jueves, 25 de febrero de 2021

Gasto público, producción y dinero en guerra económica

 

No ha sido solo el salario lo que se ha visto deteriorado en el marco del ataque criminal y sin cuartel a nuestro bolívar. El gasto y la inversión públicas han sido también objetivo de estas agresiones.

Lo que pretende el imperialismo con este ataque no es alterar el mercado cambiario, ni siquiera los precios de la economía, estos son los medios para alcanzar su verdadero propósito: tratar de arrodillar por hambre y miseria al pueblo venezolano y así derrocar la revolución bolivariana. Afectar el gasto público incide directamente sobre las condiciones de vida de todos los venezolanos haciendo más cuesta arriba el día a día en unas circunstancias, además, en la que el salario no alcanza. Debilitar al Estado también es un objetivo del imperialismo que se enmarca en el discurso antisocialista.

No contar, por ejemplo, con los medicamentos de alto costo de manera gratuita o con el programa de alimentación escolar, o con un buen servicio de salud, educación, transporte, electricidad, telecomunicaciones, agua o gas, o el hecho de que en esta guerra las bolsas del CLAP lleguen con menos productos, implica que desde los hogares debamos proveernos dichos bienes y servicios que regularmente presta el Estado apelando a nuestros bolsillos, los cuales están cada vez más vacíos consecuencia de la pulverización del salario originada por la misma guerra.

Veamos con un ejemplo sencillo cómo el ataque al bolívar afecta el desempeño de la administración pública y por lo tanto a todo el pueblo llano.

Imaginemos una nación cuyo gobierno solo presta servicios de salud. Para lo cual, todos los años debe elaborar un presupuesto de ingresos y gastos basado en las metas que tiene programadas para atender al pueblo. Supongamos que planificó adquirir 1000 medicamentos además de pagar el salario a todo el personal de salud. Para el momento en el que se aprobó el presupuesto implicaba contar, según los precios del mercado, con un monto de 1.000 BsS. Ese dinero estaba disponible en la economía, el tipo de cambio era 1 BsS/US$ y el presupuesto equivalía a 1.000 US$.

De repente, al día siguiente, un agente externo a la economía, a través de portales web publicó que el tipo de cambio era 1.000.000 BsS/US$ y no 1 BsS/US$. Inmediatamente, los que producen medicamentos, que son del sector privado, en su lógica de maximizar las ganancias y con el argumento de “reponer el inventario” remarcaron sus precios en la misma proporción que varió el tipo de cambio. Para cumplir las mismas metas programadas por el gobierno, el presupuesto ya no ascendería a 1.000 BsS sino a 1.000.000.000 BsS.

En este escenario, en el que ese gobierno, de repente, se enfrenta a una insuficiencia de 999.999.000 BsS, no porque decidió de manera populista gastar más de lo que tenía presupuestado, sino porque todos los precios aumentaron como consecuencia del ataque al bolívar ¿de dónde se supone que va a sacar esa millonada de dinero de la noche a la mañana para cubrir el presupuesto y sobre todo garantizar la prestación de salud al pueblo?

Una opción es aumentar los impuestos y la recaudación lo que permitiría redistribuir los ingresos que, de paso, en una situación hiperinflacionaria se han concentrado aún más en manos de los grandes capitales. Pero eso no alcanzará. No existe suficiente dinero en esa economía, se necesitan 1.000.000.000 BsS y solo circulan 1.000 BsS. La única manera de cubrir la insuficiencia presupuestaria que originó un agente externo es aumentando la cantidad de dinero.

En esta parte es donde aparecen en escena los monetaristas con su dogma y su famosa propuesta: ¡Hay que disminuir el gasto público hasta donde alcance la cobija! Afirman que no se puede aumentar la cantidad de dinero “inorgánico”. Dicen que ese dinero no está respaldado en la economía real, que eso derivaría en una inflación, como si ya los precios no hubiesen aumentado 99.999.900% de un día para otro. Rematan diciendo que es necesario producir para poder financiar al gobierno. Nuevamente caen en contradicciones y se entrampan en su propia lógica teórica.

Si no se aumenta la cantidad de dinero lo que ocurrirá es que el gobierno no podrá demandar los 1.000 medicamentos que tenía programado y no podrá ajustar el salario a sus trabajadores. Las farmacéuticas que, de paso, son del sector privado porque recordemos que el gobierno solo presta los servicios de salud, obviamente reducirán su producción. ¿Qué sentido tiene producir 1.000 medicamentos si al gobierno solo le alcanza para demandar 1 pastilla?

Aquí está la trampa: según los monetaristas hay que esperar que aumente la producción para poder financiar al gobierno, pero a su vez, la producción de medicamentos no aumentará hasta tanto las farmacéuticas no perciban un aumento de la demanda, lo cual no ocurrirá hasta tanto el gobierno, que es el principal comprador, no tenga como financiar su insuficiencia presupuestaria. ¿Están o no entrampados?

El presupuesto de gastos del sector público en Venezuela para el ejercicio 2021 se aprobó en octubre de 2020. Ascendió a 3.972 billones de bolívares, para ese momento equivalían a 8.137 dólares, el tipo de cambio era 488.177 BsS/US$. Es el caso que, en el marco de las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre el imperialismo arremetió contra el bolívar, y sin explicación económica marcaron el tipo de cambio en 1.500.000 BsS/US$ y todos los precios de la economía aumentaron en la misma proporción que la variación del tipo de cambio. Ese presupuesto que en octubre equivalía a 8.137 US$ se redujo, en menos de 2 meses a 2.648,20 US$ (resulta de dividir 3.972 billones de bolívares entre 1.500.000 BsS/US$).

No había comenzado el 2021 y ya el presupuesto tenía una insuficiencia de 67%, o sea alcanzaría para cubrir el 33% de las metas programadas, no porque el gobierno del presidente Maduro decidió gastar más de lo presupuestado, sino porque aumentaron todos los precios de la economía consecuencia del ataque al bolívar. Hoy, a ni siquiera dos meses de transcurrido el 2021 ese presupuesto alcanzará si acaso para el 27% porque el tipo de cambio ya está en 1.800.000 BsS/US$. No hay manera de cubrir tamaña insuficiencia presupuestaria si no se aumenta la cantidad de dinero en la misma proporción que la variación de los precios.

Entrampado en el dogma monetarista, entre 2013 y 2020 el BCV ha disminuido 92% la cantidad de dinero en Venezuela impidiendo, entre otros, el financiamiento de las insuficiencias fiscales generadas por el ataque al bolívar y obligando a un recorte de las metas, lo que hemos visto reflejado en un deterioro de todos los servicios que presta la administración pública. El consumo del gobierno ha disminuido 30% entre 2013 y 2018 (no contamos con cifras recientes, pero muy probablemente la caída ha sido mayor en 2019 y 2020). En cuanto a la inversión, esta ha disminuido, según el BCV, 88% entre el sector público y privado.

El bloqueo económico impuestos por los gobiernos de EEUU sin duda ha influido, pero no reconocer que las insuficiencias fiscales se generan por el ataque al bolívar y, por lo tanto, caer en la trampa de que, en estas circunstancias, monetizar el déficit fiscal genera inflación, a nuestro modo de ver, ha sido un error.



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