domingo, 8 de marzo de 2026

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Chávez invicto: La mejor manera de impedir una guerra es prepararse para la misma

La Alianza Epstein

 

Por Juan Manuel de Prada

La Alianza Epstein no consiguió sus fines con la agresión del pasado año (donde Irán los intimidó con su respuesta), ni tampoco con la reciente insurrección «feminista» contra los ayatolás (en realidad una bandera más falsa que Judas urdida por la CIA y el Mossad), así que ahora lo intenta por tercera vez con este «ataque preventivo» donde se alterna la destrucción de los arsenales iraníes (que creen tener localizados) y las hecatombes más bestiales. Pero si han calculado mal e Irán guarda armamento en parajes ignotos, Israel sufrirá daños devastadores.

El «ataque preventivo» de la Alianza Epstein lo acaudillan una hiena ahíta de sangre y un cantamañanas convertido en su marioneta, después de que lo grabasen estuprando niñas. El cantamañanas convertido en marioneta ganó las elecciones presentándose como un promotor de la paz y prometiendo atajar todas las guerras latentes o declaradas que habían desencadenado sus predecesores. Ahora ya sabemos que, en realidad, aquella campaña era una engañifa de los mismos perros «neocones» que habían controlado los mandatos de republicanos y demócratas durante las décadas anteriores y que, para pasar inadvertidos, se disfrazaron entonces con los collares del populismo más fanfarrón y vociferante. Así, con un cantamañanas convertido en marioneta del sionismo después de que lo filmaran estuprando niñas, los «neocones» pueden seguir perpetrando los desmanes de siempre, pero sin ningún tipo de remilgo.


Por supuesto, la justificación primera del «ataque preventivo» de la Alianza Epstein –el programa nuclear de Irán– es, como las «armas de destrucción masiva» de Sadam Hussein, una burda excusa para devastar una nación que no acata los designios sionistas ni se resigna a ser sojuzgada (si Irán realmente poseyese armas nucleares, nadie osaría toserle, como no le tosen a Corea del Norte). Y, por supuesto, la justificación segunda del «ataque preventivo» –favorecer una «democratización» el país– es una patraña para retrasados mentales: ninguna de las guerras promovidas durante las últimas décadas por el anglosionismo ha favorecido la «democratización» de los países agredidos, sino el expolio más rapaz de sus riquezas y la devastación de sus defensas materiales y espirituales; y en todos esos países se han instaurado luego regímenes islamistas que han masacrado a las comunidades cristianas allí establecidas y provocado avalanchas migratorias que han propiciado el hundimiento del pudridero europeo y su conversión en una charca de ranas genuflexa y cipaya.

Naturalmente, esta guerra aberrante provocada por la Alianza Epstein ahondará todavía más este proceso degenerativo. Como escribió socarronamente el difunto Epstein, alma mater de la Alianza: «Así es como el judío gana dinero… dejando que los goyim carguen con el mundo real».

Perversión en el paraíso de Epstein

 

Empezaré diciendo: La red de Jeffrey Epstein no es una falla en el sistema, es su naturaleza.

La Misión para Niños del Hermano Paul. Isla North Fox:

En 1976, la Policía Estatal de Michigan descubrió una red de abuso sexual infantil y producción de pornografía operando en North Fox Island, en el Lago Michigan. Funcionaba bajo la fachada de una organización llamada «Brother Paul’s Children’s Mission».

El principal acusado fue Frank Shelden (millonario dueño de la isla), quien huyó del país y nunca fue juzgado. Murió en Holanda en el año 1996.

La investigación se vio obstaculizada por la huida de Shelden y la falta de voluntad política para profundizar en una red que involucraba a millonarios.

No cabe duda que la publicación del expediente de Epstein tiene su origen en un pase de factura por un conflicto entre poderosos y en la búsqueda de la justicia.


¿Qué sería de nosotros si no existiera la genial frase “…con todo respeto”?

  

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Uno. Anestesia. La frase “con todo respeto” (CTR, para acortar), dicha antes de un insulto, una descalificación o una burla, funciona como anestesia. Permite agraviar, denostar, ofender, vilipendiar, injuriar, humillar, denigrar, escarnecer, provocar y etcétera, y quedar como alguien respetuoso. Genial.

Dos. Colchoneta. La frase CTR, pronunciada luego del ataque, funciona como una colchoneta que se le pone al agredido, tras reventarlo a golpes, para que cuando caiga no pegue directo en el suelo. Brutal cortesía o cortés brutalidad, usted decide.

Tres. Multiuso. La frase CTR sirve para todo tipo de interacciones: de pareja, amistosas o enemistosas, laborales —¡uf, vaya que sí se usa! —, de política doméstica y, claro, para las relaciones internacionales. En este último campo, se emplea tanto a priori (estoy negociando CTR contigo y, de repente, te bombardeo), como a posteriori (te bombardeo y luego te invito a tratarnos CTR).

Cuatro. Protocolo. En los planos político y geopolítico, casi siempre que dos sujetos (individuales o colectivos) están sentados en una respetuosa mesa, en verdad el uno no respeta al otro y sabe que el otro tampoco respeta al uno. Pura finta diplomática.

Cinco. Gánster. El respeto, dicen el deber ser y los códigos de autoayuda, se gana respetando. El miedo, en cambio, se gana infligiendo dolor o amenazando con hacerlo, de manera creíble. Este es el código de la mafia.

Cinco. ¿Caballeros?  Dicen los patriarcales que el respeto debe distinguir la relación entre caballeros. Cantinflas, por su lado, preguntaba si vamos a tratarnos como caballeros o como lo que somos. Ahí está el detalle.

Seis. Advertencia. Algunos favorecidos por la Ley de Amnistía salieron de la cárcel, del arresto domiciliario o planean volver del exilio, sin otorgar ni un miligramo de respeto a las autoridades que propusieron y aprobaron la normativa ni a los tribunales que la están aplicando. Así —de pana y CTR— va a resultar como difícil que cristalice la otra parte de esa ley: la convivencia democrática.

Siete. Cambalache. En medio de una guerra que podría volverse mundial, es de esperar que la persona ganadora del Premio Nobel de la Paz anduviese realizando grandes esfuerzos por restaurarla (la paz, digo) antes de que sea demasiado tarde. Pero la actual titular del galardón [luego de regalarlo melosamente, pero ese es otro tema] lo que anda es batiendo tambores para que la guerra de allá se ponga peor y para que se prenda otra acá. ¡Qué falta de respeto, que atropello a la razón!”, dice el famoso tango.

Ocho. No lo respetan. El liberado Enrique Márquez se queja del trato irrespetuoso que le están dando los radicales del maricorinismo, presas (en el otro sentido de esta palabra) del reconcomio porque el señor fue el invitado de Donald Trump al gran sarao anual en Washington, lugar que debió ocupar la premiada de la paz. Celos, malditos celos.

Nueve. ¿Y la dignidad?  No sé si es omisión mía (en cuyo caso, me disculpo, CTR), pero creo que el PCV-Dignidad no se pronunció en forma oportuna y convincente sobre el llamativo hecho de que su excandidato presidencial haya sido el homenajeado del poder imperial en un acto en el que se festejó la agresión armada a Venezuela, algo que choca demasiado feo con quienes siempre dicen estar más a la izquierda que cualquier otro factor izquierdista y ser más patriotas que los mismísimos libertadores. ¿Es posible ser el gallo tapao de Trump y el gallo rojo de los comunistas de línea dura? Un pollo transgénico.

Diez. Inteligencia mentirosa. La inteligencia artificial de X, es decir, la de Elon Musk, intenta salvar la reputación (bueno, es un decir) de EEUU e Israel, al dictaminar que el ataque a la escuela de niñas en Irán fue un invento, una noticia falsa creada mediante reciclaje de imágenes viejas, tomadas de otro país. La agencia EFE reaccionó de forma enérgica porque el despacho que Grok intentó desmentir fue suyo, respaldado con evidencia periodística. ¿Quién habrá enseñado a las IA a meter embustes tan paladinamente y a tachar de mentira lo que es verdad? Me temo que las han adiestrado sus propios dueños tecnofeudales, nutriendo sus algoritmos con las añejas mañas de la maquinaria mediática global… dicho sea con todo respeto.

(Clodovaldo Hernández / Laiguana.tv)


Ni Venezuela es Irán, ni Irán es Venezuela