viernes, 14 de noviembre de 2008

Crisis Elecciones y Riesgo País

Marianela Acuña Ortigoza

Ya transcurre el tercer mes desde que se manifestó a plenitud la crisis financiera norteamericana que ha transmutado en crisis económica global. Coincidió con un evento crucial en la política norteamericana, las elecciones presidenciales 2008, las mismas que pondrían fin a uno de los gobiernos más despótico, inhumano e imperialista de esa nación. Quizá sea ello lo que centro la atención mundial en el debate electoral de esa nación, asegurarse de que por lo menos en lo formal, al producirse la elección de la opción demócrata se abriera la discusión sobre la continuidad de la política Bush. Elegido Obama, se disiparon las dudas, y la “democracia liberal” se ejerció desde y para el espacio público. Cordiales y prometedoras respuestas de cooperación desde el gobierno y el partido republicano, garantizan una transición sin traumas y también la continuidad en ámbitos tan importantes como el de la crisis financiera.Como en los Estados Unidos, también en Venezuela se desarrolla un proceso electoral, no menos importante que aquel, y también vigilado por la opinión internacional. En nuestro caso, se mide la fortaleza del proyecto revolucionario a través de la oportunidad de mantener el control político regional, se presume que si se mostraran debilidades en los resultados electorales de noviembre, ello hablaría del debilitamiento de la figura presidencial y su influencia sobre la decisión electoral de sus seguidores.Vista desde la óptica de los analistas económicos internacionales, la economía venezolana es catalogada como una economía de un elevado riesgo país, a pesar de que los indicadores que determinan esa cualidad no están presentes en la economía venezolana. Hoy los dos países que registran mayor riesgo país en Latinoamérica son Venezuela y Argentina. El riesgo país ofrece una percepción del grado de estabilidad política y económica de una nación, mide el costo adicional de la deuda que se genera por los riesgos económicos, políticos y sociales específicos de cada país. También revela posibles contagios y moratorias de pago de la deuda como consecuencia de un entorno desfavorable. Un elevado nivel de riesgo-país se traduce en un mayor costo del servicio de la deuda externa. Las mediciones internacionales del riesgo-país le han asignado a Venezuela uno de los niveles más altos de América Latina. Esto ha ocurrido, a pesar de que, la economía venezolana y su deuda pública externa mostraba indicadores favorables.Crisis, elecciones y riesgo país, se mueven en una misma dirección. La crisis financiera no tuvo en Venezuela el efecto inmediato que se transmitió a través de las bolsas de valores del mundo, dos condiciones protegieron al país del contagio, una, la diversificación de inversiones públicas y la otra, el que nuestro mercado de capitales tenga poco peso relativo dentro de nuestro sistema financiero, lo que evito que la especulación financiera se hiciera endémica en el sector financiero doméstico. Nunca hemos incumplido nuestros compromisos de deuda externa, aunque no en todos los casos se considere una deuda justificada, el país ha honrado su servicio e incluso ha participado con éxito en nuevas operaciones de financiamiento en el mercado internacional, la relación entre el saldo de la deuda externa y el Producto Interno Bruto (PIB) es más baja que para otros países latinoamericanos, y uno de los logros más importantes del gobierno venezolano, ha sido alcanzar después de varias décadas, un crecimiento económico continúo en un lapso de cinco años, que se ha traducido en mejor calidad de vida para la población, y que se convierte en uno de los sustentos políticos del proceso.Solo falta en el análisis el riesgo político, y al parecer ese es el de mayor peso específico para la determinación del riesgo país de Venezuela. No es casualidad, es causalidad lo que hace coincidir en Venezuela un elevado índice de riesgo país con la etapa final del proceso electoral y el entorno de la crisis global. Tiempos de una crisis, que en Venezuela aun no se hace notoria, de elecciones que pese a todo el esfuerzo mediático opositor, serán ganadas por los candidatos regionales del partido de gobierno, y una economía fortalecida.El elevado índice de riesgo país de estos días convoca a la comunidad internacional a dudar sobre las fortalezas de la economía venezolana, a olvidar que tenemos un elevado nivel de reservas internacionales, que somos el primer país con reservas de petróleo del mundo, que hemos diversificado nuestros mercados, que crecemos sostenidamente en los últimos cinco años, que tenemos un satélite propio, nos disponemos a explotar nuestro potencial gasífero y lideramos la alianza suramericana. Sirve además ese indicador para contribuir al descrédito mundial, que se adelanta con propósitos electorales.Valdría la pena recordar que similar manejo del indicador del riesgo país de Venezuela fue utilizado en los días preliminares al golpe de Estado de 2002. En esos días las calificadoras de riesgo, que quebraron en los Estados Unidos en fecha reciente, y que no mostraron nunca los elevados riesgos que ellas constituían para la nación norteamericana y para el sistema financiero global, elevaron sustancialmente el índice de riesgo país de Venezuela, justificada esa apreciación en la conflictividad política y la incapacidad de garantizar gobernabilidad. Sin embargo, como por arte de magia, durante las 47 horas del gobierno usurpador de Carmona, el índice de riesgo país de Venezuela se redujo, seguramente por la exitosa política económica express de ese gobierno. Dime quien te califica y te diré que riesgo país tienes.
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