miércoles, 4 de noviembre de 2026

Hay que estudiar el factor digital en la remontada de Lula

 

El episodio amerita investigación pues es la primera vez que una candidatura progresista logra emparejar una lucha desigual, pues se da en un terreno controlado por el tecnocapitalismo


Afirman los conocedores de estos asuntos que Lula logró remontar en la segunda vuelta presidencial brasileña porque aceptó dar un giro radical a su campaña electoral y entrar con fuerza en la disputa de los espacios en las redes digitales.

Señalan estos expertos que durante el grueso de la contienda, hasta la primera vuelta (en la que perdió ante el ultraderechista Flavio Bolsonaro), el presidente brasileño dejó casi todo ese terreno en manos de su oponente, quien contó además, con el respaldo de los tecnomagnates que controlan esas redes y plataformas, a través de las cuales fluye la mayor porción de las comunicaciones masivas en este tiempo.

Acicateado por la derrota, obligado a reunir varios millones de votos adicionales para el balotaje, Lula confió en un aliado al que ya comenzaron a calificar como el artífice de la remontada: André Janones, un diputado de 42 años que se encargó de dirigir el componente electrónico de la campaña electoral y lo hizo de un modo tan eficiente que la tortilla terminó volteándose en la vuelta definitiva.

Todo partió de un canal de WhatsApp llamado Ejército de Lula, empleado para centralizar las comunicaciones de un estimado de diez millones de personas que sirvieron de caja de resonancia para noticias, mensajes, imágenes fijas, videos, memes y etiquetas. Esta militancia digital fue fundamental, de acuerdo con los análisis de observadores directos, para crear, primero que nada, la sensación de que la victoria era posible. Luego, cuando esta convicción cobró fuerza, estos canales electrónicos fueron la vía para impulsar la participación del considerable segmento del electorado que había votado en blanco o se había abstenido en la primera vuelta.

Los adversarios del aspirante a la reelección se percataron de este crecimiento inesperado y por eso bloquearon al Ejército de Lula, contando con la complicidad de los señores feudales del tardocapitalismo. No obstante, la fuerza del fenómeno ya se había tornado irreversible y los intentos de prohibir esta modalidad de comunicación fueron anulados.

El episodio amerita mucha investigación y estudio pues es la primera vez que una candidatura progresista logra utilizar el más novedoso armamento del enemigo para emparejar una lucha desigual en un campo ampliamente dominado por las fuerzas reaccionarias.

Esto, desde luego, no significa que la izquierda debe volcar su acción política a la militancia digital y abandonar el contacto directo. Eso sería un terrible error. Pero ha quedado claro que es necesario conjugar ambos escenarios y evitar que el ámbito digital sea un coto exclusivo de las fuerzas de derecha.

También hay que tener en cuenta que estos sectores conservadores radicales ya estarán estudiando muy detalladamente qué elementos de la “mátrix” fallaron y permitieron que esta especie de organización contracultural digital sacara provecho y ayudara a la derrota de una opción emblemática de la ultraderecha en el actual contexto geopolítico.

Entonces, del mismo modo, los factores de izquierda deben hacer esa revisión para replicar aquello que deba ser copiado en sus respectivos escenarios electorales. El reto está planteado.



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