jueves, 28 de mayo de 2026

Columna de Juan Martorano 550 Análisis del momento político de la Venezuela actual

 

¡Comprobado! Poder Popular y unidad fortalecen a la Revolución Bolivariana y por ende al mismo Pueblo

 


La construcción de la comuna representa el ejercicio más directo de soberanía y organización para avanzar frente a las dificultades actuales
La construcción de la comuna representa el ejercicio más directo de soberanía y organización para avanzar frente a las dificultades actuales
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Con El Mazo Dando 11 años

Publicado: 22/05/2026 06:11 PM

Una vez más, a pesar de los múltiples ataques a los que Venezuela está siendo sometida, la presidenta encargada Delcy Rodríguez hizo un llamado a la participación masiva en la Consulta Popular Nacional para la aprobación de proyectos comunitarios; lo que representa el ejercicio más directo de soberanía y organización con el fin de avanzar frente a las dificultades actuales.

La importancia que supone la participación en la Consulta Popular, convocada para el 12 de julio en todo el territorio nacional, brinda la legitimidad necesaria para fortalecer al Poder Popular como la base fundamental de la construcción del socialismo, en un país que a través de la Revolución Bolivariana impulsa el protagonismo del Pueblo en la toma de decisiones.

La psicóloga venezolana Maritza Montero, en 2013 escribió una investigación llamada El liderazgo comunitario y su importancia en la intervención social”, publicado en la revista Psicología para América Latina, en la que explicó que “el voto directo en asambleas o centros electorales valida las decisiones frente a entes externos, impidiendo que se impongan proyectos ajenos a las prioridades reales de cada territorio, además, permite que el presupuesto público sea administrado directamente por las Comunas y Consejos Comunales, debilitando las cadenas de intermediación corruptas o clientelares”.

Montero hizo mención a la importancia de la participación popular cuando explicó que “convocar a elecciones moviliza la conciencia colectiva, demostrando que la organización vecinal puede resolver problemas concretos, donde las macroestructuras fallan; y al elegir democráticamente qué proyecto financiar, la comunidad ejerce una contraloría social natural, esto minimiza el desvío de fondos y fortalece la confianza interna”.

El ejercicio del Poder Popular permite la confluencia de voluntades en el espacio local y funciona como un contrapeso ante dinámicas verticales o centralizadoras de poder, esto fortalece los espacios comunales como una trinchera de lucha y defensa revolucionaria.

La detección de problemas comunales y la unidad frente a la resolución de estos, en torno a objetivos materiales tangibles como, por ejemplo, reparar una escuela o reactivar un pozo de agua, unifica a todos los vecinos de distintas posturas políticas bajo una identidad común: el bienestar del hábitat.

La Consulta Popular permite la organización y la concreción del autogobierno territorial, ya que las elecciones comunitarias refuerzan el modelo de gestión autónoma donde la toma de decisiones no depende de la voluntad de un funcionario, sino del mandato directo de la asamblea ciudadana.

 

El Poder Popular y la unidad como herramienta frente a la opresión:

La opresión, vista desde el sistema capitalista, se manifiesta a través de estructuras autocráticas, asimetrías socioeconómicas y mecanismos de control totalitario, e históricamente ha buscado fracturar el tejido social para neutralizar cualquier asomo de resistencia. Frente a este panorama, el poder popular y la unidad colectiva no surgen meramente como conceptos teóricos, sino como las herramientas estratégicas más efectivas de emancipación sociopolítica.

La Ley Orgánica del Poder Popular expresa en su primer artículo: "La presente Ley tiene por objeto desarrollar y consolidar el Poder Popular, generando condiciones objetivas a través de los diversos medios de participación y organización establecidos en la Constitución de la República, en la ley y los que surjan de la iniciativa popular, para que los ciudadanos y ciudadanas ejerzan el pleno derecho a la soberanía, la democracia participativa, protagónica y corresponsable, así como a la constitución de formas de autogobierno comunitarias y comunales, para el ejercicio directo del poder".

De acuerdo a esta Ley, reafirmar el ejercicio del Poder Popular no radica en la réplica de la violencia simétrica, sino en su capacidad de autoorganización, articulación horizontal y unidad identitaria. Sin embargo, la movilización de masas es efímera si carece de una base sólida: el liderazgo local. El presente artículo analiza cómo el Poder Popular y la unidad operan como antídotos frente a la opresión y examina las metodologías específicas necesarias para formar líderes comunitarios capaces de sostener los procesos de transformación social.

El Poder Popular puede definirse como el ejercicio democrático, directo y protagónico de las comunidades organizadas en la toma de decisiones que afectan su territorio y su destino político.

Históricamente, el sistema capitalista, solapado en procesos democráticos, mantiene herramientas opresoras que basan su permanencia en la fragmentación ciudadana y en la imposición del miedo. Es por esto que la Revolución Bolivariana rompe el aislamiento individual e integra redes colectivas, para que se mantenga el cambio cualitativo en la correlación de fuerzas dentro de las estructuras de poder.

El Poder Popular y la unidad constituyen la respuesta más robusta y orgánica contra los sistemas de opresión, y para que esta forma de gobierno sea fuerte, es importante garantizar que ese poder permanezca democratizado en la base. Es por esto que, fortalecer el liderazgo local no es solo una estrategia de resistencia; es la configuración de una sociedad nueva, libre, autogestionada y profundamente democrática.


AMELYREN BASABE/REDACCIÓN MAZO

Los que van primero

 FEDERICO RUIZ TIRADO

Uno se pregunta qué se harán los amigos que parten primero, aunque sigan en este territorio digital. Una vez le escuché decir a mi antigua amiga Daniela Triay esta pregunta con un dejo dejo de nostalgia anticipada. Yo los he oído hablar desde las grietas que van dejando en el viaje y a través de sus letras y memorias hacen constar que se reúnen, sentencian cosas y se retiran dejando rastros indelebles.

¿Qué son esas sombras, esos destellos que nos despiertan de madrugada? Para mí son sus sombras que desbaratan las cifras añadidas a los contrafuertes de esos Arcanos que más allá de la vida silvestre, existen alrededor de las pátinas que pueblan las cenizas o los huesos nacientes.

Son enunciados de la literatura muchos de quejidos o disparates, los esotéricos signos de la cultura universal que algunos sabios conocen o interpretan para darle sentido a la poesía y el arte.

Algunos son poetas, Blas Perozo Naveda, Eddy Pérez, el pintor, Luis Moros; otro, periodistas, historiadores, campesinos que hablan solos y de vez en cuando con piedras e interpretan petroglifos, y también viajan sin tantos protocolos.

Uno de ellos me preguntaba por mi padre que aún permanece en fotos, palabras, pinturas comentarios y todo lo guarda este espacio cibernético, lo que quiere decir que ya no es posible imaginar que la muerte sea un un viaje exclusivamente eterno.

Dicen que se fue Manolo Silva. Ayer temprano, el 25 de mayo, el mismo día de su nacimiento hace 74 años. Vuelvo a recordar lo que escribió mi querida Danielle Triay en su feisbu que evocaba a Kloriamel Yépez Oliveros y a Hugo Chávez.

Ese mismo día, Manolo Silva, entrañable amigo mío, lanzó una recordación que a los camaradas de Kloramiel Yépez Oliveros, como yo, nos conmovió, no solo porque en esa fecha la inolvidable Mafalda (como se le decía a Kloriamel con afecto y animosidad, estaba de cumpleaños de nacimiento), sino porque desde que partió hacia el infinito, regresa de sorpresa como un recuerdo sonoro y un silabario de huesos, de protestas («hormonales», como ella decía que era de la banda de comunistas que dirigió Saramago) y de rabietas que a ella misma le causaban risa. Manolo Silva se ofuscaba porque la diáspora de la izquierda venezolana andaba siempre cómo la banda de la canción, borracha. Se le salían unas insolencias galletas de vez en cuando, pero un hombre culto y un cronista de lujo.

Manolo recordó a Mafalda diciendo que esa genial mujer ya no estaba entre nosotros. Y yo recuerdo y huelo las palabras de Manolo que se fue ayer al carajo viejo.

¿Cómo pueden estar ausentes una mujer y un guaro cuyos pensamientos y escritura eran y siguen siendo armas nada convencionales?, me digo.

A mi me ocurre con Kloramiel lo que a Danielle con sus amigos que lucen vivos en ese aposento invisible del parnaso sideral. Manolo todavía está bailando con Natalia.
En un sentido aleccionador para ambos, el Elefante Bocarriba, aquél blog personal que permanece enconchado, sin su mirada, e incluso con su silencio, no hubiera podido llegar hasta donde llegó sin Manolo Silva y sin Mafalda.

Una vez me envió un artículo muy pugnaz y por lo tanto muy bueno abordando la burocracia e indolencia del INTI y el tema de la «burguesía revolucionaria» de Castro Soteldo y yo le dije: «Yo escribí algo ya, vamos a dejarlo para luego, que la masa no tapa bollo ni tapa nada».

Lo entendió. Del otro lado del teléfono no me pidió explicación, pero tampoco hizo silencio: ya se sabe que cierto modo de exhalación del acto de respirar es un modo de decir, de expresar sentimientos y hasta argumentos lógicos y de aceptación compartida.

A Manolo lo extraño tanto hoy, cuando este país ocupado por los gringos.

Un frasco de Cocuy que le había regalado un catador de la Sierra, que estuvo en las montañas colombianas combatiendo en filas de la FARC, ayudó en lo sucesivo a conocernos más a fondo de lo que siempre creímos.

Ese día del Cocuy hablamos en Guachirongo y se lo dedicamos al tema de los intelectuales de pacotilla, y a Alfredo Maneiro y a Hugo Chávez, como pensadores del siglo XXI.

Manolo se lleva su temperatura: esa de ser ateo, de los rebeldes, los del filo de la palabra sincera, pero su corazón se queda como una hortaliza en el huerto de los amigos y de su hermosa familia.




Tortillas de loroco