2026.
Lula le recortó al senador casi cuatro de los cinco puntos que sacó tras la primera vuelta, y la diferencia que queda es más estrecha que la curva con que las encuestadoras fallaron en 2022 y el pasado 4 de octubre. Con el voto casi cristalizado, el balotaje del domingo 25 se juega entre quienes no fueron a votar. Sin embargo, las multitudes que reúne Lula dan fuerza a quienes aspiran a su reelección.
Diecinueve días después de que las urnas desmintieran a casi todas las encuestas, a Flávio Bolsonaro le queda poco más de un punto de la ventaja que sacó en la primera vuelta. El senador del Partido Liberal (PL) terminó el 4 de octubre casi dos puntos por delante de Luiz Inácio Lula da Silva, a quien Datafolha ubicaba primero la víspera, y desde entonces la distancia se achicó semana tras semana hasta dejar el balotaje del 25 en empate técnico.
Detrás del promedio hay movimientos que cambian según quién haga la pregunta, y las encuestadoras que repitieron su medición después del 4 de octubre no cuentan la misma historia. En Datafolha, Lula siguió clavado en el mismo número y fue Flávio el que retrocedió; PoderData/Aya mostró lo inverso, con el presidente en subida y el senador quieto, y AtlasIntel/Bloomberg registró las dos cosas a la vez.
Con esos datos caben dos explicaciones que no se excluyen, que Lula haya sumado a indecisos y a votantes de otros candidatos o que Flávio haya tocado su techo después del envión de la primera vuelta. Para distinguir una de otra harían falta más rondas de las que quedan antes del domingo.
El antecedente de 2022
Cualquier lectura de estas cifras carga con un antecedente, el de dos primeras vueltas seguidas en las que los sondeos brasileños subestimaron al bolsonarismo. En 2022, Jair Bolsonaro cerró la primera ronda a cinco puntos de Lula, mucho más cerca de lo que anticipaban las principales encuestadoras, y perdió el balotaje por menos de dos. Este año la sorpresa fue mayor, con el hijo en un primer lugar que ninguna de las grandes firmas le asignaba.
Por eso conviene comparar a cada encuestadora consigo misma antes que sumar mediciones que mezclan entrevistas telefónicas, presenciales y por internet. Hecha esa comparación, la ventaja del senador cayó en las cuatro firmas que repitieron la pregunta tras la primera vuelta. Vox Brasil, la única que puso a Lula adelante, quedó sola frente a quince sondeos que mantienen a Flávio arriba por poco, y PoderData registró un empate que se deshizo en su ronda siguiente.
Fin de la escala 6×1
En los primeros días del balotaje, la campaña del Partido de los Trabajadores (PT) se dedicó a recordar los logros de los gobiernos de Lula, una apuesta que la periodista Vanessa Martina-Silva encontró razonable aunque menos rendidora de lo esperado. A mediados de octubre empezaron los anuncios concretos.
El miércoles 14, el Senado aprobó el fin de la escala 6×1, el régimen de seis días de trabajo por uno de descanso, y fijó dos días libres pagados con una reducción gradual de la jornada. Al día siguiente, Lula prometió una enmienda para que los ómnibus urbanos no cobren pasaje los fines de semana y feriados desde 2027, si gana la elección y consigue los votos en el Congreso. En esos mismos días ofreció extender el programa Pé-de-Meia a los universitarios a partir de ese año.
Flávio, que el 6 de octubre había propuesto el trabajo por hora como alternativa al fin del 6×1, eligió otro terreno, el del Supremo Tribunal Federal (STF) y el de su padre. El domingo 18, en la avenida Paulista, prometió nombrar cuatro ministros de la corte contrarios al aborto y a la liberación de las drogas, y anunció que Jair Bolsonaro, condenado a 27 años y tres meses de cárcel por liderar una trama golpista, le pondría la banda presidencial.
La sombra del padre ya pesaba en Copacabana una semana antes, durante la concentración del 12 de octubre que llenó siete cuadras de la avenida Atlântica, donde un manifestante lo dijo sin vueltas. «Tenemos un candidato a la presidencia de la República, Flávio Bolsonaro, que amenaza con cambiar la Constitución. Su padre intentó dar golpes de Estado», dijo. Después acusó al senador de querer entregar a Estados Unidos las tierras raras, de las que Brasil tiene la segunda mayor reserva del mundo según el Servicio Geológico de Estados Unidos.
Primera encuesta tras el debate
La noche del 18, en la Band, Lula y Flávio se vieron cara a cara por primera vez en la campaña, y la única encuesta publicada después no mostró cambios. Real Time Big Data mantuvo al senador arriba en votos válidos, aunque cuatro de sus cinco días de entrevistas fueron anteriores al debate y la propia firma habló de empate técnico.
Fuera de los números, Martina-Silva dio a Lula como ganador del debate, a contramano de buena parte de la prensa, y citó los grupos focales que reseñó la periodista Thais Bilenky. Allí, los indecisos vieron a un presidente fuera de forma y fácil de provocar, pero se asustaron con la agresividad del senador; en otro grupo, las burlas cayeron bien entre los bolsonaristas sin ganar votos nuevos. «La intimidación puede volverse en contra de quien la ejerce», escribió.
La columnista apuesta al vínculo afectivo que millones de brasileños tienen con Lula y que, según ella, aguanta las críticas al gobierno. Recordó el caso de Juliette, la ganadora de Big Brother Brasil a quien el público adoptó al verla humillada, para advertir que acorralar al presidente podría despertar solidaridad incluso entre quienes no pensaban votarlo. En Copacabana, la periodista Ana Melo, que fue a la marcha con parte de su familia, habló de ese lazo a su manera. «Para mí, Lula representa las reivindicaciones del pueblo, la lucha contra la desigualdad social y el impulso a la educación».
La caza del ausente
Con más de nueve de cada diez electores decididos, según Real Time Big Data, la elección depende de quienes se quedaron en casa el 4 de octubre. Lula le pidió a la militancia salir a buscarlos en su acto del 11 en la Paulista, aunque la misma encuestadora había medido días antes que el 40 % de esos ausentes tampoco piensa votar el 25.
La derecha sacó la misma cuenta y, una semana después, respondió en la Paulista con el «Bloquinho do 22», un desfile al estilo de las comparsas de carnaval, una fiesta que en Brasil suele asociarse a la cultura popular y a la izquierda. «La disputa está muy pareja. Tenemos que buscar algún indeciso y mostrar nuestra fuerza también de la derecha», dijo un simpatizante del senador, entre oraciones, el himno nacional y un misil inflable con la leyenda «Trump nuke Brazil».
Más de un tercio de los electores descarta a Lula, otro tercio descarta a Flávio y algo más de uno de cada cuatro no quiere a ninguno, de modo que queda poco espacio para la persuasión.
Nordeste contra Sur
En el mapa de Real Time Big Data, Lula domina el Nordeste y gana entre las mujeres, los mayores de 60 años, los católicos y los hogares más pobres, mientras Flávio arrasa en el Sur y el Centro-Oeste, se impone en el Sudeste y suma a la mayoría de los evangélicos y de quienes ganan más de cinco salarios mínimos. El Norte, con la diferencia más corta, es la única región en disputa.
Para llegar a esos votantes, la campaña de Lula partió su mensaje por segmentos, del trabajador atado a la escala 6×1 al usuario del ómnibus, y la de Flávio se apoya en ideas amplias como la familia o la patria, que alcanzan a un electorado de mayoría blanca y de clase media alta sin quedarse en esos sectores. En la Paulista, varios de los consultados por teleSUR no supieron explicar el programa del candidato, y aun así no dudaban de su voto. «Yo tengo valores. El mejor motivo para estar aquí es mi familia y la patria», dijo uno de ellos.
El viernes 23, en TV Globo, los candidatos podrían verse por última vez ante un electorado que ya termina de decidir. De los cinco puntos que Flávio tenía después de la primera vuelta le queda poco más de uno, menos que el margen de error de casi todas las encuestas que intentan anticipar lo que pasará el domingo.
Fuente: TelesurTV

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