miércoles, 31 de diciembre de 2025
Mensaje de fin de año del Presidente Nicolás Maduro, 31 de diciembre de 2020
Jeffrey Sachs El Error de Venezuela que Sacudió a Estados Unidos
El presidente chino, Xi Jinping, pronuncia un discurso de Año Nuevo para 2026
Chávez comparte un encuentro familiar (09 de julio de 2011)
Feliz Navidad y Constituyente. Hugo Chávez Frías (1998)
Edición 461 Protestas en la República Islámica de Irán. Formato de Revolución de colores que pretenden aplicar en Venezuela
Juan Martorano
Ultimo día de este año 2025, en el que sin duda cerramos en victoria. Agradecemos a este 2025 por ser año de esfuerzos, sacrificios y gratitudes. Y si mañana como ya hemos hecho en otras oportunidades, no escribimos el primer artículo de 2026 como ya hemos hecho en otras oportunidades, le damos igual la bienvenida, esperando que sea un año de salud, vida, entreayuda, bien común y unión entre hermanos y hermanas.
Y fieles en nuestra ley y sorprendidos de observar el monitoreo constante que tenemos hasta en la Inteligencia Artificial, pues no cerramos este año 2025 sin escribir una nueva edición de esta columna.
Y bueno, lo haremos refiriéndonos a las recientes manifestaciones que se escenificaron en la República Islámica de Irán.
Inicialmente pensábamos escribir sobre los recientes eventos que se han suscitado en la zona industrial del municipio San Francisco en el estado Zulia. Pero eso quedará para la edición 462 de nuestra columna.
Pero de antemano, y es justicia hacerlo a través de esta vía, queremos agradecer a Carolina Escarrá Gil, brillante analista y militante revolucionaria, quien al iniciar estos eventos nos advirtió sobre estos sucesos en la República Islámica de Irán.
Antes de entrar en materia, debemos señalar como introducción que no podemos perder de vista y hacer un seguimiento muy de cerca a esta situación que procederemos a denunciar. Podemos decir en una primera aproximación, que el imperialismo ha logrado afectar de alguna manera la economía iraní, por lo que utilizan esta excusa para intentar realizar una operación de "color" como ya lo han intentado antes en otros países de Asia y Europa que no se han plegado a los intereses hegemónicos de Estados Unidos y el Occidente colectivo.
Es evidente los intentos de Estados Unidos y sus aliados debilitar los apoyos a Venezuela que pudieran ayudarnos a romper el incipiente bloqueo naval a nuestro país. Debemos insistir en advertir en que no hemos tomado en serio la amenaza a la que estamos sometidos. El enemigo está viendo esta situación como definitiva para derrocar a los gobiernos de izquierda y progresistas en el continente y buscan crear crisis en los aliados que podemos tener para neutralizar el apoyo que eventualmente pudieran darnos.
De ahí que, en este cierre de 2025, además de estas acciones en Irán, hemos visto despliegues de fuerzas aeronavales y ventas de armas de Estados Unidos al gobierno de Taiwán, porque ellos tienen claro que su gran confrontación es con la República Popular China.
Además de ello, tampoco nos tragamos el cuento de que Estados Unidos nada sabía del atentado que el régimen de Zelensky realizó en una de las residencias oficiales del presidente Putin, lo que sin duda también eleva las tensiones y la amenaza de guerra entre Europa y Rusia.
Todo esto confirma un marco geopolítico que pretende configurarse que busca debilitar un eventual apoyo de nuestros aliados a la hora de una escalada de agresión contra la República Bolivariana de Venezuela.
Tal vez señalaremos algo que pudiera ser políticamente incorrecto, pero los revolucionarios verdaderos y las revolucionarias verdaderas a veces debemos correr algunos riesgos. De ahí que es imperioso que dejemos un poco de lado el cliché de "guerra psicológica", que no es que la descartemos ni que exista, pero creemos que debemos ponernos serios y serias y evaluar de manera asertiva y acertada la magnitud de la agresión que nos vienen aplicando.
En Irán estallaron una serie de protestas debido a la fuerte caída del valor de la moneda local. Varios miles de personas descontentas con el aumento de los precios de los productos salieron a las calles de Teherán.
Como un comentario al margen antes de proseguir, esta situación, en una primera aproximación, aunque estamos claros que amerita profundizar en algunos detalles de contexto, pero se nos parece mucho a situaciones actuales en la República Bolivariana de Venezuela las cuales comenzaremos a analizar cómo hemos indicado, a partir de la edición 462 de esta columna.
Pero volviendo al tema de Irán, el 29 de diciembre, la moneda iraní alcanzó un mínimo histórico, cayendo hasta 1,45 millones de riales por dólar. En medio de toda esta situación, el jefe del Banco Central iraní renunció.
Las protestas comenzaron con demandas económicas, pero más tarde en los mitines comenzaron a escucharse consignas políticas: "Muerte al dictador" y "No tengáis miedo, estamos juntos". En uno de los videos de las protestas, los manifestantes gritan: "Esta es la última batalla, Pahlavi volverá" (Pahlavi es la dinastía iraní de los shahs que gobernaron el país hasta 1979. Sus descendientes viven desde ese año en Estados Unidos).
Otro comentario al margen es que esto también se nos parece a unos recientes señalamientos del diputado electo opositor Henrique Capriles Radonski, quien hace algunas semanas atrás le hacía llamados a María Corina Machado de retomar una agenda de calle "pese a los riesgos". Asimismo, el portal de difusión de derecha Alertas 24 señaló que Machado prepara su regreso a Venezuela para activar "la fase definitiva". Y nos preguntamos: ¿Fase definitiva" de que o qué?
La República Islámica de Irán, al igual que la República Bolivariana de Venezuela, tienen problemas económicos, pero que no se nos olvide que esos problemas económicos en buena medida son causados por las agresiones comerciales, financieras y económicas mal llamadas sanciones que Estados Unidos y sus aliados occidentales le han impuesto a ambas.
Por ello que no nos parece casual ni fortuito como indicamos al inicio de este escrito, que se ataque a uno de los aliados fundamentales de Venezuela en estos momentos.
Otros detalles que podemos destacar de estas acciones en contra de la Revolución Islámica de Irán son los siguientes:
1.- El cierre de tiendas en el Gran Bazar de Teherán y en ciudades como Rasht y Hamadán, que constituye un golpe simbólico fuerte, ya que estos sectores constituyen pilares de estabilidad social.
2.- Las protestas de estudiantes universitarios: Jóvenes de Teherán, Yazd y Zanjan se han unido a las protestas desde el 30 de diciembre.
3.- Consignas Políticas: Además de las que ya mencionamos en párrafos más arriba, se critica al actual gobierno iraní por el "gasto" de dinero en conflictos como Gaza y el Líbano, mientras "el país sufre hambre".
4.- Respuesta del "régimen" y Derechos Humanos: Pretexto de las supuestas violaciones de la Revolución Islámica de Irán a los Derechos Humanos, incluso con situaciones manipuladas como las siguientes:
En el 2025 atribuyen a la Revolución Islámica haber ejecutado a 2.200 personas, siendo supuestamente esto la cifra más alta en los 37 años del mandato del líder Supremo Alí Jamenei, y que solo en este mes de diciembre se habrían ejecutado 376 personas. Esto no es más que el pretexto para buscar descabezar la actual dirigencia en el gobierno iraní.
"Represión en las calles": Se reportan y transmiten enfrentamientos con gases lacrimógenos y detenciones masivas en el centro de Teherán.
Postura oficial: El presidente Masoud Pezeshkian hace llamados a la calma, prometiendo reformas bancarias y exigiendo al Ministerio del Interior escuchar a los manifestantes.
Cabe destacar que los servicios de inteligencia iraníes han detectado elementos infiltrados dentro de las "protestas". Es decir, la presencia de agentes extranjeros en estas acciones y ser los responsables de los intentos de generar caos. Estas revelaciones ya han generado pronunciamientos en el parlamento iraní, sobre todo del ala dura que respalda a la Revolución Islámica de Irán.
Cabe destacar que este "movimiento" ocurre en un contexto de fatiga social (recordemos que hace poco menos de un año por acciones similares se derroca al gobierno de Bashar Al Asad en Siria) acumulada tras las protestas de "Mujer, Vida, Libertad" de años anteriores (2022 si la memoria no nos falla) y el impacto de las sanciones internacionales a ese país.
Estos son los primeros elementos que podemos señalar de las actuales acciones contra Irán, y que, en el caso venezolano pese a las distancias geográficas, no escapamos de ello.
Lo primero que hacemos desde estas líneas es expresar nuestra solidaridad con la República Islámica de Irán y su Revolución, y haremos seguimiento cercano de la situación allá.
Y de nosotros, pese a desear a nuestros lectores y lectoras el feliz año si mañana no salimos con nuestra columna, y a mantenernos alertas y con la guardia en alto ante cualquier acción imperialista que pretenda intentar contra la Patria de los Libertadores y Libertadoras de América, la de Bolívar, la de Chávez.
¡Bolívar y Chávez viven y sus luchas y la Patria que nos legaron sigue!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
* Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tuiteras Socialistas. , jmartoranoster@gmail.com, j_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano
Por qué la Fuerza ya no basta en el Mundo G-Zero.
Por: Kelly J. Pottella G. 30 de diciembre de 2025.
El orden internacional nacido de la posguerra ha fenecido. Estamos entrando en lo que definimos como el "Ciclo G-Zero": un escenario de entropía global donde el vacío de liderazgo ha paralizado a instituciones como la ONU, reduciéndolas a un mero teatro de sombras. En este entorno, la colisión entre Estados Unidos y Venezuela ha dejado de ser una disputa regional para convertirse en el laboratorio de un nuevo paradigma de poder. Mientras Washington aplica un Realismo Transaccional —una política de "negocios a la fuerza"—, Venezuela articula una respuesta fundamentada en la Antifragilidad.
Para comprender esta dinámica, es necesario mirar más allá de los titulares convencionales. Estados Unidos ha activado el Corolario Trump: una actualización agresiva de la Doctrina Monroe que pretende gestionar el Caribe como una propiedad privada bajo asedio. Al no poder imponer su agenda en un Consejo de Seguridad bloqueado, Washington recurre al narcisismo geopolítico, utilizando su capacidad militar para intentar interceptar flujos físicos de energía. Sin embargo, esta agresividad genera un costo oculto: el endofascismo. Al instrumentalizar leyes de excepción —como la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798— para perseguir activos y ciudadanos venezolanos, el Estado agresor termina erosionando sus propias garantías constitucionales y fragmentando su cohesión social interna. La agresión externa se convierte así en un veneno doméstico que debilita la estructura misma de la democracia estadounidense, mientras intenta proyectar una hegemonía que ya no posee.
Ante la obsolescencia del arbitraje internacional, la respuesta venezolana para ejercer su derecho a la defensa es técnica y disruptiva: la Inoperatividad Programada o Inviolabilidad Operativa. Bajo el amparo de la Ley Constitucional Antibloqueo, Venezuela ha blindado sus complejos estratégicos con protocolos ciber-industriales que transforman el activo en un "estorbo" para el invasor. Bajo esta lógica, la infraestructura estratégica posee una cláusula de rescisión técnica automática: ante un intento de toma hostil o desposesión ilícita, los sistemas se bloquean integralmente, volviéndose inútiles para el ocupante. Esto anula la racionalidad económica de la agresión; el recurso deja de ser un "botín codiciado" para convertirse en un pasivo geopolítico sin valor de uso que solo el mando soberano puede reactivar.
Esta transición define la soberanía técnica del siglo XXI, donde ya no se trata solo de reconocimiento diplomático, sino de capacidad operativa de exclusión. Mientras el sistema financiero occidental utiliza el dólar como herramienta de guerra, Venezuela ha consolidado una infraestructura invisible mediante Tecnologías de Contabilidad Distribuida (DLT). Esta arquitectura de resistencia encuentra su columna vertebral en la convergencia con el bloque BRICS+. Venezuela no solo está sorteando el bloqueo, sino que está integrando su economía en la nueva Ruta de la Seda Digital. Mediante el uso de DLT y protocolos de mensajería financiera soberanos, el país liquida sus exportaciones en cestas de monedas locales, eliminando la dependencia del sistema SWIFT y la intermediación de la banca bajo control de la OFAC. Esta transición hacia un clearing multipolar transforma el comercio exterior de un "permiso" concedido por Washington en un flujo inalienable de soberanía. La antifragilidad es precisamente esto: el desorden provocado por el bloqueo ha acelerado una independencia que, en condiciones de normalidad, habría tomado décadas.
Sin embargo, esta "Llave Maestra" sería inerte sin el componente que cohesiona la arquitectura técnica: el Talento Humano Soberano. La antifragilidad venezolana no reside solo en algoritmos, sino en una alianza obrero-científica capaz de operar en la incertidumbre. A esto se suma la gestión de los Minerales Críticos bajo el mismo protocolo de inoperatividad; al blindar el litio, el gas y las tierras raras con estos sistemas de exclusión técnica, Venezuela no solo protege su subsuelo, sino que adquiere un poder de negociación asimétrico sobre las cadenas de suministro de la transición energética global. Finalmente, esta defensa se completa con la Soberanía Cognitiva: la creación de infraestructuras de datos propias y el uso de Inteligencia Artificial soberana para neutralizar la guerra algorítmica externa. La autonomía operativa es, en última instancia, la capacidad de pensar, producir y protegerse sin pedir permiso al viejo centro del mundo.
El conflicto entre EE. UU. y Venezuela demuestra que el modelo de jerarquía internacional ha caducado. El ascenso del Sur Global ha dejado un vacío que la fuerza bruta ya no puede llenar. Al avanzar hacia 2026, el éxito de una nación no dependerá de su apelación a tratados inoperantes, sino de su capacidad para convertir la presión externa en autonomía operativa. Venezuela se erige como el paradigma de este nuevo orden, donde la soberanía es, ante todo, la facultad técnica de excluir al que intenta dominar, garantizando que el costo de la agresión supere siempre, y por amplio margen, cualquier beneficio esperado. La "Llave Maestra" ya no es el fusil, sino el control soberano sobre el código, el dato y el flujo.
Abelardo, el "Patriota" fascista colombiano
Horacio Duque
Por diversas razones (la quiebra del 2008, la globalización neoliberal y la pandemia del Covid) hoy asistimos a un auge de miedo de las derechas más recalcitrantes con resignificaciones en sus bases teóricas y conceptuales a partir de un ataque a lo woke, identificado como un izquierdismo delirante y disolvente de valores esenciales en la tradición más conservadora. Para las nuevas derechas el "les" (como expresión lingüística) es la degradación absoluta de la familia, la religión, la patria y la civilización.
Así, somos testigos del avance incontenible de nuevas derechas políticas a las que muchos llaman derechas extremas. No hay duda, el planeta (Colombia no parece ser la excepción) está virando políticamente hacia la derecha.
Explicar esta tendencia demanda desde la izquierda un profundo análisis y el alcance de esta nota no tiene esa pretensión. Pero tal fenómeno es algo evidente, algo que todos palpamos.
Por lo pronto, baste con decir que hay tres derechas caracterizadas, Colombia así lo muestra. Hay una derecha hibrida con voluntades centrípetas, proclive a las alianzas, a partir de la hegemonía de un polo más radical en su enfoque tradicionalista, nacionalista y populista. Son derechas viejas y nuevas.
Una es la derecha histórica. Es una derecha religiosa, adicta a la familia, patriarcal, que es bastante conocida.
La otra es la derecha que bien puede identificarse como la derecha empresarial (industrial, comercial y financiera), apareció en el periodo de la modernidad industrial en las antípodas de la derecha originariamente monárquica. Liberal en lo económico, a veces también en lo político, suele acercarse a posiciones progresistas, si eso es conveniente para blindar sus intereses; pero también hacia posturas afines a regímenes dictatoriales cuando se encuentra amenazada por los cambios izquierdistas.
Y hay una tercera derecha que bien puede designarse derecha populista (o derecha "revolucionaria" dicen algunos), se trata de un proceso relativamente nuevo. Es populista porque conjuga dos elementos vertebrales a todo populismo: un líder mesiánico y/o épico y grandes movimientos de masas, condiciones que han hecho decir a no pocos expertos que esa derecha populista es un nuevo fascismo adaptado a las condiciones que priman en las democracias liberales de hoy.
Sin embargo, anotemos acá, en muy pocas oportunidades la derecha populista se encuentra en condiciones de llegar por sí sola al poder, de modo que debe acordar alianzas con otras derechas a fin de obtener la mayoría absoluta que requiere para gobernar, que es lo que está en curso en Colombia con el actual proceso electoral. Eso supone que su agresividad se vea atenuada, en parte, por los partidos constitucionalistas de derecha. Por lo mismo, si esa derecha obtiene la primera mayoría, bregará por la unidad de derechas, pero al mismo tiempo intentará imponer su hegemonía sobre el resto de las derechas, que es lo que pretende Uribe Velez con varios de sus alfiles.
En ese contexto, hay en la actualidad una candidatura presidencial que parece reflejar la derecha populista en alza. Me refiero al nombre del abogado de ex paramilitares y piratas financieros, Abelardo de la Espriella, con un innegable repunte en las encuestas conocidas hasta el momento.
Abelardo se está presentando como un Patriota ejemplar.
El del patriotismo es un discurso pegajoso que cae de perlas al nacionalismo, la religión, la propiedad y la familia; conceptos sobre los que la derecha alega un monopolio cultural absoluto.
La izquierda colombiana esta advertida de lo que se viene con esta narrativa.
Patria es una categoría resbalosa. Algunos lo usan como un sinónimo de nación, error en el que incurre la propia RAE. La acepción más simple indica que Patria es "lugar, ciudad o país en que se ha nacido". En el uso más común, patria es el lugar originario que se añora.
Una vez alguien definió patria como el lugar en que a uno le gustaría morir. Otros lo usan en su sentido semántico, "patria es el país de los padres" o "tierra de los padres", definición un tanto arriesgada pues ata a cada uno con un pasado imaginario y puede usarse incluso en sentido étnico o racista.
Pero hay una manipulación fascista de la Patria como está ocurriendo en muchos Estados del mundo.
Precisamente en contra del uso fascistoide del concepto de patria, Jürgen Habermas propuso el término de "patriotismo constitucional". De acuerdo a ese término, el patriotismo sería deslugarizado y pasaría a convertirse en adhesión voluntaria a la constitución del país donde uno reside. La idea, siendo buena, tiene, sin embargo, un problema: convierte el término patriota en un sinónimo de ciudadanía
Ciudadanía, supone en efecto, el reconocimiento y la aceptación de la norma constitucional del país donde uno reside. De ahí que, podríamos decir que patria es más bien un concepto vinculado, no tanto con el nacimiento, sino con lugares y costumbres del país que cada uno añora.
Así, patria, tiene que ver más que con condiciones objetivas, con sentimientos subjetivos. Por eso hablamos de amor patrio y no de amor constitucional. Y si es amor, solo puede ser voluntario, pues hasta ahora nadie ha inventado el amor obligatorio.
El giro que este concepto político está teniendo hoy bien se puede relacionar con la redacción de la Estrategia de Seguridad Interior de Estados Unidos que designa como "partidos patriotas" a los partidos nacionalistas y populistas de la extrema derecha de varios estados
Ese concepto fascista de Patria es el que está levantando el candidato presidencial Abelardo de la Espriella en la actual campaña electoral para escoger el próximo presidente de Colombia.
Se trata de un patriotismo antipatriota y así hay que denunciarlo. Es una rebelión contra la paz y la democracia que debe ser desenmascarada.
Politólogo e historiador.
horacioduquegiraldo@gmail.com @horacio_DG
Dilema
martes, 30 de diciembre de 2025
Edición 460 Debemos mejorar nuestra comunicación con nuestro pueblo: No debemos confundir el manejo de los códigos populares con lo chabacano o vulgar
Juan Martorano
Para el momento en que escribimos estas líneas, nos encontramos en el penúltimo año de este 2025. Esperando que nuestros amigos y amigas hayan tenido unas felices navidades y aprestándose a pasar una noche vieja y año nuevo de dicha, salud y prosperidad.
Inusualmente hemos estado un tanto alejados de las teclas, porque nos hemos entregado como muchos, a la reunión y encuentro con la familia, con los afectos. Ellos son los que nos proporcionan el combustible, la fuerza, para seguir en la lucha que ya forma parte de nuestro diario trajinar.
Y bueno, esa necesaria merma en nuestras actividades y escritos cuasi diarios, aplicando aquello del "reposo del guerrero" que sorprende a propios y extraños, no ha estado exento de acontecimientos y de que algunos nos hagan consultas. De ello nos referiremos en próximas ediciones de esta columna.
Hoy vamos a referirnos a una sugerencia que nos hizo una seguidora a quien apreciamos mucho (que no se asuste que no la nombraremos) pero que hace varios días nos compartió una serie de reflexiones, y que prometimos que nos referiríamos de ellas en nuestra columna.
Esa amiga hace varios días reflexionando, nos decía que le afecta mal oír el uso de groserías en las plataformas tecnológicas y en las redes sociales digitales. Nos hace un poderoso llamado de atención (sobre todo para aquellos y aquellas que tenemos la inmensa responsabilidad de hablar a multitudes y que comparecemos ante medios de comunicación y el uso de plataformas y tecnologías para la comunicación). Le preocupa y con justa razón, que este hecho se esté normalizando (o naturalizando) y nos señala que aún estamos a tiempo de corregir este entuerto tomando conciencia sobre el uso de palabras que enriquezcan nuestro lenguaje.
En esa línea de pensamiento de esta amiga se suscribe José Jatar en Facebook, quien en un artículo titulado "la vulgaridad como identidad: cuando un país renuncia a su palabra" advierte que en nuestro país se ha instalado una peligrosa confusión cultural: la idea de que el lenguaje obsceno, grosero y empobrecido constituye una expresión auténtica de la identidad nacional. Influencers, comediantes y hasta supuestos intelectuales disruptivos celebran hoy la vulgaridad como si fuera una forma de rebeldía, cercanía con "el pueblo" o resistencia cultural.
Sin embargo, lo que representa como autenticidad no es más que una renuncia colectiva al capital simbólico que sostiene a toda sociedad viable.
El habla popular como señala Jatar, o sociointelecto nunca debe entenderse como sinónimo de degradación lingüística. Nuestro pueblo ha sido y es históricamente creativo, ingenioso, expresivo sin necesidad de reducir su vocabulario al insulto, a la obscenidad, al doble sentido, el pornolecto o la repetición vacía. Cuenta Jatar en su escrito que su abuela María Hermegilda Medina Rodríguez, nacida en Maparari, en el poblado de la Sierra de Falcón no sabía leer ni escribir, más sin embargo poseía un lenguaje muy elevado e ingenioso, exento de vulgaridades.
Al igual que Jatar, queremos llamar la atención de esta peligrosa normalización de la grosería, señalando que esta no dignifica lo popular, todo lo contrario, lo empobrece. Y cuando el empobrecimiento del lenguaje se vuelve espectáculo, el pensamiento crítico desaparece, sustituido por la reacción inmediata y el aplauso fácil.
El uso de las plataformas tecnológicas, las denominadas tecnologías de la información y comunicación sin criterios, indudablemente han acelerado este proceso. Ahora el algoritmo premia lo burdo, lo escandaloso y lo inmediato, convirtiendo la vulgaridad en una "estrategia rentable" de visibilidad. En ese contexto, algunos creadores (y creadoras por aquello de la equidad de género) de contenido, y lo más grave, ciertos opinadores (y opinadoras) que se autodenominan de intelectuales, han optado por celebrar la grosería para "no perder audiencia", legitimando así un deterioro cognitivo colectivo que trasciende lo cultural y se está convirtiendo en un problema de carácter ético, educativo y hasta económico.
Tomemos conciencia, sobre todo en estos días de reflexión y recogimiento de que un país o una sociedad que se degrada en su lenguaje va a su vez degradando su capacidad de pensar, decidir y de producir. La pobreza no es solo en lo material como nos lo señala Jatar en su estupendo escrito, puede ser también simbólica.
Cuando las palabras pierden precisión, el pensamiento puede tornarse impreciso, y cuando el pensamiento se vuelve impreciso, las instituciones que sostienen un Estado o una sociedad se debilitan y la prosperidad podría volverse una quimera, sobre todo cuando ese comportamiento es estimulado por los que deberían ser sus referentes (líderes políticos o lideresas políticas, culturales o los mal llamados y llamadas "influencers".
Dentro de la óptica que nos plantea Jatar en sus reflexiones, Venezuela tuvo grandes "influencers" verdaderos que usaron los medios como plataformas masivas para sembrar valores: Aquiles Nazoa en su programa "Las cosas más sencillas"; Arturo Uslar Pietri, quien sin negar su ideología de derecha, tenía un buen programa "Valores Humanos"; Fruto Vivas con "Vidas" y Oscar Yánez con "Así son las cosas.
No es tarea nuestra promover la censura ni de imponer correcciones artificiales o pacatas. Se trata de recuperar la autoridad de la palabra como base de la convivencia, la educación y el liderazgo dentro de la sociedad. Porque una sociedad progresa cuando vuelve a admirar lo mejor de sí misma, no cuando aplaude su empobrecimiento. Defender la dignidad del lenguaje no es sinónimo de elitismo, sino que debemos entenderla como condición mínima para la reconstrucción de nuestros valores, prosperidad y futuro.
Incluso como se lo escuchamos alguna vez a nuestro buen amigo el doctor Erick José Rodríguez Mieres en un foro que dictó hace muchísimos años en la Alcaldía del Municipio Caroní del estado Bolívar: "A través del lenguaje, o de su mal uso incluso, pueden reforzarse mecanismos de dominación".
Y aunque no siendo intención en el presente escrito, pero es que hasta en la Biblia está contenida de manera expresa la importancia del buen uso del lenguaje porque "la palabra tiene poder: de dar vida y de dar muerte".
Y para cerrar, señalamos con una famosa frase que tituló uno de los aportes teóricos del inefable Carlos Lanz: "La Revolución o es Cultural o reproducirá la dominación".
Esperamos que con este llamado de atención en el penúltimo día del año 2025, podamos haber complacido la petición de esa buena amiga y del articulista José Jatar en sus reflexiones y escritos.
¡Bolívar y Chávez viven y sus luchas y la Patria que nos legaron sigue!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiteros y Tutiteras Socialistas. Www.juanmartorano.blogspot.com , www.juanmartorano.wordpress.com , jmartoranoster@gmail.com, j_martorano@hotmail.com , juan_martoranocastillo@yahoo.com.ar , cuenta tuiter e instagram: @juanmartorano, cuenta facebook: Juan Martorano Castillo. Canal de Telegram: El Canal de Martorano.
jmartoranoster@gmail.com @juanmartorano
Punto y seguimos | El silencio de los cobardes
Venezuela es hoy el blanco central en el proyecto de renovación —o caída de máscara, elija usted— del imperialismo estadounidense en la región. "Recuperar" el país hacia su zona de dominio directo y deshacerse de cualquier rastro de chavismo es, primero, un punto de honor ideológico y, segundo, un punto económico estratégico que les permitiría disponer libremente y sin tasas de una fuente de energía confiable y cercana. Ante todo caso de rebeldía y atrevimiento como el venezolano del siglo XXI, el castigo del hegemón debe ser ejemplarizante, y no hay dudas respecto a su intención, ni en los discursos ni en la práctica.
A los ojos de cualquier observador medianamente entrenado, esto es casi una obviedad. Sin embargo, pareciera que el "progresismo" latinoamericano, tan venido a menos, no se atreve siquiera a describir de manera contundente la amenaza que representa para el continente —en cuanto zona de paz y de similitudes culturales— que los Estados Unidos de Norteamérica decidan llevar su doctrina del garrote al extremo en el Caribe. No quieren ser Venezuela, y se les nota.
Dicen que el miedo es libre, y es evidente que campea en las resquebrajadas izquierdas, aferradas a un discurso débil, no confrontativo, pero tampoco certero, lejano a unas masas a las que no supieron o pudieron explicarles el peligro al que se enfrentaban eligiendo a los libertarios, conservadores y fanáticos que hoy son mayoría en los gobiernos de la región. Evitar "parecerse" a Venezuela, como absurda forma de evitar el ataque frontal y rotundo del imperio, con bloqueos, migración y guerra psicológica incluida, ha sido —y es— una de las estrategias más inútiles de los últimos tiempos, y también de las más cobardes.
Que la fracción que supuestamente representa los ideales más humanos, la defensa de la soberanía, la independencia, la solidaridad y los derechos de todos y todas, haya decidido aplicarle al país que lideró el proceso de cambio más intenso en los últimos cien años de historia continental la práctica de la "cancelación" es, sin lugar a dudas, vergonzoso. No se trata de defender un gobierno; es plantarse a defender a un pueblo que hace doscientos años se desangró para que varios de ellos pudieran ser libres; es defender a un país hermano al que el imperio decadente y desesperado quiere saquear y convertir en el ejemplo de lo que pasa si decides romper las reglas de la opresión y exigir el mínimo derecho que cualquier nación merece: el de existir en paz.
Cuando los años pasen, y la historia se escriba, Venezuela será siempre referencia de dignidad y atrevimiento. Allá aquellos iluminados que se quedaron en exigir actas ajenas, sugerir que bajen "las tensiones", callar para verse más bonitos o, pero aún, aplaudir como focas y gritar en favor de una democracia que no supieron construir para los suyos. A esos, nota al margen y solo para no olvidar que lo único que hicieron fue el ridículo.
Como si el progresismo continental no tuviera suficiente con la vergüenza de haber perdido casi todos los espacios de poder que había ganado a principios de siglo, ahora, más fragmentado y atrincherado que nunca, elige. Cómo no...
Mariel Carrillo García
2025 ha sido un round victorioso para Venezuela en desigual confrontación con EEUU

Cantar victoria en la confrontación con el poder imperial no sólo sería un exceso de optimismo, sino también una actitud imprudente. Pero, poniendo como límite temporal el año que culmina, se puede afirmar que Venezuela ha ganado este round.
En primer lugar, el desarrollo de los acontecimientos ha dejado al descubierto, de forma ya inequívoca, cuál es el verdadero motivo de la injerencia de Washington. La imagen hollywoodense (¿o será netflixera?) de militares estadounidenses tomando por asalto un buque mercante, reviviendo los tiempos de Francis Drake, sir Walter Raleigh y John Hawkins, demostró que a los vampiros imperialistas (como los calificó una vez el comandante Hugo Chávez) lo que en realidad les interesa de Venezuela es chuparle todo el petróleo.
Pero, si esa escena no hubiese sido suficiente, el Agente Naranja se encargó de puntualizar el motivo de tanta movilización militar: lanzó la tesis de que el petróleo que se encuentra en las entrañas del territorio venezolano es, en realidad, propiedad de EEUU. No contento con declararse dueño de los hidrocarburos, también habló de tierras y otros activos.
En esa confesión de Donald Trump radica el triunfo parcial de Venezuela sobre el arrogante poder imperial. Afirmar que EEUU quiere saquear nuestros recursos naturales dejó de ser la “narrativa” del chavismo; no es ya un argumento político para inflamar el patriotismo del pueblo. No. Es una realidad confirmada por la contraparte.
Supongamos que usted lleva años denunciando a un vecino delincuente que quiere apoderarse de su casa y sus otros bienes. El vecino, que se cree la referencia moral del barrio, alega que él lo que quiere es restablecer el orden en su casa (la de usted) porque no le gusta su manera de ser. Pero, de pronto, el sujeto en cuestión se deja de zoquetadas, manda a sus lugartenientes a asediar la vivienda y asaltar a los miembros de la familia que entran o salen, y luego admite públicamente lo que se propone, cuando aparece en tono de matasiete y dice: “¡Sí, vale, yo quiero esa casa y la voy a tomar a punta de pistola!”. Pues bien, puede afirmarse que aumentó el riesgo de que usted pierda su casa, pero ha ganado la batalla simbólica porque ha llevado al malandro a admitir su pretensión.
El discurso del embajador Samuel Moncada ante el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, plasmó brillantemente este punto, al explicar serenamente que el disparate de Trump no es tal, sino una manera ramplona y sobreactuada —muy característica de ese personaje— de decir y hacer lo que siempre han dicho y hecho los jerarcas imperiales: amenazar, amedrentar, robar, saquear, piratear riquezas de países soberanos.
¿Qué importancia tiene este triunfo simbólico? Pues, mucha porque deja sin efecto todo el tinglado legitimador del intervencionismo. Queda probado que EEUU no pretende cambiar el “régimen” de Venezuela porque quiera defender los derechos humanos, la democracia y la libertad o porque esté en lucha contra el narcotráfico. Lo hace por la misma razón que ha ejecutado tantas invasiones, bombardeos humanitarios y por la que ha patrocinado tantas guerras civiles o delegadas: apoderarse de territorios y recursos ajenos.
Demostración de fuerza que se transforma en debilidad
La segunda razón por la que se puede afirmar que Venezuela ha salido victoriosa, al menos en el período 2025, en su desigual confrontación con EEUU se puede encontrar en los resultados de la operación militar en el Caribe. Cinco meses de movilización de importantes fuerzas marítimas y aéreas solamente dejan como balance un conjunto de ejecuciones extrajudiciales perpetradas contra civiles y, más recientemente, asaltos piratas a tanqueros petroleros. En cambio, no han producido el resultado que los asesores de Trump le aseguraron que tendría.
El pueblo venezolano no sucumbió ante las operaciones psicológicas asociadas al despliegue militar. Por el contrario, se sumó masivamente a iniciativas para la eventual defensa del territorio. Falló rotundamente el cálculo de que la gente aterrorizada realizaría compras nerviosas o saldría a exigir la renuncia del presidente Nicolás Maduro para evitar el baño de sangre y la destrucción masiva que siempre conlleva un ataque gringo. Ni siquiera el espíritu navideño tradicional del país se vio mayormente afectado, salvo por los opositores radicales de siempre, que se han quedado varias veces ocultos en sus búnkeres, durmiendo con ropa de calle y con las alacenas repletas de enlatados, esperando la invasión o la “extracción quirúrgica”.
Esa falta de resultados obligó a Trump a ir aún más lejos, violando cada vez de peor manera el derecho internacional e, incluso, las propias leyes internas de EEUU. En esa onda, “ordenó” el cierre del espacio aéreo venezolano y generó actos de sabotaje (tipificables como terroristas) contra aviones civiles, incluso algunos en otras zonas del Caribe.
Como suele pasar tanto en la vida cotidiana como en la geopolítica, las demostraciones fallidas de fuerza generan debilidad. De allí que el gran problema que tiene Trump en estas horas finales de 2025 y en el comienzo del 2026 (y el mayor riesgo para nosotros, dicho sea de paso) es que si ordena el retorno de la enorme fuerza naval desplegada, será una derrota ya no solamente simbólica, sino también “cinética”, como se le ha comenzado a llamar a los actos militares reales. Hacer volver con las manos vacías a lo que el mismo Trump calificó como “la Armada más grande jamás reunida en la historia de Suramérica”, equivale a hacerlo con el rabo entre las patas, sobre todo porque, el día 16 de este mes, acotó que “Venezuela está completamente rodeada” y aseguró que la flota en cuestión “sólo crecerá, y la conmoción para ellos será como nunca antes la han visto”.
Hasta ahora, el triste balance de la incursión ilegal e ilegítima de EEUU en una zona de paz es más de un centenar de viles asesinatos (incluyendo sobrevivientes que fueron rematados sin piedad) y unos tanqueros robados.
El fracaso de la política de aislamiento internacional
Durante décadas, EEUU y sus aliados locales han apostado a la política de aislar internacionalmente a Venezuela. El propósito explícito ha sido siempre que el Gobierno Bolivariano sea tratado como la cabeza de un Estado fallido. Parcialmente lo han logrado, sobre todo durante el anterior período de Trump, mediante la patraña del gobierno interino. Sin embargo, esa estrategia fue perdiendo fuerza y en este último tramo (desde que comenzó la operación naval en el Caribe) ha colapsado casi por completo. En este momento, quienes aparecen como parias internacionales son Trump y su pandilla, que andan por el mundo matando civiles, hundiendo pequeñas embarcaciones y asaltando tanqueros llenos de petróleo.
Este cambio se debe, primeramente, a que ya el mundo no es el mismo. El ascenso de China al rango de primera potencia económica y la consolidación de los BRICS; la firme postura de Rusia en la guerra proxy de Ucrania; la determinación soberana de países como Irán y el repudio mundial al genocidio de Gaza han configurado un escenario global en el que EEUU ya no puede mandar caprichosamente, como pretende hacerlo Trump.
Ante las agresiones sufridas por Venezuela, numerosas voces se han elevado. Y ese ánimo contestatario se ha incrementado con las violaciones cometidas contra el derecho marítimo y la seguridad aérea. Al afectar directamente los intereses de otros países grandes, el asunto deja de ser una “tensión entre EEUU y Venezuela”, como lo pinta la maquinaria mediática proimperialista, y se transforma en un conflicto global en potencia.
Esto ubica a Venezuela en una posición privilegiada, tal como quedó demostrado en la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU. Aliados de gran envergadura revirtieron la estrategia, dejando a EEUU aislado, obligado a aplicar su derecho a veto para impedir la condena diplomática que merece.
¿Hasta dónde llegaría el apoyo de los aliados?
Ganarle un round a una bestia imperial—hay que insistir en esto— es motivo de orgullo y celebración, pero no es razón para cantar victoria. Este episodio perdido por EEUU bien podría ser el inicio de una derrota estratégica, lo cual sí sería motivo de jolgorio universal en el mediano plazo. Pero, en lo inmediato, eleva muchísimo el riesgo de una reacción aún más violenta.
La historia de este poder imperial está plagada de ejemplos de ese tipo de gestos mafiosos. Los ha cometido en las etapas previas: mientras EEUU ascendía como potencia global; en tiempos de la permanente pulseada con la Unión Soviética; y durante el esplendor de la unipolaridad. Así que es de suponer que, con más razón, una respuesta feroz y arrebatada sea de esperarse de un imperio en decadencia manifiesta, que intenta recomponer las piezas rotas de su hegemonía. Y, como agregado a esa cuestión estructural, se debe considerar que hablamos de un “emperador” hundido hasta el cuello en su propio detritus.
Considerando esa hipótesis, surge la pregunta de hasta dónde estarán dispuestos a llegar los aliados que, en el plano diplomático y mediático, han salido a defender a Venezuela. Si Trump ordena la agresión militar terrestre con la que viene amenazando hace meses o en caso de que sus juguetes bélicos en el Caribe toquen los intereses de alguna de las potencias emergentes, ¿pasarán al campo de los “cinético”, con todas las consecuencias que se derivarían de ello?
Son preguntas para hacerse en la esquina de este ring de boxeo ideológico, político, diplomático y militar en el que Venezuela —tal vez por predestinación histórica— le ha tocado pelear.
(Clodovaldo Hernández / Laiguana.tv)
Civilizaciones en diálogo: China y América Latina hacia un futuro compartido
El Programa de las Civilizaciones no es un apartado aislado dentro del tercer Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe. Es un eje transversal que atraviesa todos los demás programas —solidaridad, desarrollo, paz y pueblos— porque sin cultura, educación y comunicación no puede haber avances reales de las sociedades ni de la persona humana plena y consciente. La construcción de un futuro compartido requiere primero reconocernos en nuestra diversidad y dialogar desde ella.
Intercambio cultural y aprendizaje mutuo
China es un país con más de 50 etnias, múltiples lenguas y una riqueza artística que va desde la caligrafía y la ópera tradicional hasta la innovación tecnológica aplicada al cine y la música contemporánea. Esa diversidad ha sido integrada en una unidad virtuosa de identidad nacional, donde cada cultura aporta a un proyecto común.
América Latina y el Caribe también somos un mosaico cultural: pueblos originarios, herencias africanas, raíces europeas y expresiones mestizas que se manifiestan en nuestra música, literatura y gastronomía. Sin embargo, durante siglos hemos centrado nuestra mirada en las potencias occidentales, que con su fuerza —a veces blanda, a veces violenta— han intentado dividirnos y alejarnos de nuestra propia historia. El Programa de Civilizaciones abre un espacio auspicioso para que, al acercarnos a China, nos acerquemos también a nosotros mismos.
Educación y formación de talento humano
El documento subraya la importancia de la cooperación en educación y capacitación, creando oportunidades para que jóvenes latinoamericanos participen en programas de formación en China.
Estos espacios no solo transmiten conocimiento técnico, sino que también fomentan una visión compartida de desarrollo inclusivo. Para Venezuela y la región, formar profesionales en áreas estratégicas como ciencia, tecnología y comunicación significa fortalecer la soberanía y la capacidad de acción independiente.
Cooperación periodística y académica
La propuesta de intercambio en prensa, radio, cine y televisión, junto con la colaboración entre think tanks y universidades, es clave para contrarrestar narrativas hegemónicas que invisibilizan al Sur Global y que, al mismo tiempo, ejercen mecanismos de disociación y guerra cognitiva contra nuestros pueblos. La cooperación sino-latinoamericana en medios y academia puede ofrecer relatos alternativos que reflejen nuestras realidades y aspiraciones, consolidando un discurso de respeto mutuo y beneficio compartido.
Contraste con las potencias hegemónicas
Mientras las potencias tradicionales han promovido modelos culturales basados en la imposición y la homogeneización, China plantea un enfoque distinto: el reconocimiento de la diversidad y la coexistencia de civilizaciones. Este contraste es fundamental para América Latina, que históricamente ha sufrido intentos de dominación cultural y destrucción de su identidad nacional.
La filosofía china de “aprender mutuamente y prosperar juntos” se alinea con nuestra visión latinoamericana de independencia y dignidad.
Reflexión final
El Programa de las Civilizaciones nos invita a mirar hacia China, pero también a mirarnos en el espejo de nuestra propia riqueza cultural. En ese encuentro, Venezuela y toda América Latina tienen la oportunidad de reafirmar su identidad, fortalecer sus lazos con el Sur Global y avanzar hacia un futuro donde la diversidad sea el motor de la unidad y el bienestar compartido.
La hermandad entre China y América Latina y el Caribe abre el camino al intercambio cultural, académico, educativo y comunicacional entre 34 países. Además, involucra a un conjunto de más de 668 millones de habitantes de nuestra región que, al estrechar vínculos con China, tendrían una nueva perspectiva de desarrollo personal y una nueva visión de las capacidades productivas que se abren ante un mundo multipolar, con nuevas relaciones económicas y mayores posibilidades productivas y empresariales.







