viernes, 30 de enero de 2026

Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez tras aprobación de reforma de Ley de Hidrocarburos

Abrebrecha Venezuela_ entrevista a Juán Martorano

Brito dice que en su momento la AN tendrá que decidir sobre la «ausencia forzada» de Maduro

Reforma a la Ley de Hidrocarburos aprobada en segunda discusión poir la Asamblea Nacional

La verdad de Guyana

Comandante Chávez: La Revolución Bolivariana es garantía de paz

Columna de Juan Martorano 474: El rol de Grey Bull Rescue en su Operación de Extracción a María Corina Machado y en Venezuela

 

*JUAN MARTORANO

Es muy significativo para nosotros escribir esta columna hoy, 30 de enero de 2026, cuando recordamos la declaratoria por parte de la comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), desde La Habana, Cuba, a Latinoamérica y el Caribe como zona de paz. Son doce años de esa importantísima declaratoria.

Pero hoy, esa declaratoria o mejor expresado, esa situación se ha visto trastocada a nuestro juicio, por la agresión militar estadounidense de hace veintisiete días sobre la República Bolivariana de Venezuela que devino en el secuestro del Presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros y de su esposa, la Primera Combatienta, Cilia Adela Flores de Maduro. Y que ahora ambos como prisioneros de guerra, están dando la batalla desde la trinchera que les toca.

Pero a nosotros, desde acá, y con elementos que hemos ido encontrando, queremos aportar algunos elementos que pueden permitirnos esclarecer lo que realmente sucedió el 3 de enero de 2026 en Venezuela. Indudablemente creemos en la paz, pero a nuestro juicio está no será posible si no hay justicia.

Y al respecto, hoy con el apoyo de información del portal de La Tabla, nos referiremos al rol que jugó la organización Grey Bull Rescue en la extracción que hicieron de María Corina Machado en su aquelarre para recibir el Nóbel en Oslo, pero haremos consideraciones adicionales al respecto.

Para poner en contexto a nuestros lectores y lectoras, The Grey Bull Rescue figura como una “organización sin fines de lucro” con oficinas de Rocky Point Drive, en el corazón de la bahía de Tampa, en Florida. Se catalogan como una organización que realiza “rescates humanitarios”.

Lo que llama poderosamente la atención es que la referida organización es liderada nada más y nada menos que por un veterano de fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos de nombre Brian Stern.

El portal de periodismo de datos, La Tabla publicó un trabajo periodístico el 12 de diciembre de 2025, es decir 22 días del despliegue de la Operación “Absolute Resolve”, donde se indica que The Grey Bull Rescue y su líder Brian Stern venían operando y desplegados en Venezuela desde noviembre de ese año, y preparaban la denominada Operación “Latin Sheld”, con el establecimiento de corredores terrestres, marítimos y aéreos “para evacuar a unos 30.000 estadounidenses”. En el trabajo in comento, Stern señalaba que “el mayor riesgo no son los bombardeos, sino los secuestros masivos por parte del Sebin”.

Pero cabe destacar que el trabajo de La Tabla reproduce esta entrevista de Stern que le fue realizada el 3 de diciembre de 2025. Debemos indicar que en ese momento se hacía público el National Security Strategic y el Corolario “Trump”, además de que en ese momento restaban exactamente 30 días para la ejecución de la operación “Absolute Resolve”, la cual fue insinuada por Trump a algunos ejecutivos de transnacionales petroleras en esa fecha, pero ese es un asunto del que nos podríamos referir en próximas ediciones de esta columna.

Como un comentario al margen, llama poderosamente la atención de que este señor hablara de bombardeos un mes antes de que estos ocurriesen en Caracas, ¿no les parece?

Stern señaló pues que su equipo se encontraba preparando las “condiciones para ejecutar operaciones de rescate en Venezuela, con el objetivo de evacuar a los aproximadamente 30.000 ciudadanos estadounidenses que residen en el país”.

El directivo advirtió que, más allá de la posibilidad de ataques militares, el mayor riesgo para los ciudadanos norteamericanos sería la acción del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Stern calificó a este cuerpo como “de primer nivel” y alertó sobre la amenaza de secuestros masivos y toma de rehenes, lo que considera un peligro mayor que las evacuaciones en gran escala.

Pero otro dato que aporta la plataforma La Tabla es que, además de que The Grey Bull Rescue se encontraba operando en Venezuela desde el 2 de diciembre de 2025, además solicitó “donaciones” y registros de gringos para “rescatarlos”.

Esto hace recordar a aquella operación promovida por Erik Prince, CEO de la contratista Academi (antigua Black Water) Iván Simonovis y otra caterva de mercenarios, terroristas y apátridas denominada “Ya Casi Venezuela”. Esto sería algo muy cómico si no fuera por lo trágico que fue por lo ocurrido en el país a comienzos de enero de este año 2026.

Según este trabajo, Grey Bull Rescue ha recibido llamadas de estadounidenses preocupados por la escalada de tensiones, aunque la mayoría aún mantiene una actitud de “esperar y ver”. Stern insistió en que lo recomendable es abandonar el país mientras sea posible, aunque reconoció que las salidas se han vuelto cada vez más complicadas.

El dirigente aseguró que su equipo, compuesto en gran parte por ex militares, está habituado a operar en escenarios de alto riesgo. Recordó que en misiones anteriores han enfrentado bombardeos, drones y ataques con misiles. “Somos un equipo de rescate, corremos hacia el fuego, no lejos de él”, dijo, subrayando que mantienen vínculos con agencias del gobierno estadounidense y con multinacionales para coordinar sus operaciones.

Ahora bien, en la revisión hecha a este reportaje, destaca que Grey Bull Rescue es una organización comparada con muchas, relativamente nueva, ya que su registro data de abril de 2025, por lo que su vida legal no supera los nueve meses. Para ello, Stern asegura haber completado unas 800 operaciones con más de 7.000 rescates, cifras que resultan difíciles de verificar y que ante el análisis se consideran poco creíbles. 

Antes de la formalización de la compañía, Stern habría participado en rescates de manera no institucional, con equipos ad hoc en escenarios como Afganistán, Haití, Gaza, Líbano y Ucrania.

Además de su rol en Gray Bull Rescue, Stern figura como directivo de una entidad sin fines de lucro dedicada a la atención de veteranos con patologías neurológicas, problemas de salud mental y adicciones, ubicada en Sarasota, Florida. Camuflaje perfecto para infiltrarse en nuestro país.

La organización Operation Warrior Resolution, fundada en 2018, reportó en sus cuentas de 2024 ingresos superiores al millón de dólares y gastos ligeramente mayores, reflejando su capacidad de recaudación y operación. 

Aunque no existen registros de vínculos formales con la candidatura de Donald Trump, Stern ha manifestado admiración por el mandatario, en parte por haber estudiado en la Academia Militar de Nueva York, institución en la que también se formó el mandatario.

Pero complementando lo informado por La Tabla, revisando el portal web del canal Univisión, señala que Stern habría sido el protagonista de una de las operaciones más audaces como lo fue la extracción secreta de María Corina Machado, para llegar a Oslo a recibir el Premio Nóbel el 10 de diciembre del año pasado.

Esa operación fue bautizada como “Golden Dynamite Operation”, que casualmente Alfred Nóbel, personaje que da nombre al galardón, fue el inventor de la dinamita y con fines profundamente belicistas, cabe destacar, y que Stern describe como la más compleja, de mayor riesgo y de mayor perfil" en los más de 800 operativos que ha realizado la organización.

Según el relato de Stern, recordemos que María Corina Machado permaneció en las instalaciones del complejo de lo que fue la embajada de Estados Unidos de Norteamérica en Valle Arriba, municipio Baruta perteneciente al área metropolitana de Caracas, fue disfrazada para su salida,  trasladada por tierra a la costa caribeña y evacuada en dos embarcaciones a través de mares agitados con olas de hasta tres metros, en plena oscuridad nocturna. Tras 16 horas de navegación fría y peligrosa, llegó a un país amigo en el Caribe y, finalmente, voló a Oslo, Noruega, donde se reunió con su familia por primera vez en dos años y dio un emotivo discurso tras la ceremonia del Nobel.

Grey Bull Rescue es un tipo de organización que opera en el llamado "espacio gris": zonas de conflicto o desastre donde los gobiernos no pueden intervenir directamente. Su equipo, compuesto por exmiembros de élite como SEALs y Green Berets, asegura que ha rescatado a más de 8,000 personas en todo el mundo, desde Afganistán y Ucrania hasta Israel y Gaza.

Incluso se dice que es financiada por donaciones. Habría que ver e investigar quiénes son sus financistas o donantes.

Además de ello, entre sus operaciones destacadas están intentos de rescatar ciudadanos y aliados en países como Siria, Israel, Rusia y Ucrania, evacuaciones masivas tras huracanes y la asistencia en incendios forestales en California y Maui. Más recientemente, la organización llevó a cabo evacuaciones de estadounidenses tras el huracán Melissa en Jamaica con apoyo logístico y de comunicación avanzada.

Stern, con medalla de Corazón Púrpura y con más de 25 años en operaciones especiales, elogió la fortaleza de Machado: "La llaman la dama de hierro por algo; es dura como el acero. No se quejó ni una vez". La operación fue financiada por donantes privados anónimos y no involucró fondos gubernamentales estadounidenses, según confirmó el propio Stern en entrevistas con medios como BBC, CBS y Fox News.

Y aquí cabría una pregunta: ¿Serían estos integrantes de la Operación Delta que secuestraron a Maduro?

¿O antes bien, estos estarían en el terreno aportando la inteligencia operativa de lo que fue “Absolute Resolve”?

¿O en dado caso estaban como respaldo de los efectivos, por el orden de los 200 que habrían secuestrado al Presidente Maduro y a su esposa, Cilia Flores?

¿Y la operación de extracción de Machado sería parte de una de las denominadas operaciones de vulnerabilidad para medir la capacidad de reacción y respuesta de los cuerpos de seguridad e inteligencia para este tipo de “procedimientos” en Venezuela?

¿Pero aun después del secuestro del Presidente Maduro y Cilia, seguirá Brian Stern y los integrantes de Grey Bull Rescue operando en estos momentos en el país?

Creemos que nuestros cuerpos de seguridad ciudadana e inteligencia tienen tareas que hacer.

¡Bolívar y Chávez Viven y sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!

¡Independencia y Patria Socialista!

¡Viviremos y Venceremos!

¡Leales siempre: Traidores Nunca!

¡Dudar es traición!

* Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tuiteras Socialistas. , jmartoranoster@gmail.comj_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano



Postgomecismo: Ambigüedad en la noción de Cultura como Bellas Artes y su ampliación con la afirmación de lo popular

 LOURDES MANRIQUE

Periodos de López Contreras, Medina Angarita

Con la creación de  la Secretaría de Cultura y Bellas Artes —tres años más tarde, Dirección de Cultura y Bellas Artes— dependientes del Ministerio de Educación Nacional (MEN), la noción de cultura se confunde con la de Bellas Artes y viceversa. Esta igualación se concretó al anexarse a la citada dirección unidades específicas para promover conciertos, piezas teatrales, artes plásticas. En medio de tal ambigüedad, el postgomecismo es una época de afirmación popular. Y esto por la marcada’ irrupción de corrientes políticas europeas como el marxismo, ejemplificada en la famosa huelga petrolera de 1936, donde se da el primer conflicto obrero venezolano. De allí surge un proletariado industrial que concentra los esfuerzos organizativos de la incipiente organización comunista venezolana.

El sector obrero comienza a ser tornado en cuenta en la acción cultural del Estado, lo que origina la creación del servicio de Cultura y Publicidad, adscrito al Ministerio del Trabajo. Dicho servicio, adquiriendo mayor importancia durante el medinato, es subido a la categoría de dirección y comenzará a denominarse Dirección de Cultura y Bienestar Social. La Dirección de Cultura y Bellas Artes del MEN y la citada dirección del Ministerio de Trabajo tendrán a su cargo la planificación de la acción cultural del Estado venezolano durante 25 años.

En una línea de búsqueda de afirmación de nuestra iden­tidad y de lo popular, habría que destacar como una acción cultural importante del Estado un ciclo de treinta y tres con­ferencias de temas venezolanistas, dictado durante la época de López Contreras. Algunas fueron amenizadas musical­mente, la de Venegas Filardo, por ejemplo, dedicada al esta- do Lara, con la orquesta la «Pequeña Mavare», bajo la dirección de Juancho Lucena; igual la del educador y político Luis Beltrán Prieto Figueroa sobre la isla de Margarita.

Periodo de Acción Democrática (1945-48)

Durante el ejercicio de la Junta Revolucionaria de Gobierno, presidido por Rómulo Betancourt, se acentúa la intención de afirmación de lo popular. Se suma a la Dirección de Cultura y Bellas Artes del MEN el servicio de Investigaciones Folclóricas Nacionales, bajo la dirección de Juan Liscano, el cual producirá en 1948 un festival folclórico nacional con presentación —por primera vez conjuntamente y ante una audiencia nacional e internacional— de las expresiones más auténticas y numerosas del folclore vene­zolano. Fue presentado en 1948, dentro de los festejos de la asunción presidencial de Rómulo Gallegos.

Periodo de Pérez Jiménez

Dentro de la política perezjimenista del Nuevo Ideal Nacional, una serie de eventos culturales de masas se ofi­cializan a través del «Retablo de las Maravillas», conjunto de música típica y bailes folclóricos con representaciones escénicas dirigidas a exaltar la nacionalidad. El servicio de Investigaciones Folclóricas Nacionales da lugar en el año de 1953 a la creación del Instituto de Folclore. Este institu­to mantendrá informado sobre el referido tema a los vene­zolanos. Cúal era la visión del folclore implícita en esa accion cultural del Estado? ¿ Acaso se tratará de manifesta­ciones creativas contemporáneas, apartadas ya de sus genes vitales, cuya presentación obedece a intenciones meramente políticas, de carácter populista, factibles de identificar dentro de los paradigmas culturales de Néstor Garcia Canclíni, específicamente el que alude a los movimientos nacionalistas de derecha (Corrientes de tipo populista, cuya política cultural busca la preservación del patrimonio folclórico y la penetración del «ser Nacional»..

Tal vez sea así, pero cabría preguntarse si en época de comentes neoliberales y visiones planetarias que buscan, a través de poderes únicos mundiales, el aplastamiento de las conciencias nacionales para objetivos que incluso llevan a la fragmentación de nuestros países, sería lícito aplicar juicios de antivalor acerca del populismo.

Retornando los parámetros dicotómicos de cultura como producto social y cultura como bellas artes, podría, a modo de conclusión sobre el periodo, colocarse la siguiente cita de Domingo Miliani

“…las bellas artes ocuparon todo el espacio en detri­mento de otras formas de producción cultural; las grandes mayorías permanecieron segregadas de la participación en la cultura».

Trinchera de ideas | ¿Hacia dónde va el mundo?

 Tras la desaparición de la Unión Soviética, y con ella la finalización de la Guerra Fría y el mundo bipolar, se abrió un debate que rebasaba lo estrictamente teórico y conceptual y que se proponía establecer qué tipo de sistema internacional se impondría en el planeta. La solución de tal controversia no tuvo desenlace inmediato. La última década del siglo pasado fue caótica y anárquica, sin que se haya logrado imponer un orden determinado. Fuerzas contradictorias pugnaban por establecer un mundo unipolar, en el caso de Estados Unidos, y multipolar, por la amplia mayoría de los países del mundo.

Esta diatriba —que, como dije antes y quiero repetirlo ahora, supera la mera discusión teórica— se vino a "definir" a favor de Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. En una serie de discursos en los días posteriores al ataque, el presidente Bush fijó las pautas del funcionamiento internacional gracias a la acción terrorista de la que solo Estados Unidos obtuvo beneficios, lamentablemente a costa de la vida de casi tres mil ciudadanos.

En su discurso del 20 de septiembre de ese año, Bush pronunció, entre otras, aquella emblemática frase que marcó los límites del sistema internacional: "O están con ellos o están con nosotros". Nadie quería estar con los terroristas; por tanto, había que estar con Estados Unidos. Así, se impuso el sistema internacional unipolar bajo égida estadounidense.

Todo marchó bien durante algunos años, pero la crisis económica y financiera de 2008 paralizó la capacidad estadounidense de controlar el mundo de manera unilateral y, otra vez, comenzó la preocupación por saber qué pasaría ahora y hacia dónde iríamos. Los que creían en la multipolaridad tuvieron oxígeno para retomar su propuesta después que en 2001 quedaron al borde de la inanición.

Sin embargo, la situación era diferente. De la mano de Vladímir Putin, un desconocido exagente del KGB, Rusia, como el ave fénix, había resucitado de las cenizas y se aprestaba a recuperar su espacio como potencia dentro del sistema internacional. De igual manera, China salía del marasmo de ciento cincuenta años en que la había introducido Occidente a través de las guerras del opio, tras sesenta años de fundación de la República Popular y treinta de la implementación de la política de reforma y apertura que daban cuenta de todo el potencial acumulado en este período, por lo que también reclamaba un espacio protagónico en el sistema internacional.

Unos años después de la crisis financiera de 2007-2008 que estremeció al mundo capitalista, en 2012, con una diferencia de tan solo seis meses, Vladímir Putin regresó a la presidencia de Rusia y Xi Jinping fue nombrado secretario general del Partido Comunista de China. Ellos, que casualmente tienen apenas ocho meses de diferencia de edad, se propusieron restablecer los equilibrios mundiales para que sus países tuvieran el espacio de poder que les corresponde por su condición de grandes potencias, y al parecer lo desean hacer en conjunto.

Lo dijo con claridad el presidente chino al finalizar su visita a Moscú el 22 de marzo de 2023. Putin lo acompañó hasta la puerta del Palacio del Senado del Kremlin y, antes de que Xi Jinping se introdujera en su vehículo, le dijo a su colega ruso: "Se están produciendo cambios que no hemos visto en cien años y somos nosotros quienes los estamos liderando juntos". Putin, sorprendido, solo atinó a decir: "Estoy de acuerdo. Buen viaje", a lo cual respondió Xi: "Por favor, cuídese, querido amigo". En términos de contenido y forma, se hizo evidente que estábamos ante una nueva manera de hacer relaciones internacionales.

Durante los últimos años se realizó un gran esfuerzo por hacer de la multipolaridad un hecho concreto. Parecía que el grupo Brics era la expresión distintiva de este momento. Sin embargo, el genocidio en Palestina primero, el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán después y, finalmente, la incursión armada de Estados Unidos en Venezuela hace pocos días, dieron al traste con la posibilidad de construir el deseado mundo multipolar, por lo menos en el corto y mediano plazo.

A punta de misiles, Estados Unidos e Israel, con el apoyo de Europa y otros países subordinados como Canadá, Australia y Japón, destrozaron cualquier posibilidad en este sentido. Nadie tiene capacidad de impedir que Estados Unidos imponga su lógica en el planeta. Hemos vuelto al mundo unipolar.

En su raudo regreso a este sistema, Estados Unidos se llevó por delante a la Organización de Naciones Unidas (ONU) y al derecho internacional, que de alguna manera regulaba el comportamiento de los Estados y los gobiernos. Washington, amparado en sus misiles y en el derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, pasa por encima de cualquiera que intente evitar su hegemonía absoluta sobre el planeta.

Los únicos límites que tiene son aquellos que emanan del potencial nuclear de algunos de sus adversarios y de la voluntad de resistencia y lucha en defensa de la soberanía, la autodeterminación y la no injerencia en otros que están dispuestos al holocausto antes que permitir ser avasallados. Por supuesto, es válido aspirar a la solidaridad internacional, pero todos tienen sus propios problemas en un mundo signado por la necesidad de sobrevivencia como forma de actuar.

Esta situación ha hecho que algunos, de nuevo, pongan sobre el tapete el debate sobre qué sistema internacional impera e imperará en el futuro. Hoy, es patente que domina la unipolaridad; si no, ¿cómo explicar que ante la vista de la humanidad entera se produzcan genocidios no solo en Palestina, sino también en la República Centroafricana, Sudán, y aquí en nuestra región, en Haití? De igual manera se estaba produciendo en la Ucrania oriental, pero en este caso pudo ser impedido gracias a la decisión del gobierno ruso, que inició una operación militar especial para evitar las masacres.

La unipolaridad también ha permitido que el terrorismo extremista se apodere de Siria y el hegemón autorice la implantación de un gobierno dirigido por los que apenas unos meses antes eran sindicados de terroristas. El actual mandatario de Siria se permitía cortar cabezas y exhibirlas impúdicamente por las cámaras de televisión. Por obra y gracia de la unipolaridad, ahora es un democrático presidente aceptado en todas las capitales del mundo.

La unipolaridad permite que el presidente de Estados Unidos intervenga y se adjudique victorias electorales en Chile, Ecuador y Honduras (fraudulentamente en estos dos últimos casos).

La unipolaridad permite que el presidente y el secretario de Estado amenacen con la desaparición de Cuba, condenando al exterminio a sus once millones de habitantes.

La unipolaridad permite que Washington amenace a Panamá con arrebatarle su canal con la complicidad silenciosa de su gobierno y también de quitarle a Dinamarca su posesión colonial de Groenlandia. La unipolaridad permite que Estados Unidos ataque militarmente a Venezuela, asesine con impunidad a casi cien ciudadanos y secuestre al presidente y su esposa. No hay respuestas, más allá de declaraciones y condenas que son expresión de la incapacidad y la impotencia del mundo por frenar el resurgimiento de un gobierno nazi en el planeta.

Este no es un gobierno republicano más en la historia; no es Nixon, Reagan o los Bush con sus secuelas de muerte y destrucción. Es mucho más que eso. Es un gobierno sustentado en los principios de la ideología nacionalsocialista de Adolf Hitler. Lo he dicho en el pasado y lo repito:

… la ideología nazi se caracteriza por el ultranacionalismo y el supremacismo que establecen la existencia de una raza superior que debe expandirse a partir del odio contra los denominados "seres inferiores"; el totalitarismo que impone el control absoluto del Estado como lo pretende Trump al minimizar y subestimar al Congreso, los tribunales de justicia y otras instancias del poder; el militarismo que supone la exacerbación de la fuerza militar y la agresión como instrumentos de expansión y guerra y, finalmente, la ideología anticomunista y antiliberal en oposición al socialismo y la democracia…

Todos estos elementos están presentes en el gobierno actual de Estados Unidos.

Sin embargo, lo distintivo respecto del pasado es que si a mediados del siglo XX el mundo se unió para luchar contra el nazifascismo, hoy este es aceptado con parsimonia y sosiego. De ahí que volvamos al debate sobre el sistema internacional, porque, aunque es deseable y muchos países responsables en el planeta se esfuerzan por avanzar hacia un mundo multipolar, no estamos en la multipolaridad y no estaremos en el corto plazo. Las manifestaciones de lo que ocurre más bien señalan una tendencia hacia la construcción de un sistema internacional de balanza (o balance) de poder signado por el equilibrio entre potencias que saben que no pueden destruir al adversario y lo necesitan para sostenerse.

Craso error se comete cuando se pretende analizar la realidad actual con las categorías de la bipolaridad que imperó durante la mal llamada Guerra Fría, que fue fría para las potencias, pero caliente para los países del sur global. Hoy, en las relaciones internacionales, no prima la ideología; en esa medida no existe la solidaridad que pudo haber en el pasado, por tanto, no se puede esperar una ayuda automática ante el peligro porque lo que se impone es el interés nacional y hasta la cooperación debe ser negociada. No existe fuerza ni intención de enfrentar a Estados Unidos en materia militar porque eso conduciría a la destrucción del planeta. Por eso, hoy, la lucha por la paz es revolucionaria.

Rusia y China tienen sus propios problemas y no pueden acudir a solucionar cualquier conflicto que se desarrolle en el planeta, que por cierto son muchos, salvo que se pongan en peligro sus intereses nacionales, y Venezuela está muy lejos de representar un interés nacional relevante para esas potencias más allá de la amistad y la identidad de criterios en la mayoría de los asuntos del escenario internacional. Rusia pasó de Al Assad a Al Sharaa como China lo hizo el siglo pasado de Allende a Pinochet. Lo que los pueblos no hacen en casa, no va a venir el vecino a resolverlo, salvo que aparezca un Simón Bolívar o un Fidel Castro, y pueblos como el venezolano y el cubano con vocación internacionalista y solidaria. Aun así, ya ven, Angola y Argelia, donde los cubanos dejaron la sangre en favor de su independencia, hoy no le envían ni una gota de petróleo a la Cuba heroica agobiada por el furioso bloqueo estadounidense.

No lo cuestiono. Lo comprendo, porque no estoy apegado a la lógica del pasado y porque entiendo la primacía del interés nacional. Los rusos, que se refieren a su patria como la madre Rusia, se han visto abocados a defenderla, no solamente en Ucrania, también deben prestar atención a todo su extenso entorno en el océano Ártico, Asia Central y Europa, donde las tenebrosas fuerzas de la OTAN y de Europa intentan avasallarla una vez más.

China, por su parte, se rige por principios distintos a los de Occidente; su filosofía milenaria los impele a la búsqueda del equilibrio y la armonía como forma de convivencia. Ello también funciona para sus relaciones internacionales. El asunto de Taiwán es el centro de su quehacer, al punto de que para tener relaciones con Beijing hay que reconocer que existe "una sola China". Muchos gobiernos de derecha en las campañas electorales han dicho que van a romper con China tan pronto lleguen al gobierno, pero la fuerza de la necesidad económica los hace volver a la realidad el mismo día que entran en los palacios presidenciales.

La confrontación que Estados Unidos ha planteado contra China será enfrentada por Beijing a través de la búsqueda de la superioridad económica, financiera, científica y tecnológica, y solo pondrán en funcionamiento el componente militar cuando se sientan amenazados. Su línea roja es la independencia de Taiwán; todo lo demás es secundario.

No se trata de que las potencias deseen ponerse de acuerdo para respetar espacios de influencia, pero el sistema de balanza de poder los conducirá a eso si quieren sobrevivir. En esta situación entramos en el territorio de lo subjetivo y eso nos lleva a asegurar, sin duda alguna, que, en términos éticos y morales, hay una distancia inconmensurable entre Putin y Xi en comparación con Trump.

Putin y Xi no han amenazado a nadie, no se inmiscuyen en los asuntos internos de nadie, no han asesinado ni secuestrado a ningún presidente, no han promocionado golpes de Estado, no han participado en guerras de agresión en ninguna parte del mundo, y si Rusia desarrolló la operación militar especial en Ucrania es porque se vio impelida por el genocidio que se estaba cometiendo contra sus connacionales, masacrados por el gobierno nazifascista de Kiev.

Pero eso es una cosa y otra suponer que, tal como en la Guerra Fría, van a acudir a la salvaguarda de otro país. No estamos en ese mundo. Sin querer ser destructivo, más bien propositivo, en abril de 2013 presenté un libro titulado La balanza de poder. Las razones del equilibrio del sistema internacional, que causó mucha polémica. La reacción más acentuada de aquellos que leyeron el libro fue el escepticismo respecto de la propuesta. La idea de que el mundo avanza hacia la estructuración de un sistema multipolar se ha sembrado en la mayoría de los ciudadanos. Buena cantidad de centros de investigación, analistas y decisores vinculados a las relaciones internacionales y la política exterior coinciden en apreciar tal situación de la que yo difiero. Por cierto, pienso que, para nosotros, ubicados en el sur y en América Latina, tal opción sería la más deseable, pero no creo que sea en lo que están pensando los centros de poder mundial.

Se han planteado varias hipótesis, pero, desde mi punto de vista, lo más probable es que se implante un sistema internacional de balance de poder en el futuro. Esta convicción surge de la observación de que, a pesar del conflicto, en los últimos años ha primado un límite para que se respeten esas áreas de seguridad de las potencias, toda vez que su violación es una línea roja para cada una de ellas.

El uso de la fuerza de Rusia en Ucrania para evitar la expansión de la OTAN hacia el este, las enormes demostraciones bélicas de China en torno a Taiwán como mensaje en caso de que intentaran la independencia y la nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos que "renuncia" a la prioridad del conflicto con China y Rusia para abocarse al hemisferio occidental que considera de su propiedad, son expresión de ello.

En este sentido, me parece que los conflictos del futuro serán de Estados Unidos contra los países del sur, nunca contra otra potencia. Para América Latina y el Caribe, su única posibilidad de avanzar es a través de un proceso de integración que les permita sobrevivir y tener una presencia activa en el mundo del mañana, caracterizado por el equilibrio de poder entre las potencias. Mi opinión viene desde el sur y para el sur, desde Nuestra América y para Nuestra América y es —modestamente— una alerta para los países de América Latina y el Caribe.

La tarea de los pueblos es desplazar a las oligarquías en el poder, que son estructuralmente antiintegracionistas y subordinadas a Estados Unidos. Mientras se mantengan en el poder, no habrá integración posible ni espacio para América Latina y el Caribe en el mundo del mañana.

 

Sergio Rodríguez Gelfenstein

 

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Punto y seguimos | ¿El principio del fin?

 El orden mundial se ha fragmentado. Ya no resulta una frase profética o admonición; el genocidio en Gaza la volvió realidad y la segunda administración de Donald Trump parece erigirse como la fuerza destructora definitiva de dicho orden. El gobierno de Estados Unidos, anclado e inspirado en los principios más básicos del imperialismo norteamericano, decide dejar de lado las reglas acordadas después de la Segunda Guerra Mundial y volcarse —en medio de un escenario de crisis en el que ha perdido poder económico e influencia frente a China— a utilizar el poder que aún le queda, el militar, para recuperar los espacios y recursos perdidos. EE. UU. regresa sin empachos a una política que es la esencia de su identidad como nación: la del imperio sustentado en el miedo, tanto interno como externo.

La máxima del back to basics, que no es más que conquista y domina, deroga cualquier avance de evolución que la humanidad haya podido alcanzar al establecer el sistema de Naciones Unidas y generar un escudo —débil, sí, pero escudo al fin— que ofreciera protección a las naciones más débiles. Sin el orden basado en la cooperación, la autodeterminación y el respeto a la soberanía, todo país que no sea una potencia militar está indefenso frente a los que sí lo son. Lo demuestra el ataque contra Venezuela del 3 de enero. El trumpismo está rompiendo con cualquier vestigio de civilidad al cruzar la línea invisible que el mundo había trazado para no volver a las armas y a la muerte, puesto que no les conviene más. Estados Unidos ha fracasado como proyecto de dominación absoluta en las últimas décadas, y no lo piensa permitir, aunque esto signifique sincerarse acerca del tipo de nación que representa. No se considera un país, se considera un imperio y actúa en consecuencia. Trump se ha deshecho de cualquier máscara.

Lo destacable no es que EE. UU. haya producido un personaje de tales características, sino el estado de deterioro que el resto del mundo muestra, al quedarse pasmado y sin capacidad de reacción ante el hecho de ser el nefasto hijo excelso de un imperio en decadencia. La apuesta estadounidense es la de volver a las zonas de influencia y la repartición del mundo, asegurándose el control de territorios ricos en recursos naturales que sustenten y paguen los avances tecnológicos e industriales que garanticen la verdadera hegemonía. EE. UU. necesita reconstruir el poder económico perdido a manos de China. El sur global, que desperdició su oportunidad histórica —especialmente América Latina— de agruparse para generar capacidad de resistencia y una cuota de poder en el tablero —como lo planteó Bolívar—, se ve hoy dividido y a merced de decisiones terribles como la de luchar a costa de dolor e invasiones o la de entregarse y asimilarse a la potencia que les corresponda. Ese es el escenario extremo al que juegan los gringos. Queda por ver si el resto del mundo se pliega, resiste o reacomoda. Mientras tanto, es obvio que el orden mundial que conocíamos se desmorona frente a nuestros ojos.

 

Mariel Carrillo García



jueves, 29 de enero de 2026

Por qué apoyo al gobierno de Delcy

 

Impacto geoestratégico de la revolución tecnológica

 ALEXANDRA MULINO

La política geoeconómica y de seguridad de los Estados Unidos es unipolar. No considera el carácter soberano de las naciones que se encuentran en su área de influencia por la naturaleza injerencista de la doctrina Monroe, la política del Gran Garrote y la división imperialista social del trabajo creado durante la posguerra.

Los Estados nacionales ubicados en el marco de la dependencia estructural han luchado por la autodeterminación de sus pueblos pero a contrapelo de los intereses hemisféricos del imperialismo yanqui.

En el caso de América Latina, golpes fascistas y posiciones socialdemócratas plegadizas, a favor de los intereses de Washington, han dominado la escena política y económica de su historia contemporánea.

El gobierno de Venezuela, bajo el liderazgo del finado comandante Hugo Chávez y su actual presidente Nicolás Maduro −secuestrado por el régimen de Donald Trump−, en nombre de los más altos valores de nuestras “tres raíces”, decidieron luchar por la independencia económica con la conformación de un mundo multipolar. Si bien, para el hegemón trata de una afrenta a los intereses hemisféricos de su Estado imperialista.

Por ejemplo, en este año 2026, se prevé destinar $540.000 millones en infraestructura vinculada a la inteligencia artificial (IA); para ello, Nick Beams afirma que se requiere recursos energéticos rentables a fin de impulsar una poderosa red eléctrica que debe abastecer los centros de datos de la IA.

A su vez, Misión Verdad subraya que 83% de la matriz energética de los EEUU es hidrocarburífera. En consecuencia, el petróleo, el gas y la minería del subsuelo venezolano repotenciarían su haber eléctrico y todo el mercado tecnológico de punta.

En consecuencia, fortalecen el mercado especulativo y de tecnologías intangibles. Para ello, es de sumo clave comprender que la acumulación de capitales volátiles requiere, para mantener rentabilidad, procesos de privatización en el ámbito del gasto público según los preceptos del FMI.

Por todo lo antes expuesto, es necesario mantenernos en unidad irrestricta con los lineamientos establecidos por el presidente Maduro y la presidenta encargada Delcy Rodríguez a fin de preservar el Estado nacional de derecho, justicia e interventor ya que la carrera armamentística es por la energía y la IA.


La reorganización del mundo

 


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Por Thierry Meyssan

Estamos viendo la reorganización del mundo según la reunión que los presidentes Putin y Trump sostuvieron en Anchorage (el 15 de agosto de 2025), el alto al fuego acordado en Gaza (el 10 de octubre de 2025) y la operación Absolute Resolve en Venezuela (el 3 de enero de 2026). Ahora está claro que los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin se repartieron el mundo en Alaska. El reparto tendrá que ser avalado durante el próximo encuentro entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping.

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La única información disponible es el mapa publicado por el analista ruso Andrei Martyanov. En ese mapa, el mundo aparece divido en tres zonas de influencia, lo cual no contradice el principio de un mundo multipolar. El derecho internacional primitivo –me refiero al que existía antes de la guerra fría–resuelve sólo algunos problemas y concede a los Estados la posibilidad de hacer lo que quieren dentro de los límites que ellos mismos se han fijado con la firma de tratados.

En mi última crónica expliqué que, al contrario de lo que todo el mundo afirma, si bien Estados Unidos cometió un crimen al secuestrar al presidente venezolano Nicolás Maduro, a la luz de las reglas anteriores, también podría decirse que no fue así ya que nunca se había comprometido a no hacerlo. Esta realidad puede parecernos chocante, pero eso no cambia la cuestión de fondo. En lo adelante, tendremos que funcionar según esa realidad.

Hasta ahora, el mundo estaba gobernado por los G5, G6, G7, G8, etc., un sistema que hasta ayer se componía de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y la Unión Europea.

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La desaparición de esa estructura marca el fin de los imperios británico y francés. Francia tendrá que descolonizar Nueva Caledonia y la Polinesia; Estados Unidos tendrá que descolonizar Samoa, Guam y las Islas Vírgenes estadounidenses; Nueva Zelanda tendrá que descolonizar Tokelau; y Reino Unido tendrá que descolonizar Anguila, las Bermudas, las Islas Vírgenes Británicas, las Islas Caimán, las Malvinas, Gibraltar, Monserrat, Santa Elena y las Islas Turcas y Caicos. Eso tendría que concretarse muy rápidamente si Francia, Reino Unido y Nueva Zelanda quieren conservar algún tipo de presencia en sus antiguas colonias.

Es probable que se produzca una descomposición del Commonwealth. Como mínimo, sus miembros abandonarán su ciudadanía compartida.

El G7 se verá reemplazado por un C4 o un C5, conformado por China, Estados Unidos, la India y Rusia –el presidente Trump espera incluir a Japón [1] pero es posible que este último país no sea admitido, debido a sus declaraciones belicistas. China rechaza el ascenso del militarismo imperial nipón y el negacionismo del gobierno de Sanae Takaichi, así como su aspiración a controlar los microprocesadores de Taiwán y sus investigaciones sobre las tierras raras.

Teniendo en cuenta el poderío de cada una de ellas, las 4 principales potencias mundiales podrán hacer su voluntad en todos los asuntos no definidos por el derecho internacional –como Estados Unidos en el caso de Venezuela.

Varias alianzas regionales permitirán que algunas potencias secundarias desempeñen un papel importante.

No entraré a analizar el caso de la OTAN, que va a disolverse a mediados de 2027, o antes, dependiendo de la cuestión del traspaso de Groenlandia entre Dinamarca y Estados Unidos. Las protestas de algunos de sus miembros europeos serán inútiles en la medida en que no van a declararle la guerra a Estados Unidos, como tampoco van a declararle la guerra a Rusia.

La alianza AUKUS –entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos– tampoco logrará sobrevivir a la repartición del mundo.

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También está llamada a desaparecer la Unión Europea. El show de Ursula von der Leyen con la firma del acuerdo de libre comercio UE-MERCOSUR sólo precipita su caída: los pueblos de Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría acaban de darse cuenta de que esa burocracia no defiende sus intereses, sino que sacrifica sus campesinos a las necesidades de la industria alemana.

Varias estructuras se encargarán del relevo: la Fuerza Expedicionaria Inter-ejércitos (JEF o Joint Expeditionary Force), una OTAN en miniatura encabezada por el Reino Unido, en la que se cuentan Dinamarca, Finlandia, Estonia, Islandia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Suecia y Noruega. Es probable que Ucrania se una a esa fuerza, mientras que Islandia se uniría a Estados Unidos –después de la cesión de Groenlandia. Al igual que Canadá y Groenlandia, Islandia se halla en la plataforma continental norteamericana, lo cual explica el “apetito” estadounidense.

Por su parte, Bulgaria, Finlandia, Letonia, Lituania, Polonia y Suecia ya han conformado una “alianza del frente oriental”, pero no parece seguro que esa nueva organización logre mantenerse ya que carece de presupuesto y de secretariado.

Esas alianzas militares estarán “emparejadas” con coaliciones políticas, siguiendo el modelo de la Unión Europea y la OTAN. La principal est la “Iniciativa de los Tres Mares”, en la que ya se reúnen Austria, Bulgaria, Croacia, Estonia, Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia y Chequia. Esta agrupación apunta a reeditar la medieval República de las Dos Naciones o el proyecto de la Federación Miedzymorze (Intermarium) del mariscal polaco Jozef Pilsudski (1867-1935), o sea crear una federación situada entre Alemania y Rusia. Se trata de un proyecto polaco, defendido por el presidente Karol Nawrocki, del partido Derecho y Justicia, mientras que el primer ministro polaco Donald Tusk, de la Coalición Cívica, milita por la “alianza del frente oriental”.

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En el Medio Oriente, la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán terminó gracias a la mediación china de 2023, pero se ha visto reemplazada por una rivalidad entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, que ya se ha expresado en Yemen y en Sudán. Sauditas y emiratíes, que hace sólo 4 años eran los mejores amigos, hoy son rivales absolutos. Arabia Saudita trata formar una alianza con Pakistán, Turquía, Egipto y Somalia, mientras que Emiratos Árabes Unidos, que ya ha forjado alianzas militares con facciones sudanesas, libias y somalíes, se acercaría un poco más a Israel y trataría de atraer a Etiopía.

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En África, la Alianza de los Estados del Sahel (AES) –Burkina Faso, Mali y Níger– es la única alianza militar regional y contaría con el apoyo de China y Rusia.

En América Latina, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) [2] ha dejado de funcionar y se está formando, por el contrario, alrededor de Argentina y Chile, una coalición de países que cuenta con el apoyo de Estados Unidos.

China, la India y Rusia mantienen la voluntad de preservar las Naciones Unidas. Sabiendo eso, el presidente estadounidense Donald Trump ha renunciado a abandonar la ONU. Es importante entender que gran parte de lo que la ONU había construido tendrá que desmantelarse para adaptarlo al derecho internacional. Porque, a pesar de lo que lo que solíamos creer, las Naciones Unidas no son el derecho internacional.

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[1] «El C5 de Trump: ¿artilugio para que Estados Unidos ingrese a los BRICS?», por Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada (México), Red Voltaire, 19 de diciembre de 2025.

[2] Fundada en 2004, por iniciativa de los presidentes de Cuba, Fidel Castro, y de Venezuela, Hugo Chávez. Nota de Red Voltaire.