Sonia López
Me encuentro respondiendo QUE SÍ, que por supuesto que sí. La izquierda roja comunista puede imponerse y gobernar a la Argentina, absolutamente sí. Y sin haberlo pensado mucho lo afirmo ya que después de todo: para eso militamos y luchamos toda una vida los comunistas contra el capitalismo y el imperialismo que somete a nuestro pueblo, a las diversas versiones coloniales que se han aplicado.
Pero mucha gente se lo está preguntando ahora. Y eso expresa una oportunidad extraordinaria. Por lo que tenemos nuevos motivos para explicar esta respuesta positiva a esta suerte de factibilidad roja y tenemos el deber de hacerlo, usando palabras que permitan existir a nuestras ideas, en esas millones de voces que nunca las pronunciaron, y autonomizarse ellas de nosotros, las ideas del socialismo, de la liberación nacional y social, del comunismo.
Estamos así, como en un estudio de factibilidad del horizonte político de nuestras luchas, de la batalla que tendremos que dar para derrotar el proyecto libertario y de entender que para ello tal vez requiera, tener que llevarnos puesto todo los que se nos meta por el camino.
Es que, para que se entienda bien esto, nos llevaron al extremo, y cada día corren aún más ese extremo en donde habitan sus leyes y decretos de pura crueldad humana. Y actúan también quienes protegen, sin ningún halo de vergüenza política, a ese corrimiento continuo, siguiéndolo desde sus propias perspectivas, pero siempre a la derecha sin fin al punto de que, para destruir esa fuerza inercial, ya estamos entendiendo, instintivamente como pueblo, que podríamos tener que martillarlo todo, a nuestro paso.
Esto ya nos ha pasado en la Argentina, y estimo que, ha pasado también en todo el continente, ya que somos un mismo pueblo histórico. La diferencia con este momento es que estamos sufriendo no solo el agotamiento del capitalismo imperialista como sistema que permitía la existencia de nuestro estado-nación, crisis que produce estos proyectos de coloniaje acelerado y abyecto, sino que también hicimos la experiencia de la rebelión popular en el 2001, donde pusimos la sangre, pero no la política que debía hacerse después de ella.
Antes de hablar de esa política, que es lo que hace falta, porque bien sabemos que somos capaces de generar las condiciones para que nada quede parado, si fuera necesario; debo responder a los eternos escepticismos reformistas – posibilistas.
Me dicen por ejemplo si acaso no estoy ciega y no veo que la derecha ultramontana ha copado Latinoamérica y que el camino es unirse hasta el centro izquierda, y acaso también hasta el centro derecha (o sea todo el centro sería lo nuestro) para así juntar la fuerza necesaria para derrotar a los libertarios. Linda historia. La misma de siempre. Hay que aliarse con la derecha, para vencer a la derecha y para no hacerle el juego a la derecha. ¿Cuál sería entonces nuestra política así? De derecha, capitalista, conservadora, antiobrera y antipopular, revestida de un discurso que, en realidad, resultó ser mentiroso.
Porque el pueblo latinoamericano le ha dado innumerables oportunidades a "la izquierda" para desplegar sus proyectos anticapitalistas y antimperialistas, pero no se ha hecho nada de ello y por eso se ha fracasado; Porque no confiaron en la fuerza de sus propios pueblos y de sus ideas, y han preferido pactar con el Capitalismo y con los cantos de sirena de las distintas agencias desplegadas por La Embajada.
Es que, en realidad aclaremos, en Latinoamérica no ha fracasado la izquierda, ha fracasado el progresismo liberal que usa por momento el discurso de izquierda para ganar votos. Es el reformismo posibilista, la idea de las etapas que nunca se terminan o nunca llegan, la obsecuencia con las clases dominantes que mantiene siempre esperando un tiempo mejor a la clase obrera, y a todas las capas subalternas de la sociedad, eso es lo que no va más. Que seas votado para hacer un Socialismo prometido y no lo hagas, eso ya no puede hacerse. Esa mecánica le ha hecho mucho daño al paradigma del Socialismo del Siglo XXI.
El respeto reverencial al Capitalismo "serio" y nacional es lo que se ha caído, porque realmente no existe, porque nuestro Capitalismo es esencialmente dependiente del imperialismo por lo cual, al ser trasnacional su acumulación, su jefatura política se ejerce desde la embajada imperialista y con ella, no hay reverencia posible que sea buena para nuestros pueblos.
El progresismo liberal cree que puede engañar a la geopolítica mundial y, por ejemplo: coquetear con el Multilateralismo pero obedece a Estados Unidos; quedar bien con el Estado de Israel pero mostrarse solidarios con el pueblo de Palestina; pedirle prioridad de vacunas a Rusia para salvar el pellejo de millones, para después, sin respeto por sus motivos existenciales, repudiar la operación militar contra la Ucrania.
Para entender mejor, presento un ejemplo: Seguramente el PJ cuando facilitaba estructuras, candidatos y asesoramiento a Javier Milei para poder presentarse a las elecciones presidenciales y, con ello, quitarle votos al macrismo, y así armar supuestamente tres tercios que pudieran beneficiarlo, no imaginaban que ese tercio fabricado seria el ganador en unidad con el enemigo, ni tampoco que sería este gobierno armado, el que se atreviera a encarcelar a Cristina Kirchner en coordinación con los jueces macristas. Y así pasó. Porque con la ideología no se juega y con el imperialismo tampoco, y la política con su pragmatismo corrupto, no puede eliminar la contienda de clases que la historia exige.
En la Argentina de este año 2026, aunque ya venimos desde hace años en este proceso, al progresismo liberal solo le ha quedado lo liberal, el PJ se ha corrido tanto a la derecha que son sus estructuras parlamentarias, sindicales, sociales y territoriales, las que han permitido gobernabilidad al proyecto libertario.
Es cierto que el PJ nunca fue de izquierda o que no se han identificado de ese modo, siendo muy específicos de la historia nacional del peronismo. Pero teníamos una frase difundida por funcionarios que te decían: "a la izquierda de Cristina esta la pared…", es decir, el peronismo siempre se jactó de haber captado todo el espacio de la izquierda y los que no cerrábamos allí, en determinado momento, siempre se nos ha dicho: "le hacen el juego a la derecha". Es decir, no vas a ser de izquierda, y menos anticapitalista, de hecho, tu discurso es sobre un supuesto "capitalismo serio", pero tampoco te dejan ser de izquierda a vos, te quitan ese derecho, porque dicen que ese espacio les pertenece.
Bueno, supongamos que haya sido cierto alguna vez, pero ya no. Ese juego de usar votos progresistas y de izquierda para armar versiones edulcoradas de la derecha se terminó.
El centro se está terminando. Están creciendo y crecerán más aun los extremos del tablero político y todo lo que quede en el medio deberá encolumnarse o desaparecerá del horizonte de esta batalla.
Es por ello que desde el primer momento la batalla cultural fue contra nosotros, los comunistas, el "zurdo van a correr" y toda esa amenaza era para toda la oposición, para cualquiera que proteste o discuta o levante la cabeza en esta suerte de dictadura del algoritmo y el palo con gas pimienta semanal. Pero también para nosotros, los reales comunistas, la izquierda roja.
La diputada Myriam Bregman, conocida como La Rusa, es un merecido emergente de esa visibilización de estigma que le salió mal al sistema imperante. Ella, por propia trayectoria, desde su espacio trotskista, en un devenir locuaz de representación parlamentaria impecable, en defensa de la clase trabajadora y los sectores empobrecidos, comienza a representar las expectativas de un amplio sector de la sociedad que aspira a un cambio revolucionario y ha sido burlado más de una vez, por los discursos moderados imperantes en la oposición justicialista, cada vez más derechizados.
¿Que si puede ganar La Rusa? Para contestar esta pregunta tendría que hacer reflexión aparte, donde yo pasaría a expresar que sí, que claro que puede, y como, y por qué podría, y por qué comprendo que hay que apoyarla (prometo ir escribiendo cosas sobre esto).
Pero lo más importante ahora es asimilar que si no derrotamos el proyecto libertario (Embajada Norteamericana) en los próximos días y meses, no tendremos elecciones libres ni Democracia formal como la conocíamos. Están decididos a perpetuar la neocolonia arrastrada aquí, como en toda Latinoamérica, incluso a través del fraude electoral de ser necesario y la represión permanente.
Por lo tanto, necesitamos un Frente de Liberación Nacional y Social, que agrupe a nuestro pueblo de lucha, que es grande, pero está disperso, que sume a todas las identidades revolucionarias decididas y las que se hayan podido emancipar del reformismo posibilista, con el cual han sido sometidas.
Y ello no se puede hacer sin repensar y ampliar la unidad de las izquierdas, las originarias, las rojas, que son todas aquellas organizaciones de tradición comunista, trotskista, marxistas, leninistas, maoístas, gramsianas, guevaristas, feministas, clasistas, cristianas de opción por los pobres, ecologistas, indigenistas y todas las diásporas de las identidades históricamente populares que acepten luchar contra el capitalismo y el imperialismo.
Necesitamos un movimiento amplio en su diversidad clasista, comunista y revolucionaria, y llamar al pueblo a participar para salvar a la Patria Argentina que, esta vez, será Socialista o no será nada.
¡Por la Argentina Gran Patria Socialista! ¡Venceremos!
Por Sonia López (Presidenta del Partido Comunista de Corrientes, Argentina)

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