jueves, 29 de enero de 2026

Por qué apoyo al gobierno de Delcy

 

Impacto geoestratégico de la revolución tecnológica

 ALEXANDRA MULINO

La política geoeconómica y de seguridad de los Estados Unidos es unipolar. No considera el carácter soberano de las naciones que se encuentran en su área de influencia por la naturaleza injerencista de la doctrina Monroe, la política del Gran Garrote y la división imperialista social del trabajo creado durante la posguerra.

Los Estados nacionales ubicados en el marco de la dependencia estructural han luchado por la autodeterminación de sus pueblos pero a contrapelo de los intereses hemisféricos del imperialismo yanqui.

En el caso de América Latina, golpes fascistas y posiciones socialdemócratas plegadizas, a favor de los intereses de Washington, han dominado la escena política y económica de su historia contemporánea.

El gobierno de Venezuela, bajo el liderazgo del finado comandante Hugo Chávez y su actual presidente Nicolás Maduro −secuestrado por el régimen de Donald Trump−, en nombre de los más altos valores de nuestras “tres raíces”, decidieron luchar por la independencia económica con la conformación de un mundo multipolar. Si bien, para el hegemón trata de una afrenta a los intereses hemisféricos de su Estado imperialista.

Por ejemplo, en este año 2026, se prevé destinar $540.000 millones en infraestructura vinculada a la inteligencia artificial (IA); para ello, Nick Beams afirma que se requiere recursos energéticos rentables a fin de impulsar una poderosa red eléctrica que debe abastecer los centros de datos de la IA.

A su vez, Misión Verdad subraya que 83% de la matriz energética de los EEUU es hidrocarburífera. En consecuencia, el petróleo, el gas y la minería del subsuelo venezolano repotenciarían su haber eléctrico y todo el mercado tecnológico de punta.

En consecuencia, fortalecen el mercado especulativo y de tecnologías intangibles. Para ello, es de sumo clave comprender que la acumulación de capitales volátiles requiere, para mantener rentabilidad, procesos de privatización en el ámbito del gasto público según los preceptos del FMI.

Por todo lo antes expuesto, es necesario mantenernos en unidad irrestricta con los lineamientos establecidos por el presidente Maduro y la presidenta encargada Delcy Rodríguez a fin de preservar el Estado nacional de derecho, justicia e interventor ya que la carrera armamentística es por la energía y la IA.


La reorganización del mundo

 


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Por Thierry Meyssan

Estamos viendo la reorganización del mundo según la reunión que los presidentes Putin y Trump sostuvieron en Anchorage (el 15 de agosto de 2025), el alto al fuego acordado en Gaza (el 10 de octubre de 2025) y la operación Absolute Resolve en Venezuela (el 3 de enero de 2026). Ahora está claro que los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin se repartieron el mundo en Alaska. El reparto tendrá que ser avalado durante el próximo encuentro entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping.

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La única información disponible es el mapa publicado por el analista ruso Andrei Martyanov. En ese mapa, el mundo aparece divido en tres zonas de influencia, lo cual no contradice el principio de un mundo multipolar. El derecho internacional primitivo –me refiero al que existía antes de la guerra fría–resuelve sólo algunos problemas y concede a los Estados la posibilidad de hacer lo que quieren dentro de los límites que ellos mismos se han fijado con la firma de tratados.

En mi última crónica expliqué que, al contrario de lo que todo el mundo afirma, si bien Estados Unidos cometió un crimen al secuestrar al presidente venezolano Nicolás Maduro, a la luz de las reglas anteriores, también podría decirse que no fue así ya que nunca se había comprometido a no hacerlo. Esta realidad puede parecernos chocante, pero eso no cambia la cuestión de fondo. En lo adelante, tendremos que funcionar según esa realidad.

Hasta ahora, el mundo estaba gobernado por los G5, G6, G7, G8, etc., un sistema que hasta ayer se componía de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y la Unión Europea.

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La desaparición de esa estructura marca el fin de los imperios británico y francés. Francia tendrá que descolonizar Nueva Caledonia y la Polinesia; Estados Unidos tendrá que descolonizar Samoa, Guam y las Islas Vírgenes estadounidenses; Nueva Zelanda tendrá que descolonizar Tokelau; y Reino Unido tendrá que descolonizar Anguila, las Bermudas, las Islas Vírgenes Británicas, las Islas Caimán, las Malvinas, Gibraltar, Monserrat, Santa Elena y las Islas Turcas y Caicos. Eso tendría que concretarse muy rápidamente si Francia, Reino Unido y Nueva Zelanda quieren conservar algún tipo de presencia en sus antiguas colonias.

Es probable que se produzca una descomposición del Commonwealth. Como mínimo, sus miembros abandonarán su ciudadanía compartida.

El G7 se verá reemplazado por un C4 o un C5, conformado por China, Estados Unidos, la India y Rusia –el presidente Trump espera incluir a Japón [1] pero es posible que este último país no sea admitido, debido a sus declaraciones belicistas. China rechaza el ascenso del militarismo imperial nipón y el negacionismo del gobierno de Sanae Takaichi, así como su aspiración a controlar los microprocesadores de Taiwán y sus investigaciones sobre las tierras raras.

Teniendo en cuenta el poderío de cada una de ellas, las 4 principales potencias mundiales podrán hacer su voluntad en todos los asuntos no definidos por el derecho internacional –como Estados Unidos en el caso de Venezuela.

Varias alianzas regionales permitirán que algunas potencias secundarias desempeñen un papel importante.

No entraré a analizar el caso de la OTAN, que va a disolverse a mediados de 2027, o antes, dependiendo de la cuestión del traspaso de Groenlandia entre Dinamarca y Estados Unidos. Las protestas de algunos de sus miembros europeos serán inútiles en la medida en que no van a declararle la guerra a Estados Unidos, como tampoco van a declararle la guerra a Rusia.

La alianza AUKUS –entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos– tampoco logrará sobrevivir a la repartición del mundo.

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También está llamada a desaparecer la Unión Europea. El show de Ursula von der Leyen con la firma del acuerdo de libre comercio UE-MERCOSUR sólo precipita su caída: los pueblos de Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría acaban de darse cuenta de que esa burocracia no defiende sus intereses, sino que sacrifica sus campesinos a las necesidades de la industria alemana.

Varias estructuras se encargarán del relevo: la Fuerza Expedicionaria Inter-ejércitos (JEF o Joint Expeditionary Force), una OTAN en miniatura encabezada por el Reino Unido, en la que se cuentan Dinamarca, Finlandia, Estonia, Islandia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Suecia y Noruega. Es probable que Ucrania se una a esa fuerza, mientras que Islandia se uniría a Estados Unidos –después de la cesión de Groenlandia. Al igual que Canadá y Groenlandia, Islandia se halla en la plataforma continental norteamericana, lo cual explica el “apetito” estadounidense.

Por su parte, Bulgaria, Finlandia, Letonia, Lituania, Polonia y Suecia ya han conformado una “alianza del frente oriental”, pero no parece seguro que esa nueva organización logre mantenerse ya que carece de presupuesto y de secretariado.

Esas alianzas militares estarán “emparejadas” con coaliciones políticas, siguiendo el modelo de la Unión Europea y la OTAN. La principal est la “Iniciativa de los Tres Mares”, en la que ya se reúnen Austria, Bulgaria, Croacia, Estonia, Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia y Chequia. Esta agrupación apunta a reeditar la medieval República de las Dos Naciones o el proyecto de la Federación Miedzymorze (Intermarium) del mariscal polaco Jozef Pilsudski (1867-1935), o sea crear una federación situada entre Alemania y Rusia. Se trata de un proyecto polaco, defendido por el presidente Karol Nawrocki, del partido Derecho y Justicia, mientras que el primer ministro polaco Donald Tusk, de la Coalición Cívica, milita por la “alianza del frente oriental”.

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En el Medio Oriente, la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán terminó gracias a la mediación china de 2023, pero se ha visto reemplazada por una rivalidad entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, que ya se ha expresado en Yemen y en Sudán. Sauditas y emiratíes, que hace sólo 4 años eran los mejores amigos, hoy son rivales absolutos. Arabia Saudita trata formar una alianza con Pakistán, Turquía, Egipto y Somalia, mientras que Emiratos Árabes Unidos, que ya ha forjado alianzas militares con facciones sudanesas, libias y somalíes, se acercaría un poco más a Israel y trataría de atraer a Etiopía.

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En África, la Alianza de los Estados del Sahel (AES) –Burkina Faso, Mali y Níger– es la única alianza militar regional y contaría con el apoyo de China y Rusia.

En América Latina, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) [2] ha dejado de funcionar y se está formando, por el contrario, alrededor de Argentina y Chile, una coalición de países que cuenta con el apoyo de Estados Unidos.

China, la India y Rusia mantienen la voluntad de preservar las Naciones Unidas. Sabiendo eso, el presidente estadounidense Donald Trump ha renunciado a abandonar la ONU. Es importante entender que gran parte de lo que la ONU había construido tendrá que desmantelarse para adaptarlo al derecho internacional. Porque, a pesar de lo que lo que solíamos creer, las Naciones Unidas no son el derecho internacional.

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[1] «El C5 de Trump: ¿artilugio para que Estados Unidos ingrese a los BRICS?», por Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada (México), Red Voltaire, 19 de diciembre de 2025.

[2] Fundada en 2004, por iniciativa de los presidentes de Cuba, Fidel Castro, y de Venezuela, Hugo Chávez. Nota de Red Voltaire.