jueves, 15 de abril de 2010

Abril: testigo de históricas victorias de Cuba y Venezuela sobre el imperio.


Hernán Mena Cifuentes

El imperio es implacable con los pueblos que se liberan de sus garras y para recuperarlos lanza unas veces sus ejércitos contra ellos y otras usa mercenarios que los invaden, como a Cuba en abril de 1961, o perpetran golpes de Estado, como el asestado a Venezuela en abril de 2002, pero, a pesar del apoyo financiero, logístico o de armas brindado a sus vasallos, ambas acciones fueron derrotadas.

Por eso esta semana, al conmemorarse un aniversario más de esos eventos fracasados que fueron la invasión de los mercenarios cubanos a Playa Girón y el golpe dado en Venezuela por traidores militares en alianza con ambiciosos empresarios, sindicaleros, religiosos, politiqueros y medios privados asalariados de Washington; ambos pueblos festejan alborozados sus históricas victorias contra Estados Unidos (EEUU), autor intelectual de esos crímenes de lesa humanidad.

Mientras en Cuba y Venezuela se recuerda la efemérides con actos en los que la felicidad de sentirse orgullosamente libres marcha de la mano con el homenaje a los héroes y mártires que hicieron posible esos triunfos, en el resto del mundo se rinde tributo de respeto y admiración a ambas gestas, recordando que, como lo hicieron los hijos de Bolívar y Martí, otros también pueden alcanzar y reafirmar su libertad siguiendo este ejemplo de dignidad y valentía.

Lo sucedido el 11 de abril de 2002 en Venezuela fue resultado de un macabro plan golpista iniciado con una marcha desviada de su ruta para dirigirla hacia el Palacio Presidencial y, mientras sus francotiradores mataban a varios inocentes en el centro de Caracas para hacer creer que el gobierno los había asesinado, unos jefes policiales traidores ordenaron a sus fuerzas atacar a un grupo de combatientes revolucionarios concentrados en Puente Llaguno, a pocos metros de Miraflores, en Caracas.

Su propósito era abrir paso a la marcha que invadiría la sede presidencial y que todavía se encontraba lejos, pero en una nueva maniobra de los conspiradores se presentaron imágenes de una toma televisiva hecha por el equipo de un canal mercenario, con lo cual se le hizo creer al mundo que los revolucionarios de Puente Llaguno que se defendían del ataque policial “disparaban contra indefensos marchistas”, cínica mentira mediática a la que le fue otorgado hasta un premio en España.

El breve golpe del 11- A cobró así mayor fuerza y la represión de los fascistas se arreció contra las instituciones del Estado a las que disolvieron de un plumazo y, mientras el presidente comandante Hugo Chávez Frías era detenido, secuestrado y amenazado de muerte; Pedro Carmona Estanga, un oscuro empresario, presidente de la patronal y golpista Fedecámaras asumía ilegítimamente la primera magistratura del país.

Ministros y otros colaboradores del legítimo mandatario fueron golpeados, vejados y arrestados, entretanto otros escapaban para volver casi inmediatamente a organizar la resistencia, logrando con el apoyo de un pueblo y una fuerza armada leales a su líder restituir en el poder al depuesto jefe del Estado en el breve lapso de 47 horas, duración de la asonada, cuyos autores huyeron en desbandada del Palacio Presidencial donde celebraban su efímero triunfo.

En Cuba tuvo lugar hace 49 años otro intento similar del imperio y sus vasallos criollos por recuperar ese otro feudo como el que era Venezuela antes del triunfo electoral de Chávez en diciembre de 1998 (hecho que marcó el inicio de la Revolución Bolivariana), cuando Fidel Castro, al frente de 80 combatientes, desembarcó en la isla en noviembre de 1956 y, tras más de dos años de cruenta lucha, liberó a su patria de la dictadura de Batista impuesta por EEUU.

Pero el imperio, acostumbrado a ejercer total dominio sobre sus “colonias” latinoamericanas y caribeñas, no estaba dispuesto a tolerar el “mal ejemplo” de la incipiente Revolución cubana y desde Washington Eissenhower ordenó a la Central de Inteligencia estadounidense (CIA) organizar una invasión de mercenarios cubanos, plan que heredó su sucesor, John Fitgerald Kennedy, quien dio “luz verde” a la invasión de Playa Girón o Bahía de Cochinos realizada meses más tarde.

Fue en la madrugada del 17 de abril de 1961, bajo la oscuridad propiciada por una luna en cuarto menguante, cuando poco más de 1.500 contrarrevolucionarios entrenados, armados y financiados por Washington desembarcaron en Bahía de Cochinos, al centro-sur de Cuba, en un sitio conocido como la Ciénaga de Zapata, uno de los mayores humedales del planeta, con la única misión de destruir a la Revolución cubana.

Llegaron a bordo de buques escoltados por poderosas naves de guerra y con apoyo de aeronaves tripuladas por pilotos yanquis iniciaron la invasión con la que pensaban devolverle a EEUU la presa que apenas 22 meses antes se le había escapado de las manos, creyendo que ellos, los de la corrupta y ambiciosa oligarquía, volverían a recoger las migajas que durante medio siglo les había arrojado su amo como premio a su traidora acción colaboracionista.

Playa Girón fue escenario de una lucha feroz en la que fuerzas revolucionarias dirigidas por Fidel conquistaron la victoria en sólo 72 horas, tras encarnizados combates que dejaron muertos en el campo de batalla a más un centenar de contrarrevolucionarios y la rendición del resto de los invasores, acción considerada como la mayor y más humillante derrota militar de imperialismo en todo su nefasto historial de agresiones en América Latina y el Caribe.

Hoy, en este abril glorioso de héroes y mártires cuando Cuba y Venezuela conmemoran un nuevo aniversario de esas victorias, necesario es advertir que la lucha aún no ha terminado y hay que estar dispuestos a darla en cualquier lugar y momento, ya que el imperio y sus secuaces no cesan con sus injerencias, por lo que hay que mantener activas las alarmas para frenar sus nuevas ofensivas desestabilizadoras desplegadas contra ambos procesos.

Fidel lo sabía entonces, como lo expresó en un discurso pronunciado en el teatro Chaplin de La Habana, en conmemoración del quinto aniversario de la victoria de Girón.

“Somos un país pequeño, pero contra este país, contra su dignidad, contra su entereza este país es el primero en conquistar la verdadera independencia, vanguardia de América, ejemplo de todos los demás pueblos de este continente. Este país que, desafiando al imperialismo y a todo su poder avanza hacia adelante, lo hace porque está dispuesto a hacerlo, porque está dispuesto a seguir adelante, porque está seguro de que seguirá adelante, porque nadie nos lo podrá impedir.

Y si nos atacan, contra esa entereza y contra ese heroísmo se estrellarán. ¡Porque antes mártires como los de Girón, esclavos de nadie!”, refirió.

Y Chávez, como Fidel, también lo sabe. Por eso este domingo, con motivo del octavo aniversario del cobarde y funesto golpe del 11 de abril, dirigiéndose al pueblo venezolano en Miraflores, le advirtió sobre posibles nuevos intentos desestabilizadores, diciéndole:

“La batalla contra el imperio norteamericano, la derecha europea y la oposición venezolana no ha terminado. Está más viva que nunca, porque aún están llamando a un nuevo golpe de Estado. Si llegaran a inventar que si un golpe de Estado, un acto terrorista, de gente experta de alguna parte muy lejana del mundo, expertos en colocar bombas, tenemos que estar preparados, porque la respuesta tiene que ser radical y a fondo”.

La defensa de ambas revoluciones a la que llaman sus líderes conlleva grandes riesgos en razón de que nuestros pueblos deberán combatir una vez más contra ese enemigo cruel e implacable que es el imperio y su caterva de lacayos, aun cuando menos difícil que antes, porque hoy enfrentan a un monstruo en decadencia y en vías de extinción como todos los imperios.

Y porque hoy Cuba y Venezuela no están solos como antes. Les acompañan otros pueblos, latinoamericanos y caribeños como ellos, con gobernantes progresistas, como Fidel y Chávez, que lograron liberarse del yugo de la gran potencia y sus lacayos de las oligarquías criollas, dispuestos a morir antes que perder la libertad, dignidad, progreso y bienestar que han conquistado a costa de tanto sudor, lágrimas y sangre.

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