Juan Martorano
Por una visión de base y desde el chavismo radical
El viaje a través de "El ocaso del cadete-león" llega a su séptimo capítulo colocándonos en el umbral del desenlace definitivo. Si en las entregas anteriores Triandáfila desnudó la dolorosa verdad médica y el uso instrumental de la agonía del Comandante, este séptimo episodio se adentra en el territorio de la "geometría política del engaño": cómo la cúpula que heredó el aparato del Estado alteró (con honrosas excepciones como siempre hay), administró y dosificó el "testamento político" de Hugo Chávez para legitimar un poder que no emanaba originalmente de la voluntad de las bases, sino de un pacto de laboratorio.
Para quienes militamos en el chavismo de la acera de enfrente —el de la comuna o nada, el que padece los rigores de la crisis mientras las cúpulas pactan con la burguesía tradicional—, este capítulo representa la confirmación de una sospecha histórica: el proceso de transición no fue un acto de continuidad revolucionaria, sino una operación de alta cirugía política para domesticar el ímpetu popular.
La geopolítica del silencio y el laboratorio de la transición
El Capítulo 7 expone con crudeza los hilos invisibles que conectaron los centros de poder durante los últimos meses de 2012 y principios de 2013. Triandáfila nos muestra que la toma de decisiones ya no ocurría en el Palacio de Miraflores ni bajo el control del Consejo de Ministros, sino en un eje geopolítico cerrado donde el secreto de Estado se convirtió en la principal mercancía.
Desde la perspectiva del materialismo histórico, este aislamiento no fue casual. El ocultamiento de la incapacidad real del líder tenía como objetivo congelar las contradicciones internas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Al pueblo se le alimentaba con la consigna *"Chávez somos todos", mientras que en las altas esferas se distribuían las cuotas de poder, se blindaban los contratos petroleros y financieros, y se preparaba el viraje económico que hoy sufrimos. El silencio no protegió la salud del Comandante; protegió los intereses de la naciente "burguesía revolucionaria" que necesitaba asegurar su estabilidad antes de que el León rugiera por última vez.
La alteración del plan original: ¿Hacia dónde iba Chávez?
Uno de los debates más intensos que abre este séptimo capítulo es la confrontación entre el Plan de la Patria original (el escrito y pensado por Chávez, imbuido de las tesis de Dussel, Gramsci y el socialismo desde abajo) y las versiones posteriores modificadas por la burocracia para su aprobación en la Asamblea Nacional.
Chávez concebía el Plan de la Patria como un mapa de navegación radical para desmontar el Estado burgués a través del poder comunal. El documental nos sugiere que el verdadero testamento del Comandante fue "limpiado" de sus aristas más subversivas. Aquellos mapas de "entes vivos", de círculos de lucha popular autónomos y no tutelados por el partido que analizamos en el capítulo 5, fueron engavetados. En su lugar, la cúpula impuso una estructura vertical, institucionalizada y profundamente clientelar. El testamento político de Chávez fue alterado en su esencia: se mantuvo la iconografía sagrada, pero se le vació de su contenido transformador.
La simulación democrática y el secuestro del debate de base
Triandáfila denuncia en este tramo la complicidad de tirios y troyanos. Mientras una parte de la oposición venezolana transaba espacios políticos a cambio de cuotas de supervivencia, la dirección del PSUV clausuraba cualquier posibilidad de debate interno en las bases.
El verdadero pecado de la transición no fue la designación de un sucesor; fue la prohibición de que el pueblo chavista deliberara, criticara y decidiera colectivamente el rumbo de la Revolución tras la pérdida de su principal referente.
El chavismo orgánico fue reducido a un sujeto electoral pasivo. Se nos pidió fe ciega en un momento donde el Comandante, si hubiera tenido voz, habría exigido crítica y autocrítica radical. El resultado de esa simulación es el panorama actual: un partido que funciona como maquinaria de cooptación y control social, alejado por completo de la mística del 4 de febrero.
Conclusión: La necesidad de un "Viernes Santo" de resurrección ideológica
El séptimo capítulo de "El ocaso del cadete-león" nos deja en las puertas del desenlace definitivo, obligándonos a tomar una postura ética irreversible. La veracidad, esa virtud suprema que Chávez subrayaba en sus libros de Nietzsche, exige que dejemos de justificar lo injustificable bajo el chantaje de la "unidad" monolítica.
La unidad que Chávez pedía en su último discurso era para salvar a la Patria y al socialismo, no para encubrir la entrega de conquistas laborales, la dolarización de facto o la entrega de recursos a corporaciones opacas bajo leyes de secreto. Desarmar la geometría del engaño expuesta por Triandáfila es el primer paso para la verdadera refundación del proyecto bolivariano. Solo recuperando la autonomía de las bases, desmitificando la infalibilidad de los herederos y exigiendo la verdad histórica, el chavismo podrá resucitar de las cenizas de la traición burocrática y volver a ser la fuerza telúrica que asombró al mundo.
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¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
¡Leales siempre! ¡Traidores, Nunca!
* Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tuiteras Socialistas. , jmartoranoster@gmail.com, j_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martoran


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