miércoles, 21 de junio de 2017

Mitos sobre la economía venezolana (I) (versión ilustrada)

Ahora que estamos nuevamente en tiempos constituyentes y el debate sobre los modelos económicos y sociales se potencia, viene muy bien revisar varios de los mitos más arraigados y peligrosos sobre la economía venezolana.
Pasqualina Curcio
Mitos-I- Mitos que en líneas generales tributan al pensamiento ortodoxo y de derechas, pero que han sido asimilados indolentemente por más de un sector de izquierda incluyendo la gubernamental a todos los niveles. En este excelente texto en exclusiva para15 y Último, Pasqualina Curcio da cuenta de los mismos y quedamos a la espera de la segunda entrega. ¿Pensaba que lo sabía todo y estaba muy claro sobre la economía venezolana? Pues lea este texto a ver si estaba en lo correcto.
La primera condición del realismo mágico, como su nombre lo indica, es que sea un hecho rigurosamente cierto que, sin embargo, parece fantástico.
Gabriel García Márquez
Muchas historias nos han contado acerca de la economía venezolana, ya forman parte de la cultura popular, tanto, que las repetimos y repetimos hasta el cansancio. En estos momentos de convocatoria a un diálogo amplio del pueblo, quizás sea importante visibilizar las líneas que dividen lo real y lo fantástico en esos cuentos que desde pequeños nos han echado.
Hemos seleccionado algunos de ellos. Aquí los narraremos nuevamente, pero con otras versiones. Ofrecemos al lector una mirada más real y menos fantástica. Nuestras versiones las hemos ilustrado con gráficos y números.
1. Venezuela es un país monoproductor. Propios y extraños suelen contar que en Venezuela solo se produce petróleo. Las cifras que publica el Banco Central de Venezuela muestran lo contrario. En promedio, del total de la producción nacional [1], el 84% corresponde a la actividad no petrolera, mientras que la diferencia, el 16%, es producción petrolera.

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En el marco de la producción no petrolera, la manufactura ocupa el primer lugar con el 21%, le siguen los servicios prestados por el Gobierno General con 15,6% (estos incluyen salud, educación, orden público, seguridad y defensa, protección social); luego los servicios inmobiliarios con 13,2%; el comercio y servicios de reparación que representa el 12,6%; la construcción 8%; los servicios comunitarios 7%; la agricultura, ganadería y pesca el 6,4%; las comunicaciones 5,9%; el transporte y almacenamiento 4,6%.
CUENTOS DE LA ECONOMIA VENEZOLANA (I).003

Visto de esta manera, no somos un país monoproductor como siempre nos han contado. Sin embargo, lo que sí caracteriza a la economía venezolana, y que también forma parte de esta historia, es su condición monoexportadora. Alrededor del 90% son por concepto de petróleo. Exportaciones que realiza el sector público a través de la empresa Estatal Petróleos de Venezuela.

Lo relevante de esta versión de país monoexportador es la lectura o interpretación que podamos hacer, y en ese sentido, quizás el problema no radica en el hecho de que exportemos petróleo, mucho menos en el hecho de que lo haga el sector público, sino que quizás, el problema radica en el bajo desempeño de un sector privado, el cual, aunque siempre lo describen como muy eficiente, ha exportado, históricamente y en promedio, menos del 10% del total.
El 10% de exportación no petrolera ha estado conformado por la venta de productos minerales (26%); de las industrias químicas (45%); plásticos y cauchos (3%) y metales (10%) todos producidos  por el sector público [2]. La exportación del sector privado no supera, en promedio, el 1% del total.
2. No producimos lo que comemos. En una narrativa repleta de fantasía nos han dicho que todos los alimentos que comemos los venezolanos son importados. En palabras coloquiales: el venezolano ni siquiera produce lo que come.
Nada más alejado de la realidad. Del total de los alimentos disponibles, el 88%, en promedio, lo han producido nuestros campesinos, ganaderos y pescadores en tierras y mares venezolanos, el 12% restante ha sido y sigue siendo importado. [3]
CUENTOS DE LA ECONOMIA VENEZOLANA (I).004

En Venezuela se produce el 99% de las raíces y tubérculos que se consumen, el 92% de los azúcares, el 97% de las hortalizas, el 92% de las carnes, el 99% de los huevos, el 98% de las frutas y de la leche, el 90% de los estimulantes (café y té). El 63% de los cereales son producción nacional. En este rubro, la importación que se registra es principalmente la del trigo en un 100% y la cebada malteada también en un 100%, la cual es utilizada para la producción de la cerveza, estos rubros no pueden ser producidos en Venezuela por no contar con las condiciones climáticas requeridas. El 91% de las leguminosas (caraotas, frijoles, lentejas) que consume el venezolano es importado, rubro que puede ser perfectamente producido en tierras venezolanos. También se importa el 53% de las grasas, específicamente la soja.
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Quizás algunas de estas historias han servido de excusas a los grandes capitales, especialmente los que concentran la producción agroindustrial, para solicitar al Estado cada vez más divisas a tasa preferencial con el argumento de que si no tienen acceso a ellas, no podrán importarlos y por lo tanto la población padecerá hambre. También han servido para justificar el endeudamiento privado y su reconocimiento y pago por parte del Estado.
Les contamos, además, que el 50% de la producción total de alimentos procesados en la agroindustria está concentrado en el 10% del total de empresas privadas [4]. En otras palabras, la producción de alimentos procesados en Venezuela se encuentra monopolizada.
A pesar de que a veces esto no se cuenta, constituye una de las principales debilidades del modelo económico de producción en Venezuela, no solo por los efectos perversos que por naturaleza muestran los monopolios en lo que a fijación de precios y cantidades se refiere, sino sobre todo al hecho de tener que depender de unas pocas empresas que producen, importan y distribuyen un bien tan estratégico como lo es el alimento del pueblo, situación que potencia el poder de coacción que pueden ejercer estas empresas, sea por intereses económicos o por intenciones políticas, tal como ha ocurrido los últimos años en Venezuela.
La principal enseñanza de esta historia es la diferencia entre la seguridad y la soberanía alimentaria.
3. El sector público es improductivo. Cuentan también que el sector público no produce nada. Al desagregar el total de la producción por sectores institucionales, es decir, entre el público y el privado, nos damos cuenta de que, en promedio, el 34% del producto interno bruto ha sido público y el otro 66% es privado.
Las actividades del sector público en Venezuela incluyen principalmente la petrolera, los servicios prestados por el gobierno (salud, educación, transporte, defensa, orden público, seguridad, protección social), la electricidad, el agua, la minería.
Los últimos cuatro años, a pesar de la disminución de los precios del petróleo, factor determinante de los niveles de producción en Venezuela, y a pesar de las agresiones económicas contra el pueblo venezolano, en las que han sido utilizados mecanismos como por ejemplo el bloqueo financiero internacional y la inflación inducida mediante la manipulación del valor de la moneda en el mercado ilegal, la producción en el sector público registró un aumento.


La producción del sector público ha aumentado de manera sostenida desde 2003, incluyendo 2009, año en el que se registró una caída del 34% del precio del petróleo. Sin contar la actividad petrolera, la prestación de servicios por parte del gobierno general ocupa el segundo lugar de la producción después de la actividad manufacturera.
4. El sector público, contrario al privado, es ineficiente. Dicen que el Estado es ineficiente, es decir, en el sector público los trabajadores ganan un salario sin hacer nada o en el mejor de los casos, hacen poco. En cambio, las empresas privadas siempre son eficientes. Por definición, se es eficiente cuando se produce más con menos recursos. [5]
Esta historia capital y también del capital es la que ha servido para sustentar el argumento de que el Estado no debe intervenir en la economía.
En Venezuela, en promedio, la productividad laboral en el sector público, incluyendo la actividad petrolera [6], ha sido 2,5 veces mayor que la del sector privado [7]. Desde 1997 y hasta 2015, cada trabajador público produjo 8,07 millones de bolívares anuales [8], mientras que cada trabajador privado produjo 3,25 millones.
Excluyendo de los cálculos la actividad petrolera obtenemos que la productividad laboral en el sector público no solo sigue siendo 1,31 veces mayor que en el privado, sino que además, desde 2006 ha mostrado un aumento de 44%, pasando de 3,5 millones de bolívares anuales por trabajador a 5,1 millones [9]. En cambio la productividad laboral del sector privado disminuyó 14% durante el mismo período.






Estos resultados permiten reivindicar a algunos personajes de esta historia, nos referimos a los trabajadores del sector público: a los obreros de las empresas públicas; a los médicos; enfermeras; camilleros; bioanalistas; maestras de escuelas; a los que nos desempeñamos como profesores universitarios; los ingenieros y técnicos de mantenimiento de los servicios eléctricos, telefónicos y de agua; el personal de mantenimiento y limpieza; los que se ocupan de limpiar las calles y de recoger los desechos; los comunicadores; los conductores del metro, de los buses; los miembros de la policía; los integrantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana; los bomberos; los que están en el servicio diplomático; los trabajadores de la administración pública; los que administran justicia; los cocineros que preparan la comida a los niños que asisten a las escuelas; los músicos de las orquestas sinfónicas; los entrenadores deportivos; los guarda parques; los que están en los puertos y aeropuertos, quienes administran los procesos electorales, y hasta algunos diputados, en fin, todos los que desde el sector público comenzamos muy temprano la jornada diaria.
5. Solo producen las empresas privadas. Es un clásico que cualquier modo de producción distinto al privado tiene menor capacidad de producir, no solo refiriéndose al Estado, sino también a los servicios comunitarios, a las cooperativas y a las comunas.
Es el caso que desde 1999 y hasta 2015, el producto interno bruto total en Venezuela aumentó 43%. Después de las actividades financieras y de comunicaciones, la que registró mayor aumento durante ese período fue la de servicios comunitarios y sociales. En cuarto lugar está la producción de servicios del gobierno general. Las actividades agrícolas, ganaderas, manufactureras, comerciales y de transporte, principalmente en manos del sector privado, aunque también registraron aumentos desde 1999, estos han sido de menor magnitud.


Al parecer, no solo los modos de producción privados tributan a la generación de valor agregado en la economía. La propiedad estatal, como ya contamos, no solo ocupa el segundo lugar de mayor producción, no solo ha crecido los últimos años a pesar de la caída del precio del petróleo, sino que además muestra una alta productividad laboral. La producción de propiedad social ha sido una de las actividades económicas que registró mayor aumento los últimos años y por lo tanto contribuyó en mayor medida al producto interno bruto.
El reconocimiento constitucional de otros modos de producción que acompañen el ya establecido modo privado, constituiría un avance importante en la democratización de la producción y en la disminución de la dependencia de pocas, pero muy grandes empresas que en muchos sectores monopolizan la producción, importación y distribución de bienes y servicios.
6. A partir de 1999 cayó la producción privada. Cuentan en las calles y especialmente en algunos medios de comunicación que desde 1999 fue desmantelada la empresa privada, que las políticas económicas enmarcadas en un modelo de igualdad y de justicia social han generado desconfianza y desincentivo a los inversionistas. Completan el cuento diciendo que los controles de precios, el control del mercado cambiario y la supuesta falta de divisas les ha impedido producir.
Es parte de la ficción: la producción en el sector privado aumentó en promedio 35% desde 1999.
Todas las actividades económicas en manos del sector privado registraron incrementos. Por ejemplo, la actividad de las instituciones financieras y de seguros, principalmente privada, aumentó 375% durante el mismo período; el comercio, 64%; el transporte y almacenamiento, 46%; las comunicaciones 332%; la agricultura, ganadería y pesca, 27%; la manufactura, 12%; servicios inmobiliarios, 50%.
Adicionalmente, no solo ha aumentado el producto interno bruto del sector privado, la tasa de rentabilidad del capital ha registrado un incremento sostenido desde 2003, ubicándose para el año 2008 [10] en los niveles históricos más altos desde 1970, es decir, 22%.


Quién sabe, quizás quienes repiten esta historia, lo hacen para justificar la vuelta a un modelo económico neoliberal en el que no se controlen los precios de los bienes esenciales producidos por grandes monopolios, o que se congelen los salarios, o se privaticen los servicios públicos, o para que, los pocos dueños de grandes capitales, incluyendo el sistema bancario y financiero se apropien de las divisas obtenidas por la exportación de petróleo.
7. No se produce porque el gobierno expropió todas las empresas privadas. El mito de que el gobierno expropió casi todas las empresas privadas es otro de los que desde hace algunos años se escucha.
De las 28.222 unidades económicas correspondientes a la actividad industrial, solo el 1,2% está en manos del sector público, es decir, 363, mientras que el 98,71% restante pertenece al sector privado. En cuanto a las unidades económicas relacionadas con la actividad del comercio, el sector público cuenta con 294 de las 243.444 totales, es decir, solo el 0,12%, el 99,87% restante de las unidades correspondientes a esta actividad pertenecen al sector privado. De la misma manera, la actividad servicios corresponde en 0,88% al sector público, es decir, 943 unidades de las 111.333 totales, el resto pertenecen al sector privado. [11]


8. Solo vivimos de la renta petrolera. Empleando el realismo mágico como recurso literario, propio de la literatura hispanoamericana, el cuento mejor elaborado, más leído, más contado y más escuchado, dentro y fuera de nuestras fronteras, es que los venezolanos somos todos unos flojos, que no trabajamos. Que vivimos de la renta petrolera.
Para visibilizar la línea entre lo real y lo fantástico en este cuento, es fundamental conocer muy bien a los personajes y el papel que representan. Hay dos protagonistas: los dueños del capital, mejor dicho, los dueños de los grandes capitales (son pocos y no todos venezolanos) y los dueños de la fuerza de trabajo (son mayoría y casi todos venezolanos). En algunos manifiestos que recorrieron Europa cual fantasmas, a estos personajes también se les llamó burgueses y proletarios.
Es un hecho rigurosamente cierto que existe una apropiación de la renta petrolera en Venezuela. Lo que resulta fantástico es que seamos todos los venezolanos quienes, sin trabajar, nos apropiamos de ella.
Contaremos otra versión, en la que demostraremos con datos e ilustraremos con gráficos cuál de los dos protagonistas se ha apropiado, históricamente y en mayor proporción, no solo de la renta petrolera, sino del valor agregado a la economía. También contaremos cómo lo ha hecho.
Esta historia es la que mejor representa el discurso hegemónico que busca invisibilizar el principal problema del actual modelo económico venezolano: el uso, la distribución y la apropiación de la riqueza, incluida la renta petrolera. Con base en nuestra lectura de la realidad, este aspecto constituye lo medular, lo que en esencia debe ser cambiado y superado del llamado modelo rentista petrolero./15 y Último
Lo contaremos en la próxima entrega.
Notas y referencias
[1] Se utiliza el producto interno bruto, indicador que mide todos los bienes y servicios que se producen en una economía en un período determinado, por lo general en un año.
[2] Instituto Nacional de Estadística. Sistema de Consulta de Comercio Exterior. Cifras disponibles desde 1950. Hemos tenido acceso a la información desde 1980.
[3]  Son datos de la Hoja de Balance de Alimentos, instrumento utilizado desde 1950 por el Instituto Nacional de Nutrición para mostrar la información de la disponibilidad de alimentos (producción, importación y exportación).
[4]  Cifra correspondiente al año 2011, tomado de la Encuesta de Grandes Empresas Industriales de diciembre de 2013, publicada por el Instituto Nacional de Estadística.
[5]  En el caso de la eficiencia o productividad laboral, esta se calcula dividiendo el total de la producción entre el número de trabajadores.
[6]  Resulta al dividir el producto interno bruto del sector público entre el número de trabajadores del sector.
[7]  Cálculo desde 1997 hasta 2015.
[8]  Año base 1997.
[9]  Bolívares de 1997.
[10]  Disponemos hasta 2008 debido a que esta información fue tomada del trabajo de Baptista Asdrúbal, Bases Cuantitativas de la Economía Venezolana, cuyos datos se muestran hasta ese año.
[11]  Instituto Nacional de Estadística. IV Censo económico 2007-2008. http://www.ine.gov.ve/documentos/Economia/IVCensoEconomico/pdf/InformeIVCE.pdf

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