Kelly J. Pottella G.
Escribir sobre Venezuela en este tiempo de definiciones no constituye solo un compromiso académico; es un acto de insurgencia espiritual y de profunda lealtad a nuestras raíces. Mi proyecto de tesis doctoral germina en el epicentro donde el rigor del análisis económico converge con el fuego de un amor patrio que, aunque nos confronta con el dolor, moviliza la voluntad y dota de nitidez a la visión estratégica. No pretendo ser una observadora aséptica de un fenómeno ajeno: soy una mujer venezolana que piensa desde la herida de un país asediado, pero con la dignidad incólume de quien comprende que la soberanía no se negocia, sino que se construye en la praxis cotidiana. Mi investigación sobre el periodo 1999-2012 no es una mirada nostálgica al pasado, sino la prospección de claves heurísticas en el archivo histórico y oral para comprender cómo fracturar, definitivamente, las cadenas de la dependencia estructural que nos han subordinado a la lógica del capital transnacional.
El dolor que enfrentamos hoy ante las dificultades impuestas por el bloqueo no es una señal de derrota, sino la prueba dialéctica de que nuestra apuesta por la independencia es real y de que el sistema-mundo no perdona a quienes deciden ejercer la potestad de pensarse con categoría propia. Mi formación me exige densidad conceptual para desentrañar cómo el capitalismo rentístico permeó hasta los poros de nuestra cultura política; sin embargo, mi claridad ideológica me indica que la superación de este modelo no reside en las recetas del Norte Global, sino en la potencia creadora del pueblo organizado en comunas. Es allí donde el Objetivo Histórico N° 5 del Plan de la Patria adquiere vigencia material: no como un enunciado ecológico abstracto, sino como una estrategia de resistencia política que defiende la vida frente a la voracidad de un extractivismo que pretende reducirnos a meros proveedores de valor de uso y materias primas.
La construcción de este proyecto doctoral constituye mi trinchera frente a la colonialidad del saber que intenta imponer la narrativa de la incapacidad o el retorno al redil del mercado global subordinado. Al rescatar las voces de los fundadores de las Empresas de Propiedad Social y contrastarlas con el andamiaje jurídico-normativo de la Revolución Bolivariana, documento la voluntad de una nación que se atrevió a proyectar una economía para la vida y no para la acumulación. Mi mirada reconoce los nudos críticos y los obstáculos estructurales que aún persisten en nuestro tejido económico, pero es también una mirada dotada de esperanza estratégica, pues confía plenamente en la inventiva de un sujeto histórico que ha comprendido que la única libertad fáctica es aquella que se cultiva con esfuerzo propio y conciencia descolonial.
Este trabajo, actualmente en curso, es una declaración de fe en el destino de Venezuela como faro de dignidad en el continente. No somos el "caso de estudio" de una crisis inducida, sino el laboratorio de una nueva humanidad que resiste con una sonrisa desafiante y una nitidez política que trasciende la frialdad de los indicadores macroeconómicos. La esperanza que atraviesa cada párrafo de mi tesis es una esperanza con pies de plomo, sustentada en el estudio riguroso de nuestras potencialidades y en la convicción de que el dolor presente es el trabajo de parto de la soberanía absoluta que nos aguarda. Sigo construyendo, con la pluma en una mano y el corazón en la otra, convencida de que pensar a Venezuela desde el binomio del amor y el rigor es la forma más elevada de honrar a nuestros ancestros y de garantizar el porvenir de las generaciones futuras.
Miembro de la Red Nacional de Escritor@s Socialistas de Venezuela. Promotora cultural. Pertenece al periódico comunitario Enlazando la Diversidad. Estudiante de sociología. Vocera del Consejo Presidencial del Gobierno Popular de Cultura por Dtto Capital.
kellypottella@gmail.com


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