domingo, 19 de junio de 2011

Espacio Crítico para la construcción socialista #36 ¿Hasta cuándo corrupción en nombre de la revolución?

Nicmer N. Evans
evansnicmer.blogspot.com
@NicmerEvans
nicmereavans@gmail.com

Un grave problema de nuestras sociedades latinoamericanas, de la cual no escapa la venezolana, es la corrupción, pero en revolución tiene un elemento adicional, y es que ésta se mantiene en el marco de un proceso que pretende ser socialista, por lo que la contradicción es mucho más profunda que en un modelo capitalista, donde la lógica del sistema permite entender su existencia y preservación.

Aunque la corrupción está inmersa en la cultura venezolana (sin distingo de posición política) en éste caso quiero referirme al problema de la corrupción que se gesta en revolución, no sin antes aclarar que en gobiernos regionales de oposición ésta existe como algo natural, mientras que sólo en socialismo existe el objetivo de su superación.

La corrupción como concepto tiene por lo menos dos acepciones que nos interesan; la primera evoca a una conducta, actitud, acción, reacción, forma de pensar o forma de interpretar la relación de lo individual con lo colectivo, por lo que tiene una implicación ética; la segunda evoca a la norma, a lo establecido, a lo consuetudinario, a la ley, por lo que tiene una implicación legal.

Según el venezolano Humberto Njaim, corrupción es:
“El uso del poder de compra del dinero y, en general, los recursos económicos, para obtener influencia pública y, eventualmente, a través de ella, más dinero, así como el empleo de las posiciones de influencia para obtener dinero y, eventualmente, más influencia pública, predominantemente en beneficio particular de quienes detentan tales posiciones. Estos usos del dinero y la influencia, a menudo, son considerados ilegítimos y declarados ilícitos.”

Aunque considero que el concepto de Njaim no es suficiente, de él es importante destacar que para la comprensión de la corrupción es relevante la dualidad entre lo público y lo privado y la acción individual guiado por el interés o la necesidad personal o representativa de un grupo allegado.

Es también importante resaltar que todo acto de corrupción sufre un proceso psicológico de autojustificación, que implica la construcción de razones políticas, sociales o individuales que pretenden romper con lo establecido por la norma o lo consuetudinario para satisfacer la razón del acto. Este proceso de autojustificación puede ser conciente o inconciente, pero siempre gira en torno a lo correcto en cuanto a una necesidad individual que priva sobre lo colectivo, aún cuando la argumentación puede girar a la inversa, sobre esto podríamos citar los casos donde la autojustificación de la acción corrupta encuentran asidero en la política de Robin Hood (quitarle a los ricos para darle a los pobres) sin serla, incluso llegando al plano de razonar la acción martirizando al corrupto como alguien que acometió su acción para garantizar los recursos que permitirán luchar por causas más justas y colectivas, es así como, en la revolución, algunos en nombre de la misma, usándola como excusa por la supuesta necesidad de garantizar recursos para su mantenimiento, roban, cobran comisiones o estafan.  
En el más amplio sentido se pueden distinguir cuatro elementos que caracterizan a la corrupción:
1.            Toda acción corrupta, consiste en la transgresión de una norma.
2.            Se realiza para la obtención de un beneficio privado.
3.            Surge dentro del ejercicio de una función asignada.
4.            El individuo o grupo corrupto intenta siempre encubrir activamente su comportamiento.
Falta de definición de las políticas públicas, ausencia o escasez de planificación, ausencia de controles o exceso en los mismos, desestímulo productivo, exceso de discrecionalidad funcional, falta de transparencia en los procesos administrativos, instituciones deshumanizadas que no se preocupan por su personal en cuanto a sus necesidades y aspiraciones, y una sociedad de consumo que estimula la concentración de riqueza y el hedonismo son los medios que facilitan que la corrupción se desarrolle en las instituciones del Estado.
En nuestro país, ya lamentablemente el 10% clásico de las comisiones es “digno”, ante los impresionantes montos o porcentajes exigidos para la adjudicación de una venta de insumos, pautas publicitarias, contratos de construcción y compra de alimentos. El enriquecimiento ilícito de corruptos disfrazados de rojo es una realidad que debe ser detenida ya (dicen que el dinero es como la gripe, cuando se tiene es imposible ocultarlo).
Estos corruptos disfrazados de rojo además, son generalmente los más aduladores, jalabolas, trepadores, sangre fría y acríticos en el proceso revolucionario, todo con el objetivo de mantenerse en el cargo público que les permita seguir robando.
 El asunto no es sólo un problema administrativo, el problema es ético y político, ante ello ¿Qué posición y que acción tomará el PSUV? ¿Hasta cuándo esperará para tomar acciones ejemplarizantes? Si en capitalismo la corrupción es un delito, en socialismo la corrupción es la muerte del hombre nuevo antes de nacer.

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