viernes, 24 de abril de 2026

Maduro y los carceleros del tiempo

 ALFREDO CLEMENTE

Para el poder, el tiempo es un recurso; para el ser humano, es la vida misma. Hoy, Nicolás Maduro y Cilia Flores no enfrentan un proceso judicial; enfrentan una maquinaria que tritura la psique a través de la espera.


Tras 110 días de secuestro, la estrategia es clara: Trump y sus equipos de Gobierno conjugaron tiempo y poder militar contra Maduro y Venezuela (2018- 03 enero 2026) y, a partir de allí, activaron el poder judicial. La agresión mutó de las bombas a los expedientes y la manipulación política.


Maduro no es un Terminator. Debajo de la investidura y la resistencia política, late un hombre de carne y hueso sometido a lo que la doctrina jurídica llama la “pena de banquillo”.


Es esa angustia agustiniana, donde el alma se estira con dolor entre un pasado que el sistema intenta criminalizar y un futuro que la fiscalía pretende secuestrar por siempre. Para el inocente, el tiempo judicial no es vacío; es un carcelero que devora la salud y la paz.


La asimetría es obscena. Primero fue el poder de fuego; ahora es el asedio del reloj. Mientras el sistema judicial se toma su tiempo en tretas burocráticas, la vida de dos seres humanos es consumida en el centro de detención. Cada minuto de demora es una resta de vida.


En este escenario, la lentitud de la defensa no es solo técnica; raya en una ceguera que ignora que, en casos de esta magnitud, la justicia que tarda no es justicia, es una condena ejecutada por goteo.


¿Qué debe hacer el juez Hellerstein? No puede descuidar un proceso que evoca lo absurdo de la novela de Kafka. El derecho a un proceso sin dilaciones indebidas es el último refugio de la civilidad.


El tiempo es utilizado como un arma de guerra psicológica para forzar una rendición que la moral de Maduro no ha concedido. Cada día de silencio procesal es un triunfo para quienes diseñaron este cautiverio como un espectáculo de degradación.


La moción ómnibus es una urgencia humanitaria. Es la carrera contra los “carceleros del tiempo” que apuestan al desgaste y al olvido. La defensa debe aligerar los trámites y entender que cada hora perdida es más angustia para la pareja presidencial.


El mundo no está viendo un juicio; está presenciando cómo el poder asimétrico intenta convertir el tiempo en un castigo eterno. La celeridad es hoy el único sinónimo posible de dignidad.


El tiempo es el único juez que no necesita pruebas para condenar al inocente al olvido.




Soberanía, justicia social y conciencia histórica

 Por: Profesora Isabel Rivero D’ Armas

Universidad Internacional de las Comunicaciones (LAUICOM)
Abril, 2026.

A pesar de las más de mil medidas coercitivas unilaterales (MCU), la economía venezolana ha avanzado en materia de producción y abastecimiento soberano, apoyo a emprendedores, economía comunal, desde 2022, de manera importante. Estas MCU se mantienen en el presente; nuestros recursos se han exportado recientemente debido al otorgamiento de licencias, de tiempo definido, consentidas por la administración Trump, que solo han aliviado el bloqueo económico de más siete años.

Por lo anterior, nuestra presidenta (E) Delcy Rodríguez, en su reciente mensaje a la nación, hace un llamado al levantamiento de las MCU, al que se suma el pueblo venezolano, víctima del asedio económico y moral que le ha causado fuertes heridas, y hasta su identidad ha sido objeto de ataque. 

Como he explicado aquí, estas agresiones, mal llamadas sanciones, se interpretan, desde un marco cognitivo moral, como un castigo similar al que un padre autoritario propina a un hijo quien decide tomar su propio rumbo para no depender más de la figura paterna. En nuestro caso, elegimos un sistema que privilegia lo social, lo humano está por encima de lo económico; la alimentación, por ejemplo, es considerada en nuestra Carta Magna un derecho, al igual que la salud y la educación.

Por lo anterior, los combos de alimentación desde los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) aparecen en un momento, específicamente en 2016, en que el desabastecimiento y el acaparamiento inducido representaron una manera de desestabilizar políticamente: la harina de maíz no se conseguía en un abasto o supermercado, pero un remedo de vendedor, conocido como bachaquero, la ofrecía a un precio considerablemente mayor, lo que mermó bastante el poder adquisitivo del venezolano en esa etapa.   

Hace nueve años, también los medicamentos eran bachaqueados. Desde el gobierno nacional se dio respuesta a esto: se gestionaban gratuitamente desde las instituciones públicas, aparecieron los camioncitos de la farmacia móvil que vendían a un precio subsidiado medicinas de laboratorios de Irán y la India, se apoyó la producción nacional de medicinas y se priorizó la investigación científica en materia de salud. Desde el presidente Hugo Chávez hasta el presente, la atención a los más vulnerables ha sido una inversión social y no, como en la cuarta república, un gasto. Cuando Antonio Ledezma era alcalde del municipio Libertador, recordemos, los adultos mayores eran reprimidos, hasta encarcelados, por exigir el pago justo de la pensión que además llegaba con retraso.

No les convenía que un sistema social, centrado en proteger a los más vulnerables, a la infancia y a los adultos mayores, de incentivo a los más jóvenes en materia educativa y cultural, fuera exitoso. Había que perforarlo, para luego promover el liberalismo, actualmente capitalismo global, como salvación, cuando sabemos que este sistema, por sustentarse en la guerra, atenta contra la vida y la preservación del planeta.

Aparecieron, junto a las MCU, el linchamiento indecente y el aislamiento internacional por las calificaciones ya conocidas, tales como amenaza, estado fallido, régimen, y las voces agoreras desde organizaciones nacionales no gubernamentales de “derechos humanos”, como “voces expertas”, comenzaron a hablar de represión y persecución, lo que continúan haciendo, a pesar de que la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática ha beneficiado a más de ocho mil personas.

Es una tarea pendiente mejorar el poder adquisitivo del venezolano, en particular, del trabajador público y del pensionado. Esto comenzó en 2023 con el bono contra la guerra económica para el funcionario activo, que ha ido aumentando de 30 a 150 dólares, y el bono alimentario de 40 dólares. También los pensionados han sido atendidos por esta política de la bonificación. A la par, los subsidios a los servicios públicos, como electricidad y gas, han formado parte de la protección al ingreso de los trabajadores. También los subsidios a alimentación, como los combos proteicos otorgados de manera regular, han beneficiado a las familias desde las comunidades.

La atención a las y los trabajadores mejorará con los aportes de la instalación de una comisión para el diálogo laboral en busca de un modelo que corrija las distorsiones y garantice un aumento digno a los trabajadores, responsable y sostenible, en palabras de la presidenta (E), protegido de la inflación inducida y la especulación, formas de desestabilización de las que ha sido blanco la clase trabajadora en estos últimos años.



LA GEOPOLÍTICA DE LA PROFECÍA (ESCALADA)

 

02.04.2026

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Presentador: El tema de nuestro programa de hoy está inevitablemente ligado a Oriente Próximo. Sea cual sea el contexto mundial en el que razonemos, cualquier cuestión hoy en día —ya sea la economía o la gran política— está relacionada de una forma u otra con lo que ocurre en esta región. Comencemos por el aspecto más debatido en este momento: la probabilidad de una operación terrestre de las tropas estadounidenses contra Irán. Ya no se trata solo de las islas: cada vez son más frecuentes las previsiones sobre un posible ataque a la costa o incluso a objetivos estratégicos directamente en el territorio continental del país. La situación resulta paradójica: desde el punto de vista militar, los dirigentes iraníes han declarado en repetidas ocasiones que, literalmente, «esperan» esta invasión para dar una respuesta decisiva. Los dirigentes políticos de Teherán también transmiten confianza, subrayando que no temen una agresión directa. En su opinión: ¿hasta qué punto es real una operación terrestre de EE. UU. en Irán? ¿Se trata de un plan deliberado, un farol o un juego arriesgado con apuestas altísimas? ¿Y qué sentido fundamental podría tener tal ataque, si finalmente se produjera?

Alexander Dugin: Aquí hay que tener en cuenta el contexto en su conjunto. Las operaciones estadounidenses de invasión y cambio de régimen en las últimas décadas solo han tenido éxito bajo una única condición: en la dirección del país objetivo debía existir necesariamente un grupo que hubiera acordado de antemano con los estadounidenses una traición. Sin eso, nunca les salió nada bien —esas operaciones ni siquiera llegaban a iniciarse.

El guion es siempre el mismo: primero se lanzan amenazas, se despliegan tropas y se lanzan ataques aéreos. A continuación —ya sea por parte de los estadounidenses, de sus aliados locales o con «sus propias» manos— se elimina a la figura que personifica la resistencia, la soberanía y la consolidación. O bien se la desacredita o bien se la elimina físicamente.

Y después, la traición obligatoria. Me refiero a lo que yo llamo la «sexta columna». No es la «quinta columna», que sale a la calle a protestar; en regímenes duros, como China o Irán, basta con arrestarlos y el asunto queda zanjado. La «sexta columna» es la principal apuesta de los estadounidenses y el mayor peligro. Se trata de personas que se encuentran en la cúpula del poder, junto al gobernante de un Estado soberano. Siempre hay alguien dispuesto a llegar a un acuerdo con Washington para pasar de ser la segunda o tercera persona con tal de convertirse en la primera. Dado que los estadounidenses declaran la guerra precisamente al líder, quienes le siguen en la jerarquía entablan negociaciones para lograr un cambio radical de su estatus social.

Solo eso ha funcionado. Siempre.

Pero en Irán se ha dado una situación diferente. Por ironía del destino, la potencial «sexta columna» —aquellos que, en teoría, podrían llegar a un acuerdo con los estadounidenses— fue barrida por los primeros golpes de EE. UU. e Israel. En la cúpula simplemente no quedó nadie dispuesto a entablar negociaciones por separado.

Identificar a la «sexta columna» es extremadamente difícil: formalmente, estas personas son absolutamente leales, juran fidelidad a la soberanía, pero en realidad juegan a escondidas con el enemigo. Fue precisamente en ellos en quienes Washington puso sus esperanzas en Irak, Libia y Siria; todas las «revoluciones de colores», desde Venezuela hasta Oriente Próximo, se basaron en este principio. Pero hoy en día, en Irán, ese escenario no existe. Por primera vez en mucho tiempo, los estadounidenses tendrán que luchar de verdad.

Ante ellos se encuentra un país con una población de 90 millones de habitantes y un paisaje aún más inaccesible que el afgano. Los iraníes no perdonarán la muerte de sus líderes y sus hijos: el asesinato de 165 niñas por el lanzamiento de misiles ha unido contra el agresor incluso a quienes no simpatizaban con el régimen. Vencer a un pueblo así en las condiciones de las altas montañas, tras crímenes tan atroces del imperialismo estadounidense, parece una tarea imposible. Estados Unidos simplemente no tiene esa experiencia. Si se deciden por una invasión a gran escala, se convertirá para ellos en un segundo Vietnam, solo que mucho más terrible y prolongado. Esta campaña se prolongará durante años y, con gran probabilidad, terminará en un desastre.

Además, Estados Unidos no tiene prácticamente aliados para una operación terrestre. Israel se encuentra al límite: las FDI están sufriendo pérdidas colosales en el Líbano, el «Domo de Hierro» solo intercepta una pequeña parte de los misiles y el territorio del país se está convirtiendo poco a poco en una especie de Gaza bajo la lluvia de ataques de Hezbolá y Yemen. Israel está en las últimas, allí está a punto de comenzar una huida masiva de la población; no están en condiciones de ayudar a un aliado. En cuanto a las monarquías árabes, su infraestructura está socavada y ellas mismas están demasiado acostumbradas a la vida lujosa y a las especulaciones financieras como para ir a la guerra. Algunos de ellos, como Catar, podrían incluso negarse a meterse en esta aventura.

La resistencia en ayuda de Irán estallará como mínimo en cuatro focos poderosos: Irak, Yemen, Siria y el «Hezbolá» libanes. Lo que están haciendo hoy en el sur del Líbano los ocupantes israelíes provoca repulsa ya no solo entre los chiitas, sino también en toda la sociedad libanesa, que antes estaba dispuesta a cualquier acuerdo con Occidente. En Siria, la situación no es menos tensa: aunque Al-Sharaa llegara al poder con la participación de la CIA y el Mossad, se ve obligado a responder a las expectativas del pueblo y la «calle» siria tiene una actitud firmemente antiisraelí.

Este impulso antisionista es capaz de movilizar al mundo suní incluso en Arabia Saudí, Egipto o Argelia. Basta una chispa —por ejemplo, un ataque a la mezquita de Al-Aqsa—. Ayer se prohibió al patriarca latino Pierbattista Pizzaballa la entrada a Jerusalén el Domingo de Ramos. Se trata de un acto sin precedentes (el primero en mil años), que ha provocado una ola de indignación en el mundo católico. Si los sionistas dan pasos radicales contra los lugares sagrados islámicos, Israel se encontrará en un punto crítico. ¿De qué «Gran Israel» se puede hablar cuando la propia existencia del Estado está en entredicho?

Y he aquí que, en esta situación catastrófica, sin haber protegido a sus aliados en Oriente Próximo ni haber asegurado a sus monarquías «petroleras» del Golfo, la América de Trump se dispone a iniciar una operación terrestre. Esto ocurre en un contexto de bloqueo energético global. El bloqueo del estrecho de Ormuz supone un golpe colosal para la economía de China, Japón, India y Europa. Nosotros tampoco podemos y, digámoslo claramente, no nos entusiasma en absoluto abastecer de recursos a nuestros enemigos.

Trump intenta justificar la invasión con la necesidad de «abrir» el estrecho, pero la realidad es mucho más aterradora. Esta noche, las tropas iraníes han atacado las plantas desalinizadoras de Israel, que suministraban el 47 % del agua. En Oriente Medio, el agua es más valiosa que el petróleo y ahora instalaciones similares en Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos también han quedado fuera de servicio en respuesta a los ataques contra el sector energético iraní.

Llevar a cabo una operación terrestre en tales condiciones es un suicidio geopolítico. Trump no cuenta con un apoyo consolidado dentro del país: no solo los demócratas se oponen a él, sino también una parte significativa de su propio electorado. Su índice de popularidad está por los suelos y cuando lleguen a Estados Unidos los primeros ataúdes, el contexto político se volverá para él totalmente insoportable.

Presentador: Comparto plenamente su escepticismo respecto al éxito de una operación de este tipo. Si nos fijamos en las cifras: en Afganistán, el número máximo de efectivos estadounidenses llegó a alcanzar los 110 000 y el resultado ya lo conocemos. Aquí, en cambio, el contingente apenas alcanza los 50 000 efectivos y además Irán es un objetivo mucho más complejo, tanto estratégica como geográficamente. Parece una ecuación a priori irresoluble. En el contexto de sus palabras sobre los ataques con misiles «Tomahawk» contra objetivos civiles, surge una pregunta lógica: en Washington no podían dejar de comprender qué reacción provocaría esto en Irán. Todo el país, en un impulso unánime, acudió a los funerales de los niños fallecidos y el odio hacia el agresor se volvió absoluto. ¿Resulta que este ataque no es un error, sino una lógica clara? ¿No era el verdadero objetivo provocar ese caos total en Oriente Próximo que estamos presenciando ahora, tras las represalias de Teherán? ¿Cree usted que este conflicto es un fin en sí mismo para Estados Unidos e Israel o simplemente han perdido por completo el control sobre las consecuencias de sus actos?

Alexander Dugin: Sí, exactamente. Pero me gustaría añadir otro factor que hace que cualquier operación terrestre sea hoy en día extremadamente problemática: se trata del cambio radical de la tecnología de la guerra. En los últimos cuatro años hemos comprendido por experiencia propia que los sistemas no tripulados —tanto en el aire como, lo que no es menos importante, en el agua— cambian por completo las proporciones del uso de los medios tradicionales.

Hoy en día, un ejército de 50 000 hombres, con la presencia de drones modernos, puede verse reducido de manera efectiva a las capacidades de un destacamento de 5000. Nos hemos enfrentado a esto durante nuestra operación especial: es una guerra para la que nadie estaba preparado, que cambia sus parámetros ante nuestros propios ojos. ¿Dónde están esos tanques «Abrams» tan alabados, en los que todos confiaban tanto? Se quemaron en un par de semanas, no quedó nada de ellos. Y ahora guardan silencio al respecto. ¿Para qué enviar «chatarra» multimillonaria al matadero ante un pequeño dron de madera contrachapada?

Lo mismo ocurre con la flota. Los drones submarinos modernos permiten hundir un destructor de miles de millones por la ridícula suma de diez mil dólares. Esta tecnología se utilizó contra nosotros y, lamentablemente, sufrimos bajas. Pero este juego se puede jugar a dos. Los iraníes están estudiando atentamente nuestra experiencia. Ocupar la isla de Jarq, tal vez sea factible, pero en la costa iraní las tropas estadounidenses quedarán a la vista de todos. El número de bajas que sufrirían allí es incalculable. Nosotros mismos pasamos por algo similar con la isla de Zmeiny: conquistarla es fácil, pero mantenerla significa sufrir pérdidas incomparables con la conveniencia de la presencia. Es un suicidio.

Además, Trump no tiene ningún objetivo positivo en esta guerra, salvo el intento de «abrir» el estrecho de Ormuz, que él mismo cerró. Incluso si imaginamos este dudoso éxito, es difícil calificar de victoria una situación en la que primero lo destrozas todo y luego, a costa de gastos colosales, intentas arreglarlo un poco. Trump, por supuesto, se atribuirá cualquier cosa como mérito.

Me han pedido que evalúe con moderación las acciones y declaraciones del presidente estadounidense, y sigo esa petición. Creo que nuestro pueblo tiene suficientes metáforas para describir su comportamiento como se merece. Nos ceñiremos a las normas diplomáticas, pero todo lo que hace Trump no parece un «plan astuto», sino un suicidio planificado de Occidente.

Algunos analistas occidentales, entre los detractores de Trump, se han acordado de repente del «Russiagate». Dicen: «¡Ya advertimos que Trump era un agente de Putin! Miren lo que está haciendo: está destruyendo la economía occidental, socavando el poder de los Estados Unidos y convirtiendo la institución de la presidencia en un hazmerreír del que se burla todo el mundo». No quiero hacer valoraciones personales sobre él; eso es lo que dicen sus oponentes. Quizás alguien lo considere un gran hombre, digno de adoración, pero parece que hoy en día nadie piensa así, ni en Estados Unidos ni en el resto del mundo.

De hecho, con el pretexto de reforzar la hegemonía estadounidense, Trump la está destruyendo definitivamente. Surge la pregunta: ¿cómo ha sido posible esto? Solo tengo una explicación: ha entrado en juego el factor escatológico. Es lo que en Occidente se denomina «prophecy», profecía. Hoy en día, un gran número de analistas serios utilizan este término para el análisis geopolítico de la situación en Oriente Próximo.

Netanyahu y su entorno, especialmente radicales como Ben-Gvir, creen sinceramente que la llegada del Mesías está cerca. Están preparando el terreno para el Tercer Templo y el proyecto del «Gran Israel», y esto no es una metáfora, sino una guía directa de su accionar. En Estados Unidos los sionistas cristianos se han dejado llevar por este mismo impulso: para ellos, la guerra en Israel es la batalla final antes de la Segunda Venida de Cristo. De ello habla abiertamente Pete Hegset, jefe del Pentágono —un momento, el hombre que ocupa el cargo de nuestro ministro de Defensa—. Les transmite a las tropas: «Irán a morir por la Segunda Venida, irán a una cruzada».

La mayoría de la humanidad, incluidos muchos estadounidenses e israelíes, no cree en esto. Pero se convierte en una motivación irracional y poderosísima para las fuerzas clave de Occidente. La geopolítica de la profecía es el único factor que explica la gran cantidad de medidas incoherentes. Si se acepta este factor, todo encaja: el caos y la destrucción no dan miedo, pues son una etapa necesaria de la tribulación (otro de los términos del sionismo cristiano). Desde el punto de vista de los sionistas cristianos, la catástrofe de la humanidad es un prólogo obligatorio para la Segunda Venida de Cristo, y para los judíos, para la primera venida del Mesías.

Presentador: El intercambio de ataques contra infraestructuras críticas no solo continúa, sino que se está recrudeciendo: según las últimas informaciones, arde una refinería de petróleo en Haifa, se han producido graves daños en instalaciones petroquímicas iraníes y ayer fue atacada una de las mayores plantas de aluminio de Baréin. Pero lo que da miedo es otra cosa: los edificios universitarios en Irán se han convertido en objetivos. Teherán ya ha prometido una respuesta simétrica contra centros educativos similares en los países del Golfo Pérsico. En este contexto, se ha producido una declaración de gran repercusión por parte del diputado iraní Alaeddin Borujerdi: ha subrayado que la pertenencia de Irán al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) ya no tiene sentido, dado que Estados Unidos e Israel ignoran de hecho cualquier norma internacional. Aquí surge una pregunta lógica: si Irán habla en serio de retirarse del tratado, ¿no significa esto que ya se ha cruzado el «umbral nuclear»? Al fin y al cabo, la lógica sugiere que uno se retira de un acuerdo cuando este empieza a obstaculizar la realización del potencial ya existente. ¿Cree usted que estamos a las puertas del reconocimiento oficial de Irán como potencia nuclear?

Alexander Dugin: Hay preguntas a las que, desde hace décadas, nadie puede dar una respuesta directa.

Solo hace muy poco Donald Trump reconoció abiertamente la existencia de armas nucleares en Israel, aunque todos los analistas llevaban años hablando de ello y Tel Aviv solo lo insinuaba de forma velada. Si Israel las utilizará o no, nadie lo sabe. El estatus nuclear puede permanecer durante mucho tiempo en una «zona gris», hasta que determinadas circunstancias obliguen a descubrir las cartas.

¿Posee Irán armas nucleares? — Vemos que Teherán cuenta con excelentes sistemas de misiles de enorme alcance. Técnicamente, no supone un gran esfuerzo transportar una, veinte o cien ojivas nucleares por mar desde Corea del Norte, mientras esta ruta aún no se encuentre bajo control total, o transportarlas a través del Caspio desde nuestro territorio, o bien traerlas desde Pakistán.

Si los iraníes fueran un pueblo atrasado que lucha con arcos y flechas, se podría argumentar sobre el tiempo necesario para desarrollar las tecnologías. Pero con una infraestructura militar tan potente, una magnífica industria de misiles y un sistema de seguridad profundamente escalonado, es solo una cuestión de voluntad. Lleva un mes la guerra, el espacio aéreo está en gran medida controlado por los estadounidenses, pero los misiles caen metódicamente sobre todo Oriente Próximo desde túneles montañosos ocultos e Irán se mantiene inquebrantable.

Durante mucho tiempo estuvo vigente la fatwa del difunto imán Jamenei sobre la prohibición de poseer armas nucleares. Los iraníes son un pueblo sabio y espiritual; comprendían que se trata de un arma infernal, un arma de Satanás, que solo trae consigo la autodestrucción. Tenían motivos espirituales de peso para no recurrir a ella. Pero en una situación crítica, cuando la propia existencia del país está en juego o bien sacarán las cargas ya ocultas o bien las obtendrán en cualquier momento. Atornillar una ojiva lista para el lanzamiento a un misil iraní, que sin duda alcanzará su objetivo, es cuestión de «un palmo».

No dispongo de información secreta, pero como analista y filósofo hago una suposición: la tienen. Y utilizarán esa arma si surge una necesidad extrema. Probablemente no llegará al territorio de EE. UU., pero sí se lanzará un ataque contra las bases estadounidenses en Oriente Medio, que ya están medio destruidas, y contra Israel. Teherán es capaz de hacer que en esta tierra no quede nada durante cien años, salvo Chernóbil y mutantes. Están en condiciones de hacerlo: si no es ahora, será dentro de un tiempo.

Aquellas personas en EE. UU. e Israel que apuestan por la escalada no tienen ninguna perspectiva positiva. Incluso si imaginamos su victoria local sobre Irán —de lo cual dudo, viendo la defensa iraní—, el resultado será catastrófico: Oriente Próximo e Israel en ruinas, la economía mundial en coma y la imagen de Estados Unidos solo provoca en la humanidad el más profundo rechazo. Israel es odiado por todos. En los mismos Estados Unidos se ha desatado una tormenta de antisemitismo como no se había visto ni siquiera en tiempos de Henry Ford. El grado de animadversión hacia el lobby israelí, hacia el AIPAC y los sionistas cristianos no tiene precedentes.

¿Qué ha conseguido Trump? — En lugar de fortalecer el Gran Israel y su propia hegemonía, se ha visto arrastrado a una guerra que ya ha perdido —moral, política y económicamente—. Pete Hegset, jefe del Pentágono, lanzó la idea de la «Gran América», incluyendo en ella a Groenlandia y Canadá, aparentemente para desviar la atención del fiasco de Oriente Medio. Pero se trata de un escándalo sin fundamento.

En lugar de resolver los problemas internos, Trump ha caído en una trampa. Si no se cree en la hipótesis de que está socavando conscientemente los cimientos del dominio occidental, solo queda una explicación: él y su entorno se han convertido en rehenes de una profecía. Son acciones suicidas. Hay guerras exitosas, como la conquista a corto plazo de Irak, aunque esta también se convirtió en un prolongado descalabro. La destrucción del liderazgo iraní es un éxito táctico, pero la ola de represalias superó todas las expectativas. A largo plazo, para EE. UU. no hay ni una pizca de algo positivo en esto.

Esto es una autodestrucción. Si recordamos la «geopolítica de la profecía», todas las catástrofes actuales encajan lógicamente en el escenario escatológico de los protestantes dispensacionalistas que ahora mandan en la Casa Blanca. Allí mandan personas como Paula White, una pastora que habla en lenguas demoníacas y practica la hipnosis. Estos actores de mentalidad maníaca, en alianza con políticos israelíes sumidos en una manía mesiánica, crean un bloque absolutamente irracional al frente del Occidente colectivo. Europa se aleja horrorizada de esto: incluso políticos tan leales como Viktor Orbán reconocen que prohibir la entrada al templo al cardenal Pizzaballa ya es ir demasiado lejos.

Presentador: Por cierto, Netanyahu acabó concediendo un permiso que permite al cardenal entrar en el templo. Aunque lo hizo solo al día siguiente del Domingo de Ramos.

Alexander Dugin: Para los católicos hoy ya es Lunes Santo, el primer día de la Semana Santa, y nuestra Pascua ortodoxa este año será una semana más tarde que la de los católicos. Pero en cuestiones espirituales es importante hacer todo a su debido tiempo. Si a una persona no la dejan entrar a la festividad o, digamos, le prometen permitirle acceder al Fuego Sagrado al día siguiente, eso es un pobre consuelo.

Explicar lo que está sucediendo con algo distinto a la maníaca «geopolítica de la profecía», en mi opinión, es sencillamente imposible. Pero fíjense: en esta locura hay una racionalidad interna. Si se cree sinceramente en el momento mesiánico —como creen los sionistas cristianos Pete Hegset, Paula White y Lindsey Graham, que rodean a Trump, o como creen los radicales israelíes que rodean a Netanyahu—, entonces cada una de sus acciones encuentra justificación.

Viven «a crédito» de los tiempos escatológicos venideros. Gastan el «capital del Mesías», que, según su profunda convicción, está a punto de aparecer. Todas sus acciones se realizan al límite de la falta. Esto recuerda a un salto desde una torre alta con la esperanza de que los atrapen en el último momento. Recordad cómo Satanás tentó a Jesucristo: «Lánzate abajo, pues está escrito: A sus ángeles te ordenará y en sus manos te sostendrán».

Lo que ahora hacen Trump y Netanyahu, Estados Unidos e Israel, es precisamente ese salto desde la torre. Creen que los ángeles del infierno los sostendrán en esa caída y les otorgarán el dominio mundial. Esta es la más auténtica tentación satánica. Por eso, la geopolítica de la profecía no es una fantasía, sino una fuerza efectiva y extremadamente peligrosa.

Presentador: Pasemos ahora a una figura cuyo calibre es incomparablemente inferior al de los líderes occidentales y orientales mencionados, pero que intenta constantemente mantenerse en la agenda informativa. Me refiero al presidente saliente de Ucrania, que de repente se ha desplazado a Oriente Próximo e incluso ha firmado en los Emiratos Árabes Unidos unos acuerdos —supuestamente sobre el suministro de gasóleo y demás—. Es evidente que, a escala mundial, esta cuestión tiene mucha menos relevancia, pero para nosotros, para Rusia, en el contexto de la operación militar especial en curso, sigue siendo de actualidad. ¿Cuál es su opinión sobre la aparición de Zelenski en Oriente Próximo, en este mismo punto de inflexión y bifurcación mundial? ¿Por qué ha ido allí y qué objetivos políticos persigue en la situación actual? Y lo más importante: ¿los conseguirá? Al fin y al cabo, muchos expertos coinciden en que simplemente han dejado de prestarle atención en medio de las convulsiones globales.

Alexander Dugin: En primer lugar, es cierto que han dejado de prestarle atención. Cuando los gigantescos demonios entraron en escena, a nadie le importan ya los pequeños demonios y los insignificantes como Zelenski. Él intenta integrarse en la coalición de estos grandes demonios: se hace notar, dice que él también puede ensuciarse y matar. Pero no son más que intentos desesperados. Antes, cuando las fuerzas principales aún se estaban acercando, le pusieron delante una enorme lupa, lo proyectaban como un holograma en las pantallas del mundo, los parlamentos le aplaudían. Era un calentamiento. Ahora, con la llegada de los grandes demonios, por supuesto, ha resultado insignificante en comparación con ellos.

Su «ayuda», por supuesto, no influye en nada. Llegaron unos drones y los iraníes los eliminaron de inmediato junto con el personal ucraniano. Una cosa es luchar contra nosotros en un territorio conocido, donde se han atrincherado durante años en contra de los acuerdos de Minsk. En Oriente Próximo el panorama es diferente: allí se les ve como en la palma de la mano, allí eliminar a sus expertos y al propio Zelenski es pan comido. Los iraníes, después de todo lo que han pasado, han dejado de lado las formalidades.

Ha tocado un tema importante: ¿por qué los estadounidenses y los israelíes, como auténticos carniceros y maníacos, atacan las universidades, destruyen a los pensadores, a los científicos y a los estudiantes? Porque es una guerra del espíritu, una guerra de las tinieblas contra la luz. Ellos comprenden que la fuerza de Irán no está solo en los misiles, sino en los corazones y las mentes, en la educación y la cultura. Nosotros también deberíamos prestar atención a esto. El enemigo es perfectamente consciente de que la ciencia y la educación soberanas son un recurso fundamental de la sociedad, sobre el que todo se sustenta.

Los ataques contra las universidades no son solo una locura o una violación de las convenciones. El enemigo golpea en pleno corazón, porque se trata de una guerra de ideas. Por un lado, está su profecía; por otro, la visión iraní o la nuestra sobre el lugar que debe ocupar Rusia en esta época crítica del fin de los tiempos. La idea de la profecía no es algo sin sentido. En ellos se presenta de una manera, en los iraníes de otra. Nosotros, por nuestra parte, tenemos nuestra propia misión: el papel de Katechón, el que retiene al mundo de la llegada del Anticristo. Nuestro poder heredó este papel de Bizancio.

Cada participante en el conflicto actual —tanto en Ucrania como en Oriente Próximo— tiene su propio mapa de esta última batalla. Y si el enemigo lanza ataques selectivos contra las universidades, significa que el pensamiento soberano es un componente fundamental de esta guerra. De los acontecimientos en Oriente Próximo debemos extraer muchas conclusiones, pero esta —sobre la importancia del pensamiento y el espíritu— es, en mi opinión, la más importante.

Presentador: Y, para terminar, una pregunta interesante que nos ha llegado al canal de Telegram. Se refiere a la posibilidad de la llamada «tregua de Pascua»: «¿Cree usted, Alexander Guélievich, que esta gran festividad —ya sea la Pascua católica, que se celebra ahora en Occidente, o la nuestra ortodoxa— puede influir de alguna manera en la intensidad de las hostilidades? ¿Es posible que Irán o Israel hagan algún gesto relacionado con estas fechas, o en el actual clima escatológico son ya impensables tales treguas?».

Alexander Dugin: Creo que de ninguna manera. Absolutamente de ninguna manera. En a la ortodoxia, es nuestra fe, la fe de nuestros pueblos, y los ortodoxos no participan directamente en esta escalada concreta en Oriente Próximo. En cuanto a los católicos, condenan esta guerra y, de hecho, ahora están comenzando las persecuciones contra ellos en Estados Unidos. Se vuelve a acusar a los católicos de antisemitismo, convirtiéndolos en una especie de chivos expiatorios en el marco de la nueva política radical-misionera de EE. UU. De ahí las prohibiciones, de ahí las burlas hacia ellos.

El Papa prohibió hace unos días de manera tajante rezar por quienes han desatado esta matanza. «Tienen las manos manchadas de sangre —dijo el pontífice—, por ellos no rezamos». Este es un punto muy importante: la tradición cristiana general implica rezar por todos, pues el alma y el corazón del hombre son un misterio, y quien debe juzgar es el Señor, no nosotros.

Pero si el jefe de la Iglesia católica —la confesión más grande, que reúne a mil quinientos millones de fieles— ha reconocido que está prohibido rezar por Trump, Netanyahu y los sionistas que iniciaron esta guerra, se trata de una señal extremadamente grave. En un ambiente así, no se puede hablar de ningún tipo de tregua.

Presentador: Es decir, resumiendo: ¿la Pascua no detendrá los ataques de Irán contra Israel y no debemos esperar ninguna tregua?

Alexander Dugin: La tradición judía, en esencia, rechaza a Cristo, por lo que las fiestas cristianas no tienen nada que ver con ellos. Los musulmanes, por su parte, no celebran la Pascua: tienen su propio calendario y sus propios lugares sagrados. Así pues, los principales actores de este proceso no están vinculados mental ni espiritualmente a la Pascua.

Y la «civilización de Epstein», representada por Estados Unidos, no tiene absolutamente nada que ver con esta gran festividad.

Estoy convencido de que, para ninguno de los participantes directos en el conflicto, la Pascua tiene un significado sagrado. En su sistema de coordenadas no tiene ningún sentido detener las hostilidades en este contexto. Para esta guerra, el calendario cristiano no es en absoluto un argumento.


Punto y seguimos | Ir al cine es defender el disfrute

 Una de las fuentes de entretenimiento más importantes de la humanidad es el cine. La posibilidad de sentarse, en grupo, en un espacio inmersivo que nos muestra historias y mundos, creando una experiencia sensorial e intelectual con la rara cualidad de ser profundamente individual, pero también compartida, es la que dota al cine de su maravilla. Más allá del arte que supone su creación, es lo que genera en sus receptores lo que maximiza su esencia. Desde su invención a finales del siglo XIX, el cine ha evolucionado en técnica; sin embargo, en estos tiempos, se ha visto afectado por los cambios que la tecnología ha generado en la forma en la que la humanidad crea, cuenta y transmite historias audiovisuales.

Mientras por un lado el cine hoy ofrece incluso experiencias en 4D, sonido envolvente, salas con butacas y pantallas diseñadas para que la “inmersión” sea más profunda; por el otro sufre de una menor asistencia a las salas. La llegada del streaming, que llevó las películas a la casa, en pantallas más pequeñas y con catálogos enteros a disposición de las personas, contribuyó (y contribuye) a que sea la forma más elegida para consumir “cine”. Por supuesto, influyen otros factores que condicionan el ir al cine en un teatro de manera tradicional, siendo el costo el principal de ellos; asistir implica no solo el gasto de la entrada, sino el traslado, la necesidad de usar ropa adecuada e incluso la carga cultural de tener que consumir bebidas o comidas asociadas a la experiencia cinematográfica en sala, cosa que en nuestro siglo XXI puede resultar un lujo para muchas personas. Ciertamente, en contextos de crisis, las personas dejan de invertir en entretenimiento y la cuenta es simple: es más barato pagar un servicio de streaming con miles de películas que asistir regularmente al cine.

Esto, aunque no negativo en sí mismo, sí que le va restando al cine y a la gente algo esencial, el disfrute compartido, la socialización sensorial junto a otros. ¿Quién no se ha sentido en comunidad al emocionarse audiblemente durante una película y notar que el resto de la sala también lo hace? ¿Quién no recuerda el impacto de alguna película en particular, a la que se fue a ver con amigos, pareja o familia? La sala oscura lleva además a la atención, un privilegio que no solía serlo, pero que ahora, gracias a los celulares y dispositivos constantes, también hemos perdido. Ver una película en el cine invita a concentrarse y sumergirse en la historia, a vivirla, a sentirla (incluso con la molestia constante de gente que no logra despegarse de sus teléfonos) y nos ofrece además el chance de hacerlo junto a otros, de comentar al salir, de crear conversación en un mundo donde todos van con la cabeza pegada a una pantalla minúscula. Ir al cine es hoy un acto de resistencia y de defensa de una de nuestras invenciones más hermosas. Es permitirnos el disfrute y la comunión. No lo dejemos perder.

Mariel Carrillo García 



jueves, 23 de abril de 2026

Columna de Juan Martorano 526: Debemos cuidar a Mario.

 

*JUAN MARTORANO

El pasado domingo 19 de abril, Mario Silva García tuvo un programa candente, duro a través de diferentes plataformas tecnológicas y digitales de su “Al Filo de la Medianoche”. El mismo, tuvo un fuerte componente ideológico y conmemorativo, enlazado y enmarcado con los procesos de emancipación y la defensa de la soberanía nacional por la coyuntura que estamos viviendo en la República Bolivariana de Venezuela, luego de los eventos del 3 de enero de 2026.

Trataremos, a riesgo de que algunos de los puntos tratados por Mario se nos puedan quedar por fuera, de realizar una síntesis de los puntos tratados por Mario en el referido programa:

1.- Contexto Histórico y Soberanía: Silva inició el programa resaltando la fecha como el Bicentenario de hitos fundamentales en el proceso de independencia de Venezuela. Utilizó el lema "Hoy como ayer", estableciendo un paralelismo directo entre la lucha contra el imperio español de 1810-1826 y la actual confrontación con  el imperialismo estadounidense. El mensaje central fue la obligación moral y política de todo ciudadano de defender la libertad y la soberanía frente a amenazas externas.

2.- La Doctrina de la Defensa Integral: Un punto neurálgico del análisis fue la inviabilidad de una invasión terrestre por parte de potencias extranjeras. Silva argumentó que:

Capacidad Numérica: Sostuvo que Estados Unidos no posee la capacidad terrestre suficiente para sostener una ocupación en territorio venezolano.

Pueblo en Armas: Enfatizó que la Revolución Bolivariana no es "desarmada", recurriendo a la tesis de la defensa popular para asegurar la integridad territorial.

Guerra de IV Generación: Advirtió sobre intentos de derrocamiento "sin disparar un tiro", mediante el sabotaje económico, la apropiación de recursos naturales y la violación de la soberanía en nombre de una supuesta "paz". (Leopoldo Puchi llamó a eso la “Ocupación Silenciosa” o Guerra Cultural, la cual comentamos en ediciones anteriores de nuestra columna).

3. La Batalla de las Ideas y el Socialismo

Silva citó documentos fundamentales del PSUV (Declaración de Principios, Bases Programáticas y Estatutos) reforzando la idea de que la única salida para la supervivencia de la especie humana es la construcción del socialismo bolivariano.

Crítica al Capitalismo: Calificó el modelo de crecimiento y acumulación del capitalismo como un "imperativo irracional" que atenta contra la condición humana..

 Guerra Cultural: Definió la situación actual como una batalla psicológica y cultural integral, donde el conocimiento y la formación de los cuadros revolucionarios son las herramientas principales para no repetir fracasos históricos.

4. Denuncia de Estrategias de Privatización:

Hizo una advertencia severa sobre los riesgos de revertir los logros de la revolución. Mencionó que cualquier intento de privatización o derogación de leyes soberanas equivale a un "golpe de estado" encubierto, cuyo objetivo final es la entrega de los recursos energéticos del país.

Mario en sus más recientes programas, tanto en La Hojilla como en Al Filo de la Medianoche, se ha caracterizado por un tono de alerta constante, donde Mario Silva suele llamar a la militancia a la "máxima vigilancia" y a la organización comunitaria para enfrentar lo que él describe como la decadencia del poder hegemónico unipolar.

Y es actitud irreverente que compartimos le ha costado que sea excluido de la parrilla de programación de Venezuela News. Conservando un espacio de una hora los martes en Venezolana de Televisión (de 11 pm a 12 am) pero por falta de recursos, no puede costear el programa y, por ende, no puede salir al aire.

Eso sin contar, y es bien grave, que producto de sus denuncias y mensajes, en épocas del Comandante Chávez sufrió atentados, por lo que contaba con una seguridad provista por el Estado. Esa seguridad, a partir de los hechos posteriores al 3 de enero, le ha sido retirada. 

Mario señaló que eso no le impedirá hacer el trabajo comunicacional que le caracteriza y que le admiramos y seguimos. No obstante, y la verdad sea dicha, lo expone y lo deja a merced de cualquier acción del enemigo en contra de su integridad física o de personas cercanas a su entorno.

Por ello, ya cerrando este mensaje. Luego de la evaluación de este programa y de todo este conjunto de reflexiones, podemos señalar como conclusión que no debemos darle tantas vueltas a la esencia de las actuales contradicciones que tenemos en el seno de nuestra sociedad. Y en estos momentos lo que debería ocupar la mayor parte de nuestras energías es la convocatoria para un proceso de reorganización, rearticulación y reagrupación de las fuerzas para poder echar al imperialismo que de manera sigilosa pretende colarse en nuestras instituciones y espacios. Lo demás serían florituras y cuentos de camino como decimos coloquialmente en Venezuela.

Hacer caso al pensamiento del Comandante Fidel Castro Ruz, cuando dijo: “Hay que poner el oído en el suelo para escuchar el rumor del pueblo”.

Y todas las organizaciones comunitarias, populares, revolucionarias, el PSUV, el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar y todo aquel y aquella que sienta la Patria desde las vísceras como diría Augusto Mijares, debemos encontrarnos para organizarnos bajo una dirección colectiva y articulada por supuesto con el Gobierno Bolivariano que hoy encabeza Delcy Rodríguez en su condición de Presidenta Encargada de la República, para poder responder a la agresión imperialista.

Y por último, como hemos titulado esta edición de esta columna, cuidar a Mario y a los cuadros y a las mujeres que en este momento podrían constituirse en una vanguardia esclarecida que sirvan para orientarnos y disipar las incertidumbres que podrían haber en el seno de nuestro pueblo, para poder direccionar políticamente y de manera colectiva, en medio de un escenario no solo interno sino político y geopolítico a nivel internacional signado por la incertidumbre producto del ejercicio de la presidencia imperial de Donald Trump y la decadencia del imperialismo estadounidense .

¡Bolívar y Chávez Viven. ¡Sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!

¡Independencia y Patria Socialista!                

¡Viviremos y Venceremos!

¡Leales siempre: Traidores Nunca!

* Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y TuiterasSocialistas. , jmartoranoster@gmail.comj_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano




Desde afuera | Venezuela se muestra más fuerte que nunca

 Federación Internacional de Escritores y Escritoras por la Libertad (FIEL)

El equipo coordinador de FIEL libra la batalla contra el fascismo a través de la cultura.

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El sueño de la patria grande ha buscado materializarse de muchas maneras. Una de las formas más eficaces de unir a los pueblos latinoamericanos ha sido a través del arte. Una iniciativa que está dando frutos no solo en la región, sino a nivel mundial, ha sido la Federación Internacional de Escritoras y Escritores por la Libertad (FIEL). Se trata de una organización conformada por cultoras y cultores de diferentes áreas creativas, profundamente comprometidos con la lucha contra el fascismo.

Esta propuesta nació en Argentina en el año 2019 y agrupa en la actualidad a más de 71 países. Es un colectivo plurinacional que realiza labores artísticas, encuentros, publicaciones y difusión de material de sus integrantes, entre otras actividades. En el ámbito de la creación, intercambio y participación en proyectos culturales, la organización nació con el fin de expandir, sistematizar y organizar las acciones de insurgencia cultural como una herramienta de construcción artística junto al pueblo, sin explotadores ni explotados (o sin explotación), sin opresores ni oprimidos (o sin opresiones), donde la especie humana puede vivir en paz y armonía con la naturaleza.

FIEL ha manifestado su solidaridad férrea con el proyecto bolivariano, y en nuestro país ha celebrado diversos encuentros poéticos, como el festival La Luna con Gatillo (en conmemoración de los 120 años del poeta argentino Raúl González Tuñón), el recital Venezuela en Resistencia (Filven 2025) y el Encuentro de Poesía Punk (a la memoria de Abraham Cangrejo), como parte del Mitin Mundial por la Insurgencia Cultural.

Conversamos con parte de la directiva de FIEL, concretamente los poetas y docentes Leonardo Herrmann (secretario general, de Argentina), Ada Membreño (secretaria adjunta, de El Salvador) y Oscar Ruiz de Huidobro (secretario de organización). Veamos cómo nos percibe el equipo de creadores de FIEL desde afuera.

¿Cuál es el objetivo de FIEL en el mundo y de qué manera piensan cumplir su propósito?

LH: La Federación Internacional de Escritoras y Escritores por la Libertad es una organización político-cultural antiimperialista que lucha junto a los pueblos por la liberación de todas las cadenas que los oprimen. La cultura es una trinchera estratégica donde se libra lo que Fidel definía como batalla de ideas; es decir, la confrontación del agónico imperio de la muerte y el inexorable amanecer igualitario de la humanidad. En esa batalla de fuerzas antagónicas y contradictorias, lo viejo se niega a morir y lo nuevo nace con la fuerza del amor y la lucha de los pueblos. Por eso el imperialismo está más agresivo, más sanguinario, más criminal y más peligroso, porque es consciente de su debilidad estructural y de su irreversible debacle. Su violencia en la fase terminal de su modelo de acumulación se traduce en todos los terrenos, incluso en el simbólico. El lenguaje del odio y la cultura del odio son propios de la construcción del relato fascista. Frente a esto, nosotros como FIEL impulsamos el internacionalismo solidario como una forma de unidad de los trabajadores de la cultura y sus pueblos. Planteamos que es urgente articular la insurgencia cultural como un arma de confrontación artística de los trabajadores de la cultura contra la versión falsificada del imperialismo, el rescate de la memoria colectiva de los pueblos y la formación de un artista integral y consciente de su pertenencia a la clase trabajadora y al pueblo. Es decir, hay que romper con aquella visión elitista burguesa del "artista" como un bufón al servicio de la oligarquía y de su arte como un adorno o un lujo aristocrático. Debemos construir un trabajador de la cultura revolucionario que rompa las cadenas y marche hacia la liberación, con su pueblo en las calles.

¿Cómo se ha vinculado FIEL con Venezuela?

AM: FIEL, desde su formación, se ha vinculado con trabajadores de la cultura y colectivos de Venezuela. Para nosotros como organización es estratégico unirnos a los trabajadores de la cultura que han luchado y defendido la Revolución Bolivariana de Venezuela. Todo proceso de construcción es complejo y pasa por diferentes etapas. Nosotros tenemos como línea política construir regionales por país. Esta es una enseñanza del viejo movimiento anarquista que se dio a principios de 1900 en Argentina. Este decía que la clase obrera, que los trabajadores, como fuerza social, son "internacionales". A su vez, también es un aporte del movimiento revolucionario mundial, que nos enseñó que los procesos de liberación de los pueblos son internacionales por su contenido, es decir, por la clase trabajadora como dirigente del proceso, y nacional por su forma. En el 2025, hemos logrado construir la Regional Venezuela gracias al trabajo de la responsable María Eugenia Acero Colomine.

¿Cómo ha sido la experiencia de FIEL en Venezuela?

LH: La experiencia fue muy rica y productiva. En 2025 se han realizado recitales presenciales y virtuales, además de homenajes. Se ha participado en iniciativas internacionales como el Encuentro Internacional de Escritoras y Escritores La Luna con Gatillo y el Mitin Mundial de la Insurgencia Cultural. La presencia de trabajadores venezolanos de la cultura se sumó a numerosas actividades de solidaridad internacional, y durante el violento ataque del imperialismo yanqui a Venezuela se elaboraron partes diarios en forma de cápsulas audiovisuales para informar al mundo de la verdad del pueblo bolivariano. El balance del trabajo de organización de la Regional Venezuela de FIEL es sumamente positivo.

¿Cómo ves a Venezuela actualmente?

AM: La veo resistiendo a los feroces ataques del imperialismo. No hay que olvidarse de que su legítimo presidente, Nicolás Maduro, y su compañera, Cilia Flores, siguen secuestrados por Estados Unidos, y que la lucha por liberarlos es una prioridad. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, está dando un gran trabajo al preservar las instituciones revolucionarias. A su vez, los ataques imperialistas contra el pueblo y el gobierno de Venezuela se dan profundamente en lo simbólico, en una feroz guerra cognitiva que intenta mostrar la falsa imagen de un gobierno dividido y debilitado para desmoralizar al pueblo y alentar los movimientos internos golpistas. Sin embargo, sabemos que en Venezuela los yanquis no pasarán. Es muy inteligente lo que está haciendo el Gobierno Bolivariano con respecto a la diplomacia internacional. Lejos de la ilusión que intenta proyectar Estados Unidos hoy, el gobierno de Venezuela y su pueblo se muestran más fuertes que nunca.

¿Qué les ha enseñado la Revolución Bolivariana?

ORH: Principalmente, que se puede empezar un proceso transformador en pleno ejercicio del capitalismo dependiente. Fue una política que nació del comandante Hugo Chávez Frías, quien fundó las bases del socialismo del siglo XXI, y que se instrumentó con una política bolivariana que abrió puertas al antiimperialismo, con una amplia participación de las masas populares, logrando de esa manera una nueva redistribución para reducir el atraso y sacar al pueblo de la pobreza y la indigencia.

Este proceso se inició teóricamente a principios de los noventa y se consolidó con la llegada del comandante Chávez a la presidencia en 1999. A partir de ahí, se rescataron los fundamentos del ideario de Simón Bolívar. De esta manera hubo un cambio radical que promovió un principio revolucionario, con formas de democracia participativa y claros enfrentamientos al ideario del imperialismo estadounidense.

¿Qué mensaje deseas darle a Venezuela en este momento?

ORH: El mensaje que puedo dejarle al pueblo y al gobierno del legítimo presidente Nicolás Maduro, secuestrado por el imperialismo estadounidense, es que sigan brindando un ejercicio de búsqueda de la paz, basado en el principio libertador de que "la paz es nuestra y por ella luchamos". Sigan siendo consecuentes con los ideales bolivarianos y refuercen el socialismo del siglo XXI como forma de vencer la guerra económica y político-militar que les impone el imperialismo estadounidense.

Es la única forma de traer a Nicolás y Cillia de nuevo a tierras bolivarianas. El mejor mensaje es decirles a todas y todos los venezolanos que cuenten con nosotros, ya que en cada lugar que nos encontremos, lucharemos para que el presidente Maduro y su compañera regresen a Venezuela.

 

María Eugenia Acero Colomine

@mariacolomine