martes, 2 de junio de 2026
Trump y EE UU ¿Confrontación o Realidad Política?
The Assassination of Hugo Chavez
DE AQUELLOS POLVOS VIENE ESTOS LODOS
Mario Silva
Deseos no empreñan, dicen por ahí; mucho menos las buenas intenciones de un solo hombre. Y ese ha sido el cortapisas de los procesos revolucionarios. Los pueblos en masa acompañan una idea, violenta o pacíficamente, el líder provoca una insurrección con todas las condiciones a favor, mientras internamente, a la sombra del líder, se empieza a tejer el cortafuegos para tanto calor popular.
El error principal viene de lejos y sería muy simple decir que dejamos a la burguesía intacta, porque el imperialismo ya hacía sus cálculos desde el 4 de Febrero de 1992. Desde la embajada gringa y dos importantes oficinas estratégicas en Fuerte Tiuna y la CONACUID, la CIA, la DEA y los asesores militares, empezaron a planificar el control, descontrol, derrocamiento o asesinato del líder que irrumpió con ese “Huracán Bolivariano” y se acercaba peligrosamente al poder.
¿Podríamos ubicar algún momento o circunstancias en el que EEUU presta especial atención al surgimiento del liderazgo del Comandante Chávez?
Pienso que, ante el evidente e inevitable descalabro de la IV República y el impacto causado por la rebelión militar, donde emerge la figura de Chávez como una posibilidad real de cambio. Ese pueblo que durante el Caracazo del 89, aún en condiciones anárquicas salió a las calles a enfrentar el paquetazo neoliberal, pasando por encima de una izquierda electorera, atomizada, dividida, infiltrada, que aceptó la pacificación para legitimar una dictadura disfrazada de democracia y que había pactado su convivencia con el viejo estado burgués, vio en Chávez una vía para, léase bien, desde las clases populares (las grandes mayorías, los excluidos), cambiar radicalmente todo y, desde las clase media depauperada por el viejo sistema, recuperar el viejo comportamiento clasista que les había privilegiado durante el espejismo de la Venezuela saudita de 1973. Esta diferencia de objetivos, pienso, sería uno de los elementos que EEUU, a través de la burguesía, su aparato productivo parasitario dependiente y el poderoso poder de los medios privados en sus manos, le proporcionaría al imperialismo el escenario que condujo al golpe de estado de 2002.
Desde que estaba recluido en Yare, aparecieron los primeros síntomas, celos, intrigas y “Miquilenas”, mucho de improvisación e ingenua buena fe, sumado a un profundo desconocimiento de los requerimientos básicos para consolidar la Revolución desde el poder popular al menos después del golpe de estado en 2002. Repito, deseos no empreñan. Pero, se optó por la “reconciliación y la paz” que jamás ha respetado el fascismo y, mucho menos, el imperialismo. Los traidores siguieron gravitando alrededor del Comandante Chávez que, junto a Fidel, tuvieron que “baipasear” la corrupta burocracia enquistada en la administración pública e ir impulsando las misiones que, por primera vez, le llevaron vientos de cambio a los excluidos de siempre. Sin embargo, las misiones tenían que haber trascendido hacia la necesaria transferencia del poder al pueblo que pasaba por destruir el aparato burocrático y eliminar los privilegios de grupos, subgrupos y cacicazgos, que iban tejiendo su red clientelar, auspiciados por la vieja burguesía que había quedado intacta, que parió una nueva burguesía más depredadora con boinas y camisas rojas, que empezaron a ralentizar el proceso revolucionario, que el Comandante Chávez más de una vez advirtió nos llevaría a repetir “las viejas rémoras del pasado”, que no se tomaron los medios de producción, que se mantuvo intacto el capitalismo y que dificultaría cada vez más la posibilidad de ejecutar una transición al socialismo.
La burguesía y el capitalismo, practicado y justificado por aquellos que siempre objetaron el avance del Estado Comunal y la transferencia del poder al pueblo, no permitieron que se entendiera en profundidad el ciclo vital del líder y el necesario relevo generacional que se comprometiera, se fusionara y acompañara al pueblo en su lucha por la toma del poder. Se trataba de desmontar el viejo aparato burgués heredado por los oportunistas que no permitirían hasta hoy cualquier vía que atentara contra sus intereses.
Este grave error no sólo se cometió en la Revolución Bolivariana, se hizo pasto en todos los procesos progresistas de América Latina de lo que denominamos “la década de oro” (2000/2010). Procesos todos respaldados por los pueblos (organizaciones sociales, políticas, revolucionarias, entre otras), en el marco de las elecciones burguesas, que luego eran apartados para entregarse a los capitales privados que corrompieron y ganaron fuerza a la sombra de esos procesos.
Mientras el pueblo se organizaba y experimentaba ejercicios comunales en lo político, económico, social y defensivo con excelentes resultados en los territorios, se argumentaba que esas experiencias en lo local, no podrían ser llevadas a la práctica en lo macro, porque para eso estaban las inversiones privadas nacionales y extranjeras con “suficiente capital” para asegurar el crecimiento económico acelerado que necesitaba el país. “Capitalismo humanista, capitalistas revolucionarios” le llamaron, mientras consideraron irrelevantes esas “folclóricas expresiones de producción”, ignorando, incluso saboteando esas experiencias, obstaculizando la necesaria entrega de recursos e insumos que el Estado estaba obligado a entregar para producir los excedentes que se interconectarían entre las comunas.
Aunque hubo alertas permanentes hacia lo interno, infinidad de documentos, análisis y libros, fatuos y revisionistas la mayoría, que fueron archivados sin respuesta o que pasaron sin pena ni gloria a formar parte de las bibliotecas de intelectuales y opinadores, la eliminación de cualquier crítica o autocrítica que no estuviera controlada (“disidencia controlada”) desde los grupos de poder que trataron de imponer la obediencia ciega como doctrina, so pena de ser descalificados, insultados y descalificados en las redes sociales por afamados “influencers” con lentes “Prada”, gorras de “New York Yankees” o argumentos desde la espiritualidad cristiana, porque Dios va a bajar del cielo a combatir al imperialismo desde la paz y, encima, debemos aceptar que nuestra relación con el criminal agresor, “nos va a beneficiar económicamente”. Esta realidad nos estalló en la cara el pasado 3 de enero de 2026 y sus consecuencias han sido nefastas y humillantes.
Hoy nadie puede dudar que perdimos la soberanía, la independencia y la libertad.
¿Cuál es la solución?
Ya basta de seguir exponiendo lo que es una realidad objetiva. Nos dicen ¡Resistir! ¡Sí, resistir! Pero, ¿Cómo hacerlo? Organización y rescate del Legado del Comandante Chávez, sin maquillajes ni condicionamientos del estado burgués que ha tomado decisiones que debían haber sido consultadas y le correspondían al pueblo.
Organización articulada del pueblo para la toma del poder y la instauración de un Estado Comunal que tome los medios de producción, erradicación de cualquier tipo de política clientelar, burocrática y corrupta.
La creación o rescate de las escuelas de cuadros cívico militares socialista y antiimperialista que nos permita consolidar la Revolución generacional que consolide la transición hacia el Socialismo y esté vigilante de las desviaciones que pudieran surgir.
Un plan de defensa que incluya al pueblo en armas. Una Revolución se defiende con las armas, no se entrega con argumentaciones que preserven el interés de unos pocos en detrimento y humillación de todo un pueblo.
Y no podemos dejar de lado jamás, el internacionalismo y apoyo unitario con todas las fuerzas revolucionarias, políticas y sociales del mundo.
Eso es lo que pienso, somos subversivos, ir a las raíces, radicalizarse, lo decía Chávez, nadie puede negarlo.
Los cobardes
Isabel Vileya


Un fantasma recorre el mundo y desgraciadamente no es el fantasma del comunismo, sino el fantasma de la cagazón que tienen algunos, yo diría que muchos.
De todas las posiciones que se pueden tomar hoy, y no digo que solo con respecto a Venezuela, pero fundamentalmente con ocasión de lo acontecido en Venezuela, la que más me molesta en lo particular, es esa de algunos preclaros marxistas que señalan con un dedo a los venezolanos y los acusan de cobardes, para acto seguido girar la cara y espetar, todavía nos queda Cuba.
Algunos que se dicen marxistas, habría que hacerles mirar de qué corriente marxista son, acaso de la de Groucho.
Y vamos a ir por partes, como diría Jack el Destripador:
En primer lugar, no existen pueblos cobardes o valientes, existen momentos históricos y procesos, y en esos procesos se dan condiciones que determinan el accionar del colectivo.
No me consta que exista más cobardía en el pueblo venezolano que en otros pueblos, no lo digo porque tengo pruebas determinantes de esa afirmación, sino porque no existe una manifestación positiva de tal hecho, sino más bien todo lo contrario que se expresó meses antes de la invasión del 3 de Enero con el reclutamiento de casi cinco millones de milicianos.
De las FANB, puedo decir exactamente lo mismo. No me consta que haya habido ningún conato de rebelión en la negación de respuesta militar, parece ser lo contrario, la orden de respuesta no llegó y para los que piensen que un militar debe actuar por su propio impulso, hay quizás que aclarar que no es así, que en todos los ejércitos del mundo existe una cadena de mando y una obediencia debida disciplinaria y que no atender una orden o actuar sin recibir una orden puede considerarse un grave delito de traición y está sujeto a la ley militar y consejo de guerra. Si no llega una orden, los militares no actúan, así de simple.
Y si se quiere acusar de cobardía, pienso que lo mas prudente debe ser no hacerlo extensivo a todo un pueblo y tampoco a sus fuerzas armadas, si no a quienes no tomaron la decisión y no dieron la orden, en todo caso.
En definitiva, no es tan importante medir la cobardía, porque es un valor subjetivo condicionado por la percepción, porque por lo menos, que yo sepa, todavía no han inventado en «cobardiómetro».
Avancemos, en los sesudos análisis que muchos hacen, omiten intencionalmente elementos como la falta de profundización socialista del proceso venezolano y la montaña de contradicciones que aplastan la experiencia Chavista, de la que muchos han sido testigos más que complacientes.
Durante veintisiete años de Revolución Bolivariana muchos, desde dentro y fuera, han contemplado contradicciones, algunas gruesas, pero han preferido mirar para otro lado e incluso participar de la «fiesta» y admirarse negando la tozuda realidad de las desviaciones qué existían en el proceso para autocomplacerse. En los «buenos tiempos», Venezuela era faro y refugio anfitriónico de cuanta fauna progresista mundial que se entregaba a las regalías dela Solidaridad Internacional. Aquí no se criticaba nada mientras se podía venir a pasear y a «congresear» en hoteles con bufé libre y fotografiarse con los lideres de la revolución. Y pasaban cosas que no debían pasar, cosas que los clásicos denunciaban como desviaciones y errores y que experiencias pasadas nos anunciaban como errores que podían ser fatales. Pero entonces, había que guardarse los manuales de marxismo, so pena de ser acusados de «maximalismo» y de no saber leer el contexto concreto y la realidad concreta y así miramos para otro lado cuando a la vista estaba el gusto por el lujo y las cirugías estéticas de algunos cuadros que se decían revolucionarios y Chavistas. Pero, ahora que se derrumba el proyecto, es muy fácil señalar los errores.
Es extremadamente cómodo señalar y acusar cuando ya se cerraron las puertas a eventos y viáticos, cuando ya no existe en Venezuela refugio para las importancias impostadas a la intelectualidad de la izquierda internacional. Ahora que se apagaron las luces del circo, a la mujer Barbuda se le ven las hormonas.
El silencio cómplice de los ayer amigos y hoy críticos feroces, delata la falsedad inmoral de quienes no son otra cosa que oportunistas y cómplices en menor grado de una derrota anunciada, porque no se vale ser amigo solo en las buenas.
Y con la derrota bajo el brazo, los que nunca están dispuestos a recibir el coñazo en el pecho, se van con su canción triste, buscando otros puertos del valor.
Y de nuevo, lo hacen hipócritamente, «Siempre nos quedará la Habana». Lindo el cuento, pero siempre que sean los Cubanos los que le saquen el pecho a las balas y aguanten como leones, porque !Ay de Cuba! si no se inmola para regocijo de propios y ajenos.
Así son los oportunistas, eso es exactamente lo que hacen, bailar la rumba como acompañamiento. No tomar parte y no quedarse a sostener las fuerzas en la derrota.
Me recuerda esto a Lenin cuando fracasa la Revolución de 1905 y los Demócratas Constitucionalistas hacían el caldo gordo con las críticas a los socialistas y los socialistas revolucionarios, mientras los revolucionarios se enfrentaban al terror zarista y las centurias negras.
Los revolucionarios, no abandonan el barco cuando se hunde, todo lo contrario, el momento de la derrota es crucial y ahí es donde toca sacar todas las fuerzas y activar todo el apañe para salvar todo lo que se pueda, si se puede salvar el barco y si no construir una balsita con la que nos echaremos de nuevo a navegar para llegar al destino final que no es otro que la construcción del socialismo, pero claro que esto, no es una tarea de cobardes.
Por qué Irán gana su guerra asimétrica frente a dos potencias nucleares superiores EEUU/Israel

Por Alfredo Jalife Rahme
El libro del 2005 Cómo los débiles ganan las guerras: teoría del conflicto asimétrico (https://bit.ly/43BOReX), del académico de la Universidad de Chicago y anterior analista de inteligencia militar Ivan Arreguin-Toft, parece constituir el manual de cabecera del agredido gobierno iraní por la superpotencia nuclear EEUU y la mediana potencia nuclear Israel –que goza de la deliberada complicidad del filosionista argentino Rafael Grossi, desacreditado director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, quien hace la vista gorda ante los arsenales clandestinos de Netanyahu, quien evade la inspección de la ONU y su firma del Tratado de No Proliferación que EEUU exige en forma asimétrica e inicua a Irán.
En el siglo V a.C., los omnipotentes enviados atenienses –en el célebre Diálogo de los Melios narrado por Tucídides en la Guerra del Peloponeso (https://bit.ly/4akW7j4)– exigieron la capitulación de la isla Melos con la formulación del hiperrealismo político: “Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”.
Netanyahu y Trump, ¡2 mil 455 años después! conminaron la misma capitulación perentoria a los iraníes.
En su notable libro Arreguin-Toft arguye en forma persuasiva que las “guerras asimétricas” dependen de la interacción entre las estrategias respectivas del fuerte y el débil, más que del poder material crudo y rudo.
A juicio de Arreguin-Toft, cuando el fuerte y el débil usan estrategias similares suele vencer el primero, mientras que cuando utilizan estrategias opuestas aumentan las probabilidades de una victoria del débil, ya que el endeble vence cuando trastoca la superioridad del fuerte en su propia desventaja política, lo cual implementó al pie de la letra la República Islámica de Irán: “La probabilidad de victoria o derrota en conflictos asimétricos depende de la interacción de las estrategias que usan los actores débiles y fuertes”, ya que “cuando los actores emplean enfoques estratégicos opuestos, los débiles tienen muchas más probabilidades de vencer”.
Arreguin-Toft analiza 197 conflictos asimétricos y alega que los fuertes ganan hasta 75% de los casos en general (cuando los débiles combaten frontalmente contra los fuertes), mientras que, desde la Segunda Guerra Mundial, los débiles logran triunfos mayores a 50% cuando optan por tácticas opuestas (https://bit.ly/4uJZ9FY).Se centra en varios ejemplos desde 1800 que llevan agua a su molino y que van desde la guerra de Vietnam hasta Afganistán, pero que, a mi juicio, hoy no son extrapolables.
El débil gana guerras no porque sea más poderoso, sino porque logra que el poder del fuerte sea políticamente disfuncional, estratégicamente costoso y vulnerable a la atrición.
Dicho de otra forma, la metástasis del impacto geoeconómico/geofinanciero del cierre del estrecho de Ormuz atrapó a EEUU y, por extensión, en su fase declinante a Occidente –según el notable libro La derrota de Occidente (https://bit.ly/4fS6rmd) del galo Emmanuel Todd de hace 2 años–, como bien señaló el presidente Xi frente a su visitante Trump, quien sólo atinó a asentar sin dejar de inculpar de la decadencia de EEUU al binomio Obama/Biden.
Después del derrocamiento espurio del primer ministro soberanista iraní Mohammad Mossadegh (https://bit.ly/4u6J3oy), hace 75 años, pasando por la nacionalista revolución islámica hace 47 años, propongo el teorema más holístico de cuatro puntos diacrónicos: 1.- La singular resiliencia, que no masoquismo malentendido, del martirologio del chiísmo que se condensa en el “síndrome Karbala (https://bit.ly/4a0ZPye); 2.- Sus indetectables misiles hipersónicos que no detentan EEUU ni Israel; 3.- La genial jugada estratégica del cierre del estrecho de Ormuz: yugular geoeconómica/geofinanciera de Trump; y 4.- Su prodigiosa educación científica pública con los primeros sitiales del ranking STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Amén.
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