LP5 Editora, 2020); Fragmentos (LP5 Editora, 2023); Árboles de hoja perenne (Acirema, 2024), y la antología Mínima caligrafía (Acirema, 2025). Traductora directamente del ruso de Anna Ajmátova, Marina Tsvietáieva, Ósip Mandelshtam y Boris Pasternak. Profesora jubilada de la Universidad Nacional de las Artes (Unearte) (1987-2024). El libro Graffiti y otros textos recibió el premio de la Bienal de Poesía Francisco Lazo Martí, de Calabozo, estado Guárico, de la República Bolivariana de Venezuela.