jueves, 5 de febrero de 2015
Hugo Chávez Gran Misión a Toda Vida Venezuela arranca con 6 vértices estratégicos
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Hugo Chávez La Hojilla Gran Misión A Toda Vida Venezuela Nosotros somos auténticos
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miércoles, 4 de febrero de 2015
El 4 de febrero en la Historia 4 de 4
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El 4 de febrero en la Historia 3 de 4
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El 4 de febrero en la Historia 2 de 4
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El 4 de febrero en la Historia 1 de 4
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4F: Día de la Dignidad Nacional.
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EEUU no tiene jurisdicción sobre venezolanos, pero...
Jesús Silva R.
EEUU no tiene jurisdicción sobre venezolanos, pero si sobre los bienes
establecidos en su territorio, cualquiera que sea la nacionalidad de su
propietario, ya que un principio del Derecho Internacional Público es la
soberanía territorial de los Estados; razón por la cual se aplica sobre
los bienes y propiedades el régimen jurídico del país donde estos se
encuentren físicamente, de modo que las expropiaciones son legales
aunque políticamente incorrectas porque afectan las relaciones entre
naciones.
Evidentemente otro principio de las relaciones internacionales entre los
Estados es la reciprocidad, de modo que si las instituciones
administrativas o judiciales estadounidenses dictaminan que son
expropiables ciertos bienes de venezolanos en EEUU pues bien puede
Venezuela retribuir el mismo gesto y confiscar bienes gringos ubicados
en suelo criollo para garantizarse indemnización por el acto jurídico
injusto cometido por el gobierno de Washington.
Obviamente en el marco internacional, existen instancias de arbitraje y
cortes multilaterales donde el Estado expropiador puede ser denunciado y
sancionado por su actuación indebida lo cual se convertiría en
penalizaciones en el ámbito económico o comercial.
En el ámbito político, organismos internacionales podrían emitir
sanciones simbólicas que condenen la actuación del Estado autor de la
expropiación y le exijan la devolución de los bienes arrebatados a sus
legítimos propietarios ante la comunidad de países pues la recuperación
de los bienes por vía forzosa es inviable ya que los Estados gozan de
inmunidad; sólo potencias militares expansionistas han quebrantado la
legalidad internacional se han cobrado sus intereses económicos en otros
países mediante vías de hecho al margen de la ONU y otras instancias
jurídicas internacionales, es decir, invasiones militares.
Escritor, constitucionalista y militante marxista. Profesor de estudios políticos e internacionales en la UCV.
jesussilva2001@cantv.net @Jesus_Silva_R
jesussilva2001@cantv.net @Jesus_Silva_R
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Antiimperialismo,
Soberanía Nacional
Por ahora…y para siempre
Hindu Anderi
Articulo publicado originalmente en Domingo, 04/02/2007 11:58 AM
Hoy me viene a la memoria aquella tarde soleada, del 4 de febrero de 1992, cuando nos encontrábamos en el Ministerio de la Defensa esperando ver el rostro de aquel hombre que fue capaz de rebelarse en contra del gobierno de Carlos Andrés Pérez.
Sabíamos que habían otros militares, pero a éste le tocó Caracas, el Palacio de Miraflores y además, dar la cara por el grupo de rebeldes alzados.
Valió la espera. De pronto el hombre es presentado a los periodistas que allí nos encontrábamos. Yo en esa época era una de las más jóvenes e irreverentes del diario El Globo.
-¿Cómo se llama?- preguntaba con impaciencia a quienes me rodeaban: militares, civiles, reporteros, etc.
- Es el Teniente Coronel Hugo Rafael Chávez Frías-, alguien respondió.
El hombre vestido con su uniforme de paracaidista salió escoltado. Los rostros de algunos militares dejaban escapar la furtiva mirada de aprobación por lo que había hecho. Parecía que lo respetaban.
No pude escribir nada en la libreta. Apenas alcance a extender el grabador. Fijé profundamente mis ojos en el rostro zambo de aquel hombre, para nada telegénico según los parámetros de la “industria cultural”. Y me atrapó por un minuto, el minuto más largo de mi vida…el minuto que marcó para siempre a la mayoría que lo vio y lo escuchó.
“Primero que nada quiero dar buenos días a todo el pueblo de Venezuela y este mensaje bolivariano va dirigido a los valientes soldados que se encuentran en el regimiento de paracaidistas de Aragua y en la brigada blindada de Valencia. Compañeros lamentablemente por ahora los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir nosotros acá en Caracas no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien por allá pero ya es tiempo de evitar más derramamientos de sangre, ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrrumbarse hacia un destino mejor. Así que oigan mi palabra, oigan al Comandante Chávez que les lanza este mensaje para que por favor reflexionen y depongan las armas porque ya en verdad los objetivos que nos hemos trazado a nivel nacional es imposible que los logremos. Compañeros oigan este mensaje solidario. Les agradezco su lealtad, les agradezco, les agradezco su valentía, su desprendimiento, y yo ante el país y ante ustedes asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano, muchas gracias”.
Fue lapidario. Sus palabras breves, se grabaron en mi mente al punto que podía repetirlas una y otra vez; fueron las más profundas que escucharon mis jóvenes y esperanzados oídos. Y pensé como pensaron muchos “en este país nadie es responsable hasta este momento y este hombre asume la responsabilidad”.
Su dignidad y su valentía ganaron a mucha gente. Nuestra soledad no era tal. Nuestros mártires no fueron sembrados en vano. Nuestros perseguidos podían soñar con el descanso. Había hombres en armas que sentían igual que el pueblo, que sufrían igual que todos nosotros, que eran de carne y hueso. No sabía entonces si eran pocos o muchos, pero este Comandante valía por todos.
Entonces aprecié como nunca el valor. Fui testigo del comienzo de uno de los capítulos más importantes de la historia de mi país. Las palabras de este hombre desnudaron a quienes por años se vistieron con nuestra sangre, con nuestro dolor, con nuestra libertad. Estábamos dispuestos a seguir a este líder aunque vistiera verde oliva y calzara la bota militar que por años pedíamos a gritos en nuestras consignas universitarias, saliera de nuestra vida.
Desde ese momento ese hombre se convirtió en Chávez. Lo acompañamos al Cuartel San Carlos donde estuvo preso junto con sus compañeros. También le acompañaron los muertos que dejó ese 4-F. Durante dos meses, con sus días y sus noches, esperamos el traslado de los rebeldes hasta la Cárcel de Yare. Esa tarde de abril fue inolvidable. Corríamos detrás de los autobuses que se los llevaban y la gente que cada tarde los escoltaba en los alrededores del cuartel se aferraba a las ventanas de los buses. Luego vino el 27 de noviembre y dos años después terminó la prisión.
Chávez encarnaba la esperanza del pueblo que en 1998, pese a todas las campañas que lo intentaron satanizar le dio el triunfo. La hora del pueblo había llegado. Y así el pueblo aprobó la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; legitimó los poderes y una y otra vez ratificó su decisión por construir la patria buena que soñó Alí.
Y hoy cuando se van a cumplir 15 años de ese día, sigue siendo Chávez. Sigue siendo el comandante de una rebelión que acompaña todo un pueblo en contra del imperio, del capitalismo, de la guerra, de la muerte. Comandante y pueblo logramos los objetivos que nos planteamos… Y lo más hermoso, seguimos trabajando para que el destino sea cada vez mejor.
Hoy me viene a la memoria aquella tarde soleada, del 4 de febrero de 1992, cuando nos encontrábamos en el Ministerio de la Defensa esperando ver el rostro de aquel hombre que fue capaz de rebelarse en contra del gobierno de Carlos Andrés Pérez.
Sabíamos que habían otros militares, pero a éste le tocó Caracas, el Palacio de Miraflores y además, dar la cara por el grupo de rebeldes alzados.
Valió la espera. De pronto el hombre es presentado a los periodistas que allí nos encontrábamos. Yo en esa época era una de las más jóvenes e irreverentes del diario El Globo.
-¿Cómo se llama?- preguntaba con impaciencia a quienes me rodeaban: militares, civiles, reporteros, etc.
- Es el Teniente Coronel Hugo Rafael Chávez Frías-, alguien respondió.
El hombre vestido con su uniforme de paracaidista salió escoltado. Los rostros de algunos militares dejaban escapar la furtiva mirada de aprobación por lo que había hecho. Parecía que lo respetaban.
No pude escribir nada en la libreta. Apenas alcance a extender el grabador. Fijé profundamente mis ojos en el rostro zambo de aquel hombre, para nada telegénico según los parámetros de la “industria cultural”. Y me atrapó por un minuto, el minuto más largo de mi vida…el minuto que marcó para siempre a la mayoría que lo vio y lo escuchó.
“Primero que nada quiero dar buenos días a todo el pueblo de Venezuela y este mensaje bolivariano va dirigido a los valientes soldados que se encuentran en el regimiento de paracaidistas de Aragua y en la brigada blindada de Valencia. Compañeros lamentablemente por ahora los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir nosotros acá en Caracas no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien por allá pero ya es tiempo de evitar más derramamientos de sangre, ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrrumbarse hacia un destino mejor. Así que oigan mi palabra, oigan al Comandante Chávez que les lanza este mensaje para que por favor reflexionen y depongan las armas porque ya en verdad los objetivos que nos hemos trazado a nivel nacional es imposible que los logremos. Compañeros oigan este mensaje solidario. Les agradezco su lealtad, les agradezco, les agradezco su valentía, su desprendimiento, y yo ante el país y ante ustedes asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano, muchas gracias”.
Fue lapidario. Sus palabras breves, se grabaron en mi mente al punto que podía repetirlas una y otra vez; fueron las más profundas que escucharon mis jóvenes y esperanzados oídos. Y pensé como pensaron muchos “en este país nadie es responsable hasta este momento y este hombre asume la responsabilidad”.
Su dignidad y su valentía ganaron a mucha gente. Nuestra soledad no era tal. Nuestros mártires no fueron sembrados en vano. Nuestros perseguidos podían soñar con el descanso. Había hombres en armas que sentían igual que el pueblo, que sufrían igual que todos nosotros, que eran de carne y hueso. No sabía entonces si eran pocos o muchos, pero este Comandante valía por todos.
Entonces aprecié como nunca el valor. Fui testigo del comienzo de uno de los capítulos más importantes de la historia de mi país. Las palabras de este hombre desnudaron a quienes por años se vistieron con nuestra sangre, con nuestro dolor, con nuestra libertad. Estábamos dispuestos a seguir a este líder aunque vistiera verde oliva y calzara la bota militar que por años pedíamos a gritos en nuestras consignas universitarias, saliera de nuestra vida.
Desde ese momento ese hombre se convirtió en Chávez. Lo acompañamos al Cuartel San Carlos donde estuvo preso junto con sus compañeros. También le acompañaron los muertos que dejó ese 4-F. Durante dos meses, con sus días y sus noches, esperamos el traslado de los rebeldes hasta la Cárcel de Yare. Esa tarde de abril fue inolvidable. Corríamos detrás de los autobuses que se los llevaban y la gente que cada tarde los escoltaba en los alrededores del cuartel se aferraba a las ventanas de los buses. Luego vino el 27 de noviembre y dos años después terminó la prisión.
Chávez encarnaba la esperanza del pueblo que en 1998, pese a todas las campañas que lo intentaron satanizar le dio el triunfo. La hora del pueblo había llegado. Y así el pueblo aprobó la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; legitimó los poderes y una y otra vez ratificó su decisión por construir la patria buena que soñó Alí.
Y hoy cuando se van a cumplir 15 años de ese día, sigue siendo Chávez. Sigue siendo el comandante de una rebelión que acompaña todo un pueblo en contra del imperio, del capitalismo, de la guerra, de la muerte. Comandante y pueblo logramos los objetivos que nos planteamos… Y lo más hermoso, seguimos trabajando para que el destino sea cada vez mejor.
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Actualidad
"El arado y el mar" Con la soberbia de la dirigencia vamos a una derrota
Toby Valderrama y Antonio Aponte
Se nos ha dicho que enfrentamos una “guerra económica” similar a la que
contribuyó al derrocamiento de Allende, además se siente el ruido de
sables y la presión internacional, qué duda cabe. El peligro que corre
la Revolución es grande, la situación requiere de toda la inteligencia
posible. Veamos.
En esta llamada guerra se están cometiendo errores fundamentales que nos llevan a la derrota, el fondo de ellos es la soberbia del gobierno. No acepta críticas, y su autocritica es sólo, en el mejor de los casos, retórica.
No analizan la realidad, la fuerzan a entrar a martillazos en sus concepciones teóricas. Su esquema es simple, además obstinado, como el sapo que se da cabezazos contra la pared, dicen: “Hay desabastecimiento, por la guerra de los capitalistas", entonces la solución es traer más mercancía, más barata. Aplican este esquema y la situación continúa, las colas crecen, el dólar sube. Dicen “hay escasez” y, simultáneamente, un funcionario declara que compraron en 15 días el inventario de tres meses. Dejan de lado la nueva economía que está surgiendo, el bachaqueo. Lo piensan parar en su manifestación, ignoran la causa profunda, no analizan, sólo atienden a la superficie de los fenómenos. Ir al fondo cuestionaría su esquema de gobierno, su filosofía, evidenciaría el fracaso de la socialdemocracia, los obligaría a ir al Socialismo o entregarse definitivamente al capitalismo, con todas sus taras, represión, exclusión.
Como consecuencia de esta falla en las ideas que guían a los gobernantes, consideran a la economía sólo en su aspecto material. Están obligados, por su pensamiento socialdemócrata, a dejar de lado el componente espiritual de la economía, no pueden declarar que el factor principal que distorsiona la economía es el capitalista, el sálvese quien pueda, el “si da lucro es lícito”, esa es la base de las colas. Se limitan a gritar contra el consumismo (que ellos mismos estimularon) cuando estamos en presencia de una economía de la reventa, facilista, que pronto dará origen a mafias del bachaqueo.
Estamos pagando las consecuencias de haber desdibujado al enemigo capitalista, de haber coqueteado con cisneros y mendoza, de esta manera decretamos una guerra sin enemigos, dejamos intacta la conciencia que sustenta al capitalismo y pretendemos luchar contra él. Estamos pagando el clientelismo grosero, haber abandonado al Trabajo Colectivo Voluntario. Lo que hoy sucede tiene que ver con los valores que impulsó el gobierno, el “dakazo”, los raspacupos, con suponer el volumen de vehículos como índice de prosperidad; con la persecución a los programas de radio y televisión críticos, a los voceros, como La Hojilla, creadores de opinión; con el abandono de la formación política en el partido, la deficiencia del ministerio de cultura y de comunicación para difundir los nuevos valores socialistas, la falta de organización real de la sociedad y del partido.
Todo eso lo estamos pagando, y al gobierno sólo se le ocurre destinar miles de millones de dólares para la importación, cuando debía decretar una emergencia de conciencia, de formación.
¿Qué esperan para formar un Estado Mayor que dé respuesta a la pérdida del arma fundamental en una guerra, la conciencia, la espiritualidad? ¿Qué esperan para iniciar un proceso de autocrítica, aquel que conduce a la corrección del rumbo? ¿Nos dejaremos derrotar bañados de soberbia?
En esta llamada guerra se están cometiendo errores fundamentales que nos llevan a la derrota, el fondo de ellos es la soberbia del gobierno. No acepta críticas, y su autocritica es sólo, en el mejor de los casos, retórica.
No analizan la realidad, la fuerzan a entrar a martillazos en sus concepciones teóricas. Su esquema es simple, además obstinado, como el sapo que se da cabezazos contra la pared, dicen: “Hay desabastecimiento, por la guerra de los capitalistas", entonces la solución es traer más mercancía, más barata. Aplican este esquema y la situación continúa, las colas crecen, el dólar sube. Dicen “hay escasez” y, simultáneamente, un funcionario declara que compraron en 15 días el inventario de tres meses. Dejan de lado la nueva economía que está surgiendo, el bachaqueo. Lo piensan parar en su manifestación, ignoran la causa profunda, no analizan, sólo atienden a la superficie de los fenómenos. Ir al fondo cuestionaría su esquema de gobierno, su filosofía, evidenciaría el fracaso de la socialdemocracia, los obligaría a ir al Socialismo o entregarse definitivamente al capitalismo, con todas sus taras, represión, exclusión.
Como consecuencia de esta falla en las ideas que guían a los gobernantes, consideran a la economía sólo en su aspecto material. Están obligados, por su pensamiento socialdemócrata, a dejar de lado el componente espiritual de la economía, no pueden declarar que el factor principal que distorsiona la economía es el capitalista, el sálvese quien pueda, el “si da lucro es lícito”, esa es la base de las colas. Se limitan a gritar contra el consumismo (que ellos mismos estimularon) cuando estamos en presencia de una economía de la reventa, facilista, que pronto dará origen a mafias del bachaqueo.
Estamos pagando las consecuencias de haber desdibujado al enemigo capitalista, de haber coqueteado con cisneros y mendoza, de esta manera decretamos una guerra sin enemigos, dejamos intacta la conciencia que sustenta al capitalismo y pretendemos luchar contra él. Estamos pagando el clientelismo grosero, haber abandonado al Trabajo Colectivo Voluntario. Lo que hoy sucede tiene que ver con los valores que impulsó el gobierno, el “dakazo”, los raspacupos, con suponer el volumen de vehículos como índice de prosperidad; con la persecución a los programas de radio y televisión críticos, a los voceros, como La Hojilla, creadores de opinión; con el abandono de la formación política en el partido, la deficiencia del ministerio de cultura y de comunicación para difundir los nuevos valores socialistas, la falta de organización real de la sociedad y del partido.
Todo eso lo estamos pagando, y al gobierno sólo se le ocurre destinar miles de millones de dólares para la importación, cuando debía decretar una emergencia de conciencia, de formación.
¿Qué esperan para formar un Estado Mayor que dé respuesta a la pérdida del arma fundamental en una guerra, la conciencia, la espiritualidad? ¿Qué esperan para iniciar un proceso de autocrítica, aquel que conduce a la corrección del rumbo? ¿Nos dejaremos derrotar bañados de soberbia?
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Ideologia y Socialismo del Siglo XXI
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