jueves, 16 de julio de 2026

Trinchera de ideas | Un fantasma recorre Estados Unidos... el fantasma del comunismo (I)

 Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

16/07/2026.- Aunque comprensible, no deja de resultar sorpresivo el afán de Trump y sus adláteres de resucitar algo que él mismo decretó como fallecido: el comunismo. En días recientes y en más de una ocasión, el presidente de Estados Unidos y, en general, diferentes voceros del sistema político estadounidense han hecho mención del tema. En escritos pasados he referido que en cada una de sus intervenciones en la Asamblea General de Naciones Unidas durante la primera administración, Trump hizo alusión al asunto exponiendo una tendencia marcada por la preocupación de este “fantasma que recorre Estados Unidos”. Veamos.

El 19 de septiembre de 2017, durante su discurso en la ONU, dijo que: “El problema en Venezuela no radica en que el socialismo se haya implementado mal, sino en que se ha implementado fielmente. Desde la Unión Soviética hasta Cuba y Venezuela, dondequiera que se ha adoptado el verdadero socialismo o comunismo, ha traído consigo angustia, devastación y fracaso. Quienes predican los principios de estas ideologías desacreditadas solo contribuyen al sufrimiento continuo de quienes viven bajo estos sistemas crueles”.

Un año después, el 25 de septiembre de 2018, en una alocución que pareciera haber sido escrita en épocas de Guerra Fría y que ignora de manera irrisoria sus propias palabras en referencia a la libertad y la autonomía de cada país, afirmó que en todos lados el socialismo o el comunismo ha producido “sufrimiento, corrupción y decadencia”.

El 24 de septiembre de 2019, centró su “análisis” en China, afirmando que la potencia asiática se había “negado a adoptar las reformas prometidas, que había adoptado un modelo económico que depende de enormes barreras de mercado, cuantiosos subsidios estatales, manipulación monetaria, dumping de productos, transferencias forzadas de tecnología y el robo a gran escala de propiedad intelectual y secretos comerciales” y agregaba que: "Uno de los desafíos más serios que enfrentan nuestros países es el espectro del socialismo. Es el destructor de naciones y de sociedades”. Para “probarlo”, expresó que “…en el siglo pasado, el socialismo y el comunismo causaron la muerte de 100 millones de personas”. Finalizó reiterando que “Estados Unidos nunca será un país socialista”.

A pesar de su natural ignorancia, es difícil saber por qué tanta preocupación. Tal vez sea porque, mientras él obtuvo 76.9 millones de votos en las últimas elecciones presidenciales, el Partido Comunista de China arribó a casi 102 millones de militantes.

O será porque mientras la población de Estados Unidos, Europa, Japón y Australia, es decir, el “mundo libre”, tiene 1.244 millones de habitantes, la de China, Vietnam, Laos, Cuba y la República Popular Democrática de Corea, que son gobernados por partidos comunistas, suman 1.558 millones, sin contar el Estado indio de Kerala (36 millones)… y la ciudad austríaca de Graz, segunda en importancia del país, que también es gobernada por comunistas.

Tal vez sea porque el Partido Comunista de China (PCCh) acaba de celebrar su 105.° aniversario, en el que el secretario general, Xi Jinping, destacó la "vitalidad del marxismo como fundamento de los logros históricos del partido, reafirmando que: "La China socialista, liderada por el partido es reconocida como constructora de la paz mundial, contribuyente al desarrollo global y defensora del orden internacional".

Igualmente, el Partido Comunista de Vietnam celebró en febrero su 96.° aniversario, recordando que, bajo el liderazgo de los comunistas, Vietnam pasó de ser “una economía agrícola atrasada" para transformarse en una muy distinta en que el PIB per cápita aumentó de poco más de 100 dólares en 1986 a cerca de 5.000 dólares en 2025, impulsando al país hacia el grupo de economías de ingresos medios-altos y consolidando una estructura económica basada en la industria y los servicios.

El Partido Comunista de Vietnam (PCV) ha reiterado que su liderazgo “se define por la firmeza en sus objetivos estratégicos y la flexibilidad en sus métodos. Para el PCV, la defensa inquebrantable de la independencia nacional vinculada al socialismo, la adopción del marxismo-leninismo y el pensamiento de Ho Chi Minh como fundamentos ideológicos, así como la primacía de los intereses de la patria y del pueblo, constituyen principios constantes y esenciales.

Por otra parte, el 1.° de julio, en un mensaje del líder de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), dirigido a Xi Jinping con motivo del 105 aniversario del PCCh, ha reiterado su decisión de seguir fortaleciendo las relaciones con China y ha insistido en "la posición firme e invariable de nuestro partido y de nuestro gobierno de fortalecer y desarrollar incesantemente las relaciones de amistad entre Corea y China, que tienen profundas raíces históricas y cuyo eje es el socialismo". Igualmente, el máximo dirigente coreano confirmó la firme voluntad de su país, partido y gobierno de “impulsar con mayor fuerza la construcción socialista en ambos países y las tradicionales relaciones de amistad”.

Hasta el periódico estadounidense The Wall Street Journal ha tenido que reconocer que la economía de la RPDC ha experimentado un auge sorpresivo desde 2023, registrando un crecimiento del 3,7% en 2024, su ritmo más rápido en ocho años. El periódico se ha visto obligado a aceptar que la expansión de grandes proyectos inmobiliarios —como la construcción de miles de viviendas en Pyongyang— y un incremento en el uso de vehículos eléctricos importados de China, así como la venta de armamento a Rusia, han permitido aliviar las sanciones internacionales contra el país y mejorar su economía.

Incluso, vale decir que en medio de la más furiosa ofensiva estadounidense contra Cuba en la historia, que tiene claras intenciones genocidas, el Partido Comunista de Cuba (PCC) y el Gobierno de ese país aprobaron el mayor paquete de reformas en décadas, compuesto por 176 transformaciones destinadas a paliar su grave crisis. Las directrices clave incluyen una reforma integral salarial (con un alza del mínimo), la descentralización para dar mayor autonomía a las empresas estatales y municipios, y la ampliación del sector privado y el capital extranjero, todo lo cual no es del agrado del gobierno fascista de Estados Unidos, que se propone un cambio de régimen y el exterminio del pueblo cubano. No obstante a eso, el PCC ha mostrado su vitalidad en las difíciles condiciones del país y ha solidificado su condición de vanguardia de la sociedad cubana.

Pero al hacer un estudio pormenorizado del asunto y vista la resistencia y empuje de los países que poseen gobiernos comunistas, podría ser natural el alerta que Trump ha estado anunciando respecto del impacto negativo para sus intereses que esto podría tener en el planeta. No obstante, la realidad señala que la preocupación de Trump tiene más que ver con la influencia que esta situación está ejerciendo en su propio país. Solo así puede explicarse la furibunda campaña retórica anticomunista y antisocialista.

En este sentido, el pasado 6 de junio, Christian Arrieta, comentarista de la cadena televisiva mexicana TV Azteca, ilustró acerca del “fantasma del comunismo en la política estadounidense”, afirmando que el término ha sido puesto en el centro del debate luego de que Trump publicara en su red Truth Social que “los regímenes comunistas inician con popularidad, pero siempre terminan en miseria, violencia y destrucción”, advirtiendo que, a pesar de que la Guerra Fría finalizó hace varias décadas, algunos conceptos siguen siendo utilizados “para moldear la conversación y advertir que el precio de esas promesas siempre termina siendo la libertad”.

Efectivamente, el último mes ha sido testigo de una seguidilla de declaraciones de altos representantes de la política estadounidense con el claro objetivo de plantearse una nueva confrontación ideológica que conduzca a un realineamiento del mundo en torno a Estados Unidos, cuando su política exterior hace aguas en buena parte del planeta.

El pasado 26 de junio de 2026, en una conferencia en Washington, en la Coalición Fe y Libertad, una organización conservadora de extrema derecha, Trump advirtió que el comunismo es una de las mayores amenazas internas, llegando a señalar que la victoria de candidatos alineados en torno al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, era evidencia de un avance socialista que está decidido a frenar.

Ese mismo día, en un mensaje en sus redes sociales, Trump aseguró que "los comunistas finalmente están haciendo su movimiento" y advirtió que "el juego ha comenzado", pero, como es habitual en él, no precisó a qué ni a quiénes hacía referencia. Trump dijo que había estado esperando mucho tiempo “para esto”, porque ser comunista "es fácil", solo consiste en prometer que se le dará "todo" a la población, aunque eso implique "quitárselo a otros que se lo han ganado".

También cuestionó la viabilidad histórica de esa corriente política: "Durante miles de años, esa ideología no ha funcionado ni una sola vez", afirmó, antes de concluir su publicación con la frase: "El juego ha comenzado. ¡Disfruten mirando!". “Miles de años”, o sea, que varios milenios antes del nacimiento de Carlos Marx no funcionó algo que no existía. ¡Vaya idiota!

Unos días más tarde, el 1.° de julio, en un discurso en la ciudad de Medora en el estado de Dakota del Norte, volvió sobre el asunto diciendo que nunca aceptaría al comunismo, a partir de lo cual, arengando a los participantes en el evento, les hizo un llamado a “redescubrir el espíritu indomable que construyó nuestro país y todo lo que garantizará que Estados Unidos siga siendo la nación más excepcional sobre la faz de la Tierra”. Agregó: “No vamos a dejar que los comunistas se interpongan en nuestro camino. No vamos a dejar que nadie se interponga en nuestro camino".

Con su natural ignorancia y su particular interpretación de la Historia, dijo que: "El comunismo es la mayor amenaza para nuestro país, incluyendo […] la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, Pearl Harbor y el 11 de septiembre", asegurando que era un cáncer que se extendía y que había que detener rápidamente. De manera asombrosa, finalizó diciendo que nunca permitiría que Estados Unidos se convierta en un país comunista.

Continuando con su diatriba, el 4 de julio, con motivo del 250º aniversario de la Declaración de Independencia, en un evento en el memorial del Monte Rushmore en el estado de Dakota del Sur, Trump pronunció un discurso en el que realzó el carácter supremacista y la excepcionalidad de su país. Una vez más, en fecha tan representativa para la historia, no perdió oportunidad para “alertar” acerca del auge del comunismo, al que consideró “una amenaza mortal para la libertad estadounidense”, incluso mayor que la Primera y Segunda Guerra Mundial, cuando la verdad es que jamás el territorio estadounidense estuvo amenazado. Vale recordar que el ataque a Pearl Harbor o las acciones terroristas del 11 de septiembre de 2001 fueron detectados con anterioridad por los órganos de inteligencia del país, pero fueron permitidos para justificar su ingreso en la Segunda Guerra Mundial en el primer caso y establecer un mundo unipolar mediante su “guerra contra el terrorismo” en el segundo. Como cualquier estadounidense habituado a las dicotomías polarizantes, al cerrar su discurso, Trump afirmó que se podía ser leal a Marx y al comunismo o a Estados Unidos y a la patria, pero nunca ambas cosas.

Apuntó a que en el país se estaba observando un resurgimiento de la “amenaza comunista” y, al igual que Hitler un siglo antes, señaló con claridad a quien considera enemigo de Estados Unidos y que identificó como “inmigrantes que adoptan ideas totalmente opuestas a nuestra forma de vida y a nuestro gran éxito". Su discurso concluyó arengando a los estadounidenses a vencer “rápidamente al comunismo”.

Pero no ha sido solo Trump quien ha manifestado esta sorprendente intranquilidad y desasosiego por el supuesto avance del comunismo en Estados Unidos. Desde otra perspectiva, algunos representantes del sistema, como el magnate tecnológico Peter Thiel, arremetieron contra el papa León XIV, diciendo que este promueve los intereses chinos al defender una mayor regulación de la inteligencia artificial. Sin escatimar dudas, durante el Festival de Ideas de Aspen, Colorado, el 3 de julio, el cofundador de PayPal y Palantir acusó al Papa de actuar como "agente comunista chino".

En la misma tónica, pero desde el bando demócrata, Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, expresó su temor ante una posible llegada de comunistas al poder en el país. No obstante, en este caso resulta particularmente curioso porque se está refiriendo a su propio partido al exponer como referencia de lo que afirmaba el triunfo de su correligionario Zohran Mamdani en las elecciones para la alcaldía de Nueva York, denunciando que, desde su victoria, el líder municipal de la mayor ciudad de Estados Unidos se había dedicado a recorrer el país en una campaña por todos los rincones de su geografía, hablando tanto en feudos demócratas como republicanos, proclamando su política y haciendo que aparezcan “muchos Mamdani, postulándose al Congreso por todo el país”.

Consideró que había que tomar en serio esto que caracterizó como "amenaza grave" para todo el sistema gubernamental estadounidense. Sin temor a dudas, los definió como marxistas y dijo que lo que estaban haciendo era “comunismo, socialismo, desviaciones marxistas que partían de una premisa opuesta a la de Estados Unidos”, por lo que hizo un llamado a oponerse a esa tendencia y a combatirlos no solo en términos electorales. En este marco, apeló a los estadounidenses para evitar la locura y despertar “el sentido común contra el comunismo”, llamando a los ciudadanos a despertar “ahora que los bárbaros están a las puertas".

Así, puede verse que no son solo Trump, los republicanos o los fascistas neoconservadores quienes se manifiestan de esta manera. Es mucho más que eso, es el conjunto del sistema político de Estados Unidos que se ve en peligro. Hasta Katherine Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca —que, como es sabido, tiene grandes limitaciones intelectuales— hizo uso de su escasa capacidad neuronal para afirmar que los demócratas eran "marxistas radicales" y que el Partido Demócrata no era el de antes. En una histérica declaración, dijo que los demócratas de ahora eran comunistas que sustentaban “ideas marxistas radicales que nunca han funcionado en la historia del mundo". ¿Sabrá ella que existe un país que se llama China?

Pero, ¿qué está ocurriendo realmente? ¿Por qué esta desesperación de las élites en Estados Unidos? La próxima semana haremos algunas aproximaciones al asunto.

Continuará...

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Psicosoma | El espejo de Midsommar

 Por Rosa Anca

14/07/2026.- ¿Un viaje puede salvar una relación de pareja tambaleante y ayudar a superar el duelo por la trágica pérdida de una madre, un padre y una hermana? ¿Qué peso adicional tienen la presión de los amigos y la baja autoestima en medio de esa crisis? En fin, son muchas las interrogantes que se abren antes de que, simplemente, algo haga clic.

Hacía bastante tiempo que no disfrutaba de una película tan maravillosa como Midsommar (segundo largometraje, después de Hereditary, del joven guionista y director estadounidense Ari Aster). Ambientada en el luminoso paisaje de Suecia, la trama transcurre durante una celebración de solsticio de verano que dura nueve días y se realiza solo cada noventa años. Se trata de un terror psicológico de factura impecable, entretejido con profundos dramas familiares e inspirado en clásicos del género de cineastas como Polanski o Kubrick. Es una propuesta colmada de simbología nórdica, colorida, ritualista, desconectada de la tecnología, con expresiones pictóricas comunitarias y un sinfín de sugerencias deliberadas.

¿Qué es real y qué no? Lo más brillante de la propuesta es que utiliza la plena luz del día para mostrar la muerte y el suicidio. A través de primeros planos implacables, la cámara captura los rostros y cuerpos de una comunidad que vive la muerte y la celebra al unísono. Con sus rostros níveos, ropas holgadas de la moda hippie, el consumo compartido de alucinógenos y una naturaleza brillante incluso a las nueve de la noche, el ambiente luce idílico. Los cinco invitados, observados por miradas contemplativas y aparentemente amorosas, son “recibidos” por “guías espirituales”. Según descubrimos por la trama, la costumbre de “recibir” forasteros en realidad es una práctica habitual para evitar la endogamia.

Todo parece en exceso pacífico; la tranquilidad de las montañas y las cascadas arrulla al espectador y lo invita a sintonizar con su propio corazón, lejos del caos del mundo exterior. Por breves instantes, el filme nos hipnotiza con su estética, evocando al poeta Walt Whitman en el introspectivo Canto a mí mismo. El grupo está conformado por estudiantes de Antropología, a excepción de Dani, magistralmente interpretada por Florence Pugh. Dani es una alumna de Psicología deprimida y en duelo por una tragedia familiar. Además, se encuentra atrapada en un noviazgo en declive que intenta sostener a toda costa. En medio de su propia infravaloración y abandono, decide acompañar al grupo de amigos, quienes en secreto la rechazan por considerarla “problemática”.

Pelle, un joven oriundo de la aldea, los ha invitado y muestra un interés especial en Dani desde el inicio. Este gesto siembra pistas en una historia predecible, pues la empatía hacia ella raya en lo excesivo. En paralelo, la rivalidad académica entre dos estudiantes que buscan desarrollar su tesis de investigación sobre la comunidad —para lo cual necesitan el permiso de su líder— nos expone a la relatividad de los valores éticos. Incluso hay espacio para el humor grotesco: cuando el más ingenuo de los muchachos orina en un árbol ancestral sagrado, se gana el primer lugar en la horrible rifa del desollamiento. La piel de su rostro será usada más tarde para confundir a su compañero, quien ha sido atrapado fotografiando el libro sagrado de la comunidad.

A plena luz del día, una pareja de ancianos de 72 años se lanza al vacío desde un acantilado, inaugurando formalmente los rituales del solsticio ante la mirada atónita de los invitados. Las costumbres locales dividen la vida humana en cuatro estadios de dieciocho años. El último culmina con este suicidio voluntario, concebido como un acto trascendental y cierre de una vida satisfactoria. Las cenizas de estos mártires alimentarán el árbol de la vida. Con un zoom crudo, la cámara detalla el impacto: los rostros antes impolutos, el estallido de los cuerpos por la caída y las rocas ensangrentadas. El anciano, que sobrevive en un principio por haber caído de pie, es rematado con golpes de macana entre cantos y ovaciones de los espectadores, que suspiran al unísono. Esta respiración en coro emula los ejercicios del plexo solar, que los orienta a una conexión empática y telepática. Mientras los forasteros están aterrados y no pueden aceptar las explicaciones de los líderes sobre estos eventos, Dani comienza a verse extrañamente atraída por la simbología y los misteriosos dibujos de Pelle.

El psicoanalista Jacques Lacan nos planteaba que “todo yo es un otro”. Dani reacciona a los acontecimientos desde una sumisión absoluta a su novio y al grupo, buscando su constante aprobación. Solo en la soledad del baño se permite el quiebre: llora, recuerda a su familia ausente y grita. Sin embargo, intenta aferrarse a su pareja, buscando un cable a tierra frente al vértigo de su psique fragmentada. Aquí pareciera cumplirse la máxima del filósofo Jacques Derrida: tanta luminosidad termina por oscurecer, opacar y ocultar aquello que queremos ver. Vale preguntarse: ¿qué terribles autoengaños construimos al percibir la realidad? ¿Qué hago aquí y hacia dónde voy?... La alienación y la disociación de la identidad fragmentada se resisten al vacío recreando ilusiones.

Este proceso se remonta a nuestra primera infancia, cuando se va estructurando el yo y conformamos nuestra mirada a través de los primeros reflejos del espejo (el plano especular). El “estadio del espejo” de Lacan funciona como una metáfora de identidad y reconocimiento: el entorno nos sirve para construir la ilusión de un contacto perdido, un reflejo del otro que, a modo de Gestalt, nos devuelve una sensación de unidad. Entre los seis y los dieciocho meses de edad, el infante se identifica por primera vez con su imagen corporal completa y no fragmentada, logrando corporeizarse gracias al soporte de la madre y el padre. A partir de allí se estructura su yo individual y su propia habla. En Midsommar, observamos a un yo psicológico dependiente de la aprobación o el rechazo del otro, que busca con desespero referentes para constituirse, a pesar del choque prohibitivo o edípico.

Dani se aferra a la cercanía de estos nuevos seres. ¿Qué ocurre con un personaje urbano trasladado a un entorno rural tras sufrir el fallecimiento de sus familiares? Presionada por el grupo, consume alucinógenos y comienza a experimentar una inquietante comunión con la naturaleza, llegando a ver flores brotar de sus propios pies. Aunque en un principio intenta mantener el vínculo con su novio a través de conversaciones vacías, lidia con visiones fantasmales de sus padres. Pronto percibimos que hay un pacto tácito. Casi encandilada, Dani se deja arrastrar por las costumbres locales y se integra a las mujeres de la comunidad en los preparativos del banquete para el solsticio.

Si hacemos un pacto con la ficción para justificar que todos acepten las extrañas desapariciones de los amigos en medio de la algarabía festiva, podremos avanzar en la historia de los rituales hacia la elección de la Reina de Mayo. Lo más importante es que la pareja protagónica queda enmarcada bajo las runas Inguz y Uruz. Las imágenes floridas, el tapiz del destino (que contiene el alfabeto rúnico) y las perturbadoras pinturas de Pelle —el único que sabe el objetivo de estos ritos— anticipan el desenlace de la tragedia. Presintiendo el destino fatal, Dani ya se ha liberado de sus ataques de ansiedad cuando es separada de su novio para fundirse con el colectivo femenino. Su rostro refleja calma mientras la visten para la danza alrededor del Yggdrasil, el árbol de la vida que conecta los nueve mundos de la cosmología nórdica. Las coronas de flores la mimetizan tanto con el entorno que ya ni su particular belleza se puede distinguir.

La cámara gira vertiginosamente de izquierda a derecha durante el ritual. En este trance hipnótico, donde las competidoras van cayendo exhaustas una a una, Dani baila enfebrecida hasta coronarse como la Reina de Mayo. En ese instante, asume un poder absoluto dentro de su nueva familia comunitaria, lo que la lleva a ejercer su voluntad definitiva: decidir sobre la vida o la muerte de su novio.

El rito de apareamiento se consuma bajo la mirada y el empuje físico de las mujeres mayores de la aldea, quienes rodean la escena reproduciendo a coro los jadeos del acto en una composición visual asombrosamente simétrica. De igual manera, apreciamos el posterior llanto colectivo de la corte de mujeres, que imita y amplifica el dolor de Dani cuando descubre la traición de su novio, funcionando como un espejo catártico.

Aunque esta escena pueda resultar discutible y débil en su retrato de la psique femenina, plasma con crudeza la transición de Dani: ante el dolor, en lugar de huir, se entrega al cobijo de su nueva familia afectiva. El llanto compartido de las plañideras es catarsis pura, una comunión que la arranca de la soledad. Para concluir, esa fuerza colectiva se transmuta en su icónica y perturbadora sonrisa final, mientras observa la casa triangular consumirse por las llamas con las víctimas en su interior. Es la consumación de una venganza ritual que marca su nuevo amanecer.




O inventamos las finanzas comunales, o erramos como pueblo organizado