Juan Martorano
Este es el título de un material que nos hicieron llegar, pero que producto de su importancia, consideramos importante referirnos a él y hacer algunos comentarios y reflexiones al respecto.
Esto, modestamente a nuestro juicio, debe constituir como parte de las enseñanzas, de las acciones y los saldos organizativos que debe dejarnos lo ocurrido el pasado 3 de enero de 2026 en el marco de la incursión militar estadounidense a nuestro territorio que devino en el secuestro del Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y de su esposa, la diputada y Primera Combatienta, Cilia Flores.
Y es un poco un análisis comparativo de las vulneraciones de seguridad cometidas por el Ayatolá Seyed Alí Jamenei, líder supremo de la República Islámica de Irán, martirizado el pasado 28 de febrero, y del secuestro como ya hemos indicado, de la pareja presidencial en el caso de la República Bolivariana de Venezuela.
La Premisa que todo lo explica.
Dos eventos. Dos continentes. Dos objetivos de alto valor. Un mismo patrón de colapso. El asesinato del Líder Supremo de Irán, el Ayatolá Ali Jamenei, el 28 de febrero de 2026 en Teherán, y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro el 3 de enero del mismo año en Caracas, no son hechos aislados ni coincidencias de la historia. Son los dos extremos de una misma doctrina: la de la inteligencia aplicada con paciencia, tecnología y penetración humana para decapitar estructuras de poder consideradas adversarios por los Estados Unidos. Estudiar el caso iraní con rigurosidad no es un ejercicio académico, es una obligación operacional para todos aquellos que tienen la responsabilidad de proteger a un objetivo de alto valor en un entorno de amenaza sostenida. Lo que mató a Jamenei y lo que permitió el secuestro de Maduro no fue, en esencia, la superioridad militar del enemigo. Fue la previsibilidad. Fue la rutina. Fue la confianza. Fue la brecha.
El Modelo Israelí: Una Fábrica de Blancos Construida en Décadas.
Para comprender el nivel de penetración que hizo posible la Operación León Rugiente en Irán, debemos resaltar que no fue un acto improvisado. El rotativo Financial Times destaca que este éxito táctico es el resultado de una directiva que data de 2001, cuando el entonces Primer Ministro israelí Ariel Sharon ordenó al jefe del Mossad hacer de Irán su prioridad absoluta. Desde entonces, la estrategia pasó de sabotear el programa nuclear a una campaña de "apetito" por objetivos de alto nivel, rompiendo tabúes operativos históricos sobre el asesinato de jefes de Estado.
Veinticinco años de paciencia estratégica. Ese es el horizonte temporal en el que hay que entender lo que ocurrió en la calle Pasteur de Teherán. No fue una operación, fue la cosecha de un proyecto generacional.
La Infraestructura Civil Como Arma de Inteligencia. .
El primer gran fallo iraní no ocurrió el día del ataque. Ocurrió años antes, cuando permitió que su infraestructura urbana fuese silenciosamente convertida en el mayor sistema de vigilancia del adversario.
Casi todas las cámaras de tránsito de la capital persa habían sido pirateadas durante años, sus imágenes encriptadas y transmitidas a servidores en Tel Aviv, Israel, según dos fuentes que declararon al Financial Times. Una cámara tenía un ángulo que resultó especialmente útil, permitiéndoles determinar dónde les gustaba estacionar sus autos personales a cada uno de los funcionarios iraníes.
Esto es de una gravedad conceptual extraordinaria. El enemigo no necesitó infiltrar el Palacio Presidencial. No necesitó agentes en los pasillos del poder. Le bastó con hackear el sistema de cámaras de tráfico municipal de Teherán, esa infraestructura que nadie vigila porque nadie la considera un activo sensible, para construir durante años el mapa completo de la vida cotidiana del círculo de seguridad del objetivo de mayor valor del Gobierno Iraní.
La investigación agregó detalles a los expedientes de los miembros de estos guardias de seguridad, que incluían sus direcciones, horas de trabajo, rutas que tomaban para ir a trabajar y, lo más importante, a quiénes se les asignaba proteger y transportar, creando lo que los oficiales de inteligencia llaman un "patrón de vida".
El "patrón de vida". Esa es la herramienta más letal que existe contra un objetivo de alto valor, más letal que cualquier misil. Porque un misil necesita saber a dónde apuntar. El patrón de vida es el que le dice exactamente dónde y cuándo hacerlo.
La pregunta que debe formularse todo funcionario responsable de proteger a un líder de Estado es inmediata: ¿Qué sabe el adversario sobre los patrones de vida de nuestra estructura de protección? ¿Cuántas cámaras, cuántos sistemas de comunicación, cuántos dispositivos conectados en el entorno del objetivo han sido comprometidos sin que lo sepamos?
En el caso de Nicolás Maduro pasó algo más o menos parecido. No solo fue el hackeo de cámaras de seguridad y elementos tecnológicos. De ahí nuestra insistencia casi obsesiva de la no utilización de gmail, Hotmail, whatsapp, y varias plataformas controladas por el imperialismo. Sino además el despliegue de agentes de inteligencia en el terreno y cerca de la residencia donde se encontraba Maduro durante meses. Ya es una práctica de servicios de inteligencia de potencias enemigas. Pero sobre este punto seguramente volveremos en próximas ediciones de nuestra columna.
La Inteligencia Artificial Como Multiplicador de Capacidades.
El segundo componente que marcó la diferencia no fue humano ni tecnológico en el sentido clásico. Fue la escala. Israel utilizó herramientas de inteligencia artificial y algoritmos para clasificar las enormes cantidades de información recopilada sobre el liderazgo iraní y sus movimientos. Israel utilizó un método de análisis de redes sociales para analizar miles de millones de puntos de datos con el fin de descubrir centros de toma de decisiones relevantes e identificar nuevos objetivos para vigilar y eliminar.
Estamos ante la consolidación definitiva de un paradigma: la inteligencia dirigida por algoritmos, capaz de procesar volúmenes de información imposibles para el análisis humano y convertirlos en blancos accionables en tiempo real. Mientras la contrainteligencia iraní buscaba espías humanos con metodologías del siglo XX, el Mossad lo estaba viendo todo desde servidores en Tel Aviv, automatizando la vigilancia de docenas de objetivos simultáneos en el corazón de Teherán.
Mucho antes de que cayeran las bombas, "conocíamos Teherán como conocemos Jerusalén", dijo un funcionario de inteligencia israelí al Financial Times. Esa frase no es arrogancia. Es la descripción precisa de lo que ocurre cuando una potencia de inteligencia lleva décadas construyendo conocimiento sobre el teatro de operaciones del adversario.
La Neutralización Electrónica del Círculo Protector.
El tercer vector crítico fue la anulación de las comunicaciones del equipo de seguridad en el momento preciso del ataque. Israel también fue capaz de interrumpir componentes individuales de aproximadamente una docena de torres de telefonía móvil cerca de la calle Pasteur, simulando que los teléfonos celulares parecieran estar ocupados cuando se llamaba e impidiendo que el equipo de protección de Jamenei recibiera posibles advertencias.
No se bloquearon las comunicaciones para impedir que pidieran refuerzos. Se bloquearon para impedir que recibieran advertencias previas al ataque. El objetivo no era aislarlos en el combate, era garantizar que el combate nunca llegara a producirse porque el objetivo estaría expuesto antes de que nadie pudiera reaccionar. La lección táctica es contundente: las comunicaciones del equipo de protección de un objetivo de alto valor deben operar sobre sistemas redundantes, cifrados y no dependientes de la infraestructura civil de telecomunicaciones.
La Fuente Humana: La Confirmación Que Todo lo Detonó.
Toda la arquitectura tecnológica, por sofisticada que fuera, necesitaba un elemento que la corroborara: la confirmación en tiempo real de la ubicación exacta del objetivo.
Si bien el despliegue tecnológico de la Unidad 8200 fue masivo, la operación contó con un elemento decisivo aportado por Estados Unidos. The Financial Times reveló que, mientras Israel utilizaba señales interceptadas y redes móviles penetradas, la CIA contaba con una "fuente humana" concreta que confirmó que Jamenei se reuniría con la cúpula de seguridad el sábado por la mañana en sus oficinas cerca de la calle Pasteur.
Esta confirmación fue la que permitió ajustar el momento del ataque. Los aviones israelíes ya estaban en el aire, esperando. Lo único que faltaba era la confirmación del activo humano. El Mossad puso la logística y la mayor parte de la información de inteligencia y la CIA la confirmación final del lugar y la hora a la que iba a llegar el ayatolá a través de un agente doble iraní.
La combinación es perfecta en su brutalidad: inteligencia técnica masiva para construir el contexto, inteligencia humana para confirmar el momento. No es nueva. Es la doctrina que los servicios angloamericanos e israelíes han perfeccionado durante décadas. Y es la misma combinación que operó en Caracas el 3 de enero.
En el caso de Venezuela, debemos destacar la información recientemente revelada en un artículo de investigación de The Wall Street Journal donde se revela la compleja y a menudo contradictoria relación entre los intereses energéticos de Estados Unidos, su aparato de inteligencia y la política interna del país. De ahí el doble rol, ya que algunos nos preguntaban el nombre de traidores a Maduro en este proceso, de Alí Moshiri, quien durante años fue el CEO de la Chevron para América Latina y África y no solo como un hombre de negocios influyente sino como un informante clave de la CIA. Moshiri utilizaba su acceso privilegiado a los niveles más altos del gobierno en Caracas (incluyendo reuniones directas con Hugo Chávez y luego con Nicolás Maduro) para proporcionar inteligencia estratégica a Washington. De más está decir que Moshiri, además de estadounidense e imperialista, tiene profundos vínculos con el sionismo. Seguramente de esto nos referiremos en próximas ediciones de nuestra columna.
El Error Fatal de Jamenei y Maduro: La Complacencia del Poder
Más revelador aún que la capacidad del atacante es la conducta del objetivo. Porque Jamenei sabía. No era ignorante de la amenaza. El ahora fallecido líder supremo, a diferencia de su aliado líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, no vivía escondido. Nasrallah había pasado años de su vida en búnkeres subterráneos, eludiendo varios intentos de asesinato israelíes hasta septiembre de 2024. Nasrallah entendía que la rutina mata. Jamenei subestimó esa lección.
Jamenei había hablado en público sobre la posibilidad de ser asesinado, desestimando su propia vida como algo intrascendente para el destino de la república islámica. De hecho, algunos expertos en Irán dijeron que esperaba ser martirizado. Pero durante la guerra, sí tomó algunas precauciones. "Era inusual que no estuviera en su búnker —tenía dos— y si lo hubiera estado, Israel no habría podido alcanzarlo con las bombas que tiene." Esa última frase lo dice todo. Tenía los medios para sobrevivir. Los búnkeres existían. Los protocolos existían. Pero en el momento decisivo, no los utilizó. La reunión convocada en sus oficinas de la calle Pasteur, junto a los principales jefes militares de Irán constituyó una concentración de poder político-militar sin precedentes en un único punto físico y en un momento de máxima amenaza. Fue, operacionalmente, el error más grave que podía cometer.
La operación demostró que los líderes iraníes no tomaron las precauciones adecuadas para evitar exponerse en un momento en que tanto Israel como Estados Unidos enviaban señales claras de que se preparaban para el ataque.
Esta es la misma dinámica que se observó en el entorno de Maduro: el exceso de confianza, la rutina enquistada, la seguridad estática. El enemigo no necesita superar al objetivo en el momento del golpe si ya ha ganado la batalla de la información en los meses previos. Para cuando el atacante actúa, el resultado ya estaba escrito.
En el caso del Presidente Maduro fue parecido. Exceso de confianza, el manejo de las rutas por parte de sus potenciales secuestradores. Tanto por esta vía como por intervenciones públicas que realizamos, mencionábamos el proceso durante años de la vulneración en la seguridad presidencial de Nicolás Maduro y Cilia, que tuvo su "éxito" si así lo podemos catalogar, en el secuestro del sábado 3 de enero de 2026 en horas de la madrugada en el marco de la Operación "Resolución Absoluta".
El Espejo Directo: Lecciones Transversales Para Cualquier Objetivo de Alto Valor
El análisis comparado entre el caso iraní y el venezolano arroja un conjunto de patrones de fallo que no son circunstanciales. Son sistémicos. Son los mismos porque la doctrina del atacante es la misma.
Sobre el entorno urbano como vector de inteligencia. Irán perdió a su líder supremo, en parte, porque sus cámaras de tráfico llevaban años transmitiendo a Tel Aviv. Esta no es una vulnerabilidad exclusiva de Teherán. Cualquier entorno urbano con infraestructura conectada es potencialmente un sistema de vigilancia en manos del adversario si los protocolos de ciberseguridad son insuficientes. La seguridad perimetral clásica, muros, guardias, vehículos blindados, es obsoleta si el entorno digital circundante está comprometido.
Sobre la predictibilidad como sentencia de muerte. La inteligencia israelí descubrió el "patrón de vida" de Jamenei y su personal de seguridad, incluyendo rutas de viaje, horarios de actividad y la identidad de las figuras de alto rango que solían acompañarlo. El patrón de vida es el arma más letal contra un objetivo que se cree protegido. La movilidad permanente, la variación constante de rutas, horarios y lugares no son incomodidades de protocolo. Son la diferencia entre vivir y morir.
Sobre la concentración de mando como objetivo. La reunión en la calle Pasteur congregó al Líder Supremo, al comandante del CGRI, al ministro de Defensa, al jefe del Consejo Militar y al comandante de la Fuerza Aeroespacial en un mismo lugar y momento. Cuando la CIA e Israel determinaron que Jamenei se reuniría el sábado por la mañana en sus oficinas junto a parte de los principales líderes islámicos, la oportunidad fue especialmente oportuna. La concentración de la cadena de mando en un único punto físico es una vulnerabilidad crítica en cualquier escenario de alta tensión. Es el sueño del atacante.
Sobre la guerra electrónica como primer acto. En palabras de un funcionario de inteligencia israelí, el éxito operativo radicó en "quitarles los ojos primero", refiriéndose a la neutralización de las capacidades de vigilancia y defensa de Irán antes de lanzar los ataques principales. En Caracas el esquema fue idéntico: primero el "cortocircuito", luego el asalto. Ninguna fuerza de defensa puede responder coherentemente si sus sistemas de mando, control y comunicaciones han sido degradados antes del primer disparo. Los medios de comunicación alternativos, cifrados e independientes de la infraestructura civil no son un lujo operacional. Son la condición mínima de supervivencia del sistema de defensa.
Sobre la fuente humana como factor decisivo. En ambos casos, el componente tecnológico, por masivo que fuera, no fue suficiente sin la confirmación de una fuente humana en el círculo más íntimo del objetivo. The Financial Times reveló que la CIA contaba con una fuente humana concreta que confirmó que Jamenei se reuniría con la cúpula de seguridad. La penetración humana al más alto nivel es el fallo de contrainteligencia más grave y el más difícil de detectar. Pero no es indetectable. Los patrones de comportamiento de quienes tienen acceso al objetivo, sus contactos, sus finanzas, sus comunicaciones, deben ser objeto de monitoreo permanente y sistemático.
La "Derrota" Siempre Viene de Adentro
El Financial Times citó a un oficial israelí que describió su conocimiento de Teherán como el de alguien que conoce "la calle donde creció". Esa frase encierra la lección más importante de este análisis comparado: cuando el adversario sabe más sobre tu entorno de seguridad que tus propios sistemas de protección, la operación ofensiva no es un riesgo para él. Es, simplemente, una formalidad.
Ni Jamenei ni Maduro fueron asesinados uno y secuestrado el otro en el momento del golpe. Lo habían sido meses antes, en los despachos de la CIA, el Mossad, la NSA y el CyberCom, cuando alguien con acceso comprometió la información, cuando alguna cámara transmitió la imagen equivocada al servidor equivocado, cuando algún patrón de comportamiento fue demasiado predecible durante demasiado tiempo.
La "Operación León Rugiente" y la "Operación Resolución Absoluta" son, en su esencia, el mismo caso de estudio. Dos objetivos de alto valor. Dos sistemas de protección con fallos sistémicos. Dos resultados que no admiten ambigüedad.
La única respuesta estratégica válida ante esta doctrina adversaria es convertir la movilidad en norma, la compartimentación en hábito, y la contrainteligencia permanente en la primera y última línea de defensa. No como protocolo escrito. Como cultura operacional vivida.
Porque en este tipo de operaciones, el adversario solo necesita tener razón una vez. El defensor necesita tener razón siempre. Se puede defender. Claro que sí. Pero solo si se aprende antes de que llegue el momento de pagar el precio de no haberlo hecho.
Nos disculpan lo extenso, pero consideramos que era muy importante referirnos a este tema. Tuvimos días procesando estas informaciones y reflexionando sobre ellas, y ahora las compartimos con todas y todos ustedes.
¡Bolívar y Chávez Viven y sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
¡Leales siempre: Traidores Nunca!
Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tutiteras Socialistas. Www.juanmartorano.blogspot.com , www.juanmartorano.wordpress.com , jmartoranoster@gmail.com, j_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano.
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