Juan Martorano
Lo primero que debemos señalar, ante esta situación planteada como un “simulacro de evacuación de EEUU”, el propio Encargado de Negocios de la Embajada de EEUU en Venezuela en un comunicado publicado en X lo señaló sin ambages: “Fue una operación militar en el marco del plan de las tres fases definido por el Departamento de Estado EEUU para Venezuela”.
Lo que había sido presentado como un “simulacro de evacuación” de la embajada de EEUU en Venezuela fue en realidad una demostración de fuerza escalonada cuyo objetivo es parte del despliegue de operaciones de guerra psicológica destinada a fracturar al chavismo en su unidad y como fuerza política. Además de una fractura en tres dimensiones del orden jurídico venezolano.
El portal de periodismo de datos “La Tabla” de Víctor Hugo Majano, técnicamente analiza las tres violaciones a la soberanía nacional que ocurrieron el día de ayer en la patria de Bolívar y Chávez. Las cuales fueron las siguientes:
1.- Por mar: USS Iwo Jima (buque anfibio, el mismo en el que secuestraron al Presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores) y USS Lake Erie (crucero misilístico con 122 celdas de ataque) operando solo a 11 kilómetros de La Guaira, dentro del mar territorial, sin autorización visible.
2.- Por tierra: El aterrizaje anunciado no ocurrió en la embajada de EEUU (que no tiene helipuerto certificado) sino en un estacionamiento externo a 100 kilómetros a cielo abierto, sin protección y fuera del perímetro diplomático amparado por la Convención de Viena.
3.- La narrativa que oculta la intención: Si hubiese sido un ejercicio de evacuación “humanitaria”, no se requería un arsenal flotante. Si hubiese sido un ejercicio rutinario, no se hubiera ejecutado sin coordinación pública. La ambigüedad del comunicado permite negar intenciones ofensivas mientras se valida la capacidad de penetración en el país.
La República Bolivariana de Venezuela tiene leyes para defender su soberanía. Pero de lo que necesita es de voluntad política para activarlas y hacerlas cumplir.
El balance de este despliegue militar del 23 de mayo de 2026 de Estados Unidos en Venezuela fue un hito inédito autorizado por el Ejecutivo Nacional y supervisado directamente por el Comando Sur (Southcom) a cuatro meses de la extracción de Nicolás Maduro durante la Operación “Resolución Absoluta” de fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos y que nuevamente han sobrevolado la capital venezolana.
Con ello Estados Unidos buscaba medir la capacidad operativa de Washington en un terreno drásticamente transformado.
1.- El componente operativo: Despliegue en Valle Arriba
La operación, denominada formalmente como un “ejercicio de respuesta militar” por parte de la embajada de Estados Unidos y un “simulacro de evacuación” por parte de nuestra Cancillería venezolana, movilizó sofisticados componentes aéreos y navales.
Aeronaves: MW-228 Osprey. Fueron dos unidades de despegue vertical pertenecientes al Marine Medium Tiltrotor Squadron 263 que cruzaron por nuestro espacio aéreo desde La Guaira y aterrizaron en Valle Arriba como hemos indicado.
Apoyo Helitransportado: Se registró la participación activa de un helicóptero MH-60S Knighthawk de la Armada estadounidense.
Presencia naval: Los buques el de asalto anfibio Iwo Jima y el crucero misilístico USS Lake Erie CG-70 que ya habíamos mencionado párrafos más arriba
2.- Coordinación Ténica:
Las maniobras contaron con la supervisión de las autoridades aeronáuticas de Venezuela, y el soporte en tierra de la Cruz Roja Venezolana.
3.- El mensaje político y Objetivos Estratégicos:
El ejercicio estuvo bajo la supervisión y mirada atenta del general Francis L. Donovan, comandante del Comando Sur (Southcom) quien utilizó la misión para “reunirse con altos personeros del Gobierno Encargado”.
A través de un comunicado oficial en redes sociales de la embajada de los EEUU en Caracas, la delegación estadounidense enfatizó que estas acciones forman parte del avance del plan de tres fases del presidente Donald Trump para la “estabilización de Venezuela”. Paralelamente, la demostración de fuerza ocurre en un marco de alta tensión regional, sirviendo también como una “advertencia silenciosa” hacia redes aliadas al chavismo y el entorno geopolítico de Cuba.
4.- Reacción en las calles. Entre la expectativa y el rechazo:
El balance social de la jornada de ayer se debatió entre la normalización del nuevo panorama político y la activación de focos de resistencia popular.
Expectativa ciudadana: El imponente ruido de los motores de los Osprey paralizó temporalmente sectores de la capital. Si bien la actividad fue “notificada” con anticipación, revivió el impacto psicológico (esa era la idea) de los bombardeos ocurridos en Caracas la madrugada del sábado 3 de enero de 2026.
Sectores críticos: Grupos de simpatizantes chavistas se concentraron en varios puntos específicos de Caracas portando banderas nacionales con el mensaje: “No al simulacro yanqui”.
La posición del gobierno: La gestión de Delcy Rodríguez (reconocida por la Casa Blanca) tras la apertura de concesiones petroleras y mineras al capital estadounidense, ejecutó lo que analistas definen como un plan de “control de daños comunicacional” para evitar el descontento popular ante lo que algunos catalogan como “tutela extranjera”.
Conclusión. El Nuevo Tablero de juego:
El balance final de la jornada del 23 de mayo demuestra que Estados Unidos ya no necesita operar desde la distancia. La velocidad y soltura con la que los marines tomaron tierra en Caracas evidencia que los mecanismos de control sobre el territorio venezolano se encuentran completamente vigentes. Además que líderes fascistas desde el extranjero como María Corina Machado asegura desde Panamá que su regreso “está cerca”. Y con estos ejercicios, Estados Unidos busca mostrar y dejar en claro quien posee el verdadero control logístico y militar en el país
¡Bolívar y Chávez Viven. Sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
¡Leales siempre: Traidores Nunca!


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