Virginia King
A las mujeres como tú se les honra desde la verdad y con la cabeza en alto. Hoy te hablo yo, tu hermana de vida y camarada. Soy una mujer que hizo vida y caminó a tu lado, y a quien lamentablemente las circunstancias de la vida le impiden estar presente en este momento tan sensible, tan doloroso y tan significativo. Sin embargo, no hay distancia ni frontera que pueda separar lo que la lucha unió: aquí estoy contigo, con el alma apretada pero con el amor intacto.
Te recuerdo en las calles cuando quemaban, compartiendo el mismo pan, el mismo cansancio y la misma entrega en las trincheras de lucha desde hace ya muchos años. Hablar de ti, Merly, es hablar de la entereza en su estado más puro. Fuiste la hermana inclaudicable, la que nunca dobló la rodilla ni ante las adversidades más feroces ni ante las presiones y persecuciones con las que intentaron quebrarte durante décadas. Cuando el sistema arreciaba y el costo de mantenerse firme era demasiado alto, tú te erigiste como una pared de piedra. Jamás dudaste. Jamás negociaste tus principios. De ti aprendí que la lealtad no es una palabra: es un acto cotidiano de resistencia.
Estuviste siempre donde la dignidad lo exigía, poniendo el cuerpo y el alma en la defensa de los más golpeados. No olvido tu entrega incansable en las causas que marcaron la memoria sangrienta de nuestro pueblo; allí estuviste, al frente de la batalla por la justicia ante la Masacre de Yumare, levantando la voz contra la impunidad en Cantaura, El Amparo y El Caracazo, dignificando a las víctimas y enfrentando a los verdugos sin un solo rasgo de cobardía.
Y cómo no recordarte en las horas más oscuras y decisivas, en aquel abril de 2002. Mientras el pueblo sostenía la patria en las calles y en Puente Llaguno frente al golpe fascista contra el Comandante Hugo Chávez, tú asumiste con un coraje que me estremeció la defensa de los camaradas perseguidos. Frente a la rabia y al poder de los golpistas, tu firmeza fue un escudo para los nuestros. No te amedrentaron las amenazas; tu sentido de clase y tu compromiso estuvieron intactos cuando más peligroso era dar la cara.
Hoy, se me quiebra la voz y me queda un vacío inmenso en el pecho, el golpe seco de perder a la hermana con la que compartí muchos años de vida y lucha. Pero me queda tu ejemplo incorruptible, tu risa franca entre tanta tormenta y tu firmeza de acero. No te vas, Merly. Te quedas sembrada en cada batalla que continúa, inquebrantable en cada trinchera que no se rinde y viva en mi alma, que jamás te va a olvidar.
¡Hasta la victoria siempre, Merly!
Suscribe, tu hermana de sueños y luchas;
Virginia King


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