viernes, 29 de mayo de 2026

Delcy Rodríguez en actos en Anzoátegui, 28 de mayo de 2026: Peregrinación contra sanciones

Diosdado Cabello en peregrinación en el estado Falcón, 28 de mayo de 2026

Trinchera de Ideas Jueves 28 de mayo

"Después del 3 de enero, cualquier país puede ser atacado por EE.UU." | María Vergara en SINSONTE

¿Qué sigue para el chavismo en Venezuela? | William Serafino lo analiza en Sinsonte

Comandante Chávez: Me pongo al frente del esfuerzo por el diálogo

Columna de Juan Martorano 551: ¿Mensaje oculto del Capitán Diosdado Cabello al inicio de su programa “Con El Mazo Dando” edición 572?

 

*JUAN MARTORANO

El inicio del programa “Con el Mazo Dando” número 572 tuvo un tono inusual, donde Diosdado Cabello dedicó un largo segmento (más de 30 minutos y al inicio) a relatar con mucho detalle un "sueño" de carácter místico y premonitorio, vinculado a una experiencia real que acababa de vivir (la enfermedad de la Covid 19).

Lejos de los tradicionales códigos cifrados de la política puramente electoral o militar, el "mensaje oculto" o la narrativa que se manejó allí se estructuró bajo varios hilos conductores bien definidos:

1.       La experiencia cercana a la muerte (2020) y la Laguna: Cabello narró que el origen de todo proviene de julio de 2020, la época en la que estuvo gravemente enfermo de COVID-19. Recordó que en su delirio o inconsciencia (cuando "creyó que se había muerto") se vio a sí mismo siendo transportado en una tabla a la orilla de una laguna rodeada de Enea (una planta alta de humedales). En el sueño, alguien decía *"Este está respirando, mi capitán", antes de rescatarlo.

2.       La coincidencia en el cementerio de Paraguayipoa: El núcleo del relato actual ocurre porque Cabello estuvo recientemente de visita en **Paraguayipoa** (Zulia) como parte de los eventos de la "peregrinación" del PSUV. Explicó que mientras manejaba sintió un fuerte impacto al ver el cementerio local:

a)      Encontró una choza y un mesón de cemento pulido que eran exactamente iguales a los lugares de su sueño de 2020.

b)      Al revisar las tumbas del lugar, descubrió que la primera fosa pertenecía a una persona que falleció exactamente el 28 de julio de 2020, el mismo día en que él despertó y se recuperó de su enfermedad.

¿Cuál es el mensaje que busca transmitir?

El discurso del chavismo suele utilizar este tipo de narrativas místicas —muy similares a las que en su momento se construyeron en torno a la salud de Hugo Chávez— para proyectar varios mensajes políticos y de control interno:

Destino y Protección Divina: Al insistir en las coincidencias matemáticas y visuales, el mensaje central es el de la "predestinación". Busca reforzar la idea de que su supervivencia en 2020 no fue casualidad, sino que tiene un propósito político y espiritual vigente que cumplir.

Contraste con la oposición: Cabello usó la historia del sueño como puente para arremeter contra la oposición, tildándolos de "malos seres humanos" que los consideran "inferiores". El relato místico sirve para blindar su figura moral frente a sus adversarios.

El factor de la despedida: Este relato coincidió en el mismo programa con comentarios donde asomó la posibilidad de que Con el Mazo Dando pueda llegar a su fin en el futuro cercano ("el próximo quizás no lo haga... anoten ahí para que hagan sus editoriales"), sumando una atmósfera de nostalgia y cierre de ciclos dentro de la directiva del PSUV. (¿O una eventual “extracción” o que por resistirse, pueda ser asesinado por los gringos? Por inquietudes que nos surgen).

Ahí se la dejamos.

¡Hasta la ternura siempre!

¡Bolívar y Chávez Viven. Sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!

¡Independencia y Patria Socialista!                

¡Viviremos y Venceremos!

¡Leales siempre: Traidores Nunca!

* Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tuiteras Socialistas. , jmartoranoster@gmail.comj_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano



Letra desatada | Certezas

 Por Mercedes Chacín Díaz

 

 Desde que la fuerza militar gringa invadió nuestro cielo y nuestro suelo el 3 de enero de 2026, la guerra cognitiva en Venezuela pasó a una fase de confirmación en la realidad: más de 100 misiles impactaron, más de cien víctimas, el secuestro del presidente Maduro y de Cilia, decenas de edificaciones destruidas y… varias certezas.

La primera es la capacidad del imperio gringo para hacer del amedrentamiento y las operaciones psicológicas un espectáculo noticioso: “Estados Unidos bombardeó Caracas”. Esta invasión fue precedida de múltiples tensiones, incluyendo la ruptura de relaciones diplomáticas por iniciativa de Nicolás Maduro el 23 de enero de 2019. Antes, en 2004, el comandante Chávez ordenó la salida de la representación militar estadounidense en el Fuerte Tiuna en mayo de 2004.

La ruptura de las relaciones diplomáticas tuvo un antecedente importante. En abril de 2015, el gobierno de Barack Obama firmó un decreto ejecutivo en el que se declaró a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria” para Estados Unidos. A estas alturas, esta aparente ambigüedad, que trajo no pocos análisis, nos confirma otra certeza: lo que se decretó fue que en el futuro esa amenaza debía terminar.

Para sorpresa del mundo y por razones de distinta índole, el pueblo venezolano resiste hasta hoy una política exterior estadounidense que incluyó distintos ataques. El más feroz: cortar todo tipo de ingreso de alimentos al país, con la colaboración sistemática de una oposición que nunca pudo actuar sin la ayuda extranjera. Varios líderes de la derecha y la ultraderecha destacaron en este conciliábulo: Antonio Ledezma, Leopoldo López, Juan Guaidó, Julio Borges y María Corina Machado. Seguiremos sumando certezas.

Acidez estomacal

La invasión del 3 de enero dejó al país (y creo que a buena parte de nuestros enemigos y amigos) en estado de shock postraumático. Desde entonces, los acontecimientos y la narrativa gringa —no olvidemos la guerra cognitiva porque es la clave de lo que nos ha sucedido en 27 años— nos han hecho consumir todo tipo de basura que algunos engullen sin darse cuenta y les gusta; otros la usan para beneficio propio; a muchos les causa vómitos e infartos estomacales, pero de cualquier modo ingerida porque el país hegemón no solo hegemoniza, valga la redundancia, por ser imperio y poseer un gigantesco complejo industrial militar, sino porque con su dominio casi absoluto de la industria cultural maneja las mentes de miles de millones de personas.

Si usted llegó hasta aquí, me alegra. Porque viene tal vez la más compleja de explicar de las certezas.

Narrativas a la carta

El pueblo venezolano, el que está adentro y el que está afuera, tal vez nunca sepa la verdad de todo este peligroso embrollo. A partir del 3 de enero, la narrativa gringa se ha visto afectada por sus propios engendros comunicacionales. Y a lo interno de nuestra patria, porque tenemos patria, aunque nuestra soberanía esté verdaderamente herida por el ejército invasor, las consignas envueltas siempre entre la lealtad y la traición, la patria ha pasado por varias etapas.

La primera empezó el mismo 3 de enero cuando, producto de la gestión diplomática que siguió a la barbarie gringa, nuestro pueblo y el presidente del ejército invasor aceptaron la legitimidad de la encargaduría presidencial. Esa certeza nos permitió y nos permite disfrutar de esta “paz”.

Siendo que veníamos de una invasión donde la traición puede ser una sospecha o, de nuevo, una certeza, la presidenta encargada, Delcy Eloína Rodríguez Gómez, cambió personajes claves para su gestión temporal que siempre ha tenido como objetivo, en primer lugar, el regreso de la pareja presidencial. Debido a la toma de decisiones que en sí mismas no han traído cambios sustanciales, algunos dirigentes del chavismo y más allá han insistido en que la presidenta encargada de Venezuela ha destruido la soberanía y la independencia, traicionando con ello al presidente Nicolás Maduro. Obviando si lo digerido no pasa de un leve retorcijón o es un infarto intestinal, la estrategia de la paz ha sido puesta en entredicho. Y con ella la libertad de Nicolás y Cilia.

La paz en la mira

Hay dos enemigos fuertes de la paz: el negocio de la guerra y la justicia. Ambos son autoexcluyentes en nuestra realidad. O se es perro de la guerra o se hace justicia. El gobierno encargado de Delcy Rodríguez Gómez tomó la iniciativa al proponer la Ley de Amnistía. En las guerras, aunque sean cognitivas, se cometen injusticias. La reforma de la Ley del TSJ y la Comisión de la Revolución Judicial son molestas para muchos. Los primeros aterrados deben ser los jueces. Muerto el perro, la rabia no es certeza.

Lo hemos dicho y escrito otras veces. El único poder intocado en la Revolución Bolivariana ha sido el Poder Judicial. Desde la decisión “plasta” que acuñó Chávez cuando el TSJ dijo que en Venezuela hubo un “vacío de poder” el 11 de abril de 2002, en lugar de un golpe de Estado, no solo los medios de comunicación quedaron en entredicho, también los magistrados de la época. La justicia penal a consulta popular.

Amnistía invisibilizada

No hay neutralidad en los medios de comunicación, tampoco en los contenidos de Hollywood, la poderosa industria cultural imperialista. Veamos qué ha sucedido con la Ley de Amnistía, impulsada por el gobierno de Delcy. Se difundió este titular: 8.740 beneficiados con la Ley de Amnistía. Ese número se tradujo en: “La dictadura confiesa que van a soltar a casi nueve mil presos políticos”. Y la verdad es que fueron excarcelados 314 desde febrero hasta hoy por distintos delitos. El resto estaba siendo “juzgado” en libertad. ¿Por qué tantos? Por el retardo procesal. ¿Por qué hay retardo procesal? Porque nuestro sistema judicial no sirve. Está corrupto. Quien tiene plata sale libre. El pobre paga la cana. Los invito a leer la infografía que acompaña este texto. Con ella, según el color de su corazón, puede construir un titular. A mí me gusta este: “Miles de venezolanos obtienen la libertad plena con la Ley de Amnistía”. Otra certeza.

Perros y justicia

Decíamos que la paz tiene enemigos: los negocios y la justicia. De los negocios o negociantes no hay que hablar mucho. Son públicos, notorios y comunicacionales. El perro mayor saliva, enseña los dientes y muerde. De la justicia sí hay que hablar, porque hay personas que no pueden ser amnistiadas. Hay que tratar de ser imparciales. Se trata de la justicia.

Tal vez la decisión (o certeza) más polémica ha sido la deportación de Alex Saab. “Nos siguen pegando abajo”. Rescato un recuerdo, que ya mencionó Jorge Rodríguez en la Asamblea Nacional, cuando hizo el balance de su trabajo para liberar a gente secuestrada, apresada sin juicio por los gringos. Fidel justificó el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa porque sus conexiones con el narcotráfico (el Cartel de Medellín, muy poderoso en la época) ponían en peligro la supervivencia de la Revolución Cubana y dañaban gravemente la moral del país. Ochoa confesó en un juicio televisado sus crímenes (1989) y exoneró a Fidel. Sí, a Saab se le colocó en un afiche comparándolo con el Che Guevara (un despropósito propagandístico, sin duda) y fue deportado a Estados Unidos.

El pueblo venezolano

El pueblo venezolano está conmovido, preocupado y en ascuas. La paz y la guerra en eterna confrontación. No se puede decir lo mismo de algunos líderes que se han dedicado a cuestionar casi todas las decisiones del gobierno de Delcy Rodríguez. No dudan. Su verdad es su estandarte. ¿La nuestra? Diplomacia bolivariana de paz, los esfuerzos que se hacen por mejorar nuestra situación socioeconómica y los queremos de vuelta. Certezas.

Nos movemos entre dos consignas: dudar es traición y prohibido olvidar. Dudar es de humanos y de humanas, por eso se me antoja que es una de las peores consignas con las que me ha tocado bregar. Olvidar es un mecanismo de defensa del ser humano para aguantar lo difícil que es vivir. La unidad se erige como estrategia para no perdernos en el laberinto que nos construyó el imperio. El desmontaje del Estado de bienestar que logramos con el comandante Chávez fue destruido por el bloqueo, no por Nicolás ni por Delcy. "Pregunto, pregunto: ¿por qué nos dividimos, si solo alegramos a nuestros enemigos? ¿Por qué nos empeñamos en aislar nuestras luchas? Las luchas que nos deben llevar a la victoria final”. Cuidado. “La patria lo reclama, la lucha es de todo el que la quiere liberada”. Se lo debemos a Chávez, a Martí y a Bolívar. En la guerra cognitiva el triunfo de la paz es una certeza. Sigamos.


El espejo distorsionado, reflexiones sobre «Piel negra, máscaras blancas» de Frantz Fanon

 



Foto: Cortesía

Por: Freddy Gutiérrez.

 

Saludos compatriotas, luego de tomarme una pausa obligada, retorno con ustedes en este 2026. Hoy quiero volver sobre un tema recurrente en otras de mis publicaciones, el racismo, pero desde una arista diferente, la de la psiquiatría, para poder advertir el peso del descubrimiento de un trauma invisible. Me explico…

A menudo podemos pensar que la colonización es un evento puramente histórico, un asunto de fronteras modificadas, recursos saqueados y tratados firmados en habitaciones distantes. Sin embargo, cuando me adentré por primera vez en las páginas de Piel negra, máscaras blancas, la obra cumbre de Frantz Fanon (publicada en 1952), comprendí que el verdadero estrago del colonialismo no se limita a la geografía física. Existe una colonización mucho más sutil, persistente y devastadora: la de la mente.

Frantz Omar Fanon, también conocido como Ibrahim Frantz Fanon fue un revolucionario, psiquiatra, filósofo y escritor francés-caribeño, de origen martiniqués. Su obra fue de gran influencia en los movimientos y pensadores revolucionarios de los años 1960 y 1970.

Al leer a Fanon, no pude evitar sentir un vuelco en el estómago. El autor, un psiquiatra martiniqués que vivió en carne propia el racismo de la sociedad francesa, no escribe desde la frialdad de la academia tradicional. Escribe con la urgencia de quien diagnostica una herida abierta. Su tesis central resuena con una fuerza que desborda el tiempo: el hombre negro, atrapado en un sistema colonial, se ve obligado a vestirse con una «máscara blanca» para ser considerado humano. A lo largo de estas páginas, quiero desmenuzar cómo esta idea transformó mi manera de entender la identidad, el lenguaje (como primera prisión) y el trauma psicológico del racismo.

El viaje de Fanon comienza con algo tan cotidiano pero tan crucial como el habla. Yo recuerdo haber pensado que hablar un idioma es simplemente una herramienta de comunicación, pero, este autor, me brindó una nueva perspectiva. Adoptar una lengua significa asumir una cultura y, en el contexto colonial, el idioma del colonizador es el estándar de la civilización.

Es decir, cuando el colonizado aprende el francés -o el español, en nuestro contexto hispanoamericano-, no solo está aprendiendo vocabulario; está internalizando la idea de que su lengua nativa, su acento o su dialecto son sinónimos de salvajismo o inferioridad. El negro que habla bien el francés es visto como «más humano» por el blanco, pero al mismo tiempo es percibido con sospecha por sus iguales, como si estuviera traicionando su esencia. Y Fanon (1952/2009) lo sintetiza de una manera brillantemente dolorosa en el primer capítulo del libro: “Hablar un idioma es asumir un mundo, una cultura. El antillano que quiere ser blanco será tanto más blanco cuanto más haya hecho suyo el instrumento cultural que es el lenguaje” (p. 42).

Entonces, esta cita me hizo reflexionar sobre nuestras propias sociedades. ¿Cuántas veces nos hemos burlado de un acento indígena o rural? ¿O cuántas hemos asumido que alguien que habla con un español «perfecto» y académico es intrínsecamente más inteligente que alguien que no lo hace? Así, veo que la máscara blanca empieza en la lengua. Nos obligamos a modular la voz, a enterrar nuestros modismos, a sonar como el opresor para que se nos abran las puertas del reconocimiento. Pero el precio de esa entrada es la alienación de nuestro propio ser.

Por demás, uno de los conceptos que más me impactó del análisis psiquiátrico de Fanon es el de la «epidermización». Él explica que la inferioridad no es una realidad biológica; nadie nace sintiéndose menos que los demás por el color de su piel, es decir, la inferioridad es un producto social, una neurosis creada por el entorno colonial que se incrusta directamente debajo de la piel del individuo.

Al avanzar en la lectura, entendí que el drama del hombre negro es que está condenado a mirarse a través de los ojos del blanco. No tiene una mirada propia que lo valide. Si el blanco decide que lo negro es feo, pecaminoso, violento o exótico, el negro termina por creerlo y por odiar su propio reflejo. Se trata de un conflicto existencial insoportable: a decir de, querer ser blanco (porque el blanco representa el bien, la belleza y la razón) y de paso, saber que nunca se podrá serlo (debido a la inmutabilidad de la melanina). Aunque Michael Jackson logró resolver esto en vida, no es algo que pudiera replicarse en masa.

Prosiguiendo, ocurre que, Fanon describe este choque cultural y psicológico como una verdadera amputación del yo. El sujeto colonizado vive en una constante tensión interna, intentando borrar sus huellas, aclararse la piel (metafórica y a veces, físicamente) y renegar de sus ancestros para ser aceptado en un club que, por definición, siempre lo mantendrá en la sala de espera.

Y es que, este libro dedica capítulos sumamente polémicos pero lúcidos a las relaciones afectivas entre hombres negros y mujeres blancas, y viceversa, analizando cómo el amor y el deseo sexual también están contaminados por la ideología colonial. Cuando una mujer negra busca a un hombre blanco, o cuando un hombre negro busca a una mujer blanca, Fanon nos invita a mirar más allá del romance idílico, es decir que, en muchos casos, lo que se busca no es a la persona, sino la «salvación» que esa persona representa. Casarse con alguien blanco es una forma de «blanquear la raza», de asegurar que los hijos sufran menos, de comprar un boleto de salida de la zona del «no-ser».

Por lo tanto, lo vi como un análisis crudo que me obligó a cuestionar los estándares de belleza actuales. Las industrias cosméticas millonarias basadas en cremas blanqueadoras, el alisado del cabello rizado afro como sinónimo de «cabello formal o limpio», y la preferencia sistemática por rasgos eurocéntricos en los medios de comunicación nos demuestran que las máscaras afectivas de las que hablaba Fanon en 1952 siguen estando completamente vigentes. En otras palabras, el deseo ha sido colonizado.

Pude apreciar también, una suerte de trampa del reconocimiento y la deshumanización, ya que, hacia el final de mi lectura, me topé con la sección donde Fanon dialoga con la filosofía de Hegel y su famosa dialéctica del amo y el esclavo. Aquí, él introduce una diferencia fundamental: en el sistema colonial transatlántico, el amo blanco no quiere el reconocimiento del esclavo negro; solo quiere su trabajo, su sumisión y su silencio, pues, al blanco no le importa lo que el negro piense de él. Esto crea un vacío existencial absoluto para el colonizado, ya que, al no ser reconocido como un igual, el negro cae en lo que este autor denominó la «zona del no-ser», un limbo donde sus quejas son desvaríos, su dolor es invisible y su humanidad es cuestionada. Como bien señaló Fanon (1952/2009) en las conclusiones de su obra: “El negro no es. No más que el blanco. Todos estos hombres que se buscan, que se interrogan, que se descubren, quieren que se les reconozca su cualidad de hombres” (p. 189).

Esa frase me pareció un grito desgarrador por la dignidad. No se trata de invertir los roles de opresión; no se trata de que el negro se convierta en el nuevo amo; puesto que, el objetivo final de Fanon no es perpetuar el resentimiento, sino destruir las categorías mismas de «negro» y «blanco» que desde el racismo se inventó para dividirnos… así que, él termina haciendo un llamado a la desalienación universal.

Y es que, terminar de leer Piel negra, máscaras blancas no me dejó indiferente. Me dejó con la firme convicción de que la descolonización política fue solo el primer paso de un proceso que aún no ha terminado. Así, mientras sigamos midiendo el valor de un ser humano por su proximidad a los estándares estéticos, económicos y culturales de las antiguas potencias coloniales, seguiremos llevando las máscaras puestas.

Este autor me enseñó que la verdadera libertad no consiste en que nos den permiso para entrar en “el mundo del blanco”, sino en tener el poder y la autonomía de construir un mundo nuevo donde la piel sea solo piel, y no una sentencia de inferioridad o superioridad. Es un libro que duele, que incomoda, pero que resulta vital si realmente aspiramos a sanar las heridas psicológicas que la historia ha dejado en nuestras mentes.

Antes de irme, les cuento que conversaba sobre este tema con un abuelo de Chacao y me dijo: “mijo, pero si hay una bella canción que habla sobre racismo, de cantante Basilio de Panamá, que no deja indiferente a quién la escucha”. Pues, la busqué en YouTube y… terminé estremecido. Les invito a escucharla, pero, mientras tanto, les dejo la letra:

Cisne cuello negro, Cisne cuello blanco

No hay un lago negro y un lago blanco, y un lago blanco

Hay un lago inmenso lleno de fango, lleno de fango

No hay silencio negro, ni llanto blanco, ni llanto blanco

Hay solamente silencio y llanto, silencio y llanto

No hay un campo negro y campo blanco, y un campo blanco

Hay un campo inmenso para sembrarlo, para sembrarlo

No hay quejido negro, ni canto blanco, ni canto blanco

Hay solamente quejido y canto, quejido y canto, laralaaa

Cisne cuello negro

Cisne cuello blanco

Que se van hiriendo

Que se van besando

Alegría y llanto

No hay un cielo negro y un cielo blanco, y un cielo blanco

Hay un cielo inmenso para mirarlo, para mirarlo

No hay sendero negro, ni llano blanco, ni llano blanco

Hay solamente sendero y llano, sendero y llano

No hay un mundo negro y un mundo blanco y un mundo blanco

Hay un mundo inmenso que hay que cuidarlo, que hay que cuidarlo

No hay camino negro, ni paso blanco, ni paso blanco

Hay solamente camino y paso, camino y paso, larala

Cisne cuello negro, Cisne cuello blanco

Que se van queriendo

Que se van negando

Alegría y llanto

Cisne cuello negro, Cisne cuello blanco

Espero que podamos conseguir pronto el camino hacia una verdadera liberación de estos estigmas.

PD: Y según Darwin, recuerden que decía: “TODOS SOMOS MONOS”.

Escríbanme, siempre los leo. Un abrazo fraterno camaradas,

 

¡Hasta el próximo artículo!

 

 

Freddy J. Gutiérrez González

 

@freddygutierrezgonzalez


Vuelve el perro arrepentido (2026)

 


Foto: Referencia

Por Carola Chávez

Este artículo seguramente ya lo escribí en 2014. Casi que podría copiar y pegar cualquiera de mis textos de esos tiempos, cambiar el nombre de Nicolás por el de Delcy y estaría todo dicho.

Es que volvimos a 2013, 14, 15, 16… Volvimos a aquel tiempo fastidioso en el que la siempre inoperante izquierda perfecta, de lejitos, con asquito, se cree con derecho a juzgarnos. Volvimos a los legadólogos, los que entonces afirmaban entre indignados y compungidos que Maduro traicionó el legado de Chávez y que hoy, sin tapujos aseguran que Delcy traicionó el legado de Maduro. Vuelven los mismos con su triste cantaleta-pataleta-pantaleta, impoluta pero siempre hediondita a ego. Vuelven a medirnos, a descepcionarse de nosotros, a tratar de convencernos de que desviamos el camino porque su librito dice que las cosas no se hacen así como las hacemos. Dan sueño.

Opinadores distanciándose de nosotros en nombre de sus principios. La distancia siempre estuvo. El aire de superioridad también. Si alguien traicionó a la revolución venezolana fue esa izquierda, esos progres pendejos que jamás aceptaron a Chávez hasta que Fidel lo bendijo. Esos que en cada uno de nuestros momentos difíciles, y miren que han sido tantos, en lugar de ver cómo apoyarnos, se dedican a buscar una pelusa, un gesto, un detalle que les sirva de pretexto para echarnos en el charco del enemigo.

Esos que reducen la virtud revolucionaria a que un presidente gobierne en chancletas, legalice la marihuana, o se declare vegano porque pobrecitas las vacas. Ya lo hemos vivido.

La mezquindad contra la Revolución Chavista no nació en tiempos de Nicolás. El mismísimo Chávez les resultaba tan imperfecto: era brillante, sí, pero era «milico», y negro, alzao y jodedor, -¡qué falta de seriedad!- Pero lo peor es que no se dejaba tumbar. Chávez, para el relato de esa izquierda, que más que relato es lamento, tenía un defecto imperdonable: vocación de poder. en lugar de la tan deseable y rentable (para el relato) vocación de martirio. Y como Chávez, Nicolás.

A Nicolás lo atacaron desde el mismo día que Chávez nos dijo que era él. Si a Chávez le tiraban por los tobillos, a Nicolás le tiraron por el pecho. No le dieron ni un segundo de beneficio de la duda. Tampoco se sentaron, como nunca lo hacen, a entender el tiempo histórico que le tocó enfrentar. La izquierda regional, ciega, sorda y nunca muda, le dio la espalda a un hombre que luchaba. Nos dio la espalda al pueblo que luchaba con él, y ayudó con su asquito y su «pureza» a construir el relato contra Venezuela, contra nuestra democracia, contra nuestra lucha.

«Jalabolas, justificadores seriales, traidores del legado» nos decían, entre otras. Nos singularizaban y señalaban para hacernos sentir vergüenza de hacer lo que Chávez nos dijo que hiciéramos. «Que así no es». Pero es que para ellos nunca fue.

Venezuela sufre del síndrome de la buena hija que siempre lleva los coñazos. Campeones mundiales en solidaridad y poca solidaridad recibimos a cambio. Cada vez que hemos sido agredidos, en lugar de recibir apoyo con denuncias y movilizaciones contra el agresor, esa izquierda, cuidando un prestigio que no tiene, se ensaña contra el agredido con cobardes señalamientos y culpabilización. La culpa es de la muchacha que fue violada por llevar minifalda, pues.