
Uno. Anestesia. La frase “con todo respeto” (CTR, para acortar), dicha antes de un insulto, una descalificación o una burla, funciona como anestesia. Permite agraviar, denostar, ofender, vilipendiar, injuriar, humillar, denigrar, escarnecer, provocar y etcétera, y quedar como alguien respetuoso. Genial.
Dos. Colchoneta. La frase CTR, pronunciada luego del ataque, funciona como una colchoneta que se le pone al agredido, tras reventarlo a golpes, para que cuando caiga no pegue directo en el suelo. Brutal cortesía o cortés brutalidad, usted decide.
Tres. Multiuso. La frase CTR sirve para todo tipo de interacciones: de pareja, amistosas o enemistosas, laborales —¡uf, vaya que sí se usa! —, de política doméstica y, claro, para las relaciones internacionales. En este último campo, se emplea tanto a priori (estoy negociando CTR contigo y, de repente, te bombardeo), como a posteriori (te bombardeo y luego te invito a tratarnos CTR).
Cuatro. Protocolo. En los planos político y geopolítico, casi siempre que dos sujetos (individuales o colectivos) están sentados en una respetuosa mesa, en verdad el uno no respeta al otro y sabe que el otro tampoco respeta al uno. Pura finta diplomática.
Cinco. Gánster. El respeto, dicen el deber ser y los códigos de autoayuda, se gana respetando. El miedo, en cambio, se gana infligiendo dolor o amenazando con hacerlo, de manera creíble. Este es el código de la mafia.
Cinco. ¿Caballeros? Dicen los patriarcales que el respeto debe distinguir la relación entre caballeros. Cantinflas, por su lado, preguntaba si vamos a tratarnos como caballeros o como lo que somos. Ahí está el detalle.
Seis. Advertencia. Algunos favorecidos por la Ley de Amnistía salieron de la cárcel, del arresto domiciliario o planean volver del exilio, sin otorgar ni un miligramo de respeto a las autoridades que propusieron y aprobaron la normativa ni a los tribunales que la están aplicando. Así —de pana y CTR— va a resultar como difícil que cristalice la otra parte de esa ley: la convivencia democrática.
Siete. Cambalache. En medio de una guerra que podría volverse mundial, es de esperar que la persona ganadora del Premio Nobel de la Paz anduviese realizando grandes esfuerzos por restaurarla (la paz, digo) antes de que sea demasiado tarde. Pero la actual titular del galardón [luego de regalarlo melosamente, pero ese es otro tema] lo que anda es batiendo tambores para que la guerra de allá se ponga peor y para que se prenda otra acá. ¡Qué falta de respeto, que atropello a la razón!”, dice el famoso tango.
Ocho. No lo respetan. El liberado Enrique Márquez se queja del trato irrespetuoso que le están dando los radicales del maricorinismo, presas (en el otro sentido de esta palabra) del reconcomio porque el señor fue el invitado de Donald Trump al gran sarao anual en Washington, lugar que debió ocupar la premiada de la paz. Celos, malditos celos.
Nueve. ¿Y la dignidad? No sé si es omisión mía (en cuyo caso, me disculpo, CTR), pero creo que el PCV-Dignidad no se pronunció en forma oportuna y convincente sobre el llamativo hecho de que su excandidato presidencial haya sido el homenajeado del poder imperial en un acto en el que se festejó la agresión armada a Venezuela, algo que choca demasiado feo con quienes siempre dicen estar más a la izquierda que cualquier otro factor izquierdista y ser más patriotas que los mismísimos libertadores. ¿Es posible ser el gallo tapao de Trump y el gallo rojo de los comunistas de línea dura? Un pollo transgénico.
Diez. Inteligencia mentirosa. La inteligencia artificial de X, es decir, la de Elon Musk, intenta salvar la reputación (bueno, es un decir) de EEUU e Israel, al dictaminar que el ataque a la escuela de niñas en Irán fue un invento, una noticia falsa creada mediante reciclaje de imágenes viejas, tomadas de otro país. La agencia EFE reaccionó de forma enérgica porque el despacho que Grok intentó desmentir fue suyo, respaldado con evidencia periodística. ¿Quién habrá enseñado a las IA a meter embustes tan paladinamente y a tachar de mentira lo que es verdad? Me temo que las han adiestrado sus propios dueños tecnofeudales, nutriendo sus algoritmos con las añejas mañas de la maquinaria mediática global… dicho sea con todo respeto.
(Clodovaldo Hernández / Laiguana.tv)

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