Nancy Mastronardi
Tumbado en el suelo de un hotel que administraba en Macuto, estado Vargas, sin fuerzas para levantarse y sin saber qué le pasaba, Vito Rocco, italiano nacionalizado en Venezuela con más de 40 años en el país, comenzó a sufrir los dolorosos estragos de un Accidente Cerebrovascular (ACV). Su principal opción fue ser trasladado a la asistencia médica privada. Así fue. Cerca del mediodía del jueves 26 de febrero, su hijo menor, Massimo Rocco, desesperado por ver a su padre padeciendo, llevó de emergencia a su progenitor a un centro asistencial privado en el estado Vargas. La sorpresa: “No había insumos para atenderlo”, recordó Massimo. Decide entonces trasladarlo a un centro privado en Caracas, uno de los “mejores”, dotado de todos los servicios para atender a su padre. Llegaron al conocido centro ubicado en San Bernardino a las 8:00 pm aproximadamente, luego de llamar a otras clínicas para verificar disponibilidad de cama (todas las opciones dijeron que no), y antes de ingresarlo los especialistas en medicina hicieron la pregunta acostumbrada: ¿Usted cuenta con recursos suficientes o seguro para mantener a su padres acá?. El sí fue inmediato. La familia Rocco contaba con un seguro, pero no contaba con que el mismo no alcanzaría para cubrir una atención de terapia intensiva de 11 mil bolívares fuertes diarios. Vito Rocco ingresó con un nivel de conciencia en grado 3, prácticamente muerte cerebral, producto de un ACV hemorrágico. Su vida dependía de su conexión a los aparatos y a sus recursos económicos. Pegado a los aparatos por 7 días y con el seguro casi en cero bolívares, los médicos tratantes dijeron a sus familiares que buscaran a dónde llevarlo si no contaban con recursos económicos, ya que su padre podría estar en terapia intensiva por más de 3 semanas. Después de esta “recomendación”, la hija de Rocco, Assunta Rocco, decidió por fin buscar ayuda en un centro asistencial público, el Hospital Clínico Universitario de Caracas. Su sorpresa, un centro asistencial totalmente remodelado, con todos los insumos para la atención de su padre y sin costo alguno. “La emergencia del Hospital Universitario está tres veces mejor que la del privado. Estoy impresionada. La atención ha sido excelente, más humana, y me dicen que no tengo que comprar nada para mi papá, todo lo tienen aquí”, expresó Assunta. Este sábado, Vito Rocco abandonó su cuerpo; un paro respiratorio producto de una neumonía contraída en la primera clínica privada a la que ingresó lo llevó al descanso eterno. ¿Cuánto cuesta una vida para los servicios privados? ¿Para quienes dirigen estas clínicas es realmente una vida la que ingresa o un producto que les generará dividendos?. El verdadero servicio humano no tiene precio, o por lo menos no debería costar 11 mil bolívares diarios o hasta más.
domingo, 8 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario