viernes, 23 de julio de 2010

Vientos de Guerra.


*Ramón Rodríguez Chacín

El orden mundial posguerra fría se encuentra en período de transición y la potencia yanqui está en riesgo de ser desplazada como centro imperial de ese orden establecido, por ello debe mantener su supremacía militar sobre el resto de las potencias mundiales, recuperar su economía en crisis y debilitar o atraer a su égida a las potencias rivales. Por ello el escenario de preguerra nuclear contra Irán y Corea del Norte.

Para mantener su hegemonía, los Estados Unidos están obligados a su usar su superioridad militar, la cual es la única fortaleza de la que disponen, además que para recuperar su maltrecha economía deben expandir su gasto a través de la industria militar, tal como lo han hecho históricamente en todas las crisis económicas que han atravesado. Por ello es muy probable que se materialice el escenario de guerra en Irán o Corea del Norte.

Esa misma probabilidad de amenaza bélica existe sobre nuestra Patria Venezuela como consecuencia de la guerra imperialista que se desatara en el futuro inmediato; pues al comenzar ese conflicto el imperio yanqui verá cortado su suministro petrolero del medio oriente y necesitará a cualquier costo económico o político todo el petróleo venezolano para mantener su industria militar y todo el derroche que implica el estilo de vida de su sociedad. Además aprovechará para extirpar la amenaza contra el imperio neocolonial que representa el proceso venezolano.

En ese contexto debemos ubicar los últimos movimientos tácticos del capitalismo imperial: bases militares en Colombia, incluyendo la de Palanquero que es estratégica y le da la capacidad al imperio para en cinco horas poner en nuestras fronteras grandes unidades de combate; violaciones de nuestro espacio aéreo desde bases tácticas en Aruba y Curazao; Posicionamiento de una fuerza de desembarco expedicionaria en Costa Rica; ataques verbales de la cúpula apátrida de la iglesia católica, que preparan el terreno tratando de descalificar nuestro proceso; intentos del derechista parlamento chileno por manchar nuestras instituciones; intento frustrado de la Cia de infiltrar un terrorista del calibre de Ch. Abarca; denuncias infundadas del gobierno de la oligarquía colombiana para hacer creer que nuestro territorio es un santuario de la insurgencia colombiana.

Esas son las actividades recientes del enemigo, el capitalismo neoliberal, que al ser analizadas junto al cúmulo de actividades anteriores conforma una inminente amenaza violenta contra nuestro proceso, lo que nos obliga a movilizarnos en defensa de nuestra soberanía.

Capítulo aparte merecen los insultos, la instigación a la rebelión y los improperios que insolentemente vertió el embajador colombiano ante la OEA, pues además de tratarse de mentiras e infundios a la vez que constituyen una provocación que deja sembrada la excusa para justificar una agresión por parte de Colombia, lo cual generaría un conflicto armado con la consecuente invasión yanqui portando cascos azules.

Esa jugada de la oligarquía colombiana es evidentemente la orden que le dieron sus amos yanquis para completar el escenario de las bases imperiales en Colombia y la fuerza de desembarco en Costa Rica. La mesa está servida y la invasión a Venezuela será casi simultánea con el ataque a Corea del Norte o Irán.

Los venezolanos tenemos la obligación de defender la soberanía de nuestra Patria, por lo que debemos movilizarnos desde ya para su defensa. La maniobra colombiana es demasiada burda y no podemos pensar que el presidente electo Santos no forma parte de ese esquema pues hay demasiados argumentos para entender la jugada.

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