miércoles, 22 de agosto de 2012

LETRA INSURRECTA/ Cajita de ternuras y arrayanes.


ROSA ELENA PÉREZ MENDOZA
rosaelenaperez@gmail.com
Cajita de arrayanes fue una obra musical montada en 1988 por el Teatro Universitario para Niños El Chichón bajo la dirección de Armando Carías, con texto de Lutecia Adam y música de Alecia Castillo. Con el tiempo, esta obra se convirtió en un clásico de las tablas infantiles venezolanas que ahora presenta la Compañía Nacional de Teatro en el legendario Teatro Nacional.
La vimos el sábado pasado y creemos que su intacta vigencia se crece con el actual contexto histórico venezolano, pues el texto habla de una nueva sociedad donde solidaridad y valores espirituales son también herramientas principales en la construcción de un nuevo modelo de convivencia.
En cuanto a la propuesta estética, el trabajo cuidadoso de anteriores montajes no sólo se mantiene sino que es superado por actuaciones de muy buen nivel que, en el caso del capataz –Dewis Durán– encanta a la audiencia con su chispa y carisma, así como la abuela –María Tellis– que cuando sale a escena despliega calidez y ternura, Aquiles –Eliécer Paredes– inspira con su espíritu lúdico y Mariú –Miling Cabello– seduce por su afán de creer en Aquiles y su suavidad. El vestuario –con dos premiaciones importantes a su creador, Carlos Barizonsi– resulta más colorido y vibrante que nunca, de modo que la vivacidad creada por el carrusel y la iluminación hallan un punto culminante en los primorosos trajes, hechos cual si se tratara de los amados muñecos de trapo de Aquiles Nazoa. Respecto a la coreografía, –hecha por Carmen Violeta Pérez y ganadora de un premio en 1993– la propuesta está plena de gracia; el colectivo conformado por la colonia de ratones se compacta como un gran personaje con fluidez y atractivo en la conga-tap; también hay un lucido uso de bailes folklóricos en la fiesta de la cosecha con la puesta en escena de un joropo. La interpretación musical, a cargo de Néstor Viloria y Julia Carolina Ojeda, son parte fundamental de esta obra llena de venezolanismo que despliega gran variedad de ritmos y géneros y deja ver cuidado y virtuosismo. Finalmente, el trabajo de sombras, de Morelba Domínguez, realza la atmósfera cálida y melancólica de una pieza que emociona al público hasta la risa, los recurrentes aplausos y las lágrimas.
Esta hermosa obra tuvo, además, una audiencia nostálgica –por volver a ver una expresión artística inolvidable– y humilde como nuestro pueblo, dignamente representado en esta pieza que hace honor a Aquiles Nazoa y a su amor por las cosas más sencillas.
La entrada es libre, así que véanla este sábado 25 y domingo 26 a las 3 de la tarde en el Teatro Nacional.

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