martes, 5 de octubre de 2010

Rebelión del pueblo y gobiernos sudamericanos contra la dictadura mediática.

Hernán Mena Cifuentes.



Coincidiendo con la conmemoración del bicentenario del proceso que condujo a la independencia de los países de la región, los pueblos y gobiernos progresistas de América del Sur han iniciado una nueva gesta libertaria, esta vez para librarse de la dictadura mediática, nueva perversión del Imperio y sus lacayos que distorsiona y manipula la verdad para perpetuar su dominio político, económico y social.
Se trata de un proceso inédito y pacífico, similar a las revoluciones que se desarrollan en Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay y Uruguay, tras el triunfo electoral de progresistas mandatarios conquistado en transparentes comicios pese a la brutal campaña desplegada en su contra por la prensa escrita, de radio y televisión en complicidad con las oligarquías criollas, la Iglesia y otros agentes conspirativos financiados y asesorados por Washington.
Sin embargo, a pesar de su fracaso, los conspiradores continúan desplegando su nefasta actividad desestabilizadora liderada por los instrumentos de la dictadura mediática sustituta de la violencia de las armas de los golpes militares e invasiones de marines, al usar la agresión solapada que inyecta el veneno de su mensaje desestabilizador plagado de calumnias y mentiras contra gobiernos y líderes revolucionarios devenidos en esperanza de sus pueblos.
Dirigida y financiada por Washington, la DC desata su guerra sucia, sustentada en poderosos consorcios de radio, televisión y prensa escrita de EE UU, Europa, y sus mortíferos tentáculos se extienden por todo el planeta, con énfasis en América Latina y el Caribe, donde los medios privados, propiedad de miembros de las ricas y corruptas oligarquías desplazaron a los viejos partidos políticos, para convertirse en “punta de lanza” del golpismo en la región.
En el marco de su estrategia manipuladora, propicia o planifica se ejecuta todo tipo de acciones desestabilizadoras entre las que figuran marchas, huelgas, guarimbas como preámbulo de un golpe de Estado y en algunos casos movimientos secesionistas y otros actos terroristas magnificados por la prensa mercenaria, su motor y base, que día tras día lanza andanadas de calumnias y mentiras contra los gobiernos democráticos y sus líderes.
Ejemplo de ello fue el golpe de Estado asestado el 11-A de 2002 contra el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, impulsado y protagonizado por los medios privados del país, que derrocó al presidente Hugo Chávez Frías por 47 horas, seguido por el sabotaje petrolero de diciembre de ese año y enero de 2003, y otras acciones como el secuestro de la flota petrolera y el boicot del transporte marítimo, terrestre y aéreo.
Nunca antes el mundo presenció algo igual. Una conspiración liderada por la dictadura mediática, cuyos agentes silenciaron la verdad y difundieron la mentira, presentando al proceso revolucionario, que fue su víctima, como el victimario, y cuyo líder, cuando el pueblo y la fuerza armada leal lo restituyó en el poder tuvo la nobleza de perdonarles su crimen, error que les permitió proseguir impunemente con sus planes golpistas, hasta que Chávez dejó de ser el ingenuo de antes y dijo: “Basta.”
Contra los gobiernos progresistas de Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay y Uruguay, la dictadura mediática ha seguido el mismo patrón desestabilizador, desplegado con mayor brutalidad en el país del Altiplano, donde la minoría una clase poderosa y racista entronizada en el poder desde hace siglos se negó a perder sus bastardos privilegios incendiando el país con un movimiento separatista, paros, huelgas, masacres e intentos de magnicidio.
Sólo la valentía y voluntad de lucha de la gran mayoría del pueblo boliviano, víctima del racismo de esa minoría racista que se adueñó de sus tierras ancestrales y los mantuvo en condición de esclavos durante siglos, pudo derrotarlos, de la mano de su líder y presidente Evo Morales, impulsor una gesta reivindicadora de sus legítimos derechos, lucha que aún prosigue pues los golpistas siguen conspirando a través de la dictadura mediática.
Lo mismo sucede en Argentina, Paraguay, Uruguay, Venezuela y otros países de la región, donde miembros de la burguesía urbana expulsaron a sangre y fuego de sus tierras a campesinos e indígenas para convertirse en ricos y poderosos terratenientes, latifundistas y productores agropecuarios, acérrimos opositores a cualquier tipo de reforma agraria pago de impuestos y cualquier otra medida orientada a controlar sus obscenas ganancias.
Cuando eso sucede, enfrentan abiertamente a las autoridades declarando paros, cierres de vías y actos de violencia activa, porque cuentan con el apoyo de la dictadura mediática cuyos agentes de inmediato enfilan sus armas contra los gobiernos que adoptan esas medidas, acusándolos de atentar contra la libertad de empresa.
En el marco de esas acciones y demás campañas antigubernamentales, los espacios de diarios, revistas, radio y TV, son utilizados igualmente para ofender, insultar y enlodar la imagen de los presidentes progresistas cuyos innovadores programas sociales en materia de educación, salud, alimentación y en otras áreas en beneficio de sus pueblos, son silenciados o son víctimas de sus agresiones, esgrimiendo como pretexto la libertad de prensa, que en sus manos se ha convertido en libertinaje.
Su objetivo es evidente, ya que como explica Manuel Freytas, en la tercera entre de la serie de trabajos publicados en IAR Noticias sobre La Guerra de Cuarta Generación, referida al rol de los medios como nuevo ejército represivo del sistema: “Por su altísimo potencial formador y orientador de conducta social a escala masiva, (conseguido a través de la manipulación) los medios de comunicación se han convertido en la columna vertebral de las estrategias de dominio del sistema capitalista a escala global.”
Es por ello que, conscientes de la amenaza que la dictadura mediática representa para la estabilidad de los procesos revolucionarios de la región, sus líderes han respondido con una contraofensiva que lejos de utilizar la violencia que sus enemigos esperaban que usarían, para acusarlos de represión y de atentar contra la libertad de prensa, están usando, para su sorpresa y desorientación, las armas de la ley, como idóneo instrumento de justicia.
Esa innovadora estrategia de lucha revolucionaria, no se libra como hace dos siglos en sangrientos campos de batalla como los de Carabobo, Boyacá, Pichincha, Maipú, Junín y Ayacucho donde Bolívar, Sucre, San Martín y O´Higgins derrotaron a las fuerzas del imperio español, sino en los Parlamentos, en nuevos medios con su legión de periodistas revolucionarios, en una acción conjunta destinada a despojar de sus privilegios a los medios mercenarios de EE UU, el imperio que sustituyó al de España en la región.
Desde las legislaturas, se elaboran proyectos de leyes destinadas a neutralizar el veneno de las calumnias destiladas por los agentes de la dictadura mediática, mientras surgen espacios informativos como Telesur, AVN, ABI, Vive, Correo del Orinoco y un ejército de medios alternativos desde donde se difunden noticias, opiniones y análisis precisos y orientadores así como las realizaciones de los gobiernos, en el marco de un proceso en el que la verdad se contrapone a la mentira de los medios mercenarios.
Esa visión de libertad sustituta de la dictadura mediática, la vislumbró hace tiempo el presidente venezolano Hugo Chávez Frías, cuando de cumbre en cumbre, divulgaba su mensaje revolucionario como profeta predicando en el desierto ante la indiferencia y el desdén de timoratos y cobardes mandatarios vasallos del Imperio, que fueron barridos por el viento de furia de los pueblos que los sustituyó con sus votos, por líderes revolucionarios como el venezolano.
Fue comenzando el año 2005, durante la celebración del Foro Social en Porto Alegre, que el jefe del Estado venezolano reiteró en rueda de prensa ante más de un centenar de periodistas procedentes de todas partes del planeta, la impostergable necesidad de luchar unidos contra la dictadura mediática.
“Lo he puesto en la mesa en muchas cumbres de presidentes, -dijo en aquel entonces- pero casi nadie quiere tomar el tema. Es como un tabú,” No puede haber libertad ilimitada. -dijo- Estoy tomando una frase de Juan Pablo II, cuando se comienza a vulnerar las libertades y dignidades ajenas, ya se está violando la propia libertad”, enfatizó.
A continuación el comandante anunció ante los representantes de los medios allí presentes que “ando proponiendo que pasemos a la ofensiva, así como el imperialismo ha pasado a la ofensiva de manera abierta, desgarradora y sangrienta, sino, -señaló como ejemplo- veamos el caso de Irak, Venezuela y los últimos discurso de Bush.”
A continuación citó el viejo principio militar de que “la mejor defensa es el ataque. Desde este punto de vista, -dijo- hemos propuesto desde Venezuela que elaboremos una agenda mundial porque no podemos seguir sólo debatiendo, es la dialéctica, pensamiento y acción.No se puede dejar todo en manos de los dirigentes que participan en estas cumbres. Se debe lanzar una agenda ofensiva, de ataque, un plan de ataque, una agenda alternativa.”
Cinco años después, aquel llamado comienza a hacerse realidad al extenderse como un incendio que amenaza con arrasar bajo sus llamas el edificio de la dictadura mediática, al debatirse en algunos parlamentos (Argentina y Ecuador) sendos proyectos de leyes de prensa dirigidas a acabar con la impunidad de los medios que atentan contra la estabilidad de los gobiernos progresistas.
Se busca erradicar viejas leyes de prensa aún vigentes, sustento de sangrientas dictaduras cuyos tiranos le otorgaban a los dueños de los diarios, radioemisoras y televisoras, “favores especiales” como adquisición ilegal de papeleras, publicidad oficial y otras prebendas a cambio del silencio de sus crímenes.
Y como siempre, son los mismos de entonces, los agentes del Imperio, como la Sociedad Interamericana de Prensa y los propietarios de esos medios, los que hoy denuncian a las nuevas leyes de atentar contra la libertad de prensa, los mismos que durante décadas se han burlado y manipulado la verdad imponiendo la mentira.
Pero, el avance de la justicia es irreversible, ya que a la iniciativa de esos parlamentos orientada a terminar de una vez por todas con esa ventaja y alevosía informativa, se ha sumado un ejército de medios alternativos surgidos del corazón del pueblo, cuyo número aumenta cada día, que con la luz de la verdad iluminan el mundo de oscuridad en el que la dictadura mediática sumió a nuestros pueblos.
Porque, Chávez no está solo como antes, cual profeta predicando en el desierto. Su llamado hecho hace cinco años en Porto Alegre durante el Foro Social Mundial fue escuchado por los pueblos representados en los parlamentos de Argentina y Ecuador y hoy se extiende como incendio por la región amenazando con acabar de una vez por todas con la dictadura mediática “columna vertebral de las estrategias de dominio del sistema capitalista a escala global.”

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