martes, 20 de enero de 2026

Punto y seguimos | Fuera de ranking

 Los acontecimientos de este incipiente 2026 han estremecido a la nación. No hay sector que no se haya visto afectado por este cimbronazo que continúa en actividad y la incertidumbre es lo único cierto en medio de cambios vertiginosos y procesos, cuyas consecuencias solo podremos conocer ex post. Sin embargo, algunas líneas gruesas se van dibujando y la evidencia de que algunos han salido mejor parados que otros es notable. La oposición venezolana, especialmente aquella que reside y opera fuera del país y que tiene en María Corina Machado a su liderazgo más prominente, es ejemplo de ello.

Las denuncias que el chavismo o sectores de izquierda en general han hecho de esta oposición a lo largo del tiempo se han probado ante el mundo. Su carácter cipayo, entreguista e indigno no era mera retórica política y hoy, gracias al trumpismo y su descarno, se hace clara para muchos engañados dentro y fuera del país la extensión de la certidumbre de estas afirmaciones y calificativos. Ver a María Corina humillarse ante quien excreta odio y asco por el país del que ella misma es nacional, causa vergüenza ajena. Es obvio para cualquiera que lo mire con un mínimo de pensamiento crítico que la obsesión de la Machado por ostentar una posición o un poder que no ha podido ganar limpiamente la ha llevado a excesos tales como entregar su dignidad propia, ya no digamos la de un país al que no ama, sino al que trata como una moneda de cambio para un fin personal —digámoslo— delirante y carente de nobleza alguna.

El cipayismo es un mal histórico continental. Desde los rompedores de la Gran Colombia hasta los nuevos libertarios, la historia nos habla de múltiples dirigencias que prefirieron entregar el control de las repúblicas a cambio de riquezas personales. Esta complicidad fue la que permitió, entre otras razones, que el imperialismo yanqui ni siquiera se tomara las molestias de pretender que desarrollaba los lugares que dominaba. Los entreguistas dieron pie al despojo sin que les temblara un párpado. Estos apátridas de ayer y de hoy no conforman espacios políticos que generen progreso, porque ni entienden ni desean ser republicanos. Creen realmente que es mejor ser colonia y vivir bajo tutelaje en vez de afrontar la titánica tarea de construir nación. Esa es la configuración mental de las “derechas” de nuestra región. Las Machado, las Tintori, los Borges, los Ecarri… son solo muestras descarnadamente expuestas de esa estirpe traidora, que nació y creció odiando no haber nacido en el “primer mundo” y cuya única idea de remediar tal desgracia es la de anexionarse de facto a un país al que sí consideren como tal.

La oposición venezolana se ha desvestido ante el mundo, mostrando su naturaleza reptante e indigna, sus complejos de inferioridad. El mismo Trump, que en el fondo los considera basura, los dejó en ridículo. No controlan nada. No les va a “premiar” con cargos que no se “ganaron”. No le son tan útiles. María Corina puede darle su inmerecido Nobel de la Paz, pero, por más que lo ofrezca a grito y rodillas peladas, la realidad es que no tiene patria que ofrecer ni regalar. Ella, y toda la banda de yanaconas opositores, siempre han estado fuera de ranking.

Los aportes, análisis, opiniones, argumentos y pare usted de contar, en medio de un clima emocional agobiante, que restringe nuestra capacidad de pensar críticamente, pueden convertir la existencia en algo abrumador.

Mariel Carrillo García 



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