Juan Martorano
Por una visión de base y desde el chavismo radical
Llegamos al final del camino con la décima entrega de El ocaso del cadete-león, el capítulo de cierre donde todas las piezas del rompecabezas histórico y filosófico encajan de manera definitiva. Si las paradas anteriores nos revelaron la crudeza forense de la enfermedad, el secuestro de la firma y la deificación burocrática del Comandante, este décimo episodio representa el desenlace geopolítico e ideológico del gran pacto de la transición. Triandáfila cierra su ciclo demostrando cómo los infiltrados e infiltradas dentro de la dirección política y militar que heredó Miraflores pretendió clausurar formalmente la era del Chávez radical para inaugurar la era del pragmatismo corporativo y la cohabitación con el gran capital..
Para el chavismo orgánico —el que resiste en los campos, el que sostiene los consejos comunales sin recursos, el que ahora batalla en medio de este doblete sísmico para rescatar vidas e iniciar el proceso de recuperación y reconstrucción y el que se niega a cambiar sus principios por una bolsa de comida—, este capítulo final no es un epitafio; es un manifiesto de insurgencia de la conciencia.
El cierre de la transición y la pretendida entrega del Bloque Histórico
El Capítulo 10 pone en evidencia las consecuencias a largo plazo de las decisiones tomadas en la penumbra entre 2012 y 2013. Triandáfila nos muestra que el desmontaje de las tesis de Enrique Dussel y Antonio Gramsci que Chávez estudiaba con fervor no fue un error de cálculo, sino un objetivo sistemático. El Bloque Histórico que el Comandante quería construir desde la sociedad civil, y más que de ahí, del Poder Popular, de las Comunas, dándole poder hegemónico a las mayorías desposeídas, fue sustituido por un bloque oligárquico de nuevo cuño: la alianza entre la burocracia militar-estatal y el capital financiero transnacional.
La "Pax Burocrática" se consolidó en este último tramo. El documental nos muestra cómo los mecanismos de control que nacieron de la distorsión del 1x10 y de los entes populares terminaron vaciándose de todo contenido subversivo. Ya no se trataba de "formatear los métodos de lucha" para destruir el Estado burgués, sino de usar el nombre de Chávez como un analgésico social para aplicar políticas económicas de corte liberal, dolarización asimétrica y la liquidación fáctica de las conquistas salariales de la clase obrera venezolana.
La verdad como virtud suprema: El veredicto del CIVIR
El corazón filosófico de toda la serie de Triandáfila explota en este capítulo final al confrontar el destino del CIVIR (Círculo Virtuoso del Infinito Retorno). Chávez sabía que los procesos revolucionarios no son lineales (esto también lo aprendimos de nuestro mentor, el Comandante William Izarra); que mueren si se estancan y que necesitan una constante purga moral a través de la veracidad radical. El Capítulo 10 nos demuestra la tragedia del León: el sistema que él mismo creó para proteger al pueblo terminó siendo blindado por sus herederos para protegerse a sí mismos de la contraloría del pueblo.
El verdadero "bautizo del cochino como chigüire" se consumó cuando los traidores y traidoras infiltrados e infiltradas entendieron que, mientras mantuvieran los ojos de Chávez pintados en las paredes de los ministerios, podían entregar el arco minero, desregular los derechos laborales y pactar con la burguesía tradicional sin que las bases sospecharan la profundidad de la traición.
Este décimo capítulo es un espejo incómodo que demuestra que la corrupción no fue una desviación del camino, sino el lubricante necesario para sostener la estructura tras la pérdida del centro de gravedad que significaba Hugo Chávez.
Conclusión: El fin del mito burocrático y el retorno al Chávez Vivo
El broche de oro de "El ocaso del cadete-león" es, paradójicamente, un nuevo comienzo para la izquierda revolucionaria venezolana. Al desnudar desde su visión lo ocurrido durante la convalecencia del Comandante, y las decisiones que hubo que tomar después de su cambio de paisaje, Triandáfila nos obliga a tomar una decisión histórica definitiva: o nos quedamos adorando el cadáver ideológico que la burocracia corporativa nos vende en sus canales oficiales, o asumimos la irreverencia del Chávez que exigía romper las intermediaciones complacientes del Estado.
El chavismo de base no puede seguir siendo el sostén de una casta que enriqueció a unos pocos mientras condena al desamparo a los hijos de la patria. El ciclo del CIVIR nos enseña que el infinito retorno solo es posible si el pueblo recupera su voluntad de poder y su fuerza para rehacer el camino.
Sin duda hay cosas de este material en las que coincido y estoy de acuerdo con el productor de estos cortos documentales, y otras que no, debido a los contextos, sin duda errores y desviaciones cometidas, pero al final el general tiempo le dará la razón a quien realmente la tenga. Lo más importante, aunque sé que el haber producido y comentado estos materiales gana el apoyo de unos y el rechazo de otros porque desde su visión, aunque no la compartamos, pero igual nos parecen opiniones respetables, digan, que "no es el momento". Pero una vez que despertemos del dolor que significa la tragedia del doblete sísmico, rescatar el espíritu irreverente y radical chavista de nuestro pueblo.
Y no, no se trata de llamar a la indisciplina o a despotricar de manera irreflexiva de por sí a la dirección política revolucionaria actual. Sin duda hay cuadros (hombres y mujeres, civiles y militares, jóvenes y otros con juventud acumulada y experiencia) que se han ganado y merecen estar en esa dirección. Pero no es menos cierto también que la Revolución Bolivariana, como proceso humano y dialéctico, tiene sus contradicciones, y de ahí como lo expresamos, sobre todo en las últimas entregas de este trabajo tan polémico y controversial que no negamos, tenga elementos infiltrados u otros que hayan podido ser captados por el enemigo histórico y por sus debilidades ideológicas hayan podido sucumbir. Pero la historia, cual trapiche, más temprano que tarde se encargará de molerlos.
Hacerle honor al Comandante Chávez hoy, a la luz de las verdades desnudadas en este documental, significa arrebatarle su memoria a los burócratas, desmontar el chantaje de la unidad monolítica y refundar la Revolución desde abajo (la métodica desde abajo cuando los inicios del MBR-200 y luego MVR), desde la comuna verdadera, con la veracidad como bandera indestructible. El Cadete-León ha tenido su ocaso en las alturas del poder institucional, pero su rugido libertario debe renacer, de una vez por todas, en las manos y la conciencia del pueblo oprimido. ¡Comuna o nada, pero con la verdad por delante!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
¡Leales siempre! ¡Traidores, Nunca!


