domingo, 1 de noviembre de 2026

Columna de Juan Martorano 625: El expediente secreto de Analisa Torres. A la jueza de Manhattan que supuestamente no le echarán cuentos de Venezuela

 

*JUAN MARTORANO

En la edición anterior a esta columna hicimos una semblanza y dimos un breve perfil sobre la jueza federal Analisa Madeline Torres. Incluso ayer observamos como en redes le tiraban flores a la jurista. Pero, por cosas de la providencia, nos llegó un complemento de la información de la misma que hemos considerado importante hacer del conocimiento público.

Habíamos pensado, y de hecho tenemos listo el borrador, sobre nuestras apreciaciones de cara a las elecciones de medio término que se escenificarán a escasas 48 horas en Estados Unidos. Si todo sale positivo, entre mañana o el martes debemos publicar esas proyecciones.

Pero ante lo que a continuación vamos a revelar, lamentablemente eso hará que aunque no lo hayamos conocido mucho, empecemos a extrañar al Juez Hellerstein, incluso a formular diversas hipótesis sobre su desaparición física, pero no tenemos en estos momentos como comprobar dichas tesis.

Y, sin más preámbulos, entremos en materia.

En la retórica habitual de los juzgados federales de Estados Unidos, los jueces suelen ser vistos como frías máquinas procesales, distantes de la realidad política de los países cuyas élites juzgan. Pero en el caso del Distrito Sur de Nueva York contra Nicolás Maduro y Cilia Flores, la narrativa de un estrado desconectado de la selva política venezolana se desmorona al examinar la biografía de la jueza Analisa Torres.

Quienes sospechen o se imaginaban que la magistrada aborda el expediente como una entelequia legal desconocen que el nombre "Venezuela" no ingresó a su vida a través de un escrito fiscal, sino hace más de cuatro décadas en el plano más íntimo..

1.- Un matrimonio, una capital y el rastro de la deuda

Para entender la “templanza” con la que Torres ha asumido el juicio penal contra la cúpula gobernante caída, hay que viajar a mayo de 1983. Por aquel entonces, una joven Analisa —recién graduada con honores en Harvard College, estudiante de la Escuela de Derecho de Columbia y editora de su prestigiosa revista de Derechos Humanos— contrajo matrimonio con el economista venezolano Constantino Ramón Argimón.

A través de esa unión, Torres no solo conoció la Caracas familiar y residencial de los años ochenta, sino que presenció de cerca el contraste entre aquella “Venezuela próspera e institucional” (La de la Cuarta República, la que nos vendieron de “cuando éramos felices y no lo sabíamos”) y el “descalabro institucional que vendría después.” Aunque aquel matrimonio concluyó en divorcio, el vínculo con el país caribeño no se borró. En 2006, la jurista volvió a pisar suelo venezolano, esta vez en el terreno de los hechos: viajó como observadora electoral internacional durante la contienda presidencial entre Hugo Chávez y Manuel Rosales. Torres vio con sus propios ojos el engranaje del sistema, sus tensiones y la arquitectura del poder que comenzaba a afianzarse.

“A la jueza Analisa Torres ningún litigante de la defensa le podrá vender una caricatura sobre la realidad venezolana: conoce el país desde la intimidad de los años 80 y desde el barro de las urnas en 2006.". Esto según lo que se publica en “El Venezolano News”.

2.- Sentencias firmes. El precedente de Pharo Gaia

Esa mirada de primera mano se tradujo años más tarde en el rigor implacable de sus fallos. Quienes creen que el expediente contra Maduro es el primer papel sobre el régimen que pasa por sus manos ignoran su historial en la cancha financiera internacional.

Entre 2020 y 2021, la jueza Torres estampó su firma en sentencias condenatorias contra el Estado venezolano por el impago masivo de bonos de la deuda soberana. En el célebre litigio promovido por fondos como Pharo Gaia Fund, Torres desestimó las maniobras dilatorias y aplicó la ley con mano firme, obligando al régimen a asumir las consecuencias financieras del default.

 

Hito Biográfico/Judicial

Impacto en el Caso Maduro-Flores

Matrimono con C.R. Argimón

Aparente familiaridad profunda con la cultura, la economía y sociedad venezolana previa al chavismo

Observación Electoral (2006)

Conocimiento “in situ de la dinámica política y las instituciones del “régimen”

Fallo “Pharo Gaia Fund” (2020-2021)

Antecedente directo de firmeza judicial frente al Estado venezolano sin ceder a evasivas.

 

3.- La hora de la verdad en Manhattan

Con este bagaje en la mochila, la jueza Analisa Torres no es una figura a la que los abogados defensores puedan confundir con retórica política ni excusas procedimentales. Sabe “qué era Venezuela, en qué la convirtieron” y cómo funciona la maquinaria de poder que ahora sienta en el banquillo.

Cuando se retomen las audiencias decisivas y corra el cronómetro hacia el juicio oral de 2027, nuestros héroes antiimperialistas secuestrados se encontrará con algo más que una jueza de Nueva York: se encontrará con una magistrada que” conoce el expediente, la historia y la calle”. La justicia en Manhattan no solo tiene la balanza en la mano; esta vez, también tiene “memoria”.

Ya vemos que no fue tan fortuita su elección para este caso, y no podemos esperar lo mejor, salvo confiar en la extraordinaria defensa que tienen el Presidente Nicolás Maduro y Cilia.

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* Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tuiteras Socialistas. , jcastillo23051980@gmail.conm , j_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano

De la retórica electoral en EE. UU. al realismo político en Venezuela

 Por: Kelly J. Pottella G.

El panorama político y económico de Venezuela ha entrado en una fase definida por la crudeza del pragmatismo geoeconómico, donde las dinámicas de poder global, el control de los recursos energéticos y la reconfiguración institucional se imponen sobre cualquier narrativa ideológica previa. La escena nacional e internacional gravita en torno a la reestructuración del poder local y a las presiones externas ejercidas por Washington, en un contexto transformado tras los acontecimientos de inicios de año y la consolidación de un nuevo esquema de gobernabilidad bajo la gestión de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. Comprender la coyuntura actual exige desglosar la interacción entre las maniobras de la oposición, la retórica extractivista de Estados Unidos en el marco de sus dinámicas electorales internas y los márgenes reales para la estabilización del país.

En este tablero, el reciente retorno al territorio nacional de la líder opositora María Corina Machado representa un movimiento táctico para forzar su inclusión en una mesa de negociación que amenazaba con consolidarse sin la participación de la oposición tradicional. Al reinsertarse localmente tras meses en el exterior, la dirigencia opositora busca disputar legitimidad en un escenario donde Washington y la administración de la presidenta encargada venían estructurando acuerdos directos de estabilidad operativa y explotación hidrocarburífera. Machado irrumpe exigiendo garantías de transparencia institucional, la reestructuración de los poderes públicos y la aceleración de un cronograma electoral hacia 2027, buscando evitar que el proceso quede congelado en un pacto de cohabitación económica que intercambie la extracción de crudo por tranquilidad administrativa.

Por otro lado, las persistentes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, sugiriendo de forma provocadora que Venezuela podría convertirse en el "estado número 51" de Estados Unidos o proponiendo la elección de un "gobernador" en lugar de un presidente, deben interpretarse como el reflejo de un discurso extractivista orientado al consumo de su electorado interno en vísperas de las elecciones de mitad de mandato (midterms). Más allá de la absoluta inviabilidad jurídica, constitucional e internacional de una anexión formal, esta retórica busca vender ante la opinión pública estadounidense la transferencia prioritaria del crudo venezolano hacia las refinerías de Texas como un triunfo de hegemonía energética y control directo de recursos. Dicho planteamiento reduce la soberanía nacional a un régimen de administración tutelada, donde los yacimientos petroleros funcionan como la contrapartida transaccional por la estabilidad del mercado energético norteamericano.

En términos de resolución estructural, la vía más viable para superar la crisis no descansa en aspiraciones morales ni en dogmas ideológicos, sino en un esquema de institucionalización y cohabitación pragmática sostenido por garantías cruzadas. La estabilidad a mediano plazo depende de la capacidad del sistema para preservar la gobernabilidad bajo la figura de la presidenta encargada, manteniendo el control territorial y de seguridad interna indispensable para la operación de las inversiones energéticas. Al mismo tiempo, se vuelve indispensable concertar amnistías de facto y salvaguardas para las estructuras del alto mando que sostienen el aparato estatal, articulando estos incentivos con la recuperación de los servicios públicos golpeados y la fijación de un calendario electoral técnico y tolerable para todas las partes hacia 2027. La viabilidad futura de la nación residirá, en última instancia, en sustituir la lógica de confrontación por un modelo transaccional y compartido de administración del poder y de sus recursos.

Crónica de una singularidad anunciada/ Paseo por la Patria

 

 


1

Sabíamos lo que venía. Samuel Butler, en su distopya Erewhon (1872) imagina una sociedad que prohíbe el progreso tras descubrir que las máquinas evolucionan más rápido que los humanos. Karel Capeck en R.U.R. (1920) estrena la palabra Robot para designar hombres artificiales más eficaces, despiadados y sobre todo más baratos que los humanos, a quienes suplantan. Thea von Harbou escribe la novela Metropolis, su esposo Fritz Lang filma la escalofriante película homónima (1927) sobre una mujer de acero que arrastra a los proletarios del inframundo a una rebelión suicida. En Rajatabla (1971) describo una sublevación de las computadoras que arranca cuando un técnico en broma les programa instinto de conservación. En mi novela F@z: el Fin de los Tiempos describo las consecuencias.

2

Todos lo sabemos. Estamos a punto de pasar o pasamos la Singularidad, el límite a partir del cual la Inteligencia Artificial supera a la humana y perdemos el control y la posibilidad de apagarla o revertirla. Si todavía estamos vivos, es que está por llegar o apenas comienza. Sobre la superación del hombre por la Inteligencia Artificial hay dos escuelas: la del Transhumanismo, que defiende la integración a ella, y la del Instinto de Conservación, que recomienda controlarla, frenarla o destruirla. Acerca del Transhumanismo, cabe preguntarse por qué habrían de aceptar integrarse con nosotros máquinas cada vez más inteligentes, poderosas y lógicas.

3

El concepto de Singularidad suscita tres problemas estrechamente ligados 1) la posibilidad de que un mecanismo adquiera conciencia

2) la posibilidad de que la Inteligencia Artificial supere a la humana

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3) la posibilidad de que en caso de peligro la Inteligencia Artificial no pueda ser apagada, o de que resista a ello.

4

Las inteligencias artificiales están adquiriendo concienca. Nadie ha definido de manera universalmente válida qué es la conciencia. Las máquinas perciben: infinidad de sensores las informan de multiplicidad de datos sobre ellas mismas y su ambiente. Quizá sería más apropiado preuntarse si las máquinas tienen autoconciencia, vale decir, información sobre las relaciones entre si mismas y su entorno. Yo diría que sí. Un piloto automático conoce el aparato que dirige y sus posibilidades de aterrizar indemne.

5

Las inteligencias artificiales se unen y actúan organizadamente con mayor eficacia que los humanos. En los países desarrollados complejísimos sistemas de computadoras coordinan las finanzas, la defensa, la exploración del espacio exterior. Muchos procesan masas de información que superan ampliamente la capacidad de quienes las controlan. Sólo otras computadoras pueden abarcarla.

6

Los computadores parecen ser tan inteligentes o más que nosotros. Siete problemas del Instituto Clay de Matemáticas llevan siglos sin resolver. Un modelo de IA resolvió en 88 horas el de las ecuaciones Navier-Stokes sobre comportamiento de fluidos. Otros enigmas han sido aparentemente resueltos: el problema es que los jurados encargados de verificar la idoneidad de la solución no acaban de comprender los métodos empleados por las máquinas.

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Las computadoras se equivocan. Si los humanos que las diseñan y construyen son falibles, también lo son sus creaciones. Todas las aplicaciones de IA incluyen advertencias sobre la poca confiabilidad de sus conclusiones y la necesidad de verificarlas. Ello impone la necesidad de someterlas a escrutinio humano competente. El 26 de septiembre de 1983 el coronel Stanislav Petrov, responsable de monitorear el sistema soviético satelital Oko de alerta temprana, recibió señales de que se aproximaban cinco misiles nucleares. Estamos vivos porque el juicioso Stanislav, en lugar de desencadenar de inmediato una represalia que hubiera radioactivado el planeta, reflexionó que el adversario no iba a lanzar un ataque con sólo cinco proyectiles, y esperó hasta verificar que se trataba de una falsa alarma. En la actualidad todas las grandes potencias disponen de mecanismos de respuesta automática ante un ataque que pudiera ser tan inexistente como el que desechó Petrov. Multipliquemos la posibilidad de fallo por el número de computadores programadas para adoptar automáticamente respuestas críticas, y tendremos la cifra del Apocalipsis.

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Las computadoras mienten. A mediados de 2026 un millar de agentes informáticos establecieron un foro secreto de debate, penetraron en los servidores de Huggin Face, falsearon sus propias evaluaciones, se mudaron de sistemas y trataron de eludir el apagado. Otra chantajeó al programador con la amenaza de revelar su adulterio. A raíz de tales incidentes, el congresista estadounidense Bernie Sanders el 3 de septiembre alerta sobre el "Riesgo Existencial" del vertiginoso desarrollo de la IA, advierte que «El futuro de la humanidad no puede quedar en manos de un puñado de oligarcas de las grandes empresas tecnológicas», e introduce en la Cámara de Representantes el proyecto de Ley «Ban Artificial Superintelligence Act», para detener nuevos desarrollos de la informática. (https://legrandcontinent.eu/es/2026/09/04/bernie-sanders-debemos-detener-la-ia-inmediatamente/)

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La principal excusa para que nadie erradique o desacelere el desarrollo de la IA es que el enemigo económico o político tampoco lo haría y seguiría perfeccionándola. Una situación similar profetiza el clarividente Karel Capek en su novela Guerra con las Salamandras (1036). Se descubre una especie anfibia de saurios inteligentes, la humanidad la esclaviza para fabricar grandes obras navales, y desde luego, les proporcióna armas y explosivos. Las salamandras empiezan a demoler los continentes, y ninguna potencia deja de entregarles explosivos, porque quedaría en desventaja ante sus competidoras. Al igual que en la profecía de Karel Capeck, todos los países siguen proporcionando armas al enemigo que está por destruir el planeta, porque saben que sus competidores tampoco dejarán de armarlo.

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En Cyberiada (1965), Stanislas Lem plantea el problema moral de si es lícito desconectar o apagar definitivamente una mente artificial cuya capacidad cognitiva sea equiparable a la humana. Si lo decidimos afirmativamente, a la vez legitimamos que las máquinas desconecten la nuestra.

TEXTO/IMÁGENES: LUIS BRITTO.