miércoles, 21 de enero de 2026

Venezuela no es una Concesión. La Voluntad Nacional frente a la Geopolítica del Arrendamiento

 Por: Kelly J. Pottella G.

La historia venezolana ha demostrado ser, en sus horas de mayor presión, una roca de resistencia frente a las ambiciones del realismo transaccional. En este enero de 2026, mientras los centros de poder externo pretenden reducir la existencia del país a un fideicomiso operativo o a una simple variable de inventario, surge la necesidad de recordar que una nación no es un activo financiero que se pueda arrendar, sino una voluntad histórica que se impone por su propio peso.

Se intenta instaurar hoy una geopolítica del arrendamiento, donde la soberanía se pretende canjear por una supuesta estabilidad operativa. Tras los recientes eventos políticos de enero, el discurso foráneo ha mutado: ya no se busca la interlocución institucional, sino el «management». Bajo esta óptica, se pretende que Venezuela funcione como un enclave seguro para la extracción de recursos —desde el crudo hasta minerales estratégicos como el torio y el coltán— indispensables para las disputas comerciales globales.

Sin embargo, hay una realidad técnica que los mapas extranjeros no suelen captar: el crecimiento del 9% del PIB y la reactivación del flujo crediticio no son dádivas de un gestor externo. Son la manifestación de una estructura nacional que ha sabido mantener al país en pie. Venezuela no es una infraestructura en quiebra esperando un síndico; es un cuerpo social con una inercia propia que no acepta la tutela como destino.

El enfoque actual de ciertas potencias pretende que Venezuela guarde un silencio pragmático sobre la Guayana Esequiba a cambio de un alivio financiero controlado desde el exterior, pero la integridad territorial no es una ficha de cambio en un balance contable. El rechazo de Guyana a las mediaciones externas solo confirma que los intereses de las corporaciones transnacionales buscan fragmentar la unidad nacional. Para el sentimiento venezolano, el Esequibo es un patrimonio innegociable que ninguna administración de recursos puede pretender ceder o ignorar en nombre de la eficiencia económica.

Nuestra República Bolivariana de Venezuela atraviesa hoy una reafirmación de nuestra conciencia colectiva frente a la pretensión de convertir el territorio en un protectorado energético, surge una respuesta de resiliencia soberana. No somos el patio de servicio de ninguna potencia; somos el eje indispensable del equilibrio hemisférico. El control de la información geológica, la operatividad de los complejos industriales y la custodia del subsuelo son facultades inherentes a la nación. El derecho sobre el destino de Venezuela no reside en una oficina extranjera, sino en la memoria de un pueblo que entiende que su riqueza es el patrimonio sagrado de sus hijos.

Venezuela no es una concesión ni un territorio en alquiler ante los diseños externos que pretenden imponer una tutela sobre nuestra realidad, se levanta la fuerza moral que define nuestra identidad. Superaremos los intentos de condicionamiento transaccional con la lucidez de quien conoce su propio valor. Al final de la jornada, la casa no le pertenece a la potencia que pretende auditarla, sino a la nación que la habita, la siente y la defiende con la dignidad de su propia historia.



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