sábado, 11 de julio de 2026
JORGE RODRÍGUEZ desde la Escuela Técnica Leonardo Infante, ubicada en PETARE
Diosdado Cabello desde el núcleo de la USB en Camuri Grande, estado La Guaira, 10 julio 2026
La Hojilla y Al Filo en Redes 5 de julio de 2026
Cifra de muertos en Venezuela ascendió a 4.118 tras doble terremoto
Columna de Juan Martorano 572: El ocaso del Cadete León: Hugo Chávez: El vacío doctrinal y la entronización del fetiche: Una lectura chavista del Capítulo 9 de Triandáfila. Capítulo 9.
*JUAN MARTORANO
Por una visión de base y desde el chavismo radical
Llegamos a la octava y penúltima
entrega de “El ocaso del cadete-león”. Con la novena entrega de *El ocaso del
cadete-león*, Triandáfila nos introduce de lleno en la resaca inmediata de la
siembra del Comandante. Este capítulo ya no habla de la agonía física ni de los
decretos médicos; se adentra en la fase de consolidación de la superestructura
del engaño. El noveno episodio radiografía el momento exacto en que la
dirección cupular del PSUV (en justicia hay que señalar que no son todos, que
hay honrosas excepciones, claro está) ejecutó la mutación definitiva del
proyecto: la sustitución del pensamiento crítico y dusseliano de Hugo Chávez
por una religión de Estado basada en el fetiche, el dogma y la obediencia
ciega.
Para el chavismo orgánico —el que
se quedó en las barriadas combatiendo el desabastecimiento mientras las élites
estrenaban despachos blindados—, este noveno capítulo es una autopsia política
indispensable. Revela cómo la burocracia utilizó el dolor colectivo como un
anestésico para inocular el virus de la desmovilización popular.
La deificación de Chávez y el asesinato de la dialéctica
El Capítulo 9 analiza cómo los
traidores y traidoras infiltrados e infiltradas dentro de la dirección política
revolucionaria comenzó a construir una narrativa casi mística alrededor de la
figura de Chávez. Se le elevó a los altares políticos, se canonizó su imagen y
se decretó su infalibilidad. Pero detrás de esa aparente devoción se escondía
un cálculo profundamente reaccionario: deificar a Chávez era el mecanismo
perfecto para asesinar su método político.
Al transformar al líder en un
santo de estampita, la burocracia canceló la dialéctica revolucionaria. Si
Chávez era un Dios inalcanzable, entonces su propuesta ya no era una caja de
herramientas para que el pueblo destruyera el Estado burgués, sino un texto
sagrado que solo los "sumos sacerdote" de la dirección nacional del
partido tenían derecho a interpretar”. El Chávez que exigía irreverencia en la
crítica, el que se cuestionaba a sí mismo en el espejo del baño (como vimos en
el capítulo 5), fue proscrito. La cúpula necesitaba un pueblo que repitiera
consignas por fe, no que cuestionara los privilegios de los nuevos jerarcas.
El secuestro del CIVIR y el repliegue de las fuerzas populares
Triandáfila expone en este tramo
la parálisis deliberada de la maquinaria de transformación social. Toda la
formulación del CIVIR (Círculo Virtuoso del Infinito Retorno) —esa constante
realimentación donde la fuerza del pueblo abajo obligaba al Estado a
transformarse— fue congelada. El noveno capítulo nos muestra que el mapa de los
"entes vivos" y autónomos fue sustituido por un mapa de control
netamente electoral y de contención social.
La consigna burocrática fue
clara: *"Lealtad absoluta en silencio"*. Quien criticara el rumbo de
la transición o denunciara las tempranas negociaciones económicas con el
capital parasitario era inmediatamente tildado de traidor,
contrarrevolucionario o infiltrado.
El chantaje de la unidad
monolítica, desnudado en este episodio, sirvió para desarmar ideológicamente a
las bases y pavimentar el camino hacia la restauración capitalista disfrazada
que hoy padecemos.
El contraste ético de la herencia corporativa
El documental insiste en
confrontar la pureza del militante de a pie con la descomposición moral de las
alturas. En esta novena entrega, se hace evidente cómo la cúpula corporativa y
militar comenzó a operar bajo la lógica de una franquicia comercial. Utilizaron
la marca "Chávez" para legitimar contratos opacos, asignaciones de
divisas a empresas de maletín y el desvío de los fondos soberanos que debieron
blindar el sistema de salud y la producción nacional.
Mientras el pueblo humilde asumía
el sacrificio histórico de sostener el proceso bajo agresiones externas y
sabotajes, la élite infiltrada dentro de las estructuras de la revolución y el
gobierno privatizaba de facto las decisiones políticas. Este capítulo demuestra
que el verdadero "Síndrome de Santa Marta" no fue solo el aislamiento
del Comandante en sus últimos días, sino el aislamiento del pueblo chavista
respecto al control real de su revolución.
Conclusión: El rugido del León frente a la farsa corporativa
Esta penúltima entrega del corto
documental “El Ocaso del Cadete León: Hugo Chávez”, es una advertencia tardía
pero urgente. No podemos seguir siendo el soporte pasivo de una estructura que
usa el nombre de Hugo Chávez para justificar el desmontaje de las conquistas
sociales, la precarización del salario y el enriquecimiento ilícito de una
casta burocrática.
Rescatar el legado de Chávez no
es rendirle culto a su fantasma; es asumir la veracidad radical que él mismo
nos exigió. Es tener la valentía política de romper con el fetiche
institucional del PSUV y volver a las tesis de la autonomía comunal, del Bloque
Histórico desde abajo y del control obrero y campesino. Desarmar la teología de
Estado analizada por Triandáfila en esta entrega es el único camino
revolucionario que nos queda para rescatar al Chávez vivo, al Chávez
subversivo, y arrebatarle su memoria a quienes la usan como patente de corso
para traicionar a la Patria.
Sobre todo en un contexto de
tragedia producto de los dos terremotos sufridos el pasado 24 de junio en
Venezuela y sobre todo en el marco de los contextos geopolíticos que ya otros y
otras analistas han realizado y que nosotros no lloveremos sobre mojado. Aunque
seguramente nos podamos referir a ciertos y determinados aspectos en próximas
entregas de nuestra columna.
¡Independencia y Patria
Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
¡Leales siempre! ¡Traidores,
Nunca!
* Abogado, Defensor de
Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y
Tuiteras Socialistas. , jmartoranoster@gmail.com, j_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e
instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de
Telegram: El Canal de Martorano
Entre escombros y solidaridad: la doble batalla del pueblo venezolano El sismo y la desinformación
Lolimar Contreras
El 24 de junio de 2026, Venezuela experimentó uno de los eventos sísmicos más devastadores de su historia contemporánea. Dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5, separados por apenas 39 segundos, sacudieron el centro-norte del país dejando un saldo preliminar de cientos de víctimas y daños estructurales sin precedentes
Sin embargo, minutos después del primer impacto, llegó una segunda sacudida igualmente destructiva, una ola de desinformación que amenazó con socavar los esfuerzos de rescate y sembrar el caos entre una población ya traumatizada.
Los sismos, clasificados como un inusual fenómeno de "doblete sísmico", tuvieron su epicentro en el estado Yaracuy, cerca de Yumare, aproximadamente a 200 kilómetros de Caracas
El primer movimiento de 7.2 fue seguido casi inmediatamente por uno de 7.5, generando una secuencia destructiva que se sintió hasta en la frontera con Brasil, a 1,700 kilómetros de la capital
"Han ido por su cuenta, han cogido su coche y han bajado a La Guaira", relataba Herme Palma desde Madrid, describiendo cómo su hermano emprendió la búsqueda de su familia tan pronto cesó el temblor, abandonando su vehículo y caminando los últimos tres kilómetros entre escombros
Ante la magnitud del desastre, mientras la ayuda oficial llegaba a las zonas más afectadas, los venezolanos no esperaron. En La Guaira, Catia La Mar y Caracas, los vecinos tomaron palas, picos y con sus propias manos comenzaron a remover escombros.
Pero junto al dolor, surgió lo mejor del espíritu venezolano. Un grupo de amigos decidió reunirse y empezar a recolectar alimentos y otros insumos para llevarlos a las personas afectadas.
Mientras la gente, los cuerpos de seguridad, los bomberos, rescatistas nacionales e internacionales trabajaban contra reloj, con la mayor rapidez, pero con mucha precaución, ocurría otro sismo de mayor magnitud, una catástrofe se desplegaba en los medios de comunicación, matrices de opinión que rodaban por todas las redes sociales y medios de comunicación privados, nacionales e internacionales que también mataban
El Observatorio Venezolano de Fake News documentó "un volumen inédito de bulos": niños supuestamente perdidos que en realidad estaban con sus familias, edificios colapsados mostrados mediante imágenes de otros países y años, falsas rutas de ayuda humanitaria y cifras de víctimas infladas o inventadas
El fantasma del tsunami, un video que alertaba sobre un "supuesto riesgo inminente de tsunami en La Guaira" se masificó por WhatsApp, generando pánico en la costa venezolana. Los análisis confirmaron que las imágenes pertenecían al tsunami de Japón de 2011, recicladas 15 años después para alimentar el miedo
Edificios que nunca cayeron, imágenes generadas con inteligencia artificial mostraban el "colapso de un edificio residencial en Acarigua, estado Portuguesa". Al analizarlas con herramientas de verificación, aparecía la marca de agua SynthID, desarrollada específicamente para identificar contenidos sintéticos
Falsos apagones, un supuesto comunicado de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) anunciaba un "apagón nacional de 24 horas". La empresa nunca emitió tal comunicado, pero el daño ya estaba hecho, más familias sin información confiable en medio del caos
Por otro lado, vídeos descontextualizados, un material que presuntamente mostraba "los destrozos del sismo en Lara" resultó ser de septiembre de 2025, cuando la región experimentó un temblor de magnitud 5.1
Pero más allá de las cifras, están las historias humanas. Belkis Barreto, de 60 años, permaneció 86 horas bajo los escombros del edificio Breogan en Caraballeda. Tras 11 horas de trabajo intensivo, una brigada de rescatistas salvadoreños y venezolanos lograron extraerla con vida.
Aaron Levi Cantillo, de 21 años, fue rescatado con vida tras 106 horas bajo los escombros en La Guaira. Su salvamento requirió 43 horas de trabajo conjunto entre Protección Civil Venezuela y las delegaciones de México, Chile y Argentina. Los videos virales lo muestran llegando a la superficie entre aplausos y gritos de alegría de rescatistas y voluntarios
Los Topos de Tlatelolco de México, legendarios rescatistas con experiencia en sismos pasados, no solo salvaron vidas humanas. Miguel García, uno de sus integrantes, relató cómo en tres horas rescataron tres mascotas del edificio Petunia en Los Palos Grandes y que siempre estuvieron acompañados por los cuerpos bomberiles venezolanos
Y así, muchos testimonios de familias y sobrevivientes que dan gracias a todos los que intervinieron para salvar vidas, tanto nacionales como internacionales, lo que aniquila la narrativa de que los cuerpos de rescate venezolanos, efectivos policiales, ejército, guardia Nacional, Bomberos y el pueblo no estuvieron allí desde el momento del terremoto.
Los terremotos del 24 de junio de 2026 dejarán marcas imborrables en Venezuela. Pero más allá de las cifras de muertos y heridos que las autoridades reportan provisionalmente en cientos de fallecidos y miles de heridos queda una lección fundamental. En la era digital, los desastres naturales generan dos emergencias paralelas: la física, con escombros y víctimas; y la informativa, con desinformación y pánico. Combatir ambas requiere lo mismo, solidaridad, verificación y humanidad.
Como bien señalaba el Observatorio Venezolano de Fake News, "cada vida rescatada es una victoria, pero cada mentira detenida también lo es". Porque en medio del caos, la verdad no es un lujo, es una herramienta de supervivencia.
Venezuela, una vez más, demostró que puede con todo. Que su pueblo, alegre y solidario a pesar de las dificultades, amoroso y comprometido, se levanta incluso cuando la tierra tiembla. Y en esa determinación reside la verdadera magnitud del espíritu venezolano, un 9.0 en la escala de la resiliencia.
