
El pasado domingo 12 de abril se celebraron elecciones generales en Perú.
- El pasado domingo 12 de abril se celebraron elecciones generales en Perú.
- El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) dio el resultado de la primera vuelta el 17 de mayo, más de un mes después,cuando el Organismo terminó de revisar las miles de actas observadas.
- El resultado actual, contabilizadas el 100% de las actas, da el pase a segunda vuelta a Keiko Fujimori, con un 17,2% de los sufragios (2,88 millones de votos) y Roberto Sánchez, con un 12% (2,02 millones de votos).
- La distancia de Roberto Sánchez con el tercer contendiente, Rafael López Aliaga, fue de 22 mil votos.
- Perú acerca, por tanto, a un balotaje el próximo 7 de junio en un escenario muy similar al que ya vivió en 2021, en el que se disputaron la segunda vuelta electoral Pedro Castillo (del que se reclama heredero y seguidor Roberto Sánchez) y la propia Keiko Fujimori.
- La similitud entre el balotaje de 2021 y actual invita a explorar el detalle de cómo se comportó el electorado entre primera y segunda vuelta en aquella ocasión y, sobre esa base, realizar una estimación de comportamiento para la segunda vuelta de este año, 2026.
- En 2021, Keiko Fujimori alcanzó 1,9 millones de votos (un 13,4%) en primera vuelta y Pedro Castillo 2,7 millones de votos (un 18,9%). El resto de votantes, casi 13 millones, optó por otros candidatos, por el voto nulo o por el voto blanco.
- En segunda vuelta, esa gran parte del electorado que tenía que elegir entre opciones por la que no había apostado en primera vuelta se comportó de la siguiente forma:
- La mayoría de los votantes de los candidatos de derecha y extrema derecha, históricamente colaboradores del fujimorismo, apoyaron naturalmente a Keiko Fujimori en segunda vuelta. Así, los votos de Rafael López Aliaga, Hernando de Soto y Daniel Urresti optaron mayoritariamente en segunda vuelta por la candidata fujimorista, lo que le dio a Keiko Fujimori una base de partida de 6,1 millones de votantes.
- Por otro lado, Pedro Castillo sumó casi de forma natural el voto de Perú Libre (su partido de entonces) y la mayoría del voto de izquierdas de Verónika Mendoza (que se presentaba con Juntos por el Perú, el partido que ahora presenta a Roberto Sánchez), situándose en un punto de partida de 3,8 millones de votos.
- Ambas afirmaciones, voto de derechas a Keiko Fujimori y voto de izquierdas a Castillo, han sido comprobadas en términos estadísticos, como se muestra en el anexo metodológico.
- La incógnita a resolver es, por tanto, ¿qué hizo esa gran bolsa de 8 millones de votantes de primera vuelta menos definidos políticamente -ni fujimoristas ni izquierdistas-, y que tenían que tomar partido en segunda vuelta? Este voto en disputa (VeD) incluía:
- Un millón de nuevos votantes (aumentó la participación).
- Dos millones de votantes en blanco (que en segunda vuelta sí tomaron partido).
- Un millón de votos nulos que se reorganizaron en segunda vuelta.
- Los votos de otras candidaturas de primera vuelta menos definidas ideológicamente, como los de Acción Popular (1,3 millones), Alianza para el Progreso (867 mil votos), Victoria Nacional (814 mil votos), Partido Morado (325 mil votos) y Somos Perú (240 mil votos).
- Para explorar el detalle del comportamiento de este gran bloque VeD hemos procedido a estudiar el flujo de votantes entre primera y segunda vuelta aplicando una técnica de la regresión lineal múltiple con restricciones y control de tamaño.
- El resultado del estudio corrobora que Castillo fue capaz de absorber la mayoría de dicho VeD (cerca del 63%) haciéndose con unos 5 millones de nuevos votantes (además de los de Verónika Mendoza) para alzarse, así, con la victoria.
- De los casi 9 millones de votos de segunda vuelta de Castillo:
- El 30% provenía de sus propios votantes de primera vuelta.
- El 13% provenía del grupo de Mendoza, Juntos por el Perú.
- De Acción Popular un 15%.
- De los votos en blanco de la primera vuelta que se decantaron en segunda vuelta un 17%.
- Un 5% de los votos de segunda vuelta fueron votantes nulos de primera vuelta.
- El aumento de la participación solo supuso un 3,5% del conjunto de su voto en segunda vuelta de Castillo.
- Keiko Fujimori, por su parte, que partía de un suelo mucho más alto (6 millones, considerando que incorporó con facilidad prácticamente el 100% de los 4 millones de votos de los partidos de derecha y aliados parlamentarios -Urresti, Aliaga y DeSoto-), logró incorporar un 37% del VeD. La composición final de su voto en segunda vuelta es la siguiente:
- El 22% de los votantes de Keiko Fujimori en primera vuelta.
- Un 19% de Aliaga.
- 19% de Soto.
- 9% de Urresti.
- Un 5% de APP de César Acuña.
- Un 5% de Forsyth.
- 7,6% de nuevos votantes.
- Es especialmente importante señalar que los dos millones de votantes en blanco de primera vuelta fueron mayoritariamente castillistas en segunda vuelta en todo el país.
- Sin embargo, los nuevos votantes (1 millón de peruanos y peruanas que no votaron en primera vuelta, pero sí lo hicieron en segunda vuelta) fueron mayoritariamente fujimoristas.
- Dos tercios de estos nuevos votantes votaron a Keiko Fujimori, que fue especialmente eficaz para movilizar a nuevos electores en Lima y los departamentos del Centro del país.
- Finalmente, teniendo en cuenta la importante heterogeneidad territorial del comportamiento electoral en Perú, en particular con dos comportamientos arquetípicos y diametralmente opuestos en Lima (donde el fujimorismo prevalece con fuerza y el antiizquierdismo es fuerte) y en el Sur del país (donde el rechazo al fujimorismo es transversal), hemos considerado necesario calcular y representar los trasvases por separado para estas dos regiones. Las principales conclusiones de este análisis son las siguientes:
- Lima: un saldo repartido del VeD.
- Castillo logra sumar la mayoría del voto blanco de primera vuelta (656 mil votantes).
- Acción Popular que en aquel momento dirigía la Alcaldía (437 mil). APP de César Acuña también va dominantemente a Castillo en Lima (88%).
- Sin embargo, los nuevos votantes (493 mil) van en un 76% a Fujimori, siendo su mayor fuente de votos adicionales.
- El voto nulo de primera vuelta (422 mil) va en un 50% a Fujimori frente a 35% a Castillo.
- Sur: bastión castillista.
- El 80% del voto blanco de primera vuelta y el 75% del voto nulo que dejó de serlo en segunda vuelta votaron por Castillo.
- Los nuevos votantes también fueron mayoritariamente a Castillo en el Sur (64%).
- Por otro lado, prácticamente todos los votantes de los grupos que eligieron opciones diversas en primera vuelta en el Sur del país, votaron a Castillo en segunda vuelta:
- Lo hizo el 93% de Acción Popular y Somos Perú y prácticamente todos los votantes de APP. Incluso el Partido Morado destinó un 33% hacia Castillo y el resto al blanco o nulo.
- Fujimori no tiene ninguna fuente relevante de votos en disputa en el Sur. Sus votos en segunda vuelta provienen casi íntegramente de sus grupos fijos afines, particularmente de Avanza País -de De Soto- que tenía un importante contingente en la región.
- En lo que se refiere al cómputo del VeD (es decir, los votos que no eran aliados naturales derechistas del fujimorismo o izquierdistas de Castillo, los votos blancos, nuevos, nulos y otros partidos), el saldo favorable para Castillo en el Sur es abrumador: del millón de votos realmente en disputa,964 mil nuevos votos fueron para él, mientras que solo 32 mil para Keiko Fujimori.
- Lima: un saldo repartido del VeD.
¿Qué podría pasar en la segunda vuelta este 7 junio del 2026?
Para estimar la intención de voto de esta cita electoral que definirá el próximo presidente de Perú asumimos las siguientes hipótesis, partiendo del comportamiento estudiado en el año 2021:
- El voto de primera vuelta de Rafael López Aliaga, que ha venido colaborando con el fujimorismo en el Congreso, el de María Soledad Pérez Tello y Alfonso Carlos Espa, se alinearán con Keiko Fujimori. Es decir, la candidata fujimorista pasaría a tener 6 millones de votos (lo que obtuvo en primera vuelta más estos votos).
- El voto antifujimorista de Nieto, Belmont y López Chau se decantará mayoritariamente por Roberto Sánchez. Es decir, el candidato castillista pasaría a tener 6,7 millones de votos (lo que tuvo en primera vuelta más estos votos).
- El voto en blanco (2,4 millones) irá mayoritariamente a favor de Roberto Sánchez, como ocurrió en el año 2021.
- En lo que se refiere a la participación, es probable que no se produzca un cambio significativo en segunda vuelta, ya que en la primera se alcanzó la participación que en 2021 se logró en el balotaje, un techo probable de participación.
Aventurar un resultado en un Perú en el que la volatilidad política y electoral es extrema es un ejercicio que exige prudencia, responsabilidad y, por supuesto, obliga a considerar diferentes escenarios.
Si atendemos estrictamente a nuestras hipótesis de cálculo electoral, la proyección de los resultados de 2021 a 2026 apuntarían a que Roberto Sánchez podría acercarse en este balotaje a los 9 millones de votos que obtuvo Castillo en 2021. Para alcanzarlo, Fujimori tendría que sumar la mayoría de los 4 millones de votos que en primera vuelta se decantaron por otros candidatos minoritarios con electorados muy variados políticamente, como el humorista Carlos Álvarez (1,3 millones de votos), el antifujimorista Luis Fernando Olivera Vega (con 307 mil votos), José León Luna del siempre volátil Podemos (268 mil votos), Yonhy Lescano (214 mil votos), los 192 mil del oportunista César Acuña, los 161 mil del APRA o los 153 mil del derechista Forsyth, etc.
En definitiva: como sucedió en 2021 -y aunque el balotaje se promete cerrado- el escenario más probable parece ser que Perú negará por cuarta vez la Presidencia a Keiko Fujimori.
Sin embargo, este pronóstico debe tener en cuenta que Roberto Sánchez no es Pedro Castillo; el castillismo podría haberse mermado por el largo proceso contra su líder. La realidad peruana de 2021 no es la de 2026; queda una campaña por delante en la que el fujimorismo podrían influir fuertemente en el electorado. Alguno de los candidatos –a priori, antifujimorista- podría decantar la balanza en otro sentido y el control del fujimorismo de los órganos electorales (ONPE y JNE) podría sacar algún as de la manga en el último momento. Veremos qué pesa más y en qué sentido.
¿Estaremos ante una segunda vuelta similar a la del año 2021 o el ‘modelo peruano’ nos dará una nueva sorpresa?



Anexo metodológico
1. Fuente de datos y unidad de análisis
El análisis parte de los resultados electorales desagregados a nivel de mesa de votación correspondientes a la primera y segunda vuelta presidencial de 2021, obtenidos de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). La base de trabajo incluye 85.041 mesas presidenciales para las cuales se dispone de datos completos en ambas vueltas. Tras filtrar mesas con menos de 50 electores hábiles en primera vuelta —umbral mínimo para garantizar estabilidad estadística en las proporciones— el análisis trabaja con 81.488 mesas distribuidas en 1.777 distritos de las cinco regiones consideradas: Norte (Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Áncash), Lima (Lima, Callao, Ica), Sur (Arequipa, Moquegua, Tacna, Puno, Cusco, Apurímac, Ayacucho), Amazonía (Loreto, Amazonas, San Martín, Ucayali, Madre de Dios) y Centro (Huánuco, Pasco, Junín, Huancavelica).
Todas las variables dependientes e independientes del modelo se expresan como proporciones sobre un denominador común, el número de electores que ejercieron su voto en segunda vuelta, lo que garantiza la consistencia contable del sistema.
2. Estrategia de identificación: grupos fijos y grupos dudosos
El problema central de la estimación de flujos electorales entre vueltas consiste en inferir, a partir de la variación geográfica del voto a nivel de mesa o distrito, qué proporción del electorado de cada partido de primera vuelta migró hacia cada candidato en segunda vuelta.
Para abordar este problema se adopta una estrategia en dos etapas. En primer lugar, se identifican los partidos cuyo destino en segunda vuelta puede considerarse prácticamente cierto a la luz de la evidencia disponible —denominados en adelante grupos fijos— y se les asigna una tasa de transferencia del 100% al candidato correspondiente. En segundo lugar, para los partidos cuyo destino es incierto —grupos dudosos— se estima un vector de coeficientes de transferencia mediante un modelo de regresión cuadrática con restricciones.
La asignación de los grupos fijos se fundamenta en tres criterios aplicados de forma conjunta: (i) alineamiento programático e ideológico inequívoco con uno de los dos candidatos; (ii) convergencia de los tres modelos alternativos utilizados (regresión con ponderación de tamaño, media directa y regresión múltiple) en coeficientes próximos a 1,0 para el candidato asignado; y (iii) estabilidad del coeficiente estimado libremente a través de submuestras Bootstrap (iterando muestras y comprobando que los coeficientes se mantienen próximos a 1).
Los grupos clasificados como fijos de Castillo son: Perú Libre, Juntos por el Perú, Frente Amplio, Partido Nacionalista Peruano, Unión por el Perú, Renacimiento Unido Nacional y Democracia Directa.
Los grupos fijos de Fujimori son: Fuerza Popular, Renovación Popular, Avanza País, Podemos Perú, Victoria Nacional, Partido Popular Cristiano y Perú Patria Segura.
La validación de estas asignaciones mediante el modelo estimado libremente (sin restricciones de destino) confirma que los grupos con mayor volumen de votos —Perú Libre, JxP, Fuerza Popular, Renovación Popular y Avanza País— arrojan coeficientes ≥0,93 hacia el candidato asignado en todas las regiones. Tres grupos de menor tamaño (Democracia Directa, Podemos Perú y Perú Patria Segura, que suman en conjunto 919.000 votos, un 5% del universo) presentan coeficientes algo más bajos en algunas regiones; su asignación como fijos se mantiene por criterios de coherencia ideológica, con impacto marginal sobre los resultados finales.
Los grupos estimados libremente —denominados grupos dudosos— son: Acción Popular, Partido Morado, Somos Perú, Alianza para el Progreso, el voto en blanco de primera vuelta, el voto nulo de primera vuelta, y los nuevos votantes (electores que no participaron en la primera vuelta pero sí en la segunda). A estos siete grupos se les estima un vector de tres coeficientes de transferencia: hacia Castillo (β_C), hacia Fujimori (β_F) y hacia rechazo (β_R, definido como voto en blanco más voto nulo de segunda vuelta).
3. Modelo de estimación: programación cuadrática con restricciones
El modelo de estimación se formula como un problema de programación cuadrática (QP). Sea X una matriz de dimensión N×K, donde N es el número de mesas de la región y K=7 el número de grupos dudosos, con la proporción de votantes de cada grupo en cada mesa como entradas.
El modelo minimiza la suma de los cuadrados de los residuos para los tres destinos simultáneamente:
min Σ ||y_C − X·β_C||² + ||y_F − X·β_F||² + ||y_R − X·β_R||²
sujeto a las restricciones:
β_C[k], β_F[k], β_R[k] ∈ [0,1] para todo k = 1,…,K
β_C[k] + β_F[k] + β_R[k] ≤ 1 para todo k = 1,…,K
La primera restricción garantiza que los coeficientes sean proporciones válidas; la segunda implica que el conjunto de los tres destinos explícitos no supera el 100% del grupo de origen, siendo la diferencia (1 − suma) la proporción que se mantiene en abstención o queda sin asignar. La tercera ecuación asegura que la suma de las B no supera la unidad. El modelo se estima de forma independiente para cada una de las cinco regiones, lo que permite que los coeficientes varíen según el contexto político-territorial.
La variable dependiente ajustada para Castillo se calcula como el cociente entre el voto de Castillo en segunda vuelta menos la suma de votos de sus grupos fijos y el total de votantes en segunda vuelta. El mismo procedimiento se aplica para Fujimori. Esta formulación garantiza que ni el tamaño de los distritos ni los grupos fijos generen varianza espuria en la estimación de los grupos dudosos, y que el modelo explique únicamente la variación que no queda ya explicada por la base de transferencia asegurada.
4. Validación del modelo
La robustez de las estimaciones se verifica mediante tres procedimientos complementarios.
El primero es una validación cruzada a nivel de mesa. En cada iteración, el modelo se estima con el 80% de las mesas de la región y se evalúa su capacidad predictiva sobre el 20% restante, calculando el coeficiente de determinación fuera de muestra (R²_oos). Los resultados muestran valores entre 0,20 y 0,57 para Castillo y entre 0,23 y 0,83 para Fujimori, dependiendo de la región. Estos valores corresponden a un ajuste de moderado a bueno, con la particularidad de que la métrica se calcula sobre la variable dependiente ajustada (incremento residual), que tiene menor varianza intrínseca que el voto total; traducidos a términos del voto bruto, estos R² son equivalentes a valores superiores a 0,75-0,80.
El segundo procedimiento consiste en un análisis de estabilidad bootstrap mediante diez submuestras aleatorias del 50% de las mesas de cada región. Se compara la desviación típica de los coeficientes estimados entre submuestras: valores de SD < 0,06 se consideran estables, entre 0,06 y 0,12 moderados, y superiores a 0,12 inestables. Los resultados muestran que 34 de los 42 coeficientes estimados (cinco regiones × siete grupos × dos destinos principales) son estables. Los grupos con mayor volumen de voto —Blanco 1V (SD ≤ 0,023), Acción Popular (SD ≤ 0,017), Nuevos votantes (SD ≤ 0,033) y Nulo 1V (SD ≤ 0,036)— presentan la máxima estabilidad. Los grupos de menor tamaño en regiones de escasa presencia (Somos Perú y Partido Morado en algunas regiones) muestran mayor variabilidad, lo que se traduce en mayor incertidumbre sobre sus coeficientes específicos.
El tercer procedimiento consiste en la estimación de un modelo libre sin asignaciones fijas —con todos los partidos de primera vuelta como variables independientes y el voto total (no ajustado) como variable dependiente— para comprobar que los grupos clasificados como fijos efectivamente arrojan coeficientes próximos a 1,0 hacia el candidato asignado. Los resultados confirman la asignación para los grupos con mayor volumen electoral (PL, JxP, FP, RenPop, Avanza País con β_dom ≥ 0,93 en todas las regiones), con reservas parciales para los tres grupos pequeños mencionados anteriormente.
5. Validación gráfica del modelo
Para terminar mostramos las rectas de regresión para el modelo estimado y el resultado real en cada región.




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