Kelly J. Pottella G.
La comprensión de la realidad nacional exige, hoy más que nunca, despojar la mirada de pasiones inmediatas y elevar el análisis hacia el frío tablero de las relaciones internacionales. El mundo atraviesa una transición estructural profunda en su sistema de poder, un doble movimiento estratégico conducido por los Estados Unidos que redefine simultáneamente las realidades de Europa Oriental y de la cuenca del Caribe. Mientras en el frente euroasiático la Cumbre de los Nueve de Bucarest (B9) formaliza la doctrina "NATO 3.0" imponiendo un severo reequilibrio donde los socios europeos se ven obligados a asumir el costo financiero y operativo de su propia defensa mediante presupuestos que rozan el 5% de su PIB, en el frente caribeño Washington ejecuta un viraje pragmático y transaccional.
Este fenómeno, caracterizado como un "Arbitraje de Soberanía", busca utilizar la base de recursos energéticos de Venezuela como el activo colateral definitivo para estabilizar los balances financieros de Wall Street y garantizar los flujos materiales que la infraestructura industrial y tecnológica global demanda con urgencia. En medio de esta monumental presión externa, el Ejecutivo encargado venezolano, encabezado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, asume la conducción del Estado no desde la libre opción ideológica, sino desde la administración fáctica de una de las coyunturas más complejas en la historia de nuestra República.
Las decisiones de la conducción interina se comprenden a partir de la rigidez del andamiaje legal y judicial de la Casa Blanca, el cual opera bajo las directrices del plan estratégico delineado por el secretario de Estado, Marco Rubio. Desde una perspectiva estrictamente fáctica, la viabilidad de un retorno al modelo político anterior es inexistente en el corto y mediano plazo, pues los mercados internacionales y los actores globales han determinado que la permanencia de Nicolás Maduro representa un factor de inestabilidad incompatible con la seguridad jurídica necesaria para los negocios de gran envergadura.
Este desplazamiento no constituye un hecho político aislado, sino un proceso jurídico de carácter irreversible apuntalado por la reactivación formal de la doctrina antiterrorista estadounidense, cuyo peso se evidencia en el procesamiento penal activo en los tribunales de Miami y en los expedientes de dominio público derivados de la extradición de Alex Saab, los cuales vinculan de forma documental estructuras logísticas con organizaciones como Hezbolá.
Ante un Estado financieramente exhausto, con una deuda externa en mora que supera los 170.000 millones de dólares y bajo un esquema de sanciones de la OFAC que restringe el crédito formal a trabajos preparatorios, la gestión de la presidenta (E) se encuentra ante la necesidad material de abrir el sector energético al capital privado transaccional, como lo demuestra el borrador del nuevo Reglamento de la Ley Orgánica de Hidrocarburos que transfiere la obligación de autogeneración eléctrica a las corporaciones y de reanudar relaciones técnicas con el Banco Mundial y el FMI. Estas medidas constituyen la ejecución técnica de salvaguardas financieras e institucionales indispensables para evitar el colapso operativo del país.
Es en este punto crucial donde los venezolanos y la comunidad internacional debemos desarrollar una profunda conciencia histórica para no caer en las trampas de la polarización o el debate superficial. El cumplimiento de las directrices fiscales y las concesiones operativas forzadas por las circunstancias pueden generar contradicciones lógicas en el seno de la población, exacerbadas en ocasiones por las limitaciones inherentes a las políticas comunicacionales en tiempos de crisis.
Sin embargo, catalogar estas maniobras de supervivencia institucional como una traición o una capitulación es un error de lectura geopolítica que ignora los límites reales del poder nacional frente a las potencias globales. Por encima de cualquier debate sobre los modelos de apertura económica o la participación de firmas como Centerview Partners y Yorkville Advisors, existe un imperativo categórico indiscutible: la preservación de la paz social y el resguardo sagrado de la vida humana.
En un siglo caracterizado por la reconfiguración violenta de fronteras y zonas de influencia, la estabilidad interna de Venezuela es el único escudo real para evitar el caos y el sufrimiento de las familias venezolanas. Apoyar la viabilidad del Estado y mantener la cohesión civil sobre todas las cosas no es un acto de sumisión política, sino una demostración de madurez ciudadana y la única estrategia racional para transitar la transición global protegiendo el futuro de nuestra nación. Al final, mientras el análisis académico describe estas maniobras como una cruda estrategia de supervivencia frente al poder global, la historia oficial las registrará bajo una narrativa muy distinta: la de una resistencia soberana que supo quebrar el cerco sin doblegar sus principios.
Miembro de la Red Nacional de Escritor@s Socialistas de Venezuela. Promotora cultural. Pertenece al periódico comunitario Enlazando la Diversidad. Estudiante de sociología. Vocera del Consejo Presidencial del Gobierno Popular de Cultura por Dtto Capital.
kellypottella@gmail.com


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