El muy interesante ensayo de Iñaki Gil de San Vicente “La ética marxista como crítica radical de la ética burguesa” tiene la particularidad de tocar algunos aspectos de la vida de Carlos Marx que no dejan de tener su atractivo si los miramos a través de las gafas violetas del feminismo.
Este enfoque es pertinente porque este prestigioso intelectual abertzale es uno de los pocos marxistas respetados y convencidos que sistemáticamente incluye al patriarcado en sus análisis políticos (1). En este trabajo señala una vez más su importancia para la revolución cuando dice que “sólo con la extinción de la ley del valor-trabajo, con la superación histórica del salariado, de la mercancía y del valor de cambio, además del patriarcado y la opresión nacional, sólo entonces dispondrá la especie humana –otra especie humana, desde luego— de condiciones de pensar y practicar una verdadera Ética comunista“.
Sobre estas y otras premisas, reflexiona sobre lo que para Marx sería la ética revolucionaria y su opuesto, la ética reaccionaria y para ello curiosamente se basa en las respuestas que éste da a un cuestionario de su prima, Antoinette Philips. Digo que es curioso porque rara vez se incluyen en los elaborados análisis teóricos o las míticas trayectorias políticas, las fortalezas y debilidades, aciertos y errores de las personas físicas protagonistas, por pertenecer esta cuestión al ámbito natural, desvalorizado e invisibilizado de lo privado, que el patriarcado como estructura social asigna al género femenino.



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