martes, 4 de abril de 2017

¿Fin de ciclo?

Lenin-Moreno
Luis Salas

Luego de la muerte del presidente Chávez, pero sobre tras las victorias de la derecha en las legislativas venezolanas y las presidenciales argentinas a finales de 2015, la expresión “fin de ciclo” se puso de moda. Tirios y troyanos, izquierdas y derechas, medios oficiales, hegemónicos y alternativos, casi no faltó quien la usara para referirse al fin de la “primavera latinoamericana” de los gobiernos progresistas como si se tratara de un hecho consumado.
Y no es que no hubiesen razones para afirmarlo o creerlo. Además del desbarajuste económico causado por los coletazos de la crisis global y la guerra de posiciones de mercado desatada a partir de ella, hay que sumarle el empuje de la derecha regional, que tras tomar el poder en Argentina hizo lo mismo en Brasil con abrumadora facilidad y, en este caso, impunidad, al tratarse de un golpe de Estado.
Este par de conquistas envalentonaron a la derecha. Brasileños y argentinos sumaron esfuerzos con sus pares chilenos, peruanos, colombianos y mexicanos en la tarea de desandar lo andado y revertir lo logrado. A la par, enfilaron fuego contra los proyectos de integración regional. Y por supuesto, contra Venezuela.
Pero como lo señalábamos en nuestro más reciente editorial, la restauración neoliberal regional sufrió su primera derrota en Nicaragua, donde Ortega fue reelecto con un histórico 73% de los votos. Y de alguna manera también acusó el golpe de arribo a la presidencia de Donald Trump, lo que ha implicado la reformulación de la estrategia norteamericana en la región. Entre tanto, el gobierno de Macri se tambalea en medio del malestar causado por las reformas de ajustes neoliberales, y el de Temer hace aguas entre escándalos de corrupción y la contracción económica más profunda de los últimos tiempos. Por eso unos y otros apostaron tan fuerte al escenario ecuatoriano: una victoria de Lasso garantizaba retomar el empuje restaurador, una victoria de Moreno le pondría un nuevo freno.
Y pasó esto último.
Como en todo proceso de este tipo es complejo adelantar conclusiones. Pero preliminarmente y dada la reorientación de los votos ecuatorianos entre la primera y la segunda vueltas (en la primera vuelta los dos candidatos neoliberales sumados sacaron más votos que Moreno), resulta muy probable que más allá de los méritos propios de la estrategia política de Alianza País y del rechazo que inspira Lasso en buena parte del electorado debido a su pasado y presente turbios, hayan influido en esta nueva derrota de la derecha las desastrosas gestiones que está teniendo allí donde se hizo gobierno tras la promesa del “cambio” y el “fin del ciclo”. Habrá que ver. Por lo pronto, lo que queda por aprender una vez más es que los determinismos en política sobran, pues como dijo alguna vez un filósofo, el árbol de la realidad siempre es verde y vivo, mientras el de los expertos pronosticadores siempre gris y petrificado. El juego no termina hasta que termina.

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