viernes, 22 de mayo de 2026

A países débiles, y además pendejos, no los respeta nadie, y desarmados, peor… Venezuela, cuánta vergüenza por tu destino…

 

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  1. Vamos a demostrar, que EE UU no es una NACIÓN: es un conglomerado de corporaciones al mando del ejército más poderoso del mundo…Y nosotros, aquí en Venezuela, debemos culparnos porque desde los tiempos de Bolívar, no fuimos capaces de unir esfuerzos para convertirnos en una potencia militar, ante todo. Nos desintegramos en guerritas internas miserables y a la vez nos creíamos una gran cosa acabando a nuestros hermanos, y en esas masacres nos vino a coger el siglo XX. Fuimos "VALIENTES" para destruirnos a nosotros mismos, y luego para que nos volvieran a someter. De habernos equipado bien, hubiésemos podido cambiar el rumbo de América Latina, y quizás del mundo. Sólo dos gobernantes en el siglo XX visionaron esto de tener un buen ejército, en medio de terribles limitaciones: Cipriano Castro y Marcos Pérez Jiménez. Chávez hizo amagos de avanzar en la creación de una central nuclear, pero ante el desastre de Fukushima Daiichi ocurrido el 11 de marzo de 2011, ordenó paralizar tales estudios y proyectos. ¡Gravísimo error! En este planeta, no se puede ser soberano sino se está armado hasta los dientes. A los países débiles y además pendejos no los respeta nadie porque en cuanto se propongan ser LIBRES y emprender una política nacionalista, son atacados a muerte por el imperio, y así, cuanto aspiren acaba en desastre. No se diga, en cada pretensión por decidir su propio destino.

  2. Estados Unidos por poseer el arsenal más grande de esta tierra, ha acabado convertida en una "nación" que no respeta tratados internacionales, que acoja o asuma con responsabilidad las decisiones de los organismos multilaterales: ONU, OEA, CIDH o CPI. Ni siquiera respeta los propios estatutos de la OTAN con sus aliados criminales europeos. Mucho menos es EE UU una democracia con diversos partidos que se disputen realmente el voto popular. Se trata de un conglomerado empresarial y corporativo (gansteril), que cuenta con casi 3 millones de militares en servicio activo, con 4.800 sitios de defensa en siete continentes. Con un presupuesto anual de más de US$ 700.000 millones para desafiar a cualquier país pequeño o indefenso en el mundo.

  3. Todos los jefes empresariales de EE UU, es decir sus gobernantes gansteriles, empezando por su primer presidente, George Washington, han sido todos capitalistas, mercantilistas, terratenientes, hacendados, sofisticados empresarios que se consideran, ante todo especuladores. George Washington fue agricultor y ganadero, quien sabía llevar muy bien sus cuentas. Implementó prácticas agrícolas innovadoras que alejaron a la agricultura estadounidense del cultivo insostenible del tabaco orientándola hacia prácticas más efectivas, como la siembra de trigo, la rotación avanzada de cultivos y la fertilización del suelo. Más que un estadista y un guerrero fue, insistimos, un poderoso negociante, cuya verdadera pasión era hacer dinero con su plantación en Mount Vernon.

  4. Por su parte, Thomas Jefferson, otro de los grandes fundadores de la Unión estadounidense, autor de la Declaración de Independencia y el tercer presidente de EE. UU., fue un destacado esclavista, hacendado y empresario de su época. Su faceta empresarial y económica se centró en la gestión de vastas plantaciones e igualmente la innovación agrícola. Fue el primer gran expansionista de los Estados Unidos, quien dijo que había que ir tragándose una a una las colonias europeas en nuestro continente, como Florida, Luisiana, Cuba…

  5. James Adams, el cuarto presidente EE UU fue un prominente terrateniente y también esclavista. Su padre, James Madison poseía unas 5.000 acres de tierra, siendo el mayor terrateniente del condado de Orange. Dueño de la Finca Montpelier, la cual funcionaba como una gran empresa agrícola orientada principalmente al cultivo de tabaco y otros productos. Como era común entre los grandes terratenientes del sur de EE. UU. en esa época, la economía de su hacienda dependía de la explotación de cientos de personas esclavizadas.

  6. James Monroe, el famoso creador de la DOCTRINA MONROE: "américa para los americanos (de Estados Unidos)", fue el quinto presidente de Estados Unidos (1817-1825). De sus principales facetas, destaca la de hacendado y esclavista, la de empresario, la cual supo alimentar y expandir con su larga carrera de servicio público. Fue un conspicuo terrateniente, dedicándose a agrandar sus grandes extensiones en el estado de Virginia. Fue heredero de una plantación en el condado de Westmoreland tras la muerte de su padre y, aconsejado por su amigo Thomas Jefferson, adquirió en 1793 la famosa finca Highland (originalmente conocida como Ash Lawn). Residió allí de manera permanente a partir de 1799 y estableció una extensa explotación agrícola. Posteriormente, adquirió otra propiedad mucho más grande, la finca Oak Hill. La economía de estas propiedades dependía totalmente de la esclavitud, albergando a decenas de hombres, mujeres y niños esclavizados que realizaban las labores de cultivo y mantenimiento. Hoy, la casa de Monroe, Highland, ha sido conservada y le ofrece a los visitantes un panorama completo sobre la historia presidencial y la comunidad de personas esclavizadas que allí vivieron.

  7. John Quincy Adams, sexto presidente de EE UU, estuvo casado con Louisa Catherine Adams, quien tenía una mirada penetrante, un ingenio satírico y una pluma afilada. Los registros del censo de ese mismo año, 1820, muestran a una esclava menor de catorce años viviendo en la residencia de los Adams. Es casi seguro que la esclava era propiedad de John Quincy. Pero era capitalista y explotador como sus antecesores. El padre de Louisa, Joshua Johnson, era sureño. Los Johnson, incluidas las familias de las hermanas de Louisa —sus amigas más cercanas—, poseían esclavos.

  8. Andrew Jackson (1767–1845), el séptimo presidente de los Estados Unidos (1829–1837), fue un destacado abogado, militar, esclavista y político. Además de su carrera de estado, construyó un vasto patrimonio como empresario, especulador de tierras y propietario de plantaciones. Fue un Magnate de Plantaciones: A través de su prominente plantación The Hermitage en Tennessee, construyó gran parte de su fortuna. Su riqueza y poder local se consolidaron al explotar esta tierra mediante mano de obra esclava. Tamgien y sobre todo, fue un gran especulador de Esclavos: Históricamente, fue activo en el comercio de esclavos. A lo largo de su vida, la familia Jackson llegó a poseer más de 300 personas, manteniendo una población cautiva cercana a 150 simultáneamente en sus propiedades. Negociante de Bienes Raíces: Antes y durante su vida política, invirtió fuertemente en el mercado de tierras de la frontera oeste estadounidense, lo que le permitió obtener considerables ganancias financieras.

  9. Martin Van Buren (1782–1862), octavo presidente de los Estados Unidos, encarnó de manera compleja las etiquetas de hacendado, terrateniente, esclavista y político moldeado por una época de expansión económica. Su relación con la esclavitud y su posición financiera fueron fundamentales para moldear su legado político e histórico.

  10. ESTE TRABAJO CONTINUARÁ... PARA HACER UNA COMPARACIÓN CON EL RUMBO QUE TOMARON LOS PAÍSES LATINOAMERICANOS...

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

  jsantroz@gmail.com       @jsantroz



Venezuela. El caso Alex Saab y la doctrina de la soberanía limitada

 


Por Geraldina Colotti, Resumen Latinoamericano, 19 de mayo de 2026.

foto: Otros tiempos: Saab homenajeado por Nicolás Maduro, una vez que fuera rescatado por el gobierno revolucionario. Algo que repitieron en esos momentos de alegría, la presidenta (E) Delcy Rodríguez y el propio Diosdado Cabello. Hoy Saab está expuesto, luego de la extradición, a una condena de 20 años en las mazmorras estadounidenses.


En Venezuela, los hechos del 3 de enero de 2026 han
marcado un inédito punto de ruptura. Una incursión
conducida por las tropas especiales estadounidenses,
coadyuvadas por las británicas e israelíes, contra
puertos e instalaciones militares ha causado más de
cien víctimas entre soldados y civiles (entre ellos 32
militares cubanos), culminando en el secuestro del
presidente Nicolás Maduro y de la diputada Cilia
Flores, su esposa. Este acto ha proyectado a la
República Bolivariana en una condición de pesado
chantaje institucional y de tutela de hecho (para
algunos analistas un “protectorado”), acelerando
dinámicas internas para definir los esquemas de poder,
la gestión de los recursos estratégicos y la interacción
con los mercados financieros occidentales.


En este escenario de soberanía bajo jaque se inserta el
caso de la repentina extradición y extradición hacia
los Estados Unidos de Alex Naín Saab Morán,
exministro de las Industrias y la Producción Nacional.
Saab ha estado al centro de una campaña internacional
para su liberación, que se ha desarrollado también en
Italia, país de origen de su esposa, Camilla Fabri.

Saab fue arrestado por primera vez el 12 de junio de
2020 en Cabo Verde, mientras se dirigía a Irán en lo
que Caracas describió como una misión humanitaria.
Fue extraditado a territorio estadounidense en octubre
de 2021, a pesar de que Venezuela había solicitado en
reiteradas ocasiones su liberación, denunciado una
violación de su inmunidad diplomática y calificado la
detención como un secuestro. El procedimiento estuvo
plagado de irregularidades: la notificación se emitió
24 horas después de la detención, no existía un tratado
de extradición con los Estados Unidos, y tanto la
CEDEAO como el Comité de Derechos Humanos de
la ONU exigieron su liberación sin éxito.
Durante más de un año, el diplomático sufrió
condiciones de reclusión extremas —celda de 3×3
metros, temperaturas elevadas, golpizas, falta de luz y
de asistencia médica— y en octubre de 2021 fue
extraditado a Miami. Allí, en un refugio seguro de la
CIA, fue sometido a torturas con agua para forzarlo a
cooperar contra Maduro.


En diciembre de 2023, Joe Biden concedió el indulto a
Saab a cambio de diez ciudadanos estadounidenses,
veinte detenidos de la derecha venezolana y la
consolidación de Chevron en el sector petrolero de
Venezuela. El intercambio reveló el enorme valor que

Saab tenía para Caracas: por él se pagó con decenas
de personas y con el acceso a recursos estratégicos.
La medida de deportación, ejecutada ahora por
disposición del Servicio Administrativo de
Identificación, Migración y Extranjería (SAIME), ha
desatado por lo tanto una dura polémica dentro del
mismo campo revolucionario, sacando a la luz
profundas anomalías formales, procedimentales y
constitucionales puestas al desnudo por varios
analistas.
El gobierno ha justificado el acto a través de un
comunicado en el que se afirma que la medida de
deportación fue adoptada porque el ciudadano
“colombiano” (nacionalidad de origen de Saab) se
encuentra incurso en la comisión de diversos delitos
en los Estados Unidos de América: un “hecho público,
notorio y comunicacional”, se ha escrito, dando lugar
a más de una encendida contestación.
Bajo el perfil estrictamente jurídico –se ha señalado–,
dicha motivación colisiona con los principios
fundamentales del derecho público venezolano e
internacional por diversas razones: en primer lugar, el
SAIME es un órgano estrictamente administrativo de
identificación, totalmente desprovisto de competencia
jurisdiccional para la resolución y la ejecución de una

extradición. Semejante medida requiere canales
diplomáticos y un trámite formal ante el sistema
judicial, el único facultado para evaluar las solicitudes
extranjeras garantizando la presunción de inocencia y
el derecho a la defensa.
En segundo lugar, la fórmula del “hecho público,
notorio y comunicacional” no posee ningún valor de
imputación jurídica. Basar una extradición en la
resonancia mediática o en la propaganda de Estados
extranjeros representa un precedente peligroso, que
calca los mismos expedientes manipulados,
históricamente usados contra Venezuela por los
organismos internacionales.


Pero el nudo más crítico concierne a la ciudadanía y la
legitimidad institucional. La tesis oficial afirma que
Saab es un ciudadano colombiano en posesión de una
cédula de identidad falsa desde el año 2004, y que por
tal motivo no existe ningún expediente válido en el
SAIME.
Esta afirmación levanta interrogantes inevitables
sobre la responsabilidad de las propias instituciones:
si el documento era falso, ¿cómo fue posible
renovarlo durante veinte años, permitiendo al mismo
tiempo a Saab participar en licitaciones públicas para
la vivienda social, declarar los impuestos ante el

SENIAT, estar insertado en los canales formales del
Estado e incluso votar?


Además, el nombramiento de Saab como Ministro de
la Industria, sancionado formalmente por el Decreto
número 5.021 del 18 de octubre de 2024 y publicado
en la Gaceta Oficial número 6.904, entra en abierta
violación con el artículo 244 de la Constitución
venezolana, el cual prescribe taxativamente el poseer
la nacionalidad venezolana para el ejercicio de las
funciones ministeriales. La misma incongruencia se
extiende a las anteriores credenciales diplomáticas,
teóricamente precluidas a los ciudadanos extranjeros
por la Ley del Servicio Exterior.


Si el exministro estaba sujeto a investigaciones
internas por fraude y lavado de dinero, la
jurisprudencia nacional habría impuesto la celebración
de un juicio regular en el territorio donde los
presuntos hechos fueron cometidos, dada la naturaleza
estrictamente territorial de las leyes penales. La
decisión de entregarlo a los tribunales
estadounidenses, eludiendo los canales ordinarios y en
presencia de fuertes sospechas de una actividad de
inteligencia y condicionamiento por parte de la CIA
tras su primera liberación en diciembre de 2023,
evidencia cómo consideraciones de oportunidad

política (impuesta) han reemplazado a los códigos y
las garantías del Estado de Derecho.
Para comprender el real alcance de la entrega de Alex
Saab, es necesario analizar su función
macroeconómica. Saab no fue un simple funcionario,
sino el núcleo del circuito de comercio exterior
venezolano bajo el régimen de sanciones
multilaterales. A pesar de no ser un militante
socialista, sino un empresario de origen libanés,
decidió arriesgar bienes e integridad física para servir
a la causa bolivariana.
Explotando redes de empresas y cuentas offshore
distribuidas entre Turquía, Hong Kong, Suiza,
Emiratos Árabes Unidos y Panamá, estructuró la
compleja logística de abastecimiento para la Gran
Misión Vivienda Venezuela y para la distribución
alimentaria de los comités CLAP en los momentos de
más duro aislamiento del país.
Su valor estratégico residía en la capacidad de
movilizar oro e hidrocarburos esquivando los
bloqueos occidentales, manteniendo operativos
canales comerciales alternativos con multinacionales
y entidades financieras estadounidenses (como
Chevron o JP Morgan) que necesitaban seguir

enganchadas a la renta venezolana a pesar de las
imposiciones sancionatorias.
Entre 2025 y 2026, Venezuela registró un crecimiento
económico significativo, con un aumento del PIB del
+8,66% en 2025 y previsiones del 12% para 2026,
acompañado por el retorno parcial de mercancías
occidentales en los circuitos comerciales. Esta
recuperación fue posible precisamente gracias a la
existencia de estos mecanismos paralelos de
transacción, por lo demás muy costosos para los
países sancionados, porque los obligan a malvender
sus productos para hacer aceptables los riesgos a los
compradores. Mecanismos que Washington ha
decidido aplastar con la fuerza, como se ve desde el
Medio Oriente, hasta Venezuela y Cuba.


Como hace notar el analista Diego Herchoren, la
deportación de Saab no responde por lo tanto a una
purga interna genérica, sino más bien a la imposición
de una transición estructural de los beneficiarios
extranjeros de la riqueza energética del país. El puño
de hierro sobre el gobierno bolivariano refleja también
el choque dentro del sector financiero estadounidense
por el control de los activos extractivos, que ve
contrapuestos los intereses de JP Morgan, operativa a

través de Dalinar Energy, y los del fondo Amber
Energy, liderado por Paul Singer.


En este cuadro, los acuerdos y los canales logísticos
trazados por Saab, calibrados sobre la anterior
administración de Nicolás Maduro y sobre los pasados
acuerdos con el gobierno de Biden, se han convertido
en un obstáculo para la nueva configuración del poder.


La entrega de Saab “limpia” la mesa de los viejos
intermediarios y proporciona a la fiscalía
estadounidense un inmenso patrimonio informativo
sobre las rutas globales de elusión del bloqueo,
mientras el encargado de negocios estadounidense en
Caracas gestiona abiertamente las dinámicas relativas
a las medicinas y a las medidas económicas,
acentuando la percepción de un país bajo tutela.
Se comprenden también así las declaraciones de la
presidenta encargada, Delcy Rodríguez, al comentar la
extradición. Durante un acto público en la capital, el
día de su cumpleaños, así respondió a la pregunta de
un periodista: “Quiero decirle a Venezuela, a todos los
venezolanos y a todas las venezolanas: cualquier
decisión que asume el Gobierno nacional lo hará por
un interés que es el interés de Venezuela. Cualquier
decisión en adelante y que hemos tomado desde que
asumimos luego de lo que fue el 3 de enero ha sido

por interés de Venezuela, defender a Venezuela. No
pensamos en otra cosa –ha añadido– que no sean los
intereses, los derechos, proteger a nuestro país,
garantizar la tranquilidad, la paz, el desarrollo, el
futuro de nuestros niños, de nuestras niñas, garantizar
la esperanza de nuestro pueblo”.

Mientras tanto, algunos habitantes le acercaban un
pastel de cumpleaños, coronado por el mapa de
Venezuela que incluía el Esequibo, la zona en disputa
con la República Cooperativa de Guyana, por la cual
recientemente el equipo de Delcy se trasladó a La
Haya, donde se encuentra la Corte Internacional de
Justicia.


Rodríguez dijo que, cualquiera que sea la decisión de
la Corte, Venezuela no la reconocerá, puesto que la
única brújula legítima sigue siendo el Acuerdo de
Ginebra, y la propuesta al pueblo de Guyana de
resolver la cuestión sin interferencias extranjeras,
orientadas a desestabilizar el continente.


Este lunes 18, Venezuela protestó ante el gobierno de Trinidad
y Tobago —uno de los principales responsables de
haber abierto el paso a la agresión de EE.UU.— y le
pidió responsabilizarse por las afectaciones
ambientales y económicas generadas por el derrame
de hidrocarburo procedente de la vecina isla caribeña.

Mientras tanto Trump, que desearía aplicar la misma
“medicina” a Cuba, parece intencionado a apretar
cada vez más la tuerca hasta hacer de la república
bolivariana un verdadero protectorado. El primer
objetivo es producir una fragmentación interna, que
algunos dirigentes radicales buscan evitar a gran voz.
Mantener el control político para evitar una carnicería
y la completa ocupación del país ha sido la principal
motivación aducida por la dirigencia bolivariana por
haber “elegido” no reaccionar con las armas al ataque
de la principal potencia nuclear del planeta. La
deportación de Saab y la gestión de esta compleja
negociació bajo chantaje están sin embargo
evidenciando líneas de fractura dentro del panorama
político venezolano, dividiendo las reacciones en tres
campos distintos.


Por un lado, la extrema derecha transnacional aplaude
lo que define como la implosión del chavismo.
Moviéndose como un comité de negocios colonial,
esta facción ha apoyado la intervención militar de
inicio de año y expresa su visión neoliberal a través de
las palabras de María Corina Machado quien, en su
reciente conferencia en la Universidad de Harvard,
afirmó que el crimen imperdonable del chavismo ha

sido gastar fondos públicos para multiplicar las
universidades gratuitas.
Obvio que, para la “sayona”, como la llama el pueblo
venezolano, es prioritario multiplicar el lucrativo
negocio de los institutos privados… Paralelamente,
franjas estudiantiles de extrema derecha, provenientes
de la Universidad Central de Venezuela (UCV)
intentan instrumentalizar un caso judicial para
imponer la agenda de Machado que apunta a la
ingobernabilidad del país.
Por el otro lado, las corrientes críticas de la izquierda
comunitaria y militante muestran profunda inquietud.
La posición expresada públicamente por Mario Silva,
diputado chavista y comentarista “marxista-leninista”
denuncia el ostracismo, la falta de transparencia y la
tendencia a delegar las decisiones estratégicas a un
restringido comité político, excluyendo el debate
popular en el PSUV y en el Gran Polo Patriótico.
La preocupación mayor concierne al precedente de
Saab: permitir a una potencia ocupante extraer a un
ciudadano del territorio nacional sin garantías
constitucionales crea un limbo jurídico que expone a
todo el cuadro dirigente a las operaciones de los
comandos de extracción de la CIA y del FBI que
operan bajo la cobertura de la embajada. Y es de estos

días el asesinato de un militante de los colectivos, que
había invitado a la resistencia, aparentemente matado
por un asaltante en Puerto la Cruz.
Finalmente, la línea oficial de la dirigencia defiende el
proceder institucional en nombre de la salvaguarda de
los intereses nacionales. Exponentes como Iris Varela
han pronunciado discursos encendidos contra quien
avanza dudas, amonestando que criticar las elecciones
de la dirección significa destruir la unidad del
chavismo, considerada la única verdadera fuerza
negociadora que queda en esta fase de mediación bajo
chantaje.


En esta perspectiva, personificada por la gestión
obtorto collo pragmática de Delcy Rodríguez, la
transición y las concesiones tácticas son vistas como
pasos obligados para preservar la continuidad del
Estado y gestionar las tratativas orientadas a traer de
vuelta a casa a Maduro y Cilia: cuyo juicio en los
EE.UU. está fijado para finales de junio, precedido
por el del propio Saab.


Al exdiplomático, que no podría ser juzgado por los
mismos delitos por los cuales fue indultado por Biden,
se le han emitido otras órdenes de captura. ¿Se le
empujará a deponer contra Maduro para arrastrar en el
fango a todo el gobierno bolivariano? ¿Y qué sucederá

entonces? Como quiera que se mire, el horizonte es de
tintes oscuros.
Pero gritar traición, alimentar la cacofonía de las redes
sociales, es un ejercicio estéril y dañino. Más útil,
aunque doloroso, es analizar la dura realidad,
partiendo del supuesto de que una derrota militar es
también política, también síntoma de una debilidad
interna cuyas raíces deben buscarse, además de en el
empobrecimiento material debido a las “sanciones”
criminales, también en el empobrecimiento
motivacional y en la fuerza ideal colectiva.
Primero el secuestro del presidente, con las
consiguientes sospechas de una traición interna, y
ahora la deportación de Saab hacen evidentes también
los límites de la doctrina defensiva adoptada por
Caracas en los últimos años. Como recuerda todavía
Herchoren, en el curso de sus misiones extranjeras,
Saab había entablado discusiones con los socios rusos
para la localización de la producción de drones en
Venezuela.


Sin embargo, el Estado, además de invertir más en los
planes sociales que en las armas, ha privilegiado
históricamente el gasto en armamentos
convencionales y tradicionales, dejando miles de

fusiles en los depósitos en vez de invertir en la
tecnología aérea asimétrica.


Al contrario de Irán, que ha sabido desarrollar una
sólida capacidad de disuasión basada en los drones
para proteger sus propias aguas territoriales y sus
propios vectores marítimos, y ha sabido mantener viva
la llama del sacrificio colectivo, Venezuela se ha
encontrado desprovista de adecuadas coberturas
electrónicas y defensivas frente al ataque naval y
aéreo estadounidense en el Mar Caribe anterior al 3 de
enero.


La renuncia al modelo de defensa ruso-iraní a favor de
un alineamiento forzado con los intereses financieros
de Washington marca la aceptación de los pesados
costos de una retirada estratégica, donde las
estructuras de base de la democracia participativa,
como la consulta popular y las comunas, y las de la
autodefensa, buscan resistir en el plano local, mientras
el alto comando económico del Estado se encuentra
vinculado a moverse dentro de los márgenes estrechos
impuestos por la potencia ocupante.

El espejo distorsionado, reflexiones sobre «Piel negra, máscaras blancas» de Frantz Fanon

 



Foto: Cortesía

Por: Freddy Gutiérrez.

 

Saludos compatriotas, luego de tomarme una pausa obligada, retorno con ustedes en este 2026. Hoy quiero volver sobre un tema recurrente en otras de mis publicaciones, el racismo, pero desde una arista diferente, la de la psiquiatría, para poder advertir el peso del descubrimiento de un trauma invisible. Me explico…

A menudo podemos pensar que la colonización es un evento puramente histórico, un asunto de fronteras modificadas, recursos saqueados y tratados firmados en habitaciones distantes. Sin embargo, cuando me adentré por primera vez en las páginas de Piel negra, máscaras blancas, la obra cumbre de Frantz Fanon (publicada en 1952), comprendí que el verdadero estrago del colonialismo no se limita a la geografía física. Existe una colonización mucho más sutil, persistente y devastadora: la de la mente.

Frantz Omar Fanon, también conocido como Ibrahim Frantz Fanon fue un revolucionario, psiquiatra, filósofo y escritor francés-caribeño, de origen martiniqués. Su obra fue de gran influencia en los movimientos y pensadores revolucionarios de los años 1960 y 1970.

Al leer a Fanon, no pude evitar sentir un vuelco en el estómago. El autor, un psiquiatra martiniqués que vivió en carne propia el racismo de la sociedad francesa, no escribe desde la frialdad de la academia tradicional. Escribe con la urgencia de quien diagnostica una herida abierta. Su tesis central resuena con una fuerza que desborda el tiempo: el hombre negro, atrapado en un sistema colonial, se ve obligado a vestirse con una «máscara blanca» para ser considerado humano. A lo largo de estas páginas, quiero desmenuzar cómo esta idea transformó mi manera de entender la identidad, el lenguaje (como primera prisión) y el trauma psicológico del racismo.

El viaje de Fanon comienza con algo tan cotidiano pero tan crucial como el habla. Yo recuerdo haber pensado que hablar un idioma es simplemente una herramienta de comunicación, pero, este autor, me brindó una nueva perspectiva. Adoptar una lengua significa asumir una cultura y, en el contexto colonial, el idioma del colonizador es el estándar de la civilización.

Es decir, cuando el colonizado aprende el francés -o el español, en nuestro contexto hispanoamericano-, no solo está aprendiendo vocabulario; está internalizando la idea de que su lengua nativa, su acento o su dialecto son sinónimos de salvajismo o inferioridad. El negro que habla bien el francés es visto como «más humano» por el blanco, pero al mismo tiempo es percibido con sospecha por sus iguales, como si estuviera traicionando su esencia. Y Fanon (1952/2009) lo sintetiza de una manera brillantemente dolorosa en el primer capítulo del libro: “Hablar un idioma es asumir un mundo, una cultura. El antillano que quiere ser blanco será tanto más blanco cuanto más haya hecho suyo el instrumento cultural que es el lenguaje” (p. 42).

Entonces, esta cita me hizo reflexionar sobre nuestras propias sociedades. ¿Cuántas veces nos hemos burlado de un acento indígena o rural? ¿O cuántas hemos asumido que alguien que habla con un español «perfecto» y académico es intrínsecamente más inteligente que alguien que no lo hace? Así, veo que la máscara blanca empieza en la lengua. Nos obligamos a modular la voz, a enterrar nuestros modismos, a sonar como el opresor para que se nos abran las puertas del reconocimiento. Pero el precio de esa entrada es la alienación de nuestro propio ser.

Por demás, uno de los conceptos que más me impactó del análisis psiquiátrico de Fanon es el de la «epidermización». Él explica que la inferioridad no es una realidad biológica; nadie nace sintiéndose menos que los demás por el color de su piel, es decir, la inferioridad es un producto social, una neurosis creada por el entorno colonial que se incrusta directamente debajo de la piel del individuo.

Al avanzar en la lectura, entendí que el drama del hombre negro es que está condenado a mirarse a través de los ojos del blanco. No tiene una mirada propia que lo valide. Si el blanco decide que lo negro es feo, pecaminoso, violento o exótico, el negro termina por creerlo y por odiar su propio reflejo. Se trata de un conflicto existencial insoportable: a decir de, querer ser blanco (porque el blanco representa el bien, la belleza y la razón) y de paso, saber que nunca se podrá serlo (debido a la inmutabilidad de la melanina). Aunque Michael Jackson logró resolver esto en vida, no es algo que pudiera replicarse en masa.

Prosiguiendo, ocurre que, Fanon describe este choque cultural y psicológico como una verdadera amputación del yo. El sujeto colonizado vive en una constante tensión interna, intentando borrar sus huellas, aclararse la piel (metafórica y a veces, físicamente) y renegar de sus ancestros para ser aceptado en un club que, por definición, siempre lo mantendrá en la sala de espera.

Y es que, este libro dedica capítulos sumamente polémicos pero lúcidos a las relaciones afectivas entre hombres negros y mujeres blancas, y viceversa, analizando cómo el amor y el deseo sexual también están contaminados por la ideología colonial. Cuando una mujer negra busca a un hombre blanco, o cuando un hombre negro busca a una mujer blanca, Fanon nos invita a mirar más allá del romance idílico, es decir que, en muchos casos, lo que se busca no es a la persona, sino la «salvación» que esa persona representa. Casarse con alguien blanco es una forma de «blanquear la raza», de asegurar que los hijos sufran menos, de comprar un boleto de salida de la zona del «no-ser».

Por lo tanto, lo vi como un análisis crudo que me obligó a cuestionar los estándares de belleza actuales. Las industrias cosméticas millonarias basadas en cremas blanqueadoras, el alisado del cabello rizado afro como sinónimo de «cabello formal o limpio», y la preferencia sistemática por rasgos eurocéntricos en los medios de comunicación nos demuestran que las máscaras afectivas de las que hablaba Fanon en 1952 siguen estando completamente vigentes. En otras palabras, el deseo ha sido colonizado.

Pude apreciar también, una suerte de trampa del reconocimiento y la deshumanización, ya que, hacia el final de mi lectura, me topé con la sección donde Fanon dialoga con la filosofía de Hegel y su famosa dialéctica del amo y el esclavo. Aquí, él introduce una diferencia fundamental: en el sistema colonial transatlántico, el amo blanco no quiere el reconocimiento del esclavo negro; solo quiere su trabajo, su sumisión y su silencio, pues, al blanco no le importa lo que el negro piense de él. Esto crea un vacío existencial absoluto para el colonizado, ya que, al no ser reconocido como un igual, el negro cae en lo que este autor denominó la «zona del no-ser», un limbo donde sus quejas son desvaríos, su dolor es invisible y su humanidad es cuestionada. Como bien señaló Fanon (1952/2009) en las conclusiones de su obra: “El negro no es. No más que el blanco. Todos estos hombres que se buscan, que se interrogan, que se descubren, quieren que se les reconozca su cualidad de hombres” (p. 189).

Esa frase me pareció un grito desgarrador por la dignidad. No se trata de invertir los roles de opresión; no se trata de que el negro se convierta en el nuevo amo; puesto que, el objetivo final de Fanon no es perpetuar el resentimiento, sino destruir las categorías mismas de «negro» y «blanco» que desde el racismo se inventó para dividirnos… así que, él termina haciendo un llamado a la desalienación universal.

Y es que, terminar de leer Piel negra, máscaras blancas no me dejó indiferente. Me dejó con la firme convicción de que la descolonización política fue solo el primer paso de un proceso que aún no ha terminado. Así, mientras sigamos midiendo el valor de un ser humano por su proximidad a los estándares estéticos, económicos y culturales de las antiguas potencias coloniales, seguiremos llevando las máscaras puestas.

Este autor me enseñó que la verdadera libertad no consiste en que nos den permiso para entrar en “el mundo del blanco”, sino en tener el poder y la autonomía de construir un mundo nuevo donde la piel sea solo piel, y no una sentencia de inferioridad o superioridad. Es un libro que duele, que incomoda, pero que resulta vital si realmente aspiramos a sanar las heridas psicológicas que la historia ha dejado en nuestras mentes.

Antes de irme, les cuento que conversaba sobre este tema con un abuelo de Chacao y me dijo: “mijo, pero si hay una bella canción que habla sobre racismo, de cantante Basilio de Panamá, que no deja indiferente a quién la escucha”. Pues, la busqué en YouTube y… terminé estremecido. Les invito a escucharla, pero, mientras tanto, les dejo la letra:

Cisne cuello negro, Cisne cuello blanco

No hay un lago negro y un lago blanco, y un lago blanco

Hay un lago inmenso lleno de fango, lleno de fango

No hay silencio negro, ni llanto blanco, ni llanto blanco

Hay solamente silencio y llanto, silencio y llanto

No hay un campo negro y campo blanco, y un campo blanco

Hay un campo inmenso para sembrarlo, para sembrarlo

No hay quejido negro, ni canto blanco, ni canto blanco

Hay solamente quejido y canto, quejido y canto, laralaaa

Cisne cuello negro

Cisne cuello blanco

Que se van hiriendo

Que se van besando

Alegría y llanto

No hay un cielo negro y un cielo blanco, y un cielo blanco

Hay un cielo inmenso para mirarlo, para mirarlo

No hay sendero negro, ni llano blanco, ni llano blanco

Hay solamente sendero y llano, sendero y llano

No hay un mundo negro y un mundo blanco y un mundo blanco

Hay un mundo inmenso que hay que cuidarlo, que hay que cuidarlo

No hay camino negro, ni paso blanco, ni paso blanco

Hay solamente camino y paso, camino y paso, larala

Cisne cuello negro, Cisne cuello blanco

Que se van queriendo

Que se van negando

Alegría y llanto

Cisne cuello negro, Cisne cuello blanco

Espero que podamos conseguir pronto el camino hacia una verdadera liberación de estos estigmas.

PD: Y según Darwin, recuerden que decía: “TODOS SOMOS MONOS”.

Escríbanme, siempre los leo. Un abrazo fraterno camaradas,

 

¡Hasta el próximo artículo!

 

 

Freddy J. Gutiérrez González

 

@freddygutierrezgonzalez

Entre la rabia, la ternura y Anne Dufourmantelle

 


Por Carolys Helena Pérez González @carolyshelena

«La ternura no es lo opuesto a la rabia, es su dirección». Comienzo con esta premisa porque en los tiempos que transcurre la humanidad, estos tiempos de algortitmos, microsegmentaciones y odios procurando petrificar el alma, la rabia no es sino el motor necesario que nos despierta frente a la injusticia. Pero esa rabia, si no encuentra un puerto en la ternura, corre el riesgo de convertirse en el mismo veneno que combate.

Por eso vengo hoy a escribir sobre la rabia como elemento motriz con cauce, la rabia como vínculo y como contraposición a la ternura que nos convoca abanderar, no vengo hablar de la ternura como una ternura de vitrina, ni de la emoción blanda que la autoayuda neoliberal nos vende para anestesiarnos. Hablo de la ternura radical que Anne Dufourmantelle rescató del olvido: esa douceur que es, ante todo, una práctica de lucidez.

Para quienes militamos desde el barro y la esperanza, la dulzura es un enigma político. No se trata de «buenos modales» ni de claudicar ante el opresor. Por el contrario, aparece cuando somos capaces de reconocer la vulnerabilidad de aquello que gobernamos o acompañamos. Allí donde el poder hegemónico busca endurecer las estructuras, clasificar a los seres humanos como «útiles» o «desechables» y volver transaccional cada vínculo, la ternura irrumpe para reabrir el espacio de lo humano. Es un acto de resistencia frente a la deshumanización.

Dufourmantelle nos enseñó que esta apuesta exige riesgo. En su Elogio del riesgo, nos advierte que no arriesgarse es, en esencia, no vivir. Políticamente, esto es una bofetada al miedo que intenta paralizar la organización popular. Cuidar al pueblo no es controlarlo desde el temor o el tutelaje paternalista; es aceptar la intemperie de la relación con el otro, con sus memorias y sus demandas. La ternura no niega el conflicto —el conflicto es el corazón de la política—, pero lo que sí hace es impedir que ese conflicto se transforme en humillación o desprecio.

Estamos ante una verdadera ética del vínculo. Hoy, cuando el sistema intenta maquillar la obediencia con consignas vacías de «paz» que solo buscan control, debemos reivindicar que la ternura verdadera no domestica al otro. Como bien señalaba Anne en sus diálogos sobre la hospitalidad con Derrida, la tarea es acoger al otro más allá de la utilidad o la frontera.

Llevado a nuestra lucha decolonizadora, esto rompe los paradigmas del dominio. Hablar con ternura no es hablar bajito; es renunciar al lenguaje que degrada al cuerpo, al barrio o al pueblo. Cuidar no es tutelar: es construir una institucionalidad donde la vulnerabilidad no sea castigo, sino el lugar desde donde nos reconocemos iguales. En definitiva, la ternura es radical porque se atreve a proteger la vida sin copiar las herramientas del amo. Es la rabia encauzada hacia la dignidad, es la fuerza de quien sabe que vencer, solo vale la pena, si no nos convertimos en aquello que vencimos.

Aquí estamos de pie, seguimos ¡palabra de mujer!

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