domingo, 29 de noviembre de 2020

Demos las gracias a los trabajadores y alimentos a quienes pasan hambre

 

Largas filas. Filas de personas que esperan para conseguir comida en los bancos de alimentos se extienden a lo largo de cuadras y cuadras en los vecindarios urbanos de Estados Unidos. En los suburbios y zonas rurales del país, se multiplican las filas de automóviles de varios kilómetros de longitud, al tiempo que las personas que pasan hambre y sufren de inseguridad alimentaria esperan durante horas para poder recibir una caja con comida, muchas de ellas por primera vez en su vida. También crecen las filas en los centros de diagnóstico de COVID-19, a medida que los contagios se propagan a un ritmo exponencial, con más de un millón de casos confirmados por semana en Estados Unidos. Ya van nueve meses desde el inicio de la pandemia y todavía hay una escasez generalizada de pruebas de diagnóstico para detectar el coronavirus. A pesar del alto riesgo de exposición al virus durante los viajes en avión y en las grandes reuniones familiares, largas filas de personas se acumulan ante los controles de seguridad de los aeropuertos y se congregan en las puertas de las terminales aeroportuarias. La Administración de Seguridad en el Transporte informa que, el fin de semana pasado, más de tres millones de pasajeros viajaron a través de los aeropuertos de Estados Unidos, lo que constituye el número más alto desde mediados de marzo. Todo este movimiento, en medio de una explosión de contagios, hospitalizaciones y muertes por COVID-19, que sobrepasan la capacidad de las morgues en algunas ciudades del país, ha obligado a los funcionarios de salud pública a suplicarle a la población que se quede en casa durante las festividades del Día de Acción de Gracias.

La pandemia nos confina a todos a la par, aunque nos obligue a estar separados, y deja al descubierto el racismo sistémico, la desigualdad creciente y los defectos fundamentales de nuestro sistema de gobierno. Todos necesitamos comer para vivir, pero aquí, en Estados Unidos, la nación más rica de la historia de la humanidad, muchas personas están pasando hambre.

El profesor Raj Patel, un investigador especializado en estudios sobre el sistema alimentario mundial de la Universidad de Texas, dijo en una entrevista con Democracy Now!: "Siempre nos referimos a la pandemia de COVID-19 como la gran reveladora de las desigualdades en Estados Unidos, pero cuando escuchas que alrededor del 40 % de los hogares estadounidenses se enfrentan a algún tipo de inseguridad alimentaria, te das cuenta de que se ha roto un nuevo récord, y uno bastante sombrío".

En un informe publicado en octubre, Feeding America, una organización sin fines de lucro que gestiona la principal red de bancos de alimentos de Estados Unidos, estima que 50 millones de personas sufrirán inseguridad alimentaria como resultado de la pandemia el país. El informe también señala: "Desde que comenzó la crisis, los bancos de alimentos se han enfrentado a una 'tormenta perfecta', que implica un aumento en la demanda de alimentos, una disminución de las donaciones debido a los desafíos que enfrenta la cadena de suministro de alimentos, una menor cantidad de voluntarios para dar una mano y otras alteraciones". Los menores son los más vulnerables, en especial los millones de niños y niñas que dependen de las comidas servidas en las escuelas, que ahora están cerradas o han limitado las actividades presenciales y sus servicios durante la pandemia. El mes pasado, un tribunal federal revocó una política del gobierno de Donald Trump que habría dejado a 700.000 personas sin acceso a sus cupones de alimentos, proporcionados bajo el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria, en medio de la pandemia.

Si bien en las últimas semanas hemos recibido noticias prometedoras sobre las vacunas contra el nuevo coronavirus, la posibilidad de que se pueda vacunar a la población dentro de seis o nueve meses no pone comida sobre la mesa.

¿Cuál es la respuesta del presidente Donald Trump? El presidente publica incesantemente mensajes sobre teorías conspirativas en Twitter, juega al golf y, en un claro desafío a las pautas de salud pública, fomenta la inmunidad colectiva y se la impone a toda la población, permitiendo que el coronavirus se propague por el país sin impedimentos. El líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, le dio la semana libre a todos los senadores por las festividades de Acción de Gracias. En respuesta, la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez dijo: "En la semana del Día de Acción de Gracias, nuestro país está pasando hambre y el Senado no está trabajando. No me importa de qué partido sean. Es un abandono de nuestras responsabilidades".

Mientras millones de personas no tienen acceso a la comida que tanto necesitan, los trabajadores y trabajadoras que producen los alimentos también se exponen a enormes riesgos durante la pandemia. Muchos de estos trabajadores esenciales, desde agricultores y distribuidores, hasta quienes abastecen los estantes de los supermercados y entregan las compras, han contraído COVID-19. Ellos no pueden darse el lujo de trabajar desde casa.

Los trabajadores de las plantas empaquetadoras de carnes han sufrido algunos de los peores brotes de coronavirus de todo el país. En la primavera boreal de este 2020, cuando el coronavirus arrasaba las plantas empaquetadoras de carne en todo Estados Unidos, el presidente Trump ordenó que las plantas siguieran trabajando. Los trabajadores, muchos de los cuales provienen de comunidades de inmigrantes y de hogares multigeneracionales, se vieron obligados a trabajar en espacios cerrados, a menudo con un equipo de protección personal contra la COVID-19 mínimo, sin distanciamiento social y prácticamente sin acceso a pruebas de diagnóstico.

Un estudio reciente de la Universidad de Columbia concluyó que, hasta el 21 de julio, las plantas empaquetadoras de carne habían sido la fuente de hasta 300.000 casos de COVID-19 y hasta 5.200 muertes a nivel nacional, más que nada debido a la propagación comunitaria del virus a través de trabajadores que se habían contagiado en las plantas.

Sedika Buljic, Reberiano García, José Ayala hijo e Isidro Fernández trabajaban en la planta de procesamiento de carne de cerdo de la multinacional Tyson Foods en la ciudad de Waterloo, en el estado de Iowa, y todos fallecieron entre abril y mayo por complicaciones derivadas de la COVID-19. En una demanda que las familias de los trabajadores presentaron contra Tyson Foods se hace la impactante acusación de que "el gerente de planta Tom Hart había organizado un juego de apuestas con dinero en efectivo y una modalidad donde el ganador se llevaba todo, para que los supervisores y gerentes apuesten cuántos empleados de la planta darían positivo por COVID-19". Al final, fallecieron al menos seis trabajadores y más de 1.000 se contagiaron de coronavirus. La empresa multinacional suspendió a Hart y a por lo menos otro gerente más, al tiempo que lanzó una investigación al respecto. Mel Orchard, abogado de las familias, le dijo al periódico Waterloo-Cedar Falls Courier: "Esto no va a cambiar lo que sucedió. Estas personas ya se fueron, pero ¿podemos prevenir otras muertes como estas en el futuro?".

La respuesta a esta pregunta es poner en marcha una iniciativa federal coordinada en todos los niveles, que incluya pruebas gratuitas de diagnóstico, rastreo de contactos y distribución equitativa de las vacunas contra la COVID-19. En cuanto a este fin de semana largo por el Día de Acción de Gracias, de ser posible, quedémonos en casa. Pensemos en el riesgo al que se exponen quienes nos proveen los alimentos y extendamos nuestra solidaridad y nuestro apoyo a los más necesitados.

Amy Goodman - Wikipedia, la enciclopedia libre

La escalada de Tucídides: hacia la tripolaridad

 

Los particulares desconocemos nuestros pequeños destinos; los actuarios calculan los de los grupos sociales; los estrategas anticipan los de Estados, Naciones, Imperios.

La disputa por la hegemonía mundial parece centrarse hoy en día entre tres grandes potencias, cuya preeminencia fue anticipada por algunas mentes sagaces.

En su clásico libro La Democracia en América (1835) Alexis de Tocqueville profetiza que en dos siglos, sólo habría dos potencias en el mundo: Estados Unidos y Rusia.

Poco antes, Napoleón señaló que China era un gigante dormido, y que cuando el gigante despertara, el mundo se estremecería.

Los colosos que compiten por la hegemonía mundial comparten varias características: extenso territorio, vastas poblaciones, un pasado de reorganización revolucionaria.

La dinastía Ching unificó lo que hoy es China entre 230 y 212 A.C. El Imperio ruso fue consolidado por Iván el Terrible en el siglo XVI.

Estados Unidos surge, aunque parezca contradictorio, de una reorganización para entonces revolucionaria que desde 1783 abrió las puertas a la modernidad. Su Guerra de Independencia desechó las arcaicas constricciones de la monarquía hereditaria semifeudal inglesa, cediendo el paso al ideal republicano que a su vez sirvió de coto de caza de una naciente burguesía agrícola e industrial.

Rusia y China también requirieron drásticas reorganizaciones internas para ascender a potencias modernas: revoluciones socialistas que barrieron los antiguos feudalismos y los capitalismos externos o internos, para asignar al Estado el papel rector en la economía. Gracias a ellas, en décadas, y no en siglos, pudieron medirse con las antiguas hegemonías europeas y superarlas.

A potencia mundial se llega unificando e integrando vastas poblaciones y territorios y modernizándose con reformas revolucionarias.

En su clásico Dos contra uno: Teoría de las Coaliciones en las Tríadas (1956), Theodor Kaplow señala que entre competidores de primer, segundo y tercer orden, la alianza más probable unirá a la de primer orden con la de tercer rango, pues nadie quiere un aliado inmanejable.

Las décadas siguientes confirmaron sus presunciones: Estados Unidos, para entonces primera potencia mundial, en 1971 pactó un transitorio armisticio con China, en esos días tercera potencia del mundo, para concentrarse en la Guerra Fría que la llevó a desintegrar a la Unión Soviética, derribándola de su pedestal de segundo poder planetario.

Así surgió el orden contemporáneo, en el cual Estados Unidos pretende a sangre, fuego y sanciones económicas e imponer su voluntad contra el resto del orbe ejerciendo la unipolaridad.

En su indispensable libro La escalada de Tucídides: hacia la Tripolaridad, el general Vladimir Padrino López analiza la creciente tensión entre las mencionadas potencias y su inevitable evolución hacia un mundo multipolar.

Señala Padrino que el objetivo final del conflicto lo definía Herfold Mckinder en su obra Democratic´s Ideas and Reality (1919) expresando que "quien gobierne en Europa del Este dominará el Earthland (Asia y Europa Central), quien gobierne el Earthland dominará la Isla Mundial (Eurasia y África), quien gobierne la Isla Mundial controlará el mundo".

Para el control de la Isla Mundial, China y Rusia disfrutan de incontestables ventajas: no tienen que invadirla, están ya instaladas en ella. La lucha se centra entonces en las periferias tanto terrestres como marítimas. Ello explica la frenética carrera de Estados Unidos por intervenirlas, mantener en ellas dispendiosas guerras e instalarles más de setecientas bases militares extremadamente alejadas de sus fronteras nacionales.

Para tal política Estados Unidos disfruta de accesos amplios hacia dos grandes océanos, el Atlántico y el Pacífico, conectados por el canal de Panamá, y rodea los mares de Asia a través de alianzas con Australia, Japón y Taiwan.

Para equilibrar la situación las potencias asiáticas deben vencer sus limitaciones navales. Rusia dispone de difíciles accesos marítimos por el mar congelado del Ártico y los estrechos del Báltico, pero ha desarrollado la que es quizá la fuerza aérea y la cohetería más eficaz del mundo. China goza de amplias costas, pero bloqueables por el estrecho de Malaca. Vladimir Padrino López nos revela que compensó ese incómodo cerco desarrollando lo que es hoy la más poderosa flota naval del planeta.

Pero las guerras contemporáneas no se libran sólo con tanques, acorazados y aeroplanos. Se juegan en el plano económico de la producción, el avance tecnológico y el mercado; en el ideológico del dominio de la información, el diplomático de las alianzas y el invisible del sabotaje y el espionaje.

En este sentido, señala Vladimir Padrino que China es la segunda potencia del mundo. Es la misma posición que con modestia ejemplar se reconocían los miembros de su Comité Central del Partido Comunista cuando me invitaron a un seminario en Beijing y Shangai. Pero desde octubre de 2014 el Fondo Monetario Internacional reconoció que la República Popular China era la primera economía del mundo, con un PIB de 17,6 billones de dólares, que superaba los 17,4 billones del de Estados Unidos. La deuda pública de este último sobrepasa su PIB, mientras que la China apenas llega al 4% de su propio PIB. China lleva la delantera en las tecnologías 5G, 6G e Inteligencia artificial. Si seguimos el modelo de Kaplow, es fácil prever una victoriosa alianza entre China y Rusia contra la potencia que ahora ocupa el segundo lugar, Estados Unidos.

Al concluir el perspicaz estudio de Vladimir Padrino López nos preguntamos: ¿Cómo manejarnos ante este inminente choque de poderes mundiales? Recordemos que todas las revoluciones surgieron o se afianzaron en los resquicios de conflictos entre potencias. Así aparecieron la Revolución Francesa, la Soviética, la China, la Cubana, la Descolonización, el Socialismo del Tercer Milenio.

Integremos territorios y poblaciones latinoamericanas y caribeñas, reorganicémonos en un gran bloque socialista.

Ascendamos de instrumentos a protagonistas.

Escritor, historiador, ensayista y dramaturgo. http://luisbrittogarcia.blogspot.com

 brittoluis@gmail.com 
Luis Britto García

 

Bailando con Maduro

 

¡No un tango! Tampoco un bolero, pero sí esa música que no sabría definir, pero que es alegre, bulliciosa, animada, dicharrera, y nos hace mover manos y pies, hasta caderas, intentando seguir el ritmo.

Y es que ayer, viendo un acto del PSUV por televisión, estaba el Presidente Maduro, con bella camisa rosada, presentando un potpurrí de las canciones chavistas de los últimos años, cantando el esposo de Daniela Cabello y los otros cantantes que siempre los acompañan.

Entra mi hijo a la cocina, regresando dl pasear al perro, y me encuentra alocada, moviéndome, como en los mejores tiempos, yo frente al televisor, por una parte, siguiendo a Nicolás Maduro dentro de la pantalla, moviéndose a más no poder. Y yo con él.

Fue un momento de distensión, de olvido de todas las preocupaciones del día a día, de no pensar en el Covid-19, esta pandemia que asila al mundo todo, un momento en olvidar la tremenda duda, plateada además por Pérez Pirela, sobre si será correcta la decisión tomada por el Gobierno de cesar la flexibilidad a lo largo de todo un mes. Cuando en Europa sufren la segunda oleada, peor que la primera de la primavera. Y se pregunta el filósofo maracucho, el cual veo todos los días en su programa Desde Donde Sea, por you tube: ¿será que los venezolanos somos de hule? ¿Será que no nos afectará una segunda oleada? ¿Será que, por ser mezcla de indios, negros, blancos, a los venezolanos no nos tocará tan fuerte? O, ¿será que por tanto sufrimiento de estos últimos años, Dios se compadece y nos ahorra esta otra tragedia?

No lo creo, por lo que, a pesar de estar bailando con Nicolás, al ritmo de la salsa, merengue, balada, reguetón, o lo que sea, debo pedirle a nuestro Presidente que sopese muy viene esa atrevida decisión, y que siga siendo prudente, muy prudente, observando los acontecimientos cada semana.

Y a los apreciados lectores que aún me siguen, sugerirles no le den mucho oído a esa flexibilización, y se protejan, junto a familiares y amigos, para evitar los contagios.

¿Cómo es posible que, en plena pandemia, aún se hagan mítines políticos con numerosa cantidad de personas? Vi el del PSUV, con el mismísimo Diosdado, en Anzoátegui, lleno de gente, no todos con la mascarilla. Vi a Marleny Contreras en Monagas, vi el de Omar Prieto en el Zulia, y ¿entonces?

¿No era el Gobierno sabio, prudente, sensato, llamándonos a todos a protegernos? O la pregunta es si ¿el peligro de perder las elecciones ha sido el detonante para arriesgar a la población?

Seguimos bailando cuando se pueda, un instante fugaz que nos hace relajarnos, divertirnos, mover el esqueleto, como se debía en mi época, olvidando entonces la terrible situación que viven todos los venezolanos, los que llaman pueblo, con esta economía bombardeada con inflación y sanciones que no permite a muchos hacer mercado, con la escasez de gasolina que dificulta el trabajo, sobre todo en el interior, con los vuelos limitados que no hacen posible viajar, aunque sea a Margarita, pues aunque lleguemos a ir, sin vehículo, y/o sin gasolina, ¿cómo recorrer la hermosa isla? y además con la amenaza de la infección del virus que nos hace estar tensos cada minuto del día cuando salimos del hogar.

Indudablemente apreciados lectores, no es tiempo de bailar, y aunque por minutos me animé a acompañar en el baile, al son de las canciones chavistas, esas que, como precisa bien Maduro quedan en la memoria musical de nuestra revolución veinteañera, es tiempo de austeridad, de solidaridad, de mucha prudencia y de extrema responsabilidad para acompañar unas elecciones parlamentarias transcendentales donde todos y todas debemos participar.

Es tiempo de dar la cara en memoria también del grande Diego Maradona, que se jugó su reputación, su historia de campeón, de estrella deportiva, defendiendo siempre, ante el mundo entero, a la revolución Bolivariana. No seremos campeones, no seremos estrellas, pero sí venezolanos de bien que amamos nuestro país y sabremos estar del lado correcto de la historia. A pesar de los odios, seguiremos bailando a plenitud algún día.

Profesora e investigadora (J) Titular de la UCV.

 flaviariggione@hotmail.com 
Flavia Riggione

 

Vladimir Acosta, filósofo, historiador y escritor venezolano, en ‘Aquí con Ernesto Villegas’

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