Félix Madariaga Leiva
Este 9 de mayo se conmemoran 81 años de la victoria soviética sobre el nazi-fascismo, una fecha que no sólo pertenece al pueblo ruso o a los pueblos que conformaron la Unión Soviética, sino a toda la humanidad.
Hoy, cuando desde los grandes medios de comunicación y desde sectores políticos occidentales intentan reescribir la historia, es necesario volver a decir una verdad simple, incómoda y profundamente histórica: fue la Unión Soviética quien venció al fascismo. Fue el Ejército Rojo, junto al sacrificio inmenso del pueblo soviético, quien derrotó a la maquinaria más brutal y criminal que conoció Europa en el siglo XX.
No fueron las películas de Hollywood ni la propaganda de las potencias occidentales las que liberaron Europa. Fue la URSS la que soportó el peso principal de la guerra; la que destruyó cerca del 80% del aparato militar nazi en el Frente Oriental; la que perdió más de 27 millones de vidas entre civiles y combatientes; la que libró las batallas decisivas de Moscú, Leningrado, Stalingrado y Kursk; la que ingresó primero a Berlín y levantó la bandera roja sobre el Reichstag.
También fueron las tropas soviéticas quienes descubrieron y liberaron numerosos campos de concentración y exterminio nazi, entre ellos Auschwitz, revelando al mundo el horror indescriptible del que fue capaz el nazismo y el fascismo. El precio pagado por los soviéticos fue inmenso: ciudades arrasadas, millones de heridos, familias destruidas y generaciones completas marcadas por la guerra.
Sin embargo, con el paso de las décadas, inició una operación política, cultural y mediática destinada a minimizar el papel de la Unión Soviética en la derrota del nazismo y a instalar una narrativa donde Estados Unidos aparece como el gran vencedor de la Segunda Guerra Mundial. Ese revisionismo histórico no es casual, forma parte de una disputa ideológica más profunda: borrar la memoria de los pueblos y relativizar el peligro del resurgimiento de los movimientos de extrema derecha.
Hoy, cuando resurgen discursos de odio, xenofobia, militarismo y ultraderecha en distintas partes del mundo, defender la memoria de la Gran Guerra Patria no es un ejercicio nostálgico; es una necesidad política y un compromiso moral.
Desde este rincón del sur del mundo saludamos la gesta heroica del pueblo soviético, de sus soldados, de sus mujeres y hombres que resistieron hasta entregar la vida para liberar a la humanidad de la barbarie nazi. La historia no puede escribirse desde la conveniencia geopolítica ni desde la propaganda de los vencedores mediáticos.
Resulta imposible ignorar que, 81 años después, Rusia vuelve a enfrentar una guerra en un escenario marcado por la confrontación con Ucrania y con las potencias occidentales que respaldan militar, económica y políticamente ese conflicto. En medio de una intensa ofensiva comunicacional y cultural, defender la memoria histórica de la derrota del fascismo es también una forma de resistencia frente al negacionismo, la manipulación y el olvido.
Porque hay verdades históricas que no deberían negociarse jamás: sin la Unión Soviética, el fascismo habría avanzado sobre Europa y el mundo con consecuencias inimaginables. Honrar esa memoria es defender la verdad histórica y mantener viva una reserva moral contra quienes hoy intentan relativizar o blanquear el horror nazi.
Fuentes:
https://www.movimientoantorchista.org.mx/no-debemos-olvidar-lo-que-fue-la-gran-guerra-patria
https://www.prensa.com/opinion/la-segunda-guerra-mundial-y-los-demagogos-disfrazados/
Periodista
felixmadariaga@gmail.com

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