jueves, 30 de abril de 2026
Programa Especial | Resumen de la Gran Peregrinación Nacional
CARTA AL PSUV Y PRONUNCIAMENTO SOBRE LA SITUACION EN VENEZUELA 29 04 2026
¿Venezuela se endeuda con el FMI?
Columna de Juan Martorano 531 Escenarios del caso Maduro-Flores a la luz de la licencia de la OFAC que permite el pago de su defensa con fondos del Estado venezolano
Juan Martorano
Por la cantidad de temas que tenemos en agenda, es por ello que prácticamente estamos diariamente escribiendo nuestra columna. Y respecto a este tema en específico, lo teníamos durante varios días pendiente, y ha llegado la hora de comentarlo por la importancia estratégica del mismo.
Nuevamente apelamos al aporte inconmensurable de la socióloga y magister Kelly Pottella, quien con una disciplina, rigor científico ha dado en el clavo en sus más recientes opiniones sobre este caso de “alto perfil” como lo definió Alvin K. Hellerstein.
Aprovechamos para recomendar la lectura de su más reciente artículo: “El amparo legal de Maduro y el Laberinto del Príncipe en Decadencia”, el cual puede leerse en su blog: https://kellypottella.
En dicho escrito, Kelly sostiene que acertadamente que la detención de un Jefe de Estado en ejercicio no constituye un acto jurídico aislado, sino un síntoma del agotamiento de la hegemonía procesal de Occidente. El análisis de los eventos actuales revela una trama donde la legalidad doméstica intenta, sin éxito, contener la fuerza gravitacional de la soberanía. El 3 de enero de 2026 marcará en los anales de la historia el inicio de una paradoja jurídica sin precedentes: el procesamiento del presidente Nicolás Maduro Moros y de Cilia Flores de Maduro ante el Distrito Sur de Nueva York bajo el expediente de la acusación sustitutiva (Superseding Indictment) S4 11 Cr. 205 (AKH). Este evento trasciende lo penal para convertirse en una autopsia del orden internacional, donde al intentar someter a un mandatario en funciones a la jurisdicción de un tribunal local, el príncipe en decadencia ha quedado atrapado en un laberinto de sus propias contradicciones geopolíticas, intentando aplicar leyes nacionales a sujetos protegidos por el Derecho de Gentes (Jus Gentium).
Con una claridad poética, aunque no por ello menos acertada, la analista nos ilustra señalando que la arquitectura de este caso descansa sobre una esquizofrenia institucional. Sin embargo, el hito del 24 de abril de 2026 representa el colapso de este artificio, pues mediante la moción por carta (Letter Motion) identificada como el Documento 306, el Fiscal de los Estados Unidos (United States Attorney), Jay Clayton, junto a los fiscales asistentes (Assistant United States Attorneys) Kaylan E. Lasky, Henry L. Ross, Kevin T. Sullivan y Kyle A. Wirshba, ha debido admitir la cualidad estatal de los procesados. Al autorizar que el Gobierno de Venezuela sufrague la defensa legal con fondos disponibles tras el 5 de marzo de 2026 bajo licencias enmendadas (Amended Licenses) de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (Office of Foreign Assets Control), el sistema estadounidense ha otorgado un reconocimiento fáctico de legitimidad que anula la narrativa de la usurpación y choca frontalmente con la Orden Ejecutiva (Executive Order) 14373. Resulta ontológicamente imposible sostener una condena por empresa criminal (Criminal Enterprise) cuando el propio Estado acusador admite explícitamente la legitimidad financiera del ente soberano que sufraga la defensa.
Y es ahí, que en el ejercicio de la rigurosidad científica, la socióloga haciendo prospectiva nos plantea tres escenarios, que por su importancia estratégica reproducimos en la presente edición de esta columna:
El primero es el Escenario de la Impasibilidad Procesal por Seguridad Nacional. Bajo la Ley de Procedimientos de Información Clasificada (Classified Information Procedures Act), la fiscalía se negará a revelar pruebas críticas en la etapa de descubrimiento de evidencias (Discovery) para no comprometer activos de inteligencia. Al invocar la defensa su derecho constitucional bajo la Sexta Enmienda (Sixth Amendment) de la Constitución de los Estados Unidos, el Juez Alvin K. Hellerstein se verá compelido a declarar un juicio nulo (Mistrial) o el sobreseimiento de la causa (Dismissal). Este escenario permite al Poder Ejecutivo retirar los cargos sin admitir una derrota política, argumentando que los intereses de la justicia y la seguridad nacional impiden proceder.
Este señalamiento de Kelly ya había sido advertido por el periodista Max Blumenthal en intervenciones de meses anteriores y por nosotros en ediciones anteriores de nuestra columna. Por lo tanto coincidimos en esta apreciación.
El segundo es el Escenario de la Transacción Soberana. El reconocimiento de los fondos estatales activa la Ley de Inmunidades Soberanas Extranjeras (Foreign Sovereign Immunities Act). En este tablero, el proceso se detiene mediante una resolución extrajudicial donde Estados Unidos intercambia la libertad de los procesados por garantías de estabilidad energética. Aquí, el juicio funciona únicamente como una herramienta de presión donde la condena nunca fue el objetivo, sino el activo de cambio protegido por la Doctrina del Acto de Estado (Act of State Doctrine).
El tercero es el Escenario del Reconocimiento de Guerra y Repatriación. Al haber sido capturados en una operación militar, los procesados invocan el Tercer Convenio de Ginebra de 1949. Si el tribunal acepta su estatus de Prisioneros de Guerra (Prisoners of War), la justicia penal ordinaria pierde competencia. La única salida legal sería la repatriación al finalizar las hostilidades diplomáticas, lo que reafirmaría la Doctrina Drago y el principio de no intervención, obligando al Príncipe en Decadencia a reconocer que la ley local debe claudicar ante el equilibrio del Derecho de Gentes. En última instancia, la inviabilidad de la condena es el resultado de un sistema que, al intentar devorar al adversario, ha expuesto sus propias costuras jurídicas y estratégicas.
Y un detalle muy importante que no podemos soslayar es lo que Kelly hizo al final de su esclarecedor artículo. Aplicando la ética del investigador y la investigadora, y ojo, eso no quiere decir que otros y otras no lo hagamos, al final colocó las fuentes consultadas, lo que realza aun más su sistematización, de manera que su invaluable aporte pueda ser complementado y ampliado por otros investigadores y otras investigadoras o analistas.
He aquí parte de las referencias consultadas por la autora:
· Comité Internacional de la Cruz Roja. (1949, 12 de agosto). Convenio (III) de Ginebra relativo al trato debido a los prisioneros de guerra. https://n9.cl/4j0oz
· Constitución de los Estados Unidos de América, Sexta Enmienda. Administración Nacional de Archivos y Registros. https://n9.cl/
· Departamento de Justicia de los Estados Unidos. (2026, 24 de abril). Moción por carta referente a las licencias enmendadas de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) para Maduro Moros y Flores de Maduro [Documento 306, Caso 1:11-cr-00205-AKH]. Corte de Distrito para el Distrito Sur de Nueva York. https://n9.cl/19hm0h
· Escuela de Derecho de la Universidad de Cornell. (1976). Ley de Inmunidades Soberanas Extranjeras (FSIA), 28 U.S.C. § 1602. Instituto de Información Legal. https://n9.cl/m5ibm
· WSVN 7News Miami. (2026, 25 de abril). EE. UU. acepta que el gobierno venezolano pague los honorarios legales de Maduro. Associated Press. https://n9.cl/vpdt8
· Universidad de Yale. (1907). Convención (IV) relativa a las leyes y costumbres de la guerra terrestre (Doctrina Drago). Proyecto Avalon. https://n9.cl/h5h5g
Vaya desde acá nuestras felicitaciones.
También felicitamos un muy buen artículo que leímos de la doctora y hermana Carolina Escarrá Gi, titulado “Peregrinación”, el cual al igual que el de Kelly, publicamos en nuestros blogs. Y será comentado en próximas ediciones de nuestra columna no solo por las opiniones de Carolina, sino además porque también aporta elementos y datos que permiten sustentar la defensa de nuestro proceso revolucionario en estos momentos particulares de complejidad e incertidumbre.
¡Bolívar y Chávez Viven. Sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
¡Leales siempre: Traidores Nunca!
Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tutiteras Socialistas. Www.juanmartorano.blogspot.com , www.juanmartorano.wordpress.com , jmartoranoster@gmail.com, j_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano.
jmartoranoster@gmail.com @juanmartoranoLa teoría del espejo y la arquitectura de la supervivencia
Por: Kelly Pottella
La arquitectura del Estado contemporáneo está experimentando una fractura epistémica que redefine los límites de la soberanía clásica, exigiendo una profunda disección del síncope histórico que encarna la República Bolivariana de Venezuela en este momento. En este escenario, la ontología del Estado-nación venezolano está sufriendo una transmutación irreversible hacia la configuración de un Estado Interfaz, una entidad cuya funcionalidad ya no reside en el aislamiento autárquico, sino en la gestión técnica de flujos dentro de un ecosistema global de alta entropía donde la gobernanza se convierte en un ejercicio de arbitraje de la existencia misma. A nivel sistémico, el centro hegemónico representado por Estados Unidos atraviesa una crisis interna de gobernanza, marcada por la inestabilidad en el alto mando del Pentágono tras la reciente destitución del Secretario de Marina y una fragmentación legislativa que roza la parálisis institucional. Esto obliga a Washington a mirar hacia la periferia sur, no por vocación diplomática, sino por una necesidad de supervivencia ante su propio riesgo energético. Venezuela deja de ser un actor marginal en la narrativa de las sanciones para convertirse en el activo de cobertura necesario para la estabilidad del mercado energético mundial, lo que explica la paradoja de una potencia como Estados Unidos, históricamente arraigada en el Destino Manifiesto, que negocia licencias de la OFAC y protocolos del Departamento de Seguridad Nacional con la historia de la insurgencia venezolana que Washington ha tratado sistemáticamente de aniquilar.
A nivel nacional, la realidad tangible de Caracas revela que la disputa sobre la legitimación de activos internacionales, incluidos los 5.100 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro ante el Fondo Monetario Internacional, no es una concesión de justicia al pueblo venezolano, sino la activación de un campo de batalla de Gobernanza por Deuda que el gobierno de Venezuela impulsa desde la necesidad de rehabilitar infraestructura vital en un contexto de inflación estructural y desequilibrios en la seguridad social. Se manifiesta aquí una dialéctica de agudas contradicciones donde la Reforma de las Leyes de Hidrocarburos y Minas, dictada por el Estado venezolano bajo el amparo de la Ley Antibloqueo, establece concesiones a largo plazo que garantizan el flujo de efectivo pero tensan el cronograma histórico de una transición energética soberana. Para los lectores globales, debe quedar claro que esto implica la instrumentalización de los recursos del opresor estadounidense como el reactivo sistémico necesario para financiar el umbral del "Buen Vivir" dentro del territorio venezolano, asumiendo el riesgo de alimentar la maquinaria del capital transnacional con la plena conciencia de quien conoce las fisuras del centro de poder en Washington. La institucionalización de mecanismos para la clasificación y modernización de activos estratégicos en Venezuela personifica la tensión entre la optimización técnica que exige el algoritmo global y la preservación de un patrimonio que es, simultáneamente, la base material de la soberanía venezolana y una moneda de cambio en la geopolítica de las necesidades energéticas mundiales.
De cara al futuro, el reto para Venezuela reside en trascender la búsqueda de rentas para alcanzar una soberanía ontológica que proteja el equilibrio ambiental y la integridad territorial frente a la codicia extractiva de las corporaciones extranjeras. La verdadera profundidad intelectual exige comprender que el éxito de este arbitraje soberano no se medirá únicamente por la balanza de pagos nacional, sino por la capacidad de Venezuela de desconectarse del «algoritmo de exterminio» del capital global para reconectarse con el pulso orgánico de la Madre Tierra. La paz que Venezuela propone al mundo desde sus costas no es la pax romana de intrusión y violencia armada que Estados Unidos ha exportado históricamente, sino una paz convivencial de equilibrio sistémico que reconoce las contradicciones de su propia transición. La decisión de Caracas de operar dentro de una interdependencia forzada con el sistema financiero dominante nace de la convicción de que la técnica económica debe, en última instancia, subordinarse a la libertad absoluta, asegurando que los datos sirvan a la nación venezolana en lugar de que la nación sirva a los datos, mientras que el destino se escribe con la pluma de la realpolitik y la tinta de una insurgencia que conoce, a través de la historia y la praxis, el funcionamiento interno del monstruo hegemónico.
Trinchera de ideas | El Congreso Anfictiónico de Panamá
Contexto y repercusiones internacionales
Estoy en Coro, capital del estado Falcón, al occidente de Venezuela, donde fui invitado a participar en el Encuentro "Vigencia de la diplomacia bolivariana. A 200 años del Congreso Anfictiónico de Panamá”. Con esta actividad se da continuidad a los eventos en conmemoración del bicentenario de esa magna cita continental.
Organizado por el Centro de Estudios Simón Bolívar, la Red de Historia y Patrimonio del estado Falcón, el Centro de Estudios Latinoamericanos y Caribeños Rómulo Gallegos (Celarg), además de otras instituciones y auspiciado por la Alcaldía de Coro y la Gobernación de Falcón, la cita se realizó en la Sala Chema Saher de la alcaldía. Me correspondió hacer una de las dos ponencias centrales que titulé “El Congreso Anfictiónico de Panamá. Magna obra del Libertador Simón Bolívar. Contexto y repercusiones internacionales”.
Viajar al interior del país y escapar de la capital reconforta plenamente y en todos los sentidos. Aunque es en Caracas donde se toman todas las decisiones, su ambiente sofocante hace sentir que mucho de lo que se dice y se hace es artificial y precalculado. En el interior del país se siente una energía distinta; hay una manifestación de plenitud que se percibe desde la llegada al aeropuerto y en todos los espacios recorridos. Si el espíritu de camaradería y fraternidad constituye una de las características de la venezolanidad, los falconianos se llevan las palmas por una calidez y hospitalidad que rebasa con creces la media nacional.
Mi ponencia versó sobre las urgencias del Libertador Simón Bolívar para que se concretara la realización del Congreso en Panamá, a pesar de las dudas e incertidumbre que permeaban a las élites que gobernaban las nuevas repúblicas americanas antes españolas, tras el fin de la guerra de independencia.
Bolívar sabía lo que se jugaría en Panamá y, estando imbuido del carácter trascendental de las decisiones que se tomarían allí, hizo obstinados esfuerzos para convencer al vicepresidente Santander de la dimensión extraordinaria que tenía este proyecto. Alejado de la sede del gobierno, el Libertador se daba cuenta con absoluta impotencia de que era Santander desde Bogotá quien podría mover los hilos de la convocatoria, preparación y desarrollo del magno encuentro. De ahí que comenzara a pensar que debía tomar una decisión inmediata que cambiara el cuadro de ambigüedad que permeaba el ambiente en torno a este trascendental asunto.
El 7 de diciembre de 1824, conociendo que se acercaba el combate decisivo para la independencia de América del Sur y, aunque no lo sabía, casi en la víspera de que este se produjera, desde Lima, el Libertador, redactando en primera persona, es decir, asumiendo personalmente la responsabilidad, emitió una circular dirigida desde la más alta magistratura del Perú a los jefes de gobiernos de las repúblicas americanas antes españolas (Colombia, México, Río de la Plata, Chile y Guatemala), convocándolos al magno evento continental.
En ese documento se resume el esfuerzo de integración de los últimos 14 años y la necesidad de marchar a la unión de repúblicas. En el contexto, no fueron pocos los que consideraron que este Congreso y la posibilidad de la integración no pasaban de ser una quimera. Bolívar seguía siendo un incomprendido; sus pares no entendían la necesidad y la urgencia de realizar un cónclave con estas características.
Bolívar propuso la creación de una autoridad supranacional de carácter federal que se preparara para una negociación conjunta con España. Le preocupaban las intenciones imperiales de las potencias europeas, agrupadas en la Santa Alianza. En ese momento, también comenzaba a revelarse en él una inquietud por las manifestaciones expansionistas y hegemónicas de Estados Unidos tras el discurso del presidente Monroe ante el Congreso de su país en diciembre de 1823.
Las ideas bolivarianas manifestadas por el Libertador ya en 1815 en la Carta de Jamaica tienen su colofón en la citada convocatoria al Congreso de Panamá del 7 de diciembre de 1824, que debía servir de base a las deliberaciones y acuerdos que, según él, habría que adoptar el Congreso, en el cual se esperaba llegar a un acuerdo entre partes iguales relacionadas por vínculos de fraternidad y cooperación entre sus pueblos.
Por ello, el Congreso fue citado con la convicción del Libertador de que: “El día que nuestros plenipotenciarios hagan el canje de sus poderes, se fijará en la historia diplomática de América una época inmortal”.
En las instrucciones elaboradas por Bolívar para los plenipotenciarios que representarían a Colombia en Panamá, se establecen los parámetros que tendrían que servir de base para el cumplimiento de la misión: "Nada en este momento interesa tanto al Gobierno de Colombia como la formación de una liga verdaderamente americana. Es indispensable que ustedes encarezcan la necesidad que hay de poner desde ahora los cimientos de un cuerpo anfictiónico o asamblea de plenipotenciarios que dé impulso a los intereses comunes de los Estados americanos, que dirima las discordias que puedan suscitarse en lo venidero entre pueblos que tienen unas mismas costumbres y unas mismas habitudes, pero que por falta de una instrucción tan santa pueden quizá encender las guerras funestas que han asolado a otras regiones menos afortunadas”.
En estas instrucciones se pueden percibir aspectos del pensamiento integracionista de Bolívar que debían estar presentes en el documento que se firmaría en Panamá. Algunos puntos impresos en los documentos suscritos establecen principios que debían servir de fundamento del edificio jurídico que se pretendía construir.
Las instrucciones dejaban ver con claridad las ideas que debían irse sembrando para que echaran raíces en Panamá. En ellas destacaba el mutuo compromiso que tenían que asumir las partes de no acordar la paz definitiva con España sino sobre la base de la aceptación y reconocimiento de la independencia e integridad de todas. Incluso se estableció la posibilidad de suscribir un acuerdo para crear una ciudadanía común.
Un primer inconveniente surgió al emerger propuestas diferentes respecto de la conveniencia o no de invitar a Estados Unidos al cónclave. Gual y Santander eran de la idea de que la potencia del norte debía estar presente en Panamá. Pensaban que de esa manera se podía influir en ella para propiciar un mayor acercamiento con las repúblicas del sur, pero Bolívar no tenía tal percepción. A espaldas de Bolívar, Santander y Gual invitaron a Estados Unidos.
En cuanto a este asunto, el Libertador manifestó su desacuerdo en sendas cartas a Santander del 8 de marzo, 8 de mayo, 30 de mayo, 7 de julio y 21 y 25 de octubre de 1825, pero el vicepresidente continuó su labor de zapa involucrando a otros actores en la invitación.
Bolívar recelaba de Estados Unidos, vislumbraba su carácter expansionista, pero sobre todo repudiaba su talante esclavista. El Libertador pensaba que la Asamblea de Panamá debía adoptar una resolución tajante no solo contra el comercio de esclavos, sino también un repudio a la esclavitud como institución de los países americanos. Esto influiría sobremanera en la decisión de Bolívar de no invitar a Estados Unidos ni a Brasil.
Es importante señalar que el mismo año que escribió la carta de Jamaica, en otra misiva dirigida al empresario inglés Maxwell Hyslop, fechada desde Kingston el 19 de mayo, el Libertador reclama un mayor involucramiento de Inglaterra en la causa de la lucha de los hispanoamericanos. Advierte que “¡quizás cuando la Inglaterra pretenda volver la vista hacia la América, no la encontrará!”.
Así se lo hace saber al político británico Richard Wellesley en carta fechada también en Kingston el 27 de mayo de 1815: “Si me hubiese quedado un rayo de esperanza de que América puede triunfar por sí sola, ninguno habría ambicionado más que yo el honor de servir a mi país sin degradarle a la humillación de solicitar una protección extraña: Esta es la causa de mi separación de la costa firme. Vengo a procurar auxilios: iré en su busca a esa soberbia capital; y si fuese preciso, marcharé hasta el Polo; y si todos son insensibles a la voz de la humanidad, habré llenado mi deber, aunque inútilmente, y volveré a morir combatiendo en mi patria”.
Ahora, diez años después, en preparación del Congreso y cuando solo pensaba en su éxito, Bolívar seguía cavilando acerca de que se debía establecer una alianza estratégica con Inglaterra a fin de aislar al enemigo principal y lograr el objetivo inmediato, que era construir la unidad de las repúblicas americanas antes españolas.
Pero esta idea siempre tuvo carácter táctico. En ningún lugar de su extensa obra se podrá encontrar que fue proclive a favorecer a alguna potencia como objetivo estratégico. Por eso, hay que comprender que, al establecer la necesidad de una alianza con Inglaterra, el Libertador hacía una exacta lectura de la situación política internacional del momento, aprovechando las contradicciones emergentes entre Gran Bretaña y Estados Unidos, que luchaban por los mercados y las rutas marítimas.
En cualquier caso, no se hacía ilusiones ni de una ni de otra, ni de Estados Unidos ni de Inglaterra, pero actuando con exquisito olfato político, extraordinaria mirada estratégica y acentuado talante diplomático, alertaba en ese sentido y exponía la trascendencia del Congreso que se debía celebrar en Panamá y lo que habría que hacer para prepararlo. Le dice a Santander en carta del 8 de marzo de 1825, fechada en Lima: "Los ingleses y los norteamericanos son unos aliados eventuales y muy egoístas. Luego, parece político entrar en relaciones amistosas con los señores aliados, usando con ellos un lenguaje dulce e insinuante para arrancarles su última decisión y ganar tiempo mientras tanto”.
Desde los primeros días de abril de 1826, cuando envió una carta desde Lima a Pedro Gual, el Libertador mantuvo permanente observación sobre las noticias que llegaban del istmo. No obstante, los conflictos en ascenso que aquejaban a las nuevas repúblicas comenzaron a ocupar la mayor parte de su tiempo, por lo que pareció irse desentendiendo de lo que estaba ocurriendo o habría de ocurrir en Panamá. Las dificultades en las comunicaciones conspiraban para que tuviera noticias del istmo con la celeridad que él deseaba.
Ya en mayo, su correspondencia comienza a manifestar una elevada preocupación por la situación de anarquía y caos que está envolviendo el ambiente político y económico de casi todas las repúblicas. Cuatro días después, el 7 de junio, Bolívar le reitera a Santander el compromiso que tiene Colombia con el Congreso de Panamá y su preocupación por la tardanza en la llegada de los delegados de México, lo cual demoraba el inicio de los debates. Nuevamente manifiesta su creencia en que los plenipotenciarios bolivianos viajarían pronto, lo cual nunca llegó a ocurrir. No obstante esto, el Libertador sigue los acontecimientos con vivo interés; el 23 de junio le escribe a Santander para exponerle que había tenido una reunión con el embajador inglés en Perú.
Una revisión somera de la correspondencia y la actividad del Libertador de esos días muestra el vuelco total de su preocupación y quehacer en la búsqueda de la estabilidad para Colombia, en particular para Venezuela, donde el general Páez mostraba dones de autócrata y ya manifestaba la idea de destruir Colombia separando Venezuela de Cundinamarca. Le preocupa también la estabilidad del Perú, que en los hechos se ha transformado en su base de operaciones. En sus mensajes comienza a revelar su convicción de que debe regresar a Colombia a fin de evitar el naufragio que veía venir. Sin embargo, hace un paréntesis en una carta dirigida el 8 de julio a Santander, para, por primera vez, emitir una opinión sobre el Congreso en Panamá. Es muy pesimista al respecto; además, en el contexto deja ver su preocupación e impotencia por la situación de Venezuela y la conducta del general Páez.
Con mucha probabilidad estaba recibiendo noticias de lo que estaba ocurriendo en Panamá. Las dificultades de comunicación hacían que el desfase fuera de alrededor de dos meses desde que se elabora un informe hasta que llegaba a sus manos, y otros dos meses para que los que lo emitían, en este caso los plenipotenciarios, recibieran la respuesta. Finalmente, el 11 de agosto se decide escribirle directamente a Gual y Briceño Méndez. Para esa fecha, la Asamblea había concluido, pero él no lo sabía. De alguna manera, esta comunicación es visionaria; pareciera que incluso, antes de comenzar el cónclave, el Libertador temiera su fracaso. Ello lo lleva a tomar directamente cartas en el asunto. En esta carta se manifiesta con toda vehemencia la apreciación que el Libertador hacía de las negociaciones de Panamá aun sin tener toda la información. De algún modo, incluso, se expone su decisión de modificar la propuesta original a fin de salvar los acuerdos y el Tratado.
Podría decirse que, al finalizar el Congreso, Bolívar estaba en el pináculo de su gloria. Aunque en este momento el Libertador era presidente de Colombia, dictador de Perú, presidente de Bolivia; la República Dominicana se había incorporado a Colombia, los patriotas de Cuba le enviaron representantes, Centroamérica ordenaba colocar retratos suyos en las oficinas y el general mexicano Vicente Guerrero le ofreció el cargo de generalísimo de su ejército. Lo cierto es que, tras ese momento en la cúspide, se comienza a manifestar su propio declive.
La situación económica era crítica y las oligarquías que se hicieron del poder tras la independencia no tenían una visión de desarrollo acorde a los tiempos modernos. Aunque la idea integracionista de Bolívar mantenía su valía, fueron las propias fuerzas oligárquicas nacionales las que pujaron a favor de una propuesta dependiente de Estados Unidos que exponía un paradigma hegemónico y una integración subordinada. Así comenzó el ocaso.
Bolívar apenas conocería en septiembre los resultados de la Asamblea de Panamá. Se había embarcado en El Callao el día 3, arribando a Guayaquil el 13, después de haber permanecido 3 años ausente de Colombia. Al llegar a Guayaquil lo esperaba abundante correspondencia. Pensando ya en el futuro y las complejidades que avizoraba, al día siguiente de su llegada se apresuró a escribirle al general Briceño Méndez. En esa misiva no puede ocultar el pesimismo que le embargaba y le pide que “no se proceda a la ratificación de los tratados antes de que yo llegue a Bogotá, y antes de que los haya examinado detenida y profundamente con Ud. y con otros”.
En general, Bolívar, que se había autodenominado “el hombre de las dificultades”, no se dejaría amedrentar por estos trances. Su pensamiento estaba imbuido de una visión estratégica y de largo plazo que era muy avanzada y difícilmente percibida en su época, incluso por algunos de sus más cercanos colaboradores. De hecho, aún hoy, doscientos años después, el Libertador sigue siendo un incomprendido. Creía en la independencia total y en la creación de una nación de naciones que le diera solidez y presencia a la América meridional en el concierto internacional. No concebía que un solo país, por muy poderoso que fuera, pudiera enfrentar en soledad los avatares del mundo que veía venir. De ahí su esfuerzo supremo por el éxito de la Asamblea de Panamá.
Sergio Rodríguez Gelfenstein
sergioro07.blogspot.com
Te invito a seguir mis redes.
YouTube: @SoySergioRodriguezGelfenstein
Facebook: Sergio Rodríguez Gelfenstein
X: @sergioro0701
La beata de Maracay
El devoto pueblo aragüeño celebró el pasado 25 de abril los 151 años del natalicio de la beata madre María de San José. La fundadora de hospitales y asilos nació en Choroní, estado Aragua, el 25 de abril de 1875 y falleció en la ciudad de Maracay, el 2 de abril de 1967.
Bautizada como Laura Evangelista Alvarado Cardozo, fue una mujer de avanzada para su época. En vez de pensar en consolidar familia con algún oficial del ejército de Juan Vicente Gómez (cabe destacar que su padre fue el coronel Clemente Alvarado), prefirió la vida religiosa activa a favor de los más desposeídos.
El estudio del hermano Rafael Dupouy Gómez expone que, junto con el sacerdote Justo Vicente López Aveledo, constituyó la Sociedad de las Hijas de María y la Congregación religiosa de las Agustinas Recoletas en Venezuela. Su labor fue titánica y un bálsamo para los que requerían solidaridad efectiva y menos discurso sobre la otredad como pose intelectual.
En virtud de sus acciones heroicas en el campo religioso (estuvo 10 años sin ingerir alimentos, tan solo la eucaristía diaria, además de la sanación inexplicable de la hermana Teresa Silva), fue beatificada el 7 de mayo de 1995. Es decir, que es la primera beata de Venezuela, seguida por la madre Candelaria de San José y Carmen Rendiles Martínez (hoy declarada santa), en el caso de las mujeres.
La pregunta que asalta el pensamiento es ¿por qué no alcanzó la santidad según el “baremo” del Vaticano durante el pontificado del papa Francisco?
A decir de algunos amigos religiosos progresistas, pareciera que su vinculación amistosa con la familia Gómez Núñez truncó su camino. Creyera entonces que la cultura impuesta por Rómulo Betancourt sigue de pie: liquidar sin miramientos todo lo referido al hombre de La Mulera.
En última instancia, si la hipótesis es viable, madre María no fue una política; su ideal fue estrictamente místico/religioso/humano. ¿Cómo podía sostener con la limosna diaria tantas fundaciones sin la ayuda gubernamental? Otrora, ¿a quién le hubiese solicitado ayuda, a los jóvenes de la generación del 28 o a la Urss?
En suma, la presidenta encargada Delcy Rodríguez debe retomar este caso por justicia con la historiografía religiosa local que lo merece. En dado caso, santa Rendiles está emparentada con una burguesía que ha sido reaccionaria.



