Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío. Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre.
Martin Niemöller
¡La bota imperial nos ha pisado la casa, nos ha herido la patria! El supremacismo, la inmoralidad y la arrogancia de la potencia extranjera estadounidense han violado la integridad territorial y la inmunidad del presidente Nicolás y la diputada Dra. Cilia Flores, primera dama de la República Bolivariana de Venezuela. Ambos con gran trayectoria política y demostrada vocación al servicio del pueblo venezolano.
En estos días tan difíciles, ¿quién ha podido descansar plenamente? Sabemos quién ríe, brinda y disfruta del dolor ajeno, pero la nostalgia, la rabia y la indignación que sentimos no son más fuertes que el amor y nuestra conciencia revolucionaria. Nuestro deber en estas circunstancias es seguir emulando el ejemplo de nuestros héroes y heroínas del pasado y del presente.
¿Quién, que ame a nuestra patria, puede conciliar el sueño sin la incertidumbre de lo que va a pasar con su destino? Y todo porque el esquizofrénico de turno en la Casa Blanca amenazó con una segunda ola de agresión aún más poderosa. Su política exterior está enmarcada en la extorsión, dominación, extracción de recursos naturales y minerales estratégicos (petróleo, gas, bauxita, coltán, etc.).
En el Arco Minero del Orinoco se concentran poderosos recursos estratégicos claves para el “desarrollo” tecnológico que promete el sistema hegemónico moderno. ¡Por esa razón, vienen con todo!
He delineado mi dolor en estas palabras que convocan a una reflexión sincera de unidad nacional y latinoamericana. Tenemos el corazón roto, pero nuestro dolor lo convertimos en lucha revolucionaria.
Nuestra convicción de que saldremos de esta agresión no es un sentimiento individual. Por el contrario, es un sentimiento colectivo que tiene su epicentro en las expresiones del poder popular, en las manifestaciones de amor y de repudio de todas las voces que se han alzado en el mundo ante esta barbarie cometida contra la soberanía de nuestro pueblo.
Expresemos sin temor nuestro dolor ante los hechos ocurridos en la madrugada del 3 de enero; mostrar nuestra humanidad no es sinónimo de fragilidad y mucho menos de pedir cacao. ¡Son heridas de guerra y el prisionero de guerra nos convoca a resistir con su fortaleza y sabiduría!
Es por ello que todo tiene un sentido cuando analizamos a fondo las verdaderas causas de las intervenciones militares, la manipulación mediática, la extorsión, el chantaje y la imposición de medidas coercitivas unilaterales que sufren los Estados soberanos a nivel global. En el caso de Venezuela, ya vamos por 1.081 MCU impuestas principalmente por EE. UU.
Entonces, considerando una máxima atribuida a Nicolás Maquiavelo, surge una interrogante muy oportuna ante el actual contexto mundial de guerra por los recursos minerales estratégicos. ¿“El fin justifica los medios”? ¡Queda claro cuál es el fin; Nicolás es solo un medio!
No hay duda de las razones por las que Trump sigue violando la Carta de las Naciones Unidas, las leyes y los tratados internacionales; continúa arremetiendo el “salvador del mundo” a la luz del día, en la oscuridad de la noche, frente a los ojos de la comunidad y organismos internacionales contra la paz de nuestra región y contra la paz de la humanidad.
El discurso guerrerista de Trump y quienes lo secundan dentro y fuera del país tiene un objetivo claro: divide y vencerás; buscan desmoralizarnos, inmovilizarnos, arrodillarnos, que enterremos la esperanza para siempre y nos rindamos en la lucha, que es dura, larga y necesaria. La sabiduría en la poesía de Pablo Neruda nos recuerda que “podrán cortar las flores, pero no detendrán la primavera”.
Producir en tiempos de guerra no es fácil porque tenemos el corazón y el alma partidos. No obstante, hay sobrados mensajes implícitos y explícitos que nos convocan a continuar la batalla. Además, existen razones históricas que nos fortalecen y nos exigen que tengamos presente que somos el pueblo indomable de Bolívar, el hombre de las dificultades. De allí venimos. ¡Que nadie lo dude!
Andreína Camacho


No hay comentarios:
Publicar un comentario