viernes, 17 de julio de 2026
Comandante Chávez: Este es un gobierno aliado de la clase obrera
Reconciliación o negociación política: La trampa semántica del paternalismo imperial
Oscar Bravo
Las recientes declaraciones del portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Tommy Pigott, no constituyen una novedad diplomática, sino la reiteración de un guion de injerencia largamente ensayado por Washington.
Al calificar de "reconciliación política" el acercamiento entre las instituciones legítimas de la República y un sector de la oposición agrupado en torno a la ya extinta y ficticia estructura de la "Asamblea Nacional de 2015", la Casa Blanca intenta, una vez más, imponer su narrativa y tutelar la soberanía venezolana.
El uso del término "reconciliación" por parte de los voceros estadounidenses no es inocente; es una trampa semántica y conceptual. La paz y la reconciliación son procesos endógenos, soberanos y estrictamente reservados a la jurisdicción interna de los Estados, tal como lo consagra el Artículo 2, numeral 7 de la Carta de las Naciones Unidas.
El comunicado de Washington intenta posicionar a figuras desgastadas y carentes de representatividad real en el territorio nacional, como Dinorah Figuera y el pretendido "Gobierno interino", como interlocutores necesarios.
Resulta éticamente cuestionable y alarmante la manipulación que la administración estadounidense hace de la reciente catástrofe natural. Afirmar que los devastadores terremotos que sufriera la nación han puesto en relieve la urgencia de contar con unidad, un liderazgo responsable e instituciones capaces, es un acto de cinismo geopolítico.
Washington utiliza el dolor de las víctimas y la urgencia de la reconstrucción nacional no para ofrecer una ayuda humanitaria genuina y desinteresada, sino como un elemento de presión política para forzar lo que ellos denominan una "transición electoral".
El inicio de una hoja de ruta conjunta para el próximo 1 de agosto entre el Parlamento venezolano legítimo y este grupo de exdiputados de 2015 debe entenderse bajo la doctrina de la soberanía nacional: La agenda debe centrarse en la reconstrucción, libre de condicionamientos imperiales.
El proceso que inicia en agosto no debe responder a las expectativas de transición del Departamento de Estado, sino a la consolidación de la paz territorial y la estabilidad política que Venezuela se ha ganado a pulso frente a la agresión imperial.
La verdadera reconciliación nacional pasa por el respeto irrestricto a la Constitución de la República y la defensa unánime de nuestra independencia, rechazando categóricamente cualquier intento de EE.UU por tutelar el destino de la nación en momentos donde la unidad y la dignidad nacional son una urgencia.
Parece una reconciliación con presión imperial.
Un venezolano antiimperialista. Politólogo.
bravisimo929@gmail.com @bravisimo929
