martes, 26 de junio de 2012

Letra Desatada: Entre Simón Rodríguez y Fernando Lugo.



El 31 de marzo de 2012 Jorge Rodríguez y Jacqueline Faria entregaron ascensores en el bloque 2 de Simón Rodríguez. Al terminar el acto, vecinas y vecinos del sector le cayeron al alcalde de Caracas y a la jefa de Gobierno del Distrito Capital para manifestarles su desacuerdo con convertir el Complejo Cultural Simón Rodríguez en una morgue. “No queremos una morgue, queremos nuestro teatro”, fue la consigna que enarbolaron.
El 23 de abril de 2012 se publica un reportaje en el diario Ciudad CCS titulado “Salvado el Teatro Simón Rodríguez”, en el que Cristina Madriz le contó a la periodista Katiuska Serrano los detalles de aquella gestión: “Después de terminar el acto (el de la entrega de ascensores), varios vecinos nos acercamos y le pedimos que nos acompañaran a visitar el espacio. Al llegar, le hicimos saber de nuestra intención de recuperarlo. En ese momento, el alcalde nos aprobó la propuesta y dijo que iban a empezar a trabajar inmediatamente; y dos días después, nos cumplió”.
La historia contada y publicada se nos quedó en la memoria y nos alcanzó de nuevo el viernes pasado (21 de junio de 2012), cuando el alcalde de Caracas realizó una inspección en el lugar. Fuimos a tener allá para verlo “en vivo”. Y allá encontramos el sello de la arquitectura Carlos Raúl Villanueva y a decenas de personas trabajando, redescubriendo su historia por iniciativa popular. Es un ejemplo, de los miles que hay en Venezuela, de democracia participativa y protagónica.
El Complejo Cultural Teatro Simón Rodríguez, contaron los vecinos, fue construido en la década de los 50, siglo XX, y fue declarado Patrimonio Histórico Nacional. El rescatado espacio, además del teatro de 650 butacas, tendrá una biblioteca, una librería, un Café Venezuela y un parque infantil.
Hoy, sábado 23 de junio, cuando esto se escribe, la realidad y lo que los periodistas llamamos “noticia” obligaba a dedicar la Letra Desatada a Paraguay. Y escogimos contarles esta pequeña “gran” historia de la gente de Simón Rodríguez, que nos dice y nos sirve de ejemplo para ilustrar lo que son capaces de hacer los pueblos organizados.
Y es que confiamos en que el pueblo paraguayo hará valer su voluntad más temprano que tarde. “Sólo la movilización y organización popular sostienen gobiernos que quieran impulsar un proyecto de transformación social”, escribió el argentino Atilio Borón minutos después de consumarse el despojo en nombre de la democracia.
El caso paraguayo, más allá de Lugo y su circunstancia, nos dice que la derecha encontró cómo avanzar, halló un intersticio, un lugar por dónde meterse y burlarse, como siempre, de la voluntad popular. Después de Honduras y Paraguay, toca defender lo avanzado en nuestra América y que las pequeñas grandes historias de nuestros pueblos nunca dejen de acariciarnos y de permitirnos soñar. Sigamos.

@mercedeschacín
mechacin@gmail.com

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