Juan Martorano
El título de la edición de esta columna se lo tomamos de nuestro camarada Alejandro Serrano, "El Trova" que luego de la hazaña de nuestros muchachos de ayer, realizó un video que nos estamos encargando que se convierta en viral, expresando una verdad que es el sentir de millones de hombres y mujeres que habitamos en esta tierra de gracia.
El partido de ayer no era o no se trataba de una mera final del Clásico Mundial de Beisbol, o mero marketing. Y no solo el fútbol sino en el contexto en el que este partido se iba a dar, habían muchos elementos fuera del ámbito deportivo que iban a relucir y a salir a la palestra.
Vaya que había que ver lo que en la víspera de este gran juego se produjo. Cuando nada más y nada menos que el pedófilo naranja que desgobierna Estados Unidos y que se ha convertido en una de las principales amenazas para la humanidad, señaló al enterarse de que jugaría contra nuestro país en la final de este Clásico, no desaprovechó la ocasión para ubicar la batalla dentro del terreno de la propaganda, de lo simbólico. Cuando nuestra selección derrotó a Italia en la semifinales, a través de su cuenta Truth Social, en principio elogió el desempeño de nuestra novena: «¡Vaya! Venezuela derrotó a Italia esta noche, 4-2, en la semifinal del Clásico Mundial (¡Béisbol!). Se ven realmente geniales», expresó Trump al inicio de su mensaje.
Pero luego, y en esto el tipo es todo un experto, destilaría su veneno, cuando señala: "«cosas buenas le están pasando a Venezuela últimamente» y se preguntó de qué se trata la «magia» que rodea al país en el contexto actual.
Para luego rematar esa inoculación de su perverso mensaje, con lo siguiente, cuando se refiere al status político de nuestro país: «¿ALGUIEN SE UNE A LA ESTATIDAD, NÚMERO 51?», escribió el presidente, haciendo clara referencia a la idea de Venezuela como el estado número 51 de Estados Unidos.
Es decir, que su declaración se produjo en medio de una etapa de estrecha cercanía diplomática y económica entre su administración y la gestión de Delcy Rodríguez.
Por ello, es que el partido de ayer no era un simple juego de pelota como le decimos en Venezuela coloquialmente al beisbol. Este choque de titanes se produjo en medio de una enorme carga simbólica y política sin precedentes en este tipo de torneos.
Si bien uno de los deportes más geopolíticos como hemos señalado en intervenciones públicas es el futbol (sino pregúntense y miren cuando en los Mundiales de futbol se enfrentan Estados Unidos e Irán, por ejemplo) el partido de ayer de la final del Clásico Mundial de Beisbol no escapaba a este tipo de consideraciones..
Este partido, más allá de la rivalidad deportiva, representaba una manera de sacarnos "el clavo", el dolor, la arrechera que nos ocasionó la incursión armada estadounidense a nuestro país, con el saldo de 150 personas vilmente masacradas y asesinadas mientras dormían y cerca de 200 personas heridas.
No puedo dejar por fuera dentro de estas consideraciones, a nuestros hermanos cubanos, 32 que también cayeron en combate en defensa y en protección del Presidente Maduro y de su esposa, Cilia.
Fue más que un juego, fue un escenario de batalla deportiva, que al principio estuvo muy igualado. Hasta que Maikel García apareció con elevado de sacrifio para rayita de Salvador Perez, y luego Wilyer Abreu con su vuelacercas impuso condiciones a la selección estadounidense.
No solo hablaron los bates de nuestros muchachos, sino un pitcheo casi hermético (por cierto que Eugenio Suárez y Salvador Pérez, dos de los principales artífices del triunfo, y sin desmeritar al MVP Maikel García, para despecho de mis hermanos y hermanas magallaneros y magallaneras, juegan en la LVBP para los Leones del Caracas). Y un partido no exento de drama casi al final cuando Bryce Harper complicó las cosas brevemente. Sin embargo, y como ya hemos indicado, en el noveno inning, un doble impulsor de Eugenio Suarez volvió a inclinar la balanza (3-2) colocando la última rayita para Venezuela, la cual determinó el heroico triunfo.
Por ello, la noche del martes 17 de marzo de 2026 debe ser considerada como inmortal. Y no solo porque sea la primera vez que Venezuela se ciñe la corona en el Clásico Mundial de Beisbol, ratificando nuestra condición de potencia beisbolera. Fue la revancha, a 74 días del hecho más grave y luctuoso que haya vivido la República, y el mejor homenaje a Maduro, a Cilia, pero sobre todo, a los caídos y caídas en la jornada del 3 de enero, y a nuestro pueblo todo que aun no supera las heridas que esto nos ocasionó.
Y aun así, luego del histórico triunfo, la batalla de las narrativas y de la semiótica se movió de lo deportivo a lo cultural. Trump no desaprovechó la oportunidad para que nuevamente, en Truth Social, enviar un mensaje, tratando de desviar la atención y de imponerse desde la arrogancia y la soberbia, mostrar según su lógica, quien es el que manda. Ante el triunfo de nuestro país, enseguida colocó el siguiente mensaje:, con su característico estilo "irónico", por decir lo menos: «STATEHOOD!!! President DJT», escribió el jefe de Estado en su plataforma oficial.
La expresión, que tradicionalmente se utiliza en el debate político estadounidense para proponer que un territorio se convierta en un estado más de la unión (como ocurre con el histórico debate sobre Puerto Rico), fue interpretada de inmediato como una broma del mandatario.
La ocurrencia de Trump llega en un momento de euforia total para el «Arepa Power», que logró someter al «Dream Team» estadounidense en su propio terreno. Ese es el primer gran dolor y la tremenda gran derrota que le propinamos.
Laura Dogu, encargada de negocios de EEUU en el país, no le quedó de otra sino compartir , un "emotivo" mensaje de felicitación a través de las redes sociales.
«¡La sacaron de jonrón! ¡Felicidades a Venezuela por su triunfo en el #WBC2026!», exclamó la jefa de la misión diplomática estadounidense a través de la cuenta oficial en Instagram de la embajada.
La publicación, que rápidamente se viralizó, incluye una imagen festiva de un estadio de béisbol con la bandera venezolana y un trofeo, acompañada de un mensaje de reconocimiento a la selección nacional.
«Qué final tan emocionante nos regalaron a todos los fanáticos del béisbol», añadió.
«Eso sí, ¡vayan preparándose para Los Ángeles 2028!», concluyó.
No se preocupe señora Dogu que así lo haremos.
Pero lo que queremos destacar, y como ya lo señalábamos, es que la batalla pasó de lo deportivo a lo cultural. No solo era la cara de desconcierto de los jugadores estadounidenses, y sobre todo de su capitán y súper estrella Aaron Judge, que no vió luz ayer y no ocultaban su frustración. Vaya el dolor para ellos y orgullo para nosotros que en el LoanDepot Park de Miami retumbó El Gloria Al Bravo Pueblo, entonado por no menos de 30 millones de almas, no solo de nuestra selección.
Y vaya las palabras de nuestro manager Omar López, en perfecto castellano en la mayor parte de su intervención, que constituyó otro bofetón a la arrogancia imperial hoy representada por Donald Trump. Acto solo equiparable a la presentación de Benito Martínez Ocasio, conocido en el mundo artístico como "Bad Bunny" en su ireverente presentación para Trump en el Super Bowl en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, que ocasionó tantos comentarios y que se constituyó en una expresión de resistencia cultural como esta de nuestros deportistas y técnicos beisboleros.
Y ni hablar de las palabras de nuestro MVP, Maikel García, también en castellano, con un orgullo que no nos cabe en el pecho. "La próxima vez que hagan un ranking del Clásico Mundial, Venezuela tiene que estar en el número UNO, los demás que se arreglen", sentenció este joven de La Sabana. Sus palabras no solo fueron un dardo en contra de la MLB y a la WBSC y su organización, de un joven que con su actuación impecable y testimonio de superación (su padre fue asesinado por el hampa, luchó para convertirse en profesional, no hablaba ni entendía inglés y luego de los partidos en el lobby del hotel a la calladita se ponía a leer el periódico y a estudiar el idioma y salió adelante). No solo es la ratificación de que Venezuela se encuentra en la élite del beisbol mundial, sino que llegó para quedarse. El mensaje de orgullo nacional por el potencial y confianza en el equipo. Otro golpe a la insolencia del pedófilo naranja y todo lo que representa.
Para los que nos señalaban de cierta ingenuidad porque "pensamos que Maduro sale por la vía del Derecho Internacional", les respondemos con este ejemplo que nuestros peloteros nos han dado en el día de ayer. Las batallas y las guerras no solo se ganan en el campo militar. Todos los escenarios donde se nos plantee la lucha hay que saberlos aprovechar, así puedan parecer que nos desfavorezcan o que puedan avasallarnos. El político, el económico, el social, el internacional, el geopolítico, el geoeconómico, el geocultural, entre otros. Hasta el jurídico si debemos aprovecharlo, lo tenemos que hacer.
Porque también la batalla se da, tal y como lo señaló Leopoldo Puchi, a quien aprovechamos para felicitar y recomendar su más reciente artículo en El Universal, la batalla tenemos que darla también en el campo de las percepciones y del sentido común.
Esto porque la guerra cultural puede prolongarse mucho más. Su campo de acción ya no son las fuerzas militares, sino el lenguaje y los medios de comunicación. Es allí donde se moldean las percepciones colectivas y donde se intenta instalar el conformismo y la idea de que la soberanía es un anacronismo.
La disputa por el significado de los hechos ocurridos el 3 de enero constituye la primera trinchera de esta guerra cultural. En este terreno no se utilizan bombas, sino el lenguaje. Mediante la selección de palabras y la construcción del relato se intenta encubrir la naturaleza de los hechos.
Ahora bien, la guerra cultural no se libra desde un solo lado. También existen mecanismos de defensa. Lo primero es recuperar un lenguaje que permita describir la realidad sin los filtros impuestos y volver a nombrar las cosas por su nombre.
La claridad no es radicalismo y explicar abiertamente lo que ocurre es una necesidad. Correspondería a los medios venezolanos exponer los hechos sin filtros; a los políticos, tanto de gobierno como de oposición, revelar su significado; a los cineastas traducirlos en imágenes; y a las fuerzas armadas honrar públicamente a los soldados caídos.
En este momento, la verdadera amenaza para el país es que se instale la idea de que la subordinación es inevitable o incluso conveniente.
Si la tutela externa llega a percibirse como una solución práctica y la soberanía como un concepto obsoleto, la derrota no será solo militar, sino también cultural. Las ocupaciones militares pueden terminar. Las ocupaciones del sentido común, en cambio, pueden perdurar durante generaciones.
Y nuestros muchachos ayer nos demostraron que si podemos dar la pelea.
Y nuestra próxima batalla será el 26 de marzo en la audiencia de nuestro Presidente Nicolás Maduro y Cilia.
¡Bolívar y Chávez Viven y sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
¡Leales siempre: Traidores Nunca!
Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tutiteras Socialistas. Www.juanmartorano.blogspot.com , www.juanmartorano.wordpress.com , jmartoranoster@gmail.com, j_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano.
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