Mateus Fernández
Ahora bien, la pregunta es, ¿por qué han elegido este preciso momento para agitar los sentimientos de los musulmanes mientras que esta película data de 2011 y ha sido proyectada una sola vez en una sesión privada en Hollywood en una sala semivacía? ¿No será que en la víspera de las elecciones presidenciales de Estados Unidos los sionistas tratan de crearle problemas a Barack Obama, a quien acusan, constantemente, de apoyar poco a Israel? O tal vez el desorden reinante en Israel y las disputas entre su clase gobernante, por una parte, y las protestas populares por la mala situación económica, por otra, así como la preocupación israelí por los continuos cambios de gobiernos en las naciones árabes como Egipto son determinantes. En este contexto, Israel trata de involucrar a EE.UU. en una crisis no deseada, enfrentar a Washington a las naciones musulmanas, distraer la atención de sus propias dificultades y vengarse de EE.UU. porque no le acompaña y no le apoya para atacar a Irán.
Desde luego, la producción y la difusión de esta denigrante película, rechazada y condenada no sólo en el mundo musulmán sino en muchas comunidades y naciones cristianas, es una advertencia para Estados Unidos, en el sentido de que Israel es capaz de crearle situaciones críticas financiadas por los judíos y utilizando a un realizador aficionado mano en mano con un predicador descerebrado y así llevar a Estados Unidos a terrenos no deseados. De hecho se puede decir que hoy por hoy Estados Unidos ha dejado de ser el país anfitrión de la comunidad judía para convertirse en su prisionero.

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