jueves, 30 de abril de 2026

Trinchera de ideas | El Congreso Anfictiónico de Panamá

 Contexto y repercusiones internacionales

Estoy en Coro, capital del estado Falcón, al occidente de Venezuela, donde fui invitado a participar en el Encuentro "Vigencia de la diplomacia bolivariana. A 200 años del Congreso Anfictiónico de Panamá”. Con esta actividad se da continuidad a los eventos en conmemoración del bicentenario de esa magna cita continental.

Organizado por el Centro de Estudios Simón Bolívar, la Red de Historia y Patrimonio del estado Falcón, el Centro de Estudios Latinoamericanos y Caribeños Rómulo Gallegos (Celarg), además de otras instituciones y auspiciado por la Alcaldía de Coro y la Gobernación de Falcón, la cita se realizó en la Sala Chema Saher de la alcaldía. Me correspondió hacer una de las dos ponencias centrales que titulé “El Congreso Anfictiónico de Panamá. Magna obra del Libertador Simón Bolívar. Contexto y repercusiones internacionales”.

Viajar al interior del país y escapar de la capital reconforta plenamente y en todos los sentidos. Aunque es en Caracas donde se toman todas las decisiones, su ambiente sofocante hace sentir que mucho de lo que se dice y se hace es artificial y precalculado. En el interior del país se siente una energía distinta; hay una manifestación de plenitud que se percibe desde la llegada al aeropuerto y en todos los espacios recorridos. Si el espíritu de camaradería y fraternidad constituye una de las características de la venezolanidad, los falconianos se llevan las palmas por una calidez y hospitalidad que rebasa con creces la media nacional.

Mi ponencia versó sobre las urgencias del Libertador Simón Bolívar para que se concretara la realización del Congreso en Panamá, a pesar de las dudas e incertidumbre que permeaban a las élites que gobernaban las nuevas repúblicas americanas antes españolas, tras el fin de la guerra de independencia.

Bolívar sabía lo que se jugaría en Panamá y, estando imbuido del carácter trascendental de las decisiones que se tomarían allí, hizo obstinados esfuerzos para convencer al vicepresidente Santander de la dimensión extraordinaria que tenía este proyecto. Alejado de la sede del gobierno, el Libertador se daba cuenta con absoluta impotencia de que era Santander desde Bogotá quien podría mover los hilos de la convocatoria, preparación y desarrollo del magno encuentro. De ahí que comenzara a pensar que debía tomar una decisión inmediata que cambiara el cuadro de ambigüedad que permeaba el ambiente en torno a este trascendental asunto.

El 7 de diciembre de 1824, conociendo que se acercaba el combate decisivo para la independencia de América del Sur y, aunque no lo sabía, casi en la víspera de que este se produjera, desde Lima, el Libertador, redactando en primera persona, es decir, asumiendo personalmente la responsabilidad, emitió una circular dirigida desde la más alta magistratura del Perú a los jefes de gobiernos de las repúblicas americanas antes españolas (Colombia, México, Río de la Plata, Chile y Guatemala), convocándolos al magno evento continental.

En ese documento se resume el esfuerzo de integración de los últimos 14 años y la necesidad de marchar a la unión de repúblicas. En el contexto, no fueron pocos los que consideraron que este Congreso y la posibilidad de la integración no pasaban de ser una quimera. Bolívar seguía siendo un incomprendido; sus pares no entendían la necesidad y la urgencia de realizar un cónclave con estas características.

Bolívar propuso la creación de una autoridad supranacional de carácter federal que se preparara para una negociación conjunta con España. Le preocupaban las intenciones imperiales de las potencias europeas, agrupadas en la Santa Alianza. En ese momento, también comenzaba a revelarse en él una inquietud por las manifestaciones expansionistas y hegemónicas de Estados Unidos tras el discurso del presidente Monroe ante el Congreso de su país en diciembre de 1823.

Las ideas bolivarianas manifestadas por el Libertador ya en 1815 en la Carta de Jamaica tienen su colofón en la citada convocatoria al Congreso de Panamá del 7 de diciembre de 1824, que debía servir de base a las deliberaciones y acuerdos que, según él, habría que adoptar el Congreso, en el cual se esperaba llegar a un acuerdo entre partes iguales relacionadas por vínculos de fraternidad y cooperación entre sus pueblos.

Por ello, el Congreso fue citado con la convicción del Libertador de que: “El día que nuestros plenipotenciarios hagan el canje de sus poderes, se fijará en la historia diplomática de América una época inmortal”.

En las instrucciones elaboradas por Bolívar para los plenipotenciarios que representarían a Colombia en Panamá, se establecen los parámetros que tendrían que servir de base para el cumplimiento de la misión: "Nada en este momento interesa tanto al Gobierno de Colombia como la formación de una liga verdaderamente americana. Es indispensable que ustedes encarezcan la necesidad que hay de poner desde ahora los cimientos de un cuerpo anfictiónico o asamblea de plenipotenciarios que dé impulso a los intereses comunes de los Estados americanos, que dirima las discordias que puedan suscitarse en lo venidero entre pueblos que tienen unas mismas costumbres y unas mismas habitudes, pero que por falta de una instrucción tan santa pueden quizá encender las guerras funestas que han asolado a otras regiones menos afortunadas”.

En estas instrucciones se pueden percibir aspectos del pensamiento integracionista de Bolívar que debían estar presentes en el documento que se firmaría en Panamá. Algunos puntos impresos en los documentos suscritos establecen principios que debían servir de fundamento del edificio jurídico que se pretendía construir.

Las instrucciones dejaban ver con claridad las ideas que debían irse sembrando para que echaran raíces en Panamá. En ellas destacaba el mutuo compromiso que tenían que asumir las partes de no acordar la paz definitiva con España sino sobre la base de la aceptación y reconocimiento de la independencia e integridad de todas. Incluso se estableció la posibilidad de suscribir un acuerdo para crear una ciudadanía común.

Un primer inconveniente surgió al emerger propuestas diferentes respecto de la conveniencia o no de invitar a Estados Unidos al cónclave. Gual y Santander eran de la idea de que la potencia del norte debía estar presente en Panamá. Pensaban que de esa manera se podía influir en ella para propiciar un mayor acercamiento con las repúblicas del sur, pero Bolívar no tenía tal percepción. A espaldas de Bolívar, Santander y Gual invitaron a Estados Unidos.

En cuanto a este asunto, el Libertador manifestó su desacuerdo en sendas cartas a Santander del 8 de marzo, 8 de mayo, 30 de mayo, 7 de julio y 21 y 25 de octubre de 1825, pero el vicepresidente continuó su labor de zapa involucrando a otros actores en la invitación.

Bolívar recelaba de Estados Unidos, vislumbraba su carácter expansionista, pero sobre todo repudiaba su talante esclavista. El Libertador pensaba que la Asamblea de Panamá debía adoptar una resolución tajante no solo contra el comercio de esclavos, sino también un repudio a la esclavitud como institución de los países americanos. Esto influiría sobremanera en la decisión de Bolívar de no invitar a Estados Unidos ni a Brasil.

Es importante señalar que el mismo año que escribió la carta de Jamaica, en otra misiva dirigida al empresario inglés Maxwell Hyslop, fechada desde Kingston el 19 de mayo, el Libertador reclama un mayor involucramiento de Inglaterra en la causa de la lucha de los hispanoamericanos. Advierte que “¡quizás cuando la Inglaterra pretenda volver la vista hacia la América, no la encontrará!”.

Así se lo hace saber al político británico Richard Wellesley en carta fechada también en Kingston el 27 de mayo de 1815: “Si me hubiese quedado un rayo de esperanza de que América puede triunfar por sí sola, ninguno habría ambicionado más que yo el honor de servir a mi país sin degradarle a la humillación de solicitar una protección extraña: Esta es la causa de mi separación de la costa firme. Vengo a procurar auxilios: iré en su busca a esa soberbia capital; y si fuese preciso, marcharé hasta el Polo; y si todos son insensibles a la voz de la humanidad, habré llenado mi deber, aunque inútilmente, y volveré a morir combatiendo en mi patria”.

Ahora, diez años después, en preparación del Congreso y cuando solo pensaba en su éxito, Bolívar seguía cavilando acerca de que se debía establecer una alianza estratégica con Inglaterra a fin de aislar al enemigo principal y lograr el objetivo inmediato, que era construir la unidad de las repúblicas americanas antes españolas.

Pero esta idea siempre tuvo carácter táctico. En ningún lugar de su extensa obra se podrá encontrar que fue proclive a favorecer a alguna potencia como objetivo estratégico. Por eso, hay que comprender que, al establecer la necesidad de una alianza con Inglaterra, el Libertador hacía una exacta lectura de la situación política internacional del momento, aprovechando las contradicciones emergentes entre Gran Bretaña y Estados Unidos, que luchaban por los mercados y las rutas marítimas.

En cualquier caso, no se hacía ilusiones ni de una ni de otra, ni de Estados Unidos ni de Inglaterra, pero actuando con exquisito olfato político, extraordinaria mirada estratégica y acentuado talante diplomático, alertaba en ese sentido y exponía la trascendencia del Congreso que se debía celebrar en Panamá y lo que habría que hacer para prepararlo. Le dice a Santander en carta del 8 de marzo de 1825, fechada en Lima: "Los ingleses y los norteamericanos son unos aliados eventuales y muy egoístas. Luego, parece político entrar en relaciones amistosas con los señores aliados, usando con ellos un lenguaje dulce e insinuante para arrancarles su última decisión y ganar tiempo mientras tanto”.

Desde los primeros días de abril de 1826, cuando envió una carta desde Lima a Pedro Gual, el Libertador mantuvo permanente observación sobre las noticias que llegaban del istmo. No obstante, los conflictos en ascenso que aquejaban a las nuevas repúblicas comenzaron a ocupar la mayor parte de su tiempo, por lo que pareció irse desentendiendo de lo que estaba ocurriendo o habría de ocurrir en Panamá. Las dificultades en las comunicaciones conspiraban para que tuviera noticias del istmo con la celeridad que él deseaba.

Ya en mayo, su correspondencia comienza a manifestar una elevada preocupación por la situación de anarquía y caos que está envolviendo el ambiente político y económico de casi todas las repúblicas. Cuatro días después, el 7 de junio, Bolívar le reitera a Santander el compromiso que tiene Colombia con el Congreso de Panamá y su preocupación por la tardanza en la llegada de los delegados de México, lo cual demoraba el inicio de los debates. Nuevamente manifiesta su creencia en que los plenipotenciarios bolivianos viajarían pronto, lo cual nunca llegó a ocurrir. No obstante esto, el Libertador sigue los acontecimientos con vivo interés; el 23 de junio le escribe a Santander para exponerle que había tenido una reunión con el embajador inglés en Perú.

Una revisión somera de la correspondencia y la actividad del Libertador de esos días muestra el vuelco total de su preocupación y quehacer en la búsqueda de la estabilidad para Colombia, en particular para Venezuela, donde el general Páez mostraba dones de autócrata y ya manifestaba la idea de destruir Colombia separando Venezuela de Cundinamarca. Le preocupa también la estabilidad del Perú, que en los hechos se ha transformado en su base de operaciones. En sus mensajes comienza a revelar su convicción de que debe regresar a Colombia a fin de evitar el naufragio que veía venir. Sin embargo, hace un paréntesis en una carta dirigida el 8 de julio a Santander, para, por primera vez, emitir una opinión sobre el Congreso en Panamá. Es muy pesimista al respecto; además, en el contexto deja ver su preocupación e impotencia por la situación de Venezuela y la conducta del general Páez.

Con mucha probabilidad estaba recibiendo noticias de lo que estaba ocurriendo en Panamá. Las dificultades de comunicación hacían que el desfase fuera de alrededor de dos meses desde que se elabora un informe hasta que llegaba a sus manos, y otros dos meses para que los que lo emitían, en este caso los plenipotenciarios, recibieran la respuesta. Finalmente, el 11 de agosto se decide escribirle directamente a Gual y Briceño Méndez. Para esa fecha, la Asamblea había concluido, pero él no lo sabía. De alguna manera, esta comunicación es visionaria; pareciera que incluso, antes de comenzar el cónclave, el Libertador temiera su fracaso. Ello lo lleva a tomar directamente cartas en el asunto. En esta carta se manifiesta con toda vehemencia la apreciación que el Libertador hacía de las negociaciones de Panamá aun sin tener toda la información. De algún modo, incluso, se expone su decisión de modificar la propuesta original a fin de salvar los acuerdos y el Tratado.

Podría decirse que, al finalizar el Congreso, Bolívar estaba en el pináculo de su gloria. Aunque en este momento el Libertador era presidente de Colombia, dictador de Perú, presidente de Bolivia; la República Dominicana se había incorporado a Colombia, los patriotas de Cuba le enviaron representantes, Centroamérica ordenaba colocar retratos suyos en las oficinas y el general mexicano Vicente Guerrero le ofreció el cargo de generalísimo de su ejército. Lo cierto es que, tras ese momento en la cúspide, se comienza a manifestar su propio declive.

La situación económica era crítica y las oligarquías que se hicieron del poder tras la independencia no tenían una visión de desarrollo acorde a los tiempos modernos. Aunque la idea integracionista de Bolívar mantenía su valía, fueron las propias fuerzas oligárquicas nacionales las que pujaron a favor de una propuesta dependiente de Estados Unidos que exponía un paradigma hegemónico y una integración subordinada. Así comenzó el ocaso.

Bolívar apenas conocería en septiembre los resultados de la Asamblea de Panamá. Se había embarcado en El Callao el día 3, arribando a Guayaquil el 13, después de haber permanecido 3 años ausente de Colombia. Al llegar a Guayaquil lo esperaba abundante correspondencia. Pensando ya en el futuro y las complejidades que avizoraba, al día siguiente de su llegada se apresuró a escribirle al general Briceño Méndez. En esa misiva no puede ocultar el pesimismo que le embargaba y le pide que “no se proceda a la ratificación de los tratados antes de que yo llegue a Bogotá, y antes de que los haya examinado detenida y profundamente con Ud. y con otros”.

En general, Bolívar, que se había autodenominado “el hombre de las dificultades”, no se dejaría amedrentar por estos trances. Su pensamiento estaba imbuido de una visión estratégica y de largo plazo que era muy avanzada y difícilmente percibida en su época, incluso por algunos de sus más cercanos colaboradores. De hecho, aún hoy, doscientos años después, el Libertador sigue siendo un incomprendido. Creía en la independencia total y en la creación de una nación de naciones que le diera solidez y presencia a la América meridional en el concierto internacional. No concebía que un solo país, por muy poderoso que fuera, pudiera enfrentar en soledad los avatares del mundo que veía venir. De ahí su esfuerzo supremo por el éxito de la Asamblea de Panamá.

Sergio Rodríguez Gelfenstein

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