María Alejandra Díaz
Prefacio: La Necesidad de una Salida Histórica
Venezuela está atravesando un momento definitivo. Después de tantos años marcados a fuego por la pelea polarizada, la gente y los sectores políticos del país nos vemos atrapados en una falsa trampa que ha destruido el pacto social, arruinado la economía y puesto el bienestar de todos al servicio de la obsesión de unos pocos por conservar o repartirse el poder.
Plantear hoy una Tercera Vía no es un invento táctico ni un apaño entre cúpulas cansadas de repartirse migajas. Es, sencillamente, una necesidad profunda: devolverle al pueblo venezolano el mando y la libertad que le fueron robados por esta lógica de bandos. No se trata de hacernos los neutrales ni de buscar una comodidad cobarde entre dos extremos que se alimentan el uno al otro, sino de levantar una alternativa seria, con un proyecto claro, identidad republicana y con la gente al frente.
La polarización que nos han impuesto funciona como un chantaje asfixiante que reduce la inmensa complejidad de nuestra realidad a una trampa muy simple, una lógica binaria, de opuestos que se autosostienen que pretende acorralarnos entre:
Aplaudirle todo al oficialismo, o de inmediato te tildan de traidor y enemigo de la patria; o le sigues el juego acríticamente a la oposición tradicional, o te cae el estigma de colaboracionista; o te tragas los abusos y desastres de un lado, o automáticamente le validas las trampas al adversario.
La tarea principal de esta Tercera Vía es desmontar ese chantaje. Romper con el sectarismo exige poner por delante principios que no se negocian y que están muy por encima de los intereses de turno: la Constitución por delante de los partidos, la soberanía nacional por encima de los negocios particulares, y la dignidad de la gente por encima de cualquier lealtad ciega.
Una Tercera Vía auténtica no puede convertirse en un simple relevo que venga a repetir los mismos vicios de lo que criticamos. Para no equivocarnos de camino, tenemos que vacunarnos contra tres desviaciones letales:
El caudillismo y la exclusión: No podemos repetir el autoritarismo, el sectarismo y las ganas de concentrar todo el poder que tanto le criticamos a este gobierno.
El borrón y cuenta nueva con la corrupción: No podemos permitir que el discurso de la reconciliación termine en una impunidad de compadres que perdone todas las estructuras e instituciones podridas.
El saludo a la bandera: Tenemos que rechazar candidaturas de redes sociales o de café que solo sirven para dividir el voto sin construir una fuerza real ni tener vocación de gobernar.
Tener autonomía no significa andar con medias tintas ni ser indiferentes ante las violaciones de la Constitución, el atropello a los derechos humanos o la podredumbre ética. Al contrario, exige un compromiso firme con la democracia de verdad.
Lejos de encasillarnos en una etiqueta tibia de "centro", esta Tercera Vía se levanta como una corriente republicana, popular, democrática y soberana, parada firmemente sobre cinco pilares: Republicanismo cuyo enfoque es el poder entendido como un servicio público y un patrimonio de todos, jamás como la hacienda privada de un caudillo, un partido o un grupito.
Democracia Popular, entendida como el rescate del ciudadano de a pie para que sea el dueño real de las decisiones, y no un simple número que buscan cada vez que hay elecciones.
Justicia Social, como la necesidad urgente de recuperar el valor del trabajo, un salario que de verdad alcance, pensiones dignas y servicios públicos que funcionen.
La Soberanía Nacional, que no es otra cosa, que poner nuestros recursos y la política exterior a servirle a la República, y no a intereses de foráneos ni a negociaciones por debajo de la mesa.
El Pluralismo como principio transversal, que garantice que ninguna tribu política vuelva a secuestrar ni a creerse dueña exclusiva de la representación del país.
Dentro de esta visión, nuestras bases de pensamiento, se alimenta de ideas profundas,
El filósofo neerlandés Baruch Spinoza, quién nos recuerda que la fuerza real de un país está en su sociedad, no en el gobernante de turno que se cree dueño de todo.
Gustavo Bueno, quién nos enseña que la nación es mucho más que el poder fetichizado y la rosca que gobierna momentáneamente; tiene una historia, un territorio y una raíz material que se respeta y Alberto Buela quién nos recuerda que, si no somos capaces de decidir por nosotros mismos y tener autonomía real, ningún proyecto de país va a funcionar, éstos, entre otros tantos autores que nutren esta corriente.
Para que este planteamiento baje a la calle y se convierta en una fuerza capaz de cambiar el rumbo del país, necesitamos organizar, una estructura verdaderamente autónoma, que abra las puertas a los trabajadores, a los estudiantes, a los gremios, a los académicos, a las comunidades y a nuestra diáspora que se fue pero quiere volver; un programa claro de reconstrucción con metas precisas para rescatar las instituciones, levantar la economía y garantizar gobernabilidad; métodos limpios para elegir, donde los líderes y candidatos salgan desde las bases, sin imposiciones de cogollos ni dedazos; exigencia de garantías verdaderas como son las condiciones mínimas para creer en un proceso, un árbitro electoral independiente, registro al día, auditorías transparentes y veeduría internacional seria y finalmente el rescate y respeto irrestricto a la Constitución, como acuerdo que nos dimos los venezolanos.
Una corriente que busca transformar la cultura del Poder. Y para ello, la pregunta clave que tenemos que hacernos va mucho más allá de cambiar los nombres de quién se sienta en Miraflores, debemos preguntarnos y profundizar: ¿Y si el verdadero problema de Venezuela no es solo quién gobierna, sino esa cultura política en la que el que llega al poder se cree dueño del Estado, de las instituciones y de la voluntad de la gente?
Cambiar de caras manteniendo intactas las mañas del caudillismo, el clientelismo y el centralismo nos condena a dar vueltas siempre en el mismo círculo de frustración. La Tercera Vía propone sacudir esas mañas de raíz para que a Venezuela no la vuelva a secuestrar nadie.
Esta Tercera Vía Electoral no nació para repartirse cuotas de poder ni para vivir del negocio de la polarización. Es un movimiento de rescate republicano con vocación de ganar y gobernar, listo para devolverle vigencia a la Constitución, respeto a los derechos humanos y libertad de decisión a nuestro pueblo.
Venezuela ya está hastiada de tener que calarse formas distintas de tutelaje. Lo que nos toca es rescatar, de una buena vez, el timón de nuestro propio destino.
¡Toca luchar y vencer!
Abogada constitucionalista y representante del Estado ante la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Vicepresidente de la Comisión de Justicia y Tutela Efectiva de la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela (2017).

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