martes, 30 de julio de 2024

Se multiplican los desalojos para un «París de tarjeta postal»

 Por Jessica Stephan | 30/07/2024 | Europa

Fuentes: Correspondencia de Prensa - Viento Sur

«Limpieza social» previa a los Juegos Olímpicos de París: 12.500 personas fueron desalojadas en la región parisina

«¡Fuera, las Olimpíadas son dentro de dos meses, no tienen nada que hacer aquí!» Con la voz grave, Fouad, voluntario de la asociación Enfants du Canal, cita las palabras pronunciadas por los policías a las personas que vivían en las calles y que se disponían a evacuar a la fuerza. Ya en junio, un informe de las 104 asociaciones de solidaridad que forman el colectivo Revers de la médaille alertaba sobre la «limpieza social» que se estaba produciendo en vísperas de los Juegos Olímpicos de París: 12.500 personas habían sido desalojadas en la región parisina durante el año anterior.

Eran unos doce los que tomaron la palabra, invitados por Revers de la médaille, a orillas del Sena, en París, el 16 de julio. Refugiados, menores no acompañados, personas sin hogar, en situación de calle… Voces e historias diversas, pero todas ellas describían una situación que se había deteriorado dramáticamente pocos días antes de la inauguración de los Juegos.

Y para Paul Alauzy, coordinador de Médicos del Mundo, los poderes públicos se extralimitan: «Podemos hablar de fase final de la limpieza social». Los días 16 y 17 de julio fueron evacuados siete campamentos en los que se encontraban más de 500 personas. Entre ellos se encontraban los últimos campamentos de inmigrantes del canal de Saint-Denis. «A diez días de los Juegos, las autoridades tienen un poco de pánico», afirma Paul Alauzy. El gobierno y la prefectura regional mantienen algunos lugares vacantes en la región de Île-de-France (la capital y alrededores, ndt) para alojar a los últimos evacuados.

La asistencia evoluciona
«Durante un año, la estrategia muy clara de las autoridades consistió en alejar de la vida olímpica al mayor número posible de personas consideradas indeseables, enviándolas a otras regiones mediante el sistema de esclusas regionales», explica Paul Alauzy. Un resultado de la lógica de «desconcentración» aplicada desde 2015, añade. Las personas evacuadas de sus campamentos tuvieron que cumplir «condiciones drásticas» para permanecer en Île-de-France: contrato de trabajo indefinido o contrato de duración determinada de nueve meses, domicilio en la región… Una carrera de obstáculos

Abdi, refugiado en Francia desde hace casi dos años, puede atestiguarlo. Unos cien días antes de las Olimpiadas, cuatro autobuses estacionaron frente a la casa ocupada de Vitry-sur-Seine donde él también se alojaba para llevar a sus ocupantes a otra región. «Me negué porque estoy esperando el permiso de residencia y el pasaporte de la prefectura, y una formación», dice. Desde entonces, vive en la calle. Laura forma parte de la docena de familias romaníes que fueron desalojadas con carácter de urgencia del terreno perteneciente a la autoridad intercomunal de Plaine Commune, que las alojaba. Vive con sus hijos en un parque -las familias, que ganaron su recurso ante el tribunal administrativo, aún no han sido realojadas.

Cambio de estrategia de las autoridades
Detrás de las dificultades de estas existencias dispersas se esconde la conciencia de ser invisibles. El objetivo sigue siendo el mismo: «¡Deslocalizar la miseria!», dice Paul Alauzy, para mostrar a los espectadores un «París de tarjeta postal». Pero el cambio de estrategia en vísperas de los Juegos es flagrante. Ahora envían a los evacuados a «lugares tampón» creados por la Drihl (dirección regional e interdepartamental de alojamiento y vivienda) en toda la región de Île-de-France. Algunos de estos sitios funcionan como centros administrativos de acogida y examen de las situaciones administrativas (CAES), gestionados por la prefectura regional, con una evaluación de la situación de los inmigrantes. En una nota interna de junio, que L’Humanité pudo consultar, la Drihl anunciaba 539 lugares de «acogida» para familias y 224 lugares para personas solas en gimnasios y hoteles sociales. La mayoría de estos lugares fueron abiertos el 1 de julio.

Le Revers de la médaille había identificado 3.000 plazas en hoteles sociales -alquilados por el Estado para personas en situación precaria- suprimidas en la región de Île-de-France en 2023 para que los hoteles pudieran reanudar sus actividades turísticas. En junio, el colectivo pidió a los poderes públicos que dieran un «paso cualitativo» en la atención a las personas sin hogar. Sin resultado. La duración del alojamiento también había sido restringida. Con consecuencias, como describen tres madres de la República Democrática del Congo que ahora se enfrentan a las dificultades de cambiar constantemente de alojamiento. Atrás quedaron los períodos renovables de un mes en el mismo alojamiento, que permitían estabilizar la situación al mínimo e inscribir a los niños en una escuela cercana. Había cambios cada semana: «Por la mañana, teníamos que salir con todas nuestras pertenencias. Vagamos por toda la ciudad para ir a dormir. Y no sabemos qué nos va a pasar durante las Olimpíadas. Pocos días antes de los Juegos, los alojamientos reubicados en «lugares tampón» de la región de Île-de-France les dan refugio durante treinta días, lugares explícitamente «no perennes», según la nota interna de la Drihl. Otra forma de ocultar la miseria mientras duren los Juegos.

Los campamentos son evacuados y el espacio público también se vuelve inhóspito para impedir así su reubicación. En el Quai de Jemmapes (relativamente cerca de, por ejemplo, el Centro Pompidou), se instalaron «mesas de picnic y una nueva barcaza» al día siguiente de la evacuación, informa Paul Alauzy. En la Galerie de l’Ourcq (en el Parque de la Villette), donde fue evacuado un campamento el 16 de julio, se va a instalar una estación Vélib’ (biciletas de alquiler) para facilitar el acceso a la zona de fiestas del Parque de la Villette. En el puente de Stains, en Aubervilliers (Seine-Saint-Denis), colocaron bloques de cemento que parecen ladrillos de Lego. Si bien los campamentos no son una solución de alojamiento, las evacuaciones conducen a un aislamiento social aún mayor y alejan a las personas evacuadas de las asociaciones (que les brindan asistencia).

Cuando le pidieron que llevara la llama olímpica, Pierre, cofundador de la asociación BubbleBox, que construye duchas móviles para personas sin hogar, refugiados e inmigrantes, «dudó en decir que no». Pero aceptó por el bien de los beneficiarios y de los militantes de la asociación. «Si yo llevaba la llama, era por ellos, porque ellos tienen la llama y la llevan todos los días. Esta llama ilumina, calienta, incendia, nunca se apaga». Migrantes, refugiados, trabajadores sin papeles, menores no acompañados, trabajadoras y trabajadores del sexo… todas estas personas invisibles esperan que sus historias sirvan para que tomemos conciencia de la situación. Le Revers de la médaille tiene previsto hacer un balance de los Juegos Olímpicos en septiembre. Pierre concluye: «Reclamamos la esperanza de poder disfrutar de los Juegos sin que la fiesta se vea enturbiada por el trato indecente a seres humanos vulnerables y excluidos».

Fuente: https://vientosur.info/se-multiplican-los-desalojos-para-un-paris-de-tarjeta-postal/

El Impacto de La Conciencia de Clase en Las Preferencias Políticas

 

Por D. W. Livingstone

Las preferencias políticas son debatidas a menudo a través del prisma exclusivo de la clase media. Pero los datos empíricos indican que la clase influye significativamente en los patrones de voto, y que una creciente conciencia de clase provoca insatisfacción con los partidos del establishment.

La percepción más profunda de Karl Marx fue reconocer cómo el fetichismo de las mercancías —la fijación en las simples mercancías en sí mismas— oscurece las formas en que el trabajo de los obreros da forma a la mayoría de las mercancías y genera los beneficios, o plusvalía, por los que los capitalistas compiten obsesivamente. Esta competencia es la fuerza motriz esencial del modo de producción capitalista.

En los Estados capitalistas avanzados, la mayoría de los partidos políticos practican una forma de fetichismo político: se presentan a sí mismos como constituidos por y en representación de la ciudadanía en general, con políticas y candidatos que abordan las demandas sociales de la mayoría. Sin embargo, en la actualidad, diversas perspectivas políticas críticas señalan que los principales partidos gobernantes de muchos países continuamente legislan y asignan recursos que sirven en gran medida a los intereses de las élites políticas, prestando mínima atención a las necesidades de la mayoría. Las relaciones políticas estratégicas que configuran muchas iniciativas y asignaciones de recursos quedan en gran medida ocultas a la vista y a la mayoría de los votantes.

La opinión temprana de Marx de que el Estado moderno no era más que el brazo ejecutivo de la burguesía evolucionó más tarde en una comprensión más compleja de las relaciones de clase dentro y contra el Estado. Con la llegada de la producción en serie, la clase obrera industrial alcanzó una masa crítica suficiente para formar sus propias organizaciones, como los cartistas en Inglaterra y el primer partido obrero del mundo, fundado en Estados Unidos en 1828. Estos partidos perseguían directamente los programas de la clase obrera. Desde entonces, muchos izquierdistas han actuado con la esperanza de que la lucha de clases democrática condujera a la transformación política hacia el socialismo.

Durante casi dos siglos, el Estado capitalista, establecido para proteger los derechos de propiedad privada, ha hecho concesiones a los derechos sociales exigidos por los asalariados, especialmente en lugares con movimientos obreros muy organizados y partidos políticos socialdemócratas fuertes. Sin embargo, se siguen dedicando ingentes recursos a publicitar y promover intereses económicos y políticos capitalistas fetichizados. En los pocos casos en que los movimientos transformadores han supuesto una amenaza política, han sido desviados o socavados por la fuerza ideológica y coercitiva del capitalismo corporativo y sus aliados.

Niveles ocultos de conciencia de clase

Los investigadores y expertos tanto de la izquierda como de la derecha asumen ahora que la conciencia de clase entre los trabajadores está silenciada hasta el punto de ser irrelevante para las cuestiones políticas en el capitalismo avanzado. Las suposiciones predominantes son tautológicas: o bien hay poca conciencia de clase real, por lo que los partidos políticos no tienen electorado para dar forma a plataformas en torno a cuestiones de clase, o bien los partidos políticos establecidos evitan las cuestiones de clase, por lo que la gente no tiene foros populares para desarrollar y expresar esa conciencia. En consecuencia, las investigaciones prestan poca atención a la relación real entre la conciencia de clase y las preferencias por los partidos políticos. Indagaciones recientes han hallado asociaciones mínimas entre las posiciones objetivas o la identidad de clase y las preferencias partidistas, perpetuando aún más la tautología

Existe un consenso cada vez mayor en torno al carácter tripartito de la estructura de clases del empleo en el capitalismo avanzado, que incluye a propietarios, directivos y empleados no directivos. También se reconoce ampliamente el declive de los trabajadores industriales y el crecimiento de los empleados profesionales (o «trabajadores del conocimiento»). La identidad de clase media se ha extendido mucho más a raíz del consumo masivo de mercancías y de la creciente visibilidad tanto de los ricos acaudalados como de los pobres indigentes. Pero la mayoría de las investigaciones empíricas sobre la conciencia de clase han ignorado en gran medida a los capitalistas corporativos más poderosos y a los altos directivos, han confundido a los directivos con los empleados profesionales y se han centrado principalmente en la identidad culturalmente hegemónica de la clase media. No es de extrañar que las relaciones entre clase y conciencia de clase hayan resultado ser muy modestas.

Podemos distinguir dos niveles superiores y a menudo ocultos de la conciencia de clase: la conciencia de oposición y las visiones clasistas de la sociedad. La conciencia de oposición implica tener intereses de clase opuestos a los de otra clase: principalmente a favor del capital o a favor de los trabajadores. La conciencia de clase implica tener visiones de la sociedad que se alineen con los intereses de clase, como pueden ser, esencialmente, una visión capitalista hegemónica de una economía continua basada en el beneficio y dirigida por la dirección o una visión obrera revolucionaria de una economía sin ánimo de lucro con autogestión de los trabajadores.

Muchos intelectuales de izquierda creen ahora que los trabajadores tienen en general una conciencia de oposición contradictoria, debilitada por la ideología burguesa dominante y que son incapaces de concebir una alternativa real al capitalismo. Esto dista mucho de ser cierto. Las pocas encuestas nacionales que han abordado estas cuestiones han encontrado que las personas con una conciencia progresista de oposición protrabajo (que apoyan incondicionalmente el derecho de huelga y se oponen a la maximización de beneficios) superan significativamente a las que tienen una conciencia procapital (que se oponen incondicionalmente al derecho de huelga y apoyan la maximización de beneficios), y que el número de partidarios protrabajo parece estar aumentando.

Además, estos mismos sondeos señalan que quienes tienen una conciencia obrera revolucionaria (que combina la conciencia de oposición protrabajo con una visión de la economía sin ánimo de lucro y la autogestión de los trabajadores), constituyen un grupo pequeño pero creciente. Este grupo es mucho mayor que aquellos cuyas visiones defienden claramente las condiciones capitalistas existentes.

Las proporciones de personas con conciencia de oposición protrabajo son probablemente minoritarias en todos los países capitalistas avanzados en la actualidad, y aquellas con conciencia obrera revolucionaria son probablemente menos del 20% en todas partes. Sin embargo, estas cifras son considerables y parecen estar aumentando en medio al ritmo de las actuales crisis ecológicas, económicas y políticas. Superan significativamente en número a los defensores del capitalismo con conciencia de clase.

La reproducción del Estado capitalista democrático liberal depende menos de los defensores con conciencia de clase y más de los trabajadores con conciencia de clase pragmática: aquellos que pueden aceptar la maximización de beneficios con ciertas condiciones o apoyar el derecho a la huelga en circunstancias específicas, y no perciben ninguna alternativa viable al capitalismo. Sin embargo, pequeños grupos con visiones progresistas coherentes y comprometidos con una acción política no violenta sostenida han tenido mucho éxito a la hora de liderar movimientos políticos a favor del cambio en muchas cuestiones durante el siglo pasado. La cuestión central sigue siendo: ¿cómo se relaciona la conciencia de clase con las opiniones sobre cuestiones políticas y el apoyo a determinados partidos?

Política y conciencia de clase

La cuestión de la reducción de la pobreza ha sido históricamente decisoria en muchos países capitalistas avanzados. Los ricos tienden a ver la pobreza como una responsabilidad individual, mientras que los menos acomodados apuntan a las condiciones económicas generales. En las últimas décadas, con una riqueza cada vez más conspicua y un empobrecimiento cada vez más visible, se ha producido un aumento general del apoyo a la reducción de la pobreza en muchos países. Las relaciones entre formas más amplias de conciencia de clase y esos sentimientos de apoyo a los pobres en Canadá en 1982 y 2016 muestran diferencias pronunciadas y crecientes, como se resume a continuación.

Apoyo a la reducción de la pobreza según la conciencia de clase en Canadá, 1982 y 2016.

A lo largo del periodo, el acuerdo general sobre la necesidad de medidas de apoyo a la pobreza aumentó de dos tercios a más del 80%. Una pequeña minoría, que comprendía alrededor del 2%, que se veía a sí misma en el nivel superior de la estructura de clases y creía en lo correcto de su carácter lucrativo, se resistía a las medidas que pudieran disminuir la competencia entre la mano de obra potencialmente contratada. En cambio, un grupo mucho mayor, que abarcaba más de un tercio, con diversos grados de conciencia obrera simpatizante, opositora o revolucionaria, apoyaba cada vez más las iniciativas destinadas a mejorar las condiciones de vida de los pobres.

En la década de 1980 se observaron pautas similares en otros países capitalistas avanzados, como indican los datos de algunas encuestas relevantes. Sin embargo, a pesar de estos sentimientos, han prevalecido las medidas de austeridad del Estado, alineadas con las preferencias de la pequeña minoría que mantiene puntos de vista capitalistas hegemónicos y su influencia sobre los políticos elegidos.

El reciente patrón de conciencia de clase sobre la acuciante cuestión del calentamiento global en Canadá refleja esta tendencia. En 2016, una gran mayoría de canadienses estaba de acuerdo en que el calentamiento global supone una amenaza para la vida humana, con un apoyo prácticamente unánime entre aquellos con conciencia protrabajo. Por el contrario, aquellos con conciencia de clase capitalista hegemónica tendían a negar la relevancia de esta amenaza: una mentalidad elitista vintage.

En resumen, los escasos datos de encuestas directas sobre las relaciones entre las formas más elevadas de conciencia de clase y las cuestiones políticas más debatidas indican que las personas con conciencia protrabajo son las que expresan un mayor apoyo a los programas políticos progresistas. Los que tienen una conciencia favorable al capital muestran la mayor oposición, mientras que los que tienen una conciencia más pragmática tienen opiniones encontradas sobre cuestiones políticas en general. Aunque no se trata de una simple tautología, estos resultados no son del todo sorprendentes. Lo que llama la atención es la significativa disparidad entre las opiniones capitalistas hegemónicas y la opinión popular.

Pero, ¿qué hay de la asociación entre la conciencia de clase y el apoyo a los partidos políticos realmente existentes, que son las organizaciones elegidas para dar forma a las políticas que responden a todo el electorado? Las pruebas directas sobre esta cuestión son escasas. Algunos datos proceden de la encuesta de Erik Olin Wright realizada en 1980 durante las elecciones presidenciales en las que el republicano Ronald Reagan venció al demócrata Jimmy Carter. Quienes tenían una conciencia favorable al capital tenían cuatro veces más probabilidades de votar a los republicanos que aquellos que tenían una conciencia favorable a los trabajadores, mientras que casi la mitad de este último grupo optó por una afiliación independiente o de otro partido.

La encuesta canadiense de 1982 se realizó tras las elecciones federales de 1980, que devolvieron al Partido Liberal de Pierre Trudeau a la mayoría. Los procapitalistas tenían el doble de probabilidades de decantarse por el Partido Conservador que los protrabajadores. Y estos últimos tenían cuatro veces más probabilidades de decantarse por el socialdemócrata Nuevo Partido Democrático, que recibió alrededor del 20% de los votos.

Un análisis más reciente de la encuesta canadiense de 2004, en la época de las elecciones federales del gobierno liberal en minoría de Paul Martin, muestra resultados significativos. Las personas con conciencia protrabajo solo tenían la mitad de probabilidades de votar a los principales partidos liberales o conservadores que las que tenían conciencia procapital. En cambio, casi dos tercios optaron por apoyar a partidos socialdemócratas u otros, o se negaron a alinearse con ningún partido. Las escasas pruebas muestran diferencias sustanciales en las preferencias partidistas en función de las formas de conciencia de clase. Sugiere que el creciente número de individuos con conciencia protrabajo, junto con otros, son cada vez menos proclives a apoyar a los partidos capitalistas dominantes.

De cara al futuro

Actualmente nos enfrentamos a una combinación de amenazas sin precedentes, como la degradación ecológica sistémica, las desigualdades económicas, un posible invierno nuclear y una falta de confianza generalizada en las instituciones políticas establecidas. La principal consecuencia política hasta ahora ha sido un nivel de protesta social y medioambiental sin precedentes. Votar a los principales partidos capitalistas se entiende ahora como un gesto político limitado, a menudo abordado con cinismo o evitado por completo, con pocas expectativas de que los partidos aborden estas cuestiones acuciantes.

En el ciclo electoral que se abre, los demócratas de Joe Biden ofrecen obviamente políticas más progresistas que los republicanos de Donald Trump. La gente debería votar a su candidato progresista preferido, pero no debería hacerse ilusiones. La probabilidad de que cualquiera de los dos partidos aplique políticas que desafíen los programas establecidos de las élites corporativas, que financian a la mayoría de los candidatos electos, sigue siendo escasa. Es necesario que muchos partidos políticos se constituyan o reconstituyan sobre bases sociales más democráticas, con programas de políticas y recursos más democráticos.

El auge de los movimientos de extrema derecha que aprovechan políticamente las ansiedades xenófobas refleja el fracaso de los partidos tradicionales en el poder para abordar las preocupaciones democráticas que impulsan estas protestas sociales y medioambientales generalizadas. La prominencia de los reaccionarios del MAGA [Make America Great Again] en la versión de Trump del Partido Republicano pone de relieve lo lejos que se han quedado los partidos tradicionales de las organizaciones democráticas inclusivas, y lo vulnerables que son a los llamamientos autoritarios populistas y estrechos.

Los militantes progresistas deben comprometerse ahora más que nunca, tanto dentro de los partidos relativamente democráticos como en los crecientes movimientos sociales. El potencial de alianzas sostenibles entre sindicatos, colectivos de igualdad racial y de género, grupos de acción medioambiental y otros grupos de ciudadanos preocupados nunca ha sido mayor. Sean cuales sean los resultados inmediatos de las numerosas elecciones nacionales de 2024, es probable que la conciencia de clase progresista persista y aumente. Los investigadores progresistas deberían realizar esfuerzos sin precedentes para documentar los niveles ocultos de conciencia de clase y revelar sus vínculos con patrones de voto más estrechos. Las recientes encuestas experimentales de Jacobin en Estados Unidos son un comienzo prometedor. Compartir ampliamente esta inteligencia política podría ser una ayuda inestimable para las acciones democráticas dentro y fuera de las organizaciones de los partidos políticos tradicionales.

FUENTE REVISTA JACOBIN

JULIO 2024

Vitrina de nimiedades | 28J: Manual para llevar la fiesta en paz

 Como este artículo habrá cientos regados por las sabanas del mundo digital. A un día de las elecciones presidenciales, sobreabundan opiniones y visiones sobre el desarrollo de este tipo de procesos, que los medios bautizaron hace un rato como la “fiesta democrática”. Aunque se ha vuelto un lugar común, podemos valernos de la frase para proponernos llevar la fiesta en paz este 28 de julio, especialmente ante las expectativas creadas sobre una jornada altamente escrutada dentro y fuera de nuestro país. Así que nos atrevemos a lanzar algunas ideas para llevar este día en calma. No sabemos si llamarlo en su conjunto guía, manual o simplemente una lista de intenciones, pero lo dejamos por acá. A lo mejor le sirve a alguien…

Quizás, la principal recomendación sea entender que nuestro derecho a elegir pasa también por aceptar que otros piensan distinto a nosotros. Suena bonito, pero no es tan fácil de digerir, especialmente cuando se trata de acatar o celebrar (según las circunstancias) la decisión de la mayoría. Incluso, entre quienes nos acompañan en la misma acera política hay diferencias. Para entenderlo, hace falta escuchar las posiciones de otros, así estemos a punto de brincar a refutar cualquier idea. Cuesta bastante, porque estamos poniendo nuestra visión del mundo a prueba cada vez que cruzamos puntos de vista.

Así como debemos abrirnos a escuchar las posiciones políticas de los otros, nos vendrá muy bien prestar extrema atención a toda la información que nos llegará por montones a través de distintas vías. WhatsApp hará gala de su reinado en la difusión de fake news, así que antes de reenviar cualquier mensaje verifique bien, contraste con otras fuentes informativas y, si así lo cree necesario, escríbale a esa persona que puede ayudarlo a saber si está ante un bulo o no.

Además de la manipulación informativa por mensajería instantánea, las fake news también se propagarán por otras plataformas digitales, como las redes sociales, y a través del boca a boca. Se multiplicarán las típicas historias del sobrino de una amiga que trabaja con un funcionario que tiene un compadre en tal lugar, que está bien dateado y sabe qué está pasando. Con semejante coletilla, ya es suficiente para revisar muy bien lo que vendrá a continuación.

Escuchar con atención y revisar la información con criterio son elementos tan esenciales como pensar al país post electoral. Las expectativas y preocupaciones bullen en muchos sectores y, si bien lo que ocurra el domingo indudablemente influirá, hay condiciones y valores innegociables, que debemos preservar para la vida en común. La paz, el respeto, el derecho al progreso en condiciones soberanas, la posibilidad de relacionarnos con el mundo sin más condiciones que nuestros principios republicanos y las bases del Derecho Internacional, la defensa de la vida y el acatamiento a la voluntad del pueblo deben ser el alfa y omega de todo lo que ocurra tras el anuncio del primer boletín del CNE. Llevar la fiesta en paz es, en definitiva, preservar el derecho a existir como patria. ¡A votar!

 

 

 

 

 

 


lunes, 29 de julio de 2024

Columna de Juan Martorano (205) Gloria al Bravo Pueblo

 

Entrevista a la escritora Laura Casielles «Al reconocer el Estado palestino, lo coherente sería hacerlo también con el saharaui»

 Por Maria d'Oultremont | 29/07/2024 | ÁfricaEspaña

Fuentes: El diario [Imagen: Laura Casielles, autora de 'Arena en los Ojos. Memoria y silencio de la colonización española de Marruecos y el Sáhara Occidental'. Foto: Rocío Bermejo]

La autora habla en ‘Arena en los ojos’ (Libros del K.O.) de los “silencios” que siguen rodeando la colonización española de Marruecos y el Sáhara Occidental que, en su opinión, está “absolutamente ligada” con el golpe de Estado de 1936, la Guerra Civil y la dictadura franquista

Laura Casielles es poeta, periodista e investigadora. Entre sus inquietudes está la necesidad de entender “la profundidad histórica que une España con Marruecos”, una historia llena de contradicciones y “complejidades”, que a día de hoy siguen silenciadas, pese a tener efectos en nuestra contemporaneidad, “como es el conflicto del Sáhara Occidental”. Habla con elDiario.es en una cafetería del barrio de La Latina de Madrid.

Casielles asegura que uno de los principales problemas que fomentan estos “silencios” es que hemos heredado el legado colonial español “como una historia vieja por la que es difícil que nos interesemos, pero sí que nos atañe”. Con el fin de contrarrestar esta ignorancia, la autora ha escrito ‘Arena en los ojos. Memoria y silencio de la colonización española de Marruecos y el Sáhara Occidental’ (Libros del K.O.), un libro en el que evoca “los fantasmas de la Guerra Civil, la dictadura franquista y la transición a la democracia” en España, para “llenar de grises el relato” que conocemos porque, si lo “llenamos de grises, siempre será más claro”.

Ha costado mucho –y sigue costando– hablar de la dictadura y de la Guerra Civil en España. Su libro intenta hablar de ese periodo teniendo en cuenta la realidad marroquí de aquel momento. ¿A qué se debe tanto silencio?

Una de las consecuencias de que la colonialidad* siga instalada como una estructura de nuestro pensamiento es la manera que tenemos de ver el mapa del mundo. Y esto enlaza directamente con la cuestión del silencio y con el hacer. En el momento que empezamos a hablar, hay que empezar a hacer.

La colonización de Marruecos y el Sáhara Occidental está absolutamente ligada con que se pudiera dar el golpe de Estado, con el desarrollo de la Guerra Civil y con los discursos de la dictadura para obtener prestigio y riqueza del régimen franquista. Y también está ligada en cómo se construyó la transición a la democracia.

Sin embargo, a día de hoy, nos hemos desentendido. Miramos lo que ocurre en el Sáhara o lo que ocurre en Marruecos como si fuera otra gente, otro asunto, algo que no tiene que ver con nosotras. Y eso perpetúa esa desigualdad y esa responsabilidad que no es reparada. Cuando entendamos ese nexo indisoluble que implica la colonialidad y de qué manera seguimos beneficiándonos de algo que no ha sido reparado, podremos ayudarnos a pensar de otra manera.

El ejemplo más claro es la migración. Si pensamos que la mayor parte de los migrantes marroquíes que llegan a España vienen de esas zonas que fueron colonizadas por España, quizás deberíamos pensar de qué manera les afectó el expolio de sus tierras y no en esa posición de superioridad de si abrir o cerrar la puerta, sino de decir: tenemos una labor de justicia y de reparación por hacer.

*El término colonialidad no se refiere sólo al hecho histórico sino a la estructura social y de pensamiento del colonialismo.

¿Qué puede suponer para la sociedad española hablar de estos temas?

Si nos ha costado abrir la caja negra de lo doméstico, de lo que ocurrió en la península, abrir esta segunda caja lo es aún más. Nos resulta difícil desde las posiciones ideológicas que han trabajado para la recuperación de la memoria histórica.

Arena en los ojos

Por ejemplo, en el libro, un capítulo que se ocupa de la República es doloroso. Es difícil hacer nuestra memoria poniendo en cuestión lo que hicieron quienes estaban en las posiciones con las que quizás nos podemos identificar más, pero es necesario para no seguir repitiendo errores. Tendemos a contarnos la historia como si fuera inevitable, como si no hubiera sido posible hacer algo de manera diferente, mientras sí que lo era.

¿Se refiere a que el último territorio colonizado, Sidi Ifni, lo fue durante la Segunda República?

Sí, pero no sólo y no fundamentalmente eso, sino que el componente colonial es muy transversal en lo ideológico. Igual que decimos que lo de izquierda no te quita lo machista, lo progresista no te quita lo colonial tampoco. Y en el caso de la república, esto se ve. Fue un tiempo en el que poner en cuestión la matriz colonial del pensamiento no era posible, pero la realidad es que ya había otras interlocuciones posibles.

Después de la derrota de España en Anual en la Guerra del Rif, los rifeños, con Abdel Krim como líder, instauraron la primera república de África. Lo que pasó es que las potencias europeas consideraban que las personas de esos lugares no tenían nada que aportar; pero de haber tenido en cuenta estos otros pasados posibles, se habría dado lugar a otros presentes y futuros que no ocurrieron. Y eso es importante saberlo.

El libro hace referencia también a la cuestión del Sáhara Occidental. ¿Cree que va a permanecer como conflicto “congelado”?

Es curioso y lo vemos en el Sáhara y también en Palestina. Hay pequeños territorios cuya posición geoestratégica –o también por su carácter de nudo en conflictos políticos más grandes–, les hacen tener una importancia mucho mayor de la que en principio parecería estarles destinada, ya sea por su tamaño o por su población. En ese sentido, el Sáhara se ha visto atrapado como moneda de cambio en las relaciones de España con Marruecos que atañen a otros temas como, por ejemplo, la gestión de fronteras o la pesca en todo el litoral del Atlántico.

En su libro menciona varias resoluciones de Naciones Unidas que ponen énfasis en que el futuro de los territorios “no autónomos” se determinará mediante un referéndum. La última de ellas es la resolución 2602 del pasado 29 de octubre de 2021. ¿Qué ha pasado para que no sea así?

La primera traición de España hacia el Sáhara ocurre en el año 75. En lugar de seguir el proceso de descolonización, que era su responsabilidad y su cometido como metrópolis –porque el referéndum ya estaba mandado desde entonces [en las resoluciones 1514 y 1541 de 1960; o la 2625 de 1970]–, lo que hace España es desentenderse. Y se desentiende dejando el Sáhara como precio a pagar por la tranquilidad para entrar en el proceso de la transición. La orden de descolonización del Sáhara sale en el BOE al día siguiente de la muerte de Franco. En aquél entonces, España necesitaba entrar en el nuevo orden internacional del que había estado excluida por la dictadura y, para ello, sabía que tenía que pagar algún precio. Uno de esos precios fue el Sáhara. Pero como decías, existen órdenes internacionales que exigen un referéndum. No es una cuestión de opinión, lo dice la ley y [la Corte Internacional de Justicia de] La Haya, y lleva medio siglo de retraso.

Como opinión pública y como sociedad, no hemos hecho esta revisión y, por tanto, tampoco presionamos.

En 2022 se aprobó la última ley de memoria democrática. Sin embargo, no hay ninguna mención a las antiguas colonias. ¿Qué efectos tiene?

Es alucinante. Pero, insisto, tampoco se está hablando de los efectos que sigue teniendo a día de hoy la contaminación que dejaron las armas químicas en el Rif durante la colonización o el hecho de que en Guinea Ecuatorial hay opositores y periodistas presos por un régimen que sigue siendo apoyado por España. A todo esto, hay que añadirle que, como opinión pública y como sociedad, no hemos hecho esta revisión y no tenemos estos temas sobre la mesa, tampoco presionamos.

¿Qué opina de que el Gobierno español haya reconocido el Estado de Palestina?

El doble rasero es evidente. En el momento en que se reconoce el Estado palestino, lo único coherente sería reconocer también el Estado saharaui. Nada más que decir.

Se ha encontrado con marroquíes que le decían: “Con Franco no estábamos tan mal”. ¿Cuáles son sus motivos?

Ahí se cruzan dos elementos importantes. Por un lado, la colonización española se apuntaló mucho en el factor propagandístico. No era una colonización que pudiera plantearse un despliegue económico e infraestructural parejo al de otras empresas coloniales, como podían ser la francofonía o la Commonwealth, pero sí que contaba con un aparato discursivo muy buen construido. Entonces, lo que se hizo fue establecer ese relato y esa imagen de una colonización que no era violenta, y que se basaba en esa idea de hermandad que se construía, además, de una forma muy tramposa a partir de ese ‘pasado común’. Por eso se escucha eso de que ‘con Franco no estábamos tan mal’.

En el caso del Sahara, está claro, la población hoy está en los campamentos de refugiados. Lo que conocieron después de la colonización solo fue la ocupación o el éxodo. Por tanto, podríamos decir que los saharauis tienen incluso motivos para recordar con cierta añoranza el tiempo en el que estaban en ese Sáhara ocupado, al que no han podido volver en condiciones de libertad. 

Lo que los saharauis conocieron después de la colonización solo fue la ocupación o el éxodo. Por tanto, tienen motivos para recordar con cierta añoranza el tiempo en el que estaban en ese Sáhara ocupado

¿Fue esa estrategia propagandística de Franco lo que hace creer –también en España– que la colonización española fue “mejor” que la francesa o la británica?

El franquismo colonial abrió fisuras en una visión muy monolítica de lo que era el discurso franquista. En lo doméstico, ese discurso se apuntalaba en el nacionalcatolicismo y en una visión muy estrecha de lo que era ser español. Sin embargo, lo que se intentaba en Marruecos, en el Sáhara, pero también en Guinea Ecuatorial, era legitimar el colonialismo aceptando el islam como religión hermana –así lo decía Franco–, pero incluso también el judaísmo.

En contradicción de los que creen que era una colonización “mejor”, la colonización española sí fue una guerra. Había toda una estructura colonial que, efectivamente, estaba expoliando y estaba ejerciendo violencia. Fue una guerra a la que se mandó además a morir desde finales del siglo XIX a muchos jóvenes españoles de familias pobres que no podían pagarse el impuesto que les libraba de hacer ese servicio.

En la guerra de Melilla, en la guerra del Rif, quienes murieron fueron muchos chavales de familias de clases populares que ni siquiera sabían qué estaban haciendo allí. Y también muchísimos chavales marroquíes que se había visto obligados a defender su territorio. Pero es que, además, por supuesto que hubo violencia. Como decía, se usaron armas químicas [entre 1921-1927], que siguen dejando un rastro letal en la en la salud de la población rifeña –estudios señalan que, a día de hoy, sigue teniendo las mayores tasas de cáncer [el 80% de los adultos y el 50% de los niños enfermos de cáncer, procedían de la misma zona bombardeada por la aviación española, según un estudio de 2015]–.

Para muchos, la independencia fue considerada como una segunda colonización. ¿Cómo se entiende?

Esto lo dicen algunas personas allí. Cuando Marruecos alcanzó su independencia, se hizo una nueva construcción nacional. Una de sus primeras políticas fue articular la lengua árabe y francesa como oficiales. Pero en la zona del Rif, su población era en gran medida amazig y, por tanto, tenía otra lengua y otros hábitos culturales, aparte de que habían sido escolarizados en castellano.

Entonces, no sorprende que el Rif haya sido un escenario con muchas protestas. Ocurría en los años 80 con gran violencia, pero es que ocurrió hace menos de diez años con las protestas del Hirak, por las que todavía hay gente en la cárcel. Es una región que no ha encontrado el encaje que querían dentro de la construcción actual de Marruecos.

Le da mucha importancia al lenguaje. ¿Cuáles son los ejemplos más claros de eufemismos que se utilizan en España para referirse al pasado colonial?

La colonización se da con el lenguaje. Y en el caso de España, el ejemplo más claro de eufemismo es cuando hablamos de ese protectorado que permitía que, de manera muy instintiva, se activase la imagen de que lo que se estaba haciendo era una buena labor. También la forma en la que tienen los libros de texto cuando hablan del ‘desastre de Anual’ para referirse a la derrota de un ejército que trataba de invadir otro territorio.

Otro ejemplo es el de ‘La historia trascendida’, una de las publicaciones más voluminosas que se han hecho sobre la colonización española de Marruecos y que es absolutamente un ejercicio de blanqueo. Se hizo en 2012 para conmemorar el centenario de la restauración del protectorado y reforzar una retórica de reconciliación entre los dos bandos que enfatiza ese pasado común. Pero no podemos seguir llamando ‘pasado común’ a una historia de guerras y de ocupación. El lenguaje construye la realidad. Y en esta historia, ha servido para tapar y no para llamar las cosas por su nombre.

¿De qué manera hay que abordar el pasado colonial español?

Una de las consecuencias de tener todavía implantado lo colonial como manera de pensar se debe a que tenemos una enorme soberbia por la que no escuchamos. Como sociedad, seguimos creyendo que el norte tiene verdades y tiene respuestas que son las únicas válidas a las preguntas, y no escuchamos a quienes tenemos al lado y a quienes tenemos enfrente. Y esa es la gran tarea pendiente.

Quizá no se trate tanto de seguir hablando de las guerras y de las batallas, sino que es una oportunidad para inventarnos desde dónde tenemos esa conversación pendiente con el pasado, quiénes la vamos a tener –yo creo que está en manos de nuestra generación– y tratar de no reproducir las mismas estructuras de poder que hemos heredado.

Fuente: https://www.eldiario.es/desalambre/laura-casielles-reconocer-palestino-coherente-seria-hacerlo-saharaui_128_11508753.html

En Defensa de La Soberanía Electoral del Pueblo Venezolano

 

La Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad se une a las voces que se alzan en el mundo para denunciar el peligroso escenario mediático que se está llevando a cabo contra Venezuela. Se prepara todo el contexto y el ambiente para una arremetida de la derecha local y global, con todo su andamiaje mediático, para poner en duda los resultados de las elecciones del 28 de julio e intentar aislar internacionalmente a la Revolución Bolivariana, despojar al pueblo de los principales recursos, fracturar la unidad cívico-militar, provocar nuevamente la desestabilización interna e imponer un gobierno oligárquico de ultraderecha, que desarticule los avances integracionistas de la región y extienda una oleada de regímenes al estilo de Milei y su motosierra en Argentina, fieles aliados de Washington y los criminales de guerra israelitas.

Esa es la “democracia y los derechos humanos” que quieren imponer en Venezuela y en Nuestra América. Se confirman una vez más las visionarias palabras del Libertador Simón Bolívar cuando en 1829 señaló que, “los Estados Unidos parecían destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”.

Venezuela es un país que defiende la vida y la paz, que viene desarrollando uno de los procesos electorales más democráticos, diversos y transparentes del mundo. Venezuela es una democracia participativa y protagónica. El sistema electoral, reconocido internacionalmente como uno de los mas seguros del mundo, es híbrido (digital y papel) y auditado, con 31 elecciones en 25 años, con victorias y derrotas siempre reconocidas por el gobierno bolivariano. Las próximas elecciones, fruto de numerosos esfuerzos de diálogo y conciliación, pretende ser violentada por las fuerzas de la reacción que se sienten perdedoras.

Estar alertas, movilizados y movilizadas en pie de lucha en defensa de la paz, la autodeterminación, la justicia social y la prosperidad para Venezuela y otros pueblos del mundo es hoy, más que un deber, una obligación moral.

Venezuela no está sola. Marchamos con ella.

Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad
Caracas, 25 de julio de 2024

Entorno global | Séptima Gran Transformación para los próximos 6 años


 Transformación Geopolítica

Durante los últimos años, la República Bolivariana de Venezuela ha sido testigo y víctima de un lamentable asedio internacional, y ha pasado por un período de quiebre de derechos y principios internacionales básicos para el relacionamiento y conducta de los Estados, organismos e instituciones internacionales, donde se apeló al desconocimiento gubernamental.

Desde las fuerzas hegemónicas, crearon un grupo o cartel en Lima para impulsar la exclusión de Venezuela de instancias internacionales. Implementaron medidas coercitivas unilaterales, las más agresivas y progresivas en los últimos nueve años. También, bloquearon activos físicos y financieros, incautaron bienes y presionaron a nuestros aliados internacionales para evitar el contacto con Venezuela. Cercenaron el acceso a los bienes más básicos para nuestro pueblo y auparon el descrédito al ser venezolano y a criminalizar a nuestros migrantes.

Sin lugar a dudas que el daño internacional a nuestra república y a millones de venezolanos y venezolanas es incalculable. Solo a través de la unión y consenso nacional es como hemos podido, progresivamente, mantener un crecimiento económico y la legitimidad para retomar nuestro relacionamiento internacional.

La legitimidad y la legalidad siempre han existido, pero han sido cuestionadas, y en este cuestionamiento no se puede recaer. La república y su pueblo requieren del diálogo para concertar el camino en común. Por ello, el plan de las 7 Grandes Transformaciones ha sido tan oportuno, porque convoca al diálogo y a transitar un camino que reposicione a Venezuela en el lugar que le corresponde en el sistema internacional.

Para este nuevo período, se han planteado las siguientes 7 Grandes Transformaciones: 1T. Económica; 2T. Independencia Plena; 3T. Unión Territorial de Venezuela en sus Derechos Históricos, la Paz y la Seguridad; 4T. Social; 5T. Política; 6T. Ecológica y 7T. Geopolítica.

De las 7 Transformaciones estructurales, la Transformación Geopolítica adquiere una dimensión especial porque plantea la:

… definitiva inserción y el liderazgo de Venezuela en la nueva configuración del poder mundial, del mundo multicéntrico y pluripolar, preservando y desarrollando la diplomacia bolivariana de paz para seguir aportando el liderazgo de Venezuela en la reconstrucción de la integración latinoamericana y caribeña, fortaleciendo la Celac, recuperando la Unasur, desarrollando la ALBA, colaborando en fortalecer los Brics y logrando la incorporación definitiva de Venezuela a los Brics, para avanzar en las líneas estratégicas de integrarnos al mundo emergente, a los países emergentes, al nuevo mundo que ha nacido.

Venezuela ha sido un importante actor en las relaciones internacionales de Latinoamérica y el mundo, como impulsor fundamental de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, del Fondo Fiduciario Pérez-Guerrero, de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Unasur, ALBA y Petrocaribe. Una Venezuela reconocida por albergar la sede de relevantes organismos internacionales como la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA), Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (CLAD), que siempre ha brindado y brillado con importantes aportes en discusiones teóricas sobre la democracia directa y representativa, sobre la pluripolaridad emergente, sobre el desarrollo de una política exterior no tradicional sur-sur, entre otros.

Venezuela no solo ocupa una significativa ubicación geoestratégica en el mundo, sino que es un líder que, desde su historia, ha impulsado valiosos procesos de independencia y unidad. Bajo esta premisa, es fundamental reinsertarnos con fuerza y protagonismo en el sistema internacional, para profundizar los cambios que requiere el mundo para el buen vivir, el desarrollo sostenible de nuestros pueblos y la consolidación del mundo multicéntrico y pluripolar de nuestra época.

 

Orelys Castillo