La reciente incorporación de
Etiopía al grupo BRICS+ marca un hito estratégico en la reconfiguración de la
diplomacia global y la cooperación Sur-Sur. Dentro de este nuevo marco de
integración, el desempeño de la economía etíope ha comenzado a reflejar el impacto
positivo de sus políticas de industrialización, apertura comercial y
fortalecimiento institucional.
Un claro indicador de esta
dinámica es el desempeño histórico de la Corporación de Desarrollo de Parques
Industriales (IPDC) de Etiopía, que recientemente alcanzó la cifra récord de 266,9
millones de dólares en ingresos por exportaciones durante el último año fiscal.
Según declaraciones de su director ejecutivo, Fiseha Yitagesu, esta cifra
representa el hito de divisas más alto en la historia de la institución.
1. Clave Económica: Zonas Económicas Especiales e Industrialización
El éxito operativo de la IPDC
destaca el valor de las **Zonas Económicas Especiales (ZEE)** y los parques
industriales como catalizadores de la competitividad y la atracción de
Inversión Extranjera Directa (IED).
Etiopía ha logrado transformar su
perfil exportador mediante:
Optimización de cadenas de
valor: La captación de inversiones internacionales en sectores manufactureros e
industriales ligeros ha permitido escalar la producción local y cumplir con
altos estándares globales.
Generación de divisas: La
capacidad de registrar ingresos de exportación récord resulta fundamental para
estabilizar las reservas internacionales y sostener el crecimiento macroeconómico
del país.
Atracción de capital dentro
del bloque BRICS: Como centro emergente de manufactura, Etiopía se posiciona
como una plataforma atractiva para corporaciones de socios clave como China e
India, que buscan diversificar e intensificar su presencia industrial en el
continente africano.
2. Dimensiones Geopolíticas: Liderazgo Regional e Integración Sur-Sur
La consolidación de Etiopía
dentro de la plataforma BRICS+ trasciende el plano puramente monetario:
Eje estratégico en África
Oriental: Etiopía reafirma su estatus como hub logístico e industrial en el
Cuerno de África. La expansión de sus exportaciones fortalece su peso político
y diplomático tanto en la Unión Africana como en las mesas de negociación
multilateral.
Alineación con la
cooperación Sur-Sur: La profundización de los lazos comerciales y mediáticos
—como el acuerdo entre la Corporación Estatal de Radiodifusión Etíope (EBC) y
la red internacional TV BRICS— demuestra una estrategia integral de diplomacia
mediática y soberanía narrativa. Este intercambio informativo permite
visibilizar el desarrollo africano sin la mediación tradicional de los actores
occidentales.
Diversificación de socios
globales: La pertenencia a los BRICS facilita a Etiopía el acceso a mecanismos
alternativos de financiamiento e infraestructura (como el Nuevo Banco de
Desarrollo), promoviendo un modelo de desarrollo multipolar menos dependiente
de los condicionalismos de la banca tradicional.
Conclusión
El desempeño de la IPDC refleja
que la adhesión de Etiopía al BRICS+ no responde únicamente a afinidades
diplomáticas, sino a bases económicas concretas y orientadas a la
industrialización. Al posicionar sus parques industriales como motores de
exportación, Etiopía no solo fortalece su economía interna, sino que consolida
la relevancia de África en el nuevo orden económico global.
¡Independencia
y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
¡Leales siempre! ¡Traidores,
Nunca!
* Abogado, Defensor de
Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y
Tuiteras Socialistas. , jmartoranoster@gmail.com, j_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e
instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de
Telegram: El Canal de Martorano
Hay un argumento muy confuso que suele decirse con frecuencia en relación con el dinero, en boca de los que tratan el tema económico, que si es orgánico o si es inorgánico, una forma de calificarlo como sano para la economía o nocivo, hablando en sentido figurado.
De igual manera, sucede cuando hablan sobre cuál es la oferta o cantidad de dinero, liquidez o circulante, adecuada en la economía de un país, indicando que después de cierto umbral se trata de una emisión de dinero inorgánico y se denuncia como una medida del gobierno para cubrir su déficit fiscal, también está oferta se puede aumentar a través de la devaluación cambiaría de la moneda frente a la divisa estadounidense para obtener más moneda nacional por el mismo ingreso en divisas y así cubrir el déficit fiscal o para depreciar la moneda y mejorar la competitividad del pais en el mercado internacional y a su vez corregir un déficit comercial. Nada se dice de los otros agentes privados que modifican la oferta y el valor de la moneda.
En una oportunidad un economista en un foro de discusión calificaba al dólar estadounidense de inorgánico, su servidor participante manifestó confusión, cómo puede decirse eso, decía, si el USD es de amplia aceptación y fluye sin obstáculos, ni resistencia por todo el sistema monetario internacional, por la arquitectura financiera mundial, además, más de un político y analista de nuestros países lo proclama como la Panacea Universal, la cura de todos los males de la economía nacional. Desde entonces, para quien escribe, ha resultado curioso este argumento de la calificación de orgánica o inorgánica del dinero, un adjetivo algo traído por los pelos.
En química, el término orgánico e inorgánico tiene que ver con los compuestos, en cuanto a si tienen en sus estructura átomos de carbono o no, respectivamente. En agricultura y ganadería, el término orgánico está relacionado por los métodos de producción de estos alimentos, desde la siembra/cuidado/cosecha hasta el procesamiento, éstos determinan el carácter orgánico de lo producido, de allí deduce si son perjudiciales o benévolos con el ecosistema, es decir, si contaminan las agujas y los suelos, si ingerir sus productos es mejor para la salud.
Pero, en relación con el dinero: ¿ cuándo surgió y qué significa el adjetivo orgánico?. Hay un ensayo sobre el origen del dinero de un polaco, en tiempos del imperio austríaco, por allá en 1892, doctor en derecho, padre de la corriente de pensamiento económico de la escuela Austríaca llamado Carlos Menos (Carl Menger), que brinda una explicación plausible, es de su opinión que el carácter orgánico del dinero surge de la naturalidad, entendida como normalidad con la cual surge su uso y aceptación como medio de intercambio universal en el comercio de bienes, es decir, es un producto social o dicho más apropiadamente es una institución social resultado de la práctica y evolución de la intermediación comercial, de la satisfacción de las necesidades de los agentes y actores que establecen relaciones sociales de intercambio en los mercados. Hoy, podría decirse que es orgánico cuando sigue conservando este carácter, pero en lugar del comercio, en un sentido más amplio, en la economía real -producción y el consumo. Otro enfoque, podría perfectamente incluir la economía financiarizada, con sus productos financieros que también son un motor de la economía real, quién lo puede negar, con lo cual comienza a ser difuso el término.
Orgánico se entiende como sinónimo de “natural”, desde un enfoque ontológico funcionalista pero también entendido como algo que es parte de un todo, un enfoque estructuralista.
Visto así, quién escribe sostiene la tesis de que el USD es orgánico porque adaptó y creó una arquitectura financiera y comercial internacional a su medida, funcional y estructuralmente, para que los sistemas monetarios de los países del mundo, en especial los del Sur Global, se hicieran parte de él, sus tributarios, apenas subsistemas, sistemas monetarios coloniales, a pesar de su crónico y creciente déficit fiscal y déficit comercial, de su hipertrofiada deuda pública y deuda total como país, de su posición internacional de Inversión neta como deudor.
El dinero se diluye
Al dinero le está sucediendo Igual que otras formas de dinero ancestrales, tales como la sal, las especies, las monedas de metales, el dinero de papel, al ser tecnologías blandas de intermediación comercial, han ido evolucionando, dentro de poco habrá desaparecido de nuestra cotidianidad.
Algunos signos de cambio, recientes: desapareció el monedero y con él las monedas, para el pago al detal, al menudeo ¿quién se acuerda?. En simultáneo estaban las billeteras, con el dinero de papel, por diversas razones seguía manteniéndose cierto efectivo en billetes para pagos también al menudeo pero un poco mayores, sin embargo éstos pagos fueron desplazados por el llamado dinero plástico de las tarjetas de débito y de crédito, a finales de los 90’s vino el llamado Home banking, con las computadoras y la tecnologías de Información, fue desplazado rápidamente con la aparición del teléfono inteligente, éste se convirtió en aplicaciones móviles de banca en línea, así las agencias bancarias disminuyeron en número al igual que los cajeros automáticos, para sacar efectivo y hacer depósitos. Curiosamente, cada evolución en innovación solapaba la sostenida pérdida de poder de compra del dinero.
Hasta el efectivo dejó de ser tangible, es electrónico, en lugar de dinero se habla de sistemas de pago, como por ejemplo: Pago móvil, donde el teléfono es el puntos de venta y el terminal de pago; el Biopago, donde el punto de venta solo necesita la huella digital, pronto desaparecerá el terminal de Biopago y el acceso biométrico se hará desde el teléfono inteligente, cuántos de los presentes usa la huella para ingresar a su banco en línea
Sin embargo, hay tres características propias del dinero que se mantienen con estas nuevas tecnologías blandas de intermediación: el compromiso de quienes convienen, confían y apoyan el sistema financiero común -arquitectura financiera y sistema contable público que lo constituyen, entre otros-; la promesa de pago asumida en cada relación social de intercambio de valor y la seguridad y garantía del sistema.
¿Con el dinero digital desaparece el dinero físico y el término?
Es muy probable, por lo menos tienden a desaparecer muchos sistemas monetarios nacionales.
El comercio internacional ya está controlado por el sistema monetario USD Internacional, la meta actual es cooptar el comercio al menudeo o minorista, el diario, ¿qué les falta para ello? Apropiarse de la función de medio de pago y medio de circulación, ya son unidad de cuenta, y finalmente lograr la protocolización del cambio de la propiedad globalmente cuando se trata de activos bienes e inmuebles de mayor valor. Y en eso trabajan con las innovaciones tecnológicas del ecosistema financiero sobre internet, como las tecnologías de cadena de bloques y los contratos inteligentes.
Atesorar dinero, pasó de moda
A pesar de todo este cuento, usted quiere acumular, atesorar dinero, para que éste le dé seguridad a usted y a los suyos, para cubrir las contingencias y el futuro de sus hijos.
Usted, sigue creyendo que él es reserva de valor, refugio seguro, a pesar de ver cómo el hegemón y sus colaboradores bloquean y confiscan activos de países en cuentas de bancos internacionales, oro en custodia de bancos internacionales, empresas en el extranjero, bloqueo de sus ahorros en crisis financieras, ¿sigue creyendo en tesoros enterrados o en dinero debajo del colchón?
El dinero es una tecnología blanda para facilitar el comercio, las relaciones sociales de intercambio de valor, no es reserva valor cuando mucho es equivalencia de valor, y solo temporalmente, recuerde el valor es social. Quien crea y gobierna está arquitectura financiera tiene la última palabra, y frecuentemente no suelen ser los Estados Nación.
El dinero, mágicamente se expande en sus efectos, multiplica la economía y otras veces la infla, ¡magia! De eso se hablará en la próxima reflexión.
A fines de marzo de 2002, una editorial especializada en obras de divulgación para escolares aprobó una colección que le propuse, a la que llaméEnciclopedia de secretos y curiosidades. Contendría informaciones poco conocidas que había coleccionado durante más de veinte años.
Constaba de doce volúmenes: Dinosaurios; Animales; Arqueas, bacterias, hongos y protistas; Plantas; Elementos y minerales; Cuerpo humano; Planeta Tierra; Sistema solar; Historia; Inventos y creaciones; Ciencia e Idioma español.
El mismo día fui convocado a una reunión el 11 de abril para firmar el contrato respectivo y recibir un cheque de anticipo por derechos de autor de cien mil bolívares, equivalentes entonces a 76.460 dólares, según el valor de la divisa en esa fecha.
Mientras me dirigía en metro a la sede de la editorial, en la urbanización Los Ruices, en Caracas, se produjo el golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez.
Al abandonar el tren subterráneo, advertí en la avenida Francisco de Miranda una atmósfera de desasosiego, tan densa que afectaba a la luz solar. La gente con la que topé no caminaba, sino que parecía deambular sin rumbo y sin noción de hallarse entre los seres vivos.
Cuando estaba llegando a la editorial, recibí una llamada en mi celular, en la que su director me comunicaba que, en vista de lo que estaba ocurriendo, tendríamos que posponer no nada más nuestra reunión, sino la publicación de la colección.
Como el presidente por 46 horas, Pedro Carmona Estanga —presidente hasta ese momento de Fedecámaras, la institución que agrupa a los empresarios e industriales—, eliminó de un plumazo todos los poderes públicos, el editor decidió cerrar su empresa e irse del país, cosa que me comunicó a primera hora del día doce. Me dijo que si alguien, nada más al asumir la presidencia, generaba tan enorme caos, él no iba a esperar la que se venía.
—¡Ese hombre está loco! —me expuso horrorizado—. ¡No se da cuenta de que, al eliminar los cargos de todos los poderes, también elimina los del suministro de agua, de electricidad, los teléfonos y pare usted de contar! ¡Esto es el caos!
Nuestra reunión la había pautado para el 12, porque debía viajar a Tenerife el día 15 y, en efecto, en tal fecha se trasladó allá y más nunca regresó.
Entretanto, al día 13, y como si resucitara de entre los muertos, Chávez fue restituido en la presidencia de la República, rescatado por la propia gente que votó por él, algo que, como se sabe, era inédito en la historia contemporánea.
Dos semanas más tarde, el editor me refirió telefónicamente que él había nacido en Canarias y que, desde hacía algún tiempo, planeaba abrir la editorial también en España.
Cuando le pregunté si publicaría mi colección en el futuro, su respuesta me hizo trastabillar:
—Me encantaría, pero primero debo asentarme aquí, empezar de nuevo. Quiero hacerlo, pero no creo que pueda editarte antes de cuatro o cinco años.
Para mí fue un mazazo: ya yo había elaborado íntegramente los doce volúmenes.
Chávez recuperó lo que legítimamente era suyo, en tanto yo perdí la ocasión de, por primera vez, recibir un buen pago por mis libros de divulgación científica e histórica. Los sucesos del 12 de abril fueron contra Hugo Chávez, pero el golpe de Estado se consumó —y de manera irreversible— contra mis bolsillos.
José Antonio Ocampo destacado economista de la Cepal expuso que uno de los puntos fundamentales del neoestructuralismo, propuesto por Osvaldo Sunkel, fue el de resolver el falso problema entre el Estado y el Mercado.
Desmontar los mitos creados por la concepción neoliberal comportó el mayor de los retos para esa estrategia cepalista. Por lo tanto, a través de informes técnicos y de consideraciones metodológicas, propusieron para América Latina el reimpulso de la participación del Estado en asuntos sociales y económicos a través de la consolidación de un núcleo endógeno de dinamización tecnológica.
Sunkel había denunciado que Raúl Prébisch legitimó una industrialización subsidiaria a la racionalidad del mercado metropolitano; en respuesta a este problema estructural, del desarrollo hacia adentro, estos propusieron con fuerza el desarrollo desde dentro.
En suma, la concepción neoestructuralista intentó “generar endógenamente conocimiento tecnológico para aumentar la productividad y crear sistemas bien desarrollados de ciencia y tecnología… para lograr una nueva inserción internacional” de acuerdo a políticas de equidad y justicia social; en relación al discurso del libre mercado, el del Estado benefactor fue reivindicado.
Ocampo subrayó que muy a pesar de estos esfuerzos de Sunkel y su equipo por superar tanto algunas deficiencias propuestas por Prébisch como la política ortodoxa monetarista de la escuela de Chicago, no se avanzó en materia de reestructuración productiva; muy al contrario, se fortalecieron la reprimarización de la estructura exportadora, la desindustrialización y el rezago tecnológico; en consecuencia, la economía de puerto latinoamericana ha tendido a profundizarse.
Repensar las estrategias del desarrollo de la región con rostro humano debe, necesariamente, robustecer la mediación del Estado en asuntos sociales y económicos a fin de consolidar un nuevo orden internacional que tienda a revertir la financiarización y a sus representantes políticos y de clases estadounidenses e israelíes.
El neoliberalismo y la globalización prometían eficiencia en la economía mundial. Con la liberación de las barreras comerciales, como por ejemplo, los aranceles de importación, los países intercambiarían productos libremente. Cada quien produciría lo que puede producir mejor y compraría lo que otros puedan producir mejor.
Nosotros caímos en esa trampa. Produciendo y exportando petróleo podíamos mantener un bolívar sobrevalorado y comprar otros productos. Poco a poco muchos productores fueron abandonando sus inversiones, mientras se importaba lo que ellos antes producían. Un comportamiento económico llamado enfermedad holandesa.
El problema de esa supuesta eficiencia económica global es que abandona principios más importantes, como soberanía económica, seguridad alimentaria, empleo productivo nacional y otros.
Muchos economistas en todo el mundo advirtieron de los problemas de la globalización neoliberal, problemas que nosotros no vimos con claridad hasta que nos bloquearon la venta de prácticamente el único producto de exportación que teníamos, el petróleo crudo, cuya venta llegó a aportar más de 95% de las divisas que ingresaban al país.
A raíz del bloqueo petrolero pudimos aprender de la peor manera que debemos producir todo lo que nos permita subsistir en un escenario de aislamiento mundial. Importar otras cosas, sí, cómo no, eso eleva nuestro nivel de vida, pero recordemos que llegamos al extremo de tener que importar carne, maíz y caraotas.
Resulta y acontece que nosotros no fuimos los únicos que caímos en esa trampa globalizadora. Muchos países han caído y, cual cazador cazado, Estados Unidos cayó en la misma trampa. Poco a poco este país se ha venido convirtiendo en un país casi monoexportador, nada más y nada menos que de… ¡dólares!
El déficit transformado en deuda permitió a EEUU importar de todo, especialmente de China, lo cual generó una galáctica deuda de más de 36 billones de dólares. En otras palabras, importaban bienes con el dinero que emitían. El sueño de un falsificador: imprimir dinero y salir a gastarlo. Todo esto con el agravante de que Estados Unidos se desindustrializó y poco a poco fue cayendo en una situación de pérdida de soberanía como la que sufrimos nosotros, salvando las distancias.
Ahora está Donald Trump, persuadido de la debacle yanqui, como un elefante en una cristalería, queriendo resolver con torpeza infinita el problema que ellos mismos crearon. Como si quisiera que todo el mundo sufra su propio calvario. Sigamos trabajando en nuestra propia soberanía económica. Mientras más aleja- dos estemos de Trump y la panda de locos que lo acompañan, mejor y ¡venceremos!
A partir de mañana, todos los que subáis al cielo deberéis pagarme un arancel del 34%.*
Dios Tuitero
Ver el mundo arder y pensar que ese incendio nada tiene que ver con uno es una filosofía de vida, casi un meme existencial. Funciona hasta que empiezan a replicarse las voces de advertencia, los llamados de atención y las preocupaciones por una guerra que, si bien no se libra con bombas y tanques, supone una pugna global inédita. Si se sigue sintiendo el conflicto lejano, quizás no sea culpa de la indiferencia, sino de la incomprensión. Con la guerra arancelaria declarada por Donald Trump puede pasar eso: el lobo está al acecho, pero no sabemos cómo.
Para la fecha de publicación de este artículo, habrán transcurrido diez días desde el momento en el cual el empresario-mandatario hizo pública una lista que incluía a países ricos y pobres en una sinfonía de disparidad, con pingüinos incluidos. En este tiempo, el mundo se ha movido entre los gobiernos que aceptan los aranceles a pesar de sus costos, los que buscan meterle una ligera patadita al monstruo con medidas un poco más frontales, y China, que parece ser el verdadero objetivo de los delirios de Trump. En este punto, Trump ha pausado por noventa días la medida para los países con los aranceles más elevados, pero recrudece las medidas contra la potencia asiática (el fin de semana ya veremos). El mercado bursátil también tiembla: se habla de dramáticas caídas, de recesión, de crisis…
Quienes nada saben de esos asuntos económicos no entienden qué es una acción, cómo es el día a día en una bolsa de valores, cómo se importan esos productos que ven en los anaqueles o cómo puede una simple decisión tomada en el Salón Oval de la Casa Blanca privarlo de algún bien esencial. Es altamente probable que hayan escuchado demasiadas veces la palabra "arancel" sin preguntarse alguna vez de qué va ese asunto. En medio de su escaso conocimiento, las redes y los medios solo refuerzan un mensaje: todos pagaremos el costo de esta inusual estrategia.
Entre los millones de mensajes que procuran leer el futuro se mezclan las voces de economistas, expertos en comercio exterior, autodidactas, opinadores de oficio, profetas del desastre y humoristas, entre otros. Entre tantas publicaciones, es muy fácil extraviarse, porque se indican las consecuencias, pero no se entienden las causas. Una búsqueda web arroja algunas explicaciones sobre la forma en que semejantes medidas harán nuestra vida más cara, podrían acabar con millones de empleos y tendrán impactos distintos según el país que cada quien habite. Sin embargo, las razones para encontrarnos ante este sinsentido, por más técnicas que sean, nunca serán suficientemente claras.
Nos pasa lo que suele ocurrir ante los desastres provocados por la intervención humana. Cuesta creer a veces que como especie seamos autores de tantas desgracias. Los problemas no vienen a nosotros, nosotros vamos por ellos. Tener el poder al final no es garantía para hacer las cosas bien. Aquí, por desgracia, equivocarse está libre de aranceles.
Todo fue preparado para que los ciudadanos del mundo se sintieran aliviados y reconfortados con los resultados de la Cumbre del G-20 realizada en Londres. Las sonrisas y los abrazos colmaron los noticieros, el dinero afloró más allá de lo que estaba previsto, no hubo conflictos -del tipo de los que hubo en la Conferencia […]
Todo fue preparado para que los ciudadanos del mundo se sintieran aliviados y reconfortados con los resultados de la Cumbre del G-20 realizada en Londres. Las sonrisas y los abrazos colmaron los noticieros, el dinero afloró más allá de lo que estaba previsto, no hubo conflictos -del tipo de los que hubo en la Conferencia de Londres de 1933, también en tiempos de crisis, cuando Roosevelt abandonó la reunión en protesta contra los banqueros- y, como si no hubiese mejor indicador del éxito, los índices de las bolsas de valores, comenzando por Wall Street, se dispararon en estado de euforia. Por encima de todo, la cumbre fue muy eficiente. Mientras que una reunión anterior con objetivos similares duró más de veinte días -Bretton Woods, 1944, de donde surgió la arquitectura financiera de los últimos cincuenta años-, la reunión de Londres sólo duró un día.
¿Podemos confiar en lo que leemos, vemos y oímos? No. Por varias razones. Cualquier ciudadano con las primeras luces de la vida y la experiencia sabe que, con excepción de las vacunas, ninguna sustancia peligrosa puede curar los males que causa. Ahora, por sobre la retórica, lo que se decidió en Londres fue garantizar que el capital financiero va a continuar actuando como lo ha hecho en los últimos treinta años, después de ser liberado de los estrictos controles a los que antes estaba sometido. Es decir, en las épocas de prosperidad va a continuar acumulando fabulosas ganancias y, en las épocas de crisis, va a contar con la «generosidad» de los contribuyentes, los desempleados, los pensionistas estafados, las familias sin techo, con la garantía del Estado de Su Bienestar.
Aquí reside la euforia de Wall Street. Nada de esto es sorprendente, si tenemos en cuenta que los verdaderos artífices de las soluciones -los dos principales asesores económicos de Obama, Timothy Geithner y Larry Summers- son hombres de Wall Street y que ésta, a lo largo de las últimas décadas, financió a la clase política norteamericana a cambio de la sustitución de la regulación estatal por la autorregulación. Algunos incluso hablan de un golpe de Estado de Wall Street sobre Washington, cuyo verdadero alcance y daño se revelan ahora.
El contraste entre los objetivos de la reunión de Bretton Woods -donde participaron no 20, sino 44 países- y la de Londres explica la vertiginosa rapidez de esta última. En la primera, el propósito fue resolver las crisis económicas que se arrastraban desde 1929 y crear una sólida arquitectura financiera, con sistemas de seguridad y de alerta, que le permitiese al capitalismo prosperar en medio de la fuerte oposición social, la mayor parte de orientación socialista. Al contrario, en Londres asistimos a la pura cosmética, al reciclaje institucional, sin otro objetivo que el de mantener el actual modelo de concentración de la riqueza, sin ningún temor a la protesta social -asumiendo que los ciudadanos están resignados ante la supuesta falta de alternativas-, e incluso con un retroceso en relación con las preocupaciones ambientales, que volvieron a ser consideradas como un lujo para tiempos mejores.
Las instituciones de Bretton Woods -en especial, el FMI y el Banco Mundial- hace mucho que vienen siendo desvirtuadas. Sus responsabilidades en las crisis financieras de los últimos veinte años -México, Asia, Rusia, Brasil- y en el sufrimiento humano causado a vastas poblaciones con medidas después reconocidas como erróneas -por ejemplo, la destrucción de un día para el otro de la industria de la castaña de cajú en Mozambique, dejando miles de familias sin medios de subsistencia- llevaron a pensar que podríamos estar ante un nuevo comienzo, con nuevas instituciones o con profundas reformas de las existentes. Nada de eso ocurrió. El FMI se vio reforzado en sus recursos, Europa continúa detentando el 32 por ciento de los votos y los Estados Unidos el 16,8 por ciento. ¿Cómo es posible imaginar que los errores no se van a repetir?
La reunión del G-20 va a ser recordada por lo que no quiso ver ni enfrentar: la creciente presión para que la moneda de reserva internacional deje de ser el dólar; el creciente proteccionismo como prueba de que ni los países que participaron de la cumbre confían en lo que fue decidido -el Banco Mundial identificó 73 medidas proteccionistas tomadas recientemente por diecisiete de los veinte países participantes-; el fortalecimiento de las integraciones regionales sur-sur, en América latina, en Africa, en Asia, y entre Latinoamérica y el mundo árabe; la restauración de la protección social -los derechos sociales y económicos de los trabajadores- como factor insustituible de la cohesión social; el deseo de millones de personas de que las cuestiones ambientales sean finalmente puestas en el centro del modelo de desarrollo; la oportunidad perdida para terminar con el secreto bancario y los paraísos fiscales, como medidas para transformar la banca financiera en un servicio público a disposición de empresarios productivos y consumidores conscientes.
* Doctor en Sociología del Derecho; profesor de las universidades de Coimbra (Portugal) y de Wisconsin (EE.UU.). Traducción: Javier Lorca.
El panorama geopolítico y económico en el año 2025 no se presenta muy halagador para Venezuela, después de no haber podido ingresar al Brics por veto de Brasil, así como por el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos y el nombramiento de Marco Rubio como su encargado de Política Exterior. El G7 acaba de dar unas declaraciones irrespetuosas donde afirma que “los datos públicos” indican que ganó el candidato del fascismo. Vienen conflictos.
Debemos redoblar los esfuerzos para ser un país industrioso y productivo desde los mismos hogares.
Hay muy pocos estudios sobre el impacto de la producción doméstica en el PIB, en comparación con el grueso de los estudios económicos.
Es como si a la ciencia económica le pareciera poca cosa el aporte de la autoconstrucción, las reparaciones domésticas y las labores del hogar como cocinar, lavar, cuidar y educar a los niños, entre otras, a la generación de riqueza. En Venezuela el debate económico está dominado por la política monetaria y la política petrolera.
En esos pocos estudios se evidencia que el aporte de la producción doméstica al PIB es considerable, incluso de hasta un 40% del PIB nominal. El PIB oficial sería mucho mayor si incluyera en su cálculo una estimación del costo de las labores domésticas que, al no generar facturas, no se incluyen en el cálculo del PIB.
En países como Venezuela, especialmente en estos tiempos de bloqueo económico, las mejoras o ampliaciones del hogar, así como las reparaciones de todo tipo hechas por los miembros del grupo familiar, con frecuencia representan más ganancia que el ingreso en dinero.
Además, es un argumento a favor de economía sostenible y amable con el ambiente de un buen nivel de reparación y reciclaje en los hogares.
El bienestar no sale solo de un salario o una renta. La ciencia económica, en un país como el nuestro, debería dedicarle mucho esfuerzos a estudiar la producción doméstica y el siguiente nivel, el intercambio vecinal y comunal.
Deberían desarrollarse más metodologías, modelos y métricas de estudio de estos niveles. Deberían diseñarse políticas de apoyo sobre la base de dichas métricas para saber si son efectivas.
La moneda comunal seguro es de mucha ayuda para el intercambio endógeno comunal, pero para conocer el nivel de beneficio habría que realizar estudios.
Los miembros de una comuna podrían intercambiar bienes y servicios sin usar bolívares ni dólares, que no tienen. Para eso es la moneda comunal, para intercambiar fuerza de trabajo, que sí tienen.
La producción doméstica y comunal será clave para la resistencia. Hagamos más propuestas y debates sobre estos niveles productivos y ¡venceremos!
ONU, 28 sep (Sputnik) — La expansión del grupo BRICS tendrá lugar durante la cumbre de la unión en la ciudad rusa de Kazán, declaró a Sputnik el ministro de Exteriores de Bielorrusia, Maxim Rizhenkov. En sus palabras, se trata de alrededor de 10 países.
"La primera ola de expansión (...) se producirá en la cumbre de Kazán", aseguró el canciller al margen de la Asamblea General de la ONU.
Detalló que la presidencia rusa en el grupo "está formulando una lista de los países que estarán en la primera ola de expansión".
Bielorrusia espera que su solicitud de ingreso a los BRICS sea estudiada en un futuro muy próximo, añadió el canciller. Asimismo, subrayó que el grupo es una de las organizaciones con mayor desarrollo dinámico y que une a las economías más poderosas que no son parte del Occidente colectivo.
En julio de 2023, el embajador de Bielorrusia en Brasil, Serguéi Lukashevich, entregó a la viceministra de Exteriores brasileña, Maria Luisa Escorel de Moraes, una nota de intención de su país de convertirse en miembro del grupo BRICS.
Rusia asumió el 1 de enero pasado la presidencia rotatoria del grupo BRICS para 2024, año que empezó con la admisión de nuevos miembros. El país euroasiático planea organizar este año más de 250 eventos en 11 regiones en el marco de su presidencia, incluida la XIV Cumbre de los BRICS que tendrá lugar en la ciudad de Kazán del 22 al 24 de octubre.
Fuentes: El salto [Imagen: Sophie Tuttle aka @sophietuttle]
Nuestro fetiche por el crecimiento surge a raíz de transformaciones materiales y culturales, y lo mismo ocurrirá con el decrecimiento
El siguiente texto es un fragmento modificado del libro The Future Is Degrowth: A Guide to A World Beyond Capitalism [El futuro es decrecimiento: Guía para un mundo más allá del capitalismo], publicado en año 2022 por Verso Books. El libro constituye, en su totalidad, una de las descripciones más detalladas que existen en la actualidad de las ideas que sustentan el movimiento social del decrecimiento.
El objetivo de este movimiento es reemplazar el crecimiento económico como principal baremo del progreso económico por varios conceptos de bienestar comunitario, ya que el crecimiento está irremediablemente vinculado a un mayor rendimiento biofísico (es decir, a un mayor agotamiento de los recursos y una mayor producción de residuos por parte de la humanidad) y, por ende, a la destrucción ecológica. Partiendo de las enseñanzas de la economía ecológica, la corriente decrecentista aboga por reducir el consumo global de los países ricos mediante la sustitución del consumismo individualista por el lujo comunitario (sustituyendo el automóvil por el transporte público, por ejemplo) y una regulación estricta de la producción y las emisiones (con medidas como la reducción de la semana laboral, el derecho a reparar y la localización de las cadenas de suministro), al mismo tiempo que defiende la ayuda tecnológica a modo de reparación poscolonial a los países más pobres (menos responsables del cambio climático y más vulnerables ante él) con el fin de que puedan desarrollarse sin necesidad de recurrir a los combustibles fósiles.
En este fragmento, los autores trazan los orígenes profundos de la historia de la ideología del crecimiento a través de transformaciones materiales y culturales que guardan una estrecha relación con el auge del capitalismo en Europa, mientras desafían sus premisas y valores, incluso cuando éstos adoptan una apariencia socialista. El decrecimiento es uno de los muchos marcos teóricos emergentes que compiten por una mayor influencia dentro de la izquierda ecosocialista (otros son el socialismo de medio planeta, la ecología social y el desarrollismo verde). Todos los editores coincidimos y discrepamos en mayor o menor medida con estas y otras perspectivas de izquierda sobre la crisis ecológica, pero reconocemos que el decrecimiento es una parte integral del panorama y en que la izquierda aún no ha logrado plantear un debate serio y sincero sobre esta visión. Por este motivo publicamos este fragmento, con la esperanza de que sirva de aliciente para impulsar una conversación sobre este asunto. Nuestra intención es examinar el abanico completo de puntos de vista democráticos y socialistas sobre esta cuestión existencial a lo largo de los próximos años.
Resulta sorprendente pensar que el concepto de crecimiento económico se remonta tan solo a la década de 1940. Antes de esa fecha, la idea de que una economía debería crecer o incluso la mera existencia de algo llamado economía eran ajenas para casi todo el mundo. Todo esto cambió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos tuvo que hacer frente a la reaparición de los movimientos obreros en su propio país y a la presión de los países comunistas y los movimientos de liberación nacional en el extranjero. Fue precisamente en este contexto en el que se introdujo el Producto Nacional Bruto (algo que más tarde pasaría a conocerse como Producto Interior Bruto o PIB) para medir la actividad económica y el éxito de la acumulación capitalista, cuyo discurso acabó vinculándose a la idea de progreso y modernidad. El crecimiento económico, tal y como lo reflejaba el PIB, se convirtió entonces en un dispositivo ideológico con el que la élite podía postergar las reivindicaciones de la clase obrera organizada («no podemos redistribuir la riqueza hasta que no crezcamos»), comparar a los países capitalistas con los socialistas («el experimento socialista es un fracaso porque esos países no crecen tanto como sus vecinos capitalistas») e imponer ajustes estructurales al Sur global («no podemos concederos préstamos hasta que no desmanteléis los activos y los servicios públicos de vuestro país con el fin de estimular el crecimiento»).
Pero el crecimiento es mucho más que un aumento del PIB. De hecho, el PIB no es más que la punta del iceberg, el fenómeno superficial de todo un conjunto de procesos sociales relacionados con la acumulación capitalista que impulsan el crecimiento y unos flujos biofísicos cada vez mayores. Si queremos contemplar el papel global que desempeña el crecimiento en nuestras vidas, debemos remontarnos a mucho antes del siglo XX, a los albores de la Ilustración. Durante esta época, la idea de que los hombres blancos eran superiores y podían controlar la naturaleza en aras del progreso llegó a justificar el saqueo de las colonias, la dominación de las mujeres y la explotación de la naturaleza. Esa fue la idea que, a su vez, propició la invención del crecimiento económico de la era neoliberal y neocolonial contemporánea.
En el presente ensayo exponemos las raíces ideológicas del crecimiento. Analizamos el crecimiento como un proceso social, como un conjunto específico de relaciones sociales derivadas de la acumulación capitalista, que no solo fomentan la propagación del capitalismo, sino que actúa como uno de los principales mecanismos estabilizadores de la sociedad moderna. Las ideas de emancipación y progreso se asociaron estrechamente con el crecimiento económico, convirtiendo al paradigma del crecimiento en el ideal normativo de la modernidad (no sólo en los círculos liberales, sino también en el pensamiento socialista). Este mito se volvió tan poderoso que incluso acabó cautivando a la mayoría de las corrientes intelectuales y movimientos sociales de la izquierda progresista que querían abatir el capitalismo y que, en palabras de Eric Pineault, «han quedado apresados en el imaginario del crecimiento» [1].
La historia que relatamos a continuación recalca que no podemos limitarnos a criticar el capitalismo, sino que hemos de ampliar nuestro análisis hacia una crítica del propio crecimiento. Una mejor comprensión de la naturaleza del crecimiento también nos permitirá distinguir la perspectiva del «decrecimiento» de otras críticas más imprecisas sobre el crecimiento económico que se centran únicamente en los escollos del PIB. Además de proponer nuevas medidas para evaluar el bienestar, el decrecimiento también nos hace conscientes de la necesidad de una reestructuración drástica, que en muchos sectores se traduce en una reducción de la escala de producción y consumo, permitiendo así la aparición de una gran variedad de formas alternativas de desarrollo. Tal y como exponemos en nuestro libro The Future Is Degrowth: A Guide To A World Beyond Capitalism, el punto fuerte de la perspectiva del decrecimiento es que aborda el problema del crecimiento de forma holística, hilvanando distintas críticas al crecimiento tales como el feminismo, el decolonialismo, el anticapitalismo y la ecología, entre otras.
El crecimiento no es solamente una idea. Es un conjunto específico de relaciones sociales derivadas de la acumulación capitalista, que no solo fomentan la propagación del capitalismo, sino que actúan como un mecanismo estabilizador de la sociedad moderna. En este apartado, comenzaremos analizando cómo surgió el capitalismo y cómo el crecimiento dio lugar a estructuras de clase específicas que, a su vez, dieron lugar a una relación dinámica entre las formaciones de clase y el crecimiento material. Sostenemos que la «estabilización dinámica» es una característica clave de las sociedades modernas. A fin de permanecer estables y reproducir sus estructuras sociales, las sociedades de crecimiento precisan de un crecimiento económico, de una innovación y progresión tecnológicas y de una aceleración sociocultural continuos. La estabilización dinámica explica cómo y por qué las sociedades de crecimiento dependen fundamentalmente del crecimiento.
El Homo sapiens vive en este planeta desde hace aproximadamente 200 000 años. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, todos los seres humanos han vivido de forma nómada como cazadores y recolectores. Durante casi 10 000 años, la agricultura fue el sistema de producción dominante a nivel territorial, y desde entonces se han ido alternando fases de desarrollo social con fases de decadencia en varias regiones del mundo. Sin embargo, el crecimiento económico entendido como tal en el sentido moderno fue nulo o casi nulo. Del mismo modo, durante buena parte de la historia de la humanidad, las comunidades se han reproducido basándose en sistemas de obligaciones mutuas, poder o riqueza, pero no siguiendo la lógica del capitalismo, es decir, la acumulación incesante de capital. En el transcurso de miles de años, los seres humanos han experimentado con una gran diversidad de formaciones sociales, algunas de las cuales consistían en civilizaciones de gran tamaño y complejidad organizadas de forma sorprendentemente igualitaria, y otras en las que los mercaderes invertían en la expansión del comercio. No obstante y por lo general, el papel del capital seguía siendo marginal en el seno de esas sociedades. Todo esto empezó a cambiar con el auge de la empresa capitalista, el colonialismo y la aparición del «sistema mundial» en el siglo XVI[2].
Por aquel entonces, las jóvenes empresas de capital riesgo, impulsadas por la carrera armamentística de los Estados europeos de principios de la Edad Moderna y sus ingentes necesidades de capital, financiaron viajes con fines expansionistas a las Américas, importando materias primas como el algodón y la plata. Fruto de estas primeras empresas coloniales surgieron las sociedades mercantiles, que más tarde se convertirían en sociedades anónimas cuyo objetivo central era, y continúa siendo, la acumulación infinita de capital. Los capitalistas empezaron a invertir cada vez más en la agricultura y la industria, contagiando así al mundo del trabajo humano de la lógica de la acumulación ilimitada y revirtiendo todo el modo de producción en su beneficio siempre que les fuera posible, tal y como ocurrió con el régimen de plantaciones del algodón. La apropiación de materias primas, el trabajo esclavo y asalariado y su integración en flujos comerciales que se extendían de Europa a África, Asia y América, permitieron a la clase capitalista la creación de un sistema mundial dinámico que, desde entonces, ha reestructurado todo el planeta[3].
Esta acumulación se produjo a expensas de la población de diferentes partes del mundo y de distintas maneras. En América se perpetraron genocidios contra los pueblos indígenas y millones de personas de regiones africanas fueron vendidas como esclavas. Toda la empresa colonial, tan estrechamente vinculada a la aparición del capitalismo, se justificó mediante el racismo (la deshumanización sistemática de determinados grupos de personas en beneficio de otros) convirtiéndose en una parte esencial de la dinámica social del capitalismo hasta nuestros días. La población rural europea perdió la fuente de su producción de subsistencia a causa de la privatización de los comunes. Estos cercamientos también originaron la escasez que sigue siendo hoy en día la piedra angular del crecimiento capitalista, limitando la capacidad de las personas para servirse de su entorno como medio de subsistencia y de creación de riqueza comunal. Despojadas de la tierra y de sus medios de subsistencia, las personas se vieron obligadas a someterse a un trabajo asalariado, un proceso de «acumulación primitiva» violenta (Karl Marx) o Landnahme (Rosa Luxemburg)[4] que aún hoy perdura en diversas formas. Los Estados desempeñaron un papel clave no sólo en el «capitalismo de guerra» del período anterior, sino también promoviendo la desposesión de tierras en todo el mundo, ejerciendo su poder para «abaratar» los recursos básicos en las guerras imperiales que sustentaban el desarrollo capitalista o garantizando los derechos de propiedad que hicieron posible la producción capitalista en primer lugar[5].
La dinámica entera del sistema-mundo cambió cuando, a principios del siglo XVIII, la revolución de las plantaciones en América se entroncó con el capitalismo industrial emergente en Europa, que a su vez empezó a nutrirse cada vez más de una tecnología verdaderamente revolucionaria: la máquina de vapor a base de carbón. Esto no solo sentó las bases para la aparición de lo que puede denominarse «capitalismo fósil» (para resaltar la especial trascendencia de las energías fósiles), sino también para la implantación de la lógica capitalista en toda la sociedad, el inicio de un crecimiento económico cada vez mayor y la «gran divergencia», que hizo que Europa fuera mucho más rica que otras regiones[6].
Estos cambios sociales y económicos acompañaron la aparición de un conjunto de perspectivas e ideas que legitimaron, posibilitaron e incluso impulsaron la expansión del sistema-mundo, además de sentar las bases para el posterior desarrollo del paradigma de crecimiento moderno. En primer lugar, la idea del «desarrollo» o «progreso» de las sociedades humanas en un lapso de tiempo lineal tenía que gestarse de forma activa. La mayoría de las culturas del pasado (así como algunas comunidades contemporáneas) compartían una concepción cíclica del tiempo como una «recurrencia eterna», interpretando su presente como un distanciamiento de un pasado ideal mítico que había que restaurar, o adoptando alguna otra concepción no lineal del tiempo. Sin embargo, a partir del Renacimiento surgieron unos conceptos abstractos sobre el tiempo y el espacio basados en el sentido apocalíptico cristiano, que había empezado a plantear el Juicio Final y el desenlace absoluto de las sociedades humanas. La difusión del reloj mecánico propició que el tiempo pasara a comprenderse como algo objetivo, lineal y cuantificable. La geometría y la cartografía también facilitaron una nueva perspectiva sobre la tierra y el territorio como un espacio abstracto, sin fronteras, uniforme y mensurable, que podía vaciarse o llenarse según fuera necesario, perfectamente delimitado y que podía ser objeto de intercambio en virtud de los derechos de propiedad[7]. Las primeras ciencias naturales modernas no solo fomentaron la idea de una naturaleza abstracta, sino que también defendían que los seres humanos podían dominar la naturaleza. Esta visión mecanicista del mundo concebía la naturaleza como un mecanismo regido por leyes y, por ende, susceptible de manipulación y control[8].
La apropiación de materias primas, el trabajo esclavo y asalariado y su integración en flujos comerciales […] permitieron a la clase capitalista la creación de un sistema mundial dinámico que, desde entonces, ha reestructurado todo el planeta.
Los conceptos y las prácticas del tiempo lineal, el espacio abstracto y la naturaleza mecánica se convirtieron en los pilares ideológicos de la colonización capitalista del planeta. El colonialismo consolidó el tratamiento de todas las cosas y seres vivos como elementos comparables, intercambiables y comercializables, así como la interpretación mecanicista de la naturaleza basada en el pensamiento lineal. De este modo, el saqueo del planeta se justificaba mediante la idea de que la tierra, los recursos naturales, el trabajo de las mujeres y los pueblos colonizados y prácticamente toda forma de vida existía para servir a la humanidad (y, por lo general, esto se aplicaba únicamente al hombre blanco, quien se arrogaba su propiedad)[9]. En definitiva, todas estas categorías pueden ser objeto de posesión, explotación y modificación a su antojo[10].
Estos planteamientos se reformularon a partir del siglo XVII, adoptando un carácter secular. La idea del progreso seguía una narrativa lineal que dividía a las personas entre «civilizadas» y «primitivas» en función de parámetros racistas, legitimando así las expansiones coloniales. En el punto álgido del imperialismo y en los primeros discursos sobre el «desarrollo», se consideraba que los países pobres necesitaban la intervención exterior de expertos europeos o norteamericanos para acelerar su «desarrollo», siguiendo una senda lineal de mejora social y económica. Ya en el siglo XX, y a medida que el progreso social universal se vinculaba cada vez más a la expansión de la producción, este relato lineal adquirió un sentido más económico. A través del prisma del capitalismo, el crecimiento se convirtió en la promesa secular de la redención[11].
La interpretación mecanicista de la naturaleza también sentó las bases para que los economistas europeos del siglo XVIII entendieran «la economía» como un ámbito independiente dentro de la vida social que es cuantificable y predecible, atribuyendo las irregularidades a la esfera laboral[12]. A lo largo del siglo XIX, este sector de la economía formal se caracterizó por la universalización del empleo remunerado como un ámbito dominado por los hombres y separado del resto de la vida. Al mismo tiempo, el trabajo reproductivo no remunerado se convirtió en trabajo «doméstico» de las amas de casa: devaluado, pero imprescindible para la reproducción de la fuerza de trabajo. De este modo, el trabajo reproductivo no remunerado asociado al trabajo asalariado se invisibiliza y se expropria, hecho que hoy en día sigue marcando las relaciones de género y el mundo laboral[13].
La proletarización del trabajo fue impulsada por diferentes tecnologías disciplinarias, presentes en instituciones como las fábricas, el ejército, las prisiones y las escuelas. Esta transformación en la dimensión laboral condujo a la monetización de muchos otros sectores de la vida y trajo consigo la supresión de las relaciones de reciprocidad[14]. La proletarización que surgió del sistema de trabajo asalariado ocasionó un efecto disuasorio en las comunidades que anteriormente se basaban en la subsistencia: la clase trabajadora ya no era capaz de sobrevivir fuera del sistema capitalista, por lo que también pasó a depender del crecimiento para satisfacer sus necesidades más básicas[15].
El proceso de implementación de los conceptos abstractos del tiempo y el espacio en la sociedad tardó siglos en propagarse por todo el planeta, y representaba de forma sintomática la lógica abstracta de la modernidad capitalista: no solo la práctica de la producción científica sino sobre todo la económica, que establece equivalencias entre realidades específicas completamente diferentes. El hecho de que la mano de obra, la tierra y muchas otras cosas se pudieran medir y comparar (en gran parte a través de un patrón de comparación abstracto expresado en dinero) estableció las condiciones para intercambiar cualquier cosa por cualquier otra[16]. En este sentido, el crecimiento también es un proceso de mercantilización implacable y a menudo violenta, así como de colonización reiterada de la naturaleza, de las diferentes esferas de la vida y de las actividades reproductivas, que empezaron a transformarse (y aún lo siguen haciendo) de acuerdo a las relaciones sociales mediadas por el mercado[17].
Las sociedades modernas se estabilizan de forma dinámica a través de un proceso continuo de expansión e intensificación en términos de espacio, tiempo y energía[18]. Esto significa que las sociedades modernas dependen intrínsecamente del crecimiento para estabilizar sus instituciones. Si bien se basa en los procesos de apropiación y explotación que hemos analizado anteriormente, esta dinámica de crecimiento perpetuo proporcionó prosperidad material a cada vez más personas. Aunque en un principio estaba reservada principalmente a los hombres blancos de las clases altas y medias de Europa, también permitió que las luchas sociales y políticas medraran, facilitando el acceso a este nivel de vida material a una proporción cada vez mayor de la humanidad, tanto en el Norte global como en las clases medias y altas del Sur global. Esta creciente democratización de la prosperidad material (desde bienes de consumo como el azúcar y el té para los trabajadores europeos del siglo XIX hasta viviendas privadas más grandes, electrodomésticos, automóviles y viajes en el siglo XX) sentó de nuevo las bases de una aceleración del crecimiento económico aún mayor. En cuanto a su calidad de mecanismo estabilizador del capitalismo, la promesa del aumento del nivel de prosperidad material gracias al crecimiento económico sirvió para apaciguar los conflictos sociales y crear una política tecnocrática, consensual y productivista en la sociedad del crecimiento[19]. Este proceso no se limita a los países centrales capitalistas. Incluso las sociedades socialistas que llegaron a existir en el siglo XX fueron, en esencia, sociedades de crecimiento productivista, aunque en circunstancias diferentes. Ante la presión de la competencia entre los bloques occidental y oriental, estas sociedades también necesitaban una eficiencia económica y técnica y una prosperidad material cada vez mayor para garantizar su estabilidad social[20]. Tal y como examinaremos a lo largo del libro, la promesa de una vida mejor a través del crecimiento también legitimó y, por ende, instauró la desigualdad de desarrollo en todo el mundo.
Asimismo, la estabilización dinámica va más allá de la prosperidad material. De hecho, muchos de los logros sociales y políticos de los que la población de los modernos Estados del bienestar gozan hoy en día(tales como el derecho al voto, el salario mínimo, la asistencia sanitaria y la semana laboral de cinco días) fueron conquistados por movimientos sociales y sindicatos que reaccionaron contundentemente a la modernidad expansiva de los combustibles fósiles. Por ejemplo, en el siglo XX, el poder de la huelga estaba estrechamente vinculado al papel esencial que la mano de obra desempeñaba en las instalaciones de extracción, transporte y procesamiento del carbón y, por lo tanto, a su capacidad de paralizarlas eficazmente. El historiador Timothy Mitchell ha llegado a designar las democracias representativas modernas como «democracias del carbón»[21], poniendo de relieve la profunda conexión entre las propiedades materiales del carbón (que permitieron que los trabajadores del carbón encabezaran un sólido movimiento obrero sólido que luchó con éxito por el bienestar y la participación) y la democracia de masas que surgió de él. El historiador Dipesh Chakrabarty sostiene un argumento similar: los movimientos de emancipación no sólo estaban íntimamente ligados a la dinámica del crecimiento mediante combustibles fósiles, sino que estaban cimentados en ella. Así, «la mansión de las libertades modernas se asienta sobre una plataforma de combustibles fósiles cada vez más extensa. Hasta la fecha, la mayoría de nuestras libertades han requerido un uso intensivo de energía»[22]. Y se pueden esgrimir afirmaciones semejantes en relación con otros logros del Estado del bienestar. Es más, las instituciones públicas de las sociedades modernas (incluido el mismísimo Estado del bienestar, que pretendía pacificar y contener el capitalismo y que surgió de las grandes luchas emancipadoras de los siglos XIX y XX) se estabilizan a sí mismas a través del crecimiento económico: surgieron en el seno de economías en expansión, contribuyeron a éstas y dependen estructuralmente de ellas[23]. Esto incluye instituciones como los sistemas de pensiones, los seguros sanitarios, las prestaciones por desempleo, los seguros de cuidados a largo plazo, los sistemas de educación pública, las universidades y las infraestructuras públicas como carreteras y ferrocarriles, redes de suministro de agua y alcantarillado, redes eléctricas y de telecomunicaciones. El aumento de la producción generó excedentes, lo cual desató luchas por la distribución de la riqueza, la reducción de la jornada laboral y los sistemas de seguridad social[24]. Como también afirma Thomas Piketty, la tendencia estructural del capitalismo a aumentar la desigualdad pudo contrarrestarse a lo largo de la historia en las fases de alto crecimiento[25].
Sin embargo, cabe señalar que la conquista de estos derechos y libertades no fue la consecuencia directa del crecimiento capitalista, sino de las luchas desde las bases. Tal y como destaca la historiadora económica Stefania Barca, «la salud, la riqueza, la longevidad y la seguridad no son el resultado del comercio mundial y del capital, sino de las fuerzas que se han opuesto a ellos»[26]. No obstante, estas luchas se produjeron en el contexto del crecimiento económico y estuvieron condicionadas por él en gran medida.
La salud, la riqueza, la longevidad y la seguridad no son el resultado del comercio mundial y del capital, sino de las fuerzas que se han opuesto a ellos.
Durante los siglos XIX y XX, el modelo económico y social de la modernidad expansiva caracterizada por el crecimiento no triunfó solamente en términos materiales, sino que también permitió alcanzar niveles cada vez mayores y hasta entonces desconocidos de derechos y logros sociales, políticos y culturales. Este impacto fue principalmente ostensible en los primeros centros capitalistas industrializados, pero también en varios países emergentes y a escala global. De esta manera, y en el contexto de la modernidad expansiva y el crecimiento, el progreso de la sociedad se confundió con el crecimiento del PIB al mismo tiempo que se conquistaron importantes derechos democráticos, sociales y culturales. Esto sentó los cimientos de un potente sentimiento común basado en la experiencia vivida de que, en realidad, las mejoras sociales precisan del crecimiento económico y del correspondiente desarrollo de las fuerzas productivas.
Este fue el caso del régimen fordista que imperó de forma preeminente en los países industrializados desde los años veinte hasta los setenta. Incluso tras décadas de austeridad y recortes neoliberales en materia de bienestar, la memoria social de este periodo sigue relacionando con gran intensidad las esperanzas de mejora social con el crecimiento. El fordismo consistía en una constelación de métodos de producción y relaciones de poder basada en la estandarización de la mano de obra en las fábricas (compuesta en su mayor parte por hombres), el aumento de la productividad (a partir de los combustibles fósiles y la estandarización) y la subida los salarios (que permitió que la expansión del consumo masivo absorbiera la creciente producción). Todo esto apaciguó temporalmente el conflicto entre el capital y la mano de obra, sobre todo en los países industrializados. Durante este periodo, las elevadas tasas de crecimiento favorecieron la creación de una sociedad de consumo estructurada en torno a una ética de trabajar y gastar, y amplios mercados para incrementar la producción, un factor clave para la expansión del capital. Como dijo el propio Henry Ford: «Los coches no compran coches». Al mismo tiempo, las altas tasas de crecimiento conllevaron una cierta democratización de la prosperidad. Fue en esta época cuando se impuso el estilo de vida occidental de construir casas en los suburbios, conducir coches y tener lavadoras en todos los hogares[27].
Esta experiencia de democratización de la prosperidad tan vinculada al crecimiento se convirtió en la experiencia formativa de generaciones enteras en los países industrializados. Recientemente se le ha denominado como «modo de vida imperial» para describir cómo este estilo de vida, que estabiliza los centros capitalistas, depende de una estructura desigual e imperial que garantice el acceso global a energía, mano de obra y recursos baratos, externalizando al mismo tiempo sus costes ecológicos a las regiones del Sur global y hacia el futuro. El modo de vida imperial, con su imagen difundida por los medios de todo el mundo y con todas sus comodidades a base de combustibles fósiles y bienes de consumo capitalistas, se ha convertido desde la década de 1990 en un sueño global para mucha gente, alcanzando incluso a las regiones periféricas, que hasta entonces habían trabajado para sentar los cimientos de esta prosperidad pero habían quedado excluidas de sus beneficios[28]. Es esta experiencia de democratización fordista de la prosperidad y este apego a los estilos de vida consumistas el gran desafío que hoy debe superar la crítica del crecimiento, al menos en los países de más temprana industrialización. De hecho, la narrativa que legitima la naturaleza progresiva del crecimiento y el desarrollo de las fuerzas productivas es tan poderosa que también determina parcialmente la mentalidad de la izquierda. Y la misión del crecimiento como mecanismo estabilizador sigue siendo uno de sus principales argumentos.
Sin embargo, este supuesto sentido común ha ido perdiendo fuelle. Desde la década de 1970, el crecimiento contemporáneo está reportando cada vez menos rendimientos sociales. En los centros capitalistas, el crecimiento constante de la producción económica no se ha traducido en un aumento proporcional del bienestar ni ha propiciado una mayor igualdad (excepto en algunas partes de Asia), ya que una pequeña élite mundial ha acaparado la mayor parte de los beneficios. Y lo que es más importante, el crecimiento continuo y la generalización de estilos de vida orientados al consumo en todo el mundo están provocando unos estragos ecológicos y sociales globales cada vez más devastadores[29]. El crecimiento continuo estabiliza las condiciones sociales en el centro capitalista (donde se acumulan sus beneficios) y puede atenuar algunas de las contradicciones de clase, especialmente el conflicto entre capital y mano de obra respecto a la distribución de la producción. Ahora bien, esto tiene su precio y es que las contradicciones se transfieren a otras esferas de la vida y al Sur global. Como resultado, la globalización del «modo de vida imperial» amenaza con destruir los mismísimos logros sobre los que se sustenta su poder ideológico. El crecimiento es un poderoso mecanismo estabilizador de la modernidad capitalista, pero también desestabiliza los fundamentos ecológicos de la vida humana en este planeta.
La tendencia a las crisis, inherente al proceso social de acumulación, junto a los diversos límites ecológicos, sociales y materiales del crecimiento hacen que su futuro resulte muy incierto. Nos aguardan múltiples crisis simultáneas a las que nos enfrentaremos en las próximas décadas, todas ellas fruto de una sociedad global basada en el crecimiento y, progresivamente, en un crecimiento en crisis. Aunque hay quien alberga la esperanza de que el crecimiento siga un derrotero hacia economía menos intensiva en recursos materiales o a un PIB desvinculado de los impactos medioambientales, esto dista mucho de la realidad y no hay pruebas de que vaya a ocurrir a tiempo para evitar un calentamiento global catastrófico. Más allá del cambio climático provocado por las emisiones de carbono, gran parte del mundo se enfrenta a un colapso ecológico y a una crisis de salud pública a raíz de la degradación de los ecosistemas, la contaminación (atmosférica y producida por los plásticos) y los altos niveles de toxicidad en los alimentos y el medio ambiente. Todas estas crisis ecológicas castigan en primer lugar y con mayor dureza a las personas más pobres, así como a las poblaciones oprimidas por jerarquías interseccionales como la raza, la clase y el género. Estas crisis múltiples son la consecuencia de un sistema dependiente e impulsado por el crecimiento.
Conclusión
En este artículo hemos analizado el crecimiento como un proceso social de fuerzas de aceleración, aumento e intensificación que se refuerzan mutuamente y se estabilizan dinámicamente. En nuestro libro también exploramos en detalle que el crecimiento es una idea que ha surgido recientemente y que ha tenido repercusiones novedosas y de gran calado en nuestra forma de concebir la gobernanza y el bienestar. También examinamos el crecimiento como un proceso material, una interacción metabólica entre la sociedad y la naturaleza que, a un ritmo cada vez mayor, permite que cada vez fluyan más recursos a través de «la economía» para luego transformarlos en residuos y emisiones. El crecimiento acaba socavando los cimientos sobre los que se asienta en lo que respecta a estos tres frentes. Sin embargo, la hegemonía del crecimiento perdura. Así pues, es necesario enfrentarse a estas tres dinámicas interrelacionadas para que la crítica del crecimiento llegue a buen puerto. En primer lugar, debemos tomarnos en serio la dimensión material del crecimiento en toda su complejidad, haciendo hincapié en lo que esto significa para un futuro de justicia global. En segundo lugar, debemos examinar detenidamente la manera de superar la dinámica de crecimiento de la modernidad expansiva, que se refuerza a sí misma, sin poner en peligro los logros sociales, culturales y democráticos alcanzados gracias a las luchas sociales, pero dentro del contexto de las sociedades de crecimiento. Y, en tercer lugar, debemos comprometernos con espíritu crítico y desmantelar, además de transformar, las promesas, los mitos y las esperanzas asociadas al paradigma del crecimiento. De entre todas las corrientes intelectuales, el decrecimiento es el movimiento que ha criticado más rigurosamente y ha ofrecido las alternativas más relevantes a esta máquina de crecimiento estabilizadora desde el punto de vista dinámico. Este motivo debería ser suficiente para que los movimientos sociales de hoy en día se impliquen y comprometan con el decrecimiento desde la más absoluta honestidad.
NOTAS
[1]Pineault, Eric. «The growth imperative of capitalist society». Degrowth in Movement (s): Exploring Pathways for Transformation (2020): págs. 29-44. Véase también Schmelzer, Matthias. The hegemony of growth: the OECD and the making of the economic growth paradigm. Cambridge University Press, 2016, y Kallis, Giorgos. «Socialism Without Growth», Capitalism Nature Socialism, vol. 30, 2 (2019): págs. 189–206.
[2] Graeber, David y Wengrow, David (2022). El amanecer de todo: Una nueva historia de la humanidad, trad. Joan Andreano Weyland, Barcelona: Editorial Ariel; Beckert, Sven (2016). El imperio del algodón: Una historia global, trad. Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar, Barcelona: Editorial Crítica.
[3] Ghosh, Amitav (2023). La maldición de la nuez moscada: Parábolas para un planeta en crisis, trad. Noemí Jiménez Furquet (Madrid: Capitán Swing Libros); Moore, Jason W. (2020). El capitalismo en la trama de la vida: Ecología y acumulación de capital, trad. María José Castro Lage (España: Traficantes de sueños); Scheidler, Fabian (2020). The end of the megamachine: A brief history of a failing civilization (Zer0 Books); Wallerstein, Immanuel (2006) Análisis de sistema-mundo (Madrid: Siglo XXI).
[4]Nota de editor: Apropiación de tierras; «toma de tierras» en alemán, literalmente.
[5]Federici, Silvia (2010). Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (Madrid: Traficantes de Sueños); Patnaik, Utsa y Patnaik, Prabhat (2021). Capital and Imperialism: Theory, History, and the Present (Nueva York: NYU Press); Polanyi, Karl (2016). La gran transformación (España: Fondo de Cultura Económica de España); Moore, El capitalismo en la trama de la vida; Robinson, Cedric J. (2021) Marxismo negro: La formación de la tradición radical negra, trad. Juan Mari Maradiaga (España: Traficantes de Sueños); Hartmut, Rosa, Lessenich, Stephan y Dörre, Klaus (2015) Sociology, Capitalism, Critique (Londres: Verso).
[6]Malm, Andreas (2020). Capital fósil: El auge del vapor y las raíces del calentamiento global, trad. Emilio Ayllón Rull (Madrid: Capitán Swing Libros); Beckert, Sven (2016). El imperio del algodón: Una historia global, trad. Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar (Barcelona: Editorial Crítica); Pomeranz, Kenneth (2000). The Great Divergence: China, Europe, and the Making of the Modern World Economy (Princeton: Princeton University Press).
[7]Scheidler, The end of the megamachine; Dale, «The Growth Paradigm»; Malm, Capital fósil; Merchant, Carolyn (2020) La muerte de la naturaleza: Mujeres, ecología y revolución científica (España: Editorial Comares).
[8] Merchant, La muerte de la naturaleza; Radkau, Joachim (2008). Nature and Power: A Global History of the Environment (Cambridge University Press).
[9] Ser blanco no es una propiedad biológica, sino más bien una posición dominante y privilegiada dentro de las estructuras dominantes del racismo. Goodman, Alan H., Moses, Yolanda T. y Jones, Joseph L. (2019) Race: Are We So Different? (Hoboken, NJ: John Wiley & Sons); Robinson,Cedric J. (2019) On Racial Capitalism, Black Internationalism, and Cultures of Resistance (Londres: Pluto Press).
[10]Ghosh, La maldición de la nuez moscada; Grove, Richard H. (2010) Green Imperialism: Colonial Expansion, Tropical Island Edens and the Origins of Environmentalism, 1600-1860 (Cambridge: Cambridge University Press); Klein, Naomi (2015) Esto lo cambia todo: El capitalismo contra el clima, trad. Albino Santos Mosquera (Barcelona: Ediciones Paidós).
[11]Escobar (2012), La invención del desarollo, trad. Diana Ochoa (Colombia: Editorial Universidad del Cauca); Mignolo, Walter y Walsh, Catherine E. (2018) On Decoloniality: Concepts, Analytics, Praxis (Durham, NC: Duke University Press); Rist, Gilbert (202) El desarrollo: Historia de una creencia occidental, trad. Adolfo Fernández Marugán (Madrid: Los libros de la Catarata); Schmelzer, The hegemony of growth.
[12]Dale, «The Growth Paradigm». Para consultar más bibliografía histórica, véase Kallis, Giorgios y otros, «Research on Degrowth», Annual Review of Environment and Resources nº 43 (2018): 291-316.
[13]Bennholdt-Thomsen, Veronika y Mies, Maria (1999) The Subsistence Perspective: Beyond the Globalized Economy (Londres: Zed Books); Miesm Maria y Shiva, Vandana (2020) Ecofeminismo, trad. Airel Salleh y Yayo Herrero (España: Icaria Editorial); Moore, El capitalismo en la trama de la vida; Salleh, Ariel (2017) Ecofeminism as Politics: Nature, Marx and the Postmodern (Londres: Zed Books).
[14]Graeber, David (2018). Trabajos de mierda: Una teoría, trad. Iván Barbeitos (Barcelona: Editorial Ariel); Osterhammel, Jurgen (2021). La transformación del mundo: Una historia global del siglo XIX, trad. Gonzalo García (Barcelona: Editorial Crítica).
[15]Pineault, «The Growth Imperative of Capitalist Society»; Biesecker, A. y Hofmeister, S. «Focus: (Re)productivity: Sustainable Relations Both between Society and Nature and between the Genders», Ecological Economics nº 69 (2010): 1703-11.
[16] Horkheimer, Max y Adorno, Theodor W. (2007) Dialéctica de la Ilustración, trad. Joaquín Chamorro Mielke (España: Ediciones Akal).
[17]Patel, Raj y Moore, Jason W. (2017) A History of the World in Seven Cheap Things: A Guide to Capitalism, Nature, and the Future of the Planet (Berkeley: University of California Press); Hickel, Jason (2023) Menos es más: Cómo el decrecimiento salvará el mundo, trad. Clara Ministral (Madrid: Capitán Swing Libros).
[18]Lessenich, Rosa y Dörre (2015). Sociology, Capitalism, Critique (Londres: Verso Books); Radkau, Nature and Power; Moore, Capitalism and the Web of Life; Rosa, Hartmut (2020) Resonancia: Una sociología de la relación con el mundo (España: Katz Barpal Editores).
[19]Trentmann, Frank (2017) The Empire of Things: How We Became a World of Consumers, from the Fifteenth Century to the Twenty-First (Nueva York: Harper Perennial); Schmelzer, Hegemony of Growth; Kallis, Degrowth; Jackson, Tim (2023) Prosperidad sin crecimiento: Bases para la economía de mañana (España: Fondo de Cultura Económica).
[20]Radkau, Nature and Power; Wallerstein, Análisis de sistema-mundo; Chertkovskaya, Ekaterina y Paulsson,Alexander. «The Growthocene: Thinking Through What Degrowth Is Criticising», Entitle Blog, 19 de febrero de 2016.
[21]Mitchell, Timothy (2011) Carbon Democracy: Political Power in the Age of Oil (Londres: Verso).
[22]Chakrabarty, Dipesh. «The Climate of History: Four Theses», Critical Inquiry 35, nº 2 (2009): 208.
[23]Lessenich, Rosa y Dörre, Sociology, Capitalism, Critique.
[24]Véase, por ejemplo, Sommer, Bernd y Welzer, Harald (2014) Transformationsdesign. Wege in eine zukunftsfähige Moderne (Múnich: Oekom); Lessenich, Rosa y Dörre, Sociology, Capitalism, Critique; Szeman, Imre y Boyer, Dominic (2017) Energy humanities: An anthology (Baltimore: Johns Hopkins University Press).
[25] Piketty, Thomas (2014) El capital en el siglo XXI, trad. Eliane Cazenave-Tapie Isoard (Madrid: Fondo de Cultura Económica de España).
[26]Barca,Stefania. Forces of Reproduction: Notes for a Counter-hegemonic Anthropocene (Cambridge: Cambridge University Press), 17.
[27]Pineault, Eric. «From Provocation to Challenge, Capitalism and Prospect of “Socialism without Growth”; A Commentary on Giorgios Kallis», Capitalism Nature Socialism 30, nº 2 (2018): 1-16.
[28]Brand,Ulrich y Wissen, Markus (2021) Modo de vida imperial: Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo (Tinta Limón).
[29]Chancel, Lucas, Piketty, Thomas, Saez, Emmanuel y Zucman, Gabriel (2022). World Inequality Report 2022 (Harvard University Press); Wilkinson, Richard y Pickett, Kate (2011) The Spirit Level: Why Greater Equality Makes Societies Stronger (Nueva York: Bloomsbury Press).
Autor@s
Matthias Schmelzer es un historiador económico, teórico social y activista climático residente en Berlín. Trabaja en la Universidad Friedrich-Schiller de Jena y participa activamente en diversas redes y movimientos socioecológicos. Ha publicado The Hegemony of Growth y ha editado Degrowth in Movement(s).
Aaron Vansintjan vive en Montreal y escribe sobre gastronomía, ciudades, política y ecología. Es cofundador de Uneven Earth, una página web dedicada a la política ecológica. Ha publicado artículos en The Guardian, Briarpatch Magazine, Red Pepper, Truthout, Open Democracy y The Ecologist.
Andrea Vetter es una investigadora, activista y periodista sobre la transformación, y trabaja con el decrecimiento, el procomún y el ecofeminismo crítico como herramientas. Imparte clases de diseño de la transformación en la Universidad de Arte de Braunschweig. Es editora de la revista Oya y cofundadora de la Casa del Cambio, un espacio rural transregional para el arte, el aprendizaje y la cocreación en el este de Alemania, donde también vive.
Blog de Martorano. Construyendo y Consolidando el Gran Polo Patriótico.
Blog de Información y de Opinión, con publicación de videos, audios, informaciones, artículos , análisis, en respaldo al Proceso Socialista,Revolucionario y Bolivariano liderado por El Comandante-Presidente Hugo Rafael Chávez Frías, y de acontecimientos comunales, parroquiales, municipales, estadales, regionales, nacionales e internacionales.
Blog de Martorano.Construyendo y Consolidando el Gran Polo Patriótico.
En primer lugar, reciban un saludo bolivariano, combativo, revolucionario, solidario y socialista de este humilde servidor de ustedes. El propósito de esta modesta página web, de este blog sencillo y humilde como el de otros compatriotas y camaradas de este proceso bolivariano y revolucionario que lidera el Presidente de la República, comandante Hugo Chávez es constituirse en herramienta de comunicación alternativa, de revelar y apoyar la conformación y consolidación del Gran Polo Patriótico en Venezuela, del cual, sin negar que tendrá un rol importante en la coyuntura y en la Misión que tenemos el próximo 7 de Octubre de 2012, pero debe trascender lo meramente electoral. Todas las corrientes de opinión dentro de este proceso revolucionario único e inédito que vive el país tendrán cabida. Todos los tópicos, desde el tema de la libertad de expresión hasta el del software libre.Desde el tema de la salud hasta el de la seguridad social y desde el tema de la sociedad que actualmente tenemos hasta el tipo de sociedad socialista, bolivariana, culta, justa y solidaria que queremos construir.
También incluso, y en la medida de lo posible, aquellas corrientes que pudieran no identificarse con este proceso de transformación profunda, que tienen otras ideas, que no temen el debate y que desean constuir un proyecto alternativo al nuestro, siempre y cuando se refieran a nosotros con respeto. Que sean opositores leales al país que los vio nacer, que actuen apegados a la Constitución y leyes de la República Bolivariana de Venezuela, que siempre aporten críticas, pero en sentido constructivo y que contribuya a dar aportes para mejorar este país. Siempre será bienvenida y permitida: lo que si en esta página no se permitirá es saboteo, son los mensajes que inciten al odio, a la supremacía racial o de un determinado grupo, y a cualquier manifestación racista o de discrimanción de clases.
Quiero agradecer a todos los que de alguna manera han dado nacimiento a esta novel manera de hacer comunicación alternativa. En primer lugar, y muy especialmente al ingeniero Marcos Chire, verdadero padre de esta criatura, y que es el que en la medida de sus posibilidades actualiza esta extraordinaria página. Muchas veces no nos damos abasto ante tanta información que tenemos y poseemos y nuestros respectivos trabajos. Yo como abogado, analista político y moderador de tres programas de información y opinión ("Micrófono Abierto" de Lunes a Viernes de 12 m a 2 pm por la Emisora Comunitaria "Llovizna 104.7 FM de Ciudad Guayana, y él como ingeniero de sistemas que trabaja en el diseño de otras páginas web. Pero sin duda ambos comprometidos a este proceso revolucionario.
Gracias a la camarada Eileen Padrón, del programa "Así de Sencillo" de Radio Nacional de Venezuela, canal Musical, gracias a Luis Ernesto Sosa, y esperamos que a medida que transcurra el tiempo, se sigan sumando mas y mas colaboradores.
Hemos iniciado una etapa importante en este proceso revolucionario, y esto es parte de nuestra contribución al proceso .Es posible que en algunas oportunidades cometamos errores, que haya algunas fallas.Pero sin duda, esto es parte de la contradicción existencial planteada hace algunos años atrás por Don Simón Rodríguez cuando señalo "O inventamos o erramos":Pretendemos, eso sí, ser una forma de comunicación alternativa e inédita, que no nos parezcamos a otros, teniendo nuestra propia identidad, pero respetando a todos los sectores y a todas las tendencias y corrientes de pensamiento que conforman nuestra Sociedad Venezolana.
Esperamos seguir contribuyendo y aportando.Recordemos que en el socialismo no es una sola persona la que hace, la que tiene y la que construye y la que decide.Es un proceso donde todos podemos aportar, donde todos podemos hacer, donde todos podemos tener y adquirir conocimientos y aptitudes, donde todos podemos construir la sociedad donde la moral, las luces y el amor sean los polos de una república y nuestras primeras necesidades, y una sociedad donde todos podamos decidir y construir un verdader poder popular, donde efectivamente el pueblo ejerza su soberanía absoluta el cual es un mandato constitucional.
Estaremos siempre abiertos a la denuncia responsable, al ejercicio de la contraloría social, y a contrarrestar y neutralizar todos los planes desestabilizadores que amenacen a esta patria de Bolívar.
Aquellos que luchan ante las dificultades, aquellos que no desmayan ante los obstáculos y problemas, aquellos que crean en la hermosa utopía de que otro mundo no solo es posible sino necesario, y si es socialista, muchisimo mejor, aquellos que no desisten ante las mejores cualidades del ser humano y ante los mensajes de guerra, de odio y de violencia contra nosotros y cuya repuesta sea el amor, la solidaridad, le hermandad y la tolerancia.
Lucharemos junto a ellos y venceremos!!! Patria Socialista o Muerte!!! Estamos Venciendo!!!!
Atentamente
Abg. Juan Vicente Martorano Castillo Activista por los Derechos Humanos y militante revolucionario, Analista Político e Ideológico.