martes, 20 de octubre de 2009

Viajes y viajeros.


Jose Vicente Rangel Vale.


Los voceros del Departamento de Estado de los EEUU están muy preocupados por los viajes que realiza el presidente venezolano.

Uno de ellos, Philips Crowley, dijo recientemente que "Chávez debería viajar menos y ocuparse más de Venezuela"; y otro, Ian Kelly, le recomendó "concentrarse más en la región y no meterse en Irán". La coincidencia entre lo que manifiesta el Departamento de Estado y lo que dice la oposición en el país no debe sorprender a nadie, y vale la pena preguntarse quién copia a quién. Si Washington se hace eco de lo que suelen expresar los opositores que distraen su tiempo, a falta de temas de mayor aliento, con ataques ridículos contra el Jefe del Estado, o si éstos sucumben a las órdenes procedentes del norte, como es costumbre en ellos.


En todo caso conviene puntualizar algunas cosas. La política internacional juega hoy papel determinante. La mayoría de los mandatarios tiene que moverse por el mundo, dada la conexión entre política interior y exterior. Los presidentes de los EEUU poseen el récord en cuanto a viajes se refiere. Obama, por ejemplo, con pocos meses en la Casa Blanca, ha recorrido diversas regiones y ciudades para asistir a numerosos eventos -como tiene que ser¿Quiénes lo critican? Salvo aquellos que lo cuestionan rabiosamente por cualquier decisión que adopte -como está sucediendo-, el resto reconoce que es su obligación. Al portavoz del Departamento de Estado Kelly habría que preguntarle, en el mismo tono que él emplea, ¿por qué razón Obama no se dedica a atender los graves problemas de EEUU y de la región, y por qué tiene que meterse en Irán y Afganistán? Cuando se trata de polemizar lo que es igual no es trampa. El derecho a ejercer una política exterior audaz, intensa, no es privilegio de los gobernantes de naciones desarrolladas. Al contrario, los que gobiernan naciones en proceso de desarrollo, de fortalecer sus economías y su posición en el mundo, están más obligados a hacerlo.


Esa crítica hipócrita a Chávez se le puede hacer, en los mismos términos, a los mandatarios -por sólo citar algunos nombres- de Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, España, al igual que a los presidentes de Brasil, Argentina, Chile, Colombia, o a los gobernantes asiáticos y africanos. Pero lo que cuenta no son los viajes en sí, sino la productividad de los mismos. Los beneficios que derivan de ellos: el intercambio comercial, la apertura de nuevos mercados, los acuerdos sobre asistencia tecnológica y los lazos culturales. En torno a lo cual no hay la menor duda de que Chávez le saca gran provecho a sus giras. Ya que al tiempo que consolida una relación plural en el concierto internacional, coloca a Venezuela en una situación privilegiada que nunca antes tuvo.


Hay viajes y hay viajeros.

Perogrullo, pero ¿por qué lo digo? Porque son los críticos internos, aquellos que utilizan el argumento de la "viajadera" al exterior del Presidente, los que no pierden oportunidad de viajar al exterior, con las justificaciones más peregrinas. Gente que anda a la caza de cuanto evento se realiza fuera del país para exponer temas internos que sólo interesan a los venezolanos. En cuanta tertulia, foro o simposium monta la derecha en el mundo, los representantes de la oposición hacen acto de presencia. Los nombres son los de siempre; las mismas figuras patéticas esforzándose por plantear en el exterior problemas que por lo general no interesan en los países que visitan, los cuales de por sí ya tienen bastante con sus propias dificultades.

Son alcaldes, legisladores regionales y gobernadores que, en vez de ocuparse de asuntos específicos de la localidad donde son autoridad, los ve uno a cada momento en distantes regiones del mundo, practicando un turismo político improductivo y declamando el discurso de siempre. ¿Cuánto cuesta esa viajadera y quién la paga?


Don Mario

Me siento obligado, política y espiritualmente, a escribir algo sobre don Mario Briceño Iragorry, el intelectual que fue capaz en la vida de pasar de posiciones conservadoras a producir, con el correr del tiempo, lúcidos análisis sobre las raíces de la dependencia nacional.

Capaz de trabajar en la conformación de una verdadera conciencia acerca de nuestra historia, a través de emblemas como Andrea de Ledezma, símbolo premonitor del rechazo al coloniaje y la lucha antiimperialista, y del rechazo a la oligarquía en personajes como Casa León. Cierto que ejerció un cargo subalterno durante el gomecismo, pero tuvo el coraje de evolucionar hacia posiciones de avanzada política e ideológica. En un trabajo que elaboré en junio de 1961 para prologar su obra "Sentido y Vigencia del 30 de Noviembre", señalé, a propósito del periplo intelectual y político vivido por él, que el tránsito se podía resumir en aquel pensamiento suyo que lo define a cabalidad: "También se sirve con la experiencia de los errores". Era presidente del Senado cuando el golpe adecomilitar del 18 de octubre de 1945, y fue a dar a la cárcel. Adversó el trienio betancourista, y durante el gobierno de Pérez Jiménez formó parte del movimiento popular que, en condiciones de total desventaja, junto a Jóvito Villalba, enfrentó electoralmente a la dictadura.

El fraude en las urnas fue la respuesta que desató una feroz represión, y Briceño Iragorry salió al exilio en España. Allí unos sicarios lo apalearon y vejaron, más no lograron impedir que siguiera escribiendo contra el régimen. Considero que para juzgar a los hombres hay que examinar su trayectoria, sus aciertos y errores, y hay que conocer la historia para evitar juicios equivocados.

Quienes conocimos a don Mario, siendo muy jóvenes, conservamos ­como en mi caso personal- el recuerdo de aquel hombre sabio y generoso que vivió con intensidad la pasión de ser venezolano.

jvrangelv@yahoo.es

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