viernes, 8 de mayo de 2026

A 81 años de la Gran Guerra Patria: Una verdad histórica frente al negacionismo y el olvido

 

Brasil. Según un analista, la presión internacional debería contribuir a la liberación de Thiago Ávila, el activista brasileño encarcelado por Israel.

 María Teresa Cruz , Monyse Ravena y Rodrigo Durão / Brasil de Fato /Resumen Latinoamericano, 7 de mayo de 2026.

El pasado jueves (30), el activista Thiago Ávila fue capturado ilegalmente en aguas internacionales por fuerzas militares israelíes. El brasileño formaba parte de la Flotilla Global Sumud, que intentaba llegar a Gaza con ayuda humanitaria, donde Israel sigue promoviendo el genocidio del pueblo palestino.

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La acción de Israel, la situación actual en Gaza y los acontecimientos políticos y diplomáticos de ahora en adelante son el tema del episodio de este miércoles (6) del videocast O Estrangeiro , que contó con la participación del corresponsal de Brasil de Fato en Rusia, Serguei Monin, y la analista internacional Amanda Harumy, doctora del Programa de Posgrado en Integración Latinoamericana de la Universidad de São Paulo (Prolam/USP).

Monin subraya que el alto el fuego, además de no significar el fin de los ataques, nunca se concretó realmente, y describe un escenario devastador en la Franja de Gaza. «Lo que hemos visto en los últimos meses es una disminución, una mejora en la intensidad de los bombardeos que han devastado Gaza en los últimos años, pero están lejos de cesar por completo. En los últimos días, se han reportado nuevos bombardeos en Gaza. Tenemos una situación humanitaria catastrófica como resultado de esta guerra. Falta de saneamiento básico, enfermedades generalizadas. Tenemos una situación de, en cifras modestas, más de 72.000 muertos, más de 2 millones de desplazados. Es una situación que incluso las agencias humanitarias internacionales ya no clasifican como una crisis humanitaria, sino como un colapso sistémico», afirma.

«Hay hambre y no llega agua, comida ni medicinas», dice Serguei Monin, explicando la inmensa importancia de misiones como la de la flotilla interceptada por Israel.

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“Consideramos todo esto como un método, no solo como un efecto de una guerra que provoca una crisis humanitaria. Es algo muy grave, que, de hecho, constituye un instrumento de presión y de muerte para las personas. Y, para colmo, existe un factor que se subestima o se menciona menos, en parte porque la atención se centra en el conflicto de Irán: la escalada de los ataques israelíes en Cisjordania . Se trata de la continuación de un proceso de expansión territorial, de ocupación por parte de colonos israelíes en territorios palestinos”, subraya.

Amanda Harumy analiza los elementos que influyen en la dinámica de Oriente Medio y subraya que el supuesto camino hacia la paz mediante la creación de dos estados coexistentes —Israel y Palestina— es una realidad cada vez más lejana. «El proyecto [de Benjamin Netanyahu en Gaza], lamentablemente, puede calificarse de fascista porque pretende imponer una cuestión racial, interpretando a otras razas como inferiores. [El proyecto] parte de esta premisa. Pero no podemos olvidar las cuestiones económicas y geopolíticas, la importancia de Oriente Medio y el interés que despierta en Estados Unidos e Israel. Sabemos que la creación del Estado de Israel contó con un importante apoyo internacional, tanto de Rusia como de Europa y Estados Unidos, pero la cuestión palestina, que constituye un genocidio, no se está resolviendo mediante el multilateralismo», afirma.

«La extrema derecha no teme ir en contra del consenso del derecho internacional», critica. Por ello, Harumy considera que la situación en la que se encuentra Thiago Ávila es un escenario complejo. «Ante esta inercia de los Estados, en medio de la crisis de la ONU y del multilateralismo, ¿qué se puede hacer?», pregunta. «Obviamente, una flotilla no se enfrentará al poderío militar de Israel, pero sí pondrá de manifiesto en el debate político la gravedad de la situación en Gaza y las constantes violaciones del derecho internacional por parte de Israel».

Harumy recuerda que, en el otro caso de detención de Ávila , fue la presión internacional la que llevó a Israel a suavizar las restricciones y no mantenerlo encarcelado. «Obviamente, necesitamos trabajo diplomático, que es lo que está haciendo el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. De hecho, en su comunicado, lo califican de secuestro para denunciar precisamente que lo que hacían los activistas no es terrorismo. Pero una alianza verdaderamente sólida es la de Lula con los líderes europeos. Creo que Lula y Pedro Sánchez pueden ser la voz que ejerza presión. Y el camino a seguir es exponer cada vez más las contradicciones de los aliados de Estados Unidos e Israel», señala.

Resisto, luego existo

 

 


Sufrimos  un golpe atroz. Si queremos superarlo, debemos admitirlo, investigar causas, corregir  efectos.

Reiteramos que según encuesta de Hinterlaces de octubre de 2025, el 83% de los consultados estaría dispuesto a enfrentar una invasión militar extranjera, sólo 6%  no lo haría, y 89% consideró que el verdadero objetivo de una eventual intervención sería derrocar al presidente Nicolás Maduro para apoderarse del petróleo. (https://extranewsmundo.com/encuesta-hinterlaces-83-de-los-venezolanos-afirma-que-estaria-dispuesto-a-enfrentar-una-invasion-militar-extranjera/I.

Seis meses más tarde, no he encontrado un solo compatriota que no reitere esas respuestas, pero acompañadas de nuevas preguntas.

En primer lugar, se ha de averiguar de manera clara, precisa y detallada qué ocurrió o dejó de ocurrir la  madrugada del 3 de enero de 2026. Venezuela disponía  y dispone de armamentos modernos, eficaces y costosos que no se emplearon. Cuarenta y siete soldados venezolanos y 32 escoltas cubamos murieron repeliendo valientemente la descomunal agresión con armas elementales. Es preciso conocer con exactitud los hechos y corregir fallas para futuros y previsibles enfrentamientos.

La investigación debe reformular la Doctrina Estratégica y Táctica de Seguridad y Defensa. Parecería que ante una rápida escaramuza que demostró la superioridad aérea del enemigo se decidió una rendición incondicional, con armas, contingentes y parques casi intactos y sin que el adversario hubiera dominado de manera efectiva y duradera ni un centímetro del territorio nacional. Una nueva doctrina ha de excluir categóricamente que el secuestro de funcionarios o la mera coerción se traduzcan en concesiones lesivas a la soberanía.

Desde siempre se ha sabido que Estados Unidos goza de superioridad en armamento convencional. Ello no es argumento para que se le rindan a discreción todos los pueblos de la tierra. Muchos de ellos lo han derrotado rotundamente con armas inferiores.  Para resistirlo cabe adoptar las tácticas de guerra no convencional que han hecho sistemáticamente  inútil dicha superioridad en casi todos los conflictos asimétricos del pasado y el presente siglo. Urge saber por qué en este caso no se aplicaron dichas tácticas, formular doctrinas que corrijan errores, incorporar a la defensa activa  a toda la ciudadanía.

El pueblo venezolano desconoce el alcance de las concesiones que se hicieron al enemigo en los minutos siguientes a la agresión, o por cual mecanismo o en qué forma varían o se amplían dichas concesiones hasta el presente y el futuro previsible. Por la indefinición que reina sobre la materia, presumimos que el agresor aspira a un poder discrecional absolutamente totalitario que implique la desaparición de la soberanía de Venezuela y la rebatiña incondicional de sus recursos. Han sido sancionadas leyes que pretenden posibilitar la inconstitucional privatización de nuestras industrias de hidrocarburos y minas, rebajar abruptamente la participación del Estado en ellas, someter las controversias atinente a las mismas a tribunales o árbitros extranjeros.  Se prentende usurpar todos los derechos que corresponden a nuestro pueblo sin asumir ningún deber hacia él.

Tal modelo es insostenible. La propaganda invasora pretende que se abre un lapso de torrenciales inversiones que traerán diluvios de divisas y de prosperidad. En otro lugar hemos reseñado el fracaso de la reunión del 9 de enero de 2026 entre el Presidente de Estados Unidos y unas 17 empresas petroleras de dicho país, para repartirse el botín energético de Venezuela. Ni una sola avanzó un solo dólar de inversión. Consideraban al país “uninvestable”, no invertible, por falta de seguridad jurídica, porque extraer la primera gota de petróleo requeriría inversión de mil millones de dólares y plazo de diez años, porque parte de la riqueza  está ya comprometida.

En efecto, sobre más del 45% de los yacimientos petroleros y gasíferos han sido legalmente otorgadas concesiones por más de 25 años a empresas chinas y a filiales de la petrolera estatal rusa Roznef, las cuales  exploraban  y extraían hidrocarburos mientras el bloqueo estadounidense impedía el mantenimiento de gran parte de los yacimientos restantes. Entre los vacíos informativos posteriores a la invasión figura el del status actual de esas explotaciones rusas y chinas y el de los hidrocarburos u otros minerales producidos en ellas.  Los ingresos provenientes de tales concesiones son inalienablemente venezolanos, y como tales, deben ingresar al Fisco y ser distribuidos mediante el Presupuesto y la Administración nacionales.

Por otra parte, el enemigo mantiene inflexiblemente su posición agresiva. Ni una sola del millar de medidas coercitivas unilaterales aplicadas contra Venezuela ha sido abrogada. No se han liberado los rehenes secuestrados por la fuerza bruta. No se ha reconocido la patente falsedad de los pretextos para la invasión: inexistencia del llamado Cartel de los Soles y del extinto Tren de Aragua, inexistencia de la producción y el contrabando de sustancias ilícitas, inexistencia de una mayoría opositora que habría obtenido supuestas mayorías electorales. Ni una palabra se ha dicho sobre las reparaciones por los daños causados por un  atroz acoso de un cuarto de siglo y un bloqueo de más de una década, por un bombardeo ejecutado por centenar y medio de aeronaves, por los bienes de Venezuela ilegítimamente confiscados en el exterior. Contra nuestro país se mantiene todo el rigor y la coacción de un estado de Guerra ilegítima, no autorizada por el Congreso de Estados Unidos.

 

En texto anterior  señalamos  que el invasor, mediante la Executive Order 14.373, pretende que todo ingreso procedente de los hidrocarburos y minerales venezolanos –históricamente, el 80% de la entrada de divisas del país- sea desviado hacia una partida del Tesoro de Estados Unidos o cuentas secretas privadas en Qatar, bajo administración discrecional estadounidense y única y exclusivamente para adquirir bienes producidos en dicho país.

Con el anuncio del inaceptable latrocinio casi total de nuestros ingresos viene el de la reanudación de relaciones con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instituciones especializadas en anular la soberanía de los países mediante la extorsión de Deudas Públicas Impagables. Privada de ingresos, Venezuela deberá costear sus gastos aceptando créditos usurarios garantizados con lo que reste de sus bienes y recursos. Los nuevos fondos serán aplicados de manera preferente para cancelar por la totalidad de su valor nominal  deudas adquiridas a precios simbólicos por fondos buitres.

Este despojo total del ingreso público implica efectos devastadores. En los últimos tiempos, el Gasto Social del Gobierno venezolano ascendió a más del 70% de los egresos. La brutal disminución de fondos disponibles acarreará un paralelo desmantelamiento de todos los actuales programas de educación, salud, vivienda, asistencia social, alimentación, cultura, investigación científica, desarrollo agrícola y pecuario, industrialización, defensa  e infraestructuras, por cierto ya duramente castigados por más de un cuarto de siglo de agresión, una década de bloqueo y más de un millar de medidas coercitivas unilaterales destinadas a estrangular y destruir nuestra economía.

Con el desmantelamiento de dichos programas o la reducción drástica del personal de los mismos imponiéndoles salarios apenas simbólicos, vendrá una oleada de desempleo que la limitada inversión privada será incapaz de absorber.

Esta situación arrojará efectos políticos. En la medida en que se muestren progresivamente incapaces de paliar las más vitales necesidades de la población, se producirá una merma en el apoyo hacia las organizaciones que colaboren con la ocupación.

La oposición de derecha, desechada como instrumento político por los invasores por su falta de apoyo popular, se hará progresivamente violenta buscando hacer méritos ante los ocupantes. Procesos electorales administrados por las mismas firmas que cometieron fraudes en Honduras, Perú, Ecuador y otros países legitimarán  simulacros inconsistentes que arrebatarán el poder a las organizaciones representativas.

Se sancionarán drásticas reformas en las leyes laborales que revertirán o aniquilarán los derechos de los trabajadores, con  repercusiones  sociales, económicas y políticas iguales a las que  medidas de tal índole acarrearon durante el pasado siglo.

La colaboración con los invasores reportará ganancias ilegales a una ínfima élite de traficantes de influencias y especuladores transnacionales, y anulará el prestigio de los movimientos políticos y sociales que se entreguen a ella.

Del Imperio puede decirse, como de los Borbones, que no ha olvidado ni aprendido nada. Emprenderá sistemática, implacable e integral erradicación de cuantos movimientos tengan o hayan tenido orientación progresista o asomos de ella. Una vez  agotada su utilidad, el sector colaboracionista  no será la excepción. De los medios, programas educativos y de la Historia misma desaparecerán los hechos e ideas de los Libertadores, o serán grotescamente falsificados para que representen lo opuesto de sus ideales. Siguiendo lineamientos de Rudolf Atkon, la educación será meramente instrumental; de acuerdo con los de Laura Berns, se eliminará la educación superior gratuita.

Todos sabemos lo que esconde el ensordecedor silencio que nos oprime. Sin consulta alguna sobre nuestra voluntad, se pretende despojarnos de soberanía, Independencia, recursos naturales autonomía, derechos, pasado, presente y futuro, a favor de una potencia agresora que nos odia y  desprecia.

Desde la invasión se libran dos batallas: una por la aniquilación de nuestro país, y otra por la plena recuperación de la soberanía, los recursos, la Independencia, la autonomía y la autodeterminación del pueblo venezolano.

Ya sabes en cuál bando debes estar. 

La defensa propia es el más innegable de los Derechos Humanos, y nos corresponde ejercerla como Resistencia en la medida de nuestras posibilidades, con pensamientos, palabras y obras. Ideas para comprender la atroz realidad, palabras para denunciarla, obras para modificarla. Las organizaciones existentes han de ser orientadas hacia la resistencia y la victoria; cuando ello no sea posible, cabe crear otras nuevas.  Hay tantas formas de resistencia como personas y talentos; cada quien debe asumirla en el ámbito de sus habilidades, capacidades  y competencias. La resistencia debe revestir más formas que la opresión que combate, y un pueblo tiene derecho a ejercerlas todas antes que consentir en su servidumbre o su extinción.

Resisto, luego existo.

 

 

TEXTO/FOTOS: LUIS BRITTO GARCÍA

Escritor, historiador, ensayista y dramaturgo. http://luisbrittogarcia.blogspot.com

  brittoluis@gmail.com



«¡Me gritaron: mona!»

 


Por Carolys Helena Pérez González @carolyshelena

Les soy muy honesta, cada vez que pienso en que hay gente que genuinamente cree que verbalizando el odio haciendo uso de la palabra negra, me da un poco de risa y de lástima, pero como en política, nada es un hecho aislado me tomo el tiempo de escribir sobre los acontecimientos circenses de aquella jornada en Madrid, que trajo la memoria de la ofensiva palabra “mona” para hablar de una mujer, porque hay palabras que pese a su disfraz inocente, no son solo palabras, son archivos.

Guardan siglos de violencia, de jerarquías, de silencios aprendidos. Por eso, cuando en Madrid se gritó “fuera la mona” contra una mujer venezolana, no estábamos frente a una simple grosería política. Estábamos frente a una forma antigua de ordenar el mundo: poner a una persona fuera de la humanidad para poder odiarla sin culpa.

La sociolingüística nos enseña que el lenguaje no vive en el diccionario, vive en la relación social. Una palabra significa según quién la dice, a quién se la dice, desde qué lugar de poder y con qué memoria histórica encima. “Mona”, en ese contexto, no fue una descripción: fue una marca. Una manera de decir “no perteneces”, “eres menos”, “puedes ser expulsada”.

Y aquí hay que ser serias. No se trata de defender a una persona por su cargo, su partido o su nombre. Se trata de defender una frontera ética: ninguna disputa política puede justificar la deshumanización racial de una mujer.

Venezuela tiene una relación compleja con su raíz africana. El censo de 2011 registró 0,7% de personas autorreconocidas como afrodescendientes, 2,9% como negras y 51,6% como morenas; esa última categoría revela mucho de nuestro mestizaje, pero también de nuestras formas de nombrar la negritud.

Por eso el racismo venezolano muchas veces no aparece con uniforme. Aparece como chiste, como apodo, como “yo no quise decir eso”, como “me dejé llevar por la emoción”. Pero la emoción no absuelve la violencia simbólica. La emoción no borra la historia colonial de una palabra. Ahora bien, también debemos mirarnos hacia adentro. Porque denunciar el racismo no puede convertirse en repetir sus códigos al revés; si respondemos a la animalización con más animalización, si llamamos “mono”, “gorila” o “neandertal” al adversario, cambiamos el destinatario, pero dejamos intacto el mecanismo.

La descolonización no es solamente gritar más duro que el otro, es aprender a hablar de otra manera. Es desmontar el lenguaje heredada del colonizador, incluso cuando aparece disfrazada de burla popular, de ironía política o de respuesta justa. Porque antes de que una sociedad excluya a un cuerpo, primero aprende a nombrarlo como menos humano y es allí que empieza nuestra responsabilidad: no permitiendo que ninguna diferencia política nos haga retroceder hacia el lenguaje de la jaula, del látigo, del zoológico colonial, porque somos un pueblo libre, un pueblo negro, mestizo, decolonial y emancipado.

Que no se nos olvide, nosotras y nosotros tenemos la llave ¡Venceremos, palabra de mujer!


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