sábado, 23 de junio de 2012

Gran Polo Patriótico: una guía práctica.

Reinaldo Iturriza López




Alfredo Maneiro

Visto el desarrollo del proceso de conformación del Gran Polo Patriótico (GPP), y dado que el tiempo apremia, resulta oportuno hacer algunas precisiones.

1. El GPP no puede ser concebido como un espacio para la promoción de "jefes" o para la disputa por cuotas de poder. No soy ingenuo ni hago alarde de una pretendida pureza: todos los que participamos de este extraordinario esfuerzo organizativo somos seres humanos de carne y hueso, con nuestras virtudes y miserias, y arrastramos el pesado fardo de las prácticas de la vieja política. Sin duda, se trata de una herencia con la que tenemos que lidiar. No obstante, el GPP surge como alternativa a esta forma de hacer política, y está llamado, por tanto, a constituirse como una referencia que aporte de manera decisiva al ejercicio de una política otra, donde prevalezcan la eficacia política y la calidad revolucionaria, tal y como lo planteara Alfredo Maneiro.

2. Eficacia política y calidad revolucionaria: éstas no son simples consignas (la vieja política procede vaciando a los conceptos más potentes de todo contenido transformador). Al hablar de eficacia política, Maneiro se refería a "la capacidad de cualquier organización política para convertirse en una alternativa real de gobierno". Para ello debe "ofrecer una solución posible, coherente y de conjunto a los problemas del encallejonado y permanente subdesarrollo venezolano". En otras palabras, es necesario "ofrecer una política concreta para los problemas del presente". Por su parte, definía la calidad revolucionaria como "la capacidad probable de sus miembros para participar en un esfuerzo dirigido a la transformación de la sociedad, a la creación de un nuevo sistema de relaciones humanas".

3. Señalar a los "jefes" y a toda la especie de los politiqueros no presupone la defensa de una horizontalidad inútil: nada peor que la "autoridad moral" fundada en un engañoso discurso anti-autoritario. El cuestionamiento va dirigido contra los tiranuelos, los oportunistas, los sectarios, esos que anteponen sus propios intereses, o los de sus pequeños grupos, a los intereses del resto, por mayoritario que sea. Este tipo de liderazgo, fundado en el chisme, la trampa o la maniobra, característico de la vieja política, debe ser progresivamente suplantado por un liderazgo otro, que responda a los principios de eficacia política y calidad revolucionaria.

4. El GPP tampoco puede ser concebido como una oportunidad para la disputa con los partidos. En parte, porque la inmensa mayoría de quienes lo integramos somos al mismo tiempo militantes de algún partido. Pero sobre todo porque la circunstancia de la campaña electoral supone un descomunal esfuerzo unitario que no puede verse frustrado por cualquier asunto subalterno, por importante que parezca. En última instancia, si lo que se cuestiona es una forma de hacer política, un conjunto de prácticas que dificultan la consecución de los objetivos tácticos y estratégicos que nos hemos planteado, pues en el GPP tenemos la extraordinaria posibilidad de desplegar otra forma de hacer política, otras prácticas. Inventemos. Experimentemos. Hagamos un esfuerzo por superar el malestar y tomemos cartas en el asunto. No perdamos tanto tiempo mirando la paja en el ojo ajeno, incluso si el otro estuviera a punto de quedarse ciego.

5. El espacio inmediato de despliegue de esta política otra habrá de ser la Asamblea Patriótica Popular (APP), que debe reunirse periódicamente y trabajar de acuerdo a un plan. De nuevo, eficacia política. Definidos los objetivos estratégicos, es imprescindible elaborar un plan de trabajo, que es el equivalente de los objetivos tácticos que debemos alcanzar. Un plan de trabajo que sea la suma de lo planificado por cada una de las comisiones que integran la APP. La inexistencia de un plan bien definido, la percepción generalizada de que no hay dirección política, la desorientación, constituyen el escenario ideal para la proliferación del tipo de liderazgo que distingue a la vieja política. Entonces sucede que el entusiasmo inicial de las primeras asambleas da paso a la desmotivación y a la consecuente desmovilización. Eso es lo que debemos evitar.

6. Si las APP constituyen el espacio inmediato de despliegue, el espacio mediato está ocupado por el chavismo desorganizado, desmovilizado, descontento. Es indispensable que partamos del presupuesto de que esta suerte de hastío por la política tiene su origen, precisamente, en el profundo rechazo que esa vieja política de la que no terminamos de deslastrarnos, sigue produciendo en amplísimas capas de la población. De allí lo decisivo que resulta el hecho de que el GPP logre convertirse en una genuina referencia de calidad revolucionaria. Hasta allá tenemos que llegar.

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