Un fantasma recorre el mundo y desgraciadamente no es el fantasma del comunismo, sino el fantasma de la cagazón que tienen algunos, yo diría que muchos.

De todas las posiciones que se pueden tomar hoy, y no digo que solo con respecto a Venezuela, pero fundamentalmente con ocasión de lo acontecido en Venezuela, la que más me molesta en lo particular, es esa de algunos preclaros marxistas que señalan con un dedo a los venezolanos y los acusan de cobardes, para acto seguido girar la cara y espetar, todavía nos queda Cuba.

Algunos que se dicen marxistas, habría que hacerles mirar de qué corriente marxista son, acaso de la de Groucho.

Y vamos a ir por partes, como diría Jack el Destripador:

En primer lugar, no existen pueblos cobardes o valientes, existen momentos históricos y procesos, y en esos procesos se dan condiciones que determinan el accionar del colectivo.

No me consta que exista más cobardía en el pueblo venezolano que en otros pueblos, no lo digo porque tengo pruebas determinantes de esa afirmación, sino porque no existe una manifestación positiva de tal hecho, sino más bien todo lo contrario que se expresó meses antes de la invasión del 3 de Enero con el reclutamiento de casi cinco millones de milicianos.

De las FANB, puedo decir exactamente lo mismo. No me consta que haya habido ningún conato de rebelión en la negación de respuesta militar, parece ser lo contrario, la orden de respuesta no llegó y para los que piensen que un militar debe actuar por su propio impulso, hay quizás que aclarar que no es así, que en todos los ejércitos del mundo existe una cadena de mando y una obediencia debida disciplinaria y que no atender una orden o actuar sin recibir una orden puede considerarse un grave delito de traición y está sujeto a la ley militar y consejo de guerra. Si no llega una orden, los militares no actúan, así de simple.

Y si se quiere acusar de cobardía, pienso que lo mas prudente debe ser no hacerlo extensivo a todo un pueblo y tampoco a sus fuerzas armadas, si no a quienes no tomaron la decisión y no dieron la orden, en todo caso.

En definitiva, no es tan importante medir la cobardía, porque es un valor subjetivo condicionado por la percepción, porque por lo menos, que yo sepa, todavía no han inventado en «cobardiómetro».

Avancemos, en los sesudos análisis que muchos hacen, omiten intencionalmente elementos como la falta de profundización socialista del proceso venezolano y la montaña de contradicciones que aplastan la experiencia Chavista, de la que muchos han sido testigos más que complacientes.

Durante veintisiete años de Revolución Bolivariana muchos, desde dentro y fuera, han contemplado contradicciones, algunas gruesas, pero han preferido mirar para otro lado e incluso participar de la «fiesta» y admirarse negando la tozuda realidad de las desviaciones qué existían en el proceso para autocomplacerse. En los «buenos tiempos», Venezuela era faro y refugio anfitriónico de cuanta fauna progresista mundial que se entregaba a las regalías dela Solidaridad Internacional. Aquí no se criticaba nada mientras se podía venir a pasear y a «congresear» en hoteles con bufé libre y fotografiarse con los lideres de la revolución. Y pasaban cosas que no debían pasar, cosas que los clásicos denunciaban como desviaciones y errores y que experiencias pasadas nos anunciaban como errores que podían ser fatales. Pero entonces, había que guardarse los manuales de marxismo, so pena de ser acusados de «maximalismo» y de no saber leer el contexto concreto y la realidad concreta y así miramos para otro lado cuando a la vista estaba el gusto por el lujo y las cirugías estéticas de algunos cuadros que se decían revolucionarios y Chavistas. Pero, ahora que se derrumba el proyecto, es muy fácil señalar los errores.

Es extremadamente cómodo señalar y acusar cuando ya se cerraron las puertas a eventos y viáticos, cuando ya no existe en Venezuela refugio para las importancias impostadas a la intelectualidad de la izquierda internacional. Ahora que se apagaron las luces del circo, a la mujer Barbuda se le ven las hormonas.

El silencio cómplice de los ayer amigos y hoy críticos feroces, delata la falsedad inmoral de quienes no son otra cosa que oportunistas y cómplices en menor grado de una derrota anunciada, porque no se vale ser amigo solo en las buenas.

Y con la derrota bajo el brazo, los que nunca están dispuestos a recibir el coñazo en el pecho, se van con su canción triste, buscando otros puertos del valor.

Y de nuevo, lo hacen hipócritamente, «Siempre nos quedará la Habana». Lindo el cuento, pero siempre que sean los Cubanos los que le saquen el pecho a las balas y aguanten como leones, porque !Ay de Cuba! si no se inmola para regocijo de propios y ajenos.

Así son los oportunistas, eso es exactamente lo que hacen, bailar la rumba como acompañamiento. No tomar parte y no quedarse a sostener las fuerzas en la derrota.

Me recuerda esto a Lenin cuando fracasa la Revolución de 1905 y los Demócratas Constitucionalistas hacían el caldo gordo con las críticas a los socialistas y los socialistas revolucionarios, mientras los revolucionarios se enfrentaban al terror zarista y las centurias negras.

Los revolucionarios, no abandonan el barco cuando se hunde, todo lo contrario, el momento de la derrota es crucial y ahí es donde toca sacar todas las fuerzas y activar todo el apañe para salvar todo lo que se pueda, si se puede salvar el barco y si no construir una balsita con la que nos echaremos de nuevo a navegar para llegar al destino final que no es otro que la construcción del socialismo, pero claro que esto, no es una tarea de cobardes.