lunes, 18 de mayo de 2026

Columna de Juan Martorano 543: La importancia de la visita del canciller de Surinam a Venezuela

 

*JUAN MARTORANO

El pasado jueves 14 de mayo de 2026, el Canciller de Surinam, Melvin Bouva, arribó a Caracas con el propósito de desarrollar una agenda de trabajo de alto nivel orientada al fortalecimiento de las relaciones bilaterales entre ambas naciones.

Es la primera visita oficial de una alta autoridad del Gobierno de Suriname a Venezuela desde la asunción al gobierno de la Presidenta Jennifer Geerlings-Simons, en julio de 2025.

Durante su visita, el ministro Bouva sostendrá encuentros de alto nivel con autoridades de Venezuela para revisar y ampliar los mecanismos de cooperación en áreas estratégicas como pesca, agricultura, turismo, educación, transporte y comercio exterior, con miras a impulsar iniciativas conjuntas destinadas a fortalecer el intercambio comercial.

La visita del Canciller Bouva reafirma los históricos lazos de amistad, solidaridad y cooperación entre la República Bolivariana de Venezuela y la República de Suriname, que este año suman 51 años de relaciones diplomáticas, establecidas en noviembre de 1975.

En la reunión entre los Cancilleres de la República Bolivariana de Venezuela y la República de Suriname, establecieron una “hoja de ruta” estratégica en áreas clave como agricultura, pesca y turismo. Bajo los principios de la multipolaridad y el respeto mutuo, ambos gobiernos dinamizan su intercambio económico y diplomático para el beneficio compartido del Caribe.

Durante su estadía en Venezuela, Bouva inició una intensa agenda de trabajo que marca un hito en el relanzamiento de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones, en el que representa el primer acercamiento de alto nivel bajo la gestión de gobierno de la presidenta Jennifer Geerlings-Simons, quien asumió el mandato en julio de 2025.

Bouva encabezó una delegación técnica que se desplegará en mesas de trabajo para concretar avances en pesca, agricultura y comercio exterior, entre otras áreas de interés común, con el objetivo central de dinamizar el intercambio comercial y establecer una hoja de ruta que permita potenciar el transporte y el turismo binacional.

Desde la Casa Amarilla "Antonio José de Sucre" en Caracas, las delegaciones oficiales de la República Bolivariana de Venezuela y la República de Suriname instalaron mesas de trabajo bilaterales. Encabezado por los cancilleres Yván Gil y Melvin Bouva, este encuentro estratégico contó con la participación de autoridades de las carteras de Pesca, Transporte, Turismo y Gas, orientadas a iniciar una nueva etapa de relacionamiento, complementariedad y desarrollo conjunto.

Bouva también fue recibido por la Presidenta Encargada Delcy Rodríguez, En este encuentro marca un hito en la hoja de ruta diplomática de ambos países, orientada a profundizar los vínculos de hermandad y avanzar en una agenda de trabajo conjunta que abarca sectores estratégicos.

Durante la reunión, las autoridades destacaron la importancia de elevar el intercambio bilateral a nuevos niveles de eficiencia; ya que, con ello, se encamina a fortalecer los lazos de cooperación.

Con la visita del canciller de Suriname, se reafirma la visión clara por parte de la delegación, sobre la disposición de trabajar estrechamente con Venezuela para concretar acuerdos que dinamicen las economías de ambos países y promuevan la estabilidad del Caribe y la Amazonía.

Además, con esta reunión de alto nivel, el Gobierno Bolivariano ratifica su compromiso con la Diplomacia Bolivariana de Paz, priorizando el diálogo directo y la cooperación estratégica con los socios de la región.

Ahora, analicemos la importancia de esta visita internacional a la República Bolivariana de Venezuela:

La importancia de Surinam para Venezuela es multidimensional y se ha consolidado en el plano geopolítico, energético, de seguridad y de integración regional, actuando como un puente clave entre Suramérica y el Caribe.

La relevancia estratégica de Surinam para el Estado venezolano se desglosa en los siguientes ejes fundamentales:

1.- Geopolítica y Diplomacia Regional

Surinam ocupa una posición geográfica y política privilegiada al ser miembro tanto de la Comunidad del Caribe (CARICOM) como de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA).

Bloque de contención diplomática:  Para Venezuela, mantener una alianza sólida con Paramaribo es vital para asegurar apoyos o neutralidad dentro de la CARICOM, un bloque de votación decisivo en organismos internacionales como la OEA o la ONU.

Preservación de la paz: Ambos países comparten una postura de rechazo a la injerencia externa y a la militarización del Caribe, coordinando discursos en defensa de la soberanía y la estabilidad regional frente a presiones de potencias extranjeras.

2.- Cooperación Energética y Minera (Petróleo y Gas): Con los recientes y masivos descubrimientos de yacimientos de petróleo y gas en la cuenca de Guyana-Surinam, este último país se perfila como un actor energético emergente de gran peso.

Intercambio técnico: Venezuela, al poseer las mayores reservas de crudo del mundo y una infraestructura histórica, ofrece a Surinam cooperación técnica, capacitación (a través de instituciones como la Universidad Venezolana de los Hidrocarburos) y asesorías en la negociación de contratos petroleros.

Frente gasífero y petrolero: La sintonía entre ambos gobiernos permite evaluar estrategias conjuntas de comercialización y desarrollo energético en el margen atlántico y caribeño, evitando el aislamiento de Caracas en los mercados del área.

3.- Conectividad Logística y Comercio:

Al ser un vecino con fachada atlántica inmediata al oriente venezolano, la cercanía geográfica facilita el desarrollo de infraestructuras comunes:.

Conexión aérea y marítima: Actualmente se avanza en el restablecimiento definitivo de rutas de transporte directo para potenciar el intercambio comercial de bienes e insumos básicos.

Acuerdos pesqueros y agrícolas: La proximidad fomenta convenios de explotación marítima que benefician directamente a las flotas pesqueras del oriente de Venezuela, además de abrir un mercado de exportación e importación de productos agrícolas y fertilizantes.

4.- Estabilidad Ambiental (La Amazonía): Como naciones amazónicas, la preservación de la Cuenca del Amazonas y la lucha contra el cambio climático forman parte de su agenda compartida. Ambos estados coordinan políticas de protección de la biodiversidad, control de la minería ilegal transfronteriza y mitigación de desastres naturales en la fachada caribeña.

Estatus Actual (2026): Las relaciones bilaterales atraviesan un periodo de intensa reactivación tras las recientes visitas oficiales de alto nivel entre las cancillerías en Caracas y Paramaribo, donde se estableció una hoja de ruta concreta para renovar los acuerdos de la Comisión Mixta en sectores de soberanía alimentaria, transporte, energía y defensa de la integridad territorial.

La balanza comercial entre Venezuela y Surinam es históricamente superavitaria para Venezuela, aunque el volumen total del intercambio de bienes es notablemente bajo y ha experimentado una fuerte contracción en los últimos años.

5.- Características del intercambio comercial:

Monto total reducido: El flujo comercial directo de mercancías apenas alcanza unas pocas decenas de miles de dólares anuales.

Tendencia al descenso: Entre 2018 y 2023, la relación comercial bilateral decreció sostenidamente a tasas anualizadas superiores al 49%

Estructura del intercambio (datos de cierre de 2023):

Exportaciones de Venezuela a Surinam: Sumaron aproximadamente US$ 76,400. Los principales productos despachados fueron maquinaria de excavación y máquinas de lavado o embotellado.

Importaciones de Venezuela desde Surinam: Alcanzaron un valor cercano a los US$ 7,200, consistiendo primordialmente en tabaco enrollado.

Esfuerzos recientes de reactivación:

A pesar del bajo dinamismo actual en la compra y venta de bienes económicos básicos, las relaciones políticas y diplomáticas siguen activas. Ambos gobiernos sostuvieron encuentros binacionales para evaluar mecanismos de cooperación. La meta fijada por ambas naciones se centra en diversificar y repotenciar los lazos comerciales mediante alianzas estratégicas en los sectores de turismo, pesca, transporte intermodal y energía. 

Estos son algunos datos de la importancia de la reactivación de la cooperación entre Venezuela y Surinam.

¡Bolívar y Chávez Viven. Sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!

¡Independencia y Patria Socialista!                

¡Viviremos y Venceremos!

¡Leales siempre: Traidores Nunca!

 

* Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tuiteras Socialistas. , jmartoranoster@gmail.comj_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano

El nexo átomo-silicio. Reconfigurando la soberanía en el umbral del siglo XXII.

 



Por: Kelly J. Pottella G.

La arquitectura del sistema internacional contemporáneo está experimentando una metamorfosis tectónica, pasando de una hegemonía tradicional basada en los hidrocarburos a una matriz de poder donde Venezuela emerge como el "Estado del Silicio". Esta transición significa que la nación ya no se posiciona simplemente como una reserva de petróleo crudo, sino como un nodo crítico para las cadenas de suministro de la Cuarta Revolución Industrial. En esta nueva práctica geoestratégica, la soberanía se negocia mediante la convergencia de la seguridad radiológica, la solvencia financiera transnacional y la inmensa energía eléctrica necesaria para sostener la infraestructura global de Inteligencia Artificial.

La reciente y decisiva intervención de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA) para extraer 13,5 kg de uranio altamente enriquecido del reactor RV-1 debe entenderse como el cierre definitivo de un ciclo de seguridad del siglo XX y la inauguración de una era de "limpieza estratégica" que precede a una inyección masiva de capital. Esta operación, coordinada bajo los estrictos estándares del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y que culmina con el procesamiento del material en el Sitio de Savannah River, elimina de manera efectiva los riesgos radiológicos que históricamente representaron obstáculos para la normalización diplomática con los centros de poder occidentales. Este desarme técnico funciona, por lo tanto, como un requisito previo para la transición hacia una fase de estabilización, donde la seguridad hemisférica se garantiza mediante la eliminación de componentes de doble uso, lo que permite que el territorio venezolano se reclasifique como un destino viable para los flujos de capital institucional.

Simultáneamente, la emisión de la Licencia General N.° 58 de la OFAC proporciona el marco legal fundamental para un proceso de "privatización dirigida" de la deuda soberana. Al habilitar servicios legales y financieros especializados para la reestructuración de los pasivos de PDVSA, se establece un sólido mecanismo de control en el que la soberanía operativa se desplaza progresivamente de la administración estatal hacia consorcios transnacionales y comités de acreedores. Esta reingeniería financiera busca transformar la deuda externa en una dación en pago mediante activos estratégicos, permitiendo que la renegociación de 60 mil millones de dólares en bonos impagos actúe como catalizador principal para la entrada de capital de riesgo, con el objetivo, paradójicamente, de fortalecer la infraestructura interna bajo los estándares internacionales de propiedad privada.

La irrupción de gigantes financieros como BlackRock en el panorama nacional venezolano introduce una variable altamente disruptiva: la valoración del territorio como infraestructura para la inteligencia artificial. La gran abundancia de recursos hídricos y la capacidad de generación hidroeléctrica de bajo costo otorgan al país una ventaja comparativa única para sostener enormes centros de datos de alto consumo energético. En consecuencia, se observa una profunda mutación en el paradigma rentista: el Estado ya no se valora exclusivamente por lo que extrae de su subsuelo, sino por la energía eléctrica que puede suministrar a la economía del silicio, transformándose potencialmente de exportador de materia prima a procesador de datos para la hegemonía tecnológica global.

En el plano territorial, la disputa por el Esequibo y la posición de Venezuela ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) configuran un escenario crítico de resistencia nacionalista contra la judicialización unilateral de la soberanía. Al ratificar el Acuerdo de Ginebra de 1966 y rechazar explícitamente la jurisdicción de La Haya, el Estado venezolano intenta impedir que la controversia se resuelva bajo la lógica de la realpolitik petrolera, que históricamente favorece a las corporaciones transnacionales que operan en aguas no delimitadas. Este afianzamiento jurídico funciona como una respuesta necesaria a la amenaza de despojo territorial amparada por marcos legales que el Estado considera defectuosos, lo que subraya la tensión intrínseca entre el derecho soberano y la expansión de los intereses energéticos del capital global.

La retórica actual de Washington, que oscila entre la diplomacia reservada y el discurso de anexión territorial bajo la figura provocadora del "51.º Estado", constituye un ejercicio estratégico de presión coercitiva. Esta narrativa, lejos de ser errática, busca reducir el margen de maniobra de la contraparte en la mesa de negociación y erosionar la cohesión ideológica nacional mediante la amenaza de una pérdida absoluta de la identidad republicana. Tales tácticas obligan al Estado a un proceso inmediato de reingeniería estructural, como lo demuestra la reciente reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que busca ampliar el número de magistrados a 32 para proteger el aparato judicial interno, actuando como barrera legal contra cualquier intento de supervisión extranjera o administración directa.

El actual «momento de ruptura» se define por la interrelación entre la dependencia financiera y la exigencia de validación internacional. El cese de los suministros preferenciales a antiguos aliados regionales, como Cuba, evidencia una fractura definitiva con las arquitecturas geopolíticas previas de integración energética, señalizada por Petrocaribe. Esto indica un giro hacia un realismo pragmático donde el recurso energético se utiliza para garantizar la solvencia interna y la estabilidad del nuevo pacto político. El país se encuentra esencialmente en un proceso de «adaptación» para alinearse con los estándares occidentales de transparencia financiera y seguridad operativa, condición que se presenta como la única vía para el cese de las medidas coercitivas y la reinserción en los mercados de capitales globales.

Desde una perspectiva geoestratégica, la soberanía nacional se disputa hoy en día en tres frentes simultáneos: el financiero (control de la deuda), el territorial (integridad del Esequibo) y el tecnológico (gestión del poder computacional). La resiliencia de las instituciones venezolanas frente a pretensiones de anexión o tutela colonial dependerá de su capacidad estratégica para gestionar estos tres frentes distintos sin permitir que la apertura al gran capital se traduzca en una erosión irreversible de la autonomía política. El desafío histórico crucial reside en utilizar la riqueza natural no como un ancla a un pasado extractivista, sino como un puente hacia una soberanía digital y energética que garantice el desarrollo en un entorno global definido por la extrema volatilidad y la competencia por los recursos.

Una paradoja significativa reside en que, si bien Washington exige rigurosos estándares democráticos internos, sus propias estructuras representativas sufren retrocesos, como lo demuestra el fallo del caso Louisiana contra Callais , que debilita la Ley de Derecho al Voto de 1965. Esta inconsistencia debilita la autoridad moral de los dictados occidentales y permite a Venezuela articular una defensa basada en la multipolaridad y el derecho a la autodeterminación. Sin embargo, la realidad económica impone sus propios límites rígidos; la expansión del Tribunal Constitucional de Israel sugiere una preparación proactiva para un alto volumen de litigios comerciales y contratos transnacionales, lo que requiere una sólida seguridad jurídica para evitar que la transición degenere en una nueva forma de colonialismo corporativo.

Venezuela se encuentra en el epicentro de una reconfiguración hemisférica donde el petróleo es solo el punto de partida para un debate mucho más profundo sobre energía, datos y territorio. La estabilidad futura depende de la inteligencia con la que se gestione la transición hacia la era del silicio y el átomo. La soberanía nacional solo puede preservarse si se logra un equilibrio preciso entre la necesaria reinserción financiera y la defensa inquebrantable de la integridad territorial, garantizando que el país funcione como un actor soberano con capacidad para decidir su propio destino tecnológico y social en el nuevo orden mundial.

La ExxonMobil y la controversia sobre el Esequibo

 WERTHER SANDOVAL

El leonino contrato denominado Acuerdo de Producción Compartida (PSA) acordado entre la ExxonMobil y el Gobierno de Guyana en 2016, se mantiene como blanco primordial de las críticas vertidas por estudiosos guyaneses y varios medios del vecino país, unido al intencional ocultamiento de las reservas petroleras y de los daños ambientales causados por las empresas petroleras y mineras.

En su obsesionado y obcecado deseo de enriquecerse con lo poco que le otorga la ExxonMobil, el equipo gobernante de Guyana, presidido por Irfaan Alí, se niega de manera rotunda, notoria, pública y comunicacional a modificar el Acuerdo de Producción Compartida. Arguye evitar obstáculos que impidan a la petrolera estadounidense extraer los inmensos beneficios que le proporciona explotar el crudo venezolano presente en el subsuelo marino del Esequibo venezolano.

La lógica de Alí es burda y elemental. Así lo manifiesta una editorial el pasado 11 de mayo, el periódico guyanés Kaietur News, titulado: Lo que Caracas tiene en mente. Afirma: “Una de las principales consecuencias de un contrato petrolero barato con Guyana que enriquece a ExxonMobil es el apoyo de Estados Unidos a Guyana, al menos por el momento. Esto tiene sus ventajas, siempre y cuando sean tangibles y sirvan como un elemento disuasorio suficientemente fuerte para las ambiciones venezolanas y su creciente agresividad”.

Según este acuerdo, Guyana renuncia a los impuestos, absorbe los costos y solo recibe una fracción de las ganancias —12,5 % más una regalía de 2 %—, mientras que Exxon y sus socios recuperan hasta 75 % de sus inversiones antes de que el Estado reciba una parte.

En concreto, el acuerdo que rige el mayormente venezolano Bloque Stabroek exime a las compañías petroleras del pago de todos los impuestos, estipulando que Guyana debe cubrir estos costos. Esto permite a las compañías recuperar hasta 75% de sus inversiones antes de que se reparta 25% restante. De este porcentaje, Guyana recibe 12,5%, además de una regalía del 2% pagada por las compañías petroleras.

Ante las presiones internas que exigen modificar el acuerdo, el presidente Irfaan Ali ha reafirmado repetidamente la inviolabilidad del contrato del Bloque Stabroek con la ExxonMobil, un acuerdo que los críticos, incluidos los gobiernos actual y anterior, han reconocido desde hace tiempo como sesgado a favor del consorcio multinacional.

Incluso, cuando se le preguntó al presidente si sus planes para mejorar la vida de los guyaneses incluían la renegociación del contrato petrolero que Guyana tiene con ExxonMobil, sostuvo que no se harían cambios en el contrato bajo su administración y dijo que tal medida podría resultar en un “obstáculo legal de una magnitud inimaginable”. El jefe de Estado hizo ese comentario durante una entrevista con el Houston Chronicle durante su viaje a Houston, Texas, para la Conferencia de Tecnología Offshore (OTC).

“Se trata de un acuerdo desequilibrado en todos los sentidos, pero el gobierno se niega a revisarlo, alegando que la previsibilidad de los inversores es su principal preocupación”, dice el editorial del medio Kaiteur News, el pasado 14 de mayo.

Para mayor precisión, el presidente del consorcio creado por la ExxonMobil para explotar los bloques, Emgl, Alistair Routledge, ha dejado claro que Exxon no está dispuesta a renegociar el contrato petrolero. Se le preguntó sobre la posibilidad de utilizar la cláusula del contrato que permite a Guyana y a la empresa acordar mutuamente la renegociación.

Routledge declaró: “No tenemos ningún interés en invocar ese artículo. Como ya he dicho, hemos comprometido 55.000 millones de dólares estadounidenses con el país. Dar marcha atrás y socavar la base de esa inversión pondría en grave peligro cualquier inversión futura”.

Pero la sumisa actitud y miope aptitud de Alí y su equipo gobernante ya comienza a tener consecuencias políticas que comprometen la soberanía del vecino país. Otra editorial del mismo medio titulada: Gobernanza del petróleo, gobernadores del petróleo, fechado 10 de mayo, dice:

“La voz de Guyana es insignificante. Se ha vuelto cada vez más evidente, por la forma en que se desarrollan los acontecimientos, que Guyana ya no está al mando de sus propias decisiones, de su propio destino. El personal médico cubano estaba entre nuestros mejores amigos, hasta que fueron devueltos a La Habana. Fueron devueltos, a pesar de las palabras vacías ofrecidas por el gobierno. Más recientemente, China, un acreedor importante y un gran inversor en proyectos en toda Guyana, está siendo vista como una amenaza inaceptable”.

Es decir, la cada vez menor importancia del Gobierno de Guyana en decisiones atinentes a sus asuntos energéticos y geopolíticos revela que las estrategias y decisiones de esa nación en torno a la controversia sobre nuestra Guayana Esequiba están influidas y hasta tomadas por la ExxonMobil.

La imaginación feminista como conciencia histórica

 

Por Carolys Helena Pérez González | @CarolysHelena

C. Wright Mills advirtió que la tarea crítica consiste en vincular biografía e historia. Esa imaginación sociológica permite comprender que lo que parece un problema íntimo suele ser expresión de una estructura social. Desde el feminismo latinoamericano hemos profundizado esa premisa: lo personal no sólo está conectado con lo político; está organizado por él.

En la vida de las mujeres militantes opera una trampa persistente: convertir en fallas individuales lo que son efectos de ordenamientos patriarcales. El agotamiento se nombra incapacidad; la culpa materna, debilidad; el silencio impuesto en una asamblea, torpeza personal. Esta lectura psicologizante despolitiza la experiencia y fragmenta la conciencia colectiva.

Diversas investigaciones sobre división sexual del trabajo —desde la economía feminista hasta los estudios sobre uso del tiempo de la CEPAL— muestran que las mujeres sostienen desproporcionadamente las tareas de cuidado y gestión emocional. Cuando esa sobrecarga se traslada a organizaciones políticas que reproducen la asignación tradicional de roles, el resultado no es una militante “insuficiente”, sino una estructura que naturaliza la explotación de su ética del cuidado.

Nombrar esta realidad es un acto de rigor político. La compañera que coordina la logística, contiene conflictos, organiza territorios y además debe demostrar el doble para ser escuchada, no enfrenta un déficit personal. Enfrenta una jerarquía de género incrustada incluso en espacios que se proclaman transformadores. Si la revolución no revisa sus prácticas internas, corre el riesgo de perpetuar lo que dice combatir.

La imaginación feminista -en diálogo con la tradición crítica- nos exige preguntas concretas: ¿quién toma la palabra y quién toma las notas?, ¿quién diseña la estrategia y quién garantiza la reproducción cotidiana del movimiento?, ¿quién tiene derecho al error sin quedar marcado? Estas no son cuestiones anecdóticas; son indicadores de poder.

También implica situar nuestras biografías en procesos históricos mayores: precarización económica, migración forzada, racismo estructural, violencia machista. Ninguna de estas condiciones es azarosa. Son configuraciones del orden social que modelan trayectorias individuales.

Una militancia madura no romantiza el sacrificio femenino ni glorifica el agotamiento. Lo analiza con datos, teoría y memoria histórica. Transforma la culpa en conciencia y la conciencia en organización. Cuando una mujer comprende que su malestar tiene raíces estructurales, deja de aislarse y comienza a exigir redistribución del poder.

Allí radica la potencia política de la imaginación feminista: convertir la experiencia en conocimiento y el conocimiento en acción colectiva. Sin ese ejercicio crítico, no hay transformación posible. Con él, la democracia se vuelve más profunda y la revolución, verdaderamente emancipadora y como nosotras somos el sujeto histórico llamado a hacer la transformación, estoy segura que venceremos ¡palabra de mujer!

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