viernes, 13 de marzo de 2026

Columna de Juan Martorano 502 Rechazamos las exploraciones sísmicas que la República Cooperativa de Guyana realiza en territorio de la Guayana Esequiba

 

La razón de Estado en el siglo cuántico

 




Por: Soc. Kelly J. Pottella G.

El orden internacional contemporáneo ha transitado de la hegemonía unipolar a una configuración de "entropía sistémica", donde la estabilidad ya no depende del equilibrio diplomático, sino de la gestión en tiempo real de los flujos de energía y datos. En este contexto, Venezuela se reposiciona como el eje estratégico de la seguridad hemisférica. Esta transición no responde a alineamientos ideológicos, sino a una necesidad termodinámica del mercado global: la mutación del Estado hacia un modelo de soberanía contributiva, cuya viabilidad reside en su eficiencia como nodo de suministro ininterrumpido para las redes eléctricas de IA y los centros de refinación del sistema mundial.

La seguridad nacional en el siglo XXI se ha redefinido bajo el concepto de soberanía de red. En esta arquitectura, la legitimidad operativa se basa en la capacidad técnica para garantizar la continuidad hacia los centros de refinación occidentales y el soporte de la infraestructura de computación de alto rendimiento (HPC). La formalización de Venezuela como "puerto seguro" constituye un imperativo para la supervivencia industrial del hemisferio. El "nodo venezolano" actúa como factor de estabilización frente a la volatilidad de las rutas euroasiáticas, ofreciendo la densidad energética necesaria para satisfacer la creciente demanda de potencia de cálculo que caracteriza la actual competencia cuántica.

La antifragilidad del modelo venezolano se sustenta en una microfísica de la resiliencia social. Ante la disolución de los mecanismos tradicionales de mediación internacional, el tejido social —con la decisiva participación del segmento femenino en la gestión de la arquitectura vital— ha demostrado una capacidad de absorción de presiones externas que garantiza la continuidad de los procesos productivos. Esta cohesión interna proporciona al «nodo venezolano» la densidad estructural necesaria para actuar como amortiguador sistémico, asegurando que las contingencias geopolíticas no comprometan la integridad de los activos estratégicos bajo su jurisdicción.

Actualmente, la estabilidad institucional se gestiona mediante la Autonomía Técnica Supervisada. La implementación de instrumentos facultativos, como las Licencias Generales del Departamento del Tesoro, ha establecido un esquema de Fideicomiso de Gestión Obligatoria. Bajo este régimen de "Precompromiso Institucional", se despolitiza la comercialización de hidrocarburos y minerales críticos, transformándolos de armas ideológicas en insumos técnicos neutrales. La seguridad de Caracas se integra así a la superioridad tecnológica hemisférica, donde la eficiencia operativa —y no la retórica— se establece como el nuevo estándar para la defensa regional.

Desde enero de 2026, la política exterior venezolana se rige por la Doctrina de la Utilidad Sistémica. Este pragmatismo de alta precisión fundamenta la defensa de la soberanía territorial, incluyendo la jurisdicción sobre Guayana Esequiba, en el marco jurídico del Acuerdo de Ginebra de 1966. Este instrumento es el único capaz de brindar la certeza jurídica y la previsibilidad necesarias para la inversión intensiva de capital y la gestión de activos a largo plazo. En conclusión, la soberanía hoy es la Capacidad de Respuesta Operativa a las demandas de un mercado global. La estabilidad de Venezuela es la garantía de viabilidad para una Pax Tecnológica que reconoce su propio sustrato existencial en la eficiencia técnica del nodo venezolano.

Trinchera de ideas | Trump: tres firmes y consistentes derrotas... el mismo día

 El pasado 8 de marzo los pueblos del mundo le propinaron tres contundentes derrotas a Trump en un campo de batalla en el que él no cree: el de la democracia. En Irán, Colombia y Venezuela, en el Día Internacional de la Mujer, en situaciones distintas y de diferente manera, la antidemocracia y el fascismo recibieron duras derrotas que son expresión de la repulsa mundial a la práctica absolutista e imperial de Washington.

La elección del nuevo líder de Irán se enmarcó en los preceptos constitucionales de la democracia persa (por cierto, más antigua que la occidental), que establece que una asamblea de sabios constituida por 88 miembros conocidos como ayatolás, que son expertos en el conocimiento del islam, tiene la responsabilidad de elegir al líder. A su vez, los miembros de la asamblea de sabios son elegidos para un período de ocho años por el voto directo del pueblo. Sus misiones son supervisar las labores del líder supremo, destituirlo si está incapacitado para cumplir sus funciones y designar uno nuevo en caso de fallecimiento.

En este caso, tras el martirio de Alí Hoseiní Jameneí​ el pasado 28 de febrero, en contra de la opinión y las amenazas del presidente de Estados Unidos, que dijo que sería él quien elegiría al nuevo líder del país, la Constitución nacional se puso en funcionamiento y la asamblea de sabios —incluso en medio de la devastadora guerra impuesta por la potencia imperial bajo dominación sionista— cumplió su responsabilidad y designó a Mojtaba Jameneí como nuevo líder del país, dando continuidad a la revolución islámica establecida tras el derrocamiento de la represiva monarquía Pahlavi el 11 de febrero de 1979. De esta manera, el ejercicio del poder y el mando de las tropas en el marco de la guerra ha sido totalmente restablecido a partir de los preceptos constitucionales que imperan en el país.

Por su parte, en Colombia, a pesar de todas las irregularidades y presiones externas e internas, se realizaron el mismo día 8 de marzo las elecciones más pacíficas de la historia del país. En un clima de plena participación que se intentó violentar una y cien veces, el gobierno del presidente Gustavo Petro garantizó la ejecución de los comicios.

A pesar de que, a través de variados instrumentos, Estados Unidos y la oligarquía local se propusieron interferir en el proceso electoral, el pueblo colombiano mantuvo la confianza en la posibilidad de llevar el país hacia adelante sin aceptar presiones ni tutelajes. La sombra que cubre la democracia latinoamericana, a partir de la reivindicación del presidente estadounidense de que había sido él —como efectivamente fue— quien designó a los presidentes de Honduras, Ecuador y Chile, estaba en el ambiente de estos comicios. El ya bautizado "modelo Honduras", caracterizado por la designación por Washington del candidato ganador, acompañado de la erogación de grandes cantidades de dinero para la compra de votos, el financiamiento de medios de comunicación para crear matrices de opinión favorables a ese candidato y amenazas que van desde la invasión militar a las sanciones económicas y el corte del envío de remesas en caso de que el candidato de la Casa Blanca no gane, moldean el nuevo patrón de la denominada "democracia" en aquellos países que lo permiten. En el caso de Honduras, Trump incluso se permitió hacer una alianza con el narcotráfico, liberando al expresidente convicto y confeso Juan Orlando Hernández a cambio de que la fuerza delictiva organizada en partido político que lo llevó al poder apoyara al candidato de Trump.

A contracorriente de esa tendencia, que también se impuso en Ecuador, Costa Rica, Chile y Argentina a través de diferentes modalidades, el pueblo colombiano acudió a votar y lo hizo para transformar a la coalición popular y democrática Pacto Histórico en principal fuerza electoral del país. Aunque la lamentable existencia de grupos sectarios, excluyentes y dogmáticos en su interior y entre potenciales aliados conspiraron para impedir una victoria más contundente, hasta el momento la coalición ha obtenido veinticinco senadores y alrededor de cuarenta representantes, superando ampliamente las cifras anteriores de veinte y treinta, respectivamente. Incluso, es posible que este número aumente en la medida en que las autoridades electorales den respuesta a varias impugnaciones en curso y se terminen de contabilizar los votos en circunscripciones donde las diferencias entre uno y otro candidato son muy pequeñas.

En cualquier caso, el solo hecho de que los colombianos hayan acudido a votar sin estar amenazados por la violencia tradicional en la que la oligarquía (en todas sus manifestaciones: terrorismo, paramilitarismo, delincuencia organizada y narcotráfico) ha sumido al país, es ya una ganancia que se le debe adjudicar al gobierno del presidente Petro.

Es importante decir que el führer colombiano Álvaro Uribe Vélez fracasó en su intento de hacerse con una curul en el nuevo Congreso. Rumiando por su derrota, el también líder paramilitar y narcotraficante no podrá —por lo menos por los próximos cuatro años— seguir fraguando sus fechorías y tropelías desde el Congreso.

Finalmente, en Venezuela, en la continuidad del desarrollo de su democracia participativa, alrededor de 4.2 millones de ciudadanos intervinieron en la primera consulta popular nacional de 2026 para elegir entre más de 36 mil proyectos productivos para el desarrollo de sus comunidades y sectores. Esta cifra representa un 10% más que la anterior consulta del 23 de noviembre. Vale decir que, en algunos estados del país, la participación superó el 35% del padrón electoral de la entidad, consolidando así el ejercicio de la democracia directa en el territorio nacional.

En un evento que fue preparado de antemano en asambleas en las que los ciudadanos determinaron sus necesidades más inmediatas para atenderlas de manera eficiente al margen de la burocracia gubernamental y estatal, estos comicios fueron expresión de una voluntad democrática del pueblo que, en el caso de Venezuela, está legalmente impresa en la Constitución gracias al impulso que le dieron los presidentes Chávez y Maduro.

Ante el evidente decrecimiento de la participación popular en el mundo a través de elecciones bajo el modelo de democracia representativa, el pueblo venezolano, utilizando los instrumentos de democracia participativa y protagónica que le concede la Constitución, ha logrado que el Ejecutivo nacional haya incrementado en un 37% los recursos previstos para ser ejecutados directamente por el Poder Popular organizado durante el año 2026. Para ello se ha diseñado un mecanismo por el cual "un 53% estará destinado al Poder Popular, 29% a las gobernaciones, 15% a las alcaldías y 3% al fortalecimiento institucional", según lo informó la presidenta encargada Delcy Rodríguez.

Aprovechando estas posibilidades que concede la democracia representativa, aún limitada y constreñida por la intervención extranjera, el pueblo, a través de la democracia participativa, ha ido avanzando hasta contar con 170 bancos comunales y un total de 1.836 instituciones financieras comunales en la actualidad.

En este sentido, el gobierno informó que también se han elevado los niveles de eficiencia y rendición de cuentas alcanzados. Así, al liderar este proceso con un 96% de efectividad, el Poder Popular presionó a las instancias de la democracia representativa y a la burocracia para que hicieran lo propio, evidenciando que el pueblo organizado tiene las herramientas para administrar recursos públicos con transparencia en lo inmediato y para ser firme defensor de la Constitución nacional y de la soberanía que ella encarna, en caso de que se le convoque.

En este ámbito, Aura Buitrago, vocera de la Comuna Urquía, señaló en una entrevista que "el proceso representó un homenaje a la mujer luchadora y su rol clave en la gestión territorial, rechazando cualquier intento de intervención externa". La vocera comunal agregó que "la consulta no se trata solo de recibir recursos, sino de generar conciencia ciudadana para que las comunidades se involucren activamente en la solución de sus problemas".

Más allá de los proyectos aprobados en beneficio del pueblo, este acontecimiento sirve para profundizar la democracia directa necesaria a fin de avanzar hacia una superior organización popular. Esta organización se pondrá a prueba en el futuro cuando tengan que librarse combates decisivos en defensa de la soberanía del país, hoy amenazada por Trump y el gobierno nazifascista que preside. Solo un pueblo organizado y consciente será capaz de enfrentar este tipo de retos.

Al final del día, la "alianza Epstein" y el gobierno pedófilo y asesino de niños sufrieron tres firmes y consistentes derrotas.

 

Sergio Rodríguez Gelfenstein

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Desde afuera | La paz como método Venezuela: faro de conciencia ante la muerte


 Si bien el 1º de enero, los chavistas celebramos que seguíamos teniendo el mismo presidente, los gringos finalmente saciaron su fantasía hollywoodense la madrugada del 3 de enero. Sorpresivamente, la Revolución Bolivariana no desapareció. Nuestro Presidente Obrero, en yunta franca con su equipo, más bien ha manejado con virtud ajedrecista el momento más oscuro de nuestra historia, desde que Bolívar nos libertó en 1811.

Diplomacia de paz

Así, en el mes más intenso de nuestros casi 30 años como Revolución Bolivariana, nuestra liga de la Justicia ha desplegado su mejor carta bajo la manga: la paz.

Curiosamente, el concepto que maneja nuestro Gobierno Bolivariano sobre la paz va más allá de las consignas de las misses. Pudiéramos asegurar, que la República Bolivariana de Venezuela está a la vanguardia del planeta al proponer el ejercicio tangible de la paz como filosofía política, social y cultural.

De esta manera, no solo Venezuela ha sido hábil en evitar todo tipo de provocaciones, sino que a pesar de haber sido atacada de la manera más cobarde, nuestro alto gobierno ha mantenido la altura de los maestros para dictar cátedra sobre convivencia, diálogo y negociación.

Sin embargo, el método diplomático más revolucionario de la historia contemporánea del mundo no nació hace tres semanas. Desde la llegada de Chávez al juego político del planeta, pocas no han sido las provocaciones que han buscado sacarnos de quicio. Chávez pacientemente fue construyendo el proyecto de la Revolución Bolivariana a través de una estructuración jurídica eficaz y de mucha mano izquierda. Mano izquierda, no por zurdos, sino por pacifistas. Así, en casi treinta años no solo hemos podido buscar el diálogo con tirios y troyanos, sino que también hemos ido demostrando de qué estamos hechos en la cultura, el deporte, la ciencia, la educación y nuestras alianzas estratégicas. Sin necesidad de poseer ojivas nucleares, Venezuela se ha catapultado en todo el mundo como una esperanza de humanidad en un tiempo en el que los imperios y las trasnacionales apuestan por una regresión hacia el Medioevo y la colonización digital del algoritmo.

Desde afuera

Sobre la base del valor e importancia de Venezuela como potencia moral ante el mundo, surgió la idea de crear este espacio. La columna Desde afuera será una ventana para escuchar de qué manera nos ven y nos estamos relacionando con los pueblos del mundo.

Más que una columna para mis reflexiones personales, la intención de esta nueva serie busca tender puentes de conciliación con el mundo, desde la perspectiva de los protagonistas que dan la cara por hacer de nuestra única nave espacial un lugar mejor para las generaciones futuras.

En un tiempo en el que el terror pretende destruir de un plumazo miles de años de evolución humana, la paz es el llamado urgente para mantener con vida la conciencia.

Creemos que la paz es posible, incluso en medio de los escenarios más inciertos. En la columna Desde afuera, queremos escuchar las voces de todas y todos los hacedores de paz, y su vinculación con nuestro proyecto histórico. No solo buscaremos representantes oficiales, sino movimientos sociales, creadores, cultores, ciudadanos y entusiastas. No hay camino para la paz: la paz es el camino. Salvemos al mundo desde afuera.

María Eugenia Acero Colomine @mariacolomine


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