Juan Martorano
Esta columna debió salir antes de mi contingencia de salud y de todo un conjunto de contingencias de carácter personal y familiar que ya estamos solventando. Pero pese a tener elementos polémicos y que sometemos al debate de la opinión pública nacional e internacional, hemos decidido publicarla.
La reciente neutralización de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias el "Niño Guerrero", en el sector de Las Claritas, municipio Sifontes del estado Bolívar, no puede ser despachada por el análisis político riguroso como un simple parte policial de fin de semana. Quienes nos dedicamos al estudio de la geopolítica, el entorno estratégico y la seguridad de la Nación sabemos perfectamente que las casualidades no existen en la dinámica del control territorial. Este suceso, de altísimo impacto hemisférico, representa el desenlace de un hilo histórico de confrontación asimétrica entre el Estado democrático y social de Derecho y de Justicia venezolano y las mutaciones de la criminalidad paramilitarizada que han pretendido balcanizar el sur de nuestro Orinoco.
Para dimensionar la victoria estratégica consolidada en este junio de 2026, resulta indispensable activar la memoria histórica y metodológica. La caída del máximo cabecilla del desarticulado "Tren de Aragua" en las zonas mineras de Bolívar es el punto de llegada de un ciclo de defensa integral que ha transitado por tres hitos fundamentales en los últimos dieciséis años: el Plan Caura (2010), la Masacre de Tumeremo (2016) y la actual operación quirúrgica en Las Claritas.
## 1. El Plan Caura (2010): La doctrina fundacional de la soberanía ambiental
La primera gran clarificación del enemigo no convencional en el sur de la patria ocurrió en el año 2010. El Comandante Hugo Chávez, con una visión multidimensional de la seguridad, diseñó y ejecutó el **Plan Caura**. El objetivo formal era detener la bárbara devastación ecológica en la cuenca del río Caura; sin embargo, su trasfondo estratégico fue sembrar la doctrina originaria de la soberanía territorial frente a las nuevas amenazas.
El Plan Caura demostró tempranamente que la minería ilegal y la destrucción ambiental no eran problemas meramente socioeconómicos o de subsistencia local. Eran, en esencia, vectores de penetración de mafias transnacionales —expresadas en la incursión de *garimpeiros* y reductos del paramilitarismo colombiano— que buscaban establecer zonas de exclusión donde el Estado venezolano no pudiese ejercer su autoridad constitucional. Aquella operación nos dejó una lección que hoy cobra total vigencia: descuidar la soberanía del subsuelo y de nuestros ecosistemas estratégicos equivale a ceder parcelas de la República a la criminalidad organizada.
## 2. La Masacre de Tumeremo (2016): El salto cualitativo hacia la paramilitarización y el sabotaje
Seis años más tarde, la realidad geopolítica del estado Bolívar sufrió una mutación sangrienta. En marzo de 2016, la **Masacre de Tumeremo** —donde fueron ejecutados 28 mineros a manos de la estructura delictiva de Jamilton Andrés Ulloa Suárez, alias "El Topo"— desnudó un salto cualitativo en la agresión contra el país.
Ya no nos enfrentábamos a la minería informal desorganizada del año 2010. Estábamos ante la consolidación de un sistema de "pranatos mineros": corporaciones criminales con armamento de guerra, mecanismos de control social coercitivo a base del terror y el manejo absoluto de las economías locales de la zona minera.
Desde la perspectiva del análisis político, este evento no fue fortuito. Ocurrió precisamente en las vísperas de la activación del Decreto Estratégico del Arco Minero del Orinoco. El objetivo de la masacre y del terror sembrado por estos actores paramilitarizados era evidente: chantajear al Estado, ahuyentar la inversión soberana legal y sabotear la regularización de los recursos minerales de la República para mantener el control mafioso del contrabando de oro. Aunque la respuesta del Estado neutralizó a los autores materiales de aquella barbarie, las redes logísticas subterráneas buscaron nuevas formas de supervivencia.
## 3. Las Claritas (2026): El quiebre del mito de la retaguardia estratégica
Es en este contexto histórico donde debemos encuadrar la baja del "Niño Guerrero" en Las Claritas. Tras verse cercado en la zona central del país y perder su principal centro de operaciones con la intervención gubernamental de la cárcel de Tocorón años atrás, el Tren de Aragua intentó replegarse hacia el sur del Orinoco. Buscaban lo que en la doctrina de guerra asimétrica se denomina una **"zona de retaguardia estratégica"**, pretendiendo camuflarse en el denso y complejo tejido de la economía minera del municipio Sifontes para oxigenarse financieramente a través de la extorsión y el control del oro ilegal.
Sin embargo, el Estado venezolano demostró una maduración sin precedentes en sus órganos de inteligencia y de seguridad ciudadana. La neutralización de Guerrero Flores en suelo bolivarense corta de raíz el grifo financiero y logístico de la estructura transnacional más expansiva de la última década en el continente.
Pero el elemento verdaderamente disruptivo de este escenario de 2026, y que marca una evolución fundamental respecto a 2010 y 2016, es el diseño de la arquitectura de inteligencia que hizo posible el golpe. La confirmación por parte del Ejecutivo Nacional sobre un **esquema de intercambio de información y coordinación bilateral con agencias de los Estados Unidos (incluyendo la intermediación del Comando Sur)** evidencia un giro pragmático de alta política en defensa de la estabilidad hemisférica. Cuando una amenaza criminal es catalogada transnacionalmente como terrorista y pone en riesgo la seguridad colectiva, el pragmatismo institucional de la soberanía debe imponerse —y se impuso— por encima de las tradicionales retóricas dogmáticas.
## Conclusión: La paz de la Guayana profunda como garantía republicana
De la contención ambiental en el Caura en 2010, pasando por la fractura de los embriones de pranatos locales en Tumeremo en 2016, hasta llegar a la extirpación del liderazgo criminal transnacional en Las Claritas en 2026, el hilo conductor ha sido uno solo: la determinación irrenunciable del Estado venezolano de mantener el monopolio legítimo de la violencia y salvaguardar su integridad territorial.
La baja del "Niño Guerrero" es una victoria contundente para la estabilidad interna del país. La paz de la Guayana profunda no es un asunto menor ni puramente regional; es la variable indispensable para garantizar el desarrollo económico del Arco Minero, la protección de nuestras riquezas estratégicas y, en última instancia, el sostenimiento de la República en un tablero internacional cada vez más convulso. El mensaje para las estructuras criminales, locales o foráneas, ha quedado nítidamente sellado en el sur: en Venezuela, el único que ejerce soberanía es el Estado constitucional.
¡Bolívar y Chávez Viven. Sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
¡Leales siempre: Traidores Nunca!
Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tutiteras Socialistas. Www.juanmartorano.blogspot.com , www.juanmartorano.wordpress.com , jmartoranoster@gmail.com, j_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano.
jmartoranoster@gmail.com @juanmartorano


No hay comentarios:
Publicar un comentario